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Un contrato con él

Un contrato con él

Autor: : yumyp1901
Género: Romance
Él un hombre de negocios, empoderado, y mujeriego, con uno de los peores defectos, la prepotencia. Una noche decide ir a un club nocturno, a celebrar el cierre de un negocio importante, es ahi donde conoce a vanesa, una chica linda, la sensación del momento, todos los hombres deseaban tenerla , cosa que empeoró su deseo. Vanesa una mujer trabajadora, estudiada y con muchos problemas financieros, esta a punto de quedarse sin techo, cuando una compañera de piso le propone un trabajo un poco indecente, pero ante su necesidad, no le quedas más de otra que aceptar la propuesta. Una noche, igual como todas ella recibe la proposición más con indecorosa de toda su vida, jamás olvidaría los acontecimientos de esa noche, ese hombre había marcado su vida. Pasaron los meses, se establece y decide abandonar ese trabajo en el club nocturno, la vida le ofrece la oportunidad de conocer el empleo decente y de sus sueño, pero ¿que pasará con Vanessa, cuando se entere que su nuevo jefe, es el hombre de aquella noche.?

Capítulo 1 Mi historia primera parte

Estaba sentada en la terraza de mi edificio, tenía un cigarro en la mano y en la otra una botella. Mi vida era un jodido infierno, no encontraba la manera de salir de esta maldita miseria. Debía cinco meses de renta y ya no tenía nada para comer. Me botaron del trabajo porque no quise acostarme con el jefe. Por muy necesitada que esté, jamás me acostaría con un hombre casado y viejo. Me gustaban las cosas buenas. Si me iba a comer un trozo de carne, que fuera de primera calidad.

Estaba viendo el cielo cuando mi vecina, Tiffany, se sentó a mi lado.

-La vida te está dando duro, Vanesa. ¿O son ideas mías? -me dice mientras me mira.

-La vida me está dando durísimo, Tiffany. He quedado sin empleo, debo muchos meses de alquiler, van a correrme, no tengo qué comer, no tengo nada, estoy demasiado deprimida -digo llorando.

-¿Por qué no vienes a trabajar a mi local? Es un poco indecente y chulesco, pero necesitan una bailarina. Luego podrías subir de cargo y llegar a ser la administradora del lugar -dice mirándome mientras le da un jalón a su cigarro.

-No sé, es solo que nunca he intentado trabajar de bailarina o prostituta, no sé realmente. La vida es una mierda.

-Si quieres o necesitas, avísame y te ayudo. Debo irme.

La veo salir de la azotea y me quedo aquí sentada viendo la Luna. Había perdido a mis padres en la frontera entre México y Estados Unidos. Me había tocado luchar sola. Mi hermano se perdió en el desierto. Esa era la película que mi mente tenía grabada siempre. Quería trabajar, ganar suficiente dinero y poder recuperarlo, pero al parecer la vida me tenía otros planes. Nunca he podido estar económicamente estable, ni tampoco he sido feliz. Llevo tres cruces en mi hombro y en mi alma, nadie podría con eso.

Camino directo a mi pequeño apartamento en el último piso. Demás está decir que esto era una verdadera pocilga, pero no tenía suficiente dinero para arrendar otra cosa, así que tuve que morir aquí. Ahora el problema está en que no tengo empleo, así que tampoco podré pagarlo. Abro la puerta haciendo magia con la vieja manilla. El dueño se negaba a arreglarla, es un tacaño extremo. Deberían invitarlo a uno de esos programas donde las personas tienen esa enfermedad impulsiva.

Después de luchar con la puerta, logro abrirla. En el interior del lugar no había nada, ni muebles, ni mesa. Ni siquiera había bombillos. Vivía sumida en la oscuridad. Me bastaba con la luz de la luna. No es que quisiera vivir así, es lo que me había tocado.

Cuando estoy a punto de acostarme en aquel viejo colchón, alguien toca la puerta. Camino con toda la paciencia del mundo. La persona que tocaba estaba impaciente. Al abrir, me encuentro con la cara furiosa de Tomás, el dueño de este cochinero.

-Señor Tomás -digo fingiendo respeto.

-Ningún señor. Quiero que te vayas de mi departamento. Debes muchos meses de renta. O pagas o te vas.

-Señor, no tengo dinero. Por favor, solo déjeme quedar esta noche. Le prometo que mañana le pagaré.

Suspira: -Si no pagas antes de las cuatro de la tarde, estás fuera. Estás advertida.

Vuelvo a adentrarme a la pequeña habitación. A pesar de ser un nido de ratas, trataba de mantenerlo limpio. Me gustaba la limpieza, y aunque fuera difícil de creer, me gustaba andar limpia. Pero casi ni tenía ropa, así que hacía magia con lo poco que tenía. Intento dormir, pero la angustia me quema. ¿Qué se supone que debía hacer? De repente, las palabras de Tiffany llegan a mi mente. No quedaba de otra, debía aceptar su oferta.

Me pongo los zapatos y salgo corriendo hacia la puerta de Tiffany. Justamente va saliendo, así que la llamo.

-Tiffany.

-Dime, nena.

-Acepto.

-¿Qué cosa?

-Acepto trabajar en tu bar -digo no muy convencida, pero no hay otra opción.

-¡Oh! Qué bueno, entonces vamos de una vez -contesta mientras cierra su puerta. Este lugar se parecía mucho a su personalidad. No era una mujer fea, pero estaba acabada. Vestía vestidos de lentejuelas y tacones altos. A mi parecer, se maquillaba demasiado. Todos sabíamos a lo que se dedicaba, pero nadie la ofendía ni la juzgaba. Al final, este era el peor barrio del país, y cuidado si no del mundo

Capítulo 2 Mi historia segunda parte

Salimos del edificio camino al bar. Tuvimos que tomar varios autobuses y caminar unas cuantas cuadras. Todo el mundo saludaba a Tiffany, distintos hombres con distintos vicios. Ella los saludó a todos de la misma manera, así que no me preocupé en preguntar; eso tampoco era mi asunto.

Caminamos por un hermoso pasillo, llegando a la oficina de quien supongo es el jefe o encargado del lugar.

-Buenas jefe, te traigo a la chica. Te hablé de ella la otra noche -comenta Tiffany, así que volteo a verla.

¡Así que están hablando de mí!

¿Acaso tenía todo esto planeado?

-Perfecto, pasa, cariño. No mordemos. Cuéntame, ¿cómo te llamas?

-Vanesa, señor.

-Mucho gusto. Toma asiento.

Hago lo que el hombre dice mientras rebusca en su escritorio unos papeles. Lo observo detenidamente. No es un hombre viejo, al contrario, bastante joven para estar manejando este lugar. Tenía los ojos verdes y su piel era de un color canela bastante lindo. Llevaba puesta una gorra con el nombre de la ciudad.

-Mira, Vanesa, este es un formulario y un contrato. Puedes leerlo. En este momento estamos solicitando una bailarina. Si aceptas el empleo, fíjate que una de las cláusulas especifica que debes bailar en ropa interior debidamente decorada. Te entrenaremos y te pagaremos un sueldo base. Si los hombres te dan propina, será tuya. El local no te pide ningún porcentaje. Si deseas mantener relaciones con algún cliente, deberás rentar una de las habitaciones. También firmarás un acuerdo de confidencialidad. Todos los hombres que nos visitan son ricos y poderosos. Tienen una reputación que cuidar, así que en boca cerrada no entran moscas, cariño. Aquí tienes un bolígrafo. Tómate tu tiempo para leer. Puedes empezar hoy mismo.

Leo detenidamente el contrato. Demasiadas palabras, demasiadas cosas legales. No soy ninguna ignorante. Me gradué como contadora en una buena universidad, pero eso no lo diría, al menos no en este momento.

-Acepto.

Estampo mi firma en aquel documento. Me siento como si estuviera haciendo un pacto con el diablo.

-Entonces, bienvenida al Infierno, cariño.

Luego de hacer el papeleo, verifico el monto de mi pago. No es poco, pero tampoco mucho. Así que está bien. Más adelante buscaría otra cosa mejor. Necesito salir del atolladero en el que estoy.

Caminamos por todo el lugar, donde me presentan a las otras chicas. Una se llama Oreana, la otra Estefanía y Rebecca. Estas tres son bailarinas, y mi coreografía es otra cosa. La mujer me mira muy feo, pero su nombre es Rita o algo así, me han dicho. Porque la muy descortés no se presentó. De todos modos, tampoco es que me importe mucho. Estoy decidida a aprender, así que Tiffany me presta un uniforme deportivo para practicar.

Empiezo esta noche, así que le meto duro al entrenamiento. Cuando dan las ocho de la noche, todas las chicas se están maquillando, y yo solo miro el espejo. No sé cómo usar ninguna de esas brochas.

-Cariño, ¿qué ocurre? -pregunta Rebeca. En las horas que compartimos juntas, me gusta mucho su forma de ser.

-No sé cómo usar esto. Jamás me había maquillado.

La vergüenza tiñe mis mejillas.

-No te preocupes, chicas, ayuda. Tenemos una virgen en el grupo -Escucharla decir eso me hace reír, así que asiento.

Todas vienen en mi rescate. Cada una se encarga de una cosa diferente. Cambian mi forma de verme, desde mi cabello hasta los pies. Cuando miro mi reflejo en el espejo, casi me muero. No soy yo, soy otra mujer realmente hermosa.

-¡Oh, Dios santo! Eres hermosa. Todos matarán por ti -dice Rebeca, mientras Estefanía asiente con la cabeza.

Pasan las horas y el lugar está lleno de hombres bien vestidos y de distintas edades. Estoy realmente nerviosa.

-No tengas miedo. Te acostumbrarás. Cuando creas que no vas a poder, solo concéntrate y cierra los ojos. Imagina que estás en el mar y que nadie te mira. Te moverás al ritmo de las olas, déjate llevar por la música, nada más.

Escuchar ese consejo de Tiffany me relaja un poco. Ella me entrega el atuendo, consistente en ropa interior de encaje rojo, decorada con lentejuelas rojas y una hermosa máscara de plumas del mismo color.

-Gracias.

Cambio de ropa rápidamente. A la hora de salir, escucho que un hombre con máscara decorada de blanco me apoda "la dama de hierro". Salgo temerosa. Mis piernas parecen gelatina, mi cuerpo está helado. En medio de la tarima hay un largo tubo en el que debo comenzar a bailar. Los hombres me miran, nadie dice nada. Ni siquiera hay ruido en el lugar. La melodía llena mis oídos y cierro los ojos siguiendo el consejo de Tiffany. Comienzo a bailar de manera sensual, como si mi cuerpo se convirtiera en el aire.

Subo al tubo y lo hago tan mío, entregándome por completo a la canción. Cuando termina la melodía, abro los ojos y veo a los hombres encantados y vuelven locos por mi baile. Así que pido que coloquen otra canción y me animo a acercarme a ellos. Solo uno intenta toquetearme y le doy un manotazo. Por cada mesa que paso, dejo un baile sensual, ganando muchas propinas, las cuales coloco en mi ropa interior. No tengo donde más guardarlas. Cuando termino con mi actuación, todos me piden a gritos. Desde esa noche, mi vida cambió. Me convertí en la mejor del lugar. Cada día llegan muchísimos más hombres de todos los lugares para conocer a la dama de hierro. Solicitan acostarse conmigo, ofreciéndome elevadas cantidades, pero no he venido a eso. Quiero algo mejor. No puedo olvidar nunca cuál es mi propósito, así que me lo repito todas las mañanas.

Capítulo 3 Él

Hoy estaba cumpliendo cinco meses desde aquel día que llegué al club, resulta que la coreografa se había disculpado conmigo, según ella me confundió con alguien más, obviamente ese cuento no me lo creía mucho, pero para llevar la fiesta, en paz decidí hacer borrón y cuenta nueva, cada día me enseñaba más pasos, hoy sería un día especial pues unos inversionistas rusos vendrían al lugar, no se nos dio más explicación, ni detalles, tampoco era que me importaba mucho, aún vivía en la pocilga, cuando saliera de esta mala vida, me marcharía a un mejor lugar, enterrando mi pasado.

Llegó a el infierno a las dos de la tarde para ensayar ya todas están en el proceso, así que me uno a las chicas. Pasadas las siete de la noche me estaba preparando, había aprendido a maquillarme y arreglarme muy lindo, no me gustaba para nada llamar la atención, nuevamente el lugar estaba full, no pensé que vendrían tantos hombres, pero no importaba, haría mi trabajo, las propinas me ayudaban muchísimo, estaba reuniendo para buscar a mi hermano, necesitaba encontrarlo y tener una mejor vida, necesitaba vivir bien.

Todas las chicas fuimos llamadas para ayudar a servir tragos, me tocó la mesa principal, estos Hombre hablaban un español bastante marcado, así que era divertido, camino hacia la mesa asignada y preparo sus bebidas, pero la voz de un hombre hace que mi cuerpo tiemble, ¿pero que mierda?

-Cariño ¿cómo te llamas?

-Para ti soy señorita, no te confundas- contesto seria mientras sirvo su trago.

-Entonces señorita, podría decirme su nombre-Pregunta el hombre con una voz imponente.

-Me llamo lola la anaconda.

¡Me iría a el infierno por mentirosa! Naaah es cierto que ya estaba en el.

-Bueno lola la anaconda, me gustaría tomarme un trago contigo ¿podrias?

-No tengo permitido tomar con los clientes.

Lo miro fijamente, era un hombre demasiado guapo, incluso me atrevería a decir que el más bello del lugar, sus imponentes ojos grises me hacían querer besarlos, sus labios carnoso y firmes, su cabello castaño un poco largo y desordenado, llevaba un traje perfecto hecho a la medida de tres pieza, desprendía un aroma delicioso, incluso su aliento era perfecto.

-Entonces hablare con tu jefe, ninguna mujer se me resiste, ¿porque tu si? Puedo darte lo que me pidas.

Mientras hablaba me miraba fijamente sin pestañar, tratando de hacerme doblegar, pero estaba equivocado, no podría conmigo.

Aunque pensandolo mejor esta podría ser la oportunidad de mi vida, este hombre se notaba que tenía los recursos necesarios para ayudarme a encontrar a mi hermano, le daría mi alma entera si me ayudaba.

-Podría aceptar un trago, si me ayudas en algo-respondo tanteando el terreno

-Te daría el cielo, si me acompañas por unos tragos..

-Esta bien, pero debes esperar que termine mi baile, soy la estrella de la noche, así que tendrás que esperar, luego vendré por ti-contesto con chulería, mientras doy la vuelta dirigiendo hacia la tarima, camino de manera sensual, necesitaba impresionar a este hombre.

Cuando comienzo a bailar, los hombres estaban como locos, diciendo babosadas, dándome mucho dinero, el cual tomaba sin ningún pudor, cuando llego la hora de bailar en el dichoso tubo, no cerré mis ojos, al contrario fije mi mirada en el, no sabía ni su nombre y me tenía rendida a sus pies, nunca había bailado con los ojos abiertos, siempre los cerraba para poder digerir lo que hacía, pero su sola presencia, me hacía sentir segura, llámenme loca, pero este hombre me daba en una sola mirada toda la paz que necesitaba.

Suelto el gran tubo de metal y camino con seducción a su mesa, moviéndome sensual, pronunciadamente, mientras el me veía con un deseo exorbitante, agarro su corbata y lo atraigo hacia mí, quedando a pocas distancia de su boca, como toda una loca, lo beso, estampo mi boca a la suya, al principio no me corresponder pero después actúa, tomándome de la cadera y sentándome en sus piernas, profundizando más el beso, la multitud se vuelve loca, así que decido despegarme de el, alejándome del lugar.

La música termina y salgo dispara a mi camerino ¿Qué había hecho? Yo no era asi, las chicas me esperan.

-¿Qué te paso? Estuviste fenomenal, lo haz besado-dice rebeca

-Estuviste maravillosa-comentan las demás, pero no puedo soltar una sola palabra porque alguien toca la puerta, es él.

-Hola, crees que podría hablar contigo.

Esta mirándome serio, todas lo miran mientras entra al camerino, nadie dice nada, hasta que Estefanía abre su linda boca

-Chicas vámonos, de todos modos ya terminamos, es toda suya-dice sonriendo, pero él ni siquiera la mira, lo que provoca que todas salga casi corriendo del lugar.

-Perdóname si me pase con el beso, siempre que bailo me dejo llevar, lo siento muchísimo.

-Nunca jamás en la vida te arrepientas de algo, porque eso fue justo lo que querías en ese momento, así que aprende asumir tus actos, un simple beso no es la gran cosa, aunque debo confesar que nadie me había besado como tú.

El se acerca a mi, no le contesto, doy unos pasos hacia atrás, tropezando con una silla.

-No tienes por qué huir, me dijiste que podíamos hablar y compartir un trago, tengo entendido que hay habitaciones en la parte de arriba, es un buen hotel, ¿sabías que su entrada esta por la otra calle?

-No, no sabía, y tienes razón te concederé tu deseo. -digo pensando en la posibilidades que tenía con este chico, aunque también me sentía demasiado atraída, era algo que jamás había experimentado.

-Perfecto, entonces vámonos.

-Espera que me cambie, por favor, no pretenderás que entre a el hotel de esta manera.

-No, tienes razón, pero primero, permíteme quitar tu mascara, quiero ver tu rostro.

Él retira mi mascara de pluma, y aparta unos mechones de cabello de mi rostros, tocando mi piel, el contacto físico hace que mis mejilla , este hombre me daba el cielo con un simple toque, nunca había tenido un novio, ni pretendientes, según mi criterio, no soy una mujer muy atractiva, no se qué miraba él en mí.

-Eres realmente hermosa, todo un ángel, ¿Por qué trabajas aquí? ¿No te crees suficiente como para conseguir otro empleo? ¿O te gusta más el dinero fácil?-pregunta con brusquedad, lo que me hace sentir un poco sucia

-No se trata de eso señor, no todos nacemos como usted, en una bandeja de plata, a muchos nos toca luchar y sobrevivir en las calles, soy inmigrante y aunque tengo un buen título, en este país no me dan oportunidades, como comprenderá tengo cuentas, deudas que pagar, la comida no llega sola a la mesa, y para completar la vida tiene demasiados gastos, perdóneme por no tener su estabilidad económica, porque aunque a mí me falte el dinero, a usted le falta atención y amor, porque estoy segura que al llegar a su casa, nadie lo espera-respondi poniéndome, por mucho que me gustara no permitiría que me faltara el respeto.

-Tienes razón, lo siento mucho, por favor cámbiate, te espero a fuera.

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