"¿Podría alguien decirme por qué abandoné nuestro sofá perfectamente cómodo para venir a congelarme el trasero aquí?", preguntó Eden McBride al tiempo que volteaba a ver a sus tres amigas, quienes esperaban pacientemente con ella en la fila.
Ya había pasado más de una hora, pero la larga fila que serpenteaba alrededor de la manzana apenas se había movido.
De todos los lugares de reunión en Rock Castle tuvieron que elegir el Crush, uno de los clubes a los que resultaba más difícil acceder, especialmente durante los fines de semana, pues era cuando el DJ más popular de la ciudad se presentaba.
"¡Es para ayudarte a olvidar al tipo cuyo nombre no mencionaremos!", le respondió en voz baja Sienna, quien había sido su mejor amiga desde la escuela primaria. Las cuentas de plástico transparente que colgaban de los extremos de sus largas trenzas degradadas tintinearon cuando volvió la cabeza para ver la mirada mortal de Eden.
En sus días 'malos', Sienna solía ser muy tierna, pero en un día bueno, como esta noche, lucía muy candente. Los chicos que se arremolinaban desesperados por entrar al club evidentemente pensaban eso de la chica, pues apenas podían apartar los ojos de ella.
"Así es, Eden. Ya te hemos dado suficiente tiempo para que estés deprimida", dijo Lydia mientras se tomaba una selfie y la publicaba en su Instagram. En cuestión de segundos, su celular comenzó a sonar incesantemente con notificaciones de millones de admiradores. Lydia era una YouTuber muy popular, cuyos videos de maquillaje la convirtieron en una auténtica celebridad en Internet.
"Entre más rápido regreses a la normalidad, mejor", agregó Cassandra al tiempo que pasaba su largo cabello rubio por encima del hombro y se levantaba el cuello de su característica chaqueta de cuero. En los cinco o seis años que Eden llevaba de conocerla, nunca la había visto con un vestido. Ni una sola vez. Para ser una marimacho autoproclamada, Cassandra era muy elegante de por sí. Tenía una figura alta y esbelta, así como rasgos delicados, lo que la hacía lucir bien con cualquier look.
De entre el grupo de amigas, Eden era la más sencilla, sin embargo, eso no era algo que a ella le disgustara. Su piel era tan pálida que nunca podía broncearse sin importar cuánto tiempo permaneciera bajo el sol. Un par de veces intentó teñir su largo cabello castaño ratón, pero los retoques constantes se lo maltrataron muy rápidamente. Su rasgo más llamativo sin duda eran sus ojos castaños rasgados. Lástima que tuviera que ocultarlos detrás de unos anteojos gruesos, ya que sin ellos estaba casi tan ciega como un murciélago.
"Él ya siguió con su vida, ¡así que tú deberías hacer lo mismo!", dijo Lydia con una franqueza brutal, ya que la sutileza no era su fuerte.
Eden suspiró al tiempo que ponía los ojos en blanco. Sabía que sus amigas tenían buenas intenciones, sin embargo, a ella no le molestaba en lo más mínimo pasar sus días y sus noches frente al televisor viendo reality shows espantosos y consumiendo carbohidratos. Ni siquiera le incomodaba no cepillarse el cabello ni usar la misma ropa durante varios días. Estaba feliz de llorar hasta quedarse dormida y despertarse con la cara y los ojos hinchados. Sin embargo, no quería dejarse llevar por el dolor.
Pero, ¿cómo podían bastar seis semanas para superar cuatro años de momentos felices y sueños esperanzadores que se acabaron en un abrir y cerrar de ojos?
"Si esta estúpida fila no avanza en los próximos dos minutos, me iré", dijo Eden al tiempo que se ajustaba la gabardina, feliz de haber tenido la previsión de habérsela puesto a pesar de que sus amigas querían que la dejara en casa porque arruinaba su look.
De pronto, un Lamborghini seguido de un Ferrari y un Porsche se detuvieron frente a la entrada del club con un rechinar de llantas. Un grupo de hombres casi tan altos como las torres de oficinas circundantes y lo suficientemente apuestos para haber salido de una revista de moda saltaron de los tres autos, les arrojaron las llaves a los valets y se dirigieron a la entrada del club.
Quizás fue la larga fila que parecía no moverse ni un centímetro o el estrés de las últimas semanas, pero cuando Eden vio a los seis hombres tratando de eludir la fila, perdió la paciencia y, sin pensárselo dos veces, abandonó su lugar y se dirigió a la entrada, seguida de sus amigas.
La chica le dio unos golpecitos en el hombro a un tipo pelirrojo y muy alto, quien estaba tratando de persuadir al cadenero para que los dejara entrar al club. Al sentir los golpecitos de Eden, el chico se volvió para mirarla al tiempo que sus pobladas cejas se fusionaban en un ceño interrogante.
La chica hizo una pausa para tomar respiraciones simples con el propósito de que sus pulmones alcanzaran el ritmo de sus pensamientos. Como el cabello del chico era rojo brillante como el fuego, Eden esperaba que sus ojos fueran verdes, no de ese azul intenso. Mientras tanto, la chica podía sentir cómo sus amigas tiraban de ella tratando de disuadirla.
"No armes un escándalo", le dijo Sienna con los dientes apretados al tiempo que tiraba de su brazo.
Sin embargo, ahora que Eden estaba casi congelada y apenas podía sentir su trasero, no vio ninguna razón para ser amable.
Inesperadamente se estiró lo más que pudo para tratar de igualar la altura del chico. Pero incluso con sus tacones de aguja Jimmy Choo, tenía que mirarlo hacia arriba.
"¿Puedo ayudarte?", preguntó el chico con una voz que podía hacer chorrear las bragas de cualquier mujer en un radio de un kilómetro.
Como si no fuera lo suficientemente atractivo, también tenía hoyuelos en las mejillas. El hecho de que no fueran tan prominentes y solo se apreciaran cuando hablaba o sonreía, lo cual fue lo único que hizo en los últimos cincuenta segundos, lo hacía lucir aún más apuesto.
"No necesito tu ayuda", respondió Eden fríamente, pues sentía que lo odiaba un poco porque no tenía derecho a ser tan atractivo.
"¡Okey!", dijo el chico al tiempo que se encogía de hombros y mostraba sus dientes perfectamente alineados mientras sonreía. Eran tan blancos que Eden consideró que podrían ser carillas. Tenían que serlo, pues no había forma de que alguien tuviera unos dientes tan blancos y derechitos a menos que tuviera un dentista extraordinario.
"Si ya terminaste de mirarme, ya puedes cerrar la boca", dijo el chico.
Eden levantó la mano sintiéndose molesta consigo misma por haberse percatado de todas estas cosas sobre el chico y, odiándolo un poco más por su evidente arrogancia.
"¿Ves a toda esta gente?", preguntó la chica fulminándolo con la mirada y señalando la fila interminable. "Llevan esperando más de una hora, así que no puedes simplemente llegar y saltártelos", agregó.
"¿Vas a impedírmelo, princesa?", preguntó el chico arqueando las cejas color rojo óxido al tiempo que sus ojos mostraban un brillo de diversión y sus amigos modelos de ropa interior de Calvin Klein se reían. Eden deseaba con todas sus fuerzas borrar la sonrisa del rostro del chico con sus diminutos puños. Pero como era una chica muy educada, sabía que no era necesario ser violenta para probar que tenía razón. Después de todo, las palabras eran igual de poderosas que los golpes.
"Si tienes algo de decencia, harás lo correcto y te formarás como todos los demás", respondió la chica parpadeando furiosamente detrás de sus anteojos de montura negra.
Un silencio incomodo cayó sobre la pequeña multitud que se había reunido a su alrededor. Mientras tanto, los amigas de Eden seguían tirando de ella para que volvieran a su lugar. Pero como la chica estaba tan por encima de todo, incluida esta noche, se negó a dejarse intimidar por el pelirrojo cuando este se inclinó para mirarla a los ojos con condescendencia.
"Supongo que no soy una persona decente, ¿verdad?", le dijo el chico a Eden, soplándole en la cara un frío aliento mentolado al tiempo que se encogía de hombros.
Luego volvió la atención al cadenero robusto, a quien discretamente le dio unos cuantos billetes. Inmediatamente después reunió a sus amigos y agitó una mano hacia las acompañantes de Eden al tiempo que le decía al cadenero: "¡Ellas también vienen con nosotros!".
Antes de que Eden pudiera siquiera procesar las palabras del chico, ya estaban dentro del club, abriéndose paso entre un enjambre de cuerpos sudorosos y agitados que se balanceaban al ritmo de la música.
Sus ojos tardaron algunos segundos en poder adaptarse a la tenue iluminación. Unos pasos delante de ella vio al chico con el que acababa de discutir, dirigiéndose a una sala VIP.
¿Acaso se suponía que debía agradecerle por haberlas ayudado a entrar? '¡De ninguna manera!', pensó la chica al tiempo que sacudía la cabeza. Ahora que estaban adentro del club, se alegró de que los dedos de sus pies y su trasero ya no estuvieran tan entumecidos, sin embargo, no habría tenido ningún problema en esperar su turno formada en la fila como todos los demás.
"¡Oh, Santa Eden, estaremos en deuda contigo para siempre! ¡Esta noche las bebidas corren por nuestra cuenta!", dijo Cassandra al tiempo que hacía una reverencia y juntaba las palmas de las manos como si estuviera orando.
Al escuchar las palabras de su amiga, Lydia soltó una carcajada y dijo: "¡Sí, te arriesgaste por el equipo! Quiero decir, nunca me habría atrevido a acercarme a Liam de la forma en que tú lo hiciste".
"¿Así se llama?", preguntó Eden sin apenas prestar atención a la charla de sus amigas. En su opinión, 'el pelirrojo' le sentaba mejor al chico.
De pronto, Eden estiró el cuello escudriñando el lugar en busca de asientos disponibles. Aparte de unos cuantos taburetes disponibles en el bar, no había asientos vacíos en ningún lado y realmente quería sentarse. A pesar de lo lindos que eran sus zapatos, especialmente cuando los combinaba con su vestido midi negro, el dolor de pies estaba matándola.
"Liam es como un miembro de la realeza por estos rumbos, así que seguramente has oído hablar de él", dijo Sienna. "Es un piloto de autos que organiza las fiestas más locas y nunca sale con una chica durante más de tres meses", agregó.
"¡Qué chico tan atractivo!", respondió Eden asintiendo distraídamente, sin embargo, nunca había escuchado hablar de él, lo cual no era de extrañar, ya que no prestaba atención al escenario social de Rock Union.
Sus ojos se iluminaron cuando vio unos taburetes vacíos en la barra. No era un lugar privilegiado, especialmente porque todos los idiotas que ya estaban ebrios parecían gravitar ahí, sin embargo, tenía que descansar los pies.
"¡Vengan!", exclamó al tiempo que agarraba a Sienna de la mano y se abrían paso entre la multitud, seguidas de Cassandra y Lydia.
"¡Yo invito la primera ronda!", gritó Lydia por encima de la música, tratando de llamar la atención del camarero.
Las chicas comenzaron la velada con una ronda de shots y algunos chismes, y la siguieron con algunos cócteles y más historias escandalosas. Lydia, quien se acostaba con un chico de iluminación de su equipo de filmación, no tenía ningún problema en describir todas las partes palpitantes y abultadas del tipo a cualquiera que quisiera escucharla.
A la mitad del primer cóctel, el estado de ánimo de Eden mejoró un poco y comenzó a pensar que quizás venir aquí no había sido tan mala idea.
De pronto el DJ cambió la melodía a una de ritmo rápido. Al percatarse de eso, Lydia y Cassandra gritaron de emoción, ya que esa era su mezcla favorita y, gritando como locas, corrieron a la pista de baile. Mientras tanto, Eden las vio saltar y balancearse al ritmo de la música, esbozando una sonrisa ebria
"¡Dios mío!", exclamó Sienna con la mirada llena de horror. "¡Esto no puede ser!".
El corazón de Eden se hizo añicos nuevamente cuando vio a Simon, quien estaba al otro lado del club. Olive, su examiga, quien iba enfundada un ceñido vestido metálico, colgaba del brazo del chico como si fuera su bolso.
"No sabía que estarían aquí", dijo Sienna.
Eden asintió y respondió:
"Estoy bien"
Pero la verdad era que no se encontraba nada bien, pues su corazón todavía estaba herido y en carne viva por su compromiso roto. Sin embargo, no era tanto la ruptura lo que estaba tratando de procesar, sino la forma tan cobarde que eligió Simon para terminar su compromiso de un año, a través de un mensaje de texto. Desgraciadamente no solo la dejó con el corazón roto, sino también con los trámites de la cancelación de la boda y el tratar de conseguir los reembolsos.
Eden no podía creer que en estos momentos estaba viendo a la pareja abrirse paso por el club, despreocupados y enamorados como si nunca la hubieran dejado herida y magullada.
En las primeras dos semanas posteriores a su ruptura, la chica estaba aturdida por la incredulidad y demasiado ocupada tratando de explicarles a sus padres y a todos los que la rodeaban por qué su intuición se había equivocado con respecto a Simon. Sin embargo, lo peor fue tener que llamar a los cientos de invitados para hacerles saber que podían usar las invitaciones como papel higiénico porque la boda se había cancelado.
Las cuatro semanas siguientes, la chica las pasó flotando entre la incredulidad, la tristeza aplastante y la rabia. Aparentemente durante este tiempo atravesó todas las etapas del dolor.
Pero ahora, mientras observaba a las dos personas en las que más había confiado en la vida, riendo y divirtiéndose, se dio cuenta de que aún estaba en alguna etapa entre la ira y la aceptación.
"¿Crees que deberíamos ir a otro lugar?", preguntó Sienna.
Eden negó con la cabeza, pues ella no había hecho nada malo, excepto confiarles a esos dos su corazón. Si alguien debía irse del club, era Simon y su corazón tramposo.
"¡Vamos! ¡Demuéstrale que no lo necesitas!", dijo Sienna para consolar a su amiga mientras bebían los tragos que estaban alineados sobre la barra de mármol. "¡Ya has sufrido suficiente tiempo por él!", agregó.
'Sienna tiene razón, seis semanas es demasiado tiempo para pasarlo llorando por un hombre que no tiene la intención de volver', pensó Eden mientras rápidamente engullía uno tras otro trago.
Su corazón, el cual unos momentos antes estaba terriblemente entumecido, comenzó a sentirse agradecido. Sin embargo, en cuanto el vodka la golpeó con fuerza, su hígado le gritó que se detuviera.
Sienna trató de advertirle a Eden que se calmara, pero esta última se encontraba más allá de toda posibilidad de razonar, así que realmente quería embriagarse.
"Iré a bailar", dijo Eden entre hipo e hipo mientras caminaba hacia la pista de baile, decidida a elegir al azar a un extraño para bailar. Como no era quisquillosa, cualquier chico le vendría bien...
Liam era el afortunado extraño elegido al azar.
Sin embargo, a Eden no le importaba que una mujer tan perfecta como una Barbie, con el vestido más corto y ajustado de látex negro que había visto, estuviera tratando de llamar la atención del hombre.
"Él está conmigo", le dijo Eden entre dientes y se paró entre ambos.
Barbie parecía que iba a asesinarla con su mirada fría y, mientras la evaluaba, sus labios llenos de colágeno se curvaron con disgusto.
"Sí", asintió con una sonrisa Liam, quien tenía las orejas y mejillas tan rojas como su cabello. "¡Estoy con ella!", agregó él.
"Bueno, pues quédatelo", exclamó la Barbie, quien se acomodó sus largas extensiones rubias sobre el hombro y se alejó, desapareciendo entre la manada de zombis de mirada perdida que se movía al ritmo de la música.
Luego, Liam le agradeció a Eden con una sonrisa: "Gracias. Me salvaste la vida".
"Supongo que ahora estamos a mano", le dijo ella en voz baja y luego agregó: "Gracias por ayudarnos a entrar a este lugar".
De hecho, ella no planeaba agradecerle, pero él la había salvado del frío.
"Supongo que ser indecente ayuda algunas veces, ¿no crees?". Él sonrió y se dio cuenta de que la mujer comenzaba a agradarle.
De repente, comenzó a sonar una balada y, por el rabillo del ojo, ella vio que Simon y Olive se dirigían a la pista de baile, por lo que entró en pánico y se abalanzó a los brazos de Liam.
"Por favor, finge que eres mi novio", le pidió ella con una sonrisa, aunque tenía los ojos brillantes por las lágrimas que estaba tratando de contener. "Finge que estás locamente enamorado de mí", agregó ella.
"¡Lo que quieras, princesa!", le dijo Liam, quien la atrajo hacia sí y la abrazó posesivamente de la cintura. Eden, muy consciente de cada uno de los movimientos del hombre mientras bailaban, trató de ignorar el hormigueo que sentía por todo el cuerpo cuando él la tocaba. Realmente, estaba tratando de ignorarlo.
Eden había leído que se podía decir mucho de una persona por su forma de bailar, lo cual era cierto. Lo que ella pudo haber asumido como arrogancia por parte de Liam era, en realidad, confianza.
"¿Estoy siendo un buen novio?", le preguntó él y bajó la cabeza, por lo que sus frentes se tocaron ligeramente. Ella se dijo a sí misma que no se emocionara cuando la barbilla del hombre le rozó la mejilla, lo cual la hizo temblar a pesar del calor que hacía en ese lugar.
"Bueno, si tu trabajo habitual ya no te gusta, puedes inscribirte en alguna empresa de alquiler de novios", bromeó ella mientras enrollaba los brazos alrededor de su cuello, acercándolo.
Con su frondoso cabello rojo ondulado, Liam le recordaba a Will Halstead de Chicago Med, uno de sus programas de televisión favoritos. El hombre era extremadamente atractivo y, si Eden seguía aferrándose a él de esa forma, era solo cuestión de tiempo antes de que saltara directamente de la sartén al fuego.
"¿Esas empresas existen?", le preguntó él con las cejas levantadas y el rostro iluminado por la curiosidad.
"No lo sé", le respondió ella, quien se rio con la cabeza hacia atrás y agregó: "Nunca antes había necesitado sus servicios".
Luego, Eden pensó con tristeza: 'No hasta ahora'.
Ambos se balancearon en silencio durante un par de minutos, o tal vez tres. Eden estaba feliz de estar en los brazos de Liam y, cuando la canción terminó y comenzó otro ritmo, ella siguió moviéndose entre sus brazos y él tampoco mostró ningún apuro por apartarla.
"Además de bailar con una extraña al azar, ¿qué estás haciendo aquí esta noche?", le preguntó ella, pues sentía curiosidad por ese hombre.
Crush era un club nocturno apto para personas comunes y corrientes como ella, pero imaginaba que los hombres inmensamente ricos como él frecuentaban clubes privados, de esos que solo podías entrar si contabas con las tarjetas bancarias negras y cuentas con saldos de ocho dígitos.
Liam parecía ese tipo de persona con saldo bancario de ocho dígitos. Él estaba usando un perfume amaderado, tenía un leve olor a bourbon caro, vestía jeans oscuros de corte ajustado combinados con una camisa de mezclilla abotonada y zapatillas deportivas hechas a medida. Todo su atuendo debía ser muy caro, pues Eden nunca había visto a nadie con esa ropa.
"Estoy celebrando mi última noche de libertad", murmuró él.
'Por supuesto', pensó la mujer, pues eso explicaba su séquito de modelos de Calvin Klein. Esa era su despedida de soltero. De inmediato, Eden se sintió mal por haber sido tan grosera con él. Si ella hubiese estado celebrando su última noche de soltería, no le habría gustado haber perdido tiempo esperando en una fila.
Luego, Eden le preguntó apoyada en su pecho: "¿Y estás feliz? ¿Debería felicitarte?".
Liam se rio con la barbilla apoyada en su cabeza y le respondió: "La verdad es que no, pero es lo que me tocó. ¿Y tú qué haces aquí?".
"Vine a olvidar", le confesó ella, quien levantó la vista y el corazón le comenzó a latir con fuerza cuando se encontró con su mirada intensa. Si Liam seguía mirándola así, como si ella fuera la única mujer en el club, podría olvidar su desamparo y tristeza.
"¿Qué quieres olvidar?", le preguntó Liam mientras escudriñaba su rostro, como si la respuesta estuviera escrita en él.
"Todo", dijo Eden, sonrió con lágrimas en los ojos y luego le pidió: "Hazme olvidar, por favor".
Eden no sabía lo que estaba pidiendo hasta que él le levantó la barbilla y le dio un apasionado beso en la boca. Por ese instante sin aliento, lo único de lo que Eden era consciente era de los brazos de ese hombre alrededor de su cintura, presionándola firmemente cerca de él, mientras su beso ardiente y su lengua la llevaban al borde de la locura.
Ella se inclinó más cerca, pues quería tener más de él, deseaba todo el calor de su cuerpo. Liam tenía cuerpo de nadador, firme, tonificado y perfecto.
A ella le gustaba ese hombre y se imaginaba a sí misma con él.
De hecho, Liam era un buen hombre para pasar las penas.
"¿Ya olvidaste?", le preguntó él con voz ronca y los ojos brillantes de anhelo cuando ambos se separaron levemente para recuperar el aliento.
"Casi", le respondió la chica en busca de aire. Ella estaba excitada y asustada a la vez, porque sabía que estaba a punto de cometer lo que probablemente sería el mayor error de su vida. Sin embargo, después de haber pasado sus veinticuatro años cumpliendo las reglas al pie de la letra, sin nada que contar aparte de un compromiso roto, deseaba arriesgarse un poco aunque fuera solo una vez.
Luego, Liam la tomó de la mano y la sacó de Crush. Ella rápidamente le envió un mensaje de texto a su amiga mientras esperaban que uno de los valets del club trajera el Lamborghini de Liam.
Él le sostuvo la puerta del pasajero y la ayudó a abrocharse el cinturón de seguridad. Asustada y extrañamente emocionada, Eden temblaba por lo que estaba a punto de suceder. Ella distinguió vagamente las calles mientras pasaban a toda velocidad por Rock Castle y se dirigían a una propiedad privada, escondida de manera segura y lejos de plebeyos como ella, detrás de puertas de seguridad con un ejército de guardias apostados en la caseta de seguridad.
Condujeron a través de un camino largo y sinuoso hasta que se detuvieron frente a una enorme puerta negra de acero, la cual se abrió cuando Liam presionó el botón de un pequeño control remoto unido a un juego de llaves.
Eden miró boquiabierta la casa contemporánea ubicada en la colina, iluminada por las luces del suelo que se alineaban en el camino de entrada. La estructura totalmente blanca, con sus suaves líneas clásicas y acentos minimalistas, parecía sacada de una revista de arquitectura.
Un mayordomo y una fila de sirvientes vestidos con sus impecables uniformes en blanco y negro salieron a recibirlos.
"Señor Anderson, ¿desea que le preparemos la cena?", le preguntó el mayordomo.
Sin embargo, Liam le hizo una señal para que se fuera y le dijo: "Tómate el resto de la noche libre, Dave. Gracias".
La puerta principal recién se había cerrado cuando Liam se abalanzó contra Eden.
Sus besos fueron desenfrenados, sin ningún pudor y más apasionados que el anterior. Luego, él la levantó, por lo que la mujer envolvió las piernas alrededor de su cintura, y la llevó por la escalera con barandas de vidrio a través de un largo pasillo hasta que, finalmente, la colocó en la gigantesca cama con sábanas tan blancas como la nieve y tan suaves como la seda.
"¿Todavía quieres olvidar?", preguntó Liam mientras le daba suaves besos en el cuello y la desnudaba lentamente.
"Sí", gimió Eden excitada mientras le quitaba la ropa con torpeza. Ella solo quería olvidar las últimas seis semanas de su vida y romper el hielo que cubría su corazón.
Durante horas, Liam hizo precisamente eso. La hizo olvidar con sus manos, gritar con su lengua, y temblar y estremecerse en su abrazo.
Si él no fuera el extraño que acababa de conocer en un club, si no fuera un hombre para pasar las penas, y si ella no fuera su última noche de libertad, su apasionado encuentro hubiese sido perfecto como su primera vez.
"¿Ya olvidaste?", le preguntó Liam mucho más tarde, mientras yacían jadeando en los brazos del otro, con los cuerpos brillantes por el sudor.
"Sí", murmuró ella mientras sus lágrimas caían sobre el pecho del hombre. Realmente deseaba ella que existiera una empresa que alquilara novios, pues siempre iría para contratar a Liam.
Él se inclinó sobre la mujer y la besó lentamente mientras la abrazaba, aunque más suave en esa ocasión. Luego, sus audaces embestidas y abrasadoras caricias hicieron que el mundo de Eden se destruyera a su alrededor.
"Vaya, eres hermosa, princesa", le susurró Liam y se estremeció dentro de ella.
Eden se aferró desesperadamente a él cuando otra tremenda ola de placer la golpeó como un huracán, sin dejar nada más que una devastación total.
"¿Estás bien?", le preguntó él, quien le dio un beso en la frente y la volvió a acomodar entre sus brazos.
A Eden le tomó un momento dejar de temblar. Liam la abrazó para que ella llorara tranquila y, cuando la mujer estuvo segura de que ya no le quedaban más lágrimas, finalmente levantó la cabeza para mirarlo.
"Ahora lo estoy", le mintió Eden, pues nunca estaría bien después de lo que acababa de suceder.
No estaría bien porque Liam se iba a casar pronto. No estaría bien después de que él había ejercido tanto poder en su cuerpo y, ahora, en su frágil corazón.
Cuando Eden se despertó, se sentía sobresaltada, aturdida y desorientada...
Tan pronto como se sentó en la cama, deseó no haberlo hecho, ya que un dolor punzante le atravesó las sienes.
Luego, una chispa de deseo la invadió cuando se volvió y vio a un Liam desnudo, tendido a su lado. Incluso en su estado flácido, seguía siendo impresionante e incluso a sabiendas de que no debía, aún lo deseaba, lo necesitaba y lo anhelaba.
El solo pensar en la noche anterior y en todas las cosas que habían hecho la dejó sin aliento.
La chica se estiró y bostezó en silencio, asombrada de lo mucho que cada centímetro del cuerpo le dolía al hacer el más mínimo movimiento. Incluso las partes que nunca se imaginó que le dolerían, estaban extrañamente doloridas. Pero tan deliciosamente adolorida como se sentía, tenía que salir de este lugar a toda prisa antes de que Liam se despertara, pues lo último que quería era tener una conversación incómoda sobre su error temporal de juicio con el hombre que aparentemente conocía su cuerpo mejor que ella misma y que pronto iba a casarse.
La chica dijo una pequeña oración de agradecimiento en cuanto vio su celular y sus anteojos sobre la mesita de noche. Una vez que se puso los anteojos, saltó de la cama, pero tan pronto como sus pies tocaron el piso de madera mate, comenzó a luchar con la habitación que parecía tambalearse sin cesar.
En un intento por recuperarse, cerró los ojos e hizo un conteo regresivo desde diez. Cuando volvió a abrirlos, la recámara había dejado de temblar y ya no se sentía tan mareada.
Luego comenzó a examinar la enorme habitación, suspirando de frustración mientras trataba frenéticamente de localizar su ropa, sin embargo, su vestido había desaparecido misteriosamente. La desaparición de su ropa interior fue otro acertijo que no tuvo tiempo de resolver.
Dadas las circunstancias y sin pensárselo dos veces, recogió la camisa vaquera de Liam del suelo y se la puso. 'Estoy segura de que no la extrañará', pensó la chica mientras tomaba su celular y salía corriendo de la habitación con sus tacones de aguja en la mano.
Su gabardina yacía en una pequeña pila al pie de las escaleras.
Ya lo recordaba, se lo había quitado él, de la misma manera que le quitó el resto de la ropa. La chica se estremecía ante el recuerdo de cada pequeña cosa que Liam le hizo... cada beso, cada toque, cada embestida.
'¡Concéntrate!', se dijo a sí misma al tiempo que sacudía la cabeza y se ponía los zapatos. Pese a lo delirantemente emocionante que resultó la noche anterior, en estos momentos ya era cosa del pasado, así que tenía que dejar a Liam en el recuerdo.
Ya en la puerta principal de la casa, Eden se encontró al mayordomo y a un grupo de sirvientas, quienes estaban alistándose para el servicio del día. Por un minuto aterrador, la chica se enfrentó al temor de tener una pequeña charla con los desconocidos, lo cual era algo con lo que normalmente le costaba hacer, y más un día como hoy. El drama y el proceso de tratar de marcharse de su casa con dignidad fueron las únicas razones por las que durante veinticuatro años se había aferrado a sus bragas y se había mantenido alejada de los ligues.
"Señorita, ¿desea que Steven la lleve a casa...?", preguntó Dave, el mayordomo, en un tono amable.
"No se preocupe, llamaré un taxi", respondió la chica ignorando el cortés intento de presentación del hombre y rechazando su ofrecimiento con un rápido movimiento de cabeza.
"Los taxis no pueden entrar aquí", explicó pacientemente una de las sirvientas.
"Por supuesto", murmuró Eden. La casa de Liam se encontraba ubicada en una finca privada, así que, a menos que los residentes dieran su autorización a los guardias de seguridad, nadie podía ingresar al lugar. Las reglas en Hills eran muy diferentes a las de otros vecindarios.
"Señorita, no se preocupe, por favor. Es nuestra tarea llevar a las invitadas del señor Anderson a casa".
Si lo que Dave quería era tranquilizar a la chica, honestamente sus palabras tuvieron el efecto contrario.
Al enfrentarse a la cruda realidad de lo que había hecho, Eden se puso furiosa consigo misma por haber dejado que el alcohol se le subiera a la cabeza. En estos momentos, su único consuelo era el poco sentido común que ella y Liam habían tenido anoche, ya que afortunadamente usaron protección. La chica recordaba haber visto los envoltorios brillantes de papel de aluminio en el suelo cuando salió corriendo del elegante dormitorio de Liam con la ridículamente cómoda cama de espuma viscoelástica y las sábanas de mil hilos. Después de todo, lo último que necesitaba era contraer alguna enfermedad rara.
"Señorita...".
Cuando Eden salió de su aturdimiento alimentado por la vergüenza, le hizo una mueca al mayordomo, pues no había escuchado la mayoría de lo que había dicho.
"Lo siento, no lo escuché", dijo la chica mientras se preguntaba cómo era posible que estuviera comportándose de una forma tan educada y tranquila después de lo que sin duda había sido el peor error de su vida.
"¿Le gustaría desayunar antes de irse?".
Atónita por la pregunta del mayordomo, Eden solo pudo mirarlo, boquiabierta. ¿Acaso el desayuno también era parte de la 'Experiencia Liam' antes de hacer la caminata de la vergüenza, para disminuir el dolor de haber sido la aventura de una noche?
La chica no pudo evitar preguntarse cuántas invitadas como ella Liam había tenido anteriormente. Cada vez era más evidente que el chico a menudo llevaba mujeres al azar a su casa y, tan pronto como se aburría, dejaba que el mayordomo se hiciera cargo de ellas.
"No, gracias", respondió Eden con el rostro tenso por la ira. Después de lo ocurrido, lo único que quería en estos momentos era correr hacia la seguridad de su pequeño apartamento y llorar hasta quedarse sin lágrimas.
"De acuerdo", respondió Dave al tiempo que abría la puerta principal y le mostraba el majestuoso Lexus que estaba esperándola en el interminable camino de entrada.
Después de subirse en la parte trasera del auto y deslizarse hacia abajo, Eden deseó poder derretirse en los lujosos asientos de cuero y evaporarse en el piso del auto.
"Señorita, ¿a dónde desea que la lleve?", preguntó Steven, el chófer, al tiempo que cruzaba miradas con la chica a través del espejo retrovisor.
Honestamente Eden quería gritarle que la llevara a cualquier lugar, pues ya no soportaba permanecer un minuto más aquí.
Sin embargo, nada de lo que sucedió anoche había sido culpa del chófer y tampoco de Liam. Después de todo, ella se metió a la cama del chico a pesar de que sus amigas le advirtieron que no debía hacerlo, a pesar de que el mismo Liam le dijo que pronto se casaría y a pesar de saber que por la mañana se arrepentiría.
"¿Señorita?", dijo Steven, cuyas cejas pobladas se fusionaron en un ceño tenso.
"A la parada de autobuses más cercana, por favor", respondió la chica en voz baja. Tenía planeado tomar un Uber desde ahí, ya que cuanto menos tuviera que ver con Liam, mejor. Además, no podía permitir que el chófer se enterara de dónde vivía, en caso de que Liam quisiera que su aventura se repitiera.