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Un contrato con Elena

Un contrato con Elena

Autor: : OliviaB
Género: Romance
Elena, una mujer fuerte y trabajadora, enfrenta la difícil realidad de que su pequeña empresa está al borde del colapso financiero. Alejandro, un exitoso empresario, tiene todo lo que podría desear, excepto el tiempo. Para heredar la fortuna de su abuelo, debe casarse antes de cumplir 35 años. Desesperado por cumplir con la cláusula del testamento, Alejandro le ofrece a Elena un matrimonio por contrato: un año de unión a cambio del dinero necesario para salvar su negocio. Las reglas son claras: sin sentimientos, sin interferencias en sus vidas privadas, y total discreción. Lo que comienza como un acuerdo frío y calculado, pronto se transforma cuando Elena y Alejandro, compartiendo el mismo techo, comienzan a conocerse más allá de la fachada que presentan al mundo. Chispas de atracción inesperada surgen, desafiando las normas de su acuerdo. Pero el contrato se pone a prueba cuando Elena descubre que está embarazada, desatando una ola de emociones y conflictos. Alejandro, convencido de que todo fue un engaño, se siente traicionado. Elena, enfrentando su propio miedo e incertidumbre, debe decidir si luchar por un amor que nunca esperó o continuar su camino sola. Con la familia de Alejandro presionando y el negocio de Elena floreciendo, ambos protagonistas deberán enfrentar sus miedos, confiar en el otro y decidir si este matrimonio por contrato puede transformarse en algo real.

Capítulo 1 1

Cerré la puerta de mi pequeña tienda de flores y suspiré. Otro día duro. Las cuentas no dejaban de acumularse y apenas tenía clientes suficientes para mantener el negocio en pie. Con el cansancio apoderándose de mí, caminé hacia mi diminuto apartamento, sintiendo que el peso de mis problemas se hacía más pesado con cada paso.

Al llegar a casa, dejé caer mi bolso en el sofá y me dirigí a la cocina para prepararme una taza de té. Necesitaba algo caliente para calmarme. Mientras el agua hervía, mi teléfono comenzó a sonar. Miré la pantalla y me sorprendí al ver el nombre de mi viejo amigo, Javier. Javier y yo habíamos crecido juntos y aunque nuestros caminos se habían separado, siempre habíamos mantenido el contacto, aunque fuera esporádico.

-¿Javier? -contesté, tratando de sonar más animada de lo que me sentía.

-Elena, ¡qué bueno que contestaste! Necesito hablar contigo sobre un asunto muy importante. ¿Podemos vernos mañana? -dijo Javier, con una urgencia en su voz que rara vez había escuchado.

-Claro, ¿de qué se trata? -pregunté, intrigada.

-Es mejor que lo hablemos en persona. Te invito a almorzar. ¿Te parece bien a las doce en el Café del Parque?

-Está bien, nos vemos allí -respondí, sintiendo una mezcla de curiosidad y preocupación.

A la mañana siguiente, me dirigí al Café del Parque, un lugar acogedor que Javier y yo solíamos frecuentar cuando éramos adolescentes. El lugar no había cambiado mucho, aún tenía ese aroma a café recién molido y pasteles recién horneados. Al entrar, lo vi sentado en una mesa en la esquina, con su característica sonrisa y una carpeta gruesa frente a él.

-Elena, gracias por venir -dijo, levantándose para darme un abrazo.

-Javier, me tienes en ascuas. ¿Qué es tan importante? -pregunté, sentándome frente a él.

-He recibido una propuesta muy inusual que creo podría interesarte. Es... bueno, es un matrimonio por contrato -dijo, abriendo la carpeta y sacando unos documentos.

Me quedé mirándolo, sin saber si reírme o enojarme.

-¿Qué? ¿Un matrimonio por contrato? ¿Me estás tomando el pelo? -repliqué, sintiendo cómo la incredulidad se apoderaba de mí.

-Sé que suena loco, pero déjame explicarte. Un cliente mío, Alejandro Ferrer, necesita casarse para cumplir una cláusula del testamento de su abuelo y heredar la empresa familiar. Está dispuesto a ofrecer una suma considerable a cambio de un matrimonio de conveniencia.

Mi mente comenzó a girar. Conocía a Alejandro Ferrer, al menos de nombre. Era un empresario exitoso, conocido por su frialdad y su enfoque implacable en los negocios. La idea de casarme con alguien así me parecía absurda, pero la mención de una "suma considerable" me hizo detenerme.

-¿Cuánto estamos hablando? -pregunté, tratando de mantener la voz neutral.

-Elena, esto podría resolver todos tus problemas financieros. Te está ofreciendo suficiente dinero para salvar tu tienda y asegurar tu futuro -dijo Javier, deslizando un documento hacia mí con los detalles financieros.

Miré los números y sentí que mi corazón daba un vuelco. Era más dinero del que había visto en mi vida.

-¿Qué tendría que hacer? -pregunté, aún dudosa.

-Casarte con él por un año. Vivir juntos, mantener las apariencias y, después de ese tiempo, un divorcio discreto y amigable. Sin compromisos emocionales -explicó Javier.

Me quedé en silencio, considerando la propuesta. Era una locura, pero también una oportunidad que podría cambiar mi vida. Con un profundo suspiro, levanté la mirada y encontré los ojos de Javier, llenos de preocupación y apoyo.

-Lo pensaré -dije finalmente, sabiendo que mi vida estaba a punto de tomar un giro inesperado.

Después de nuestro encuentro, caminé de regreso a casa, tratando de ordenar mis pensamientos. Mi tienda de flores era mi vida, mi sueño hecho realidad. Había invertido todo en ese negocio y verlo al borde de la quiebra me destrozaba. La oferta de Alejandro Ferrer podría salvarlo todo, pero a qué costo. No era solo el dinero lo que me preocupaba, sino la idea de casarme con un hombre al que apenas conocía, un hombre con fama de frío y distante.

Esa noche, me acosté en la cama y miré el techo, intentando imaginar cómo sería mi vida si aceptaba la oferta. Podría salvar mi tienda, asegurar mi futuro y quizás, solo quizás, encontrar algo más en este acuerdo. Pero también podía perderme a mí misma en el proceso. Me giré de lado y cerré los ojos, sabiendo que la decisión no sería fácil.

Capítulo 2 2

Desperté al día siguiente con la cabeza aún llena de dudas. Mientras me preparaba un café, no podía dejar de pensar en la propuesta de Javier. ¿Casarme con Alejandro Ferrer por dinero? Sonaba como el guion de una telenovela barata, pero la verdad era que mi situación era desesperada y necesitaba considerar todas las opciones.

Mientras me servía el café, mi teléfono sonó de nuevo. Esta vez, era un número desconocido. Dudé por un momento antes de contestar.

-¿Hola? -dije, con un tono cauteloso.

-Elena Rodríguez, habla Alejandro Ferrer. Espero que Javier te haya hablado de mi propuesta -dijo una voz firme y autoritaria al otro lado de la línea.

-Sí, me lo mencionó. Aún no estoy segura de qué pensar -respondí, tratando de mantener la calma.

-Entiendo que es una decisión difícil, pero creo que sería mejor discutirlo en persona. ¿Podemos vernos hoy? -preguntó, sin dejar espacio para la negativa.

-Supongo que sí. ¿Dónde nos encontramos? -pregunté, sintiendo un nudo en el estómago.

-Te enviaré una dirección. Nos vemos en una hora -dijo, antes de colgar abruptamente.

Miré mi teléfono, un poco aturdida por la conversación. Alejandro Ferrer no perdía tiempo, eso era seguro. Decidí ponerme algo más formal, pero cómodo, y salí de mi apartamento. El taxi me llevó a una parte elegante de la ciudad que rara vez visitaba. Al llegar a la dirección indicada, me encontré frente a un imponente edificio de oficinas.

Subí al piso indicado y una recepcionista me condujo a una sala de reuniones lujosamente decorada. Al entrar, lo vi. Alejandro Ferrer estaba mirando por la ventana, y su figura era imponente. Alto, de cabello oscuro perfectamente peinado, con una mandíbula fuerte y unos ojos azules penetrantes que parecían ver más allá de lo evidente. Vestía un traje gris oscuro que destacaba su complexión atlética. Cuando se giró para mirarme, sus ojos fríos y evaluadores hicieron que mi corazón diera un vuelco.

-Elena, gracias por venir -dijo, extendiendo una mano.

Cuando nuestras manos se tocaron, sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo. Fue un choque inesperado, una chispa de energía que me dejó momentáneamente sin aliento. Su mano era firme y segura, contrastando con la mía, que temblaba ligeramente.

-Hola, Alejandro -respondí, estrechando su mano con firmeza, tratando de recuperar la compostura.

Nos sentamos en una mesa de conferencias, y él abrió la carpeta que Javier había mencionado, sacando unos documentos.

-Quiero ser directo contigo, Elena. Este matrimonio no es algo que tomo a la ligera. Necesito casarme para cumplir una cláusula del testamento de mi abuelo y tú necesitas dinero para salvar tu negocio. Es un acuerdo beneficioso para ambos -dijo, sin rodeos.

-Lo entiendo, pero... esto no es solo un negocio. Es mi vida. ¿Cómo sabes que funcionará? -pregunté, buscando alguna señal de humanidad en él.

-Porque soy muy bueno en hacer que las cosas funcionen. Y tengo fe en que tú también lo eres. Mira, no pretendo que esto sea un matrimonio real. Solo necesitamos cumplir con las formalidades. Después de un año, ambos seremos libres -respondió, con una calma que me irritaba.

-¿Y qué pasa si algo sale mal? -pregunté, aún dudando.

-Tendremos un acuerdo legal. Todo estará claro y estipulado. No habrá sorpresas -aseguró, deslizándome los documentos. Me entregó una copia del acuerdo.

-Quiero que te lleves estos documentos y los leas con calma. Si tienes dudas o preguntas, puedes llamarme. Sé que es algo apresurado, pero para mí, esto es simplemente un negocio -dijo, su tono más suave de lo que había sido hasta ahora.

Tomé los papeles y comencé a leer. Había cláusulas sobre privacidad, convivencia y, por supuesto, el monto del pago. El dinero era más del que había imaginado. Podría salvar mi tienda y tener un colchón para futuros problemas. Pero aún así, sentía que estaba vendiendo una parte de mí misma.

-Necesito tiempo para pensarlo -dije finalmente, devolviendo los documentos.

-Por supuesto. Tómate tu tiempo. Pero no demasiado, el reloj no se detiene -respondió Alejandro, levantándose para despedirse.

Al estrechar su mano de nuevo, la misma corriente me recorrió. Salí del edificio con una mezcla de emociones. La propuesta era tentadora, pero las implicaciones eran enormes. Caminé sin rumbo por las calles de la ciudad, tratando de despejar mi mente. Finalmente, me detuve en un parque y me senté en un banco, observando a la gente pasar.

Mi teléfono sonó de nuevo, esta vez era Javier.

-¿Qué te pareció la reunión? -preguntó, con su voz habitual de apoyo.

-Es... complicado. No sé si puedo hacer esto, Javier. Es un gran riesgo -respondí, sintiendo que las lágrimas comenzaban a acumularse.

-Lo sé, Elena. Pero también sé que eres fuerte y capaz. Tómate tu tiempo para decidir. Pero recuerda, esto podría cambiar tu vida para mejor -dijo suavemente.

Después de colgar, me quedé sentada en el parque, reflexionando. La decisión no era fácil, pero mi situación tampoco lo era. Si aceptaba, podría salvar mi negocio y tener una oportunidad de empezar de nuevo. Si no lo hacía, quién sabe cuánto más podría aguantar.

Capítulo 3 3

Pasé la noche en vela, dando vueltas en la cama. Cada vez que cerraba los ojos, veía la mirada fría de Alejandro y sentía la corriente eléctrica de su apretón de manos. Me levanté temprano, incapaz de seguir intentando dormir. El apartamento estaba en silencio, excepto por el murmullo lejano del tráfico matutino.

Me dirigí a la cocina y me preparé un café. Mientras esperaba a que se preparara, miré los documentos que Alejandro me había dado la tarde anterior. Los había dejado sobre la mesa de la cocina, casi como si no quisiera enfrentarlos. Finalmente, con una taza de café en la mano, me senté y empecé a leerlos con detenimiento.

Cada cláusula estaba escrita en un lenguaje legal denso, pero el mensaje era claro. Este matrimonio sería un contrato de negocios, con reglas estrictas y sin lugar para el amor o la emoción. Viviríamos juntos durante un año, manteniendo las apariencias, y luego nos separaríamos, cada uno con lo que quería: él, su empresa, y yo, el dinero.

Entre las cláusulas, algunas destacaban especialmente:

1. **Confidencialidad**: Ambas partes debían mantener en secreto la verdadera naturaleza del matrimonio. Cualquier filtración resultaría en la anulación del contrato y posibles acciones legales.

2. **Convivencia**: Durante el año del matrimonio, debíamos vivir en la misma casa y asistir juntos a eventos públicos, manteniendo las apariencias de una pareja feliz.

3. **Pago**: Al finalizar el año, recibiría una suma considerable de dinero que me permitiría salvar mi tienda y asegurar mi futuro.

4. **Privacidad**: Aunque viviríamos juntos, tendríamos habitaciones separadas y nuestras vidas privadas no debían interferir una con la otra.

5. **Termino**: Si alguna de las partes deseaba terminar el acuerdo antes del año, se aplicarían penalidades financieras.

Justo cuando estaba sumida en mis pensamientos, mi teléfono sonó. Era Javier.

-Hola, Elena. ¿Cómo te sientes? -preguntó con suavidad.

-Confundida, Javier. No sé si puedo hacer esto -admití.

-Es natural sentirte así. Pero recuerda, tienes el control. Si decides hacerlo, puedes cambiar tu vida. Si no, seguiremos buscando otra solución -dijo, siempre el amigo leal.

-Gracias, Javier. Realmente necesito pensarlo más -dije, sintiendo un poco de alivio al hablar con él.

Colgué y miré los papeles de nuevo. Pensé en la tienda de flores y en cómo cada pétalo y cada hoja eran un reflejo de mi esfuerzo y mis sueños. Pero esos sueños estaban a punto de desvanecerse si no hacía algo pronto.

El timbre de la puerta interrumpió mis pensamientos. Me levanté y abrí, encontrándome cara a cara con Alejandro Ferrer. Vestía un traje impecable, como si estuviera listo para una reunión de negocios, no para una visita matutina.

-Buenos días, Elena. Espero no haberte despertado -dijo, su tono formal como siempre.

-No, ya estaba despierta. Pasa -dije, un poco sorprendida de verlo allí.

Entró en mi pequeño apartamento, mirando a su alrededor con una ligera curiosidad.

-Quería hablar contigo personalmente. Sé que esto es mucho para asimilar, y quería asegurarme de que tuvieras todas tus preguntas respondidas -dijo, sentándose en una silla junto a la mesa de la cocina.

Me senté frente a él, sintiendo la tensión en el aire.

-Gracias por venir. La verdad es que aún tengo muchas dudas -dije, tratando de sonar segura.

-Entiendo. Pregunta lo que necesites -respondió, inclinándose ligeramente hacia adelante.

-¿Por qué yo? -pregunté directamente. Era una de las preguntas que más me rondaba la cabeza.

-Porque, aunque no nos conocemos bien, confío en la recomendación de Javier. Eres una persona honesta y estás en una situación que podría beneficiarse de este acuerdo. No quiero complicaciones emocionales, y creo que tú tampoco -dijo, su mirada intensa fija en mí.

-¿Y qué pasa si algo sale mal? -pregunté, aún buscando respuestas.

-Como te dije, todo está estipulado en el acuerdo. Si algo no funciona, tendremos abogados que lo resuelvan. Pero confío en que podemos hacerlo funcionar sin problemas -dijo, su voz firme.

-¿Y durante este año? ¿Cómo será vivir juntos? -pregunté, sintiendo un nudo en el estómago.

-Será un arreglo profesional. Tendremos nuestras vidas separadas, pero mantendremos las apariencias en público. Habrá ciertas reglas de convivencia, pero nada que no podamos manejar -respondió, su tono algo más suave.

-Es mucho para asimilar -dije finalmente, sintiendo el peso de la decisión.

-Lo sé, y no quiero presionarte. Pero necesito una respuesta pronto. Si decides no hacerlo, lo entenderé. Pero si decides aceptar, estaré allí para asegurarnos de que todo salga bien -dijo, levantándose.

Lo acompañé a la puerta, sintiendo una mezcla de alivio y nerviosismo.

-Gracias por venir, Alejandro. Te daré una respuesta lo antes posible -dije, tratando de sonar más segura de lo que me sentía.

-Gracias a ti, Elena. Tómate el tiempo que necesites -respondió, dándome una última mirada antes de salir.

Cerré la puerta y me apoyé en ella, sintiendo cómo la realidad de la situación se asentaba en mí. Volví a la mesa y miré los documentos una vez más. Sabía que tenía que tomar una decisión, y pronto.

Esa tarde, decidí tomar un descanso y dar un paseo por la ciudad. Necesitaba despejar mi mente y pensar claramente. Caminé sin rumbo, observando a la gente, los coches, y la vida a mi alrededor. Terminé en un pequeño café donde solía ir a escribir en mis días libres.

Mientras me sentaba con una taza de té, vi a una pareja joven riendo y hablando animadamente en una mesa cercana. Parecían tan felices y despreocupados. Sentí una punzada de envidia y tristeza. Mi vida había estado llena de complicaciones últimamente, y la idea de un matrimonio por contrato parecía una solución rápida, pero a qué costo.

De repente, mi teléfono vibró. Era un mensaje de Alejandro.

-Espero que estés bien. No quiero apresurarte, pero necesito saber tu decisión pronto.

Suspiré y respondí: -Lo sé. Estoy pensando en todo.

Guardé el teléfono y me perdí en mis pensamientos. La vida siempre había sido complicada, pero esta decisión era la más grande que había enfrentado. Finalmente, terminé mi té y decidí que era hora de enfrentar la realidad.

De regreso a mi apartamento, me senté de nuevo frente a los documentos. Pensé en mi tienda, en mis sueños y en las oportunidades que podrían surgir de esta locura. La decisión no era fácil, pero sabía que tenía que tomarla.

Llamé a Javier.

-Javier, he decidido. Lo haré. Aceptaré la propuesta de Alejandro -dije, sintiendo una mezcla de alivio y nerviosismo.

-Elena, estoy seguro de que estás tomando la decisión correcta. Si necesitas algo, sabes que siempre estoy aquí para ti -respondió con calidez.

-Gracias, Javier. Necesitaba escuchar eso -dije, sintiendo una lágrima solitaria correr por mi mejilla.

Colgué y miré los documentos una última vez. Luego, tomé mi teléfono y llamé a Alejandro.

-Alejandro, he tomado una decisión. Acepto tu propuesta -dije, mi voz firme.

-Me alegra escuchar eso, Elena. Nos encontraremos mañana para firmar los papeles y discutir los detalles. Gracias por confiar en mí -respondió, su voz más cálida de lo que había sido antes.

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