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Un eco ancestral. Susurros del pasado.

Un eco ancestral. Susurros del pasado.

Autor: : Beliz1
Género: Fantasía
"Huyo de las sombras que me atormentan, pero en lugar de encontrar paz, me sumerjo en una oscuridad aún más profunda. Un hombre misterioso irrumpe en mi vida, alguien que sabe más de mí de lo que debería. Siento una atracción peligrosa hacia él, mezclada con un miedo que me consume. A medida que secretos inconfesables salen a la luz, descubro que mi vida ha estado marcada por un destino que nunca imaginé. Ahora, entre la verdad y la traición, me pregunto: ¿es él mi salvación o mi perdición?"

Capítulo 1 Entre rutina y misterio.

"El celular sonó y rasgó el silencio de la mañana, pero fue la voz en el teléfono la que realmente me sacó del letargo."

-¿Señorita Ford? -dijo una voz grave, casi helada-.

-Sí, soy yo -dije, y aún el peso del sueño seguía en mis ojos.

La llamamos de parte del Tribunal de Justicia de Highland Park. La hipoteca de su casa ha sido cancelada-. Un sentimiento de alivio cargado de asombro se apoderó de mí; no podía creer lo que oía. "Tengo esperanzas", pensé dentro de mí.

-Alguien ha reclamado los derechos sobre su propiedad-. Mis sentimientos de esperanza se desmoronaron como la arena.

Mis manos, aún adormecidas, temblaron al sujetar el teléfono. No era un buen día para esto.

-¿Cómo...? -la incredulidad se asomó en mi voz- ¿Quién está reclamando la propiedad? No recuerdo tener más familiares.

-Lo siento, pero no puedo dar más detalles ahora mismo. Es urgente que se presente mañana en el Juzgado Central de Highland Park a las 9 a. m. Por favor, sea puntual. Gracias -la llamada se cortó, y dejé el teléfono caer sobre la mesa, sintiendo que mi mundo se tambaleaba.

-Esto no puede estar pasando -murmuré-, perpleja, cubriendo con mis manos el rostro.

Me senté en la cama, mi estómago era un nudo. La pesadilla de la noche anterior aún revoloteaba en mi mente. "La figura aterradora, con su bata mugrosa y el cabello desordenado. Eran solo ecos, pero se sentían tan cercanos. Descalza, recorrí la casa, notando cómo el aire frío me envolvía. A la derecha, la oscuridad de la noche aún se hacía presente en mi interior; a la izquierda, la luz del día me retaba a enfrentarlo todo."

Es duro mirarme en el espejo y ver cómo, con solo 25 años, cargo con un dolor que parece desproporcionado. Mi cabello rizado, una de las cosas que solía adorar y que mi madre siempre elogiaba, ahora parece un recordatorio de lo que se ha roto en mí. Vivir en una ciudad como Highland Park, con sus residentes elegantes y reconocidos, parece solo un eco lejano de lo que fue mi vida.

Extraño a mis padres con una intensidad que a veces me resulta insoportable. ¿Cómo pudieron dejarme? ¿Cómo pudo un simple accidente de autos arrebatarme todo? Las lágrimas caen por mi rostro al pensar en ellos. Y ahora, aquí estoy, la única heredera de los Ford, enfrentando la desolación de un legado arruinado. Las deudas han llevado al banco a tomar nuestra mansión, y yo me encuentro buscando distracción en un bar nocturno, haciendo un trabajo que no llena el vacío que siento. Aunque el trabajo es un alivio momentáneo, es solo un escape parcial de una vida dolorosa y de los sueños horribles que me han atormentado desde niña.

La noche se hace notable. Tomo las llaves de mi auto de la mesa de noche, me pongo mi bolso negro, termino de arreglar mi largo cabello castaño y rizado y lo hago una cola.

Bajo las enormes escaleras de la solitaria mansión Ford lo más rápido que puedo, tratando de llegar a mi pequeño auto, un Volkswagen que no era muy moderno pero me había acompañado estos últimos años en los que mi familia quebró y tuve que vender mi lujoso Mercedes. Las calles de mi misterioso pueblo en la noche lucían más sombrías de lo que ya eran; las grandes mansiones con enormes jardines le daban un tono algo elegante pero a la vez intrigante, como si ocultaran algo bajo su superficie.

El viaje al bar no tomó mucho tiempo. El enorme cartel con el nombre impreso "Highland" iluminaba la oscura calle.

Me adentré, abriéndome paso entre la apretada multitud que bailaba y cantaba como si no hubiera un mañana, y me dirigí a mi taquilla en la parte trasera para ponerme mi uniforme.

El bullicio de la estruendosa música hacía que tuviera que esforzarme por escuchar a los clientes. Algunos eran muy atentos y agradables, pero otros eran muy irrespetuosos, algo a lo que ya estaba acostumbrada. El DJ paró la música para tomar el micrófono; era un chico nuevo de figura atlética, de cabello castaño, su tatuaje extravagante en el brazo derecho y su arete en la oreja lo identificaban como roquero.

-Se llama Ryan -me dijo Ruth, empujándome suavemente al darse cuenta de que me había detenido a mirar al cantante.

-Puff -hice un gesto aburrido y ella sonrió. Ruth era mi compañera de trabajo por la que había desarrollado un gran afecto; al igual que a mí, la vida no le había dado muchas alegrías.

Mi jefe se acercó para pedirme que le apoyara en la zona VIP, y me dirigí hacia allá. Siempre me enviaba, ya que decía que, a pesar de ser hermosa, también era muy amable, algo que es muy cierto, ya que fui criada con una excelente educación, dado el estatus de mis padres, y, bueno, mi mezcla racial algo morena por parte de mi madre, que era mexicana, me ha favorecido mucho.

Me dirigí a la sala VIP; allí, el bullicio de la música era menos audible, algo que agradecí enormemente. Me acerqué al enorme y lujoso sillón para ofrecer mis servicios y lo que vi me dejó helada. Un hombre de presencia imponente y enigmática, de solo mirarlo podía sentir su imponente presencia; su cabello, tan negro como la noche, caía denso sobre sus hombros. Tenía un porte de un hombre de unos 30 años, pero que daba la impresión de tener muchos más. Vestía un traje negro que, aunque lujoso, parecía haber sido comprado en otra época; al juzgar por su aspecto, era muy rico. Estaba sentado frente a mí y a su lado, una hermosa mujer de cuello largo y cabello rojo que resaltaba en su piel extremadamente blanca. Ambos reían complacidamente.

Me acerqué a la mesa para realizar mi trabajo, un poco nerviosa por la apariencia de aquel sujeto pero con el valor que siempre me ha caracterizado.

-Buenas noches, espero que estén disfrutando la velada. ¿En qué puedo ayudarlos? ¿Desean tomar algo? -les pregunté con amabilidad y la mejor de mis sonrisas.

-Puede traer una botella de champán -me dijo la mujer pelirroja con un tono arrogante y apartó la mirada de mí como ignorando mis palabras.

Pero él me miró fijamente. Clavó su mirada intensa en mí. Sus ojos completamente negros y profundos reflejaban un poder y una intensidad que parecía sobrenatural. Yo lo miré también y un terror, y a la vez deseo, me atrapó. Pasaron unos segundos solamente, pero sentí que fue toda una eternidad. Finalmente, él me habló.

-Que sea un "Dom Pérignon" -su voz era tan imponente como su aspecto, lo que le añadía una sensualidad que jamás había visto. Hice una leve reverencia y fui por la bebida.

Los atendí el tiempo que estuvieron allí; no solicitaron más mi presencia, así que fue un descanso en el atareado trabajo. Cerca de las 2 o quizás 3 de la madrugada se levantaron para irse. Yo fui a limpiar la mesa mientras salían. La mujer pelirroja, de pie, era muy alta y hermosa, pero él, era enorme, de complexión robusta como sacado de una revista; su largo cabello lacio y denso caía sobre sus hombros, enmarcando su rostro alto y angular. La mujer tomó su brazo. Él pasó a mi lado y el borde de su mano rozó la mía.

Un terror recorrió mi cuerpo mezclado con una incertidumbre que no puedo explicar. Pero volví a mis labores; tenía demasiados problemas para pensar en ese hombre misterioso.

La madrugada pasó veloz, y la hora de irme a casa llegó más rápido aún. Tomé mis cosas del casillero, fui al baño a intentar arreglar mi cabello y apariencia marcada por la mala noche. El espejo reflejaba mi rostro cansado; una sombra oscura se asomaba bajo mis grandes ojos expresivos de color marrón claro.

-Toma -me dijo Ruth, extendiéndome una paleta de maquillaje, con una sonrisa compasiva de alguien que ha sufrido tanto como yo-. Eso disimulará un poco. -Le agradecí en silencio y la tomé.

El tráfico estuvo algo pesado, pero logré llegar unos minutos antes de la reunión.

Capítulo 2 Turbulencia

El edificio era enorme; las personas iban de un lado a otro. Me dirigí a la recección para pedir orientación sobre dónde debería ir para la cita. La chica, con voz suave y agradable, me indicó la puerta, y yo corrí hacia ella para no atrasarme más.

Toqué la puerta indicada; una voz me pidió que entrara, y pasé. Allí estaba un hombre anciano, de pelo blanco, sentado en el escritorio.

A su lado, una señorita cuyo rostro ya había visto, estaba sentada frente a él. Su hermoso cabello rojo y su esbelto cuello me hicieron recordarla de inmediato.

-Pase -me indicó el anciano con una formalidad típica del trabajo que ejercía.

Ambos se pusieron de pie y me extendieron la mano para saludarme, pero la vista de los grandes ojos azules de la mujer no se apartaba de los míos. Su sonrisa de victoria dejaba entrever que lo había perdido todo.

-Mi nombre es Tom McDonald's, soy el juez a cargo de su caso, y ella -dijo señalando a la mujer- es la señorita Smith, abogada y representante del señor Audrey-

Ella me sonrió con una mirada que decía mil palabras, como quien juega un juego del que tiene total dominio.

-El señor Audrey prefiere la discreción -me respondió la esbelta mujer con una calma que solo logró alterarme más.

-¿Discreción? ¿Y tiene el coraje de reclamar una propiedad familiar sin siquiera pertenecer a ella? Disculpe, señor McDonald's, pero considero una total falta de respeto esta reunión -dije en un tono exasperado, dejando ver mi frustración.

-¿Nos da unos minutos, señorita Smith? -dijo el anciano. Ella asintió, hizo una sonrisa fría y cruel, se levantó de su asiento y salió.

-Le explicaré, señorita Ford. Como ya sabe, su familia lo perdió todo y su casa se hipotecó-

-Eso ya lo sé, señor -dije alterada.

-Permítame explicarle, por favor -me dijo con la calma de una persona experimentada.

Respiré profundo y lo escuché.-Su casa fue reclamada por el señor Audrey, ya que estas tierras pertenecían a su linaje anteriormente. Su familia firmó un acuerdo con ellos en el que, si quedaban sin nada, la propiedad sería entregada a este señor-

En mi cabeza hubo un caos, todo el lugar daba vueltas a mi alrededor. Sabía que podía perder mi casa, ¿pero en manos de un extraño, sin una oportunidad de reclamar o intentar luchar por lo que fue tan importante para mi familia?

-¿Señorita, está bien? -me dijo el anciano al notar mi estado de palidez.

-Sí -mentí.

-¿Podría apelar? -pregunté, esperando una respuesta positiva.

-Sí, señorita, podría apelar, pero sería una batalla difícil dado el acuerdo en el pasado y lo costoso del proceso, y creo que usted no está en posición de costear un profesional a ese nivel -me dijo con total sinceridad.

Aunque sus palabras fueron crueles, sabía que era la pura verdad. Continuó hablando, y yo no podía hacer más que escuchar y maldecir mis días.

-Hay algo más, señorita -dijo, y mi corazón se agitó aún más.-¿Algo más? -susurré mientras llevaba mi mano derecha a mi frente.

-Debe abandonar la mansión. Tiene una semana -me extendió un papel con la sentencia.

Lo tomé y lo leí mientras mis manos temblaban. Me paré haciendo el mejor esfuerzo posible por sostener mi debilitado cuerpo, le di las gracias al juez y salí arrastrando mis pesados pies.

¿Quién era ese misterioso señor Audrey que tenía total derecho sobre mi patrimonio?

--

Era verano; el sofocante calor era casi insoportable, típico de Texas. El intenso sol golpeó mi cuerpo haciendo que el impacto de la desagradable noticia se sintiera aún más cruel.

Entré en mi auto, encendí el aire para refrescarme y mi cuerpo se desplomó en el asiento como quien acaba de rendirse ante el enemigo.

La desesperación y el miedo me inundaron, como si estuviera hundiéndome en un mar profundo, y lentamente las aguas cubrieran mi rostro.

Estaba al borde de la desesperación; parecía que la fina línea que dividía la cordura de la locura se estaba desvaneciendo.

Llegué a mi casa. La enorme mansión se presentaba ante mis ojos con su enorme jardín descuidado por la falta de jardinero.

Las enormes puertas que se abrirían para mí en una semana se cerrarían dejándome fuera.A decir verdad, la mansión estaba casi deteriorada, sin vida, sola.

No tenía cómo mantener arreglada una propiedad tan inmensa si apenas tenía un centavo.Pero algo extraño sucedía: las luces estaban tenues, casi parpadeaban, como si alguna energía exterior debilitara las de la mansión.

Corrí a mi cuarto, subí las escaleras lo más rápido que pude. Abrí la puerta de un tirón con tal fuerza que resonó en toda la segunda planta.

Tomé un adorno con forma de delfín de encima de la mesa de noche y lo lancé con odio contra la pared. Eso fue solo el principio del desastre que logré crear en mi cuarto; tomaba uno tras otro, descargando mi furia en los objetos rotos.

Cada vez me enfurecía más, y por cada objeto roto daba un grito desesperado, de rabia. Las lágrimas corrían por mi rostro, deshaciendo el maquillaje. Todo se juntaba en mi cabeza: tanto dolor en tan poco tiempo, guardado en mí, sin contárselo a nadie.

Lancé un grito más fuerte aún, lanzando un jarrón de flores grande y pesado contra el piso. Sentí que algo más se quebró en el exterior; el sonido del vidrio me hizo mirar mi gran espejo al lateral, quebrado, dividiendo el reflejo en varios.

Mi grito lo había quebrado...

Pero algo más me hizo acercarme a él. Mi reflejo era totalmente distinto, era horrible: mi pelo caía sobre mi espalda suelto y alborotado.

Mi expresión de rabia era horrorosa, casi me causaba temor. De repente, mis ojos se tornaron negros frente al enorme y quebrado espejo.

El terror se apoderó de mí y me eché hacia atrás. Caminé rápidamente de espaldas, sin dejar de ver el espejo.

Mi imagen seguía allí, mirándome sin moverse. Me golpeé la espalda contra la pared y me deslicé suavemente hasta quedar en el suelo.

La imagen en el espejo había desaparecido.Solo podía llorar; quizás mis horribles sueños y estas extrañas visiones son solo un indicio de problemas mentales.

De repente, recordé a mis padres, los amorosos abrazos de mi padre y los dulces besos de mi madre.

Mi abuela, tan cariñosa como siempre, venía a mi mente, acariciando mi cabello y consolándome. Quizás verla en los sueños con una terrible figura solo sea una forma de reflejar el dolor por su ausencia.

Me levanté del suelo, llorando sin poder contener tanto dolor. Me acosté en mi cama y me cubrí hasta la cabeza con mi enorme sábana blanca, en un intento de refugiarme del mundo exterior.

"No sé qué más pasará mañana o cuando salga de este cuarto; solo sé que ahora no quiero pensar en nada más."

Capítulo 3 Desvanecer

El edificio era enorme; las personas iban de un lado a otro. Me dirigí a la recección para pedir orientación sobre dónde debería ir para la cita. La chica, con voz suave y agradable, me indicó la puerta, y yo corrí hacia ella para no atrasarme más.

Toqué la puerta indicada; una voz me pidió que entrara, y pasé. Allí estaba un hombre anciano, de pelo blanco, sentado en el escritorio.

A su lado, una señorita cuyo rostro ya había visto, estaba sentada frente a él. Su hermoso cabello rojo y su esbelto cuello me hicieron recordarla de inmediato.

-Pase -me indicó el anciano con una formalidad típica del trabajo que ejercía.

Ambos se pusieron de pie y me extendieron la mano para saludarme, pero la vista de los grandes ojos azules de la mujer no se apartaba de los míos. Su sonrisa de victoria dejaba entrever que lo había perdido todo.

-Mi nombre es Tom McDonald's, soy el juez a cargo de su caso, y ella -dijo señalando a la mujer- es la señorita Smith, abogada y representante del señor Audrey-

Ella me sonrió con una mirada que decía mil palabras, como quien juega un juego del que tiene total dominio.

-El señor Audrey prefiere la discreción -me respondió la esbelta mujer con una calma que solo logró alterarme más.

-¿Discreción? ¿Y tiene el coraje de reclamar una propiedad familiar sin siquiera pertenecer a ella? Disculpe, señor McDonald's, pero considero una total falta de respeto esta reunión -dije en un tono exasperado, dejando ver mi frustración.

-¿Nos da unos minutos, señorita Smith? -dijo el anciano. Ella asintió, hizo una sonrisa fría y cruel, se levantó de su asiento y salió.

-Le explicaré, señorita Ford. Como ya sabe, su familia lo perdió todo y su casa se hipotecó-

-Eso ya lo sé, señor -dije alterada.

-Permítame explicarle, por favor -me dijo con la calma de una persona experimentada.

Respiré profundo y lo escuché.-Su casa fue reclamada por el señor Audrey, ya que estas tierras pertenecían a su linaje anteriormente. Su familia firmó un acuerdo con ellos en el que, si quedaban sin nada, la propiedad sería entregada a este señor-

En mi cabeza hubo un caos, todo el lugar daba vueltas a mi alrededor. Sabía que podía perder mi casa, ¿pero en manos de un extraño, sin una oportunidad de reclamar o intentar luchar por lo que fue tan importante para mi familia?

-¿Señorita, está bien? -me dijo el anciano al notar mi estado de palidez.

-Sí -mentí.

-¿Podría apelar? -pregunté, esperando una respuesta positiva.

-Sí, señorita, podría apelar, pero sería una batalla difícil dado el acuerdo en el pasado y lo costoso del proceso, y creo que usted no está en posición de costear un profesional a ese nivel -me dijo con total sinceridad.

Aunque sus palabras fueron crueles, sabía que era la pura verdad. Continuó hablando, y yo no podía hacer más que escuchar y maldecir mis días.

-Hay algo más, señorita -dijo, y mi corazón se agitó aún más.-¿Algo más? -susurré mientras llevaba mi mano derecha a mi frente.

-Debe abandonar la mansión. Tiene una semana -me extendió un papel con la sentencia.

Lo tomé y lo leí mientras mis manos temblaban. Me paré haciendo el mejor esfuerzo posible por sostener mi debilitado cuerpo, le di las gracias al juez y salí arrastrando mis pesados pies.

¿Quién era ese misterioso señor Audrey que tenía total derecho sobre mi patrimonio?

--

Era verano; el sofocante calor era casi insoportable, típico de Texas. El intenso sol golpeó mi cuerpo haciendo que el impacto de la desagradable noticia se sintiera aún más cruel.

Entré en mi auto, encendí el aire para refrescarme y mi cuerpo se desplomó en el asiento como quien acaba de rendirse ante el enemigo.

La desesperación y el miedo me inundaron, como si estuviera hundiéndome en un mar profundo, y lentamente las aguas cubrieran mi rostro.

Estaba al borde de la desesperación; parecía que la fina línea que dividía la cordura de la locura se estaba desvaneciendo.

Llegué a mi casa. La enorme mansión se presentaba ante mis ojos con su enorme jardín descuidado por la falta de jardinero.

Las enormes puertas que se abrirían para mí en una semana se cerrarían dejándome fuera.A decir verdad, la mansión estaba casi deteriorada, sin vida, sola.

No tenía cómo mantener arreglada una propiedad tan inmensa si apenas tenía un centavo.Pero algo extraño sucedía: las luces estaban tenues, casi parpadeaban, como si alguna energía exterior debilitara las de la mansión.

Corrí a mi cuarto, subí las escaleras lo más rápido que pude. Abrí la puerta de un tirón con tal fuerza que resonó en toda la segunda planta.

Tomé un adorno con forma de delfín de encima de la mesa de noche y lo lancé con odio contra la pared. Eso fue solo el principio del desastre que logré crear en mi cuarto; tomaba uno tras otro, descargando mi furia en los objetos rotos.

Cada vez me enfurecía más, y por cada objeto roto daba un grito desesperado, de rabia. Las lágrimas corrían por mi rostro, deshaciendo el maquillaje. Todo se juntaba en mi cabeza: tanto dolor en tan poco tiempo, guardado en mí, sin contárselo a nadie.

Lancé un grito más fuerte aún, lanzando un jarrón de flores grande y pesado contra el piso. Sentí que algo más se quebró en el exterior; el sonido del vidrio me hizo mirar mi gran espejo al lateral, quebrado, dividiendo el reflejo en varios.

Mi grito lo había quebrado...

Pero algo más me hizo acercarme a él. Mi reflejo era totalmente distinto, era horrible: mi pelo caía sobre mi espalda suelto y alborotado.

Mi expresión de rabia era horrorosa, casi me causaba temor. De repente, mis ojos se tornaron negros frente al enorme y quebrado espejo.

El terror se apoderó de mí y me eché hacia atrás. Caminé rápidamente de espaldas, sin dejar de ver el espejo.

Mi imagen seguía allí, mirándome sin moverse. Me golpeé la espalda contra la pared y me deslicé suavemente hasta quedar en el suelo.

La imagen en el espejo había desaparecido.Solo podía llorar; quizás mis horribles sueños y estas extrañas visiones son solo un indicio de problemas mentales.

De repente, recordé a mis padres, los amorosos abrazos de mi padre y los dulces besos de mi madre.

Mi abuela, tan cariñosa como siempre, venía a mi mente, acariciando mi cabello y consolándome. Quizás verla en los sueños con una terrible figura solo sea una forma de reflejar el dolor por su ausencia.

Me levanté del suelo, llorando sin poder contener tanto dolor. Me acosté en mi cama y me cubrí hasta la cabeza con mi enorme sábana blanca, en un intento de refugiarme del mundo exterior.

"No sé qué más pasará mañana o cuando salga de este cuarto; solo sé que ahora no quiero pensar en nada más."

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