-Astrid, ¿por qué no te quedas con nosotros el fin de semana? -pidió Andrea a su esposa.
-Te dije que tengo una reunión, no puedo trucar mis sueños de ser modelo Andrea Laureti -exclamó la mujer.
Andrea arrugó el entrecejo. Se había casado con Astrid dos años atrás, la había aceptado con un hermoso hijo que no era de él, pero que había aprendido amar con locura. Pero, la mujer, a pesar de lo bueno que había sido él con ella, rechazaba cualquier oportunidad para estar metida en "viajes de negocios" y era muy poco el tiempo que pasaba con ella. Los celos carcomían a Andrea, porque Astrid era una mujer hermosa, además de modelo, él mismo la había promovido a nivel mundial para dar a valer su carrera.
-Te dije que puedo dejar a unos de mis hermanos a cargo de la empresa, e irme contigo a Europa, además, no hemos compartido mucho tiempo juntos -exclamó Andrea sosteniendo al pequeño niño de tres años en brazos, que había comenzado a llorar al entender que su madre se iba a ir.
-¡Nooo! -respondió Astrid enseguida-. Mi amor, por favor, te prometo que apenas termine con la pasarela volveré.
Andrea asintió con la cabeza, empuñando sus manos, molesto.
-Está bien -besó sus labios y la acompañó afuera de la mansión.
Él era el hijo mayor, por eso había heredado la empresa más productiva de los Laureti, aunque, con eso, mucho trabajo y envidia. Su padre le había enseñado a ser fuerte y a no confiar en nadie, por eso tenía muchos guardaespaldas a su alrededor.
-Cuídate -le dijo subiéndola en la camioneta y haciéndole señas al guardaespaldas para que la cuidara. Aunque había insistido en que se fuera en el avión familiar, ella quiso irse en público. Andrea le molestaba un poco la forma de ser de Astrid, pero la amaba y siempre terminaba por ceder a sus caprichos
-Vamos tú y yo a comer cereal -le dijo al bebé que miraba triste el auto de su madre.
Entró a la casona. Era fin de semana y Fernando, su gemelo, lo estaba ayudando en la empresa. Había llegado unos días anteriores porque Demetrio, su padre, lo había mandado a ayudar un poco a Andrea. Fernanda era una mujer de negocios y amistades y se desenvolvía sola en Rusia, pero, Andrea, luego que se había casado, no daba abasto en la empresa de Estados Unidos que era la más grande por ser una de las principales.
Preparó la taza con cereal y se sentó en el sofá con el bebé. Después de un momento se quedó dormido con su pequeño niño en brazos.
-He, estás babeando a Dante. -Fernando le dio un codazo que lo hizo reaccionar.
Andrea miró la ventana abriendo los ojos.
«Es de noche, seguramente Astrid ya llegó a su destino» pensó, levantándose apresurado para tenderle el bebé a Fernando, que lo tomó con duda.
-Este niño huele a muerto, deberías de cambiar su pañal, hizo el dos -tapó su nariz.
Andrea le sacó el dedo, molesto, y comenzó a llamar a su esposa, desesperado, pero no hubo respuesta.
-¡Astrid no contesta! -exclamó en el mismo momento que se fijó en la televisión encendida dónde estaban dando la noticia que el vuelo público dónde había abordado su esposa se había estrellado.
-¡No! -gritó cayendo arrodillado frente al televisor
Dos años después.
Cuando Andrea Laureti entró al restaurante más prestigioso de Estados Unidos, todos se quedaron maravillados con su belleza. Llevaba una mirada profunda, sus labios estaban cerrados en una fina línea sin expresión y su figura resultaba dominante.
Caminó sin mirar a nadie, como si las personas fueran cucarachas a su alrededor.
A lo lejos pudo ver al grupo de directivos con el que tenía una junta, así que bajo los murmullos de las mujeres que elogiaban su figura caminó hasta ahí.
Iba con la mirada tan prepotente, que no se fijó en la bandeja ful de bebidas que llevaba una de las meseras del lugar.
La chica era una joven torpe que había sido contratada unos días antes, pero parecía que tenía aceite en las manos. Todo se le caía y siempre en dónde no debía.
«Esta bandeja pesa tanto»exclamó la pelirroja sintiendo sonar su móvil.
Metió la mano en el delantal de su uniforme y contestó sin dejar de caminar a la mesa que debía atender.
-Lucia, Hola, ¿cómo estás? Que bueno que me llames, sí, estoy trabajando, pero podemos hablar -exclamó emocionada, en el preciso momento que chocó con un gran cuerpo.
-¡Joder! -gritó Andrea al darse cuenta de que le derramaban unas cuantas bebidas encima.
-Lo siento, lo siento -exclamó la chica levantándose del piso-. Yo lo limpio, señor -sacó un pañuelo y comenzó a limpiarlo.
Andrea se quedó por unos segundos mirando a la mujer. Era de baja estatura, cabellos rojizos y desparramados, una pequeña boca roja y unos ojos de color ámbar. Era hermosa, pero, él no tenía tiempo para enamorarse de ninguna mujer, tenía un hijo que criar y la empresa más importante a su cargo.
-¡¿No ves por dónde caminas muchachita insolente?! -gritó molesto-. Llamaré al jefe de este lugar, ¿Sabes acaso cuánto cuesta este traje que acabas de arruinar? -preguntó intentando caminar.
-No, no, señor, pero usted también tiene la culpa, andaba mirando al cielo como si fuera un ave real y parece es un pajarraco insolente.
Las mejillas de Andrea se calentaron ¿Quién era ella para llamarlo de esa manera?
-¿Cómo me dijo? -preguntó con sus mejillas rosas de la molestia. Sus venas titilaban con fuerza en ese momento.
No obstante, el jefe de personal del restaurante salió caminando hasta donde ellos estaban.
-¡Amber! -gritó-¡Estás despedida!
Amber se quedó estática, ¿qué haría ahora? Era lo único que tenía para vivir y seguramente su padre y su hermana la correrían de la casa al darse cuenta de que otra vez estaba sin trabajo. Solo le quedaba una opción, aceptar suplantar a su amiga, que era secretaria de la empresa de aplicaciones más importante de Estados Unidos y ser la secretaria del CEO por lo menos hasta que su amiga estuviera recuperada.
«Espero que en ese trabajo si permanezca un poco más» pensó sacudiendo sus mocos productos de las lágrimas que soltaba a su paso.
Andrea no pudo concentrarse en la reunión con los socios, tenía los mendigos ojos de gato metidos en su cabeza.
«¡Joder! ¿Qué te pasa hombre? ¿Nunca has visto una mujer?»Se reprendió mentalmente tratando de sacar a la pequeña mujer de su mente. Pero tenía grabado sus pequeños labios rosados, sus cabellos rojos despampanantes y su nariz respingadita en la mente. Era muy hermosa, sexi, y definitivamente para el CEO amargado de Andrea Laureti fue un calentón a su hermoso, pero solitario cuerpo.
Después de atender la reunión, su chófer lo llevó a casa, más cargado de trabajo que cuando fue. No estuvo para nada pendiente de lo que hablaban los inversionistas, y ahora tenía más dudas que aclaraciones acerca de la estación de juguetes eléctricos que quería crear su hermana Fernanda.
Bajó la ventanilla del auto para encender un cigarrillo, no pudo evitar pensar en Astrid, habían pasado dos años desde su muerte, y aún la recordaba cada día, la extrañaba tanto, que no había vuelto a enamorarse de ninguna otra mujer.
Mientras calaba el cigarrillo, de repente los ojos de Amber vinieron a su mente.
«Qué muchachita tan insolente». Sonrió sacudiendo su cabeza.
Cuando vio que el auto entró a la mansión, botó la colilla de su cigarrillo. No quería que su nana, Ramona, lo fastidiara con el tema que era malo para su salud.
Bajó del auto quitando su saco para sentirse más cómodo cuando escuchó los gritos de su pequeño niño bajar corriendo las escaleras.
-¡Papi, papi, papi! -gritó Dante el pequeño niño que aunque no llevaba su sangre, amaba con su alma.
Andrea se agachó a su altura para cargarlo y pegarlo a su pecho.
-Hola campeón, ¿me extrañaste? -preguntó tomándolo y dando vueltas con él en el aire.
-Mmm -puso su manita en forma de pensamiento-. Un poquito papi, es que mi tío Fernando llegó y me hizo compañía toda la tarde -Andrea sonrió. Le agrada tener a su gemelo en casa; muchas veces se sentía solo y si no fuera porque la nana se había ido a vivir con ellos, seguramente hubiera caído en depresión después de la muerte de Astrid.
-¿Y dónde está esa cabeza de melón? -preguntó entrando a la casa.
-Está en la piscina, dijo que estaría con chicas -Andrea arrugó el entrecejo. No entendía por qué Fernando era tan jodidamente promiscuo. No le agradaba que tomara la atribución de meter mujeres a la casa ¡Había un niño! ¿Qué podía aprender su hijo si veía a su tío con una mujer distinta cada vez que venía?
Con las cejas arrugadas llevó al niño a la cocina. Se podía escuchar al fondo un tremendo escándalo, cosa que a Andrea le molestaba muchísimo.
-Nana, puedes prepararle cereal a Dante y acostarlo a dormir, iré a hablar con Fernando -pidió a Ramona entrando a la cocina, quien estaba cargada de trabajo por la fiesta privada que había organizado Fernando.
-Está bien mi niño, procura no molestarte mucho, deberías ir y divertirte un poco tú también -dijo la mujer de ya avanzada edad con una sonrisa. Andrea la fulminó con la mirada. Él no iba a permitir que cualquiera mujer tocará su cuerpo, él solo tenía una amante, con la que descargaba su ira de vez en cuando, y era alguien "decente".
Caminó hasta la piscina y se quedó paralizado al ver la gran escena.
Fernando estaba con dos mujeres en la orilla de la piscina, besándose con una, mientras la otra estaba metida en sus piernas.
Los ojos de Andrea se abrieron de par en par.
-¡Fernando Laureti! -gritó muerto de la rabia. Sentía que su corazón en cualquier momento iba a estallar de la molestia.
-Andrea, únete hombre, ven acá -dijo el gemelo, apenas se dio cuenta de que había llegado su querido hermano.
Andrea estaba inmóvil, sin poder creer lo que estaba viendo, ¿acaso no podía conformarse con una mujer? ¿Por qué tenían que ser dos? ¡Joder! ¿De quién había sacado lo promiscuo?
Fernando, al ver que Andrea no se movía, dejó a las pequeñas y hermosas mujeres ahí, para tomarlo por la mano.
-¡Sí, que se una ese papirruqui! -gritó una de ellas.
Andrea la miró de arriba abajo como si estuviera loca y posó su vista en la de su hermano.
-¿Qué crees que haces? -le preguntó molesto.
-Por favor Andrea, llevas tanto tiempo sin hacerlo que no sabes lo que hago.
-Mendigo loco, sabes a lo que me refiero.
-Es solo sexo, sabes, rubias, cosas ricas, mujeres, diversión, vamos anímate, mañana hay que volver al trabajo y necesitas estar relajado -intento jalarlo para arrastrarlo con él, pero Andrea lo detuvo.
-¡Fuera! -gritó molesto
-Cálmate hermano, no me arruines la diversión -suplicó Fernando con sus manos-¡Largo las dos! -se acercó a ellas para tomarlas por las manos y sacarlas.
-Fernando, ¿no harás nada? -preguntó una de ellas al ver que el joven no se movía.
-Lo siento es mayor que yo, y pues, no puedo llevarle la contraria -les hizo señas.
Cuando vio que las mujeres se fueron, se dirigió a Andrea con una sonrisa ...
-Eres el mejor puto gemelo de la historia -Andrea lo miró extrañado. Se suponía que había arruinado su fiesta privada ¿Por qué el loco de su hermano le daba las gracias?
-Siempre he pensado que te robe partes de las neuronas cuando estábamos en el vientre de mi madre, porque estás completamente desquiciado ¿Ahora por qué sonríes como el Guasón? -preguntó Andrea extrañado.
-Es que no sabía cómo quitármelas de encima, tengo una cita con una hermosa mujer que quiere que sea su amo y no hallaba cómo hacer para ir -Andrea negó con la cabeza.
-¡Eres la vergüenza de mi familia! -gritó al verlo irse.
Fernando sonrió mientras sacudía la mano con entusiasmo.
-¡Y el más guapo! -Andrea sonrió. Él era el único que le hacía sacar una sonrisa.
Eran tan idénticos físicamente que era casi imposible reconocerlos, si no fuera porque Fernando tenía un tatuaje en el brazo, fuera imposible hacerlo, solo Evangelina podía hacerlo sin siquiera mirarlos. Ella decía que cada uno tenía un olor y una mirada diferente, pero del resto, los gemelos habían logrado engañar hasta a su propio padre. Sin embargo, tenían una personalidad muy distinta. Andrea era un hombre serio y arrogante, y Fernando era el loquillo de la familia, mujeriego como Demetrio, pero con ese toque juvenil y fresco que lo caracterizaba.
Con el cuerpo más relajado subió a su habitación a tomar una ducha, sabía que Fernando tenía un departamento en la ciudad y seguramente se quedaría allí, no había ido nunca, pero estaba consciente que era la habitación que usaba para someter a sus sumisas. El hombre estaba obsesionado con el sexo, y constantemente, aunque llevaba a muchas mujeres a la cama, siempre tenía una esclava sexual que sometía secamente para calmar sus deseos de lujuria.
Después de bañarse, cenó algo ligero y se fue a la habitación de su hijo. Ya estaba dormido y parecía un ángel. Se acostó a su lado haciéndole cucharita para dormirse mientras acariciaba su cabeza.
-Cómo quisiera cambiar el mundo a uno perfecto para ti, hijo mío, y que tu madre estuviera viva, o quizás, darte una que te dé el calor que necesitas -exclamó.
...
Amber subió las escaleras de su casa en puntillas sin que nadie la escuchara. Vivía en una hermosa casa en una zona costosa de Florida. Su madre era una mujer de dinero, pero tras haber fallecido unos años atrás ella había tenido que salir a la calle a trabajar, cosa que le resultaba difícil, porque nunca lo había hecho, es más, jamás había lavado trastes y servido comida; ella siempre lo tuvo todo, pero, a pesar de eso fue criada con tanto amor y humildad que no le era problema trabajar.
-Amber papá quiere saber si trajiste el dinero -volteó despacio para ver a Angélica al pie de la escalera.
-Papá, no podría buscar su propio dinero -bufó-. Al igual que tú Angélica, no debería ser yo la que trabajé por las deudas de la casa, estoy agotada de que todo lo que gane me lo pidan.
-Sabes que papá está enfermo...
-¿Y tú no puedes arruinar tus hermosas uñas para ayudarme? Me mato trabajando para que no nos quiten la casa, y simplemente ustedes no me consideran ¡No les daré un centavo más! -gritó subiendo las escaleras, pero a los pocos minutos su hermana subió para interrumpirla mientras ella se quitaba la ropa.
-Sabes que si no colaboras papá te echará de la casa, mi madre no te dejo nada a ti Amber, te lo he dicho mil veces, todo me pertenece, soy la heredera universal de esta casa, así que si no quieres dormir como perro debajo de un puente, es mejor que nos des dinero -dijo su hermana con maldad.
Amber tragó grueso.
«No quiero dormir debajo de un puente». Pensó con miedo de solo imaginarlo.
Con un nudo en la garganta, se dirigió al closet dónde tenía unos pequeños ahorros y bajo la mirada de su hermana, sacó unos billetes.
-Por favor, ahórralo, me han despedido del empleo, y no tengo mucho guardado -dijo tendiendo el billete a su hermana, que enseguida lo tomó con una sonrisa.
Las lágrimas de Amber cayeron al piso. Era el dinero que estaba ahorrando para sus estudios. Apenas había culminado el bachillerato, y deseaba estudiar tanto diseño de moda que había ahorrado para la inscripción.
-Algún día cumpliré mis sueños -dijo mientras acariciaba unos de sus diseños en la pared de su habitación.
...
Apenas sonó la alarma. Amber salió disparada a la ducha, se vistió rápidamente con algunas de las ropas que usaba su madre cuando tenía cenas de negocios y salió para la empresa.
«-Oficina 145, llega temprano y procura ser discreta, el jefe es malhumorado-». Leyó el mensaje mientras conducía el auto de su madre.
Era lo único que la dejaban usar de ella, y eso porque tenía que trabajar para mantenerlos.
Cuando llegó al enorme edificio abrió sus labios de par en par, era inmenso.
Bajó presurosa del auto. Se veía hermosa, aunque estaba sencilla Amber ni siquiera se daba cuenta de lo hermosa que era, lo hermosa que eran sus curvas.
Cuando entró al edificio las miradas se posaron en ella ¿Y como no? Con esos cabellos rojos que combinaban a la perfección con sus labios no podía pasar desapercibida.
Miró a todas partes para saber qué camino tomar y se topó con los ascensores a mano derecha.
-¡Espere, señor, no cierre! -gritó mientras corría para que no fuera a cerrar el ascensor.
En ese momento que corrió agitada, el tacón de sus sandalias altas se dobló, provocando que cayera encima de un hombre alto y de ojos azules, desparramando con eso los documentos que tenía el joven en la mano.
Andrea Laureti sintió que la rabia se apoderaba de él al ver los papeles esparcidos por el lugar, ¡era el proyecto nuevo de Fernanda!
-¡Maldición, niña! ¿No sabes que hay dos ascensores que tomar? -exclamó Andrea sin verla y dejándola en el piso, tirada.
Fernando, que se había percatado de la caída, se agachó hasta la chica para tomarla por la mano.
-Procura no caer encima de él, hay mejores opciones la próxima vez -dijo refiriéndose a él mientras le tendía la mano.
Amber se levantó tomando la mano de Fernando, quedándose muda.
«¡Mierda! Me he golpeado tan fuerte que ahora veo doble» Pensó agarrando su cabeza, frustrada.
-Recoge los papeles y deja de mirar a la torpe, de esta manera -infirió Andrea tragando grueso al percatarse que era la misma de restaurante.
«Y qué hace doña aceite aquí» pensó mirando a la joven con el corazón palpitar con fuerza.
Amber iba a protesta: «¿Quién era él para decirle torpe?»
-Mire señor pajarraco, no es que yo sea torpe, es que usted, usted... -Andrea la miró con una ceja alzada -. Ussss es un engreído...-resopló tomando el otro ascensor.
-¿Es linda, no? -preguntó Fernando al ver cómo su gemelo se había quedado embobado al ver a la chica.
-Normal -carraspeó Andrea nervioso.
-¡¿Normal?! Pareces un comediante de sábado sensacional ¡Normal!!!
-¡Déjame en paz! -lo fulminó con la mirada
Cuando Andrea llegó a su oficina se encontró con que su nueva secretaria no había llegado, iba a salir para mandar a buscar otra, cuando la puerta de la oficina se abrió hábilmente.
-¿Tú? -preguntaron los dos extrañados al mismo tiempo.
«¡Dios mío, no puede ser que el pavo real sea mi jefe!». Pensó Amber mordiendo su labio fuertemente.
-Dime, pues, ¿qué haces en mi oficina? ¿No me digas que vienes a aquí molestarme? O acaso vienes, mmm...-pensó por varios segundos - ¿Quieres disculparte por tumbar mis papeles? Porque te lo digo eh, no voy a tolerar que te la pases por mi empresa dañando cosas, con esas manos de aceite que tienes -Amber lo miró con una ceja alzada.
Ella no tenía manos de aceite, ¿o si?
Subió la ceja un tanto molesta, pero, debía conservar el empleo, debía hacerlo. Tragó grueso calmando la molestia y las ganas de insultar a su jefe.
-Soy Amber Rodríguez, seré la suplente de Lucía del castillo, su secretaria -Amber le tendió la mano a Laureti que la miraba como si estuviera completamente loca.
-¡Tú no puedes ser mi secretaria Joder! ¿No eres mesera? -preguntó con desconcierto.
-Sí, pero por su gran culpa me despidieron, ¿lo olvida? -lo señaló con el dedo.
Una suave sonrisa se dibujó en los labios de Andrea por unos segundos, solo unos segundos porque el hombre era tan cara de papa que enseguida cerró sus cejas con desagrado.
-¡No es mi culpa que andes lanzando bebidas como loca! -alzó un poco la voz.
-¡Tampoco es mi culpa que usted se la crea Henry Calvin y ande caminando en el aire como miss universo! -Andrea apretó los puños, molesto ¿Esta mujer no había empezado a trabajar y ya iba a ser despedida?
-¿Cómo me dijiste? -preguntó Laureti con rabia.
Amber rascó su nuca.
«Controla la lengua Amber, necesitas el empleo». Pensó sabiamente.
-Que usted se parece a Henri Calvin, y que estoy a sus órdenes, señor Laureti -dijo haciendo ojos de gato tristes, mostrando más aún sus hermosos ojos debajo de las largas y rizadas pestañas.
Laureti la miró por unos segundos con duda, para luego tomar el teléfono.
-¿Va a llamar a la policía? -pregunto Amber nerviosa-. Porque yo no he hecho nada, lo juro de verdad -Andrea rodó los ojos.
-Deja el show, niña, voy a llamar a Lucia -le hizo señas con las manos para que hiciera silencio-Aló, ¿cómo estás querida Lucía? Espero que estés mejor, llamo para preguntarte, ¡¿quién es esta loca que me mandaste de secretaria?! -preguntó arrugando el entrecejo, mientras mentalmente Amber le decía que más loca era su abuela que ella.
-Señor, sé que Amber parece un poco ingenua, pero ella necesita el trabajo, además, es muy responsable y aprende rápido, téngale paciencia -suplico Lucía, a quien Andrea le tenía mucha estima.
Laureti la miró de arriba abajo para detallarla con detenimiento. No parecía una persona muy necesitada, llevaba unos zapatos de una buena marca de diseñador, además de una falda muy corta, pero linda, muy corta «¡Joder!» Exclamó mentalmente él hombre al ver sus piernas gordas y formadas y llenas de mucha pecas.
-No me vea así, oyó, mire que yo no soy una de esas mujeres facilitas...
-¡Cállate! Que ni en tus sueños me acostaría con una secretaría -interrumpió Andrea.
-Ni yo con un hombre tan obstinado como usted -exclamó Amber, pero, ¿por qué estaban hablando de sexo? ¿Quién había dicho que querían acostarse el uno con el otro?
-Bueno -colgó el teléfono Andrea-. Vas a estar a prueba unos días, si veo que causas muchos problemas serás irrevocablemente despedida -Amber asintió con la cabeza.
-Trato hecho, ya verá que no me va a sentir -dijo saliendo de la oficina mirando a Andrea sin ni siquiera mirar al frente y chocando de bruces con la puerta de cristal de la oficina de Andrea.
-¡Ah! -fue lo que soltó al sentir su cara estrellarse al cristal.
-¡Joder niña! ¡Serás tan torpe! -exclamó conteniendo la risa al ver cómo su cabeza rebota en el cristal.
-Lo siento, lo siento -salió cerrando la puerta para luego entrar de regreso.
-Se me olvidaba, ¿cuál es mi área de trabajo? -rascó su nuca.
-La oficina de al lado, dice secretaria, por favor, imprime las imágenes de los juguetes eléctricos en la computadora y está lista en cinco minutos, tengo una reunión de juntas -respondió Andrea mirando su laptop.
Amber salió a su oficina nerviosa. Sentía una emoción por su nuevo empleo, no sabía cuánto iba a ganar, pero sabía que sería un buen sueldo porque su amiga vivía decentemente desde que había conseguido trabajar para la empresa. Cuando entró a su oficina se quedó maravillada. Parecía la oficina de una ejecutiva, tenía su propio escritorio, una laptop y un estante lleno de muchos archivos organizados por orden alfabético.
Se sentó en el escritorio y encendió la laptop. Estuvo buscando por varias horas las imágenes de los juguetes eléctricos, pero no logró encontrar nada, así que decidió buscarlos por internet e imprimir muchos de ellos.
-No sabía que esta empresa se dedicaría a elaborar estos juguetes -pensó Amber al ver las imágenes en la pantalla.
Llevó el pendrive, los archivos y salió a buscar donde imprimirlos.
La empresa era grande, pero preguntando pudo llegar al área de fotocopias. Un joven con lentes y apuesto la atendió.
-Hola, por favor para imprimir unos documentos -le pidió.
-Hola, pasa, puedes usar cualquiera de las máquinas -le indico el chico -¿Sabes usarlas? -preguntó amablemente.
Ella cuando estudiaba sacaba muchas copias para sus trabajos, así que creyó que no sería tan difícil.
-Si, eso creo, gracias - entró al cubículo, y se quedó sorprendida con el interior de este. Eran unas máquinas enormes, había alrededor de diez entre fotocopiadoras e impresoras para distintos tipos de papel.
Se dirigió a la impresora y metió el pendrive, pero, no encontraba el mousse por ninguna parte para mover la computadora.
-¡Maldición! ¿Dónde estará el mousse? -se preguntó impaciente
Caminó a ver al chico que atendía el área de fotocopiadora, y estaba ocupado con otras personas de diferentes departamentos que habían venido por copias, así qué, se dirigió de nuevo a la máquina y comenzó a golpearla.
-Mendiga máquina de mierda, necesito como mil impresiones de ese archivo -habló cerca del lector de voz de la máquina, que era manejada robóticamente.
La máquina captó la orden, y comenzó a sacar las impresiones.
-¡Guao! -exclamó Amber que comenzó a ver cómo la máquina sacaba sus archivos. Cuando vio que era suficiente, tomó las copias y salió de ahí sin preocuparse por nada, pero, la máquina se comenzó a volver loca y sacó muchas copias más.
Apenas llegó a su oficina, su jefe la estaba esperando en la puerta impaciente.
-¿Ya tienes todo listo? -preguntó un poco molesto.
-Sí, sí, vamos -caminó detrás de él.
En la sala de juntas estaban varios miembros de la empresa, como un socio ruso que trabajaba con Fernanda en Rusia y quien venía a formalizar la propuesta para elaborar los juguetes.
-Sí que está para chuparle esos labios rojos a tu secretaria, eh -le metió un codazo Fernando a Andrea, que estaba como siempre, serio.
-Es una niña, no seas asqueroso Fernando -respondió molesto el mayor por unos segundos de los trillizos.
Después de que todos dieran su punto de vista, Andrea pidió la palabra para hablar sobre el proyecto, que estaba seguro de que sería todo un éxito, como todo lo que se inventaba su hermana.
-Cómo verán, nuestra empresa está iniciando en el mercado un nuevo proyecto creado por mi hermana Fernanda, que son los juguetes eléctricos, a continuación mi asistente le mostrará cuáles son más o menos los diferentes juguetes que queremos elaborar.
Amber mordió su labio, nerviosa. Caminó hasta la enorme mesa donde estaban sentados los más importantes miembros de la empresa y comenzó a repartir las imágenes de "los juguetes eléctricos"
Cuando los miembros comenzaron a ver las imágenes, unos comenzaron a reír, otros casi se ahogaban de los nervios.
-¿Qué pasa? -preguntó Andrea extrañado al ver los cachetes rojos de todos
-Que mi hermanita Fernanda tiene ideas geniales -exclamó Fernando con una sonrisa, burlesca.
El socio Ruso, que estaba interesado en el proyecto de Los juguetes para niño, tomó el folleto molesto.
-¡Me parece que esto es una broma de mal gusto, señor Andrea! ¡Que falta de respeto para mi persona! - exclamó poniendo de pie.
-¡Espere, señor Caruso! No entiendo nada, ¿qué pasa?-preguntó asombrado por la reacción del anciano que casi no podía respirar.
-Para ver qué le mostraste Amber -le arrancó la pila de folletos de la mano a la muchacha que miraba a todos con desconcierto
Andrea casi le da un infarto al ver las imágenes, Amber en su mera torpeza había impreso millones de juguetes sexuales, vibradores, y de todo tipo de ellos.
Andrea no sabía cómo reaccionar, estaba tan atragantado que casi no podía hablar, Fernanda lo iba a matar, además, de que su madre seguramente le daría el más grande sermón.
-Qué... ¡¿Qué es esto?! -preguntó con ira.
-Son los juguetes eléctricos que me pidió -respondió la pobre joven bajando la mirada con nervios.
-¡Eres loca! ¡Juguetes de niños! ¡Juegos para niños! ¡No estás cochinadas!
-¡Cochinadas! Y seguro, hasta los usa -Andrea miró a todos los ejecutivos que estaban aún en la sala, nervioso, sin saber cómo responder, porque, a decir verdad, sí, si los usaba con su amante, que era una completa glotona, pero ¿Qué tenía que ver eso? ¿Por qué su torpe secretaria le hablaba de esa manera?
Iba a hablar, pero en ese momento, Ángelo, el chico encargado de la fotocopiadora, entró con una carpeta llena de esas imágenes "cochinas" a la sala de junta, echó un lío y desarreglado.
-Señor Laureti, la máquina de imprimir se dañó porque su secretaria -la señaló molesto -. Mando a sacar 1000 impresiones de un solo golpe, además que golpeó la máquina.
Andrea miró a Amber con los ojos rojos a punto de asesinarla.
-¡Estás despedida! ¡Despedida, me oyes! -gritó en su dirección.
Amber no sabía qué hacer en ese momento. Caminó a su oficina con un nudo en la garganta a punto de llorar.
-No me importa, tampoco quería este empleo -susurró con lágrimas en sus ojos para luego pegar una carcajada como loca.
-Ja, ja, ja, bien que se merece la vergüenza que pasó por malhumorado, lo que tiene de hermoso lo tiene de amargado. Espera Amber, no es que es un pajarraco, ¿o es que en realidad te parece hermoso tu jefe o tu ex jefe?