En el bar Venzor
Deanna Miller salió tambaleándose del bar llevando puesta una corta y ajustada falda negra.
Por lo enrojecida que se veía la piel de su rostro, parecía estar bajo los efectos del alcohol. De alguna manera, esto hacía que sus ya delicados rasgos lucieran más atractivos y seductores.
Casualmente, la mujer colocó un mechón suelto del cabello detrás de su oreja. Ese simple y cotidiano movimiento fue ejecutado con tanta gracia que pareció fascinar a todos a su alrededor. Incluso el guardia de seguridad que permanecía de pie a un lado de la entrada no podía quitarle los ojos de encima.
De repente, ella abrió la puerta trasera de un auto negro y entró.
Un grito ahogado involuntario escapó de sus labios al sentarse sobre el regazo de un hombre, pensando que el asiento estaba vacío. El hombre arqueó las cejas y comentó con ironía: "¡Qué descarada de tu parte!".
Deanna gritó atónita y se volteó a mirarlo con los ojos abiertos de par en par con asombro.
Un hermoso rostro masculino apareció ante su vista.
El hombre tenía veinticinco años. Las gruesas cejas que enmarcaban sus ojos estaban cuidadosamente recortadas y la expresión en su cara era insondable. Nadie podía descifrar lo que pasaba por su mente.
La mandíbula de Deanna se abrió de incredulidad al reconocerlo.
"¿Dario?", preguntó.
"¡Vaya! Todavía sabes quién soy", bromeó el hombre.
Ella soltó una carcajada ante su comentario.
"Por supuesto que sé. ¿Cómo podría olvidar al apuesto novio de mi prima?". La sorpresa inicial por el encuentro dio paso a una íntima confianza entre ambos.
Dario Archer era el hombre más noble de la ciudad de Weappolis.
¿Cómo podría no reconocerlo?
Además, habían cenado juntos solo tres horas atrás.
La mirada de Dario se enfrió por su comentario.
"Entonces, ¿por qué sigues sentada en mi regazo?", le reprochó.
Deanna no se intimidó. Al contrario, se apoyó más contra él y dibujó círculos en su pecho musculoso. "¿Tienes miedo de que mi prima se entere?".
El hombre detuvo su inquieta mano y la miró a los ojos con una expresión en blanco.
"¿Por qué debería tener miedo?", respondió con una voz profunda y resonante.
Ella acurrucó la cara contra su cuello.
"Entonces, ¿te apetece?".
El tono de Deanna estaba lleno de lujuria. Ella era capaz de seducir y tentar a cualquier hombre que la escuchara.
Dario, sin embargo, solo la miró intrigado. Apretó los labios sin pronunciar una palabra.
La chica sonrió aún más y lo envolvió con sus brazos firmemente.
El calor de su cuerpo se filtró en él, haciendo que su sangre se calentara de inmediato. Incluso la temperatura dentro del coche parecía subir alrededor.
Justo en ese momento, sonó el teléfono.
Deanna miró el nombre en la pantalla y comprobó que era Jeannie Miller, su prima.
Él contestó la llamada sin dudarlo.
"Dario, ¿todavía estás en el bar Venzor?", dijo la voz femenina al otro lado de la línea. "¿Estás borracho? Por favor, ve a casa pronto".
Deanna sonrió maliciosamente y respondió de forma audible. "¡Dios! Eres demasiado molesta, Jeannie. Por favor, no nos molestes ahora".
Un segundo después, la otra mujer gritó: "Dario, ¿quién está contigo? Deanna, ¿eres tú?".
Esta última, de forma inesperada, presionó sus labios sensualmente contra los del hombre.
Jadeó y gimió con exageración a propósito.
El teléfono se cayó a un lado con un sonoro golpe.
Luego, ella sintió que Dario sostenía su cintura y los labios de él se curvaron en una sonrisa lasciva.
Acercándola más a su cuerpo, el hombre la atravesó con una mirada fogosa. "Deberías saber que un hombre nunca rechazará a una mujer que se le arroja encima tan fácilmente".
Deanna abrió la boca un poco y el leve pero inconfundible olor a alcohol llenó sus fosas nasales.
"Las mujeres tampoco dejarán ir a un hombre excelente como tú...".
Durante unos minutos, el auto comenzó a dar sacudidas violentamente por los movimientos de la pareja en su interior, hasta que todo se calmó.
Deanna soportó la incomodidad y se puso la falda con rapidez.
Dario, por su parte, ya se había vestido y yacía recostado en el asiento con las piernas cruzadas. Entonces encendió un cigarrillo y exhaló un denso anillo de humo. Abriendo las ventanas, el olor a sexo se disipó.
Él entrecerró los ojos y la miró con indiferencia como si nada hubiera pasado.
Deanna odiaba el olor del cigarro, por lo que agitó la mano para alejar el humo con el ceño fruncido. "No estuvo nada mal. Te daré setenta puntos sobre cien".
Luego soltó una carcajada y abrió la puerta para salir.
La mirada del hombre se oscureció.
¿Cómo se atrevía a calificarlo? ¿Setenta puntos sobre cien?
Levantó los ojos y miró por el espejo retrovisor.
Sus labios se curvaron nuevamente con desdén cuando vio a Deanna tambalearse mientras se alejaba.
Después de todo, ella era una gran actriz.
La mujer no le dio la oportunidad de observarla un poco más, porque detuvo un taxi y desapareció al instante.
Veinte minutos después, ella regresó a la villa de su familia.
Frente a la entrada, la mandíbula de Deanna se tensó mientras miraba el edificio.
Esa villa originalmente le pertenecía a ella. Pero cuando estaba en la universidad, su tío Vernon Miller aprovechó su ausencia y se adueñó de la casa.
Además, sus padres habían muerto en un extraño accidente automovilístico tiempo atrás. Pero eso no fue todo, otra noticia la hizo pedazos: el Grupo Miller, dirigido por sus padres, debía millones de dólares y se declaró en bancarrota.
Vernon se ocupó del desastre económico para salvar el negocio familiar.
Cuando Deanna regresó de sus estudios, sus padres estaban enterrados y Vernon quedó oficialmente a cargo de la compañía.
La situación era en extremo inusual. De hecho, varios confidentes cercanos que trabajaban para su padre también desaparecieron sin motivo alguno y sin dejar rastro.
Todo parecía demasiado sospechoso.
De repente, sus labios se curvaron en una mueca de burla al recordar la arrogancia de Jeannie.
Si Deanna descubría que ellos estaban involucrados en la muerte de sus padres, los castigaría y haría que se arrepintieran hasta el último aliento.
Lo ocurrido esa noche en el auto no era una simple coincidencia. Todo era parte de su plan de venganza.
Ella sabía que Dario pasaba tiempo en el bar Venzor todas las semanas, así que fue allí y lo sedujo deliberadamente.
La pureza de su cuerpo no tenía importancia en comparación con sus ansias de vengarse.
Conquistar a Dario era una tarea crucial para el desarrollo de su plan. Una vez que lo lograra con éxito, podría lidiar fácilmente con la familia de Jeannie.
Ella sonrió con satisfacción ante esta idea y empujó la puerta para abrirla.
Su prima estaba sentada en el sofá de la sala, esperándola. Se puso de pie como una fiera cuando Deanna ingresó en la residencia.
"¡Perra! Fuiste tú quien habló por teléfono, ¿no?", preguntó la mujer furiosa.
Deanna se quitó los tacones altos casualmente y respondió con una voz llena de desdén: "Sí, ¿y qué? ¿Qué vas a hacer?".
"¡Eres una sucia! ¿Cómo te atreves a robarme a mi hombre?", Jeannie ardía de rabia. En ese instante, levantó la mano para abofetear a Deanna.
Deanna agarró con fuerza la mano de su prima antes de que aterrizara sobre su rostro. En ese momento, sus ojos eran claros, con la mirada firme.
No había ningún rastro de que estuviera borracha.
Sacudió la mano de Jeannie hacia un lado fácilmente y se acercó a ella de forma intimidante. "¿Dices que te robé a tu hombre? ¿Acaso no te das cuenta? No tengo necesidad de hacer algo como eso, solo mírate a ti misma. ¡Eres muy poco atractiva! Jamás podrías satisfacerlo".
Soltando una risa de desprecio, Deanna subió las escaleras.
Pero la ira de Jeannie había alcanzado su nivel más alto, de modo que salió corriendo tras ella hecha una furia.
"¡Perra, detente ahora mismo!", rugió.
Sin embargo, antes de que pudiera alcanzarla, la puerta de la habitación se cerró de golpe en su cara.
Jeannie se perdió los estribos y la locura dominó su razón. Pateó la puerta una y otra vez exclamando alaridos de frustración.
Sin embargo, en pocos minutos, una dulce canción y el sonido del agua corriendo se escucharon desde el interior del dormitorio.
Deanna, en efecto, se estaba duchando en el baño.
Miró la sangre en su ropa interior blanca y frunció el ceño.
Ella siempre había planeado y soñado que su primera vez sería una ocasión romántica y especial. Jamás imaginó que perdería su virginidad de forma tan salvaje, dentro de un auto.
Dario era un hombre rudo, no sabía cómo ser tierno con las mujeres.
Sin embargo, a pesar de esa situación, el corazón de Deanne se hinchó con una sensación de triunfo. Dario nunca les prestaba particular atención a las mujeres, pero ella había logrado seducirlo y tener sexo con él esa noche.
Al recordar el rostro inexpresivo del hombre mientras fumaba, ella soltó un bufido de burla.
¡Era muy bueno fingiendo ser casto!
Pero ella comprobó por sí misma la lujuria fogosa que él no podía disimular en sus ojos cuando la tuvo en su regazo.
Deanna recobró el sentido al pensar en esos ojos profundos. Sacudiendo la cabeza, tiró su ropa interior a la papelera.
Ya habían pasado tres meses desde su regreso, pero Vernon no le permitía trabajar en el Grupo Miller.
Parecía obvio que él tenía miedo de que terminara descubriendo la verdad.
Tomando en cuenta que su tío le había prohibido el acceso a la compañía familiar, Deanna decidió trabajar en la empresa de Dario. Tenía que familiarizarse con la gente del círculo empresarial de la ciudad para averiguar lo que realmente ocurrió con la muerte de sus padres.
Al día siguiente, cuando Deanna se despertó, Jeannie ya se había ido a la empresa.
Rápidamente bajó las escaleras y se encontró con su tía, Lisa Miller, pero ni siquiera se molestó en dirigirle la palabra.
Como Vernon no estaba en casa, ellas no tenían que fingir ningún tipo de cordialidad.
Deanna comió un desayuno sencillo y se fue de inmediato a la empresa de Dario.
Al llegar, llamó a la puerta de la oficina del CEO. Para su total consternación, fue su prima quien la abrió.
La sonrisa en el rostro de Jeannie se desvaneció al instante apenas la vio.
"¿Qué estás haciendo aquí?", preguntó la mujer con frialdad.
Deanna le sonrió y se metió dentro, pasando por su lado.
"Estoy aquí por Dario, obviamente".
El hombre estaba sentado en su escritorio, hojeando atentamente unos documentos. Sin embargo, sus cejas se levantaron cuando escuchó la voz de Deanna.
Jeannie caminó pavoneándose hacia el escritorio para bloquearle la vista.
Aunque en su interior estaba furiosa, hizo todo lo posible por fingir amabilidad y parecer considerada. "Dario está ocupado en este momento. Si tienes algo que decir, puedes comunicármelo a mí directamente".
Deanna se encogió de hombros, descartando esa propuesta. "Tú no eres la esposa del CEO, no eres nadie para comunicarte mis asuntos laborales con él".
Jeannie apretó los dientes cada vez más irritada y trató de contener el impulso de darle una bofetada a su prima. "¿Qué estás diciendo? ¡Estamos comprometidos! Nos vamos a casar pronto".
"Bien, pero por ahora no eres su esposa. ¿Tengo razón o no?".
Ignorando a su prima, Deanna le pasó nuevamente por un lado y se paró frente al CEO.
"¿Qué pasa?", Dario dejó el documento que revisaba a un lado y la miró fijamente.
Su actitud era distante y fría, como si nada hubiera pasado entre ellos la noche anterior.
Parecía como si solo fueran dos conocidos casuales que no tenían nada especial que ver el uno con el otro.
Deanna, por supuesto, no se sorprendió por su comportamiento. Era típico de un hombre como él reaccionar de esa manera.
Aun así, los ojos de la mujer destellaron de burla y cambió su expresión rápidamente, mostrando una dulce sonrisa.
"Dario, han pasado tres meses desde que regresé. ¡No puedo quedarme en casa todo el día! Es demasiado aburrido. Quiero trabajar en tu empresa. ¿Puedes contratarme?", preguntó ella, inclinándose hacia él sensualmente.
Por la postura que adoptó, su escote quedaba un poco expuesto solo para él.
No había duda de que se veía realmente atractiva.
Jeannie, al ser testigo de lo que ocurría, estaba a punto de explotar de rabia. Aunque nunca creería que los dos se habían acostado juntos.
Después de todo, ella había estado saliendo con Dario durante más de un año. Y por más que había intentado seducirlo, él nunca hizo ningún avance físico hacia ella. Por lo anterior, la posibilidad de que su prima había tenido éxito era impensable.
Además, al comprobar la frialdad de Dario hacia Deanna, se sintió aliviada.
De igual forma, tampoco permitiría que ella trabajara en la empresa de su prometido.
"Deanna, te acabas de graduar", comentó Jeannie fingiendo que le preocupaba. "Este es un momento muy valioso en tu vida. ¡Explora el mundo y diviértete! ¿Por qué tienes tanta prisa en empezar a trabajar? Tu tío no quiere que trabajes en el Grupo Miller porque se preocupa por ti, él no podría soportar ver que haces un esfuerzo innecesario".
Al escuchar sus palabras, Deanna soltó una risita de burla. "¡Vaya! ¿En serio? Pensé que, en realidad, él tenía miedo de que yo pudiera descubrir algo...".
La sonrisa de Jeannie se congeló al instante.
"¿Qué estás diciendo? ¿De qué podríamos tener miedo?".
"¿Quién sabe?", respondió la otra y miró a Dario de nuevo.
"¿Puedes hacer esto como un favor por la ayuda que te ofrecí anoche?", insistió Deanna con una expresión pícara.
¡Qué descarada era!
Al final, ella fue quien tomó la iniciativa de seducirlo la noche anterior.
La mirada de Dario se posó en la exquisita piel del cuello de Deanna por un segundo antes de enfocarse nuevamente en su trabajo.
"Nuestra empresa no contrata a personas perezosas".
Los ojos de Jeannie se iluminaron de alegría, pues dedujo por la respuesta que no había pasado nada entre ellos y que su prima solo acababa de inventar una vil mentira.
"¡Lo sabía! No puedes unirte a la compañía de Dario y simplemente holgazanear".
Deanna, nuevamente, ignoró sus palabras. Se apoyó aún más en el escritorio y pestañeó con seducción. "Te prometo que trabajaré muy duro. ¿Qué te parece si soy tu secretaria personal?".
Jeannie no pudo soportarlo más. "¡Deanna Miller!", exclamó alterada.
"¿Qué?", la otra mujer le lanzó una mirada desafiante. "¿Tienes miedo de que te lo robe?".
"Por supuesto no. Confío plenamente en Dario".
Jeannie lo agarró del brazo y se inclinó más cerca de él para demostrar la intimidad de su relación.
Sin embargo, el hombre frunció el ceño y la empujó hacia un lado, alejándola.
La irritante reacción de su prometida lo hizo cambiar de opinión.
"Mi empresa llevará a cabo una campaña de contratación en tres días. Puedes inscribirte si así lo deseas", informó con indiferencia.
"¿De verdad? ¡Muchas gracias!".
El rostro de Dario se suavizó un poco cuando vio el rostro sonriente de Deanna.
Debía admitir que ella tenía una sonrisa adorable y contagiosa.
De repente, él se levantó del escritorio, abrió la puerta y salió.
"Me voy a una reunión", anunció antes de desaparecer.
"Dario...", murmuró Jeannie persiguiéndolo.
El rostro de Deanna se iluminó con una sonrisa triunfante. ¡Entrar en el círculo empresarial era el primer paso para llevar a cabo su plan!
Ella había jurado frente a las tumbas de sus padres que descubriría la causa de sus muertes y por qué el Grupo Miller quebró, sin importar el esfuerzo que hiciera falta o las cosas que tuviera que hacer.
Después de pensar por un momento, se arregló los mechones sedosos del cabello, salió y se metió en el ascensor.
Mientras tanto, Dario miraba su teléfono dentro de la sala de conferencias.
Revisaba la transmisión en vivo de las cámaras de seguridad dentro del edificio.
Deanna caminaba con confianza mientras sus altos tacones resonaban en el pasillo.
Una sonrisa apareció en el rostro de Dario cuando vio cómo el suave cabello de la mujer ondeaba con el viento.
Al segundo siguiente, recordó lo atractiva que se veía la noche anterior.
Supuso, por su comportamiento dentro del auto, que ella tenía una amplia experiencia en seducir a los hombres.
Este pensamiento hizo que la expresión en su rostro se transformara. Al instante, la sonrisa se desvaneció. Con el ceño fruncido, tiró el teléfono con ira.
"Comencemos la reunión", ordenó.
Una vez en la calle, Deanna agitó una mano para llamar a un taxi cuando un auto rojo se detuvo frente a ella.
Con el rostro enrojecido por la ira, Jeannie bajó del vehículo.
Como Dario no estaba cerca, ya no tenía que fingir más, por lo que dijo en tono amenazador: "Escúchame bien, perra. ¡Te prohíbo trabajar en la empresa de Dario!".
Curvando los labios con desdén, Deanna replicó: "¿Quién diablos te crees que eres para decirme lo que debo hacer o no? ¡No tienes derecho a prohibirme nada!".
"¿Por qué no mejor dejas de soñar? ¡Dario nunca se enamorará de ti!", maldijo Jeannie.
Entonces, Deanna cruzó los brazos sobre el pecho y le sonrió: "¿De verdad crees que le gustas? ¿Acaso no viste la forma en que te trató? ¡Su disgusto era más que evidente! De hecho, si yo fuera tú, nunca volvería a presentarme ante él".
"¡Cierra la maldita boca!".
Jeannie no pudo soportarlo más y se abalanzó para abofetearla. Sin embargo, Deanna la esquivó rápidamente, agarró su mano y terminó golpeándola primero.
El impacto de la cachetada envió a Jeannie al suelo, haciendo que su falda ajustada se desgarrara.
"Más te vale que me dejes en paz", con eso, Deanna le lanzó una mirada de desprecio y se fue.
Enfurecida por lo que acababa de pasar, Jeannie sacó su teléfono y llamó a su madre: "Mamá, ¡Deanna me abofeteó! ¡Dios, detesto tanto a esa idiota! No la dejes entrar a la casa...".
Pero Deanna no planeaba regresar a casa. En lugar de eso, tomó un taxi hasta la agencia de detective llamado Pioneer y entró por la puerta trasera.
"Hola, Deanna", dijo un hombre con gafas, quien tenía veintitantos años y se veía bastante guapo.
Tenía el aspecto de ser todo un caballero y estaba sorprendido de ver a la joven.
Deanna se dejó caer en el sofá y soltó un profundo suspiro: "Garrett, ¿cómo va la investigación sobre mis padres? ¿Encontraste alguna pista?".
Antes de responder, Garrett Powell frunció el ceño y le dio una pila de documentos: "El accidente ocurrió en una carretera de montaña en el suburbio de Weappolis. No había cámaras allí, así que no pudimos ver lo que sucedió y tampoco hay testigos presenciales. Sin embargo, encontré algunas pistas sobre el Grupo Miller".
Luego de una breve pausa, él le entregó más papeles y continuó: "La empresa quebró porque se filtró su información confidencial. Una pequeña compañía llamada Posh Inc. compró la información".
Al oír esto, Deanna se puso en pie de un salto: "¿Sabes quién está a cargo de esta empresa?".
Mirándola a los ojos, Garrett respondió: "Es un hombre llamado Denzel Mitchell. Pero supongo que es un mero títere".
La joven apretó los documentos más cerca de su pecho mientras su rostro se tensaba de rabia y murmuraba: "Por favor ayúdame a averiguar más sobre él".
Habiéndole entregado una taza de café, Garrett se sentó en el sofá frente a ella: "Nos conocemos desde hace tanto tiempo que obviamente te ayudaré a descubrir la verdad. No te preocupes por eso".
Luego de darle un sorbo a su bebida, Deanna respondió: "Gracias".
Garrett sonrió, y después de dudarlo un poco, preguntó: "Iré a una fiesta esta noche. ¿Quieres acompañarme?".
Entonces, se aclaró la garganta y agregó: "Van a asistir muchas personas del círculo empresarial, y si tenemos suerte, podríamos encontrar la información que necesitamos".
En cuanto lo escuchó, el rostro de Deanna se iluminó: "Okey, está bien. De cualquier modo, no tengo nada más que hacer".
Obviamente, no iba a perder la oportunidad de averiguar la causa de la muerte de sus padres.
A las siete de la noche, Deanna llegó al hotel Islesbury, uno de los más famosos de la ciudad, acompañada de Garrett.
En el momento en que entró, ella vio un rostro conocido.
Entre un grupo de importantes empresarios, Dario estaba de pie con una copa de vino en la mano. Dado que su estatura era de más o menos un metro con noventa centímetros, le era imposible no destacar entre la multitud.
Justo en ese instante, él se dio la vuelta y apretó la mandíbula cuando vio a Deanna sosteniendo el brazo de Garrett con una brillante sonrisa.
Ahora, estaba más que convencido de que ella era una experta en seducir hombres.
¡Hacía solo unas horas había coqueteado con él y en este momento estaba del brazo de otro tipo!
De pronto, la sonrisa en los labios de la joven se congeló, pues no esperaba encontrarse con Dario aquí.
Coincidentemente, Garrett se encontró con un conocido y fue a saludarlo, así que ella se disculpó rápidamente y corrió hacia Dario.
"¡Hola!", lo llamó con dulzura.
Pero él arqueó las cejas con indiferencia y no pronunció una sola palabra, ignorándola como si no la conociera.
Una vez lo suficientemente cerca, Deanna sostuvo su brazo y preguntó: "No trajiste a mi prima, ¿verdad?".
"No", replicó Dario, colocando su copa sobre la mesa.
Testigos de la escena, las personas a su alrededor quedaron genuinamente sorprendidas.
Era muy raro que Dario mostrara interés en alguna chica, por lo que todos estaban atónitos de ver que una mujer lo tomara del brazo.
Además, parecía ser su prima política.
Pero Deanna no estaba preocupada por la multitud, incluso les dirigió una sonrisa y dijo en voz baja: "¿Por qué no vamos a sentarnos allá?".
Aunque frunció el ceño, Dario no la detuvo.
"¿Tan pronto encontraste un nuevo novio?", él se burló mientras se sentaba en el sofá de cuero, "Parece que Jeannie tiene razón; eres salvaje y promiscua".
Sin inmutarse, Deanna alisó su larga cabellera y ladeó la cabeza con una sonrisa: "¿Y cómo sabes que él es mi nuevo novio? ¿Estás celoso?".
"¿Celoso? Jajaja, ¡ni que valieras la pena!".
Deanna se inclinó hacia adelante y el pequeño movimiento acentuó su escote.
"¿Qué esperas que te responda?", preguntó, mirándolo a los ojos, "¿Acaso no la pasaste bien ayer?".
Poniendo un semblante sombrío, Dario murmuró: "¡Detente! No vuelvas a mencionar lo que pasó ayer".
"Bien. Entonces hablemos de lo que pasó hoy", Deanna dijo entre risas, "Haré lo que dices si me permites trabajar en la compañía Yonder, ¿de acuerdo? Te daré cualquier cosa...".
Luego de acercársele más, ella le susurró al oído: "Incluido mi cuerpo".
Era una oferta tan tentadora que a cualquier hombre le resultaría difícil rechazarla, pues la joven poseía una figura sensual y curvilínea.
"Nunca vuelvo a interesarme en mujeres con las que una vez me acosté".
"Oh vamos, ¡no tomes decisiones precipitadas! ¿Cómo lo sabrás si no lo intentas?", habiendo dicho esto, Deanna estiró un pie y lo frotó sugerentemente contra el del hombre.
No obstante, él la detuvo rápidamente y le lanzó una mirada de advertencia: "No pongas a prueba mi paciencia, ¿entiendes?".
Deanna retiró el pie y apoyó la barbilla en la palma de la mano a la vez que preguntaba: "¿Quieres intentarlo de nuevo?".
En ese momento, una voz enojada los interrumpió: "¿No se supone que tendrías una reunión importante esta noche? ¿Por qué...? ¿Por qué estás con esta mujer?".
Al segundo siguiente, Deanna levantó la cabeza y vio a Jeannie junto a Vernon.
"¡Tío, has vuelto!", exclamó ella, fingiendo felicidad y forzando una sonrisa.
Vernon le devolvió el saludo y dijo: "Todo salió bien en Luinburg, así que regresé antes. ¿Dario es tu acompañante?".
"No, vine con un amigo y me encontré con Dario aquí. Mi amigo ya casi termina de hablar con su conocido. Ustedes continúen, yo iré a verlo".
Deanna se puso de pie con gracia y fue al baño, miró su reflejo en el espejo y sonrió con desdén.
Vernon había regresado y ella tenía el presentimiento de que la verdad sobre sus padres finalmente saldría a la luz.
Luego de retocarse el maquillaje, la joven abrió la puerta para salir cuando una figura alta la arrastró a una habitación privada cercana.