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Un amor XL para el CEO

Un amor XL para el CEO

Autor: : Sunflowerfield
Género: Romance
Lia es una chica curvi con el corazón roto tras la ruptura de su última relación. Ella está a la espera de que la asciendan en la empresa de electrónica en la que trabaja como becaria, cuándo recibe una oferta inesperada de Evan, uno de los dueños de la compañía. Evan quiere un matrimonio arreglado que a él le ayudará a verse como un hombre íntegro, y no como el mujeriego, superficial que todos creen que es, casarse con una mujer como lo es Lia le hará quedar bien ante los directivos. Por su parte Lia obtendrá y gozará de compensaciones económicas, además de salvarla de la vergüenza de haber sido engañada y dejada por su ex el cual está a punto de casarse. ¿Aceptará Lia el trato? ¿Terminarán Evan y Lia cautivos de su propio contrato?

Capítulo 1 Nada de teléfono por hoy.

Lia sabía que no podía aspirar a mucho, toda la vida se lo habían dicho, y lo cierto, era que en el fondo estaba de acuerdo con quienes opinaban así, ella debía aceptar lo que la vida quisiera darle porque no tenía derecho a más, por una simple razón, no era como las demás chicas, no era una mujer hermosa que se mereciera que los hombres le fueran detrás, le sobraban cerca de veinte quilos ¿Qué decía hermosa? Ni siquiera le quedaba bien el maldito vestido que se estaba probando.

Se miraba en el espejo del probador, con aquel vestido que mostraba demasiado sus pechos, tanto que parecía que le iban a estallar y aunque no le marcaba la tripa, porque iba suelto desde la parte más alta de la cintura, se veía enorme. ¿A quién se le había ocurrido la genial idea de que ir de compras la animaría? Si ella se ponía lo primero que encontraba en el armario y solo iba a comprarse ropa cuando la que tenía se rompía y le hacía falta ropa nueva. Pero era práctica, con que le cupiera y no marcara demasiado sus complejos, ya le servía.

-¿Tengo que obligarte a salir o lo harás por propia voluntad?- preguntó Charlie, el culpable, de que ella se estuviera probando aquella prenda de ropa que en su vida se pondría por voluntad propia. Suspiró acomodándose mejor los pechos para que no se le salieran y abrió la cortina del probador observando a su primo con fastidio.

- ¡Estás perfecta!- silbó, la tomó del antebrazo y la obligó a caminar hacia él un par de pasos antes de hacerla voltear y observarse en el espejo de fuera - ¿Lo ves? Preciosa.

- Si tú lo dices - sabía que Charlie la quería mucho y la veía con los ojos de ese amor fraternal que los había unido desde pequeños, porque más que primos, ellos se habían criado como hermanos.

- No lo digo yo, es la realidad, eres una mujer hermosa.- aseguró recogiendole el cabello y hechandoselo a un lado para liberar su cuello - Y no solo eso, vas a conseguir ese ascenso. Porque tu aplicación es alucinante, eres una mujer tan hermosa como inteligente y nunca pienses ni dejes que nadie te diga lo contrario - Charlie se apartó de ella y caminó hasta el otro lado tomando un blazer de color crema que combinaba con el vestido marrón que llevaba puesto - lo ves, perfecta para la entrevista.

- ¿No puede ser negra?- los colores claros me hacen aún más gorda.

- No, los colores claros te dan más luz a la cara, tienes que dejar de vestir de negro te hace mayor.

Ella no lo veía así, solo se veía enorme, que decía enorme, casi ni cabía en el maldito espejo en el que él la estaba obligado a verse.

Tal vez por eso entendía lo que había pasado con Max, ¿Quién en su sano juicio estaría tanto tiempo con ella sin cansarse?

Max había sido su mejor amigo desde que entró en la universidad y terminó siendo su novio los dos últimos, cuando lo conoció le parecía el chico más guapo con el que jamás había hablado, le parecía estúpido que alguien como él se fijara en ella, pero por alguna razón siempre expresó su intención de tener mucho más que una amistad, luchó contra sus complejos y su miedo hasta que por fin un día aceptó. Podía decir que había sido feliz a su lado. Él la trataba bien, la comprendía, incluso salía con ella sin avergonzarse por su aspecto, la presentaba a sus amigos y la hacía sentirse realmente bella, pero tras dos años de noviazgo pasó lo inevitable.

Max conoció a una chica mucho más guapa que ella, por supuesto delgada, y poco tardó en abandonarla sin mirar atrás. Si no recordaba mal, en ese instante estaban de viaje por las Maldivas, las Maldivas, a ella jamás la había llevado más lejos de ese hotel en el campo cuando cumplieron los dos años de noviazgo.

Y lo entendía, había chicas a las que uno podía llevar a las Maldivas y otras a las que se las llevaba a una casa de campo, igualmente ella tampoco habría quedado bien en esas fotos en bañador que los dos se habían hecho en la playa, ideales el uno para la otra, parecían el Ken y la Barbie en un comercial de esos que salen tanto en televisión cuando se acerca navidad.

Suspiró observándose y sonrió con pesar negando levemente con la cabeza, no fue ese tipo de sonrisa que una dibujaba en su rostro cuando estaba feliz, no, la sonrisa de Lia era de esas que se usaban para disimular la tristeza, para evitar que se compadecieran de ella. Caminó hasta el probador y tomó su bolso, gracias a que llevaba casi todo su día libre fuera, no había cotilleado el Instagram de Max y tenía la insana necesidad de ver si seguía siendo la felicidad en persona junto a esa novia perfecta que se había echado, y pensar que tres meses atrás ella era su novia.

- ¿Qué haces? Nada de teléfono por hoy. - Charlie apareció por detrás y le quitó el móvil rápidamente - Sabes que odio que estés viendo lo que hace el imbécil de tu ex, de hecho deberías bloquearlo y no ver nunca más ese perfil.

-Devuélveme mi teléfono - Exigió ella fulminandolo con la mirada por lo que acababa de hacer, era cierto que le decía a menudo que debía pasar página, pero su comportamiento era demasiado extraño, mucho pensando en que la despertó pronto por la mañana. La invitó a desayunar en su cafetería favorita, luego la llevó de compras y ahora esto -¿Qué es lo que no quieres que vea?

- ¿Yo? Nada -La culpabilidad en los ojos de su primo lo delató, lo conocía demasiado bien como para no darse cuenta de que ocultaba algo, por mucho que él negara intentando que le creyera, su mirada lo delataba.

- Devuélveme mi teléfono móvil Charlie, ahora - exigió extendiendo la mano y él le dedicó una expresión resignada mientras hacía lo que le pedía - Gracias, ahora voy a ver qué me escondes.

Charlie suspiró resignado y esperando por lo inevitable mientras ella abría el Instagram y buscaba rápidamente el perfil de Max ¿Qué debía ser tan horrible para que no quisiera que ni siquiera se enterara?

Un escalofrío le subió por la espalda en el momento en que vio ese anillo de brillantes en primer plano puesto en unos dedos delicados y largos, ella hasta los dedos los tenía gordos y la perfecta novia de su ex parecía un jodida pianista¿Tenía algún defecto? O también cagaba flores, tal vez ni siquiera cargaba, las muñecas no lo hacen.

- ¿Va a casarse?- Lía levantó la mirada con los ojos llorosos buscando la confirmación de su primo - pero si solo hace tres meses que rompimos...- aseguró buscando una explicación en el rostro de Charlie que obviamente este no tenía, solo encontró esa cara de lástima que tanto odiaba ver en sus allegados.

- Vamos, devuélveme el teléfono y sigamos divirtiéndonos en nuestro día libre... no hace falta que te tortures más, el tipo es un imbécil.- Por alguna razón tenía demasiada prisa en que no siguiera viendo ¿Es que había más? ¿Qué podría ser peor que aquello que acababa de descubrir?

- No me estoy divirtiendo, sabes que odio ir de compras, que nada me queda bien y eso cuando encuentro ropa que me entra - debía leer la reseña y eso hizo, el muy hijo de su santa madre, pero cabrón como él solo, aseguraba que habían sido los mejores seis meses de su vida, seis - ¡Seis meses! Pero si solo hace tres que terminó conmigo.

Si ya era doloroso saber que la habían sustituido, enterarse de que había sido engañada los tres últimos meses de su relación, sin duda, era lo más doloroso que había experimentado de toda esa ruptura, sobre todo porque no entendía cómo no se había dado cuenta, o tal vez sí, estuvo muy ocupada desarrollando su aplicación para su trabajo de final de carrera, era su culpa por dejarlo desatendido.

Los ojos empezaron a dolerle a causa del esfuerzo ejercido para no llorar, pero fue inevitable que varias lágrimas resbalaran por sus mejillas a pesar de su intento por contenerlas.

-Lia guarda el teléfono...- insistió Charlie al verla en ese estado.

- Tú lo sabías, por eso llevas toda la maldita mañana intentando distraerme, ¿Qué creías que no me enteraría? ¿No habría sido más fácil contármelo?- se sentía terriblemente traicionada, si, tal vez, tenía buena intención, pero ella no era una niña a la que debía proteger, era una persona adulta, tenía 23 años, una carrera como desarrolladora informática y un trabajo de becaria en una de las mejores multinacionales dedicadas al desarrollo de aplicaciones y programas y un posible ascenso a la vuelta de la esquina.

- No lo sé, solo quería evitar verte sufrir - confesó con esa expresión que tienen los cachorros cuando han roto algo y los han descubierto- Él no merece que sufras por su causa, no merece nada de ti Lía, siempre te dije que era un imbécil que escondía más de lo que mostraba.

- Claro Charlie, este es el momento perfecto para decir te lo dije.

Se metió en el probador y se quitó la ropa que el idiota que la acompañaba le había obligado a probarse para luego ponerse su propia ropa, salió sin tan siquiera dirigirle una mirada a su primo y dejó la ropa en el mostrador de la dependienta que se dedicaba a doblarla y volver a ponerla en su lugar.

- Vamos Lía, cómprala, no tienes algo decente para tu entrevista de mañana.

- Tengo mucha ropa negra de esa que odias tanto, es elegante, sirve para todo y me queda bien.

Él resopló y le quitó el vestido y el blazer a la dependienta de las manos, estaba decidido a llevársela, si no la compraba ella lo haría él.

Capítulo 2 Buenos días, siéntese señorita.

Los ojos de Lia estaban hinchados. Cómo no estarlo cuando se había pasado la noche entera llorando hasta que por fin logró quedarse dormida bien entrada la madrugada, más por el agotamiento y la pesadez en los párpados que le causaron las lágrimas, que realmente por el sueño.

- Maldita sea, ¿Cómo voy a presentarme así a la entrevista de hoy?- se preguntó mirándose al espejo, apenas podía abrir los ojos, parecía que había recibido un puñetazo en cada ojo, de no ser porque la inflamación no estaba acompañada por ese peculiar color morado que quedaba tras un golpe, nadie lo pondría en duda.

Por suerte, después de ponerse un antifaz helado durante más de media hora, darse una buena ducha que la ayudó a relajarse y soltar la tensión que, a pesar de haber dormido, aún sentía en la mayoría de sus músculos, y maquillarse ligeramente, ya no se notaba demasiado.

Abrió el armario y casi le da un ataque al encontrarlo vacío, toda su ropa había desaparecido, apenas le quedaba la interior, alguna chaqueta, alguna prenda deportiva y por supuesto, el vestido y el blazer que Charlie le había comprado el día anterior, bien puesto en una percha, maldita sea y a esa hora ni siquiera estaba en casa para reclamarle, pero si no le devolvía todas sus cosas esa misma tarde haría confeti con su armario al completo.

Algo insegura por lo que llevaba puesto, que en su opinión era demasiado revelador, llegó a la compañía y subió hasta la oficina de recursos humanos, solo para recibir la extraña noticia de que Evan Anderson la esperaba en su despacho.

¿Por qué no le habían hecho la entrevista los de recursos humanos? Ni siquiera era un puesto importante al que aspiraba, solo pasaba del sueldo de becaria a un salario normalito medio bajo y casi con las mismas tareas, a penas podría avanzar un poco más el préstamo universitario que todavía arrastraba, pasarse el día buscando en las redes sociales cualquier contenido inapropiado que debiera ser borrado lo antes posible, eso fue lo que le dio la idea para su aplicación, algo innovador que si al fin la empresa le compraba ahorrarían muchas horas y facilitaría el trabajo a gente como ella, porque era un programa inteligente que a base de patrones detectaba cada uno de esos contenidos favilitando que fueran revisados cuanto antes sin tener que buscarlos.

Tal vez era eso de lo que quería hablarle y no de su ascenso, porque si no no se explicaba porque el hijo del mayor accionista de la empresa estaba allí a primera hora de la mañana, solo para tener una entrevista con ella.

Llegó a su despacho algo intimidada y él le hizo un gesto a través del cristal para indicarle que pasara. Se quedó perpleja un instante observándolo, era un hombre guapísimo, posiblemente esa fuera la razón de que cada vez que iba a la oficina causara un verdadero revuelo entre las empleadas y entre más de un empleado, pero todo lo que tenía de guapo lo tenía de mujeriego.

No era extraño que sus amoríos circularan por las portadas de las revistas y las páginas de cotilleo en las distintas redes sociales, hacía lo que quería, cuando quería y con quién quería, sin preocuparse, para nada, de la opinión de cuanto periodista escribiera sobre él.

Él levantó la mirada y la observó desde detrás del escritorio con esos ojos azules que resaltaban todavía más a causa de su cabello completamente negro, a ella casi se le para el corazón por un instante, tal vez incluso se había olvidado de latir por unas breves décimas de segundo, antes de empezar a palpitar más rápido quizá para recuperar los latidos perdidos.

- Buenos días, siéntese señorita... - miró la carpeta que tenía sobre el escritorio con los datos de la chica y levantó la vista para observarla - Taylor, señorita Lía Taylor...- repitió más bien para sí mismo como si pretendiera recordárselo.- Ha solicitado usted un puesto fijo en nuestra empresa ¿Cierto?

- Así es yo...- estaba a punto de soltar todo lo que había ensayado, el gran discurso que tenía pensado para convencerlo de porque era la mejor opción para cubrir la vacante que dejó Harris al jubilarse, cuando él la observó de forma inquisitiva, no deseaba escucharla, deseaba seguir hablando él y es que Evan no era un hombre de escuchar demasiado, no le interesaba lo que los demás tuvieran que decir sobre absolutamente nada, solo lo que él tenía que explicar.

-¿Qué parte de que se siente no ha entendido?- Casi la heló con aquella mirada qué instantes atrás tuvo el poder de pararle el corazón. Pero consiguió recomponerse y sentarse rápidamente en su lugar, luego él siguió hablando sin importarle lo más mínimo lo que ella iba a decir -Me consta que ha estado trabajando durante el último año con nosotros como becaria, si, ese es un puesto que solo tiene la duración de un año, la mayoría son echados en cuanto se termina ese contrato - su vista se desviaba a los documentos que tenía de vez en cuando, como si estuviera revisando datos sobre ella o tuviera una guía de lo que debía decir - tenemos las calificaciones con las que terminó la carrera de programadora con las mejores notas de su promoción y su estupendo trabajo de final de carrera. Esa aplicación en la que, por supuesto, estamos interesados, vaya, apenas 23 años y un futuro más que prometedor por delante, no veo ningún problema para promocionarla, es más, creo que es la mejor candidata para ocupar la vacante de Harris.

Ella abrió los ojos muy grandes, no podía creer lo que decía y ni siquiera había tenido que convencerlo o algo parecido, ni soltar el maravilloso discurso que llevaba días ensayando, aunque en realidad esperaba no tener que hacerlo realmente.

- ¿En serio, ya está, me contratan?- preguntó con una extraña sensación de haber superado la prueba con demasiada facilidad y de que había algo que se le escapaba.

-¿Es que tenía usted algún tipo de duda sobre ello? Seríamos idiotas si no lo hiciéramos y sé que el departamento de patentes pronto le hará una oferta para comprar los derechos de su aplicación, la he estado cotilleando y me parece muy interesante, por supuesto en ese caso sería usted quién se encargaría de llevar ese departamento y no solo se quedaría el pequeño despacho en el cubículo de Harris, si no uno para usted sola, aunque eso es algo independiente a mí, depende al acuerdo que llegue con el departamento de desarrollo de software.- se quedó callado por un momento antes de seguir hablando - Pero yo si tengo otra oferta que hacerle, algo que no tiene nada que ver ni con su aplicación, ni con su ascenso.

-¿Usted?- preguntó Lía sin entender muy bien a qué se refería.

Capítulo 3 Déjame hablar, señorita Taylor

- Verá, últimamente mi reputación ha sido manchada por algunos incidentes...- se acarició el mentón con los dedos, mostrando cierta incomodidad - desafortunados, por culpa de la indiscreción de algunas mujeres.

Ella frunció el ceño, no entendía qué tenía que ver eso con ella y tampoco le gustaba que los hombres culparan a las mujeres de todo lo que les pasaba. Además, si no fuera un mujeriego empedernido, no habría chica indiscreta que lo metiera en problemas.

- Pero yo...

- Déjeme hablar, señorita Taylor. No puede interrumpirme a cada rato - la cortó de nuevo haciendo que se quedara muy sorprendida por lo que acababa de escuchar. ¿Ni siquiera le había dejado completar una sola frase y ella era la que no lo dejaba hablar? Ese tipo si se creía el centro del mundo - No voy a negar la evidencia y que me gusta acompañarme de varias amigas, trabajo mucho, pero también me gusta tener mi tiempo de ocio y buenas compañías y es que todavía no entiendo qué tiene que ver mi vida personal con la profesional, pero los accionistas, no opinan igual y consideran que sería un mejor candidato si estuviera casado y sentara la cabeza.

- Perdone que le interrumpa, pero. ¿Eso tiene que ver conmigo? -Ella estaba completamente confundida sin entender por qué le estaba hablando de algo tan personal cuando ni siquiera se conocían de nada.

- Pero no podría ser cualquier mujer, yo debería dejarlos con la boca abierta - siguió explicando sin tan siquiera contestar a su pregunta, haciendo que Lia se sintiera más molesta cada vez por su actitud- eligiendo a alguien que fuera completamente imprevisible, alguien sin dinero, sin un físico llamativo y, por supuesto, inteligente, alguien que yo jamás elegiría a simple vista ...- calló por un momento mientras la observaba y se ponía adivinar un gesto de desagrado en su rostro - Alguien como usted.

- Pero yo no puedo...- su molestia se incrementaba y ella no podía más que callar para no explorar y decirle cuatro cosas bien dichas por esa forma tan directa de decirle que no le resultaba atractiva.

- Es perfecta, se lo aseguro.

- Yo, perfecta.

- Si, usted perfecta, nadie esperaría que yo me enamorara de usted, no es una mujer hermosa, tampoco viene de familia pudiente, sin duda la única razón de que estuviera con alguien así, sería amor verdadero y la gente adora las historias de amor dónde el chico malo deja de serlo por la no tan agraciada mujer después de haber tenido solo mujeres hermosas a su alrededor ¿Qué otra razón podría hacer que yo saliera alguien como usted, señorita Taylor?

-¿Gracias? Supongo que cree que debo agradecerle por pensar en mí a pesar de ser tan desagradable conmigo, pues déjeme decirle una cosa, puede ser rico y muy guapo, porque ciertamente lo es, no voy a negar lo evidente, pero no tiene valor alguno como persona si cree que puede tratar así a los demás.- contestó molesta y se levantó indignada para salir de allí, no tenía por qué aguantar que nadie la tratara de ese modo solo por un trabajo, es más, ya no quería ese ascenso, estaba muy molesta y con intención de salir dando un portazo a ver si con suerte se cargaba esa puerta de cristal y alguno de los trozos iba directo a uno de esos hermosos increíblemente azules y carentes de empatía alguna.

- Siéntese - exigió sin inmutarse por su reacción -No pretendo ofenderla, es solo que no es el tipo de... bueno, ya sabe... nadie se lo esperaría, usted es una mujer común. Como cualquier otra que te cruzas por la calle y yo no suelo dejarme ver con chicas así.

- Se a que se refiere - aseguró sintiendo como toda la tristeza del día anterior la volvía a llenar, como volvía a sentirse fea, desechable y poco merecedora del amor de nadie.

- Seis meses de noviazgo antes del compromiso y dos años de matrimonio, luego puede marcharse por donde vino, ni siquiera necesitará volver a trabajar porque pactaremos una buena pensión vitalicia por esos dos años y medio perdidos de su vida. Será una mujer muy rica cuando nos divorciemos y eso suponiendo que no hayamos tenido hijos porque en ese caso su pensión se incrementaría exponencialmente.

- ¿Se ha vuelto loco? No pienso casarme con usted y mucho menos tener hijos ¿Pero qué ha tomado esta mañana?

- Mire, la he estado investigando y sé que hace poco rompió con su novio - dejó varias fotografías impresas de Instagram de él con su perfecta Barbie, la última era la del enorme pedrusco que tenía en el dedo.- Debe ser horrible para usted enterarse de que no solo la sustituyeron, también la engañaron durante meses ¿No le gustaría demostrarle al mundo que no solo no le importa, sino que además consiguió enamorar al soltero más codiciado de toda Nueva York?

¿Cómo demonios sabía tanto de su vida personal aquel hombre? Es que acaso la había mandado investigar. Tomó la foto donde su exnovio y esa mujer se besaban y después de observar por un rato levantó la vista para mirarlo a él.

- Pero usted y yo no nos conocemos.

- Pues deberíamos remediarlo...- la espero para cenar esta noche y le daré detalles de todo, además estará bien que empiecen a vernos juntos para ir preparándose y ahora puede retirarse.

- ¿Perdón?

- Que se vaya tengo mucho que hacer.

Se levantó sin entender muy bien lo que había sucedido. ¿Su jefe le había pedido que se casara con él y hasta que tuvieran hijos? Debía procesar aquello antes de decir nada más.

- Por cierto, Señorita Taylor...

- Dígame

- Tómese el día libre y vaya a esta dirección - extendió el brazo dándole una tarjeta de visita que ella no tardó en tomar -pregunte por Marjorie, es una estilista especializada en tallas grandes, no quiero que nadie la vea conmigo con esos atuendos negros que lleva a diario, sería malo para mi reputación.

- ¿Perdón?

- Qué odio su estilo, Hoy es medio aceptable, pero por norma general es un horror vistiendo, si tienen que verla conmigo será de la mejor manera y ahora sí, márchese y déjeme trabajar.

Ella no sabía cómo tomarlo, ni siquiera entendía lo que había sucedido o cuando dejaba de ser becaria y empezaba a ser trabajadora normal, cuándo firmaría el contrato y qué demonios era lo que esperaba de ella ¿Habló de dos años de matrimonio? Estaba loco, completamente loco y ella ni siquiera había sido capaz de decir nada, pero por alguna extraña razón le hizo caso, guardó la tarjeta y se marchó.

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