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Un café para el Duque. (Saga Familia Duque. Libro 1)

Un café para el Duque. (Saga Familia Duque. Libro 1)

Autor: : AngellynaMerida
Género: Adulto Joven
Joaquín Duque vive sumido entre sombras y remordimientos. Su existencia se resume a: mujeres, licor, fiestas y derroche. María Paz Vidal es luz, alegría, seguridad, apareció para pintar de colores la vida gris de él; sin embargo él cree que ella es un lujo que no se puede dar. Dos seres distintos: Él es oscuridad. Ella es la aurora. Dos almas gemelas predestinas a estar juntos desde antes de nacer, pero: ¿Será suficiente el amor para rescatarlo de las tinieblas? ¿Podrá el amor vencer a la maldición que pesa sobre los miembros de la familia Duque? Obra registrada en Instituto de Propiedad Intelectual de Ecuador. ©Angellyna Merida, 2019. Registro de Safe Creative: Código: 1910082127863. Prohibida su reproducción total o parcial, transcripciones, plagios, adaptaciones.

Capítulo 1 Introducción

Las hojas secas y ocres que el otoño dejaba a su paso crujían bajo las pisadas del joven, quien se aferraba con suavidad a las pequeñas, manitos de las niñas que lo acompañaban. Caminaba a paso lento, y su mirada iba cubierta de melancolía, respiraba agitado, y el hondo vacío en su alma se hacía presente, como cada año, en aquella fecha.

Una vez que llegó a su destino, su mirada azulada se enfocó en las blancas y frías paredes de aquel lugar, entonces observó a las personas a su alrededor y asintió.

Las ágiles manos de unos músicos tomaron el arco y rasgaron las cuerdas del violín:

«Déjame llorar by Ricardo Montaner» empezó a sonar frente a la fría tumba del mausoleo de la familia Duque, por celebrarse un aniversario más de la muerte de una de las mujeres más importantes en la vida de Joaquín.

La melodía parecía traspasar aquellos fríos muros, y mezclarse con el sonido del viento:

«Iluminada y eterna, enfurecida y tranquila. Sobre una alfombra de hierba ibas volando dormida. Un imposible silencio enmudeciendo mi vida. Con una lágrima tuya y una lágrima mía»

Un indescriptible vacío se instauró en la boca del estómago del joven Duque, quien dejó caer su cuerpo en una de los escalones que daban a la puerta del mausoleo, entrecerró sus ojos por unos minutos mientras su respiración se aceleraba, entonces cuando abrió sus párpados la miró levitando:

El hermoso y largo cabello dorado de la mujer jugaba con el viento, la falda de su vestido blanco se agitaba con el vaivén de la melodía, su rostro seguía siendo tan hermoso tal como él lo recordaba, lo observaba con aquella amplia sonrisa jovial, y su mirada cargada de ternura se reflejaba a través de sus ojos llegando hasta su alma.

«Siempre cuidaré de ustedes, lo prometí» escuchó en un suave murmullo, entonces varias cálidas lágrimas brotaron de los ojos del joven Duque, de pronto unos tibios y pequeños brazos lo rodearon brindándole consuelo.

-No llores papi, nosotras te queremos mucho -se escuchó en la delicada voz de María Fernanda.

Joaquín abrió sus ojos y limpió con el dorso de su mano su rostro, estrechó a sus pequeñas hijas, conmovido hasta los huesos por su demostración de cariño, entonces les sonrió con ternura y las vivaces miradas azuladas de las gemelas se posaron en él.

-Es el momento de colocarle las flores que trajimos -comentó él aclarándose la garganta, entonces se puso de pie y con las manos temblorosas introdujo la llave en la cerradura del mausoleo.

-¿Por qué escogiste lila, papi? -preguntó Malú.

-Porque ese era su color favorito -expresó con la voz entristecida el joven.

-¿El próximo domingo le podemos poner flores rojas? -indagó Mafer.

-Sí mi princesa, el otro fin de semana le vamos a colocar rosas rojas - aseguró Joaquín a su niña, mientras pasaba su mano por la fría lápida y le dedicaba unas palabras en suaves murmullos.

-Papi -escuchó de nuevo y sintió las manos de sus hijas jalando de su chaqueta.

-¿Qué sucede princesas? -cuestionó él inclinando su rostro para mirarlas.

-Dijiste que cuando cumpliéramos cinco años, nos ibas a contar cómo conociste a mi mamá, hoy es nuestro cumpleaños -comentó María Luisa.

Joaquín sonrió y las observó con ternura, su corazón se estremeció al volver al pasado, miró en el rostro de sus hijas a aquella chiquilla de sonrisa traviesa que le cambió la vida por completo, y que le convirtió en el hombre que hoy en día era, entonces pasó con dificultad la saliva y respiró profundo.

-Tienen razón, les voy a contar la historia de un Duque que andaba perdido en la vida, y tuvo la suerte de conocer a una hermosa reina que le alumbró el camino -mencionó suspirando, mientras acariciaba los rubios cabellos de sus hijas, entonces las pequeñas se aferraron a las piernas de él, y lo abrazaron con emoción.

Se sentaron frente al mausoleo y mientras empezaba a narrar la historia, la voz de las gemelas lo irrumpió:

-¡Ya volvieron! -gritaron las niñas.

La mirada de Joaquín se iluminó por completo, su corazón palpitó con fuerza abrupta, tal y cuál la primera vez que la conoció, ella caminaba hacia él, mostrando aquella amplia sonrisa que lo enamoró a primera vista.

-¡Papi! -gritaron los dos pequeñitos que se soltaron de los brazos de su madre y corrieron hacía él.

-¿Por qué demoraron tanto? -indagó abrazando a los chiquitines que se aferraron a sus piernas, y observando con profundo amor aquella verdosa mirada de su esposa.

-Porque estos duquecitos, luego de salir del baño se pusieron a correr por todo el cementerio -comentó ella algo agitada, y se acercó a él-. Escogiste una canción muy linda. -Lo abrazó, y acarició con ternura su mejilla.

-Ella se merecía eso y más -mencionó él, y la tomó de la cintura, la abrazó a su pecho y luego inhaló su aroma tan familiar-. Gracias a ella vos y yo estamos juntos.

La esposa del joven sonrió y su mirada mostró un gran destello de luz. Observó a lo lejos a la mujer levitando y le sonrió, y notó como ella los observaba mostrando en su rostro una infinita paz, y profunda felicidad.

-Cuando era niña prometí que me enfrentaría a brujas y dragones por rescatar a mi Duque, y lo cumplí -aseveró orgullosa, sintiendo su corazón agitado, se reflejó en la azulada mirada de él-, siempre encontraré la forma de regresar a tus brazos.

****

¿Será que el amor triunfó y pudo acabar con la maldición que pesa sobre la familia Duque? ¿Creen en los milagros? ¿Son lectoras de poca fe?

¿Qué opinan? ¿Desean descubrir que sucedió? Lleguemos hasta el final. Les pido no sacar conclusiones apresuradas, lean con calma, y disfruten de la historia.

Si llegaste a esta historia y no leíste: Si me ves llorar por ti, no pasa nada, pero recomiendo hacerlo, para entender esta de mejor manera.

María Paz está por cumplir 17 años cuando conoce a Joaquín, él tiene veinte, sin embargo, en ese lapso ellos no sostienen ningún tipo de contacto sexual. A pesar de que la edad de consentimiento en el estado de New York es a partir de los 16 años Joaquín es un caballero y en ese tiempo, ellos se dedican a conocerse.

Les pido dejar sus comentarios en las reseñas. Gracias por leer.

Capítulo 2 Déjame llorar.

"...Me entenderás, cuando te duela el alma, como a mí..." Frida Kahlo.

****

Manizales- Colombia.

Hacienda la Momposina. Años antes.

Miguel Ángel Duque observaba con melancolía las grandes hectáreas de cafetales que rodeaban su casa. Liberó un largo suspiro rememorando la celebración que realizaba su esposa antes de empezar la cosecha, sin embargo, desde que ella falleció todo cambió.

Miró su reloj de muñeca con impaciencia esperando ver llegar a su hijo menor de Estados Unidos, sin embargo, el jeep que fue por el joven al aeropuerto no aparecía. Presionó sus labios y bajó al gran salón de la casa y cuando se dirigía a la cocina el sonido del motor de un automóvil detuvo su paso. Se acercó a los ventanales de la sala y miró a su primogénito aparecer.

Minutos después el gran portón se abrió, y Carlos Duque entró, observó aquella fría y solitaria casa que se asemejaba a su alma atormentaba, inhaló profundo y caminó hasta donde su padre permanecía de pie.

-Buenas tardes -saludó.

Don Miguel esperó que se acercara a abrazarlo, pero el joven ni siquiera extendió su mano a él.

-Hola, mijo, ¿Cómo estuvo el viaje?

-Dejé de asistir a un seminario importante por venir a tu famosa reunión -espetó resoplando-, por cierto... ¿Tu hijo favorito, ya llegó? -averiguó inclinando su cuello de un lado a otro, cansado.

Don Miguel lo avistó con seriedad, negó con la cabeza.

-Es el aniversario de la muerte de Luisa Fernanda -comentó con la voz fragmentada, y la mirada llena de tristeza.

-Me hiciste venir de Boston, para una misa -rebatió. -¿Pensás que va a revivir? -bufó.

-¡Basta! -Gritó Miguel-. Estoy cansado de tu insolencia -reclamó-, te hice venir porque Luisa Fernanda siempre te brindó cariño, espero que eso no lo hayas olvidado, y respetes su memoria -enfatizó agitado, dio vuelta y se dirigió a la cocina.

La mirada de Carlos se nubló de tristeza, observó sobre el buró del comedor las fotografías de aquella dulce mujer, entonces su garganta se secó. Tomó su equipaje, y cuando giró se turbó al no saber a dónde dirigirse, no deseaba ir a la casa de su madre, pero tampoco quería permanecer en la Momposina, se meció el cabello contrariado.

****

-¿Alguien sabe por qué Jairo no viene con Joaquín del aeropuerto? -investigó Miguel al entrar a la cocina.

Carmenza dejó de mecer el sancocho que estaba preparando para recibir al joven Duque, y dirigió su rostro a su patrón.

-Están en la ciudad, pero el niño Joaquín le pidió a mi hijo llevarlo a otro lugar. -Suspiró con tristeza.

Don Miguel pasó con dificultad la saliva, cogió un vaso y vertió un poco de agua, bebió un sorbo del líquido intentando pasar aquel nudo que se quedó en su garganta.

****

«Jaime Molina by Rafael Escalona» sonaba a todo volumen en las bocinas del jeep que Jairo conducía a través de las calles de Manizales.

-«... Recuerdo que Jaime Molina. Cuando estaba borracho, ponía esta condición. Que, si yo moría primero me hacía un retrato. O, si él se moría primero le sacaba un son» -Entonó Jairo cantando con sentimiento mientras Joaquín miraba a través de la ventana del auto la ciudad y mecía sus manos al ritmo de la melodía.

-«Que, si yo moría primero me hacía un retrato. O, si él se moría primero le sacaba un son...» -prosiguió el joven Duque haciendo dúo con su amigo, entonces ambos muchachos entonaron la melodía.

Luego de unos minutos el joven Rincón aparcó el vehículo en una licorería y por pedido de Joaquín bajó a comprar una botella de whisky del más caro, después de un par de minutos Jairo apareció con una bolsa de papel enseguida por la ventana le entregó la botella a su amigo, junto a dos copas de plástico.

-Creo que es demasiado pronto para que te pongas a beber -comentó Jairo-, el patrón se va a molestar.

Joaquín negó con la cabeza y ladeó los labios enseguida destapó la botella y vertió el licor en su vaso y bebió de un solo golpe.

-A tu patrón no le interesa lo que sus hijos hagan -comentó-, él vive en su mundo, y yo en el mío -mencionó con simpleza. -«Qué bonita es esta vida, y aunque no sea para siempre si la vivo con mi gente es bonita hasta la muerte con aguardiente y tequila» -entonó bailando en el auto, entonces Jairo le siguió el ritmo.

Varios minutos después el joven Rincón estacionó el jeep frente al cementerio de la ciudad.

-¿Vos querés hacer esto? -averiguó Jairo al notar el semblante apagado de su amigo.

Joaquín bebió tres tragos de whisky pensando que el alcohol le daría las fuerzas necesarias, entonces suspiró profundo.

-Hace años que no la visito -susurró.

-No fue tu culpa -mencionó Jairo.

La azulada mirada del joven Duque se llenó de lágrimas, su pecho ardió y su respiración se pausó por segundos.

-De no ser por mí, ella estaría viva -murmuró liberando su dolor.

-Fue un accidente -aseveró Jairo-, vos no tuviste nada que ver.

Joaquín negó con la cabeza y bajó del auto. Inhaló profundo porque sentía que se ahogaba al rememorar todo aquello que sucedió doce años atrás. Luego de unos minutos con el mismo vacío en su alma y el peso de la culpa caminó a paso lento hasta el mausoleo de su familia. Cuando llegó sus ojos liberaron aquel torrente de lágrimas que estaba conteniendo, recargó sus manos sobre el cristal y leyó el nombre de su madre en la lápida.

-Yo... no quería que eso pasara -susurró sollozando-. Te extraño tanto -aseveró con la voz fragmentada y el corazón hecho trizas.

-No fue tu culpa, ¿cuándo vas a entender eso, mi niño? -habló Luisa Fernanda levitando cerca de su tumba, pero su hijo no podía escucharla-, necesito que te liberes de esa culpa, que todos me dejen descansar en paz -mencionó con tristeza, intentó acercarse a Joaquín y poder rodearlo de su energía, pero cada vez que veía sufrir a alguien de su familia ella se debilitaba y se desvanecía.

****

Hacienda La Momposina- Manizales, Colombia.

Carlos no bajó a almorzar con su padre, y Joaquín tampoco llegaba, entonces Miguel envuelto en esa misma soledad que lo acompañaba desde hace años, se sentó a comer escoltado de aquel doloroso silencio.

Justo cuando se llevaba una cucharada con sopa a la boca, el ruido ensordecedor de la música irrumpió en la hacienda, al mirar por la ventana observó a su hijo menor bajar del jeep tambaleándose. Con la botella de whisky en la mano y abrazado a Jairo ingresó a la hacienda.

-Otra vez ebrio -recriminó don Duque observando con tristeza a su hijo.

-La vida hay que festejarla papá -mencionó el joven-, estaba celebrando mi regreso a la tierrita.

-El hijo pródigo, borracho como siempre -farfulló Carlos, observando a su hermano con rencor-. Sigue alcahueteando la vida llena de derroche de tu hijo favorito -recriminó a Miguel.

El señor Duque suspiró profundo no dijo nada, dio vuelta y se encerró en su despacho, entonces tomó entre sus manos una fotografía de su esposa.

-Cuánta falta me haces -expresó con la voz llena de amargura. -¿Qué hice mal? -Cuestionó-, si vos vivieras...

-Miguel, abandonaste a tus hijos, te encerraste en tu dolor, y te olvidaste de ellos mi amor -mencionó Luisa, pero él tampoco podía escucharla-, me gustaría tanto que encontraras una nueva ilusión, y me dejaras ir...

****

Al día siguiente.

Las campanas de la pequeña capilla de la hacienda repicaron con fuerza.

Joaquín estuvo a punto de caer de su cama al despertar sobresaltado, enseguida miró la hora en el móvil, y se llevó la mano a la cabeza.

-La misa -murmuró.

Entró a bañarse y luego se colocó unos pantalones negros de casimir y una camisa en el mismo tono, miró sus enrojecidos ojos en el espejo, arregló su cabello, y se colocó las gafas.

Aún con la reseca de la tarde anterior, ingresó a la capilla. Miró a su padre sentado en primera fila, su hermano mayor en la segunda. Varios conocidos y amigos de la familia estaban acomodados en las demás bancas.

Enseguida se sentó en donde pudo, y el sacerdote empezó con la ceremonia. Sus manos empezaron a temblar al momento que el religioso nombró a su madre. Varias gotas de sudor inundaron su frente, y las lágrimas que estaba reteniendo, cayeron de sus ojos. El azulado mar de su mirada se transformó en una marea gris, tal como era su vida, desde el día que aquella tragedia ocurrió, entonces sin decir más se puso de pie, y salió a toda prisa del lugar. No podía permanecer un minuto más ahí, porque sentía las miradas inquisidoras de todos, acusándolo. Se llevó las manos a la cabeza recordando las palabras de su hermano: «Estuviera viva, si vos no le hubieras dado quejas, vos la mataste»

Joaquín sintió su estómago revolotear, sintió arcadas y vomitó en uno de los tachos de basura de la hacienda, entonces decidió que había sido un error volver, por lo que caminó en dirección a la hacienda para preparar su equipaje, pero miró un jeep, solicitó las llaves, y se marchó a la ciudad, buscando un bar en el cual perderse en el alcohol para olvidar su tragedia y aquel sentimiento de culpa que no lo dejaba en paz.

****

Cuenca- Ecuador.

Un día después.

María Paz se despidió con un fuerte abrazo de sus abuelos, enseguida pasó a la sala de abordaje del aeropuerto Mariscal Lamar, tomó asiento mientras la llamaban para subir al avión con destino a la capital.

La joven revisó su itinerario de vuelo en su móvil. Observó que debía esperar una hora en Quito, y tres en Bogotá, sin embargo, no tenía prisa por llegar a Estados Unidos, al contrario, le encantaba comprar cosas en Duty free, y alimentarse en los aeropuertos, así que sacó un libro de su bolso y se puso a leer.

Luego de llegar a la capital y esperar una hora, abordó su vuelo con destino a Bogotá, sin embargo, una extraña sensación percibió al subir a aquel avión. Las piernas le temblaron y no supo por qué razón, sabía bien que viajar en un aeroplano era más seguro que hacerlo por tierra, y ella no les tenía miedo a los aviones, pero esa extraña sensación era indescriptible, entonces se acomodó en su asiento, y cerró sus ojos.

****

Las cortinas lilas de aquella cálida habitación se agitaron con la suave brisa. La niña de largo cabello claro perfiló en sus labios una amplia sonrisa, y su mirada aceitunada se iluminó al observar a la hermosa mujer vestida de blanco acercarse a ella.

-¿Qué dibujas? -cuestionó con esa dulce voz.

-Un castillo -respondió la pequeña de siete años.

-¿Puedo ver? -investigó la señora, y se sentó a su lado.

La niña tomó entre sus delicadas manos el cuaderno de dibujo, y se lo mostró, entonces observó como la dama avistaba con atención.

-¿Te gustan los príncipes? -investigó la mujer.

-Sí -respondió con naturalidad la pequeña-, pero mi mamá dice que no son como los de los cuentos, ni llegan en caballo, y tampoco debo esperar que vengan a liberarme de la torre -informó frunciendo los labios.

La mujer sonrió y la observó con infinita ternura.

-¿Y te gustaría ser tú la que rescataras al príncipe? -preguntó.

María Paz abrió sus ojitos de par en par, y una amplia sonrisa se dibujó en sus labios.

-¡Claro! -respondió saltando de su silla-, yo me enfrentaré a los dragones y brujas por defenderlo -aseveró tomando en sus manos su regla y simulando sostener una espada.

-Me agrada tu entusiasmo, pequeña -comentó la mujer-, sin embargo, no será tan sencillo librar todo lo que mantiene encarcelado a ese príncipe -mencionó con la voz entristecida-, pero confió en ti, por eso te escogí para salvarlo -aseveró.

-¿Y a dónde tengo que ir? ¿Cuál es su reino? -inquirió con inocencia la pequeña.

La mirada de la mujer se inundó de nostalgia.

-Él vive en un país lejano, rodeado de hermosa vegetación, su castillo tiene amplias terrazas de madera -mencionó-, pero está muy solo, triste, y yo no puedo ayudarlo, no obstante, tú sí, esa es tu misión María Paz, debes rescatar al Duque -expresó y se desvaneció.

****

Aeropuerto El Dorado- Bogotá, Colombia.

La joven despertó de su letargo al momento que el avión aterrizó en tierras cafeteras, abrió sus ojos y una extraña sensación percibió en su pecho, entonces la última frase mencionada por aquel ángel retumbó en su cerebro:

«Debes rescatar al Duque»

La chica se llevó los dedos a los labios, se quedó pensativa.

-No comprendo -susurró monologando. -¿Será que necesito un psiquiatra? -se cuestionó.

****

Queridos lectores les dejo el primer capítulo de este libro. Espero estén disfrutando de esta historia, no olviden dejar sus reseñas. ¿Qué les parece todo lo que sucede en la familia Duque? ¿Y qué opinan de la premonición de María Paz?

Capítulo 3 El primer encuentro.

"Solo una vez te miré. Y eso bastó para atarme. A esos, tus ojos de sol. Y más nadie que yo. Será quien te ame"... Carlos Montilla.

****

Bogotá- Colombia.

Para olvidar aquel sueño que la perseguía desde la niñez, se puso a caminar por el aeropuerto. Tenía tres horas para estar ahí, sin embargo, por más que intentaba desechar aquel sueño no podía, entonces fue a las diversas tiendas y adquirió varios dulces, y obsequios, enseguida su mirada se iluminó al leer el letrero de su café favorito.

«Amo Colombia» dijo en su mente y sonriendo con amplitud caminó en dirección a aquel lugar. A medida que se acercaba su corazón se aceleraba y no comprendía nada. Presionó con fuerza su bolso, miró a todo lado, creyendo que quizás eso que le sucedía era una advertencia para estar precavida.

Se colocó en la fila, detrás de un muchacho alto, que de vez en cuando se tambaleaba, entonces la jovencita guardó una distancia prudente, justo en el momento que le tocaba el turno a aquel joven de hacer su pedido, al acercarse estuvo a punto de caer por lo que sin querer hizo derramar a un hombre su vaso de café, aquel sujeto empujó al chico.

María Paz abrió sus ojos de par en par, presionó sus puños, indignada, miró a todo lado en busca de los guardias, de pronto sintió en sus pies un golpe, al inclinar su rostro observó al joven tendido en el suelo.

-No fue su culpa -mencionó la jovencita-, yo vi que fue un accidente -espetó mirando al hombre que empujó al chico al piso, con seriedad.

-Es un ebrio que no se fija -escupió aquel caballero de edad madura.

María Paz se inclinó con temor de que el joven estuviera herido, lo miró con atención.

-¿Estás bien? -cuestionó colocando sus manos sobre la cabeza de él, para de esa forma retirar sus pies, entonces el chico al escuchar esa dulce voz, parpadeó un par de veces, aletargado y confundido observó el bello rostro de la muchacha.

-Debo haber muerto, y vos sos un ángel -murmuró él.

El cuerpo entero de la jovencita vibró al sentir un extraño corrientazo recorrer cada poro de su piel, observó aquella mirada azulada, y parpadeó un par de veces sintiendo como su corazón palpitaba desenfrenado.

El corazón del joven colombiano dio un vuelco al momento que se incorporó para sentarse, se talló los ojos, y la miró, ella no parecía real, sino una aparición divina, los rayos de sol que se filtraban por los enormes ventanales se reflejaban en su larga cabellera castaña, su piel dorada se asemejaba a las espigas de trigo, y su sonrisa se quedó grabada en su memoria.

María Paz cruzó su mirada con él, entonces su corazón prosiguió bramando de forma abrupta en su pecho, a pesar de que el joven se veía confundido, ella notó en sus azules ojos la misma melancolía que reflejaban los orbes de la mujer de sus sueños.

«Esa mirada» se dijo en su mente y sacudió su cabeza.

-¿Qué sucedió señorita? ¿Usted fue testigo? -cuestionó un guardia que se acercó con un paramédico.

María Paz asintió y se dirigió a las personas que estaban en la fila de la cafetería.

-¿Verdad que fue un accidente?

Los pasajeros que presenciaron el hecho confirmaron la versión de la jovencita, entonces el médico revisó al chico, mientras el hombre del incidente observaba furioso.

-¿Quién me responde por mi camisa y mi café?

María Paz se puso de pie, y miró al sujeto de pies a cabeza, entonces sacó de su bolso varios billetes de veinte dólares y se los extendió.

-¿Suficiente? -cuestionó irguiendo su barbilla, observando al hombre con molestia. El sujeto elevó su rostro para mirar a la bella chica, pues la jovencita era más alta que él.

-Sí -espetó en tono seco y se marchó.

María Paz esperó que terminaran de asistir al muchacho, entonces sintió el piso temblar bajo sus piernas cuando él se incorporó y caminó hacia ella.

-Gracias -expresó el joven esbozando una amplia sonrisa, entonces la chica clavó su mirada y observó con atención sus ojos.

«Me estoy volviendo loca» dijo en su mente, entonces esbozó una sonrisa.

-No es nada -expresó aclarándose la garganta, enseguida frunció la nariz al notar el aliento a alcohol de él, entonces con discreción lo inspeccionó de pies a cabeza: era alto, delgado, de piel clara, sonrisa seductora, llevaba la camisa mal acomodada, y sus rizos castaños, alborotados.

Joaquín sin pérdida de tiempo se aproximó más a ella, necesitaba saber que era una alucinación, y a pesar de que él había salido con una gran cantidad de mujeres hermosas, aquella jovencita de sonrisa traviesa tenía algo que captaba su atención y activaba sus sentidos, pero no de la misma manera que aquellas damas con las que tan solo sostenía encuentros casuales, no, la atracción que la chica ejercía sobre él no era trivial, iba más allá de lo físico.

-Parece que te debo dinero -mencionó metiendo las manos en sus bolsillos. -¡Qué vaina, hombre! -exclamó-, no dispongo de mucho efectivo, pero si vos me esperas acá, voy al cajero y me devuelvo, enseguida.

María Paz sonrió, y lo observó con ternura.

-Creo que necesitas con urgencia un café bien cargado -sugirió ella-, no me debes nada, para la próxima: procura viajar en tus cinco sentidos -recomendó, alejándose de él.

Joaquín entrecerró sus ojos maldiciendo su suerte, pensó que ese día se había levantado con el pie izquierdo, pues todo le salía mal, y ahora que tenía la oportunidad de conquistar a una bella chica, su aliento a alcohol alejaba la presa, entonces él no insistió.

Minutos después María Paz se sentó en la única mesita disponible y colocó su bandeja con su sándwich y su cappuccino. Mientras Joaquín estaba de espaldas ella lo contempló mirándolo embelesada, y él por un extraño impulso giró su rostro y la observó, sonrió con orgullo al notar como las mejillas de la jovencita se tiñeron de carmín.

-¡Qué vergüenza! -susurró ella en voz baja sintiendo su rostro arder, entonces decidió alejarse de esa tentación, y justo cuando se ponía de pie, la voz de él erizó su cuerpo.

-¿Puedo sentarme con vos? -cuestionó.

-Yo ya me iba, la mesa está libre -respondió mirándolo a los ojos.

-No has terminado de comer -dijo él señalando con su mano el sándwich sin probar.

-No acostumbro a entablar amistad con desconocidos -expresó ella con sinceridad.

-Eso se soluciona muy fácil -contestó él colocando su bandeja sobre la mesa-. Joaquín, Duque de Manizales -expresó sonriendo.

María Paz abrió sus labios y una gran O se formó en ellos, se aferró con su mano a la silla porque sintió que las piernas le fallaron. «Un Duque» dijo en su mente notando como su corazón retumbaba con fuerza.

Joaquín arrugó el ceño mirando el rostro lleno de sorpresa de la joven, de pronto la estridente risotada que ella soltó se escuchó en los alrededores.

-¿Es broma, cierto? -cuestionó sonriendo divertida.

El joven colombiano respiró profundo fascinado con aquella sonrisa, y esa mirada llena de brillo, y energía.

-¿Tengo cara de payaso? -inquirió-, además no te han enseñado que a los miembros de la realeza se los debe saludar con una reverencia.

María Paz bufó y negó.

-Yo jamás inclino mi cabeza ante nadie -espetó con seguridad la jovencita-, además la realeza solo vive en Europa, y no hablan con ese acento tan extraño que tú tienes.

-Mucha gente desconoce la existencia de miembros reales en América -dijo él, y la invitó a sentarse, sin embargo, ella tomó su sándwich y su vaso de café.

-Te equivocas, puede que ese cuento te funcione con las bobas que se lo creen, conmigo no, yo no soy pendeja -mencionó y giró alejándose de él.

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Queridos lectores ¿Qué les pareció el primer encuentro del Duque de Manizales, y María Paz? ¿Qué opinan? Vayan dejando sus comentarios en las reseñas.

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