Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Un eco de un amor convertido en cenizas.
Un eco de un amor convertido en cenizas.

Un eco de un amor convertido en cenizas.

Autor: : Fifine Schwan
Género: Romance
Mi vida: Isabella Vargas, diseñadora de éxito, a punto de casarme con Javier Soto, mi "príncipe azul". La nuestra sería "la boda del año". Pero la noche del compromiso, una inesperada mirada a su móvil reveló un abismo: dos años de infidelidad con su becaria, Sofía Rivas. Mensajes crueles desvelaban que nuestra relación era mera "imagen", mientras su corazón era "solo suyo". La humillación pública fue implacable. Sofía ostentando mi sello familiar. Javier la defendiendo en galas, revelando intimidades, negando mi versión. Me abandonó en la tienda nupcial (destrocé el vestido blanco) y, finalmente, me dejó en una carretera rural el día de mi cumpleaños para celebrar el falso embarazo de su amante. Mi cuento de hadas se desplomó en cenizas. La rabia y el dolor me consumieron. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo se atrevieron a robarme mi vida, mi legado, con tanta vileza? Pero la protagonista de esta farsa despertó. Mi móvil vibró. Era una llamada crucial. Con voz antes temblorosa, ahora de acero, dicté mi destino: "Mateo, necesito que cumplas una vieja promesa. Cásate conmigo". Mi venganza silenciosa había comenzado.

Introducción

Mi vida: Isabella Vargas, diseñadora de éxito, a punto de casarme con Javier Soto, mi "príncipe azul". La nuestra sería "la boda del año".

Pero la noche del compromiso, una inesperada mirada a su móvil reveló un abismo: dos años de infidelidad con su becaria, Sofía Rivas. Mensajes crueles desvelaban que nuestra relación era mera "imagen", mientras su corazón era "solo suyo".

La humillación pública fue implacable. Sofía ostentando mi sello familiar. Javier la defendiendo en galas, revelando intimidades, negando mi versión. Me abandonó en la tienda nupcial (destrocé el vestido blanco) y, finalmente, me dejó en una carretera rural el día de mi cumpleaños para celebrar el falso embarazo de su amante.

Mi cuento de hadas se desplomó en cenizas. La rabia y el dolor me consumieron. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo se atrevieron a robarme mi vida, mi legado, con tanta vileza?

Pero la protagonista de esta farsa despertó. Mi móvil vibró. Era una llamada crucial. Con voz antes temblorosa, ahora de acero, dicté mi destino: "Mateo, necesito que cumplas una vieja promesa. Cásate conmigo". Mi venganza silenciosa había comenzado.

Capítulo 1

La llamada a Mateo fue la más difícil de mi vida.

Mi voz temblaba.

«Mateo, necesito que cumplas una vieja promesa».

Silencio al otro lado de la línea. Podía imaginarlo en su bodega de La Rioja, con el olor a vino y a tierra mojada.

«La que hicieron nuestros abuelos».

«Isabella, ¿qué ha pasado?», su voz era grave, preocupada.

No podía contarle la verdad, no todavía. El dolor era demasiado crudo.

«Javier y yo... hemos terminado. Necesito una salida. Una alianza. Un matrimonio».

Lo dije sin rodeos, como una transacción comercial.

Mateo no dudó ni un segundo.

«Voy para Madrid. Espérame».

Colgó.

Me quedé mirando el móvil, el mismo que horas antes había destrozado mi mundo.

Sobre la mesa de mi taller, la revista ¡Hola! todavía estaba abierta en la página central.

«La Boda del Año: Javier Soto e Isabella Vargas se dan el 'Sí, quiero'».

Las fotos eran perfectas. Javier, arrodillado en el palco real del Teatro Real. Yo, con lágrimas de felicidad. La élite de Madrid aplaudiendo.

Una mentira brillante.

Me desplomé en una silla, el recuerdo de la noche anterior me golpeó con fuerza.

La euforia de la pedida. El champán. La sensación de que mi vida era un cuento de hadas.

Llegamos a casa. Javier se durmió enseguida, agotado por la celebración.

Su móvil vibró sobre la mesilla de noche.

Un mensaje. De "S.R.".

La curiosidad me mató. Nunca había mirado su teléfono en ocho años.

Pero algo me lo gritaba.

Desbloqueé la pantalla. Su contraseña era la fecha de nuestro aniversario. Qué ironía.

Y allí estaba.

«Mi Jilguero, ¿ya duerme la princesa?».

Mi corazón se detuvo.

Seguí leyendo.

«No sabes cómo te he echado de menos hoy. Verla a ella con ese anillo... me ha dolido».

La respuesta de Javier, enviada solo unas horas antes:

«Sabes que esto es solo un acuerdo familiar, una cuestión de imagen. Mi corazón tiene un rincón salvaje, y ese rincón es solo tuyo, Sofía».

Sofía. S.R.

Sofía Rivas. La becaria de su empresa.

Una conversación de dos años. Fotos íntimas. Promesas. Planes secretos.

Descubrí que la historia de Sofía era siempre la misma. Una chica de barrio obrero, luchadora, que necesitaba un mentor. Una fachada de inocencia que había engañado a Javier. O que él había querido creer.

Él le decía que yo era frágil, tradicional, que no podía romper el compromiso sin destruir a mi familia.

Mentiras.

Todo era una mentira.

Mi cuento de hadas se había convertido en una pesadilla.

Y yo, la protagonista, acababa de despertar.

Capítulo 2

A la mañana siguiente, Javier entró en la cocina con una sonrisa radiante.

«Buenos días, futura señora Soto».

Me tendió una taza de café.

El olor me revolvió el estómago.

«He estado pensando en la luna de miel. ¿Qué te parece Bali? O quizás un safari en Kenia».

Hablaba con un entusiasmo que me daba náuseas. No sabía nada. No sospechaba nada.

Yo sonreí. Una sonrisa vacía, ensayada.

«Suena maravilloso, cariño».

Mi voz sonaba extraña, lejana.

Él no lo notó. Estaba demasiado ocupado en su propio mundo de perfección.

«Tengo algo para ti», dijo, sacando una pequeña caja de terciopelo azul de su bolsillo.

La abrió.

Dentro, unos gemelos de oro. Eran únicos, grabados con el antiguo sello de mi familia, los Vargas. Un diseño que mi abuelo había creado.

«Para que siempre lleves un pedazo de tu legado, y ahora, del nuestro», dijo, su voz llena de una falsa solemnidad.

Me los puse en la mano. Pesaban. Pesaban como una lápida.

«Son preciosos, Javier. Gracias».

Me besó en la frente.

«Todo por mi reina».

Pasaron dos días. Dos días de sonrisas falsas y conversaciones vacías sobre flores y listas de invitados.

El miércoles por la tarde, recibí un mensaje de una amiga, Clara.

Era una captura de pantalla de un perfil privado de Instagram.

El perfil de Sofía Rivas.

En la foto, ella sonreía a la cámara, descarada.

Y en su cuello, colgando de una fina cadena de oro, había un colgante.

Con el mismo diseño exacto.

El sello de la familia Vargas.

El pie de foto decía: «Hay legados que no se heredan, se conquistan. Gracias, mi Jilguero, por hacerme parte del tuyo».

La rabia me subió por la garganta, caliente y amarga.

No era solo una infidelidad.

Era un saqueo.

Estaba robando mi vida, mi historia, mi legado. Y Javier se lo estaba permitiendo.

Se lo estaba regalando.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022