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Un Heredero para el Alfa.

Un Heredero para el Alfa.

Autor: : ARIAMTT
Género: Hombre Lobo
Un Alfa estricto que necesita un heredero... Una humana que quiere ser mamá soltera... Un error. Un descuido. Un encuentro explosivo une a los compañeros predestinados en circunstancias poco convencionales. Secretos, traiciones, amor incondicional. Pero la vida no se detiene, y desde su nacimiento, tienen un destino que cumplir... lo quieran o no. ¿Qué otros vínculos los unen sin saberlo? ¿Qué secretos fueron enterrados para protegerlos? Cuando el pasado regrese, ¿se sentirán traicionados? Solo una verdad podrá darles esperanza: la fuerza de su vínculo... y el amor en sus corazones.

Capítulo 1 1. Nunca perdonaré está humillación.

P.O.V. Arón Taylor

  Llegué hace un par de días a Canadá. He visitado algunas de las manadas.

  Me encanta llegar de improviso, merodear por sus alrededores y observar su funcionamiento. Así no pueden ocultar lo que sucede dentro de ellas.

  Destino bastante presupuesto para que todos estén bien.

  Como Alfa debo ejercer mi liderazgo en todos los campos, llevando a mi pueblo de la mano.

  Para mí, no existen los rangos por tradición. He luchado para que eso cambie. Que sean los méritos y talentos los que primen, pero como siempre, el puto concejo mete sus narices.

  Las manadas necesitan líderes de mente abierta, dispuestos a jugársela por su pueblo, que no discriminen y brinden oportunidades.

  Sin embargo, hay algunas que siguen considerando a los Omegas inferiores y a los humanos débiles, despreciándolos y negándose a aceptarlos.

  La diosa Luna es implacable ante los rechazos de sus destinados.

  Si tengo que reemplazar a los líderes completos de una manada, lo hago sin dudar. El castigo por su ineptitud es el destierro... o la muerte, pero antes les arrebato su lobo.

  Es algo con lo que no negocio, porque si mi decisión es quitarlos del poder, es porque bajo su mando perecieron vidas. Para muchos soy un Alfa cruel y despiadado por eso.

  A lo largo de estos años, he ganado enemigos, pero los cobardes se esconden en las sombras, esperando una muestra de debilidad para atacar.

  Mantengo una base de datos actualizada; un integrante no puede desaparecer así, nada más.

  Es una tarea difícil, sé que no me cumplen al cien por ciento, pero cada vida que logro salvar cuenta y por ahí se empieza.

  Estoy sumergido en tantos papeles, hay cosas que no me cuadran; mi teléfono comienza a sonar. Por el tono sé que es Lennon... Mi beta.

  "¿Qué habrá pasado en la manada...?"

  -Aló, dime, ¿qué necesitas? -respondo frustrado. Rara vez mi intuición me falla y en esa manada algo pasa.

  -Alfa, buenos días, ¿cómo estás? -escucho su risa sarcástica-. Lástima la plata que invirtieron en tu educación la gran Luna y el Alfa, que ni siquiera aprendiste a saludar.

  -Deja de joderme. Si llamas para molestar, estoy muy ocupado -contesto mientras reclino mi espalda en la silla.

  -Te llamo para recordarte que hoy tienes la cita en la clínica de fertilidad, para que dejes tus renacuajitos allí -oigo su risa burlesca.

  Si no fuera porque es mi mejor amigo, ya lo hubiera estrangulado por tomarme de burlesco.

  Respiro profundamente, miro la hora en mi reloj, faltan dos horas para la maldita cita, pero lo mejor es salir ahora y evitar algún contratiempo.

  Thor comienza a gruñir en mi cabeza, está molesto por lo que voy a hacer; sin embargo, es una buena opción para tranquilizar a mi madre y los perros del concejo.

  -Gracias por tu gentil preocupación, Beta -respondo en un tono zalamero.

  -¿Qué estás tramando, Arón?

  -Ves que contigo no se puede hablar cordialmente, porque ya me andas difamando -carcajeo mientras escucho sus gruñidos de sorpresa-. Dame un segundo, acomodo los auriculares y enciendo el automóvil.

  Continuamos hablando durante el trayecto, le menciono mis inquietudes.

  Él comienza a revisar los archivos que tenemos sobre esa población y sé que concuerda conmigo. Ahora debemos elaborar un plan de acción para llegar al fondo del asunto.

  -¡No es posible que en esa manada no hayan nacido cachorras hace 15 años y las que llegan al mundo mueran sin una causa médica certificada! -gruñe casi dejándome sordo.

  -Eso es lo que quiero que investigues y espero que mis malos presentimientos solo sean eso, porque juro por la diosa que extinguiré la manada. Cada uno de los integrantes de ella es culpable por haber guardado silencio.

  Lennon me conoce bien y comienza con sus bromas, distrayéndome, algo que se le da bien. Creo que si no fuera mi Beta, sería comediante.

  Nos despedimos, ya que he llegado a la clínica.

  -No cuentes conmigo para esta idiotez -Thor me amenaza con no colaborar en absoluto-. Y no esperes escuchar mi voz, ¡¿No sé por qué la diosa me castigo con un humano tan testarudo? -gruñe enojado en mi cabeza.

  Trato de ignorarlo, pero es como un niño pequeño cuando algo le molesta, se torna insoportable.

  -Vamonos aún estamos a tiempo, deja está estúpida idea.

  -¡Ya basta! -gruño exasperado.

  -Señor, yo no le he hecho nada -dice con voz temblorosa y los ojos llorosos la enfermera que está frente a mí.

  -Disculpe, señorita, estoy hablando por teléfono -señalo los auriculares. Ella simplemente sonríe y se aleja.

  Llego al consultorio asignado, la enfermera saca unos folletos, me los entrega y comienza a explicarme como si fuera un niño que no sabe nada.

  Mi rostro muestra impaciencia, lo que hace que pase al siguiente paso y me lleve a una habitación.

  -Señor Taylor, ¿me he hecho entender? -pregunta la enfermera, sacándome de mis pensamientos, mientras me acerca dos frascos y me pasa el control del televisor donde hay películas bastante eróticas.

  Mi lobo vuelve a gruñir en mi cabeza.

  -Alfa, nunca te perdonaré esta humillación. Sabes que por llevarle la idea a esos idiotas nos estás dejando en ridículo. Esta vergüenza no tiene precedentes.

  -Deja la furia, solo serán unos cuantos minutos. Piensa que lo hacemos por el bien de la manada. Llenar estos frasquitos no es problema -digo, aunque por mi cuerpo corre la indignación.

  Miro las escenas e intento concentrarme; sin embargo, eso es repugnante, me da asco, maldigo para mis adentros.

  Thor está furioso. Camino de un lado para otro sin saber qué hacer.

  Pero algo ha despertado a mi lobo y lo tiene excitado.

  Mis ojos se llenan de lujuria al observar las escenas que antes rechacé.

  -¡Maldición! -mascullo entre dientes, siento cómo mi entrepierna se endurece y unos ojos púrpuras invaden mi mente.

  Deslizo mi mano por mi masculinidad, brindándome un placer exquisito.

  Imagino que quien me acaricia es la dueña de esos bellos ojos, la que recorre con sus delicadas manos mi longitud y toma el ritmo que hace que mi cuerpo se estremezca.

  Estallo con un gruñido y este orgasmo es tan intenso que, por un instante, podría jurar que alcancé a sentir que eran realmente sus manos en mí falo.

  Me repongo del momento, aún agitado, e intento hablar con Thor, pero me ignora por completo.

  Entrego las muestras y lo único en lo que pienso es en salir del lugar.

  Salgo muy distraído, recordando lo que pasó en esa habitación, cuando de repente choco contra alguien.

  Es una mujer, puedo percibir su olor humano. Pero no sé por qué el contacto con ella ha hecho que mi entrepierna se endurezca otra vez...

  -¡Mierda! -me siento avergonzado y trato de tapar el bulto que se ha formado en mi pantalón. Deben ser los efectos de la sesión anterior y la abstinencia que tengo.

  -Señorita, disculpe, venía distraído -digo, reaccionando para ayudarla a levantarse, pero ella sale corriendo. Debo haberle parecido un hombre grosero.

  -Arón, no la dejes ir, búscala -escucho en mi cabeza la voz de Thor.

  No sé por qué está tan inquieto, pero ahora no tengo tiempo de jugar a las escondidas.

  -¿Thor, acaso no te das cuenta del problema estético que tengo en medio de mis piernas? Si voy detrás de ella, asumirá que soy un acosador.

  -Haz lo que te digo, no la dejes ir -vuelve a replicar, lanzándome un gruñido.

  -Lo siento, pero no haré el papel de acosador. Además, ella no es mi tipo.

  -No es tu tipo; sin embargo, con solo tocarte hizo que la sangre te llegara a la cabeza de abajo -se burla mi lobo mientras me gruñe enojado, ya sabe que no iré tras la mujer.

  -Thor...

Capítulo 2 2. Todo es una laguna.

P.O.V. ANNIE BECKER

 Mi mente es un completo caos. Un laberinto de pensamientos confusos donde sobresale una imagen: la sonrisa serena y la mirada profunda de unos ojos azules que me atraviesan el alma.

 Sé que estuve casada... lo sé porque en mi dedo aún llevo una argolla de matrimonio. Con el nombre de Jarek Ferguson. Y si eso no bastara, el registro civil lo confirma...

 Además, como si la vida no se cansara de recordármelo, la maldita de mi exsuegra y su hermana siguen siendo un grano en el trasero.

 Pero no tengo recuerdos claros. Solo momentos fugaces. No sé si fuimos felices, si nos amamos, si alguna vez me sentí segura entre sus brazos.

 Solo me llegan destellos: él jugando con mis amados perros, acariciándolos con ternura, hablándoles como si fueran parte de su alma.

 Yo, observándolo desde la distancia, sintiendo que quizá... solo quizá, alguien como él no podría hacerme daño.

 En mi mente está la imagen de esa maldita mujer, ella es una bruja completa, golpeando sin piedad a mis cachorros si no se movían al ritmo que ella deseaba.

 Él los acariciaba como si entendiera su alma; ella los trataba como si fueran animales salvajes a los que quería domar y mostrar quién mandaba.

 Aun después de siete años, esas malditas mujeres siguen atormentándome. Culpándome por la tragedia en la que murieron Jarek y mis padres...

 Sé, por mis amigos del alma, que fue un fatídico accidente de tránsito, donde la furia de la naturaleza también tuvo que ver, pero no recuerdo absolutamente nada.

 ¿Cómo sobreviví?

 No tengo idea.

 Mi mente es un malditø punto en blanco.

 Solo aparecí en la puerta del apartamento de mis amigos, empapada, con la ropa hecha jirones, temblando bajo la lluvia.

 No sé cuánto caminé... ni si alguien me llevó. Todo es una laguna.

 Los psiquiatras dicen que mi mente bloqueó esos recuerdos dolorosos, que tal vez algún día regresen a mí.

 Raiza quiso culparme, pero no había pruebas.

 Ni siquiera sus cuerpos, ya que fueron arrastrados por la corriente del río y hasta el día de hoy no se han encontrado.

 Pero ellas, desde entonces, han dedicado su vida a joderme y acorralándome.

 No sé la razón por la que no soporto la cercanía de ningún hombre... salvo la de Salvador, mi amigo del alma desde la infancia.

 Otro gran misterio en mi vida: no sé cómo estuve casada y no tuve relaciones.

 Son tantas las preguntas en mi mente...

 ¿POR QUÉ NO SOPORTO EL ROCE DE UNAS MANOS DEL SEXØ OPUESTO? ¿POR QUÉ MI CUERPO TIEMBLA ANTE LA MÁS MÍNIMA CERCANÍA...?

 Quiero ser madre, mi reloj biológico está corriendo. Así que tomé la decisión de realizarme una inseminación.

 Voy rumbo a la clínica; escogí la mejor y más discreta. Además, me garantizaron que el esperma cumple con los requisitos que solicité.

 -Aquí, Tierra llamando a Saturno... Ann, despierta, llegamos -la voz de Salvador me arranca de mis pensamientos.

 Pego un pequeño brinco saliendo de mi mundo mental.

 -¡Ay, madre mía! Qué susto me has dado -digo, tomando mi pecho.

 Él baja la mirada, sintiéndose culpable por mi sobresalto.

 -Disculpa, no fue mi intención asustarte.

 Sonrío, porque Salvador siempre se culpa de todo, como si mi vida fuera su responsabilidad.

 -Deja de culparte, el problema es mío. La que venía distraída soy yo.

 -No sé para qué gastas tu saliva si él siempre es igual de zonzo -dice Júpiter, haciendo un gesto con los labios.

 -¿Por qué siempre tienes que ser tan entrometida? -le recrimina Salvador, lanzándole una mala mirada.

 Niego con la cabeza. Estos dos parecen niños pequeños, siempre discutiendo.

 -Ustedes dos, deténganse y dejen la peleadera... par de bebés.

 Se miran, lanzándose miradas de odio fingido mientras se cruzan de brazos.

 -Voy a ir a realizarme los exámenes. Mientras tanto, ayúdame -dirijo mi mirada a mi amigo- a averiguar todo lo respecto al trabajo que me ofreció Arón Woolf, el dueño de los viñedos.

 Él asiente.

 -¿Quieres que te acompañe? -pregunta Júpiter, mostrando una sonrisa tierna.

 Ella es ruda con todos... menos conmigo. Por el contrario, conmigo es demasiado protectora.

 No está de acuerdo con mi decisión, pero la respeta. Y eso se lo agradezco.

 -No, esto es algo que quiero hacer sola. Además, hoy solo serán unos cuantos pinchazos -respondo, haciendo gestos de horror de solo pensar en las agujas.

 -Por eso debo acompañarte. Con el terror que le tienes a las agujas, hasta te desmayas.

 -No, esto es algo que quiero hacer sola -replico y bajo casi corriendo del automóvil, antes de que encuentre alguna otra excusa para acompañarme.

 Aceptar la oferta de trabajo en ese lugar me ayudará a desaparecer del radar de Raiza y tener a mi hijo en paz.

 Busqué información sobre el lugar: todas las reseñas son excelentes.

 La mayoría de las tierras son de Arón Woolf y, según aparece, es un hombre correcto, comprometido con sus empleados.

 No hay fotos de él por ningún lado.

 Voy sumida en mis pensamientos cuando choco contra lo que parece un muro de acero.

 Caigo sobre mi trasero y, al alzar la vista, me quedo sin aliento: es el hombre más hermoso que he visto en mi vida.

 Sus ojos azules son hipnóticos, su aroma embriagador, su porte... imponente. Hay algo en esa mirada que no se siente nuevo. Como si esos ojos ya me hubieran mirado antes.

 "¡Oh, Dios! Creo que estoy teniendo un orgasmo visual. ¿Eso existe? Si no, lo acabo de inventar."

 -Señorita, disculpe. Venía distraído -dice él. Su voz hace que mi tanga se empape.

 "Debo dejar de andar con Jup", me reprocho, dándome una bofetada mental.

 Antes de que note mi rostro encendido y mi expresión de loba en celo, respiro hondo, tomo impulso y me levanto del suelo, adentrándome en el primer consultorio que veo.

 Necesito enfriar mi cuerpo. Casi me lo comø con la mirada.

 "¡Ann, reacciona! ¡Esa no eres tú! Parecías una zorra a punto de saltarle encima."

 Cierro la puerta rápidamente, recargándome sobre ella.

 -¿Señorita, se le ofrece algo? -pregunta la enfermera que está en el consultorio.

 Recobro un poco el aliento y respondo:

 -Discúlpeme por irrumpir así -digo, tratando de disimular-. Pensé que este era el consultorio de la doctora Vanegas.

 -El consultorio de la doctora queda en el siguiente piso -ella, muy amable, me da las indicaciones.

 Pero aún no me siento lista para salir. Me aterra encontrarlo de nuevo.

 -¿Me podría regalar un vaso de agua? No sé si por el afán, me siento algo mareada.

 -Por supuesto -me lo alcanza con una sonrisa.

 "Annie, además de ser una gallina, eres una mentirosa. Te vas directito al infierno", me reprocho mentalmente.

 Respiro.

 Debo concentrarme en lo que vine a hacer.

 -¿Y si lo vuelves a encontrar? -me pregunto entre dientes sintiendo mi cuerpo vibrar

  -¿Y si tu destino tiene nombre, ojos azules... y una sonrisa capaz de volverte una tarada? -sigo con mi interrogatorio hablando sola como una maldita loca.

 -Me lanzaré como una maldit4 perra en celø.

Capítulo 3 3. Déjame salir.

Narrador Omnipresente:

 -¡Thor, malditø lobo! Sé que tuviste que ver ahí. Deja de jugar conmigo y responde -gruñe el Alfa, siendo ignorado por completo.

 ***

Hace los negocios que tenía planeados, audita las manadas y realiza algunas recomendaciones, aunque hay una que lo tiene inquieto, cosas que no le cuadran, así que eso le llevará más días de los que tenía pensados. Debe investigar.

 Lennon le ha confirmado que Annie aceptó el cargo.

Quisiera tenerla lejos, pero sí, en realidad desea neutralizar a su madrastra y evitar que Raiza y Reina se enfrenten con su madre, ya que ellas quieren arrancarle los ojos y lanzársela a los tiburones. Debe crear una alianza con la humana.

Por su parte, Annie se realizó los exámenes y ahora debe seguir las indicaciones del médico para preparar su vientre para el futuro embarazo. Por ello, ha pospuesto su viaje mientras le realizan la inseminación.

Arón está de un genio que se lo llevan los mil demonios.

Su lobo es un bandido que, desde que vio a esa humana, ha dejado de hablarle. Para colmo de males, su celo se ha adelantado y siente que explotará en cualquier momento.

Necesita que su Delta esté cerca para que sea sus ojos mientras él se aísla y se resguarda.

No puede estar cerca de una loba o alguna mujer, sin importar su especie; sabe que se la cogerá. No tiene control sobre sus instintos animales.

A las afueras de la ciudad, en lo alto de la montaña, tiene una cabaña.

Es el sitio perfecto para pasar su celo. Está oculta. No es de fácil acceso. Pero como sabe que las hormonas de Thor están disparadas desde el día que vio a la humana, tomará medidas drásticas.

En tiempo récord, la cabaña fue insonorizada y reforzada con láminas de acero de alto calibre y densidad, junto con puertas y ventanas de seguridad, y cerraduras electrónicas, de las cuales solamente Lennon posee la clave para abrir.

Arón se conoce a la perfección. Sabe que, utilizando su comando de alfa supremo y la desesperación que le provoca el celo, no dudará en manipular la mente de cualquier lobo para llegar a una hembra. Por eso, cada una de sus medidas es cuidadosamente planificada.

-Fabricio, quiero que las 24 horas del día estés pendiente de esta puerta y, por ningún motivo, me permitas salir -le ha ordenado a su Delta que lo custodie.

-Entiendo, Alfa.

-Trae veinte guerreros para que estén contigo. Conozco la fuerza descomunal de Thor y no sé si las láminas de acero lo retengan.

-Ahora soy yo el calenturiento -le recrimina su lobo, apareciendo en su cabeza.

-Uhhh, decidiste romperme la ley del hielo.

-Sí, porque estoy desesperado. Siento que mis pelotas se van a freír de tanta calor.

-Siempre tan dramático -le responde el Alfa por enlace mental.

-No es dramatismo. Desde ya siento en mi cuerpo un calor infernal y sé que este será el peor de nuestros celos. Pienso que podríamos preñar a unas veinte lobas.

-Cállate, ¿qué locuras dices? ¿Qué haríamos con veinte lobas desquiciadas reclamando una paternidad?

-Es un decir. Sabes que, aunque me humilles metiendo mis renacuajitos en esos frascos, solo mi Luna designada podrá llevarlos en su vientre. No haré la estupidez de tu padre de concebir hijos en otra solo para darle el gusto a un puto puñado de viejos estúpidos.

-Sabes que eso es lo que quiero y por esa razón me niego a estar con alguna loba. Pero nuestra época está pasando y, tal vez, terminemos siendo bestias irracionales.

-Prefiero eso a traicionar a mi Luna -responde Thor, firme.

-Estoy de acuerdo. Ahora déjame terminar de darle las indicaciones al Delta.

Thor asiente.

-Fabricio, confío en ti. No quiero, por ningún motivo, que mi madre sepa dónde estoy. Conozco sus alcances y sé que puede traer una loba y manipularlos para que la dejen entrar.

-Alfa, confíe en mí. Jamás revelaré su ubicación. Le dejaré suministros para veinte días.

-Gracias -dice Arón, estrechando su mano con el Delta y despidiéndose.

Sabe que será una tortura estar encerrado, sintiendo cómo el calor de su cuerpo lo devora y le nubla la mente. Su parte salvaje tomará el control, la cual está demasiado inquieta.

 ---

Annie, por su parte, no ha podido sacar de su mente aquellos bellos ojos azules de mirada penetrante.

Ha sentido cómo, al solo imaginarlo por las noches, sus bragas se humedecen. No sabe por qué siente esa necesidad de explorar su cuerpo, de tocarse.

Aunque lo atribuye a las hormonas que está tomando para poder embarazarse, que la tienen tan sensible.

 ---

Arón está en su tercer día de celø.

Sabe que es uno de los más fuertes. Ayer fue un calvario. Necesitó meterse en la tina llena de hielo y ni así logró controlar el calor de su cuerpo. Golpeó las paredes de acero intentando salir de allí.

Ahora, por la desesperación, está rugiendo.

-Delta, déjame salir... ¡Fabricio, maldit4 sea! ¡Sácame de aquí o te voy a quebrar la cabeza cuando salga! -sus gruñidos no son escuchados.

Maldice a cada rato. Utiliza su mano para desahogarse, pero cree que hace el efecto contrario. A los cinco minutos, nuevamente su masculinidad está erecta y pidiendo ser atendida.

-¡Maldit4 sea! Thor, no vamos a sobrevivir -gruñe, hablándole a su lobo.

-Necesito una loba... Además, como eres un idiota y la dejaste ir, si no...

-¿Hablas de esa humana?

 Thor no responde.

-Ella no resistiría y terminaríamos asesinándola. ¡Esto es demasiado para ella, entiende! -gruñe desesperado, sintiéndose al borde de la locura.

Vuelve a lanzar su cuerpo contra las paredes, logrando abollarlas.

Necesita una hembra para desahogarse. Años anteriores, Thor era el que se resistía a estar con una mujer. No entiende qué diablos cambió en estos días y por qué lo tortura así.

Da vueltas en su cama, sintiendo cómo el fuego en cada fibra de su cuerpo amenaza con vencer su resistencia y hacerlo salir de allí.

El calor lo consume, le duele la piel, los músculos vibran de deseo. Siente que entra en un sueño profundo, donde una voz dulce y seductora atraviesa la oscuridad como una caricia peligrosa.

-¡Oh... me pareció ver un lindo lobito...!

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