Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Hombre Lobo > Un alfa arrepentido: vuelve a mí, mi luna
Un alfa arrepentido: vuelve a mí, mi luna

Un alfa arrepentido: vuelve a mí, mi luna

Autor: : Carolina Velásquez
Género: Hombre Lobo
Laia siempre había soñado con el amor verdadero y creyó encontrarlo en su mate, un alfa formidable que no dudó en buscarla el mismo día que se presentó su transformación. Sin embargo, las promesas de amor se desvanecieron bajo su indiferencia. Caleb, líder de la manada ShadowMoon, era un alfa prodigio, respetado y temido por los lobos, y hasta los propios cazadores sabían de su existencia. Aunque él reclamó a Laia como su luna, nunca le demostró el afecto que ella esperaba recibir. Tras una traición devastadora, Laia se dio cuenta de que jamás sería amada y abandonó la manada en busca de su identidad y poder interior. Tiempo después, tras reencontrarse con Caleb, él descubrió que Laia no solo había crecido en fuerza y que ya no era la misma mujer inocente que conoció, sino que también guardaba un inesperado secreto acerca de la diosa Luna, un misterio que podría cambiar el destino de los hombres lobo. Juntos debían unir fuerzas para cumplir una profecía y enfrentar una amenaza mayor que acechaba al mundo entero, mientras Caleb luchaba en su interior por redimirse y reconquistar el corazón de Laia, recibiendo desprecio por parte de ella. ¿Podrá Laia encontrar la verdad detrás de la profecía y la oscuridad que amenaza su mundo? ¿Podrán ambos perdonarse por el daño que se han hecho y darse una segunda oportunidad?

Capítulo 1 Destinados

Laia.

Siempre pensé que yo había nacido como una simple humana, sin ningún tipo de poder en mi interior. Era parte de una manada de hombres y mujeres lobos, pero mi madre era una humana completa.

Mi padre creyó, y me hizo creer que existía la posibilidad de que mi loba interior nunca saliera a la luz y yo así me mentalicé para no ilusionarme. Por desgracia, mamá había muerto cuando yo nací, así que no la conocí.

A mis veintidós años, bajo el cielo nocturno y la brillante luna llena, se manifestó.

-¿Q-qué me sucede? -balbuceé, sintiendo hormigueos en mi cuerpo.

-No puede estar pasando -soltó mi padre, con intriga en sus ojos.

Era muy normal que la transformación se presentara entre los dieciséis a los dieciocho años, no después.

Ese día estaban haciendo el típico procedimiento para los jóvenes de la manada, el cual salió con éxito. Pero no se esperaban que yo también estuviera incluida en el proceso.

Sentí un poderoso tirón en mi interior, como si algo quisiera salir de mi cuerpo, o modificarlo.

Mi piel se estremeció y hasta mi propia esencia se agitó mientras mi forma humana cedió paso a la loba que no sabía que existía dentro de mí.

Siguieron los huesos, con un crujido sordo, el pelo brotaba en una cascada de pelaje amarillo como mi cabello de humana, y mis sentidos se agudizaron hasta el punto de poder oír el latido del corazón de un ratón en la hierba alta.

Fue un momento de dolor, maravilla y liberación, mientras abrazaba mi verdadera naturaleza, aún confundida por lo repentino que fue.

Después de eso, un olor peculiar y delicioso llamó mi atención. Venía del norte, pero sentí que estaba muy lejos de aquí. En ese momento mi corazón latió con rapidez, dejándome más confundida de lo que estaba.

-¿Es posible transformarse después de los veinte? -cuestionó la beta de la manada.

-No he visto ningún caso, por lo que me tiene consternado -alegó papá.

Mi padre, un hombre de bastantes años de experiencia y el alfa de la manada Eclipse, no volvió a tener ninguna otra pareja después de que su luna murió.

Su cabello era negro, le caía por los hombros y se movía al compás del viento. Sus ojos color miel eran idénticos a los míos, pero yo estaba asustada y volviéndome muy pequeñita por no saber cómo actuar en esa forma.

Estar en cuatro patas era nuevo para mí, todavía no lo procesaba.

-Laia, ¿crees que puedas volver a transformarte en humana? -preguntó el viejo, inclinándose en mi dirección.

No podía hablar, mi hocico estaba tembloroso y sentía que se me iba a salir un sollozo. Mis cejas estaban hundidas y el miedo seguro estaba claro en mí.

Pero no hizo falta obligarme a ser humana de nuevo, ocurrió sin previo aviso. Chillé cuando mis huesos empezaron a crujir de nuevo, dándole paso a mi forma normal.

Quedé con la ropa desgarrada, semi desnuda en medio de la poca gente que conformaba Eclipse. Me miraban y murmuraban cosas como:

«¿De verdad ha podido transformarse?»

«¿No era humana?»

«Es una completa locura...»

-Silencio -sentenció mi padre.

Caminó en mi dirección y me lanzó una toalla para cubrir mis partes descubiertas. Lo miré, aterrorizada porque no entendía qué debía hacer.

Me consideraban una omega en la manada por la clara falta de poder. No era importante ni en las cacerías de demonios, ni en las guerras contra los cazadores de hombres lobos.

Se me ordenaba esconderme y a pesar de eso, mi padre me trató con todo el amor del mundo.

-Laia, cámbiate. Te espero en la fogata -ordenó, marchándose.

Los demás dejaron de murmurar y quedé pasmada. Era mucho para procesar y mi mente estaba en una especie de trance, pero me levanté para vestirme como se me pidió.

Cuando terminé, fui hasta donde estaba sentado mi padre. Nosotros éramos una manada de bajos recursos, por lo que no nos podíamos dar el lujo de vivir en la ciudad con los humanos.

Teníamos un campamento montado en el bosque, estábamos en constante movimiento dependiendo de los peligros. A pesar de que papá era un alfa, no tenía tanto poder como otros.

-Y-yo... En verdad no entiendo qué fue lo que pasó -confesé, en un tartamudeo.

-Nadie lo entendió. Es el primer caso que se ve -resopló, echándole palos al fuego-. Pero tengo que hacerte varias preguntas. Es posible que hayas sentido a tu mate en el proceso, lo sabes ¿no?

-Sé la historia sobre los mates y que están destinados, pero, ¿cómo iba a saber sentir eso? ¿Es un pinchazo? Porque literalmente mis huesos se rompieron y armaron de nuevo -hablé, con la voz atropellada.

-Tienes que calmarte, es lo más normal para nosotros -explicó-. Con el tiempo te acostumbras y ya no duele tanto.

-Que esperanza... -murmuré.

-¿Qué planes tendrá la diosa Luna para ti? -se cuestionó, más para él mismo.

Bajé la mirada, mis ojos se concentraron en las frenéticas llamas del fuego frente a mí, pensando en qué haría si no sabía controlar ese poder que me otorgó la diosa de repente.

Los minutos pasaron, y de pronto uno de los exploradores vino hacia nosotros transformado en un lobo completo. Su pelaje oscuro brillaba con la luz de la luna. No tardó en volver a su forma humana para hablar.

-Alfa Lionel... -Llamó a mi padre, con la voz entre cortada-. Parte de la manada ShadowMoon viene hacia acá -añadió. Su pecho subía y bajaba por el agite.

¿ShadowMoon?

Abrí los ojos. Mi padre me contó muchas historias de ellos y en general de las manadas más fuertes que existían. Esa era una, por no decir la mejor.

Me levanté, al igual que mi progenitor. Estábamos extrañados porque una manada tan poderosa no se atrevería a acercarse a nosotros, éramos irrelevantes para ellos.

-Estén pendientes, no hay que generar ningún conflicto y siempre hablen con educación -indicó mi viejo, se notaba nervioso.

-Entendido, alfa -El explorador se inclinó, y así mismo se esfumó entre la neblina de la noche.

-¿Crees que quieran pelear? -pregunté, con el ceño fruncido.

-No. No es posible que vengan por eso -respondió, mordiéndose una uña-. Tal vez se trata de algo más.

-¿Qué más puede ser? ¿Una alianza? -inquirí, alzando una ceja.

No me cabía en la cabeza.

-¿Una alianza? ¿Qué podemos ofrecerles si ellos deben tenerlo todo? -espetó, con obviedad.

-Alfa, los ShadowMoon están aquí -Apareció la beta.

Fui detrás de mi padre. Había oído tantas historias de lo cruel y cero empático que era el alfa de los ShadowMoon, un joven prodigio que ascendió por su abrupto poder, intimidando a todos en el camino.

Eran tres. Supuse que se trataba de el alfa, el beta, y otro más. Supe que era él en cuanto nuestros ojos se conectaron. Sentí esa misma chispa en mi corazón que en el momento de mi transformación, a parte, su olor me intrigaba demasiado.

Tragué saliva.

-Bienvenidos, ¿en qué puedo ayudarles? -Mi padre hizo una reverencia por respeto.

Tanto así era la diferencia de poder, que él prefería no generar ningún conflicto.

-Lionel, ¿no? -cuestionó el otro alfa, sin ninguna emoción-. Vengo por mi luna -zanjó.

Se acercó un poco, observándome de arriba a abajo. Los nervios se apoderaron de mi cuerpo y pude detallarlo como era debido.

Su lacio cabello castaño caía por debajo de sus orejas, y sus ojos grisáceos me miraban con curiosidad, pero sus cejas inclinadas me transmitían cierto temor a lo que pudiera hacerme.

A pesar de que tenía una camisa puesta, sus músculos se notaban por debajo de la misma, dejándome embelesada.

Mi corazón latía. Las historias sobre los destinados por la diosa Luna, era lo que más llamaba mi atención por el tema del amor verdadero. Siempre quise que me sucediera algo así, pero jamás imaginé que sería posible.

-¿Laia? -indagó papá, aturdido-. Por supuesto, si va a llevársela, no me opondré.

-A eso vine -afirmó el castaño-. Yo, Caleb, alfa de los ShadowMoon, reclamo a su hija como mi luna.

Esa mirada penetrante me dejó sin palabras. Mis labios solo temblaban porque sabía que me tenía que ir con él sí o sí. Por un lado, estaba emocionada al saber que nos unía la diosa, pero por el otro, me entristecía dejar a mi padre.

-Ya prepararán sus cosas para que partan de inmediato, alfa Caleb -acató mi padre, mandando a uno de los suyos a empacar mi maleta.

-No tengo toda la noche -expresó-. ¿Sabes usar tu poder? -me preguntó.

-N-no mucho -confesé.

Su simple presencia era aterradora, no solo para mí. Por primera vez podía sentir el poder que emanaba cada lobo, y el de Caleb parecía ser una llamarada de un oscuro fuego que no se detenía.

-Pues tendrás que transformarte y seguir nuestro ritmo -ordenó, cruzado de brazos y con una postura firme.

Aunque me estuviera obligando, había algo en él que me atraía. No sabía si era por la conexión que teníamos, porque antes no me hubiera imaginado siquiera pensar en la atracción, tratándose de él.

Lo consideraba un imbécil que se creía superior a los demás, después de haber escuchado tantas historias tanto de mi padre, como de los miembros de la manada.

Pero ahora que lo tenía en frente, esa visión de él cambió por arte de magia.

-Ella podrá -proclamó mi padre-. ¿Puedo hablar un momento a solas con ella? -le preguntó, temeroso.

-Cinco minutos -dijo.

Mi padre me llevó unos pasos lejos de ellos. Colocó una mano en mi hombro y la realidad es que ninguno de los dos pensó que ese día llegaría.

-Laia, hija -habló-. Sé que esto ha sido algo repentino, pero no puedo contradecir sus órdenes o sabes lo que nos pasará.

-Lo sé... Terminará aniquilando a la manada solo para llevarme con él -murmuré, recordando sus historias.

-Sé que eres tan fuerte como alguna vez lo fue tu madre, y que el poder de la loba en tu interior es un plus a eso -comentó, acariciando mi mejilla-. No te dejes pisotear por nadie, Laia. Tú puedes con todo lo que se te venga encima, no lo olvides.

Se me hizo un nudo en la garganta con sus palabras y no dudé en corresponder su abrazo. Él había sido un buen padre, pero también tenía que ser un buen líder.

Volvimos con Caleb.

-Nos iremos sin tus cosas, yo puedo comprarte todo lo que necesites -soltó Caleb, se veía irritado por la espera.

-Está bien -Asentí.

-Alfa Lionel, me aseguraré de que su manada prospere un poco, por entregarme a su hija sin protestas. Esto también significa nuestra alianza -le dijo, luego de eso los tres se transformaron en lobos.

Yo tuve que hacer lo mismo, aunque fue más torpe. Me terminé yendo de la manada con la que me crié, hacia un futuro incierto y lleno de misterios.

Capítulo 2 Reclamada

Laia.

No imaginé que los ShadowMoon vivieran en una jodida mansión. Habían paredes brillando y puertas de oro, por no decir que el ambiente dentro del lugar era bastante movido.

Las personas iban de un lado a otro, tanto en su forma de humanos como la de lobos. Yo seguí al alfa, porque técnicamente era el único en el que podía confiar si el resto eran puros desconocidos.

Caleb también lo era, pero estábamos unidos por el vínculo de la diosa, y eso lo volvía una persona confiable para mí. Mi corazón me decía que él no me haría daño.

-Te llevaré a tu habitación -habló, separándose de los otros.

-¿Estaremos separados? -cuestioné, extrañada.

No lo veía mal, pero por lo menos deberíamos conocernos un poquito más.

-Sí.

Vaya hombre más seco.

Lo detallé de reojo y a pesar de que su actitud me desagradaba un poco, su belleza me tenía hipnotizada. Esa nariz respingada se veía perfecta de perfil. Noté que sus pestañas eran mucho más largas que las mías, envidiables.

-¿Qué tanto miras? -inquirió, sin que nuestros ojos se encontraran.

¿Cómo se dio cuenta?

Me quedé helada, sin una sola palabra en mi boca. La vergüenza se apoderó de mí y no hice más que bajar la cabeza, deseando que no me presionara.

Llegamos a una de las tantas puertas. ¿Cómo iba a evitar perderme? Si ninguna tenía número. Él la abrió, concediéndome el paso.

Por lo menos tuvo algo de caballerosidad.

-Te quedarás aquí -indicó, sin entrar-. Tengo que decirte ciertas reglas que debes cumplir.

Fruncí el ceño.

Yo estaba dentro de la habitación, rodeada por tanto lujo que me sentí cegada. Hasta la cama matrimonial estaba hecha de una madera de calidad.

-¿A qué te refieres? -pregunté, cruzada de brazos.

Inhalé hondo.

Él se veía sereno en todo momento. Parecía que ninguna emoción lo dominara.

-No saldrás a menos que yo te lo indique. Te mantendrás aquí hasta que yo te necesite, ¿comprendes? -proclamó, decidido.

Parpadeé varias veces.

-¿Esto es una cárcel? Porque no recuerdo haber firmado ningún acuerdo de ese tipo -solté, con incredulidad por lo que decía.

Entendía que me había sacado de la clase baja, pero no fue algo que yo pedí. ¿Qué era lo que buscaba conmigo?

-Aquí las órdenes las pongo yo -aclaró, sacando su mano del bolsillo-. Tampoco te transformarás a menos que sea necesario.

-Lamento decirte que no puedo controlarlo -aseveré, en un bufido-. Alfa Caleb... No creo que sea buena idea tenerme como prisionera.

-Serán solo los primeros días. Hay un gran aumento de cazadores en los alrededores y hasta que no los aniquilemos, no te puedo permitir salir -explicó, con unos ojos seductores.

No supe qué fue lo que me causaron esas palabras, pero mi corazón dio un vuelco que casi me hizo titubear mi respuesta.

-D-de acuerdo...

Los cazadores eran los principales enemigos de los hombres lobos. Eran seres humanos que sabían de nuestra existencia y buscaban la forma de aniquilarnos.

-Vendré a buscarte para la cena, en donde se te dará la bienvenida a la manada -comentó.

Su expresión tan neutral me tenía mal. En cierto punto lo consideraba sexy, pero también era un claro ejemplo de su indiferencia hacia mí.

-Estaré aquí -acaté, inclinándome un poco.

Y sin más que decir, se fue, dejándome sola en esa enorme habitación a la que no me acostumbraba. Se sentía como un sueño, y como una pesadilla.

Lo que más me preocupaba era la reacción de Caleb en cuanto a mí.

¿Él no sintió el mismo clic que yo?

¿En algún punto me voltearía a ver?

Las historias que me contaba mi padre acerca del vínculo de la diosa Luna, eran mi parte favorita de las noches cuando estaba más pequeña.

En ese tiempo pensé que aunque resultara ser una humana, tendría a mi mate, justo como le pasó a mamá.

Él me decía que su amor fue genuino, desde que ambos sintieron esa especie de chispa que los conectaba.

¿Para mí sería diferente?

(...)

-Disculpe la intromisión. Caleb me mandó para prepararla -Una mujer entró, no sin antes tocar la puerta.

Yo estaba sentada en la orilla de la cama, ansiosa por la nueva vida que me esperaba. Detallé a la mujer, que tenía un traje de sirvienta y un peculiar cabello color negro.

Sus ojos eran del mismo color, y por un momento creí sentir el poco poder que tenía.

-¿Esto es un palacio? No me imaginé que tuvieran sirvientes -pregunté, con curiosidad.

-Puedo responder a sus preguntas, pero, ¿ya tomó un baño? Sino, déjeme ayudarla -comentó, acercándose.

-Tranquila -Puse mi mano en forma de pared-. Acabé de bañarme.

-Perfecto, deja escojo un vestido para usted -expresó, con un tono cálido.

Se dirigió al armario que no me di tiempo de revisar. Pensé que estaba vacío, pero me quedé boquiabierta al ver tantas prendas que había en su interior.

¿En qué momento...?

-Vaya, eso sí que es calidad -solté.

La sirvienta tomó lo que necesitaba y me ayudó a vestirme. Fue un poco extraño haber quedado en ropa interior frente a ella.

-Hoy la presentarán como la luna del alfa, debe ser maravilloso -dijo.

-Quiero pensar que lo es, pero Caleb es un poco... -murmuré, pensando-. Imbécil.

Ella se detuvo, abriendo los ojos con sorpresa.

-No le digas eso... -pedí, tragando saliva.

-Puede que le sea difícil expresar sus emociones, pero se preocupa por nosotros -alegó, en una risa.

-No creo que tener a su gente de sirvientes sea un claro ejemplo de preocupación -Me crucé de brazos.

-Es parte de nuestra jerarquía. Los sirvientes somos omegas y nos tratan mucho mejor que solo siendo simples omegas sin oficio ni utilidad -resopló, cabizbaja.

-Entiendo...

No le di más vueltas porque terminaría discutiendo por derechos que no eran míos. En cuanto terminamos, Caleb no se inmutó en tocar la puerta y solo entró.

-Vámonos -ordenó.

No le pregunté ni el nombre a la pelinegra, cuando ya se había marchado.

Seguí al alfa de nuevo por los largos pasillos que parecían interminables y al final llegamos a un amplio comedor.

Estaba lleno, había tanta gente que me sentí aterrada porque la manada Eclipse era muy pequeñita en comparación. El bullicio solo me daba más ansiedad, hasta que notaron la presencia de Caleb y poco a poco se callaron.

-Silencio, su alfa ha llegado -informó un hombre de los que había ido con Caleb a buscarme.

-Me complace anunciar que a partir de hoy tendremos un nuevo miembro en la manada -comentó el castaño, con seriedad. El ambiente era frío y expectante-. Mi luna apareció, así que exijo el total respeto para ella, como lo hacen conmigo.

De pronto, los aplausos y silbidos inundaron mis oídos. Pensé que me quedaría sorda, pero era parte de la celebración por su alfa.

Si supieran cómo me estaba tratando.

Nos sentamos cuando se dio la orden de que podíamos comer. Habían varias mesas de banquetes con la suficiente comida para alimentar a más de cien personas.

-Me alegra saber que después de todo, sí te preocupas por mí -le dije, aprovechando que estaba a mi lado.

-No confundas las cosas, niña -refutó, bebiendo un sorbo de vino-. Hay que mantener las apariencias, eso no significa que me preocupe por ti.

Una estaca en el corazón dolería menos. Llevé una mano a mi pecho porque nunca pensé que sería rechazada de una manera indirecta.

Recién lo conocí esa misma noche, ¿por qué me dolía tanto? ¿Por qué sentía un nudo en la garganta?

-¿No crees en la diosa? -cuestioné, buscando consuelo-. Ella decidió unirnos.

-Creo fielmente en ella, pero pensé que sentiría un mejor olor viniendo de ti -confesó, sin mirarme.

-¿Y por qué me trajiste hasta aquí? -mascullé, con el estómago revuelto.

-No iba a dejar a mi luna suelta por ahí -resopló-. Eso no significa que esté enamorado de ti por arte de magia. ¿Tú sí lo estás?

Me miró, esos ojos burlones solo me causaron repelús y sin pensarlo dos veces, me levanté, golpeando la mesa. Por suerte, nadie me escuchó porque ese lugar parecía un gallinero.

-Iré al baño -dije.

-Como quieras.

Salí de ese comedor, sin saber cómo regresar a la habitación. Las lágrimas querían salir porque no pensé que me trataría como a una basura.

¿Qué le costaba dejarme en casa?

-Hey, ¿estás bien? -Una voz femenina detrás de mí me sacó de mis pensamientos.

Era una mujer. Ese vestido rojo y pegado a su cuerpo la hacía ver madura, sobre todo por su claro escote que resaltaba sus atributos. Tenía el cabello rojo y lleno de rulos, y unos azulados ojos que me veían con curiosidad.

-¿Quién eres? No creo que nos conozcamos -hablé.

-Y estás en lo correcto -afirmó-. Mi nombre es Claire y soy una exploradora de la manada. Te vi salir con una terrible expresión y decidí venir a verte.

-¿Por qué lo harías?

-Ya todos sabemos que eres la luna de Caleb -resopló, con una mano en la cintura-. Él no te trató como esperabas, ¿verdad?

-¿C-cómo sabes eso? -Apreté los labios.

-Solo quería decirte que Caleb y yo teníamos una relación antes de tu llegada -soltó-. Es normal que actúe así. Dale un poco de tiempo y seguro sabrá apreciarte -sonrió.

Mi corazón se apretujó más de lo que estaba. Esas palabras dolieron y me dejaron pensando.

-¿Eran pareja?

-No. Yo diría que una relación más casual -explicó-. Tranquila, no seguiremos con eso por obvias razones. Solo dale tiempo, como te dije.

Y sin dar más explicaciones, regresó al comedor. Mi mente estaba en blanco y sabía que no tenía que importarme su pasado, pero sí me dolió...

Capítulo 3 Devastada

*Seis meses después*

Laia.

Me encontraba sentada en el patio de la mansión. Había una especie de montaña a lo lejos, en donde exploradores solían descartar peligros.

Seis meses habían pasado desde que Caleb me llevó a su mansión. Solo me mantuvo encerrada los primeros días, pero ya después me dio más libertad.

Mi loba interior no había sido conocida como quería. Todavía me costaba transformarme y no podía controlarlo. Por más que le rogué a Caleb que me ayudara, nunca quiso hacerlo.

El hombre que pensé que se convertiría en el amor de mi vida, me terminó desilusionando poco a poco. Nunca tuvimos intimidad, ni siquiera me había dado un mísero beso que me calmara la ansiedad de poder tener su amor.

-Laia, ¿qué haces por aquí? -cuestionó una exploradora que acababa de llegar.

Ya la conocía, y a veces notaba que se quedaba viendo a Caleb con los mismos ojos que yo...

Deseosos, ansiosos por tener un poco de contacto con esa bestia.

-Claire... Solo quise tomar el aire, ¿cómo les fue? -pregunté, al ver que su pecho subía y bajaba.

El sudor recorría su frente, ya que estábamos en pleno medio día. Ella no fue la única en llegar, también lo hicieron los demás exploradores poco a poco.

-Uff, que calor -Se abanicó con la mano-. Los alrededores siguen estando despejados. Iré a tomar un baño, nos vemos luego.

Sonrió de manera risueña y asentí. Me dejó sola de nuevo, pensando en cómo la había tratado Caleb en el pasado... ¿Con amor? ¿Deseo? ¿Cómo?

Hundí mi cara encima de la mesa, apoyada con mis brazos. Claire se había vuelto una especie de amiga para mí, al igual que la sirvienta que me asignaron, llamada Elena.

Interactuaba más con ellas dos que con el propio Caleb, eso era lo que más me frustraba.

-¿Qué estás haciendo? -Su voz me estremeció.

Levanté el mentón para que nuestros ojos se encontraran. Esas iris grisáceas me dejaron con la boca entre abierta y con el corazón a mil.

-C-Caleb -titubeé.

-No deberías estar afuera -dijo, cruzado de brazos-. Puede ser peligroso.

Alcé una ceja.

-Creí que me habías dado más libertad -le recordé-. ¿Desde cuándo te preocupas por lo que me suceda?

-No sabes defenderte, ¿qué esperas hacer por tu cuenta? -refutó, sentándose frente a mí-. Quería hacerte una petición.

-Usted no me ha querido ayudar... -murmuré, molesta por su actitud-. ¿Esperas que yo lo haga?

Golpeó la mesa, dejándome aturdida y de nuevo sentí una gran intimidación con solo ver sus ojos.

«No te atrevas a contradecirme»

Pude escuchar esas palabras en mi propia mente, distorsionadas entre mi voz y la suya.

¿Qué carajos había sido eso?

-Puedo saber lo que piensas y quieres decirme, Laia -aclaró, erizando mis vellos.

-¿Qué? -cuestioné-. ¿Es telepatía?

Empecé a sudar frío. Esa habilidad estaba casi extinta y los únicos que solían tenerla eran alfas con un poder inimaginable.

Él asintió.

Decidí comprobarlo por mi cuenta. Me crucé de brazos y lo miré, esperando que adivinara mi pensamiento hacia él.

-Sé que piensas que soy un imbécil, Laia -resopló.

Me acomodé en la silla, sintiéndome muy pequeñita delante de él. Mis labios empezaron a temblar porque eso significaba que había estado leyendo mis pensamientos en los últimos meses...

O sea que no le importé en lo absoluto.

-¿En serio no has sentido nada en estos últimos meses? -inquirí, cabizbaja.

-No pienso ilusionarte, Laia -confesó-. ¿Vas a escuchar mi petición?

-Bueno...

-Necesito que me des un cachorro -soltó. Casi me ahogué con mi propia saliva.

-¿Cómo puedes ser tan descarado? -cuestioné, levantándome de golpe-. Nunca formalizaste conmigo. No hubo esa boda bajo la luna que nos convertiría en una pareja legal. Para ti fue suficiente anunciarlo con unas pocas palabras y ya. Jamás me has puesto un dedo encima y se nota tu indiferencia hacia mí, ¿y me estás pidiendo un hijo? No me jodas.

Mis cejas estaban inclinadas y la rabia predominaba en mi interior. ¿Cómo se le ocurría semejante petición? Me sentí completamente ofendida.

Estaba dispuesta a marcharme sin esperar su respuesta, pero me detuvo. Su mano tocó mi muñeca por primera vez y una electricidad recorrió mi piel, pero hice lo posible para ignorarla.

-Deberías tomarlo como una orden -aseveró, frunciendo el ceño-. No voy a aceptar un no por respuesta. Te recuerdo que el que da las órdenes soy yo.

-¿Vas a abusar de mí, Caleb? -indagué, mordiéndome el interior del labio.

Él no respondió. Solo me quedó viendo con una extraña mirada de reproche. Era como si me quisiera hacer ver como la villana de la historia.

-Eso pensé -dije, soltándome de su agarre.

Esta vez, no me detuvo y me fui de ahí. Estaba furiosa porque durante esos meses no me había permitido hacer nada, ni siquiera usar mi transformación.

¡Nada!

Caleb era un imbécil sin remedio. No tenía corazón, ¿para que quería un hijo? Sería el peor padre del mundo, conociéndolo.

(...)

La noche había llegado en un abrir y cerrar de ojos. Estuve pensando todo el día en lo que me propuso Caleb.

¿Y si él lograba encontrar esa chispa cuando me tocara?

A pesar de que no habíamos formalizado ante la luna como esperaba, seguía teniendo la esperanza de recibir su amor.

Claire me había explicado que con ella solo tuvo intimidad, pero no le llegó a expresar ningún sentimiento más allá de eso.

Estaba de camino a su habitación, acomodando las palabras en mi mente para aceptar su propuesta. Yo nunca había estado con un hombre, así que me costaría, pero mi corazón me impulsaba a ir más allá para descubrirnos a nosotros mismos.

Me detuve en la puerta cuando escuché una risa femenina provenir del interior. Mi pecho se apretujó y mis cejas se hundieron porque esa voz me sonaba familiar.

Aproveché que la puerta estaba entre abierta y decidí acercar mi ojo para observar.

-No imaginé que volverías a buscarme después de encontrar a tu luna, Caleb -comentó Claire.

Mis ojos se abrieron ante la escena. Cubrí mi boca para no dejar escapar ese ahogado suspiro que quiso salir por la sorpresa.

Ambos estaban en la cama, con varias prendas en el suelo y casi desnudos. Caleb seguía teniendo esa seria expresión en su rostro, pero me dejó devastada ver cómo su mano acariciaba la clavícula de la pelirroja.

-Sabes mejor que nadie que mi corazón no podrá pertenecerle ni a mi luna -confesó.

En ese momento sentí cómo mi corazón se salió de mi pecho, cayó al suelo y se rompió en mil pedazos.

-¿Y por qué tardaste tanto en buscarme? Fueron seis meses en donde ningún otro lobo me llenaba como lo hacías tu, Caleb -aseveró ella, mirándolo.

-Solo eres un pasatiempo, Claire, te lo he dicho siempre. Tampoco siento nada por ti, así que no te ilusiones -resopló.

-¿Y ahora? Porque estás engañando a tu luna conmigo, querido -habló, con un tono cínico que me hizo cerrar los puños.

-Me sirves, por ahora.

La respuesta completa de él fue darle un apasionado beso que ni en mil años hubiera hecho conmigo. Esa fue la gota que derramó el vaso en mi interior.

De mis ojos brotaron las lágrimas de impotencia por no haber logrado cambiar sus sentimientos hacia mí. Me di cuenta de que nunca sería amada por mi mate, por más que lo intentara.

Entré de una vez.

-¿Y todavía querías un cachorro mío? -solté, entre el llanto.

Ambos se separaron y la que se vio avergonzada fue Claire. Mi mate seguía con su típica expresión neutral que no me decía nada.

-L-Laia... Puedo explicarlo -dijo ella, acomodando su ropa.

-Déjanos solos, por favor -pedí.

Ella asintió y tomó las pocas prendas que se había quitado, marchándose de la habitación con vergüenza.

-No recuerdo haberte dicho que podías entrar en mi habitación -habló, un poco indignado.

Abrí la boca.

-¿Una extraña puede entrar y tu luna no? -cuestioné, frunciendo el ceño.

-Claire no es ninguna extraña -defendió, levantándose.

Se puso de pie frente a mí. Tenía el pantalón puesto, pero estaba sin camisa y con su trabajado torso a la vista.

-Me acabo de dar cuenta de ello -solté, con ironía-. Vayamos al grano, Caleb. Tú y yo no vamos a congeniar.

-En eso estoy de acuerdo, pero no me hagas un drama por una tontería -apoyó.

-¡Quise aprender a amarte, idiota! -exclamé, exaltada y con el nudo en la garganta-. Pensé que lograría hacerte cambiar de opinión. Pensé que podríamos conectar en el camino. Pensé que nos amaríamos con locura, pero me equivoqué.

-Escucha, siento que tengas que darte cuenta de esta manera... Pero yo no sentiré una conexión así jamás. Con nadie -confesó, con los ojos vacíos.

-¡¿Y por qué me buscaste?! -chillé, con frustración.

No paraba de llorar porque me vi metida en un cuento de hadas, en un romance del cual estaría orgullosa, pero no fue así...

Jamás sería así.

-¡Porque eres mi luna! ¡Un alfa debería de tenerla cerca sin importar que la ame o no! -exclamó, cerrando los puños-. Supe que existías por el olor que me llegó en ese momento, pero cuando te encontré, mi corazón no sintió nada. Por eso no creo que pueda darte lo que deseas.

-Tú nunca podrás amarme... -murmuré, secando las lágrimas-. Eres muy cruel, arrogante, indiferente y solo te preocupas por ti mismo.

-No te voy a llevar la contraria en eso... -resopló-. Lo siento, pero la verdad es que no creo poder amarte, si es lo que buscabas de mí.

Esas palabras fueron suficiente para mí. Era todo lo que necesitaba oír para despertar de ese sueño inalcanzable en donde yo vivía una bonita historia de amor.

-Me iré de la manada, Caleb. Y ni se te ocurra decirme que no -Lo amenacé con mis ojos.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022