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Un Giro Del Destino

Un Giro Del Destino

Autor: : Charló Blus
Género: Romance
Ani Villanova, se enfrenta todos los días a su cocina y una enorme responsabilidad de cuidados familiares. Aunque quiere ir más allá de la puerta de casa. En realidad, sus únicos paseos cargados de adrenalina son los que hace en su bicicleta. Ha enfrentado todos los pretendientes que su hermana Naomi ha querido buscar para ella, claro sin buenas intenciones por lo que se puede apreciar. Un día la visita de Juan Carlos Alvear, desata miles de miradas, miradas llenas sutileza. Todo cambiará cuando Juan Carlos y Ani, tengan encuentros a escondidas sugeridos por Ani, a los que Juan Carlos acepta, estos parecen simples charlas, pero descubre una mujer cargada de sueños, con deseos de salir de sus cuatro paredes. Una invitación a Marruecos gira el destino, el corazón y los sentimientos. El aire marroquí hará el resto, se embarcan en cortos viajes, noche de vinos, amor, para llevar sus vidas donde el destino les dé la oportunidad, eso sí; luchando contra los muros que quieren separarlos. acompáñalos en esta historia de amor. ¿Hasta dónde va el deber? ¿En qué punto nuestras prioridades se van olvidando sin ver que nuestro reloj avanza? Está el presente que hoy por hoy nos pertenece, así que, tenemos la decisión de tomar el rumbo de nuestra vida. Nadie puede decidir aquello que tan solo nos corresponderá en su momento hacerlo. Solo dependerá de ti. Es lo que nuestros protagonistas vivirán. Al final nuestra vida y destino, está hecho de sueños que nos aventuremos tomar. Nada es fácil. Todo cambio trae consigo algunos virajes. Si decides ser feliz, aborda el tren en la estación de tu destino. Se el autor y dueño de tu propia historia. La autora Charló Blus

Capítulo 1 La Cena

Juan Carlos Alvear llego a su oficina siete en punto, para cumplir con su agenda de citas, mientras descargaba su teléfono sobre el escritorio, se colocaba la bata, miro con atención la mesa Luis quince que tenía en su sala, un ramo con una tarjeta reposaba sobre el jarrón de cristal.

Acercándose con curiosidad miro la tarjeta que había tomado en sus manos, "Amor perdóname, Te Amo. Silvia" abriendo la puerta que daba a recepción, llamo con voz cansada a su secretaria Lucila enfermera que trabajaba con el hacia diez años, hacia su agenda, programaba pacientes, así como el aseo y la asepsia de los equipos, la clínica estaba a cinco cuadras de su consultorio particular. Era la única que le conocía bien, por eso en las mañanas no permitía a María preparar el café del doctor, ella prefería realizarlo, sin azúcar y con crema.

-Buenos días doctor Alvear- Que temprano que ha llegado usted hoy, le traeré su café y...

-Lucila bote esas flores- dijo señalando el jarrón que ahora quedaba frente a ellos, lo había colocado en su escritorio-O si gusta lléveselas a su casa, pero no las quiero ver ni un minuto más-. No quiero flores de la señorita Silvia Zurbarán- ¿Entendido?

Lucila que había llegado al pie de su escritorio las tomó y salió tras cerrar la puerta rumbo a la cocina. Mirándolas le dio tristeza botarles, unos hermosos girasoles, doce para ser exactos, se veía un ramo costoso, había llegado con una cesta de frutos, tenía manzanas verdes, rojas, uvas, ciruelas, y otras frutas exóticas, lo miro una vez más suspirando así que las llevaría a casa, en su salita lucirían muy elegantes, tomo la cesta de las frutas, si no quería las flores, menos las frutas. Ordenó a María llevarle su café que preparo al instante, escucho su voz en el pasillo, otro día comenzaría.

Esa mañana atendió diez pacientes, algunos tardaron más que otros, reviso suturas, pasó revista, vio varios exámenes para las cirugías que se programarían. Consulto su reloj, la mañana había pasado velozmente, dejando su consultorio en estado "Cerrado"

Se encaminó a la cafetería, allí solía almorzar todos los días, estaba a punto para su hora de almuerzo, pidió un solomo en salsa negra, ensalada de repollo, dos papas a vapor, postre de moras, una copa de agua estaría bien. Silvia en ese instante avanzó por la puerta del salón, sentándose frente a él, extendiendo sus manos hacia las de Juan Carlos.

-Este no es momento de hablar Silvia-No quiero hablar sobre lo que paso. Estoy en el postre-dijo señalándolo, -.

-Es una equivocación Roberto es un amigo- Lo que viste no es así, lo interpretaste mal-Escúchame-...

-Un abrazo no lo es, suelo abrazar las personas-Abrazarlo y quedarte en brazos, besándose, va más allá de una simple amistad, ¡Oh! Perdón, parece que vi, he interpreté mal- sé muy bien lo que vi-este tema está cerrado, olvidado, lo nuestro quedo hasta aquí- No te guardo rencor Silvia- le dijo el levantándose para marcharse, hizo ademán al camarero para que recibiera el dinero-. Ella se irguió y le asió de la mano-Juan Carlos- Yo quiero seguir contigo-.

-El detalle es que yo no- Estoy seguro de que Roberto te hará muy feliz- Nuestra confianza se quebró, y no hay nada que hacer-.

-Lo siento mucho- la voz de Silvia sonó apagada-

-No lo lamentes, fue lo mejor- Esta todo bien- Sin rencores- dijo mientras le apretaba la mano, y con delicadeza la soltó, un pequeño dolor sintió en lo profundo, pero era un capítulo para cerrar.

Fue directo al estacionamiento, dormiría unas horas, en la noche estaría de guardia en urgencias.

Ani Villanova buscaba en su bolsillo las ultimas monedas que quedaban, atravesó la plaza hacia el banco a cobrar la pensión que su padre depositaba para su abuela. Ella ahora le cuidaba, había dejado su empleo de pastelera en "La Giorgio" Había estudiado en Francia dos largos años, su sueño era tener su café, había retornado a España aceptando un trabajo que le habían ofrecido en Vigo, le gustaba el trabajo, los compañeros, se quedó un año largo como jefe de pastelería, estuvo a punto de firmar un contrato a tres años,

pero su abuela al escribirle y contarle del agresivo cáncer contra el que luchaba sintió que debía estar junto a ella.

El abuelo le había dejado una linda y agradable casa en Cadaqués, el lugar era encantador, la propiedad tenía dos plantas, ventanales amplios, un hermoso jardín de entrada que le hacía acogedor.

Si bien la abuela no necesitaba grandes cantidades de dinero, su padre le enviaba una pensión a la abuela, quería que ella pagase un hogar y viviera bien. Aunque la abuela quería estar en casa, allí quería pasar sus últimos días, no se veía fuera de su casa.

Del abuelo le había quedado una pequeña pensión, se habían amado, eran dos adorables personas.

Ani al llegar de Francia se quedó un tiempo con su padre, la abuela había tomado unos días de estadía en Barcelona, donde su padre, mientras pintaban y decoraban la casa, hasta lograr hacerla un hogar acogedor, tenía cuatro habitaciones, sala comedora, cocina amplia, dos baños, y el cuartito de costura y planchado, la cocina tenía una puerta que daba a un amplio jardín, una huertecilla, al frente un amplio hall de entrada con dos grandes butacones.

Le gustaba la acogedora amplia vista desde los balcones de la casa.

Volvió su pensamiento de nuevo, tomando el bolso, saco los documentos, el hombrecillo frente a la caja le solicitó su identificación se fue y al cabo de unos minutos, le extendió el efectivo.

Ani miró la billetera saco su libreta de ahorros, en verdad que le quedaba muy poco. Pero se las arreglaría, debía hacer las compras de casa, siempre solía gastar lo necesario, le ahorraba una parte del dinero de sus entradas a la abuela, allí estaban disponibles para cuando ella necesitase algo.

Esa noche sus hermanos estarían en casa, Naomi tenía dos niños Ithan y Martín, de ocho y cinco años, su hermano Henry tenía una niña de nueve, Zarina, era una dulce chica, y gustaba de la música. Cuando estaban todos en casa era una guardería completa.

Iban a menudo para cenar con la abuela, los chicos contaban cuentos, la abuela horneaba galletas, eso le hacía feliz.

Naomi era médica, y Henry Ingeniero Civil, solo Ani contaba con ese exquisito gusto por la cocina era un talento de la abuela que había heredado, pues a los cinco años empezó a hacer sus galletas.

Su hermana le llamo en aquel instante-Hola- sí... que bueno-escucharte-. ¿Cómo dices? -te has vuelto loca-. Invitaste al sujeto en cuestión sin preguntarme-.

-Si, esta noche a las ocho estaremos en casa-. El llegará un poco más tarde- le dije que la cena será una delicia-dijo Naomi mientras reía-tengo que dejarte linda, nos vemos en casa - deberías aceptar a Pascual Ani, el amor no hace daño querida-deberías darte ese placer- Naomi hablaba sin parar, Ani rió sarcásticamente era algo medio grotesco de su hermana decirlo, solo sabían traer sus hijos para cuidarles, cocinarles, y demás, nunca tenía tiempo para ella, la abuela tenía días que podía estar bien, como otros que no se levantaba de cama, ella la cuidaba con amor, su abuela siempre había sido especial, siempre para ellos en todo momento, pero que sus hermanos trajeran sus hijos y le sumaran más trabajo, era inaudito.

Justo ese día que había una cena familiar, le decía que llevaría un amigo, estaba segura eso sí, que no era para presentárselo a ella, pero esto era un abuso de su parte, invitar un desconocido, solía aprovechar estas cenas para hacer sus chistes y bromas, le molestaba que siempre estuviera desesperada buscándole marido, tenía treinta y dos años, de ninguna forma estaba infeliz por faltarle una pareja.

Ani había nacido en los Estados Unidos, sus padres habían vivido muchos años allí, se habían casado de dieciocho años. Durante largo tiempo, habían trabajado arduamente, nacieron Naomi, Henry y Ani, se llevaban tres años entre ellos. Cuando Ani cumplió los dieciséis habían decidido volver a España, había sido un sueño para ellos retornar, el abuelo había comprado aquella casa en Cadaqués con la esperanza de vivir en ella, no había podido ser, un infarto al corazón, fulmínate truncó el sueño, a los meses de la muerte del abuelo, Candelaria su abuela había retornado también a España, estuvo algunos meses con la familia en Barcelona, a los dos meses, había ido un fin de semana a Cadaqués, había quedado prendada, enamorada de aquel lugar, lleno de casas blancas, plazas, mar, azul y rocas... solía ir a marruecos con Berta, una vieja amiga de Tánger, se había enamorado del sabor mediterráneo de la cocina Marroquí, de hecho antes de la enfermedad solía ir de tanto en tanto, le era tan a gusto el lugar, aun tenía muchas amistades.

Capítulo 2 Entre Familia

Tánger poseía una magia que le envolvía, una que otra vez recibía cartas de sus amigas, eran preciados recuerdos para su abuela, sus visitas se extendían a semanas, cuando regresaba venia renovada, era quizás lo bien que se sentía, que se reflejaba en todo su ser.

Con el paso de los años la enfermedad le había privado de esos placeres, ahora quedaban álbumes llenos de recuerdos, cartas, y regalos que complementaban cada historia que recordaba como si fuera el día de los hechos.

Los padres de Ani habían decidido instalarse en la ciudad de Barcelona, era hermosa, paisajes podían llenar el lente de una cámara. En un viaje a Madrid, sus padres habían sufrido un accidente al cual su madre no había sobrevivido, algo trágico que marcó un antes y un después, pero el tiempo poco a poco cura. Su padre se repuso con el tiempo, la abuela se instaló en Cadaqués, sus hermanos habían adquirido una propiedad de dos plantas, Naomi ocupaba la planta baja, y su hermano el apartamento. Era un lugar acogedor, cálido, con una vista impresionante, se sentía feliz allí, era su hogar y no lo cambiaria, al menos no por el momento.

Mientras recordaba todo, pasó a paso, siguió a la panadería, se acercó a la plaza de mercado, y compro al llegar a la esquina de casa, los jamones y varios quesos, esa noche tendría una gran cena muchos invitados y un desconocido.

Se devolvió a la panadería, no podía faltarle buen pan francés esa noche. En cuanto a cocina, no tenían predilección, todo era recibido con gusto y apetito.

Juan Carlos llegó a urgencias una hora antes de lo previsto, quería revisar varios exámenes que tenía pendientes, había logrado cambiar el turno con una colega. De las ocho horas asignadas solo estaría allí unas cuatro, la señora Nora, no había regresado por los resultados, al verlos comprendió que el tumor era fulminante, le dio sentimiento, su humanidad, cariño y aprecio por sus pacientes, le hacían esforzarse cada día más en su profesión, su tarea consistía en salvar vidas, esta vez no podía hacer nada. No tenía palabras esta ocasión, Nora era una apacible, cálida y afable anciana que le había tomado un cariño enorme. El tumor había avanzado mucho, el tiempo que le quedaba estaba acortándose, tendría que notificar a su esposo e hijos, sería un duro golpe para ellos, era una verdad frontal, devastadora, pero al final la verdad solía ser mejor.

Miro el reloj en la pared marcaba los ocho veinte minutos, una enfermara avanzaba a paso agigantado por el pasillo

-Doctor, -Buenas noches-quería que usted revisara este chiquillo, esta con dolor agudo en el estómago, en esta zona dijo ella señalándolo. - Se que usted hará entrega de su turno en pocos minutos, pero se lo pido por favor-.

El miro al chiquillo, lo entretuvo con algunas preguntas mientras le revisaba, se quedó pensando unos segundos, ordenando exámenes le dejo en manos de la enfermera. Se despidió y a prisa fue en dirección al estacionamiento, su auto estuvo en marcha, y tomo rumbo a casa de la abuela de Naomi, sabía por esta que estaría su hermano, sus sobrinos, la abuela y su hermana menor. Esperaba no fuera una de esas cenas que resulta aburrida, y tediosa.

El horno emanaba un olor exquisito, En el amplio comedor todo se encontraba en orden, era una mesa que se extendía en el centro, dando lugar a tres puestos más. El espacio del comedor era amplio, confortable, de unos tonos hermosos.

La abuela miraba la televisión atentamente, había insistido en cocinar, a lo que Ani le animó, le gustaba, era una cocinera excelente que gustaba sentirse útil siempre que sus males cedieran un poco permitiéndole aquel pequeño capricho, había hecho un estofado de pollo, papas, zanahorias, con un toque de cilantro fresco, ensalada de aguacate y cebollas julianas, repollo con una delicia de mayonesa. Arroz de almendras, filetes de pescado en salsa casera al horno, de entrada, tenía rollitos de queso y jamón, el pan estaba cortado, vino, agua, solo faltaba que todos llegaran.

La abuela tenía otra sorpresa de salsas, pimentones rojos y verdes, champiñones, cebollas en salsa negra, el horno emanaba ese olor que envolvía todo el ambiente.

Ani escuchó el motor de los autos aparcando fuera de casa. Subió a su habitación, eligiendo lo que usaría esa noche, tomó un baño rápido, se dio una mano de crema, perfumes, teniendo eso si en cuenta que fuera una fragancia suave, rosas le vendría bien esa noche, varias botellas de perfume se ubicaban en el tocador, recogió su cabello en un elegante moño y mirándose al espejo se dio a sí misma el visto, su cuello lucía un collar de perlas azules magenta, que le quedaba hermoso, regalo de su padre en su último cumpleaños, la avalancha entro a casa, los chicos que corrían por los pasillos, inundando la cocina, con gran alboroto a su paso.

El pastel de chocolate y avellanas reposaba sobre la mesa auxiliar, Ani extendió su mano, dando una palmada a la mano de su hermana, a quien ya veía con intenciones de untar sus dedos, debería esperar a que llegase el momento de tomar su tajada.

Se agilizó en batir un puré de papas que había hecho para acompañar unos cortes de jamón serrano que tenía listos, sirvió unos rollos de queso, la abuela y los chicos charlaban amenamente.

-Henry ¿Por qué no ha venido Luisa? Dijo Ani.

-Tenía una reunión, pero vendrá en media hora- donde se sentará nuestro invitado, hizo señas hacia la mesa, Henry tomaba unos rollitos, haciendo gestos de aprobación completa.

-Ya veo que Naomi no pudo mantener ese sujeto hoy al margen de la cena familiar -.

-Me gustaría que te presentara al invitado, me parece buena idea, quizás liguen – Tomaré un trozo de jamón y puré lo llevaré a mi boca- acto seguido se saboreó, -aprobado también, mi paladar hoy esta algo antojadizo de todo- por mi madre, esto esta delicioso-

Ani lo hizo salir de la cocina a empujones, o no dejaría nada para la cena, las flores azules que había colocado en el jarrón hacían juego con el mantel naranja pastel que había elegido esa noche, las servilletas de tela blancas, y las fuentes plateadas donde la ensalada cobraba vida lucían hermosas, la bandeja del pan con aquella salsa de untar lucía magnifica.

La abuela besaba a los chicos y les abrazaba cada vez que los tenía allí, los quería enormemente, sus galletas llenaron una fuente que fue bien recibida por la enorme tropa. Les había hecho figuras de leones, cebras, osos, pájaros, y canarios, estaban encantados.

-Ani te has lucido con esta cena- Uh, me gusta el color de todo, el olor, todo me antoja, -dijo Naomi, mientras extendía sus manos a los rollos de queso-

-Deja las manos quietas y alejadas-. Espera en el comedor solo serán unos minutos mientras frío los otros-. Pero puedes llevar el pan, y por favor no te lo comas-.

-Querida que mala que eres-solo déjame probar un bocado-uno solito dijo mientras tomaba la más pequeña rodaja-.

-De paso échales un ojo a los chicos-no los veo-. Ani miraba alrededor buscándolos con la mirada

-Oh, esos diablillos iré a ver que hacen- todo exquisito, hermanita de mi corazón, Juan Carlos va a adorar tu receta- Naomi giró sobre sus altos tacos color rojo, se veía hermosa- Ani esbozó una mueca.

El timbre sonó en ese instante, era Tony el esposo de Naomi, que llegaba junto a Luisa esposa de Henry, quien descendía de su auto al mismo tiempo, se saludaron efusivamente mientras ingresaban a casa, uniéndose a la reunión familiar.

Henry entro en la cocina y alzando a Ani le dio giros, luego le dio un beso en la frente, él había sido como un padre, después de la muerte de su madre, su padre había pasado un tiempo muy depresivo, y su hermano estuvo ahí para ella, le cuidaba y siempre estaba al tanto. Decía que quería todo un caballero para su hermana, en ocasiones le había espantado sus amigos, diciendo que no le gustaban, pero su relación con Henry era estrecha, afectiva, unidos, con Naomi las cosas eran diferentes, en parte porque siempre solía pensar primero ella y se olvidaba en ocasiones de Ani, dejándole a un lado, solo le tenía presente para algunos favores.

-Bien, deberíamos empezar-no veo la hora de devorarme todo- concluyó Tony-

-Tendrás que esperar-Naomi se le dio por invitar alguien a la cena-. ya la conoces-respondió Ani a su cuñado, quien estaba deseoso que comer, era de buen paladar.

-Si, me imagine...Por Dios el hambre que tengo es horrible- Henry hizo expresión de cansancio.

-Amor, ya somos dos-dijo Luisa que en ese momento abrazaba a Henry.

-Sepan que es alguien especial- es médico en la clínica donde hago mis turnos-. Es una belleza de persona- me encanta, estudiado, viajado, culto, que más podría pedirle una mujer, en realidad tengo una amiga que deseo presentarle-Angélica Lerena, ese es el hombre para ella-dijo Naomi con su fuerte acento-.

Ani le miraba con asombro, algo no había sido revelado por su hermana-No entiendo Naomi, invitaste a Angélica a casa y ni me avisaste-tendré que colocar un puesto más-.

-No creí que fuera un problema invitarla-no me confirmó, pero lo seguro es que venga, le dije de quien se trata, y eso parece haberla animado-.

-Buena sorpresa la tuya-.

-Uh, ya veo, ¿pensaste que te iba a presentar a Juan Carlos a ti?

-No digas tonterías-ni siquiera he tenido tiempo para pensar- No digas tonterías-ni siquiera he tenido tiempo para pensar- Y era cierto, el día había sido bastante trabajado, pero los resultados saltaban a la vista.

Capítulo 3 Miradas

Henry intervino en la conversación, pidiendo a su hermana que le colocase varios rollitos de queso y jamón, en ese momento los chicos llegaron, todos comenzaron a tomar sus puestos, sirviendo el vino, las copas de agua. En ese momento sonó el timbre y Naomi en pie, hizo gesto de aplauso mirando por la ventana, a paso rápido abrió la puerta, se escucharon voces en la salita, el hombre en cuestión se disculpaba por los quince minutos retrasado, pedía disculpas una y otra vez.

Entraron en el amplio salón, Naomi presentó a su familia, la de su hermano, la abuela, todos le dieron una cordial bienvenida, dando las gracias se unió a todos en la mesa.

-Disculpen mi tardanza, cosas de última hora que no se pueden posponer- los gajes del oficio-

-No te preocupes, esta cena será inolvidable- afirmó Naomi, mientras sonreía con júbilo.

-No se diga nada más, estábamos por cenar. - todo esta delicioso-dijo Toni, a la par que echaba manos de los rollos de queso, y le pasaba al invitado.

La abuela le dijo que de ahora en adelante sería el invitado estrella, todos comenzaron a hablar de las exquisiteces que allí estaban ahora degustando, Naomi alabo la cocina de su hermana, él aprobó dando un mordisco seco a los rollos de queso, y el puré. El timbre sonó, y Naomi se apresuró para abrir la puerta, Angélica acaba de hacer su llegada, con donaire entro al salón, saludando a la abuela con afecto, le había traído unas rosas, que lucían hermosas, Henry le invitó a tomar asiento a la mesa, Juan Carlos se colocó de pie, para estrechar su mano con suma caballerosidad.

Disculpándose Naomi fue a la cocina dándole a su hermana la noticia que el invitado ya estaba en casa, igualmente Angélica.

Por ella no hubiera salido, le molestaba que su hermana ofreciera cenas, sin consultarle primero, además le había mentido, se creía que era un invitado, ahora tendría que soportar a la malcriada de Angélica, la verdad le parecía, superficial, banal y tonta, aun así, era la directora de Turismo de Cadaqués, Ani respiro profundo, segundos después apareció en el comedor con el pastel en manos, lo colocó allí en el centro de la mesa. Juan Carlos se excusó y fue hacia la salita, allí tenía una caja de donde extrajo un paquete, dos botellas de vino y un ramo de rosas, en el momento en que ingresaba al comedor, una figura avanzaba hacia el salón, quedando estático, Ani estaba ahora allí en el comedor, tomando el pastel le deposito en los platos seleccionados.

-Te presento a mi hermana Ani-. dijo Naomi, mientras sonreía.

-Mucho gusto Juan Carlos, es un verdadero placer conocerla-.

-Un gusto- ella extendió su mano-

-Señorita Ani, esto es para usted, un pequeño detalle-.

-Gracias- están hermosas-. Ella le hizo ademán que tomara puesto en el comedor.

-Juan Carlos- replicó Naomi- te presento a la señorita Angélica, es la directora de turismo-le invité a nuestra cena-.

-Mucho gusto-dijo mientras le tomaba la mano-.

-Oh, es un verdadero gusto para mi- me han hablado mucho de ti, solo cosas buenas, no estaría mal invitarnos un café- Angelica le hizo un guiño con el ojo, era un hombre atractivo, muy atractivo.

-Creo que exageraciones de mi querida amiga-. Se acomodaron en sus puestos y la cena empezó de forma amena, Naomi contaba sus anécdotas del día, preguntando a Juan Carlos como lo había pasado.

Henry le pregunto a Juan Carlos, donde vivía.

-Tengo una propiedad en Cabo de Creus, una casa pequeña, antigua, no contó acerca de la remodelación que había hecho, ni ningún otro detalle, pero era una villa que había conservado tal como estaba, le había hecho algunos retoques, que sumaban belleza a la propiedad. Su abuelo se la había dejado al morir, -con decirte que me perdería en ella de lo pequeña que es- las risas se hicieron escuchar.

-Creo que te he visto- dijo Henry; por los lados de Caials-

-Si, vivo por esos lados, es tranquilo, solo está a unos diez minutos del centro, y unos cinco a pie de la playa más cercana, por eso me encanta tanto este pueblo, el mar haciendo de fondo con sus pintorescas calles, eso fue lo que la hizo tan atrayente a muchos pintores, entre ellos Dalí-

-Si, exacto, no se puede ignorar la preciosa vista desde allí, el mar, mediterráneo y el cabo de Creus- afirmó Henry- tenemos todo en cuanto a gastronomía, ocio, aguas cristalinas-

-El faro es un precioso lugar, lo que más me encanta es la vista que tiene, es inexplicable- expresó la abuela- como también donde usted vive doctor, he estado por la zona, tengo una vieja amiga allí-

En el comedor, todos asintieron con la descripción, era un lugar muy hermoso, entre chistes, bromas y demás la conversación continuó amena, Juan Carlos la miraba de tanto en tanto, él contó algunas anécdotas de trabajo, a las que Naomi no se quedaba atrás, Ani la miro un tanto apenada, no quería que pensara que quería opacarle, pero el reía de buena gana.

Él se quedó mirándole su rostro angelical, tenía unos hermosos labios, un cuerpo atlético, era alta, cabellos castaños claros, podían verse reflejos rojizos, piel con perfecto bronceado. Era hermosa, muy hermosa, y aun así en aquel sencillo vestido resaltaba, su comida era como ella, exquisita.

Ella le miró para luego apartar sus ojos con disimilo. Angélica le preguntaba sobre su tarea de ser médico, a su vez que contaba que tenía una tía neuróloga en Madrid.

Sonreían todos, y al llegar la hora del postre, sus miradas se cruzaron, la cena continuó en el salón animadamente.

Naomi hacia sus acostumbrados chistes de cuando eran chicos, de cómo le gastaba bromas a su hermana haciéndole llorar, o la vez que había llenado su jarra de té con barro, imitando que había hecho chocolate, Ani había llorado por horas y horas. Ani no tuvo más remedio que dejarla hablar como lora parlanchina, la dejaría lucirse.

Angélica hablaba sin parar de su apartamento, su nuevo coche, un regalo de su padre, nada más escucharla era deducir que su padre complacía todos sus caprichos, hasta ese trabajo era producto de esas amistades que se forman por diplomacia, su padre era un adinerado magnate, Angélica era alta, blanca, cabellos rubios, unos preciosos ojos azules profundos resaltaban su rostro, sus manos delicadas, uñas perfectamente arregladas, lucía un vestido negro a media pierna, ceñido al cuerpo, una pequeña estola en tonos blanco y negro, haciendo juego, su maquillaje perfecto, era hermosa, sexy, llamativa, Ani miro a Naomi con disimulo, sí que sabia ser una pequeña zorra, y muy astuta.

Las horas avanzaron y los invitados comenzaron a retirarse, Juan Carlos le consultó para solicitar un taxi, había dejado su coche en casa, al saber que tomaría algunas copas, había sido lo mejor.

El taxi llegaba, se despidieron de beso en la mejilla, le dio las gracias por tan bella velada, ella por tan buen sentido del humor,

Cuando tomo su abrigo no se percató que su teléfono se le quedo en el sillón de la sala, una vez puesta su chaqueta, abordo el taxi.

Una hora más tarde mientras Ani recogía todo el desorden de los chicos, junto con lo que había quedado en el comedor, encontró el teléfono en el sillón, recordó que se había sentado allí. Era de él, no había duda, se preparó una taza de té con unas gotas de limón, se acomodó en la silla de la barra de la cocina, mientras lo enfriaba, evocó su mirada, de pronto su rostro se iluminó, llamó a Henry, mientras tomaba nota en una servilleta a prisa, se dieron las buenas noches, para ella aún no había terminado la noche, se apresuró a vestir un pulóver, y emprendió un viaje en su bici.

Juan Carlos giraba la llave en la puerta principal, en ese instante Teo su fiel amigo, ladraba dándole las buenas noches, era un hermoso Golden retriever, siempre le gustaba estar al tanto de todo desde el balcón de casa, gustaba de la música, razón por la cual Juan Carlos le dejaba el equipo de sonido encendido, al abrir la puerta corrió hacia el lanzándose a sus brazos. Fue a la cocina y le dio su merecido premio, Teo venia con sus pantuflas colocándolas al pie del sofá, ladró en señal que se las colocara. Su galleta se la había ganado. Juan Carlos se había mudado apenas un año atrás a la casa, la había adquirido de unos amigos que, al comprarla, cambiaron de idea y se mudaron, era una casa grande, tenía a pocos minutos el deleite de cara al mar, disfrutaba ver el atardecer, en las noches disfrutaba el paisaje mientras escuchaba a Yanny en la impecable pieza, Nostalgias.

Había adquirido la propiedad en un precio razonable, los ahorros de varios años habían valido la pena, pues hizo remodelación en algunas zonas, la cocina había quedado hermosa, el balcón, la terraza, poseía una bella alberca abajo en el jardín, gustaba de estar en casa cuando no tenía turno, o descansaba, aunque conservó muchos de los detalles, sus pisos, paredes, en el jardín había hecho un hermoso comedor cubierto con un fogón a leña, le encantaba, así como el jardín lleno de plantas y flores, le daban un toque único.

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