Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Un deseo del corazón
Un deseo del corazón

Un deseo del corazón

Autor: : Fullmoon
Género: Romance
"Estrella fugaz te lo imploro, concédeme mi deseo por favor" Emma tiene un amor no correspondido por su amigo de la infancia Zack y para olvidarse de él decide alejarse por un tiempo pero al regresar se da cuenta de que su amigo ha cambiado y con ello un momento trágico aparece.

Capítulo 1 Prólogo

Te conocí cuando tenía 5 años.

Me acababa de mudar con mi familia a esta ciudad y no conocía a nadie, me sentía perdida en un lugar desconocido. Tuve mucho miedo de no encajar, ¿Que haría si todos me odiaban? Pero mis dudas se disiparon cuando nuestras miradas se cruzaron por primera vez, no pude evitar sentir curiosidad por aquellos ojos que mostraban timidez. De hecho, esos ojos se convirtieron en mis favoritos.

-¿Esta es Emma? Era más pequeña la primera vez que la ví -habló una hermosa mujer, su cabello era corto con ondulaciones en las puntas, era castaño y sus ojos eran de color verde, traía puesto un uniforme de azafata y una maleta a un costado, por la manera en que estaba vestida parecía que iría a trabajar, detrás de ella se encontraba escondido un niño- oh, casi lo olvido, Zack, saluda. A partir de ahora estos serán nuestros nuevos vecinos- su tono de voz me hacía darme cuenta de lo amable que era esa mujer.

No entendía muy bien lo que le estaba diciendo a mi madre pero por la manera en que se hablaban era como si ya estuvieran familiarizadas, yo creía que mi madre no conocía a nadie de aquí pero parecía estar equivocada. Yo miraba con curiosidad a ese pequeño niño. A pesar de que tu cabello amarillento se encontraba cubriendo tu rostro, aún así alcancé a ver tus brillantes ojos color ámbar.

Te veías tan tímido pero también tan lindo, a pesar de ser de la misma edad te veías un poco más pequeño que yo.

Te mirabas tan frágil, como si cualquier cosa te pudiera romper. Tu madre se despidió de ti dándote un beso en la mejilla y dijo que vendría a recogerte en un par de días, por lo que podía notar parecía ser que te quedarías con nosotros.

-Emma, Zack se quedará por unos días con nosotros, ¿Estás bien con eso?

Yo asentí con emoción, era como si fuera a tener un hermanito con quién jugar.

-Soy Emma -dije extendiendo mi mano hacia ti, trataste de salir corriendo pero mi mamá te detuvo.

Mi madre encantada había aceptado cuidarte pero como ella siempre estaba ocupada con su trabajo, mi niñera Ana era la que se hacía cargo de nosotros, ¿Recuerdas todas las veces que jugamos con Marian, la hija de Ana?

Nunca olvidaré cuando intentaste rodear un charco de lodo y terminaste cayendo dentro de él, ese día Marian y yo reímos mucho por lo torpe que a veces podías ser.

A medida que pasaba el tiempo nos fuimos acercando cada vez más. Tu padre era el dueño del aeropuerto principal de la ciudad y de otros aeropuertos que estaban alrededor del país y además de eso era piloto, me pregunto si a través de sus trabajos tus padres se conocieron.

Mientras que tus padres estaban ocupados con sus trabajos tu seguías quedándote en mi casa a jugar. Las personas que trabajaban en tu casa no te hacían mucho caso y por eso pasabas la mayor parte del tiempo conmigo y con Marian, no te gustaba estar solo.

Mientras pasábamos más tiempo juntos, un extraño sentimiento empezó a brotar dentro de mí, al principio creí que solo se trataba de admiración pero mientras más crecía me dí cuenta de que no era así, ¿Entonces que era esta sensación?

Aún no sabía lo que era esto, cuando cumplí 8 años escuché de la palabra "amor" ¿era eso lo que yo sentía por ti? No lo sabía, aún era muy pequeña para pensar en esas cosas.

Mis padres me habían metido a clases extracurriculares así que todas las tardes asistía a clases de defensa personal y tú esperabas por mí en casa, te intenté convencer de entrar a clases conmigo pero no aceptaste, dijiste que eras muy malo en eso y que no te gustaba meterte en peleas, ¿Lo recuerdas Zack? Yo lo recuerdo muy bien.

Recuerdo la vez que unos niños de nuestro salón se estaban burlando de ti porque eras tímido, decían que aparte de tu carita bonita y tu dinero no había nada más bueno en ti, esa vez uno de ellos te empujó y yo me enojé mucho y terminé golpeando a todos ellos.

Incluso si me llevaron con la directora y me regañaron por tener una actitud violenta poco me importó, sabía que si no hacía algo en ese momento te volverías la burla de todo el salón.

Siempre juré protegerte y tu juraste que estarías siempre conmigo. Mentiroso.

Un día ambos nos encontrábamos en el jardín trasero de mi casa recolectando flores, el día de las madres estaba cerca y queríamos sorprender a nuestras madres con unos arreglos hechos por nosotros mismos. Me sorprendí cuando pusiste algo sobre mi cabeza, era una corona de flores hecha por ti mismo.

-¡Taran! Ahora luces como una verdadera princesa -dijiste con esa linda sonrisa que tanto te caracterizaba.

Ese día yo cargaba un vestido de tirantes de color blanco, me quedaba por arriba de mis rodillas, era mi vestido favorito. El ambiente se sentía tan bien que creí que ese era un buen momento para decirte mis sentimientos. Tomé tus manos y me incliné hacia adelante, como estábamos de rodillas podía verte desde arriba, te miré directamente a los ojos y de mis labios salió un "me gustas" creí que tu sentías lo mismo que yo pero estaba equivocada.

Tu cara mostró sorpresa pues no esperabas nada así, no dijiste nada, simplemente te levantaste y saliste corriendo de ahí dejándome completamente destrozada, no me importaba la confesión, lo que yo no quería era perder tu amistad, temía que te hubieras enojado conmigo y que ya no me hablaras más.

No era mi intención hacerte sentir incómodo, perdón.

A la mañana siguiente me desperté con los ojos rojos de tanto llorar la noche anterior, no sabía como reaccionaria cuando te viera, apenas y pude desayunar. Cuando salí de casa nuestros ojos se encontraron, ahí estabas tú, con esa sonrisa tan linda, estabas esperando por mí.

-No olvidaste nuestra promesa ¿Cierto? -dijiste al ver que mi chofer estaba arreglando el coche para llevarme a la escuela.

Desde que ingresamos a la primaria habíamos quedado en que tu chofer siempre nos llevaría a la escuela. No dijiste nada sobre mis ojos rojos, lo agradecí internamente, tampoco dijiste nada sobre mi confesión, sabía lo que significaba eso, me habías rechazado.

Aún así estaba feliz por no haber perdido tu amistad.

Tal vez yo estaba exagerando, era solo un amor de niños, ¿No? Estos sentimientos desaparecerían con el tiempo, ¿Verdad?

¿Verdad?

El tiempo siguió pasando en un parpadear y ahora habíamos llegado a la edad de 15 años, pero nosotros no éramos los únicos que habían crecido, estos sentimientos también lo habían hecho, ahora era momento de elegir una escuela nueva.

-Iré a un internado -solté de repente cuando caminaba a un lado de tí, era un internado femenino.

Ese internado era el internado Rose, al mismo dónde había asistido mi madre y quedaba en la ciudad de dónde veníamos.

Aún me gustabas, este sentimiento seguía dentro de mí, yo sólo quería despejar mi mente, quería olvidarme de tí por miedo, pensaba que si estos sentimientos no desaparecían, podía perder tu amistad, yo solo quería seguir siendo una buena amiga para ti.

Cuando te dije acerca del internado tu cara detonaba asombro, definitivamente era algo que no te esperabas.

-¿Por qué? Se supone que iríamos juntos a la misma escuela -dijiste algo triste.

No pongas esa cara, si lo haces me darás esperanzas.

-No te desanimes, vendré todos los fines de semana y en vacaciones, también llamaré cada vez que pueda, es una promesa -dije sonriendo y poniendo mi dedo meñique frente a ti, tu hiciste lo mismo, esa era nuestra manera de hacer promesas.

-Bien, es una promesa -dijiste del mismo modo que yo- y las promesas no deben romperse.

Asentí.

-Por cierto, mis exámenes son mañana.

-¡¿Eh?! ¡¿Tan pronto?!

Reí al ver tu cara, esa tarde nos la pasamos bromeando, incluso me diste tu lápiz como un amuleto de la buena suerte, aún si estabas algo desanimado por mi decisión también deseabas que me fuera bien en el examen.

Gracias, era algo que me hizo muy feliz, en verdad tu apoyo era lo único que me faltaba para darlo todo en el examen.

Cuando dieron los resultados de la prueba tu estabas conmigo dándome palabras de aliento, nos pusimos felices cuando ví que había pasado, siempre te alegrabas por todo lo que yo lograba, esa tarde lo celebramos juntos comiendo una tarta de manzana que el chef de mi familia nos había preparado, ahora solo faltaba tu examen pero sabía que lo pasarías, eras incluso más inteligente que yo.

Gracias por haber estado ahí para mí.

Ingresé al colegio y las primeras semanas cumplí mi promesa de ir a verte, pero a medida que el tiempo siguió avanzando, terminé por romper mi promesa.

Hice nuevas amigas, salía con ellas al cine, de compras, a comer, me olvidé de tí por completo, me olvidé de mi promesa.

Lo lamento tanto, en verdad lo lamento.

Pasó un año cuando regresé nuevamente a mi casa, mis sentimientos aún no habían desaparecido, solo que ahora era diferente, estaba dispuesta a vivir con eso. Viviría con estos sentimientos el tiempo que fuera necesario si de esta manera podía vivir por siempre a tu lado, eso era lo que más quería.

Quería pasar más tiempo con mi querido amigo de la infancia pero... Algo no andaba bien.

Cuando te volví a ver parecía que ya no eras el mismo de antes, tu brillante sonrisa no era más que sombría y falsa, decías que no habías tenido una semana buena y yo te creí.

Debí haber indagado más, lo lamento, no supe ser una buena amiga.

Te dije que tus preocupaciones por fin habían terminado, que el próximo ciclo escolar estaríamos juntos de nuevo, que ya no estaría más en el internado, incluso si te dije eso, no te mirabas tan contento.

En el colegio dónde ibas era necesario hacer un examen cada año para poder ingresar al nuevo semestre así que tanto tú como yo teníamos que estudiar mucho si queríamos quedar en el mismo grupo.

-Una semana después del examen habrá una lluvia de estrellas, ¿La veremos juntos? -dije poniéndome frente a tí con una gran sonrisa y colocando mis manos detrás de mi espalda para dar un toque más tierno.

-Es una promesa -dijiste colocando tu dedo meñique

-Sí -sonreí pero tu sonrisa fue algo melancólica.

Quise preguntar si todo estaba bien pero sentí que solo te molestaría.

Lo lamento.

Sin darnos cuenta nuestras promesas no fueron cumplidas.

Un día antes del examen te llamé para quedar de acuerdo en ir juntos al colegio.

Tu voz sonaba más apagada de lo normal, dijiste que estabas con sueño y te creí, debí haberle hecho caso a las señales.

Al día siguiente fuí a tu casa pero la ama de llaves me dijo que te habías ido temprano, dijo que habías dicho que querías pasar a un lugar antes de presentarte al examen ¿Que era lo que pasaba? ¿Me estabas evitando?

Durante el examen te busqué por todos lados, incluso pregunté en el aula donde se supone que tu estarías pero no te presentaste.

Llegué a casa algo deprimida, ví los zapatos de mi madre en el recibidor por lo que deduje que había llegado de visita a casa, me puse feliz y me dirigí a la sala para recibirla con un fuerte abrazo pero cuando llegué, ví una escena que me erizó la piel.

Mi mamá estaba de rodillas frente a la televisión, estaba llorando y Ana la abrazaba intentando consolarla, cuando me vieron sus ojos se abrieron demasiado, definitivamente no querían que supiera lo que estaba pasando.

Trataron de tapar la pantalla pero ya era tarde, ya había visto que el canal estaba en las noticias.

Aunque quisiera no podía quitar mi mirada de la pantalla. Yo estaba en shock. La noticia hablaba sobre un suicidio, un chico había saltado desde la azotea de uno de los hoteles de mi padre.

¿Por qué lo hiciste? Se supone que yo era tu mejor amiga, debí saber lo que estaba pasando, si tan solo hubiera estado contigo.

Pero el hubiera ya no existe.

Ese día sentí que una parte de mí se había ido junto contigo.

El funeral fue algo privado, solo asistieron mis padres y unas cuantas personas de la privada. Mi mamá trataba de consolar a tu madre pero le era imposible, ella también estaba ahogada en el llanto, mis padres te querían como a un hijo, mi papá se sentía destrozado y se culpaba a sí mismo ya que el incidente había ocurrido desde uno de sus hoteles.

Tu papá no lloraba pero tenía la mirada perdida, estaba apagado, cada quién reaccionaba diferente pero todos te queríamos.

Incluso Jacob, la mano derecha de mi padre, él también estuvo ahí lamentando tu partida, solo bastó que tocara el hombro de tu papá para que se terminara derrumbando.

Tanto mis padres como los tuyos lloraron mucho, ¿Te das cuenta que habían personas que te querían?

Otro chico que jamás en mi vida había visto también estaba ahí, estaba llorando y se hacía llamar tu "mejor amigo" él también se echaba la culpa, nadie podía aceptar lo que estaba pasando, a lado de él también estaba una hermosa señorita, ella no lloraba pero abrazaba a ese chico en silencio.

También se encontraba Marian, la hija de la niñera, ella no fue capaz ni siquiera de acercarse a tu ataúd, también estaba devastada.

Tenías gente que te quería, yo te quería.

¿Por qué lo hiciste? Se suponía que estaríamos juntos en los logros y fracasos del otro, se suponía que siempre estaríamos juntos.

No estábamos casados pero la muerte nos había separado.

Ahora me tendré que resignar a ya no verte más, a no escuchar tu voz, extrañaré las veces en que me solías cantar hasta quedarme dormida, tu risa más que nada, esa esencia a lavanda que se desprendía de ti, me enseñaste a vivir contigo pero no me enseñaste a como vivir sin ti.

Si tan solo hubiera pasado más tiempo contigo te hubiera dicho una vez más cuanto te amaba.

El tiempo pasa rápido, ha pasado una semana desde entonces. Te extraño tanto que aún no puedo asimilar todo esto. Ya no te veré más, me vas a hacer mucha falta pero pase lo que pase siempre estaré pensando en ti...

Con esto me despido y quiero que sepas que siempre estaré agradecida de haber sido tu amiga.

Y gracias por haber sido mi primer amigo en esta ciudad.

Hasta que nos volvamos a ver.

Te quiero.

Firma Emma.

Terminé de escribir la carta y una tras otra lágrima comenzó a caer sobre ella, escribí todos mis sentimientos sabiendo que jamás podrás leer estas palabras.

La doblé cuidadosamente para poder colocarla en el cenicero y la miré por última vez antes de prenderle fuego. Veía como iba desapareciendo todo lo que había escrito, era igual a ti, en un momento estabas y de repente...

Mordí mi labio inferior ahogando un grito.

Me dirigí a mi balcón, la lluvia de estrellas comenzará pronto.

-Mentiroso -susurré. Se suponía que esta noche sería especial, se suponía que las veríamos juntos.

La lluvia de estrellas no tardó mucho en aparecer, tenías razón, eran tan hermosas.

"Si pides un deseo a una estrella fugaz ese deseo se hará realidad, quiero intentarlo cuando las veamos juntos"

Recuerdo que me dijiste eso, ¿Por qué lo dijiste si ni siquiera ibas a estar aquí?

"Un deseo"

-No digas eso o terminaré pidiéndole algo imposible a las estrellas -susurré.

Cerré mis ojos y junté mis manos pidiendo un deseo que aunque sabía que era imposible, era lo único que me daría ánimos en este momento.

Este deseo era para ambos.

-Estrella fugaz, te lo imploro, concédeme mi deseo por favor, prometo cumplir mis promesas, si me das otra oportunidad la aprovecharé como no tienes idea, te lo pido desde lo más profundo de mi corazón pero... Por favor, por favor... Estrella fugaz... Deseo... Volver a ver a Zack.

Y así esa noche la lluvia de estrellas iluminó el cielo trayendo consigo un poco de esperanza para mi alicaído corazón.

Capítulo 2 Deseo 1

Aunque no quisiera, los rayos del sol comenzaron a entrar levemente por la puerta de vidrio que da hacia mi balcón hasta que finalmente lograron iluminar un poco mi habitación que hasta hace unos momentos atrás se encontraba cubierta en total oscuridad. Cubrí mi rostro con mis sábanas para evitar que los rayos de sol golpearan mi cara, quería dormir un poco más pero fue imposible debido a que mi alarma comenzó a sonar.

-Solo un poco más, por favor -lancé un bostezo y con pesadez me levanté de mi cama caminando con pasos flojos hacia mi armario.

El día de mañana empezaban las clases y el miedo estaba presente en mí.

-Siento que no podré hacerlo sin ti -dije mientras apoyaba mi cabeza en la puerta de mi armario. Mordí mi labio inferior y cuando me dí cuenta mis lágrimas ya estaban cayendo.

Mi mundo se había ido abajo desde que me enteré de la noticia.

Se suponía que iríamos juntos al colegio.

Mentiroso.

¿Que pasará con las cosas que prometimos hacer juntos?

-Señorita Emma, el desayuno está listo -habló desde el otro lado de la puerta mi niñera.

Su nombre es Ana, es una mujer de unos 54 años con unas cuantas canas que empiezan a asomarse en su cabeza y es una mujer muy amable, a parte del chofer, Ana fue la única de nuestros empleados que decidió venir a esta ciudad con nosotros junto con su hija Marian, a pesar de que ya crecí, mamá y papá optaron porque se quedaran con nosotros y Ana aceptó gustosa ya que no tenía a dónde más ir.

Ellas son como mi segunda familia, aunque hay veces que me pregunto si ellas nos considerarán así ya que parece que en ocasiones me evitan.

-Gracias, en un momento bajaré -le contesté- y por favor, solo dime Emma, ese es mi nombre.

Hubo un silencio desde el otro lado de la puerta hasta que finalmente volvió a hablar.

-Disculpe señorita Emma, sabe que yo no puedo hacer eso, está en contra de mis principios.

-Eras mi niñera, claro que puedes -hablé pero no recibí una respuesta.

En vez de eso escuché unos pasos que se alejaban cada vez más. Lancé un suspiro con resignación, ya intentaría hablar con ella más tarde.

Comencé a buscar en mi armario algo para ponerme, pero hubo algo que captó toda mi atención.

Entre mi ropa se encontraba un vestido de color lila con piedras de colores como cinturón, me sorprendió haberlo encontrado dentro de mi armario, era un vestido que ya lo daba por perdido pues se me había quedado en el dormitorio del internado.

Aún así sentí un gran alivio por tenerlo de vuelta conmigo. Seguramente lo habrían encontrado y una de mis amigas lo había enviado de regreso hacia mí. Lo abracé porque era uno de mis vestidos favoritos, lo había comprado un mes antes del examen del internado porque creí que me daría suerte, también fue antes de que le dijera a Zack sobre el internado.

-Huele a nuevo -lo olfateé un poco, no podía creer que aún siguiera conservando su aroma.

Me detuve cuando me dí cuenta de que estaba perdiendo mi tiempo admirando mi ropa, ahora no era momento de hacer esto ya que justo después del desayuno tenía que estudiar, no quiero que un examen sorpresa me sorprenda en mi primer día de clases.

Cerré mi armario y sin pensarlo dos veces, decidí ponerme mi vestido lila con unos botines blancos, miré mi reflejo, mi cabello castaño ya me llegaba hasta la cintura, tal vez era tiempo de cortarlo, lo amarré en una coleta alta como siempre acostumbraba a hacerlo, mis ojos color avellana era lo que más me gustaba de mí.

Bajé los escalones y lo primero que hice cuando estuve en el primer piso fue ir al comedor. Todo estaba vacío, papá es dueño de una cadena de hoteles de esta ciudad y mamá es la directora general de un hospital de la ciudad dónde venimos, casi nunca están en casa y eso hace que a veces me pregunte sobre como se conocieron ya que provienen de ciudades distintas.

No me sentía sola porque tenía a Zack pero ahora que él ya no está, solo me la paso estudiando en mi habitación.

-Buenos días señorita Emma, en un momento le serviré su desayuno -dijo Marian llegando al comedor.

-Solo llámame Emma, sabes que me puedes hablar normal.

Marian asintió pero no la ví muy convencida, no entiendo como comenzó a volverse más distante conmigo, cuando eramos más pequeñas siempre me trató como a una amiga pero para la primavera de mis 12 años de pronto comenzó a aislarse un poco de mí, me pregunto si fue lo mismo con Zack.

«Zack»

-Aquí está su desayuno señorita -dijo poniendo un plato sobre la mesa.

Puré de papa, bisteces y un rico jugo de manzana, hace tanto tiempo que no comía en casa, incluso cuando regresé del internado solamente me la pasaba comiendo fuera de casa junto con... Zack.

Iba a comenzar a comer pero noté que Marian se miraba algo inquieta, estaba jugando con sus manos como si quisiera decirme algo.

-¿Pasa algo? -le pregunté sacándola de sus pensamientos.

-¿Eh? B...bueno... Estaba pensando en lo bien que se mira hoy señorita ¿Su vestido es nuevo? -sabía muy bien que eso no era lo que me quería decir porque hasta hace unos momentos ni siquiera le había prestado atención a mi vestido pero aún así mentí al decir que le creía.

-No, lo compré antes de asistir al internado Rose, me gustó tanto que decidí comprarlo como un amuleto de la buena suerte -sonreí mientras daba una vuelta para enseñarle completamente el vestido y luego de eso volví a mi asiento- es lindo ¿Verdad? Me encanta el diseño del cinturón.

-Claro que sí señorita, es muy lindo, además todo lo que usted se pone le queda bien pero... ¿De que internado me está hablando? ¿Fue a unos cursos? -mostró confusión en su rostro.

En estos momentos no sabía quién estaba más confundida, si ella o yo.

-¿De que hablas? Me refiero a la preparatoria, asistí al internado femenino Rose por un año entero antes de regresar a casa, ¿Recuerdas?

Ella se mostraba cada vez más confundida, esto me estaba comenzando a asustar.

-Señorita, ¿De que habla? Usted no ha ido a ningún internado femenino, ni siquiera ha empezado la preparatoria ¿Se encuentra bien? -me tocó la frente para comprobar que no tuviera fiebre -Al parecer se encuentra bien, de hecho hoy viene su madre para escuchar su decisión.

-¿Que dices?

-Me refiero a que hoy viene la señora Juliette para escuchar la decisión que usted tomó, se supone que hoy elegirá la preparatoria a la que asistirá, tiene 2 opciones ¿No? Si no me equivoco uno de ellos era el mismo colegio al que asistirá Zack y el otro es un internado femenino... ¡Ah! Justo como el que me acaba de mencionar ahora.

Escupí el jugo de manzana tras escuchar eso y con un movimiento algo brusco me levanté de mi asiento, fue torpe el movimiento que casi me caigo con todo y silla.

-¿Que clase de broma es esta? No es para nada divertido jugar con algo así... disculpa, ya no tengo hambre -caminé lo más rápido que pude hacia la puerta del comedor, sentía la mirada de Marian clavada en mi espalda, seguramente estaba preocupada por mi actitud pero en estos momentos yo no me encontraba bien para esa clase de bromas.

Entré a mi habitación y me tumbé en mi cama, quisiera poder dormir un rato y olvidarme de todo, tal y como Marian lo hizo.

«Señorita, usted no ha ido a ningún internado femenino, ni siquiera ha empezado la preparatoria ¿Se encuentra bien?»

«Me refiero a que hoy viene la señora Juliette para escuchar la decisión que usted tomó, se supone que hoy elegirá la preparatoria a la que asistirá, tiene 2 opciones ¿No? Si no me equivoco uno de ellos era el mismo colegio al que asistirá Zack y el otro es un internado femenino... ¡Ah! Justo como el que me acaba de mencionar ahora» su voz comenzó a retumbar en mi mente.

Los comentarios por parte de Marian me afectaron un poco aunque en cierto modo a mí también me resultaba extraño que mi vestido apareciera aquí y oliendo a nuevo pues yo siempre me aplico mi perfume con olor a rosas, era imposible que siguiera con olor a nuevo, era como si hubiera regresado el tiempo aunque...

Y si tal vez... Solo tal vez...

No, no, eso es imposible... Es imposible... ¿Verdad?

**

-Señorita, ¿Va a alguna parte? -preguntó Marian al verme caminar hacia la puerta principal.

-Necesito comprobar algo con mis propios ojos, si no lo hago no podré estar tranquila -dije una vez que abrí la puerta -por cierto... Discúlpame por lo de hace un rato.

No esperé una respuesta por parte de ella y salí de casa. Tan pronto como salí cubrí mi rostro en cuanto los rayos del sol pegaron en mi cara, desde el incidente no había vuelto a salir de casa, ha sido una semana triste.

Mis piernas comenzaron a moverse y de a poco mis movimientos se hicieron más rápidos hasta que finalmente comencé a correr sin importarme nada, escuché unos gritos por parte de algunos empleados de casa pero no pude responderles, ya pediría disculpas más tarde por salir sin avisarle a nadie.

Con cada paso que daba, mi casa se iba alejando más y más hasta que de pronto ya no la ví más pero quería comprobar algo con mis propios ojos, tenía que hacerlo.

-¡Por favor! ¡Por favor! -grité mientras corría, algunos de la privada me miraban extraño pero eso no me importaba ahora.

Paré de correr cuando estuve a unos metros de ahí, su casa estaba frente a mí.

«Estrella fugaz ¿Escuchaste mi deseo? Aquél deseo que venía desde lo más profundo de mi corazón»

Estaba a punto de tocar el timbre, solo estaba a unos cuantos minutos de saber la verdad pero justo cuando estuve a punto de hacerlo me detuve.

Tenía miedo de hacerme una idea equivocada, tal vez la única que estaba mal aquí era yo.

Quizás estaba siendo paranoica porque me rehusaba a aceptar que Zack ya no está más.

-Ahora me siento tan tonta -me dije a mí misma.

La seguridad que hace unos minutos atrás había tenido se había ido por completo.

Las personas que ya no están no pueden regresar a la vida, eso es imposible.

Giré sobre mis pies, no sé en que estaba pensando al venir hasta aquí.

Empecé a caminar con mis ojos húmedos cuando escuché la puerta abrirse, ni siquiera era capaz de voltear a ver y preguntar por él.

-¿Emma?

«¿Q-que... Es esto?»

Me congelé al escuchar que me hablaban, no podía creerlo... Era imposible... Era imposible... Pero aún así esa voz estaba diciendo mi nombre, era imposible que no reconociera su voz, era como si él jamás se hubiera ido.

-¡Emma! realmente eres tú, ¿Que haces aquí?... Espera ¿Por qué estás llorando?

Corrí hacia él y me aferré para darle un fuerte abrazo, era imposible que él estuviera parado frente a mí ¿No? Esto debía ser un sueño pero incluso si lo era, deseaba que esto durara un poco más.

-Por favor... Por favor... No te vayas otra vez -dije entre sollozos aferrandome aún más a él.

Su aroma comenzó a impregnar toda mi ropa, ese aroma que él desprendía y que me gustaba tanto, todo él estaba presente, las lágrimas seguían saliendo mientras más me aferraba a él.

-¡Espera! ¡Espera! ¡No tan fuerte que me arrugas mi ropa! ¡¿De que estás hablando?! ¡No me he ido a ninguna parte!

Tu vida en la tierra fue momentánea y cuando me había dado cuenta, habías desaparecido con la rapidez de una estrella fugaz pero una vez más te tengo de nuevo entre mis brazos.

«Gracias estrella fugaz, solo por un poco más, déjame estar con él»

Capítulo 3 Deseo 2

El reloj marcaba las 10:30 PM.

Justo ahora me encontraba en la habitación de Zack, yo me encontraba sentada en su cama y lo miraba atenta mientras él estudiaba en su escritorio, temía perderme cada expresión que él hacía, ni siquiera quería parpadear ya que creía que si lo hacía, él desaparecería de nuevo.

-Llevas un rato viéndome ¿En verdad que ocurre? Has estado muy rara desde que llegaste -dijo sin voltear a verme, aún si no me veía, era obvio que sentía mi mirada clavada en su espalda.

-Eres realmente adorable -me acerqué hasta él y apreté sus mejillas, era tanta mi emoción de tenerlo frente a mí que era difícil de ocultar -¿Te has hecho algo en el rostro? Te ves más lindo de lo normal.

-No y ya déjame, solo me estás molestando como siempre -dijo mientras se alejaba del escritorio y se acostaba en su cama.

-Incluso me gusta tu cara malhumorada -no le hice caso y seguí diciéndole cosas así, él sabía mejor que nadie lo mucho que me gustaba decirle cosas así, no era como si le estuviera mintiendo.

Zack cubrió su rostro con su almohada pero luego de un rato volvió a prestarme atención.

-¿Y a que has venido? ¿Ahora si me vas a decir que ocurre?

Quería decirle pero sabía que si lo hacía tal vez no me creería, incluso yo todavía no me lo creía, ni siquiera sabía lo que estaba pasando.

-Ahora estoy bien, gracias por preocuparte por mí pero dime ¿Que quieres hacer hoy? Podemos jugar a las cartas, también podemos ir a comer algo, haremos lo que tú quieras -dije esbozando una gran sonrisa.

Quería pasar más tiempo con él, si esto de verdad era un sueño, no sabía en que momento podía despertar.

-Aunque también podríamos estudiar, los exámenes están a la vuelta de la esquina y no creo que quieras reprobarlos.

-Iré a un internado de chicas -solté de repente, justo cuando Zack iba a decir algo volví a sonreír- solo bromeo, iré a la misma escuela que tú -su cara lo decía todo, cuando le dije que iría a un internado, se miraba asustado pero cuando le dije que iría a la misma escuela que él se miró aliviado, no pude evitar tener un sentimiento de culpa. Zack, realmente no querías que me alejara de ti ¿Cierto?

-Por bromas como esas es que ya no te creo nada de lo que me dices -dijo regresando a su escritorio y tomando sus apuntes volvió a estudiar.

-Fue un buen día pero tristemente ya está por acabar -dije viendo el reloj de pared de su habitación- gracias por venir a verme.

Zack dejó de estudiar y me volteó a ver.

-¿De que hablas? Tú fuiste la que me vino a ver a mi casa.

Sonreí fingiendo que todo estaba bien, el llanto estaba dentro de mí amenazando con salir.

-No es nada, solo digo que... Gracias por haberme brindado tu amistad por tantos años, gracias por todos esos años vividos... Por las sonrisas que me sacaste, hemos jugado, hemos reído y llorado juntos... Gracias Zack -lo abracé por la espalda y sin pensarlo, le deposité un beso en su cabeza- gracias por las vivencias, siempre serás alguien importante para mí y siempre estarás en mi corazón.

Lancé unas palabras de despedida.

Él no me contestó, se tocó la cabeza extrañado de mi comportamiento, quizás todo el día había estado rara pero no podía evitarlo... Solo quería detener el sueño, que no se terminara.

-Gracias por regalarme un poco de tu tiempo, pero es hora de decir adiós -dije antes de cerrar la puerta, seguramente estaría confundido por mis palabras.

Quería quedarme más tiempo con él, pero tenía miedo de estar presente en cuanto él comenzara a desvanecerse.

Marian dijo que mamá llegaría hoy pero estaba segura de que despertaría de este sueño antes de que pudiera verla.

Llegué a casa algo cansada de tanto correr, debido a la adrenalina del momento no me había puesto a pensar en eso pero ahora que mis sentidos habían vuelto en sí, podía sentir el dolor en mis piernas, no soy una persona muy atlética que digamos, saber defensa personal ya es algo para mí.

-Bienvenida a casa señorita, me alegra que esté bien, me tenía preocupada con eso de que se fue muy rápido y no dijo a dónde iba -dijo Marian al recibirme.

-¡Marian! -la abracé con fuerza, era tanta mi emoción de haberlo visto una vez más que me era imposible ocultarla.

-¿Ocurrió algo bueno señorita?

-No te imaginas lo que me acaba de pasar -iba a decirle sobre mi deseo a la estrella fugaz y sobre como me había concedido este sueño que estaba teniendo cuando escuché que la puerta principal se estaba abriendo.

En ese momento mamá venía entrando al recibidor, se veía agotada, seguramente no había dormido bien.

-Hola mamá, bienvenida a casa.

Me dedicó una sonrisa tierna y se dirigió a la sala principal, hacía un mes que no venía a casa pero verla llegar solo para saber porque escuela me había decidido me hacía sentir muy querida, mis padres casi nunca están en casa por sus trabajos pero aún así se toman algo de su tiempo para preguntar por mí aunque sea solo por llamada.

Ahora me dirijo a la sala junto a ella ya que seguramente me preguntaría la decisión que había tomado, incluso para ser un sueño, se veía demasiado realista.

-Bien, se que no es momento para hablar de eso pero, ¿Ya has tomado una decisión? El registro debió haber quedado hace una semana pero tú querías un poco más de tiempo para pensar bien las cosas y ya ha pasado mucho tiempo.

Asentí rápidamente.

-Quiero estudiar en el colegio Hebram.

Mamá se sorprendió por mi respuesta, ella seguramente había pensado que elegiría el internado femenino, pero su rostro no mostraba desilusión, más bien se encontraba... ¿Feliz?

-Que bueno cariño, no sabía que decirte si llegabas a elegir el colegio femenino, ¡Estoy tan feliz! ¡Debemos preparar los papeles inmediatamente! -habló con emoción y tomó mi muñeca izquierda llevándome directamente al estudio a buscar mis documentos, incluso para ser un sueño, las emociones de mi madre eran tan realistas.

De mi dulce madre fue de quién heredé su personalidad. Realmente se veía emocionada cuando le dije que asistiría a Hebram. Esto me hizo recordar de la vez que le había dicho a mi madre que asistiría al internado Rose, cuando pasó eso, lo único que me dijo fue:

"Okey, está bien."

Justo ahora sentía como si mi vida fuera un juego de esos dónde se toman decisiones, dónde dependiendo de las decisiones que tome me llevarán ya sea a la ruta buena o a la ruta mala.

-Bien, aquí están todos ordenados de manera correcta, iré por el chófer para que me lleve -dijo tomando el folder que estaba sobre el escritorio y empezó a acomodar los documentos con delicadeza.

-¿Ahora? Ya es de noche, ¿Viste lo oscuro que está afuera? -apunté hacia la ventana del estudio- ni siquiera los maestros trabajan hasta tarde.

Ella se hechó a reír.

-Es verdad, entonces será mañana.

-¿Por qué estás tan emocionada en que vaya a estudiar ahí? Recuerdo que tú dijiste que estudiaste en el internado Rose.

Mamá miró al suelo con melancolía en su mirada.

-Así es, yo estudié en el internado Rose pero tu papá estudió en el colegio Hebram y también... Una amiga.

Me sorprendí ante la confesión de mi madre, sé que no debería preguntar pero quería saber más acerca de ello.

-¿Y por qué no me habías dicho nada? Dime, dime -dije con emoción- ¿Quién es esa amiga? ¿La conozco?

-Ella vivía en la misma ciudad que yo pero debido al trabajo de sus padres se mudó aquí y se matriculó en Hebram.

Quería seguir preguntando pero se miraba triste, pensé que diría algo más pero una lágrima cayó por su mejilla, supuse que esa amiga había tenido el mismo destino que Zack, quería saber más pero tenía miedo de que si seguía preguntando, mamá terminaría por romperse.

Aunque... Me pregunto si esto es producto de mi sueño o esa "amiga" de verdad existió.

-Bien, voy a dejar esto aquí arriba del escritorio, voy a decirle a Ana que le diga al ama de llaves que le diga a una de las empleadas que me prepare el baño, estoy tan cansada que quiero dormir un poco.

Asentí mientras veía a mamá salir del estudio.

Primero Zack, ahora mamá. Ahora me doy cuenta que cada persona guarda secretos que no le pueden decir a nadie.

Regresé a mi habitación para poder estudiar un poco, ya eran pasadas las 12:00 AM. Y aún no sabía en que momento el sueño terminaría. Cuando entré, una caja que estaba arriba de mi cama llamó mi atención, era una caja algo pequeña envuelta cuidadosamente con un color plateado.

Creí que alguien me había dado un regalo así que lo abrí.

-Es hermoso

Era un brazalete dorado con una piedra azúl incrustada en medio, su diseño era simple pero sin duda alguna era hermoso, revisé la caja para ver si tenía remitente pero no había nada, quizás era de algún admirador secreto. Me lo puse sin siquiera dudar un segundo y lo miré frente al espejo, hoy había sido un día agradable.

**

Salí del baño después de darme una ducha, mi teléfono estaba sobre la cama cuando comenzó a sonar, lo tomé rápidamente y me emocioné al ver que era una llamada de Zack.

-¡HOLAAA! -grité emocionada, por el otro lado del teléfono escuché un quejido.

"No grites tan fuerte, me dejarás sordo"

-Perdón, es la costumbre. ¿Se te ofrece algo? -contesté entre risas- si sigues despierto es por algo ¿No?

"Sí, ¿Que vas a hacer mañana?"

-Estaré todo el día en casa ¿Por qué? ¿Me vas a invitar a salir? -bromeé un poco.

"¿Ah? Claro que no, quería saber si no harás nada para que estudiemos un poco, es aburrido estar solo todo el día"

Hubo un silencio por parte de mí, Zack temía estar solo, yo sabía eso y aún así lo abandoné. Apreté fuertemente mi teléfono y un sentimiento de culpa me inundó ¿Por qué tengo que pasar por esto otra vez?

"¿Bueno? ¿Emma? ¿Sigues ahí? Voy a colgar si no contestas en cinco segundos"

-¿Eh? Sí. Perdón, aquí sigo, me encantaría estudiar con mi querido amigo de la infancia jeje -reí tratando de ocultar mi voz entre cortada.

"Bien, estaré ahí temprano y Emma... Gracias por haber elegido el mismo colegio que yo, estoy seguro que este será un gran año, nos la pasaremos genial"

-No tienes que agradecer, yo siempre estaré aquí para t... -¿Eh?

Mi cabeza comenzó a doler y un zumbido empezó a sonar en mis oídos -sin darme cuenta solté un quejido.

"¿Estás bien? Te escucho un poco rara"

-S-sí... Lo estoy... Te veo mañana -dije mientras colgaba el teléfono, no lo quería preocupar.

Me levanté a como pude de la cama pero caí en el intento.

-Estúpido -se escuchó la voz de un chico, poco a poco comencé a ver una sombra.

-Te vas a arrepentir por haberte cruzado en mi camino tanto que hasta llorarás cada vez que escuches mi nombre -se escuchó la voz de otro chico, eran voces que jamás en mi vida había escuchado- vas a desear no haber nacido nunca.

Todas esas palabras eran dirigidas... ¿A mí?... No puede ser... Ni siquiera conozco a esas personas...

El dolor cada vez comenzó a ser más intenso. Imágenes comenzaron a aparecer frente a mis ojos, era como si estuviera viendo lo que otra persona veía, esa persona estaba tirada en el suelo mientras era golpeada por otras personas que no se les alcanzaba a ver el rostro, mi cuerpo comenzó a doler como si fuera yo la que recibiera los golpes.

-Y-ya... D-dejen de... M-molestarme... P-por favor -Habló un chico con la voz entre cortada, reconocí esa voz enseguida, era de Zack.

Estaba viendo los recuerdos de Zack, en este momento yo estaba viendo las cosas con sus propios ojos.

-¡AGH! -grité, el dolor se volvió cada vez más intenso.

En este momento yo estaba en el cuerpo de Zack pero no tenía voluntad propia, solo estaba dentro del cuerpo de Zack pero era mi amigo el que estaba haciendo cada uno de los movimientos y gestos, estaba tirado en el suelo mientras era golpeado por otros chicos, la ropa estaba manchada de sangre, su mirada se dirigió a una silueta que solo se limitaba a observar desde atrás, Zack no dijo nada pero parecía querer ayuda pero esa silueta en vez de ayudarlo solamente lo ignoró a pesar de que de sus labios salió un "lo siento", una tras otra silueta se hacían presentes y todos solamente le dedicaban un "lo siento"

Quería llorar tras todo lo que estaba viendo pero no podía, aún seguía siendo manejada por los sentimientos de Zack, ese fue el sufrimiento que vivió mi amigo hasta el final de sus días. El dolor se iba intensificando cada vez más hasta que desapareció.

De un momento a otro ya no estaba en el cuerpo de Zack pero estaba parada a un lado de él viendo la escena.

«Así que estos son tus recuerdos»

Mi amigo estaba tirado en el suelo cuando dos siluetas se acercaron a él, una de las siluetas se agachó y le extendió la mano.

-Ven, levántate, no tienes por qué soportar esto -la voz provenía de una chica- mi nombre es Asteria y él es Aster y desde ahora... Ayudaremos a cambiar este futuro.

Quería escuchar un poco más, quería saber quiénes eran esas personas hasta que poco a poco comencé a perder el conocimiento, antes de cerrar mis ojos logré ver a una chica parada frente a mí llamándome por mí nombre, al verla un poco mejor, pude darme cuenta que era yo.

La silueta de la chica y del chico misterioso se colocaron detrás de mi otra yo y aunque no podía verle el rostro a esos dos podía sentir sus miradas en mí.

Mi otra yo comenzó a caminar hacia mí y cuando estuvo de frente me dijo unas palabras que quedarían retumbando en mi cabeza.

"Emma, tienes que salvarlo... Por favor... Salva a Zack de aquél destino trágico"

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022