Iván era el hijo menor de la familia Fuentes. Sus dos hermanos mayores cuidaban mucho de él, pues sabían que era un niño inquieto y travieso.
Su padre era un importante político, cuya carrera se encontraba en ascenso, pues actualmente era el procurador de justicia de la ciudad.
A pesar de su estricta educación, su carácter inquieto y curioso lo ayudaba a salirse con la suya en las innumerables travesuras que normalmente llevaba a cabo, a las cuales su familia ya estaba muy acostumbrada.
Su padre, Mauricio Fuentes, era un hombre de negocios con una visión bastante privilegiada del mundo empresarial, la cual lo había llevado a posicionarse en un lugar muy importante de la industria hotelera. Sin embargo, en la privacidad de su hogar, era un hombre de familia que, a pesar de estar dedicado totalmente a su próspero negocio, tenía un lugar muy especial destinado a sus hijos y a su querida esposa, a quien amaba por encima de todo.
Marina Fuentes era la dueña absoluta de su amor; una mujer dulce y cariñosa dedicada totalmente a su familia.
Mauricio tenía predilección por practicar el golf, por lo que todos los días muy temprano, antes de meterse de lleno en sus actividades diarias, pasaba un par de horas jugando golf.
En algunas ocasiones, su hijo menor lo acompañaba, pues deseaba inculcarle su pasión por dicho deporte. En cambio, el niño parecía más interesado en recoger piedras y observar insectos que en la precisión meticulosa que su padre ponía a la hora de realizar un tiro.
Esa mañana Ivan observaba aburrido a su padre, quien analizaba los ángulos desde dónde podría hacer el mejor tiro. Después de observarlo por un momento, decidió desviar la mirada hacia asuntos más importantes, como lo era las hormigas que seguían un camino muy recto en el césped.
De pronto, vio una hermosa mariposa revoloteando muy cerca de ahí. Sus colores llamaron mucho su atención pues el amarillo brillante de sus alas al moverse rápidamente reflejaba la luz del sol de una manera sorpresiva.
"Papa creo que voy a...", intentó decirle a su padre, sin embargo, el hombre estaba muy ocupado analizando la dirección del viento, por lo que no le prestó la más mínima atención.
Iván inmediatamente comenzó a caminar en dirección a la mariposa siguiéndola con gran entusiasmo. Creía que no se alejaría demasiado, después de todo, seguramente su padre no notaría su ausencia.
No obstante, la mariposa comenzó a avanzar por caminos insospechados como si jugara con el niño engañándolo y cambiando de dirección súbitamente.
Iván estaba muy complacido con su vuelo, hasta que de pronto se detuvo en la corteza de un árbol. Entonces pudo observarla con más detenimiento. La nitidez de sus colores era sorprendente, detalle que siempre le había llamado la atención de las mariposas, criaturas afortunadas de la naturaleza al ser poseedoras de una habilidad única al volar. Además, tenían unas alas cuyos maravillosos diseños y colores las hacían lucir los majestuosas destellos reflejados por el sol.
Mientras la observaba con detenimiento, decidió acercar lentamente su mano hacia ella, quien parecía saberse objeto de tal admiración, por lo que comenzó a mover sus alas mostrando sus maravillosos diseños con orgullo.
A pesar de la súbita cercanía de la mano del niño, el insecto no pareció sorprenderse, por el contrario, parecía confiar en él. Por lo que poco a poco avanzó hasta posarse sobre uno de sus dedos. Iván parecía muy sorprendido, por consiguiente, continuó mirándola con gran fascinación hasta que la mariposa comenzó a volar libremente alejándose de él a toda prisa.
El niño no pudo hacer más que observarla partir, pues de alguna forma comprendía que gran parte de su belleza se debía a su total libertad. A la vez que la veía alejarse, escuchó un extraño sonido. Al principio creyó que podría tratarse de un ave, sin embargo, luego de voltear en todas direcciones no logró encontrarla.
El sonido parecía provenir del lado opuesto del árbol en el que se encontraba, por lo que lentamente comenzó a caminar con la intención de descubrir qué causaba tal sonido.
De pronto, se sorprendió ante la imagen que apareció frente a sus ojos. Los imponentes rayos del sol parecieron brillar con mayor intensidad en ese instante hasta casi deslumbrarlo por completo. Por lo que tuvo que cubrirse los ojos con la mano para evitar que la luz golpeara directamente sus ojos.
Entonces, se encontró con la visión más maravillosa que hubiera podido imaginar. Aquello debía ser una aparición divina. Iván no pudo evitar recordar los relatos que le había hecho su madre de pasajes bíblicos en los que se hablaba de seres alados con un destello de luz en la cabeza que se encargaban de cuidar y proteger a los seres humanos. Sí, sin duda aquella visión onírica debía tratarse del más maravilloso ángel.
Sin embargo, aquel no era un ángel cualquiera. Su cabello rubio brillaba reflejando las diversas tonalidades del sol.
Aquella era una niña que llevaba un vestido color azul celeste y unas zapatillas blancas. Sus enrojecidos ojos no dejaban de llenarse de lágrimas, mientras sus discretos sollozos no dejaban de resonar de forma dolorosa causando en Iván un enorme sufrimiento. A pesar de que no comprendía el motivo del llanto de aquella criatura, de forma inexplicable surgió en su interior un intenso deseo de detenerlo.Pues la visión le resultaba demasiado dolorosa. ¿Por qué una criatura de tal belleza estaría llorando de esa manera?
Aquello no podía ser correcto. Sin duda debía ser un error del universo. Pero él tenía que intentar evitarlo.
Era la primera vez en su corta vida que Iván se encontraba en una situación como esa. Pues estaba convencido de que aquella criatura era un ángel que había caído del cielo. Siendo así, deseó haber puesto más atención a las monjas del colegio cuando hablaban del catecismo. Pues quizás sabría cuál era el protocolo a seguir con seres de tal naturaleza.
Iván no sabía qué hacer, no obstante, estaba seguro que debía llevar a cabo alguna acción para detener aquellos intensos sollozos. Su ignorancia era tal que se quedó petrificado por unos instantes sin saber qué era lo que debía hacer.
De pronto, abrumado al no saber qué hacer, decidió actuar sin pensarlo demasiado. Por lo que se arrodilló frente a la niña tomándola súbitamente de la mano.
"No llores por favor", le dijo al mismo tiempo que acariciaba sus dedos. La niña pareció sorprendida, por lo que obedeciendo su petición inmediatamente guardó silencio mientras lo miraba con gran curiosidad.
Ella no sabía quién era ese niño ni que estaba haciendo ahí. No obstante, en ese momento, se encontraba frente a ella ofreciéndole algún tipo de consuelo. Lo cual la dejó muy sorprendida.
Entonces, la mariposa a la que Iván había perseguido hacía un minuto se acercó a él de forma sorpresiva posándose sobre la mano de la niña.
"Mira, es mi amiga mariposa. Tampoco quiere verte llorar. Por eso ha venido alegrarte el día".
La pequeña miró al insecto sorprendida, pues era la primera vez en su vida que una mariposa se posaba sobre alguna parte de su cuerpo. Por lo tanto, no pudo evitar sentirse muy sorprendida.
En consecuencia, su mirada se cruzó con la del niño, quien seguía observándola con gran curiosidad y de la forma más sorpresiva, sonrío de manera amistosa causando una sensación muy particular en Iván.
De forma inexplicable, el niño se sintió muy conmovido ante aquel gesto. Sin duda ese era un día muy especial para él. No solamente se había encontrado con un ángel, sino que además le había sonreído. Aquello le causó una sensación divina en su interior. Algo que nunca antes había experimentado. En ese momento, deseo abrazar a la niña y darle un beso en la mejilla. Pero al desconocer el protocolo ante una situación como esa, se resignó a sonreírle también. Aquello formó un inexplicable vínculo entre ellos que no desaparecería fácilmente a través del tiempo.
Mariana Jiménez era la hija más pequeña de su familia. Su padre, Sergio Jiménez, era un hombre adinerado dedicado a la construcción. Su empresa era muy reconocida a nivel nacional por los numerosos proyectos que había realizado en el gobierno.
El hombre amaba mucho a su hija. Desde el día de su nacimiento se volcó totalmente a su cuidado. La niña poseía una belleza sorprendente. Sus rubios cabellos caían sobre sus hombros brindándole un halo luminoso que resultaba absolutamente llamativo. Sergio era consciente de esa belleza, por lo que decidió protegerla del mundo exterior de manera quizá exagerada.
Una mañana decidió llevarla con él a su partido de golf matutino. Sin embargo, la curiosidad natural de la niña la llevó a alejarse ligeramente hacia el lago. Mariana miraba su reflejo en el agua a la vez que observaba como pequeños peces revoloteaban cerca de la orilla.
Quizá debido a los enormes cuidados que sus padres habían puesto al cuidarla, había crecido protegida por una burbuja de amor. Lo cual le había formado una personalidad tímida y asustadiza.
Después de un momento, se dio cuenta de que ya había transcurrido algún tiempo, por lo que de inmediato trató de volver con su padre. Sin embargo, se dio cuenta de que el hombre ya no se encontraba ahí.
Totalmente asustada, Mariana comenzó a correr sin dirección al mismo tiempo que lloraba llamando a su padre. Después de un rato, cansada y asustada, buscó refugio al lado de un árbol.
La niña lloraba desconsoladamente, pues no sabía que sería de ella. Nunca antes se había alejado tanto tiempo de su padre, por lo que su sorpresiva soledad le causó un inmenso temor.
De pronto, escuchó pasos a su alrededor, lo que le causó un mayor temor. Sin embargo, algo en su interior le decía que no debía tener miedo.
Mariana no pudo evitar seguir llorando hasta que, después de un momento, un niño se arrodilló frente a ella y la tomó de la mano.
Después de ver su sonrisa, comprendió que aquel niño era inofensivo y que su único interés era ayudarla, por lo cual le sonrió también.
No obstante, debido a su intensa timidez solamente lo miró sin decir nada durante un buen rato.
Iván estaba muy complacido al tener totalmente la atención de esa niña, por lo que, aprovechando la situación, comenzó a hablar de todo tipo de cosas.
"Me gusta venir aquí en el verano porque hay muchos más insectos en el pasto. Aunque también me gustan los días lluviosos. En una ocasión encontré una rana".
Iván le contó todo tipo de historias a la niña, quien lo miraba divertida aún sin decidirse a hablar con él.
"¿Te gustan las ranas? Entiendo que quizá no sean de tus animales favoritos porque a veces son un poco babosos y a las niñas no les gustan las cosas que sean desagradables al tocarlas. A mí me gustan mucho las mariposas. Son unos insectos sorprendentes, pues antes de obtener sus alas permanecen en un capullo durante mucho tiempo".
Iván continuó hablando de todo tipo de temas con cierto nerviosismo, aunque no pudo evitar sentirse muy complacido por haber llamado la atención de tan hermosa criatura.
Para ese entonces, Iván ya había descubierto que la niña no era en verdad un ángel, en tal caso, le gustaba imaginar que se trataba de uno encubierto que no quería ser descubierto por los mortales.
"No te preocupes. Tu identidad está a salvo conmigo", le dijo guiñando el ojo. Mariana se quedó muy sorprendida ante su actitud, sin embargo, siguió observándolo en silencio.
Después de unos minutos, Mauricio, el padre de Iván, llegó a toda prisa lugar.
"¿Dónde has estado? Llevo mucho tiempo buscándote. Más te vale que tengas una buena explicación esta vez. Ya me has retrasado bastante".
El hombre habló con gran molestia, no obstante, el niño no hizo ningún intento por detenerlo, solamente lo miró señalando discretamente en dirección a su acompañante.
"Vaya, pero sí es una niña. ¿Qué está haciendo aquí tan sola? Hola, ¿cómo te llamas?".
Mariano lo miró con desconfianza. Pareció asustarse mucho ante su presencia, por lo que casi se pone a llorar otra vez.
"No llores, tranquila", le dijo Iván mientras ponía su mano sobre su hombro y miraba a su padre con desaprobación.
"No te asustes. Él es mi papá. No va a hacerte ningún daño, aunque tenga cara de ogro".
Mauricio miró a su hijo contrariado al escuchar sus palabras, a pesar de ello, decidió aclarar en otro momento aquello de que tenía apariencia de ogro.
"Sí, no tengas miedo, a pesar de que no tenga una apariencia amistosa soy una buena persona. Dime, ¿dónde están tus padres?".
A pesar de ello, Mariana no pronunció palabra. Siguió guardando silencio, mirando todo a su alrededor con sus enormes ojos negros.
Mauricio estaba perdiendo la paciencia, pues a pesar de todos sus intentos, la niña seguía inmóvil.
"Cariño, se está haciendo un poco tarde y estoy seguro de que tus padres deben estar muy preocupados. ¿Por qué no vamos a buscarlos?".
Entonces, Mauricio intentó tomarla de la mano para llevarla en dirección al restaurante más cercano, no obstante, la niña se resistió.
"Espera, la estás asustando", dijo Iván molestó. Al haber sido reprendido por su hijo debido a su poco tacto con la niña, Mauricio no pudo evitar sentirse malhumorado.
"Anda, ven conmigo. Yo te voy a cuidar. Verás que no voy a dejar que nada malo te pase".
Mariana lo miró con los ojos muy abiertos. Iván le sonrió de forma tranquilizadora y luego le preguntó: "¿Confías en mí?".
Al notar la gran calidez de su mirada, Mariana asintió sonriendo. Entonces, Iván la tomó de la mano y juntos comenzaron a caminar ante la mirada sorprendida de Mauricio. Por alguna extraña razón, Mariana se sentía segura a su lado como si creyera en su promesa.
'Parece ser que Iván tiene mucha habilidad al hablar con las chicas', pensó el hombre complacido mientras los miraba caminar frente a él tomados de la mano en una escena totalmente conmovedora.
Al llegar al restaurante más cercano, Mauricio ordenó el desayuno para los tres y luego se dispuso a dirigirse a la recepción.
"Esperen aquí. Les traerán el desayuno en un instante. Mientras tanto, voy a buscar a tus padres", le dijo a la niña.
Después de brindarles una última mirada, el hombre se puso de pie y comenzó a caminar hacia la puerta, Iván aprovechó nuevamente el momento para hablar con Mariana de todo tipo de cosas.
"Mi papá nos ordenó waffles porque son mis favoritos, pero si no te gustan puedo pedirle algo distinto a la mesera. Él siempre comete el error de generalizar a los niños piensa que a todos nos gusta lo mismo.
Mariana lo miraba divertida, pero seguía sin pronunciar palabra. Después de un rato, el desayuno llegó y los niños comenzaron a comer sin perder tiempo.
"Vaya, sí que tienes hambre", le dijo el niño al ver que ella comía con igual interés. Sin embargo, Mariana se limitó a sonreír nuevamente.
'Este niño sí que es muy ocurrente', pensó.
Con el paso del tiempo los niños terminaron el desayuno. Ella se había enterado de un montón de datos interesantes acerca de su acompañante; desde sus clases favoritas en la escuela, el nombre de algunos de sus maestros y sus amigos más cercanos.
A pesar de su constante silencio, la niña la estaba pasando muy bien, pues aparte de sentir una enorme seguridad en compañía de Iván, sus relatos eran bastante divertidos, por lo que deseaba que ese momento no terminara nunca.
De pronto, Iván notó que Mauricio se acercaba a la mesa acompañado de un hombre, quien inmediatamente asumió se trataba del padre de Mariana. Al darse cuenta de que su encuentro con ella estaba a punto de llegar a su fin, sintió una enorme tristeza.
"Creo que ahí viene tu padre, me temo que ya no podré seguir contándote más cosas".
Iván contagió a Mariana de su sorpresiva tristeza, pues se sintió igualmente abatida al darse cuenta de que su encuentro había llegado al final.
El gesto que apareció en el rostro de Iván fue tan expresivo y conmovedor que Mariana no pudo evitar sentir una súbita calidez brotar desde lo más profundo de su ser. Por lo que, sin previo aviso, en un súbito movimiento besó al niño en la mejilla dejándolo totalmente anonadado.
"Me llamo Mariana", le dijo sonriendo. Iván no podía creer lo que acababa de suceder. Aquella preciosa niña, a la que había confundido con una presencia angelical, le había dado un dulce beso en la mejilla. Sin duda ese era el mejor día de su vida.
Ella se puso de pie lentamente acomodando su servilleta sobre el plato y luego acomodó su silla mientras se despedía.
"Te agradezco mucho tu ayuda", le dijo y luego se dirigió hacia Mauricio y también le dijo con una sonrisa: "Muchas gracias por el desayuno y por ayudarme a encontrar a mi padre".
Tanto Mauricio como Sergio se quedaron muy sorprendidos ante la conmovedora imagen que acababan de presenciar. Al no saber cómo reaccionar, el hombre se limitó a asentir.
Luego la niña corrió a toda prisa hacia su padre abrazándolo muy fuerte de la cintura y después ambos partieron de ahí.
Después del fuerte sobresalto que acababa de experimentar, Iván seguía impactado.
"Vaya, eso sí que fue sorpresivo'' dijo Mauricio acariciando la cabeza de su hijo.
"No te preocupes. Ya sé quién es su padre. Seguramente los veremos a menudo por aquí".
El niño se sintió muy feliz al escuchar las palabras de su padre, pues la posibilidad de volverse encontrarse con ella era más suficiente para él.
Al día siguiente, Mauricio hablaba con Marina de lo sucedido.
"Cuando volví acompañado del padre de la niña, ella acababa de plantarle tremendo beso en la mejilla a Iván".
"¿De verdad?".
La mujer escuchaba con gran incredulidad el relato. Su hijo siempre se había caracterizado por su actitud inquieta y curiosa, sin embargo, hasta ese momento no había hablado de sentir atracción hacia ninguna niña. Por lo tanto, la historia le pareció sorprendente.
"Nuestro hijo estaba totalmente sorprendido. Parecía no dar crédito a lo que acababa de suceder y, entonces, la niña que anteriormente yo creí muda, de pronto comenzó a hablar con total normalidad".
Marina estaba muy divertida por el suceso. Casi no podía esperar a que su hijo volviera de la escuela para hacerle preguntas al respecto. Aunque tampoco era su intención incomodarlo, por lo que no estaba segura si debía abordar el tema directamente con él.
Iván la había estado pasando bastante mal durante los últimos días. Desde aquel encuentro con Mariana parecía haber perdido súbitamente el interés por las cosas cotidianas. Al principio, su padre creyó que estaba enfermo, pero después de someterlo a numerosas revisiones médicas, se dio cuenta de que se encontraba perfectamente bien.
Entonces, Mauricio comenzó a cuestionarse si aquello tendría alguna relación con el encuentro de aquel día. Sin embargo, no estaba del todo seguro de que su hijo quisiera hablar del tema.
Una noche Iván dormía profundamente, sin embargo, su mente estaba alerta mientras experimentaba uno de los más bellos sueños que había tenido en su vida.
Se encontraba jugando en un hermoso jardín. El pasto verde contrastaba con gran intensidad con el cielo azul. Los rayos del sol brillaban intensamente sobre su cabeza. Mientras tanto, corría con mucha fuerza por todo el espacio hasta que súbitamente tropezó y cayó rodando por el suelo. Entonces, de pronto, levantó la mirada encontrándose con la figura onírica que había visto aquel día.
Sin embargo, en esa ocasión no le quedaba ninguna duda. Aquel ser era un ángel que había descendido de los cielos solamente para estar con él. Iván sonrío totalmente complacido al contemplar aquella maravillosa imagen. Mariana lo miraba con timidez mientras comenzaba a decirle: "Pensé que no te volvería a ver".
Iván pareció sorprenderse mucho al escucharla. '¿Por qué pudo haber pensado eso ?', se preguntaba. Pero al verla sonreír, todo desapareció de su mente. Por un instante, incluso pareció olvidar cómo pronunciar las palabras.
"Por supuesto que nos volveríamos a encontrar. Era solo cuestión de tiempo".
"¿Lo prometes?", preguntó la niña.
"Pero ¿qué es lo que quieres que te prometa?".
"Prométeme que nos volveremos a ver".
Las palabras de Mariana resonaban en la mente de Iván con gran elocuencia. Era tal la intensidad con la que se repetían en su interior que de pronto despertó súbitamente. Aún con la promesa en los labios, no pudo evitar sonreír mientras repetía: "Te lo prometo".
Arturo y Roberto, los hermanos mayores de Iván, lo miraban preocupados mientras charlaban en la sala.
"Siempre está muy contento corriendo de un lado a otro. No sé qué es lo que le pasa ahora. Parece que ha perdido toda la motivación", dijo Arturo con gran consternación.
"Tienes razón. En circunstancias normales, tendríamos que cuidarnos de sus constantes travesuras. Sin embargo, ahora solo está acostado en su cama pensando quién sabe en qué cosas". Roberto no pudo evitar estar de acuerdo con su hermano.
"¿Crees que deberíamos hablar con él?", preguntó Arturo afligido.
"Yo creo que sí o de lo contrario deberíamos llevarlo a ver a un médico". Los hermanos gemelos que se encontraban en plena adolescencia estaban siempre muy al pendiente de su hermano. Pues para ellos el niño era motivo de alegría en la casa con sus constantes ocurrencias.
Ante la decisión de abordar a Iván para cuestionarlo acerca de lo sucedido, decidieron buscarlo después de la cena. Iván no tuvo más remedio que hablar del tema.
"Bueno, si no nos dices lo que te pasa vamos a tener que hablar con nuestros padres. Y ya sabes lo mucho que se preocupara mamá".
La mirada inquisidora de los jóvenes se encontraba fija en el niño, quien no parecía poder ocultarse de tan incesantes cuestionamientos.
"Ya les dije que no tengo nada. Quizás solamente estoy a punto de contraer un resfriado. Necesito descansar un rato".
Arturo, quien siempre se había caracterizado por ser mucho más perspicaz que su hermano, inmediatamente se dio cuenta de que el niño mentía.
"Iván, tú sabes que siempre puedes contar con nosotros. Dime ¿acaso tienes algún problema en la escuela? Si esos maestros del colegio te están haciendo pasar un mal rato te aseguro que me voy a encargar de ellos".
Siempre había mostrado una actitud sobreprotectora con su hermano. Incluso parecía estar dispuesto a pelear contra todos con tal de sacarlo de problemas.
Roberto era un poco más sensato, pues siempre parecía examinar con más cuidado los dos lados de la moneda y, si las circunstancias lo requerían, era capaz de regañar al niño.
"Esto es muy raro. Si no hablas de una vez, tendremos que recurrir a otras técnicas",
dijo el joven mientras dirigía su mirada hacia los juguetes de colección que yacían sobre su escritorio.
"No. Que ni se te ocurra tocarlos".
"Entonces, más te vale que comiences a hablar".
El niño se levantó súbitamente de su cama con la intención de dirigirse a toda prisa hacia los vulnerables juguetes. Sin embargo, antes de que pudiera llegar a ese lugar, Arturo se le lanzó encima tacleándolo para evitar que siguiera avanzando. Entonces, Roberto corrió a toda prisa hacia los juguetes.Sin embargo, en ese momento, su madre entró súbitamente a la habitación.
"Pero ¿qué es todo este alboroto? ¿Qué está sucediendo aquí?".
Marina siempre había gozado de un sexto sentido que le dictaba cuando alguna fechoría estaba a punto de suceder en casa. En esa ocasión, decidió ir a ver a su hijo menor para tratar de hablar con él acerca de lo sucedido.
"Mamá, están tratando de quitarme mis juguetes".
"Eso es lo que veo. Arturo, Roberto, ¿qué explicación tienen para todo esto?".
Al verse sorprendidos en tan desafortunada situación decidieron hablar con honestidad.
"Iván ha estado actuando muy extraño y como no quiere decirnos lo que está pasando tuvimos que pensar en la manera de obligarlo".
Los jóvenes sabían que no habían actuado de forma correcta, por lo tanto, inclinaron la cabeza avergonzados. Sin embargo, su preocupación por el niño era muy grande por lo que decidieron hablar abiertamente del tema.
"Por favor, no abrumen a su hermano con ese tipo de preguntas. Cuando esté listo, hablará con ustedes y si no lo hace, no deben forzarlo.
Los hermanos salieron de la habitación con semblante abatido, pues no tenían nada que hacer en la habitación.
"Mamá. No fue culpa suya. Es cierto, últimamente mi comportamiento ha cambiado", el niño asintió mientras se sentía culpable.
Marina conocía muy bien a sus hijos, por lo que a veces no era necesario que le confesaran cómo se sentían. Ella, con su gran sabiduría y su sexto sentido, tenía una clara idea de lo que estaba sucediendo.
"Conocí a una niña. Por favor, no vayas a reírte. Ella es muy bella y simpática, pero no sé si vaya a volverla a ver algún día".
Marina estaba conmovida por la confesión de su hijo, por lo cual lo miro llena de ternura.
"¿Por qué piensas que no volverás a verla?".
El niño bajó la mirada con pesar mientras decía.
"Desde el día que la conocí no he vuelto a toparme con ella. Pero yo le prometí que volveríamos a vernos".
Su madre sonrió complacida mientras acariciaba su cabeza.
"Si hiciste una promesa de ese tipo es muy importante que la cumplas".
Sin embargo, Iván no entró en detalle diciéndole que aquella promesa la había realizado en un sueño.
"Creo que tendremos que buscar la forma de que puedas mantener tu promesa", le dijo sonriendo. El niño estaba conmovido, por lo que sonrió de oreja a oreja mientras abrazaba a su madre con mucha fuerza.
"Sabía que buscarías la manera de ayudarme",
le dijo con alegría, mientras su corazón se llenaba de esperanza.
El día siguiente, Iván miraba distraído por la ventana de la escuela. La clase no le resultaba demasiado interesante. Mientras observaba el cielo despejado de afuera, su mente comenzó a divagar alejándose cada vez más del presente.
De pronto, alguien tocó la puerta. La maestra de inmediato respondió: "Adelante".
En ese momento, una secretaria entró acompañando a una niña al salón, quien lucía asustada y tímida ante los que a partir de ese momento serían sus nuevos compañeros de clase.
"Chicos, quiero presentarles a Mariana. A partir de hoy será su compañera de clase. Espero que le den la bienvenida con gran entusiasmo".
Al escuchar ese nombre, Iván inmediatamente volvió a poner los pies en la tierra. Entonces, volteó a verla, para con sorpresa descubrir que se trataba de aquella niña que había conocido en el campo de golf.
"Mariana", gritó súbitamente llamando la atención de todos los presentes. El niño sonreía de oreja a oreja complacido. Sus compañeros no pudieron evitar soltar una carcajada al ver la gran emoción que lo embargaba.
"Hola Iván'', contestó Mariana con las mejillas sonrojadas.