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Un amor prohibido con el CEO

Un amor prohibido con el CEO

Autor: : Paola Ramírez
Género: Romance
Leticia es una mujer hermosa e inteligente que debe casarse sin amor... Ella siempre deseó tenerlo todo en la vida, amor, dinero y por supuesto poder. Sus ilusiones se vendrán abajo cuando se da cuenta que el amor de su vida la traicionó con la mujer que siempre la humilló por no tener dinero. Leticia hará a un lado sus sentimientos y se casará con un hombre mucho mayor el cual le brindará todo lo que ella siempre anhelo, dinero y lujos. Para ella el amor no es una prioridad. Nicolás Spencer es un hombre arrogante, egocéntrico y muy atractivo. Él vuelve al país después de varios años para recuperar las empresas de su madre. Ese es su único objetivo. ¿Qué pasará cuando Nicolas se de cuenta que su amor del pasado es la mujer que está casada con su padre? ¿Podrá existir una segunda oportunidad en el amor para ellos dos?

Capítulo 1 Regreso a casa

Nicolás

Lleve mis manos una vez más a mi cabeza, quisiera decir que estoy feliz de volver, pero no, odio tener que volver, odio volver de esta manera.

Pensé que mi padre sería un hombre justo, quien apoyaría a mi madre en todo, vaya que no.

Saber que mi madre perdió la cordura completamente hace que sienta un enorme vacío en mi corazón.

Ella siempre ha sido mi razón de ser, mi polo tierra por ella daría todo, y ahora saber que mi padre decidió meterla en una maldita casa de reposo y todo por tener feliz a su nueva esposa, hace que la sangre me hierva.

Alce mi mirada, y no pude evitar sentir nostalgia, si tan solo ella no me hubiese traicionado, yo nunca me hubiera ido dejando a mi madre sola.

-¡Señor!, ¿Se siente bien?. -Moví mi cabeza y baje del auto, creo que pase horas solo mirando el lugar donde algún día fui tan feliz.

-¡Si!, gracias por traerme, ah, por favor no le diga a mi padre que volví, quiero darle una sorpresa -exclame, acomode mi camisa y caminé directo hasta la casa

Se supone que mi padre llega en una semana de su viaje de negocios, el tiempo suficiente para averiguar todo sobre dónde esta mi madre.

-¡Joven Nicolás! -Me giré al escuchar a mi nana, deje mis maletas aún lado sonreí, y corrí abrazarla.

-¡Nana!, ¡Definitivamente estás igual de hermosa que cuando me fui! -vociferé, estire mi manos para que ella girará sobre su eje, mientras ella dejaba salir una enorme carcajada.

-¡Que cosas dices mi niño!

-La verdad, solo la verdad. -Me giré-. Ahora hablamos nana, quiero ir a la habitación de mi madre, necesito algunas de sus cosas.

-Mi niño no! -No preste atención a sus palabras, tengo el tiempo justo para salir de nuevo, solo quiero tomar algo de ropa e ir a la casa de reposo en donde está internada mi madre.

Giré la perilla, quisiera decir que solo abrí la puerta, pero no, abrí mi boca de par en par al ver a una mujer completamente desnuda bailando. A la mitad de la habitación.

Tragué saliva, en verdad es hermosa, o al menos tiene el mejor trasero que haya visto en toda mi vida. La observé por unos segundos, y no lo niego, sentí como mi polla reaccionó de solo verla, aún así debo salir de mi trance.

-Em, buenas tardes -dije para llamar la atención de aquella mujer que estaba de espaldas.

-¡Mark! ¿por qué no avisaste que llegabas más temprano? -dijo ella girándose.

Sus ojos se abrieron de par en par, al igual que los míos, sus manos viajaron directamente a su pecho, tapando aquellos que recuerdo perfectamente.

-¿Qué diablos haces en mi casa y lo peor, en la habitación de mi madre? -exclamé, moví mi cabeza de lado a lado, no puede ser ella, no después de tanto tiempo.

Volver a ver a Leticia hace que todo se me remueva, y lo peor, verla otra vez completamente desnuda, hace que todo lo que creí olvidado vuelva a mi aún más fuerte.

-¡Qué!, ¿Cómo qué hago?, ¿Esa pregunta debería hacerla yo?, ¿Acaso no pudiste olvidarme que decidiste buscarme. -Vaya el cinismo de Leticia es verdaderamente grande.

-¡Para tu información, está es mi casa! -dije, tome una bata y se la lancé para que se la colocará. No quiero volver a ver su cuerpo desnudo, no, otra vez no.

-Vaya, vaya, así que tú eres mi hijastro, ¿Qué ironías no crees? -dijo Leticia con una evidente satisfacción en sus palabras.

No lo podía creer, ahora resulta que la mujer que me engaño con mi mejor amigo, a la que ame con todo el corazón ahora resulta ser mi madrastra.

-¿Esto es una maldita broma?, ¿Verdad? -dije llevando mis manos a mi cabeza.

-¡Mi niño!, quise decirte que no entrara.

-Nana, ahora no hay tiempo para explicaciones!, ¿Qué hace está mujer en mi casa? -exclamé haciendo un ademán para señalar a Leticia, quien tenía una reluciente sonrisa dibujada en su rostro.

-Ella es la esposa del señor Mark -dijo mi nana

Me gire y maldije internamente, por qué de tantas mujeres en este maldito mundo, tenía que ser ella, ¿Por qué?

-¡Por Dios Nicolás!, tampoco es el fin del mundo!. Ahora mejor sal de mi habitación, no pienso seguir desnuda delante de mí hijastro -vocifero, me gire sobre mi eje, y joder, ni siquiera tuvo la amabilidad de colocarse la manta que le pase.

-¡En eso te equivocas!, yo no pienso salir de esta habitación, la que vas a salir eres tú! -dije firmemente, vi como sus ojos se abrieron como platos, aún así, no lo dude un segundo, di dos zancadas la tomé del brazo y la jale hasta llevarla hasta la puerta, si se que estaba desnuda, que mi cuerpo reaccionó tan pronto sentí su piel en mis manos, pero no va ser impedimento para colocarla en su lugar.

-¿Qué haces?, ¿Acaso estás loco? -exclamó con evidente molestia.

-Mi niño, suelta a la señora Leticia, su padre se enojara si sabe que usted la está sacando de su habitación.

-Me importa un maldito pepino, está es la habitación de mi madre, y está mujer no es nadie para estar en ella -grite la mismo tiempo que sentí como Leticia safaba de mi agarre.

-Definitivamente sigues siendo el mismo niñito tonto. ¡Es mejor que no vuelvas a poner ni un solo de tus dedos sobre mi!, o tú papito puede lastimarte -dijo, movió su mano dejando al descubierto por completo de nuevo sus firmes y redondos pechos.

Dejándome en un grave problema conmigo mismo.

Capítulo 2 Jueguito

Leticia

No sé como pude mantenerme de pie en frente de Nicolás, volver a verlo, hizo que todo volviera a mi como una ráfaga de aire.

Quisiera decir que lo olvide, pero no, o creí haberlo olvidado , haberlo sacado de mi corazón, por el contrario lo odio con todo mi corazón, lo odio más que nada en este mundo, pensar que solo lleva una semana, una bendita semana y ya me está haciendo la vida de cuadritos.

Aún así no voy a dejar que me intimide, quiere guerra, pues guerra tendrá, y sé muy bien cómo luchar.

Acomode mi bata, por supuesto que es bastante transparente, quiero hacerle ver su suerte a Nicolás y se muy bien cómo.

Salí de la habitación y caminé justo hacia la cocina, sé que él está ahí, aunque trate de evitarme, sé que él me espera ahí, lo sé.

-¡Buenos días hijo! -dije, se que lo saco de sus casillas con tan solo llamarlo hijo, pero me encanta provocarlo.

-¡Mire Leticia! Le he dicho miles de veces que deje de llamarme hijo, le recuerdo muy bien que usted no es mi madre, y que por su culpa ella está ahora en un manicomio -exclamó Nicolás mientras me fulminaba con la mirada.

-Sí lo sé, no soy tu madre, pero puedo darte el cariño que tú necesitas -dije llevando mis manos a su dorso desnudo. Es lo habitual a esta hora siempre hace ejercicio.

Además muero por hacerlo rabiar, no le pienso perdonar el mal rato que me hizo pasar el día que llegó, además disfruto mucho sus miradas.

-Yo no necesito su cariño, créame señora cuando le digo que la aborrezco con toda mi alma -dijo tan cerca de mí que sentí mi cuerpo estremecer, dios, si tan solo supiera lo que él me provoca, en este momento estaría encima de mí brindándome el placer que tanto deseo.

En fin, deje salir una sonrisa llena de picardía, dije que me vengaría de él, y es lo que haré, aunque mi cuerpo pida otra cosa.

-Ya sabes que no soy una señora, solo tengo tres años más que tú, es más puedo ser tu hermana mayor -dije retrocediendo un poco o de lo contrario voy hacer lo que tanto deseo, «Saltar sobre él como gata en celo»

-Para mí eso es, una señora, una que se metió en nuestras vidas, una que arruinó por completo nuestras vidas, ¿O me va negar que fue por usted que mi padre se divorció de mi madre? -vociferó Nicolás acercándose rápidamente a mi, su boca se movía al compás del viento, era como si un suave murmullo hablara tan cerca de mi que solo me lo imaginé abajo dándome placer, "por Dios, estoy completamente húmeda", y lo peor por él.

-No juegues conmigo niñito, yo no arruine absolutamente nada, tu padre estaba solo y tu madre ya estaba completamente loca, así que como puedes ver yo no tengo la culpa de absolutamente nada, cosa que no puedo decir de ti -dije. Mi respiración ya estaba empezando a traicionarme, mi pecho había empezado a subir y bajar desmesuradamente.

Dios, porque no puedo controlar mis emociones, si tan solo el no hubiera regresado yo estuviera feliz con Mark, disfrutando de la vida que me merezco, pero no, el está aquí, y lo peor cerca de mi.

-Yo no juego Leticia, yo actúo -dijo acercándose más a mi, sus manos se resbalaron por mis muslos hasta llegar donde quería sentirlo.

Bajé mis manos rápidamente y detuve lo que tanto quería, «Sentirlo» Es mejor antes que no haya reversa, se que él lo hace solo por burlarse de mí, y por supuesto que yo no pienso dejar que él lo haga.

-Es mejor que quites tu manos de encima de mi, o tu papito puede llegar en cualquier momento y darse cuenta que su dulce y adorado hijo está colando sus manos en su linda y amada esposa -vocifere, que contrariedad, muero por sentirlo dentro de mí, pero sé muy bien que él solo juega conmigo.

-¡Jaja!, No puedo creer que todavía no le hayas dicho a mi padre absolutamente nada de lo que hubo entre nosotros, es increíble, una semana y tú ni siquiera te atreves a decirle nada, vaya que eres una basura. -Las palabras de Nicolás me golpearon el corazón, pero aún así no puedo dejar que me falte al respeto, sin dudarlo un segundo levanté mis manos y la estampe en sus mejillas, las mismas que solía besar con tanta pasión.

-¡Cállate!, tú no eres nadie para decidir qué le digo o no a Mark -dije, me giré y quise caminar, las manos de Nicolás se enredaron en mis brazos haciendo que me girara por completo hasta quedar de nuevo frente a frente a él.

-Por supuesto que soy, o se te olvida que estás casada con mi padre. Falta ser cínica para seguir aquí después de darte cuenta de quién soy, pero que vas a saber tú de vergüenza, si no la tuviste para meterte con un hombre mucho más mayor -vociferó Nicolás.

Definitivamente Nicolás me odia tanto, o más de lo que lo odio yo a él.

-No, no se me olvida, y suéltame hijito -dije, ví como sus ojos se oscurecieron y se llenaron de irá, grave error, no debí decirlo nuevamente, en fin el me provocó, y yo solo sigo su jueguito

-Nunca, óyeme bien, nunca vuelvas a llamarme hijo -dijo tan cerca que podía sentir su respiración cerca de mi.

Dios, Nicolás me tomó del cuello y beso mi boca, solo que esta vez sus besos no fueron iguales a los que recordaba, está vez estaba cargado de rabia, odio, dolor...

Así que no lo dudé un segundo y me separé de él, estire mi manos y la estampó en sus mejillas, mientras mi pecho subía y bajaba solo por él, por mi querido hijastro, debo estar loca, si, definitivamente si, volver a besar sus labios me hicieron querer tenerlo dentro de mi.

Capítulo 3 En apuros

NICOLÁS

Lleve mis manos a mis mejillas, y las sobé, no niego que ella logra sacarme de mis casillas, ella logra volverme completamente loco.

-Es mejor, que no vuelvas a colocar tus manos sobre mí, o juro que te vas a arrepentir -dije, tomé sus muñecas y las sostuve mientras mire fijamente sus ojos.

Definitivamente ella sigue siendo hermosa, una Diosa. Saber que siento celos, celos de saber que es mi padre quien la tiene en sus brazos todas las noches, "Joder Leticia" me jodiste la vida, te juro que no voy a descansar hasta hacerte pagar una a una cada lágrima de mi madre derramó, porque estoy seguro de que es por ella, solo por ella que mi madre perdió la cordura.

-Y tu no vuelvas a tocarme, me das asco Nicolas, me das asco -dijo, jaló sus manos y salió de la cocina, "mierda, mierda"...

Subí las escaleras, estaba que me llevaba el mismísimo diablo, solo quería darme una ducha de agua helada, es lo único que me calmaría esta horrible sensación de querer tenerla entre mis brazos, solo que me detuve justo en la entrada de su habitación, de la habitación que era de mi madre

Se que dejó la puerta entreabierta solo por provocarme, lo sé, no es la primera vez que lo hace. Y lo peor, no resistí al ver la bata, la misma que hace unos minutos llevaba puesta y ahora está en el maldito piso.

Mire a mi alrededor que mi nana no viniera, con la duda su ingresar o no, se que ella está ahí, sin absolutamente nada, lo se.

Joder Leticia, ¿Qué me estás haciendo? Solo llevo una maldita semana en esta casa y me estás volviendo completamente loco, creo que es mejor irme, va a ser lo mejor, así a mi padre no le guste absolutamente nada.

Sin dudarlo un segundo entré a la habitación, a su habitación, o mejor dicho la habitación que un día fue de mi madre. Camine suavemente hacia al baño y pude sentir como mi pequeño amigo se había puesto grande, realmente apunto de salirse de mis pantalones al verla completamente desnuda.

Lleve mis manos al medio de mi entrepierna, joder, no sé cuanto tiempo pueda resistir, tenerla tan cerca y la mismo tiempo tan lejos, saber que fue mía una y otra vez, y ahora ella se vendió al mejor postor, o a mi padre, no entiendo como el pudo caer en sus redes.

-¡Leticia amor!, ¿Dónde estás?. -¡Joder mi padre! ¿Y ahora en dónde me meto?, no puedo salir de aquí, o de lo contrario él se dará cuenta que estaba en su habitación, y por ahora no se que excusa darle, y mucho menos tengo las pruebas para desenmascarar a Leticia, cosa que pienso hacer y pronto.

Aunque me queme en maldito infierno por meterme en esto, tendré que meterme al baño, no veo de otra, debajo de la cama no es una posibilidad, así que el baño es lo único que puedo hacer.

Sin dudarlo un segundo entré en el baño, y cerré la puerta, logrando captar la atención de mi querida madrastra.

-¡Ahhh! -exclamó ella al escuchar la puerta cerrarse, sin dudarlo un segundo le eche seguro, no puedo exponerme a qué mi padre me vea y justo con su flamante esposa

-¡Shift! -dije caminando hacia ella, lo cual provocó que ella abriera sus ojos de par en par.

-¿Qué demonios haces en mi habitación, y lo peor, en mi baño?, ¡Lárgate!. -Sus manos viajaron a sus enormes pechos, dejándome ver su monte venus al descubierto, joder ¿Cuánto tiempo podré resistir?

-¡Cállate por favor!, mi padre acaba de llegar y no puede saber qué estoy en esta habitación -dije al escuchar la puerta de la habitación abrirse.

-¡Qué!, ¡Estás completamente loco!, ¿y qué haces metido en mi habitación?, ¡Estás completamente loco! -susurró, me acerqué más a ella, y así poder tratar de calmarla.

-¡Leticia Amor!, ¿dónde estás? -dijo nuevamente mi padre, haciendo que Leticia se pusiera claramente nerviosa.

-No digas nada, por favor -dije tan cerca de ella que podía sentir cómo su cuerpo temblaba por mi cercanía, si no fuera porque se que ella no me ama, juraría que tiembla por mi.

-Definitivamente estás loco. Mark, amor estoy dándome una ducha, ¡ya voy! -exclamó Leticia abriéndose paso.

-No entiendo por qué escondes tu cuerpo si bien sabes que lo conozco a la perfección -vociferé mientras mis manos la sujetaban de su brazo.

-¡Es mejor que me sueltes!, o te aseguro que grito -dijo imponente. Sonreí sé muy bien que a ella no le conviene que mi padre nos vea, y más a ella completamente desnuda.

-¡Dale grita!, grita para que todo tu teatrito se venga abajo. -La jale hacia mi, y la pegue tanto que moría por besarla nuevamente.

-¡Suéltame! -exclamó ella.

-¡Estás segura que quieres que te suelte! -dije mientras llevaba mi boca alrededor de su cuello, haciendo que su cuerpo se arqueara hacía atrás.

-¡Leticia amor!, ¿Por qué echaste seguro? -dijo mi padre, vaya por un momento me dejé llevar, joder, ¿Y ahora qué hago? .

La fría mirada de Leticia recorrió mi mirada, a veces me gustaría saber que pasa por su cabeza, ¿O simplemente por qué me hizo todo esto?

-Amor, dame unos minutos, no pensé que estuviera con seguro -exclamó, la sujeté más fuerte sin importarme que aún estuviera completamente desnuda, no quería que escapara de mi, aspire cada gota de sudor que aún salía de su cuerpo... su cuerpo desnudo.

-¡Suéltame Nicolás! Tu papá está afuera, y puede entrar en cualquier momento, por favor es mejor que me sueltes -dijo con su mirada clavada en mi.

-No, no te suelto. Mejor dejemos que nos vea, y así de paso le explicas que te casaste con él por su dinero, y no porque lo ames. Porque estoy seguro que te acercastes a él por su dinero, y como mi madre les estorbaba la mandaron a un maldito manicomio que la volvió loca, nunca lo has amado, nunca lo amarás -exclamé.

La odio, la odio, Leticia no sabes cómo te odio.

-Suéltame, no quiero seguir escuchándote; Claramente sigues siendo un chiquillo, y en cambio tu padre si es un hombre, uno hombre de verdad, uno que me hace vibrar en la cama, en cambio tu solo eres pasado -vociferó a mi odio.

No niego, sus palabras me enceguecerieron por completo el alma, no importó que mi padre estuviese afuera, solo la tomé del cuello y la bese, la bese con tal fuerza, que mi pequeño amigo estaba a punto de salirse de mis pantalones, tanto que dolía.

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