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Un Salvaje para la Duquesa

Un Salvaje para la Duquesa

Autor: : Federica Navarro
Género: Romance
¿El hombre que odias podría ser tu esposo? ¿Nada menos que un salvaje? Azaleia y Brock se odian desde el primer momento. Ella es una criada confundida como Duquesa, cuando cae el castillo Bousquet cae en medio de los enfrentamientos de la guerra, quedando ella como única sobreviviente entre los escombros. En medio de la desesperación es socorrida nada más y nada menos que por el temible y salvaje Brock Haggard y sus hombres. Brock es un hombre con sus propios demonios y sufrimientos, pero con fama de violento, saqueador y conquistador. Por ambición y por su seguridad, es obligada a casarse, figurando como posible candidato a Brock y esto parece una sentencia para Azaleia quien nunca pensó en casarse y menos con un hombre así, todo por un título que ni tiene. Para Brock, ella es una niña mimada, pero ese matrimonio lo convertiría en Duque teniendo un título superior al que alguna vez soñó... solo tendría que apoderarse y ser dueño de la joven chica. ¿Puede surgir el amor del odio? ¿Realmente él será un salvaje? Brock y Azaleia se verán envueltos en conspiraciones, una extraña profecía y ellos cambiarán el mundo donde viven. Esta obra está registrada. Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

Capítulo 1 El último Bousquet

Azaleia

El mundo parecía venirse abajo por más que yo intentara tener una mente positiva y de rogar día y noche que esto se terminara. Pero yo ya podía intuirlo, mi vida y mi ambiente alrededor nunca iba a ser como antes, lo sabía muy bien aunque quisiera negarlo. Muy lejos ya estaban los días caminando al sol con Marchelina, futura condesa de Bousquet, mientras yo le peinaba su cabello y le colocaba flores silvestres en sus trenzas.

Tampoco volverán las cenas dentro del castillo cuando el gran duque traía a sus soldados, bailarines y cantantes y podías escuchar los cantos e historias hasta bien entrada la madrugada. Ni siquiera el castillo iba a poder ser como antes ¿Cómo podría? La zona sur estaba destruida por completo y las caballerizas vaciadas.

Yo era una simple criada, una más del montón en este imperio, nadie importante, pero había vivido aquí toda mi vida. Dicen que el Duque me obtuvo de una esclava que me dio casi sin pedir nada a cambio y solo me dio una bendición antes de entregarme rápidamente.

No conocí más que el amor de él como si fuera mi padre y de Marchelina como si fuera mi hermana. Éramos casi de la misma edad y por años parecíamos hermanas.

Si bien yo era muy querida y cercana, mi función era clave, atenderla, cuidarla y acompañarla hasta que ella consiguiera un esposo, y aun así quedarme con ella de por vida, un futuro que no me parecía desagradable.

En el peor de los casos, si algo malo sucedía yo me haría pasar por Marchelina, intentaban siempre vestirnos igual y fui bien educada para hacerse pasar por una gran señorita, mi cabello era aclarado para parecerse al de ella y así salvar a la verdadera Marchelina. Yo estaba dispuesta a dar mi vida por ella, sin pensarlo.

El Duque estaba obsesionado por el bienestar de su hija y pocas veces salíamos de los terrenos del castillo.

Eran los últimos de la gran casa Bousquet y el linaje moriría con ellos si ella no lograba un buen matrimonio. Marchelina era una chica buena, hermosa y talentosa, todo lo esperable en una dama y más. Pudo haber obtenido un matrimonio muy pronto, si no fuera por los acontecimientos sucedidos en los últimos días.

Una noche fuimos levantadas a los gritos, había un ataque y nos llevaron corriendo a un cuarto seguro mientras veíamos soldados corriendo por aquí y por allá, con antorchas en las manos y el sonido del metal arrastrándose llenaba el castillo, cadenas, armas y demás herramientas se escuchaba con eco por los pasillos. Un par de días estuvimos Marchelina y yo junto con otras criadas, temerosas, pero seguras.

Hasta que el duque vino una madrugada a sacarnos de ahí, con destino a las caballerizas, el objetivo era claro: teníamos que huir. La idea de dejar el hogar de toda nuestra vida era aterrador, pero al ver las afueras del castillo entendimos: era el paisaje de la desesperación y la desolación, ya no había vuelta atrás.

Un puñado de joyas las escondí en mi bolsillo, prometiéndole a Marchelina que buscaríamos el resto después. Incluso me quité mi preciado collar y lo escondí en mi vestido.

Quizás éramos muy ingenuas y el Duque muy confiado cuando fuimos emboscados, él le rezaba a la luna cuando vimos con terror cuando el Duque fue apartado de nosotras, él gritaba y pataleaba sin éxito. A Marchelina y a mí nos taparon las bocas y nos dejaron en el granero. Entre llantos escuchábamos lo que iban a hacer con nosotras, una simple carnada, algo con qué divertirse en este enfrentamiento.

De vez en cuando tomaban nuestras caras y colocaban sus manos sucias en nuestras mejillas y cabello, anticipándose a su disfrute, como si fuéramos frutas colgando de un árbol. Tenían trajes sucios de color marrón y con insectos.

Sin embargo, entre los llantos de Marchelina, pude escuchar algunas palabras y me dio la impresión de que no tenían idea de quién era ella, jamás nadie nos había visto, éramos solo mujeres para su diversión. Ahí entendí que no solo teníamos problemas nosotros, sino que estábamos en guerra, y las grandes familias con títulos buscaban aliarse o enemistarse.

El ducado de Bousquet era pequeño, pero estratégico, especialmente por la posición geográfica, al menos eso siempre decía nuestro maestro, teníamos un puerto importante, a la orilla del río. El Duque siempre fue un hombre agradable, intelectual, pero poco dado a las armas.

Esa noche Marchelina y yo decidimos huir antes de ver qué hacían con nosotras. Pensábamos que teníamos una oportunidad, así no supiéramos a dónde íbamos o qué hacer. Mi idea era clara, protegerla, darle ventaja y que ella huyera. "Yo te protegeré" le decía. Quizás aún tuviéramos aliados y pudieran ayudarla.

Cuando no tienes idea del mundo exterior, ni de la vida en común fuera del castillo, este tipo de planes son un fracaso, y así fue. Corrimos por unos minutos cuando escuchamos gritos y nos desesperamos sin saber qué hacer, y ahí es cuando nos dimos cuenta de que nos disparaban. Yo me lancé sobre ella para protegerla, pero ya era tarde, vi su lindo vestido rosa oscurecerse con su sangre y cómo susurraba con angustia mi nombre.

No lo podía creer y la seguía llamando mientras ella me miraba con angustia, tomándome fuerte, apretando su bufanda violeta en sus manos. Aún no lo sabía, pero ahí en mis brazos murió la última Duquesa de Bousquet, mi amiga, compañera de juegos, y en mi corazón, mi hermana.

Sostuve su fino cuerpo contra el mío en llantos, ya no había por qué huir. Mientras me balanceaba con ella, escuchaba como los hombres hablaban del gran desperdicio que era la muerte de una linda joven. Lo último que recordé fue un gran golpe en la cabeza que me dejó inconsciente.

No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando me desperté estaba en el granero, y juraría que estaba muerta. Cuerpos quemados por todas partes y el castillo humeaba como si fuera la calma después de la tormenta. En una esquina, despojada de toda vida, estaba Marchelina, con la cara pálida y aun algunas lágrimas en su rostro. Sentía que el alma se me iba del cuerpo y con muchas fuerzas me levanté a buscar algo de ayuda, aunque sabía que era inútil.

A pasos de la caballeriza vi al Duque acostado como si fuera un muñeco de paja, herido terriblemente. Me agaché a tratar de ver si respondía y parecía que le quedaba aún un poco de vida, tuve esperanza por primera vez.

Su cabello canoso estaba sucio y yo le acariciaba el rostro, esos rasgos amables ahora parecían sumidos en el dolor y supe que él sabía de la muerte de Marchelina. Simplemente, tomó mi mano y depositó en ella su anillo, la última gran reliquia, eso que lo hacía e identificaba como un Bousquet, pocas veces se lo vi usar, pero sin duda era lo más preciado que tenía, además de Marchelina.

-Cuidalo... florecita... sigue a la luna. Sigue tu camino- me dijo a duras penas. Le dije que lo amaba y que por favor no me dejara sola, pero sin emitir algún sonido simplemente me dio una sonrisa triste y exhaló su último respiro. Me dejó ahí, absolutamente sola.

Por las noches lloré, perdida y sola, imaginando ser la única sobreviviente. Recorrí lo que quedaba del castillo sin éxito en busca de otra alma con quien compartir este dolor, pero pareciera que mi destino era ese, sufrir sola y sin saber qué hacer. Luego de recuperar lo que quedaba de comida, hice lo único que pensé que podía hacer por esta familia, mi familia. Los enterré juntos, con mucho esfuerzo, al costado del granero y me tomó hasta la última de mis energías lograrlo.

Luego me escondí, por cobarde, por confusión, por no saber qué hacer, sin ellos mi vida no tenía sentido, estaba perdida. Era el cuarto de los mozos de la caballeriza, tenía buen acceso a ver quienes llegaban, y así esperé mi muerte.

No podía dormir, así que revisé qué quedaba del saqueo y encontré en la oficina del Duque papeles importantes, joyas y cosas de valor que guardé en un cuarto secreto que él me había confiado alguna vez.

"Tienes que cuidarnos Azaleia", me decía el Duque cuando me lo enseñó, tenía varias reliquias de la luna que guardé como tesoros. Tomé algo de monedas y joyas y me dispuse a salir, tratar de ver qué podía lograr.

Había tomado la decisión, no era fácil, una joven mujer caminando por la nada, sola, sin saber a donde ir, sin contactos ni conocidos, pero quizás podría pedir ayuda, de repente alguien podría socorrer el castillo, lo que quedaba de él y ver qué se hacía con los terrenos, los inquilinos, las granjas y todos los que dependían del Duque, era lo mínimo que podía hacer.

Esa mañana justo antes de mi partida, me levantaron el sonido de caballos y yo pensaba que esto no podría ser peor. Quede escondida, viendo a través de un hueco de la puerta del cuarto, con las piernas y las manos temblando.

Los hombres que llegaron eran inmensos, sin duda soldados, buscaban sobrevivientes y quizás ver qué más robar ¿Pero de qué bando? Cualquiera era terrible, porque no sabía cuál era el bando correcto ni a quien apoyaba al Duque, para mí eran un grupo de hombres en tierras que no eran las de ellos, husmeando, buscando ver qué tomar y a quién matar.

Los salvajes patean todo y revisan hasta la última esquina. Veo que se acercan y sudo frío, me apoyo contra la pared de piedra, esperando mi momento, quizás... no sea tan malo, solo espero una muerte pacífica. Sé con certeza de que no voy a ver a los ojos de alguien que quiero, las dos únicas personas que amé están ya muertas. Al menos ellos se fueron sabiendo que las amo.

De repente veo un animal feroz, más grande que un perro cazador que se asoma por el hueco, me muestra sus dientes y veo su pelaje lustroso y sé que me han encontrado. Cuando los hombres abren la puerta de golpe, me doy cuenta de que probablemente ya sabían que estaba aquí, los escucho reírse cuando me voy corriendo a una esquina como un animalito asustado, y me sacan a rastras, halándome por los codos.

Las puntas de mis botas golpetean contra el suelo de piedra y quedo de rodillas, empujada a lo que sea que el mundo me tenga preparado.

-Mire lo que tenemos aquí- escucho una voz arrastrada decir, como si hubiese encontrado una moneda pegada a sus zapatos.

-Es solo una chica soldado. Quizás nos pueda decir qué sucedió aquí- yo me quedo callada mirando al suelo, temblando aún. De repente en mi vista aparecen unas grandes botas, están sucias y su dueño parece ser un soldado, un hombre grande, aunque para mi pequeño tamaño, todos los hombres son inmensos.

-¡Sirvienta! Mira y responde al señor Brock cuando te habla- dice el soldado de voz arrastrada y me toma por mi nuca obligándome a ver y ahí es cuando lo observo por primera vez.

Es mucho más alto que cualquier hombre que conocí, parece fuerte como un tronco y los cabellos rubios, largos, ondulados y despeinados de la cabalgata le caen a los costados. Lleva ropas oscuras y un medallón donde aparece un árbol torcido. Eso hace que caiga en cuenta, Brock... Brock el salvaje de Haggard, el terrible sanguinario que ha desolado ciudades y extinguido pueblos ¿Es él?

Dicen que su apariencia es temeraria y visto desde aquí es realmente perturbador. Sus ojos claros y fríos se posan en mí con duda, pareciera que sabe que lo he reconocido. Marchelina odiaba las clases de historia del imperio de Aveyron, pero yo las amaba, sentía que viajaba con los libros a lugares que sabía que nunca iba a conocer, siempre con ganas de viajar y conocer hermosos héroes. Y aquí estaba, a los pies de un tristemente famoso guerrero despiadado, ¡un villano! A su disposición

¡Qué destino cruel!

Esta obra está registrada. Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

Capítulo 2 La pluma blanca

Brock

-¿Cómo que no hay sobrevivientes?-

-No señor... hemos revisado cada esquina, sin éxito- me dice un soldado, antiguamente ladrón que mi padre asignó a mi escuadrón. Realmente es cada vez más lamentable mi compañía.

Parecía un gusano y se comportaba como tal, a cada rato tenía que decirle a mi mano derecha Layne que revisara sus bolsillos para constatar que no se robara nada y que tuviera un ojo en él para que no matara de más ni colocara una mano en las mujeres. Era un trabajo difícil, pero necesitábamos soldados, enfocándonos en cantidad y no calidad, así que no tenía mucha opción.

-El castillo Bousquet parece totalmente desolado, como si un grupo de fantasmas hubiese decidido acabar con el lugar -Obviamente no son fantasmas sino soldados de otras compañías, enemigas de seguro, que quieren que el fracaso de emperador que tenemos continúe haciendo sus fechorías.

Temo lo peor, el Duque debe haber caído también y con él el ducado Bousquet, lo cual son pésimas noticias para nosotros. Hay pocos cuerpos, la mayoría han sido quemados y veo un montón de tierra que no debe tener muchos días, un poco de tierra que ha sido movida. Alguien debe haber sobrevivido para hacer esto, un aliado que enterró a sus muertos.

-Areta... ve a buscar si hay alguien vivo- le digo a mi loba.

Ella me sigue siempre a donde quiera que voy cuando no está cazando. Me ve atenta y luego sale disparada olisqueando cada rincón. Areta es la mejor rastreadora. Es obvio que fue un enfrentamiento brutal, uno de los peores que vi, muchos soldados han muerto, así que aunque haya sobrevivientes creo que obtendremos muy poco de ellos. Esta masacre parece haber sido hace días, realmente hemos llegado muy tarde.

-Revisemos cerca de las caballerizas- sugiere Layne y me señala a uno de los pocos caballos que sigue apostado, que pareciera ha sido preparado para salir ¿Amigo o enemigo? Quien sabe. Escucho a mi loba Areta gruñir y sé que ha encontrado algo. Mis hombres aparecen de repente a varios pasos de mí, y lo menos que me imagino es que lanzan una chica a mis pies.

Parece una criada, pero hasta la emperatriz parecería una criada en esta situación. La pobre criatura tiembla y cuando Gusano la fuerza a verme, observo el terror en sus ojos, sin duda ha pasado cosas terribles y el hecho de mi nombre no ayuda en lo absoluto. La chica tiene los ojos castaños más grandes que vi en mi vida, su cabello es castaño oscuro con pequeños destellos claros, su rostro es delicado y sus labios se parten en asombro, parece una pequeña flor en medio de un desierto.

Supongo que mi estampa no debe ser la más agradable y mi fama no es consuelo. Tengo meses cabalgando, buscando algo, alguna solución a estos enfrentamientos, como para volver a casa de mi padre con buenas noticias, el Conde de Haggard.

Al ser el hijo menor no tengo derecho al título y básicamente a nada más, por ello tengo que labrarme mi nombre y logros por mí mismo, algo que me ha costado, pero que debo decir me gusta lucharlo. Areta ladra como loca de aquí para allá.

-Muchacha... ¿Has visto lo que sucedió? ¿Dónde está el Duque?- le pregunto y ella solo tiembla. Puedo ver que las lágrimas se arremolinan en sus ojos, quizás era alguien cercano, no una simple sirvienta.

-¿Quién eres?- inquiero, pero ella sigue sin responder. De repente veo que los ojos de Gusano se abren de par en par, ha notado algo en la chica, temo que quiera usarla para divertirse, lo cual no sucederá mientras yo esté al mando. Layne también parece haberse dado cuenta de que ella tiene algo.

-Ni lo intentes Gusano...- le dice mi compañero rápidamente y ayuda a levantar a la chica.

Con cuidado toma de sus manos lo que a Gusano estaba obviamente pensando en robar y cuando lo observa me lo da. Yo me quedo viendo estático, es un anillo de oro, y no uno cualquiera, sino que tiene el emblema de Bousquet, una pluma blanca. ¿Puede ser que la chica lo haya robado? Me inclino y me acerco a ella y veo como agacha la cabeza para evitarme a toda costa. Colocó una mano en su brazo y atraigo sus manos a su regazo.

Observo con cuidado sus pequeñas manos, tiene un par de heridas y magulladuras recientes, sus uñas están sucias con algo de tierra y tiene una pequeña lesión, clásica de tomar plumas, por lo que sabe escribir, lo cual no es muy común. Pero nada que indique que ha trabajado como criada algún día de su vida. Ni lavar, ni quemaduras de cocina, ni trabajo en la tierra. Llamo a Layne un momento aparte.

-Vigílenla, pero no la toques Gusano- lo miro con recelo mientras nos vamos afuera, lamento no haberme traído al resto de mi grupo de confianza, pero salimos en apuros.

-¿Qué piensas Layne? Sus manos son de una dama, sabe escribir y sin duda no ha hecho trabajo forzado, quizás solo últimamente- le comento.

Layne Isaac ha sido mi compañero por años, mi primo, su madre era una Haggard, pero lleva el apellido de su padre de una casa pequeña. Me seguía desde que éramos niños. Éramos inseparables, hasta hoy. Somos totalmente diferentes, él es más dado a la moral, las leyes, estrategias y los libros, y yo más a la espada, el rifle y las peleas.

Estuvo conmigo en mis momentos más difíciles, mi oscuro matrimonio, las peleas con mi padre, mis arranques de ira. Siempre presente y fiel. Creo en su palabra más que en las de diosas y sacerdotes. Sus ojos verdes que parecen de serpiente me miran con seriedad y suspira.

-Pocos lo saben pero... el Duque tenía una hija, él esperaba casarla con un buen prospecto. Yo estaba al tanto porque algunas cartas llegaron a ciertos señores, era una joven de aproximadamente la edad de que está que encontramos. Era el futuro de la casa Bousquet. Nadie sabe cómo es y pocos como se llama, pero existía o... existe: Marchelina. Es la única heredera y tiene sentido que jamás dejara el castillo-

-La futura Duquesa-digo pensativo -Sus manos y cara son puras, sus ropas parecen ser adecuadas. ¿Realmente crees que sea ella?- Layne asiente.

-Tiene el anillo. ¿Cómo podría tenerlo si no? ¿Lo robaría? El Duque jamás lo daría si no fuera su hija y preferiría morir antes que se lo quitaran. El anillo no está sucio, sino más bien cuidado y ella lo tenía en su dedo. ¿Viste a la pobre chica? No parecería que robara algo. Y si fuera una criada, robaría otras cosas, no ese anillo, porque ni sabría que significa, estoy seguro de que en el castillo debieron existir cosas más valiosas. Además... se quedó sola aquí, debe ser lo único que conoce- tiene sentido.

-Si es ella... es un barril de pólvora andante a punto de encenderse y explotar. Menos mal que llegamos nosotros y no otros. Quien sabe qué hubiesen hecho- Layne asiente y sopesa mis palabras. Una joven Duquesa en las manos equivocadas puede cambiar drásticamente el curso de la guerra, fácilmente como un timón que cambia el rumbo de un barco.

-Creo que debemos llevarla, para protegerla, obviamente y porque ella es el futuro de este pequeño ducado. También porque ella es la heredera....- menciona él, un dedo acariciando su labio de forma pensativa.

-Una Duquesa en nuestras manos- digo tomando la decisión.

-Una Duquesa en manos de Brock Haggard. Podríamos casarla... y obtener sus tierras. Lograr un matrimonio concertado- repite él de forma intrigante. Yo solo espero que no la casen conmigo, por nada del mundo quiero tenerla cerca... ¿o si? La verdad es que no me agrada pensar que ella se case con otro.

Nuestra conversación se ve interrumpida cuando escuchamos el ladrido de Areta y luego unos gritos y rápidamente supongo que es la chica. Layne y yo volvemos corriendo y la encontramos en el suelo, su vestido desordenado, una manga rota y su labio sangrando.

Gusano y los otros dos imbéciles que los acompañan se ríen mientras ella intenta contener las lágrimas, cuando nos ve llegar se tapa el rostro intentando protegerse, sin duda esperando un nuevo golpe. Tiembla aún más y se ve como si preferiría morir antes que estar en esta situación, en el suelo, con cinco hombres parados frente a ella, con su ropa rota.

-¿Qué demonios hacen?- grita Layne y los imbéciles se callan.

Veo lo que hace Layne, no dice quién es ella, o quién creemos que ella es al menos, pero dice que es la única sobreviviente. Voltea a mirarme y sus ojos me dicen todo: debemos protegerla y no debemos decir quién es, al menos por el momento.

Yo me acerco a la pobre criatura y se arrastra en la tierra con desesperación, como si yo fuera una lanza con fuego. Debo reconocer que me agrada ser temido, me hace sentirme importante y respetado, pero por esta chica... me hace sentir... no lo sé explicar, como si no me gustara ser temido por un ser que parece tan delicado.

-¡Ella me atacó!- contesta Gusano con la mano tapando su mentón.

-Por supuesto, esta chica pequeña te atacó a ti, junto con dos tontos más. Debería darte vergüenza- digo en voz alta para que ella me escuche, pero veo que de hecho, el estúpido tiene en el mentón un enrojecimiento.

No me gusta pensar que otro hombre la toque.

«¿Qué te pasa Brock? Deja de pensar en ella, no es tuya». Pero podría serlo...

-¿Por qué la tocan? ¡No la toquen! Y si hubiese sido cierto, no me queda duda de que te lo buscaste, sino como explicas el roto en su vestido- digo y procedo a acercarme más a ella. Está acorralada y es obvio que ella espera lo peor, veo su vestido roto... y ella se ve tan... tentadora. ¡Demonios Brock! Deja de pensar en ella. Me quito mi capa para colocársela encima.

Ella da un respingo de susto, pero veo que sus finos dedos toman la gran capa para sí y se la acomoda sobre los hombros. Sigue evitando verme, pero siento que respira con alivio. Layne se arrodilla a mi lado y le ofrece un pañuelo blanco que ella toma casi sin vacilar si lo observa a él. Rápidamente, se lo coloca en el labio roto, haciendo una mueca de dolor.

-Ustedes y todos los demás, escúchenme claramente- digo levantándome del suelo y gritando a todo pulmón -No importa lo que todos digan, no somos unos salvajes, no herimos a los más débiles y mucho menos a las mujeres. ¿Quedó claro?- digo repitiendo un par de veces la pregunta hasta que escucho unas cansinas respuestas afirmativas.

-Debes venir con nosotros- le digo de forma autoritaria. Ella inmediatamente levanta la cara y esos ojos castaños me miran con sorpresa y completo terror, niega con su cabeza de forma desesperada.

-No no no no por favor, esta es mi casa- dice angustiada, es la primera vez que habla y su voz es clara y tiene un tono sutil. Hace que mi corazón salte.

-No hay otra opción, es peligroso para ti, yo estoy al mando y mi deber es ponerte a resguardo- ella empieza a desesperarse.

-Ni pienses en huir- le digo dándole la mano, pero ella la ve y no hace ningún movimiento para tomarla. Layne se acerca a ella nuevamente hablándole con dulzura.

-Señorita, corre usted gran peligro aquí sola y sin protección. Permítanos cuidarla, le prometo que no vendrá ningún daño- dice con voz suave, inclinando su cabeza para verla mejor. Ella mira al resto de los hombres, tiene miedo de ellos y seguramente de nosotros, no la culpo.

-Tienes mi palabra de caballero- Es obvio que con él y sus palabras dulces ella reacciona diferente.

-Toma tus cosas- espeto yo, de pronto con rabia -Salimos en una hora-.

Capítulo 3 El viaje jamás pensado

Azaleia

El viaje a caballo es agotador y mientras el tiempo pasa, mi cuerpo se siente agotado y mis piernas acalambradas, veo los caminos de tierra, las colinas y montañas, me doy cuenta que mi escapada nunca iba a tener éxito. El viaje que emprendía era a un mundo desconocido. Pero sentirme tan ajena del mundo, uno que tenía a metros del castillo y que desconocía, me hacía sentir frágil, débil y absolutamente perdida. Tú querías viajar a Azaleia ¿No?

-¿Estás bien?- pregunta el hombre de cabello oscuro y ojos verdes que me protegió hace unos instantes. Su traje es de color negro de cuero y tiene varios anillos en sus manos. Yo cabeceo suavemente y le doy a entender que estoy bien.

-Soy Layne Isaac, por cierto, primo de Brock y consejero de los Haggard. El rubio de atrás con cara de molesto es el hijo menor de Conde de Haggard, el líder de esta compañía- menciona a modo de una breve presentación. Yo asiento de nuevo, evitando presentarme. No sé qué quieren de mí, pero decir que soy una criada no parece una buena idea por el momento.

El de ojos verdes me sigue de cerca, a veces al lado intentando buscarme conversación y el temible Brock me sigue detrás en un portentoso caballo marrón con motas blancas, su bestia está al lado de él y por lo que entiendo es una loba.

Siento su mirada pegada en mi espalda. Yo me sujeto la capa que él me dio, cubriéndome de la cabeza a los pies, de forma inconsciente palmeo mi pequeño bolsito en mi bolsillo con mis pequeñas joyas, algunas mías, otras que pude salvar antes que llegaran los varios ladrones que intentaron tomar algo del castillo, aunque las más importantes siguen escondidas ahí hasta que el castillo Bousquet tenga nuevo dueño.

Los hombres que me retienen no son mejores. Uno es una bestia, por las historias que se escuchan de él, dice que acabó con enemigos de un solo golpe, y él otro se ve cordial, pero sus ojos son fríos, no me engaña ni por un momento. Sé cómo vieron el anillo con avidez, sin duda piensan robármelo y clamar los derechos por las tierras del Duque. Él ya no está, pero él me lo dio, fue su forma de decirme que yo era la guardiana.

Ya es casi de noche, cuando aparece a nuestra vista un campamento, está en un lugar poco concurrido, supongo que para estar lejos de miradas. Está bien armado, pero sin duda, no se compara a una edificación de piedra o madera. Sin embargo, el calor de las antorchas apostadas me llama, un poco de calor y quizás una bebida caliente, mejorarían mis horribles experiencias y sería todo para mi helado cuerpo.

Después de bajar del caballo a duras penas y de adentrarme en el campamento, todas mis expectativas de confort se ven disueltas como mi cálido aliento en el frío de la noche. No me importaría dormir en el suelo, tal cual como estoy, ni siquiera de no comer. Pero lo que veo no es agradable por otra razón, estoy rodeada de hombres, todos soldados.

Me llevan a la carpa principal. Es realmente grande y acogedora, con alfombras de intrincados diseños, un espacio particular con una tetera, vasos, entre otros utensilios, estantes improvisados con libros y una gran mesa con planos encima. Me enseñan una silla cerca de la mesa y me piden sentarme, mientras Layne llama a algunos criados para que traigan bebida y comida caliente; también piden no ser interrumpidos.

-Muy bien señorita... creo que nos debe una presentación- dice Brock inclinándose a mi nivel -¿Quién eres? ¿Qué hacías en el castillo de los Bousquet?- me pregunta de forma amenazante. Yo no respondo, francamente no sé qué decir. En otra circunstancia nunca habría mentido, pero ahora... ahora soy otra persona.

-¿Quién arrasó con el castillo? ¿Por qué tú sobreviviste y el resto no? ¿Estás protegiendo a alguien? ¿A quién? ¿Dónde está el Duque?- vuelve a preguntar, esta vez apoyando sus manos en los apoyabrazos de la silla, quedando muy cerca de mí.

Yo me inclino desesperadamente para atrás. Sus ojos grises son intensos, su barba rubia tiene rastros dorados como rayos del sol. Su cara es intimidante, y a la vez fascinante. Cierro los ojos para no pensar nada más y no puedo evitar querer llorar.

-¿Qué sabes de Marchelina Bousquet?- pregunta Layne y yo me asombro-Es obvio que la conoce- responde Layne.

-No sé quién es- digo de sopetón angustiada, mi respiración se acelera como un caballo.

-¿Ah no? Pero tu cara me dijo otra cosa. ¿Acaso no lo sabes? Muy pocas personas conocen su nombre, incluso los propios trabajadores del castillo. El Duque fue super celoso con su hija, hay personas que inclusive ni sabían que tenía hija- dice con esos ojos verdes y fríos.

Es verdad, nadie lo sabía. Al parecer, desde que murió la Duquesa, la madre de Marchelina, de una enfermedad rápida cuando su hija era una bebé, el Duque se volvió cada vez más obsesionado con la protección de su hija y es cierto que pocos inclusive dentro del castillo no la habían visto. Tampoco a mí, salíamos muy poco, siempre alejadas de las miradas curiosas.

-Yo... no sé nada- titubeo.

-Yo creo que sí sabe, señorita. Yo creo que tú eres Marchelina Bousquet- siento que hiperventilo y mi corazón se va a salir. Niego con mi cabeza con desesperación.

-Yo no soy Marchelina- digo angustiada, implorando que me crean -Yo no soy la Duquesa-

-¿Entonces por qué llevas el anillo de los Bousquet? ¿Lo robaste?-pregunta Brock de forma intimidatoria. Yo sigo negando y empiezo a llorar, me tapo la cara con mis manos - -¿Quién eres entonces? ¡Habla! Dónde está el Duque?- me grita.

-El Duque... murió en la emboscada- admito intentando cambiar el tema de Marchelina. Ambos se quedan en silencio.

-¿Lo viste? ¿Puedes confirmarlo?- pregunta Layne preocupado mientras Brock se toma la cabeza desesperado y patea un par de cosas más. Yo asiento desesperada.

-No le creo Layne. ¡Dinos, quién demonios eres!- me levanta la voz.

-Yooo... soy una criada, solo una criada- respondo con un hilo de voz.

-Solo una criada. Una criada que no aparece tal, que se ve que no ha trabajado un solo día de su vida y que además lleva el anillo que solo tiene la familia ¿Crees que somos tontos?- me dice acercándose Brock y puedo ver sus ojos brillando de furia.

-No soy la Duquesa... ¡Ni siquiera luzco como ella!-

-¿Cómo sabes cómo luce la Duquesa? -me dice Layne, y debo decir que tiene razón.

-Yo no... ustedes tienen que creerme- digo desesperada.

-No temas, somos tus aliados, bajo nuestro poder nada malo te va a pasar, Duquesa- dice Layne.

-Layne, llama a uno de los criados para que preparen los aposentos de la Duquesa. Quien se acerque a ella sin yo haberlo pedido expresamente que se considere muerto y enterrado, así le toque un solo cabello de su cabeza- manifiesta Brock.

Yo me encuentro temblando en la silla, tanto que las patas de la silla retumban con un sonido rítmico el suelo donde hay una roca sin las alfombras. Esto es peor que mis pesadillas, que son realmente horrorosas. Brock se voltea a verme y da un paso hacia mí y yo me cubro nuevamente, finalmente se aleja.

Parece ser que me voy a quedar en esta tienda y siento que me desmayo solo de pensar que voy a estar aquí encerrada con él, porque sin duda esta es su carpa. Brock parece dudar, pero finalmente intenta volver a acercarse, yo me encojo lo más posible.

-Solo quería saber si tienen alguna otra herida- dice serio, como si yo fuera un objeto que revisar. Yo niego con la cabeza, como si me voy a dejar revisar por él. Luego se acerca más, intenta ver el corte de mi boca y pareciera que me quiere ayudar, yo aparto mi cabeza rápidamente y él desiste.

-Aquí tienes algo de comida, té y agua y vendajes para que te limpies la herida. Dormirás siempre en esta tienda y bajo ninguna circunstancia saldrás, al menos que yo o Layne lo decidamos ¿Está claro?- Ahora soy su prisionera, mi mundo será esta carpa.

-Se lo pido... por favor, déjeme ir. No le diré a nadie lo que ha sucedido. No quiero ser una prisionera- él me ve de reojo entre su espesa cabellera rubia oscura.

-Te quedarás aquí. Yo mismo cuidaré la entrada. Estarás aquí sola y nadie te hará daño, es mejor destino que cualquier cosa que puedas hacer afuera, enfrentando el camino. Créeme, ¿Soy lo suficientemente claro o debo repetir lo que dije?- dice de forma austera.

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