Soy Paula, tengo 26 años y soy uruguaya. Mido 1,55; sí, lo sé, soy petisa, pero acá es algo normal que algunas seamos bajas. Como dice el dicho: "lo bueno viene en frasco chico". Se refieren a los perfumes, pero yo digo que el veneno también viene así.
Tengo una mejor amiga que se llama Carolina y su novio, Matías, también es mi mejor amigo. Nos contamos todo. Tenemos una barra de amigos con la que nos juntamos; son geniales, nos conocemos desde el liceo y desde entonces no nos separamos más. Tenemos los mismos gustos musicales, bueno, con algunas diferencias: a los chicos no les gusta Floricienta o RBD, menos Belinda, pero con las chicas nos encanta hacerlos sufrir y se las cantamos todo el tiempo, ja, ja, ja.
Tengo un trabajo como secretaria y asistente personal. Mi jefe es un italiano, se llama Lorenzo. Al principio nos llevábamos mal; es un picaflor e intentó conquistarme, pero lo mandé a volar. Hoy en día nos llevamos bien, somos amigos. Soy su secretaria ejecutiva y, aunque paga muy bien (tanto que me pude comprar mi casa y ahorrar), me gusta la vida sencilla, nada extravagante o con gastos sin sentido.
Estoy soltera, no porque quiera, sino porque estoy enamorada desde hace un tiempo del hermano de Caro, el cual no me da ni la hora la mayoría del tiempo. Es complicado de explicar. Los chicos me dicen que lo olvide, como si fuera tan fácil. En estos momentos estoy tomando unos mates para irme a la oficina; bueno, me tendré que cambiar. Si le aparezco así, Lorenzo me mata.
Rápido me pongo mi traje formal, solo me dejo la remera. Agarro el termo y el mate, la cartera. Cierro todo, subo a mi auto, pongo Kudai y al trabajo se ha dicho. Esto es lo único que odio de Montevideo: el tránsito. Todavía tenés que tener cuidado de los boludos que no saben manejar. Yo vivo en Ocho de Octubre y trabajo en Dieciocho de Julio; sí, las peores calles para manejar. Lo sé, ¿pero qué le puedo hacer?
Llegué al fin, ya estaba podrida de manejar. Estoy por entrar cuando lo veo. Él jura que es irresistible. Yo le doy un beso en la mejilla.
-Hola, Paula. ¿Cómo estás? -me dice Lorenzo.
-Hola, Lorenzo. Bien, ¿y vos? ¿Vamos?
-Okay, yo ahora voy.
-Che, ¿es en serio? Ta, no te preocupes, yo te espero en la oficina, pero no te desaparezcas, porque te salgo a buscar.
-Ragazza (muchacha), no empieces, yo soy el jefe.
-Sí, pero estoy segura de que estás esperando a una de esas tipas con las que salís. Después no me jodas, porque te mando a pasear, ¿entendiste?
-Sí, mamma mía, contigo no se puede...
-Me importa tres carajos -le dije-, me voy.
Entré a la empresa esperando que en serio no se vaya a encamar con esas tipas y me deje sola trabajando, porque lo mato. Llego a mi piso y me cruzo con Lorena.
-Hola, ¿cómo estás? -me pregunta ella.
-Hola, Lorena, bien ¿y vos?
-¿Viste al jefe?
-Sí, está abajo esperando a una de las tipas con las que sale.
-¿Y ya le dijiste algo, no?
-Lorena, si vos le abrís las piernas a Lorenzo y ahora te quejás, jodete por boluda. A mí no me rompas las pelotas -le solté (y con eso me refiero a que no me moleste).
-Sos insoportable, guacha -me respondió ella.
-Vos no te quedás atrás cuando querés.
Me fui a mi oficina. La mayoría del tiempo nos llevamos bien, pero cuando se trata de Lorenzo siempre discutimos. Yo no lo dejo ser irresponsable o ir de cama en cama, y a ella, como ya lo hizo, no le interesa. Pero yo soy la amiga, no la amante. Me puse a trabajar, le arreglé la agenda semanal y demás. El trabajo es mucho, pero vale la pena, me gusta.
Fui a pasarle las citas de la semana y no estaba. ¡Yo lo mato! Este guacho me está tomando el pelo, se está burlando de mí. Estoy por bajar cuando el ascensor se abre.
-Llegué -dijo Lorenzo.
-Sos un guacho, Lorenzo. ¿Me estás tomando el pelo? Te dije que no te fueras.
-Me distraje hablando.
-Sí, claro, ¿cómo no? ¿Una hora?
-Ragazza, no me pasás una.
-Dale, que te vengo a pasar las citas de la semana.
-Perfetto, dai (Perfecto, vamos).
Entramos a su oficina, le pasé el itinerario, las reuniones y los correos.
-¿Llamaste para saber cuándo vienen los brasileños? -preguntó.
-Sí, la semana que viene.
-Genial, Pau. ¿Hay algo más?
-No, por ahora.
-¿Qué te parece si te invito a almorzar?
-¿A quién tengo que echar esta vez?
-Che, ¿no puedo invitar a una amiga? -se quejó él.
-Dale, te conozco.
-En serio, esta vez no hay ninguna loca.
-Ja, ja, ja. La culpa es tuya. Un día de estos te aparece una embarazada.
-!Mamma mía, che casino! (¡Madre mía, qué lío!).
-Eso te pasa por andar alzado -le dije, refiriéndome a su deseo sexual-. Bajá un cambio y ya está. Pero no, vos tenés que seguir.
-Me mudé acá por eso mismo y vos me pedís que baje un cambio, cara (querida). En serio te quiero, pero no lo voy a hacer y lo sabés.
-Por lo menos lo intenté. No está muerto el que pelea.
-¿Y, Ragazza, aceptás?
-Ah, ya entendí. Te sentís solo, porque te sacás las ganas, pero después no tenés quién esté contigo. Bueno, voy, pero ya sabés, no como carne.
-Ah, sos mala... Bueno, ¿vamos al Burger King?
-Dale, ahora voy a mi oficina, así sigo trabajando.
Seguí trabajando, a veces me toca traducirle documentos porque él no sabe portugués. Sería un despiole, un caos total escucharlo hablarlo con ese acento italiano marcado. Ya era hora de comer así que salí a buscarlo. Estaba hablando por teléfono.
-Sí, mamma. Sí, no. Te dejo que me está esperando Paula -cortó la llamada y me miró-. Te mandó saludos, mi madre te ama.
-Ja, ja, ja, y yo a ella. Bueno, a toda tu familia menos a tu hermano. Es muy serio y para él soy un cero a la izquierda, alguien irrelevante.
-Ja, ja, ja, ¿Marco? No te preocupes, es así con todos. Es porque tiene mucho trabajo y es muy exigente consigo mismo. !Avanti! (¡Adelante / Vamos!).
Salimos al Burger King. Él pidió carne y yo mi hamburguesa vegana.
-¿Y para cuándo un novio? -me soltó Lorenzo mientras comíamos.
-No empieces, ya sabés la respuesta.
-¿Seguís enamorada de este idiota?
-En el corazón no se manda, pero te juro que estoy haciendo el intento. Creo que a estas alturas el amor no es para mí, así que me quedaré sola. Total soy feliz así, tengo una vida tranquila.
-Y solitaria...
-No estoy sola, tengo a la barra.
-¿Y cuando tengan hijos?
-No sé. Además, estoy segura de que vos estarás igual. ¿Qué te parece si nos hacemos compañía?
-¿Por qué no probás con un clavo saca a otro clavo? -me sugirió, queriendo decir que busque a otro para olvidar al anterior.
-Eso es solo un dicho y no está bien usar a una persona para sentirse mejor uno.
-En serio no entiendo por qué no se da cuenta de la gran mujer que sos.
-No soy una gran mujer, solo trato de ser una buena persona. La verdad, yo me preguntaba lo mismo a veces, pero es complicado.
Terminamos y volvimos a trabajar. Al final del horario, pasé por su oficina.
-Lorenzo, estos son los últimos documentos, pero no es urgente, puede esperar a mañana. Chau.
Le di un beso.
-Chau, manejá con cuidado.
-Yo sí, los otros no tanto.
Salí, Lorena ya se había ido. Subí a mi auto, puse a Avril Lavigne, sus clásicos que me encantan. Llegué a casa, guardé el auto, cené algo, miré películas y a dormir. Mañana será otro día.
¡Hoy ya es viernes, qué bueno! La semana fue tranquila. En las noches hablo con Matías y Caro son mis mejores amigos, son pareja, los amo. En estos momentos estoy trabajando, cuando me entra una llamada al teléfono de la oficina.
- Hola -respondí.
- Bom dia, Senhorita Paula, contacto-a para informar que tivemos um imprevisto e que a viagem ao Uruguai teve de ser suspensa até novo aviso -dijo el brasileño del otro lado. (Buen día, señorita Paula, la llamo para avisar que tuvimos un imprevisto, tuvimos que suspender el viaje a Uruguay hasta nuevo aviso).
- Bom dia. Obrigado por informar, Vou comunicar a situação ao meu chefe e aguardarei a sua confirmação mais adiante -le contesté en su idioma. (Buen día, gracias por informar, voy a comunicar la situación a mi jefe y aguardaré su confirmación más adelante).
- Obrigado, até logo. (Gracias, hasta luego).
- Até logo, boa tarde -me despedí. (Hasta luego, buenas tardes).
ÉL cortó la llamada. Yo me levanté para ir a hablar con Lorenzo. Cuando entro, está con una mujer en su falda. ¡Este guacho!
- Lorenzo, ya lo hablamos nada de mujeres, en horario de trabajo -sentencié molesta.
- ¿Qué? ¿sos la mamá? -me saltó la mujer.
- Vos no te metas, que nadie te habló y esto es una oficina, no un motel. Si querés, lo ves después, ahora no -le respondí sin vueltas.
- No me digas ¿sos la esposa? -insistió ella.
- ¡Mirá, guacha, te vas o llamo a seguridad! Si fuera la esposa, ya te hubiera sacado de los pelos con una buena arrastrada. No te metas conmigo porque te va a ir mal -le advertí.
- Después nos vemos, andá antes que se enoje de verdad -le dijo Lorenzo a la mujer.
La tipa salió meneando las caderas.
- Lorenzo no sos gurí (niño). Sabés que no lo tenés que hacer. Si seguís así me vas a sacar canas verdes (envejecimiento prematuro del disgusto) -le recriminé.
- Ta, sí, perdón, no lo vuelvo a hacer -se disculpó él.
- Más te vale. Llamó el brasileño dice que se le presentó un imprevisto y que se suspendió el viaje hasta nuevo aviso.
- ¿Pero todavía hay tiempo para firmar el contrato? -preguntó Lorenzo.
- Sí, tranqui, tenemos tiempo de sobra, pero necesito que seas responsable. No podés seguir haciendo lo mismo, sos un tipo grande (hombre grande) no voy a estar toda la vida así.
- Ok, mamá -soltó Lorenzo.
- No soy tu madre boludo. Si lo fuera ya te habría tirado con algo. Me pregunto por qué tu madre no lo hizo. Che, ¿vos no te habrás caído de la cuna cuando chico?
- Ja, ja, ja. No, soy así, solo me gustan las mujeres -se rió él.
- No, te gusta el sexo y la joda (diversión).
- Bueno, sí , por eso me mude a Uruguay -admitió.
- Me voy, no me quiero calentar (enojar) contigo.
Salgo de su oficina. Si sigue así, voy a parecer de cincuenta con treinta y algo. Sigo trabajando al fin ya termine, voy a despedirme.
- Chau, Lorenzo, que tengas buen fin de. Nos vemos el lunes. Cualquier cosa, me llamas.
- Ok, ¿qué vas a hacer el finde Ragazza? -me preguntó. (Muchacha).
- Hoy mirar películas y comer. Mañana estoy segura de que Esteban va a empezar con el asado. El domingo veré.
- El domingo tengo fútbol con los muchachos -contó Lorenzo.
- Cuídate, que son medios bestias (violentos) te pueden quebrar una pierna.
- Ja, ja, ja, no es tan fácil que lo logren.
- Yo solo te aviso: el que avisa no traiciona (estás advertido).
Yo le doy un beso y me voy. Salgo de la oficina, subo a mi auto pongo Gwen Stefani, arranco el auto. Llego a casa, guardo el auto en el garaje, entro a casa. No tengo ganas de cocinar, estoy por aprontar un mate cuando me entra una llamada al celular.
- Hola -atendí.
- Hola Pau, ¿ya estás en tu casa? -era Carolina.
- Caro, perdón estaba distraída y no me fijé que eras vos. Sí, ya llegué.
- Ok, entonces vamos para allá -avisó ella.
- Ta, dale los expertos. Entren el auto nomas (de una vez).
- Dale, aprontá el mate -me pidió Caro.
- Estoy en eso.
Ella cortó y yo puse el agua a calentar. Mientras apronte el mate, puse el agua en el termo.
- ¡Hola loca! , ¿cómo andás? -saludó Caro al entrar.
Ella tiene llave de mi casa, bueno, ella y Sofía, porque me la cuidan cuando no estoy. Yo le doy un beso y un abrazo. Su pelo es rubio miel, ojos color marrón cálido, sonrisa amable. Está vestida de chaqueta verde oliva, blusa mostaza estampada con flores y Jean.
- Hola, Caro. Bien y vos. Che, ¿como que no falta alguien?
- Que yo sepa, no -respondió Matías apareciendo.
- Mati, te extrañé... ¡va a los dos!
Yo lo abrazo y le doy un beso. Bueno él lo hizo, mide uno ochenta y cinco, pelo oscuro, ojos verdes intenso, sonrisa genuina. Viste de Jean y remera de los buitres. Caro mide uno sesenta. Yo soy la baja del grupo, pero las gurisas están más o menos como Caro.
- Nosotros también. Dame que yo cebo, porque vos lo agarrás de micrófono (te ponés a hablar con él en la mano) -me dijo Matías.
- Ta, tomá -le pasé el mate.
- ¿Y como te fue hoy? -preguntó Carolina.
- Casi saco a una tipa de los pélos.
- ¿Y eso por qué? -quiso saber ella.
- Lorenzo, la llevó a la oficina y cuando entré, estaban muy acaramelados. La eché. Me dijo que si era la madre o la esposa, casi la mato (es exageración).
- Ja, ja, ja, Lorenzo es un irresponsable -se rió Carolina.
- Es lo que le dije. Yo que soy la empleada no puedo andar rezongando a mi jefe por parecer un gurí chico. Es mi amigo, lo quiero, pero tampoco para tanto (no lo puedo hacer siempre).
- Tranqui, dejalo ser feliz -acotó Matías.
- Mati, si lo dejo la empresa va a la quiebra, alguien tiene que ser la responsable, además se lo digo porque es mi amigo de caso contrario, ni loca lo hago (no lo haría).
- Y él lo sabe, por eso te hace caso -dijo Carolina.
- Sí, pero para: no puedo estar toda la vida así. Después de la oficina lo puedo ayudar a echar a las locas esas, pero en la oficina no.
- Ustedes son un caso -comentó Matías.
- Él. Yo ¿qué tengo que ver? (no tengo la culpa).
- ¿Qué vamos a comer? -preguntó Carolina.
- Es viernes, no quiero cocinar, no sé ¿pedimos algo?
- ¿Chivito al plato con fritas? -propuso Matías.
- Sí -aceptó Caro.
- Está bien, yo invitó, pero pido aparte -aclaré.
- Déjate de pavadas, pedimos en el Club de la papa frita y te pedís un chivito vegetariano -decidió Matías.
- Ok, ya llamo. ¿Y de tomar?
- Una cerveza -pidió Matías.
- Nada de alcohol, son las reglas, Mati. Bien, pero no le digas a los demás... ¿pilsen?
- Te quiero amiga, sí -dijo Carolina.
- Yo también. ¿Y de postre brownie?
- Dale, sí, vas a engordar comiendo así -bromeó Matías.
- Estoy soltera, no me importa.
Yo llamé y pedí el chivito para ellos, para mí vegetariano, la cerveza, una Coca-Cola que sé que van a querer, una Salus frutté durazno y los brownies individuales.
- No es temprano para la comida, son siete y media -notó Carolina.
- Después pedimos otra cosa -dijo Matías muy suelto.
- Ja, ja, ja ¿no era qué yo iba a engordar? -le pregunté.
- Te acompaño en sentimiento (lo hago para apoyarte) -respondió él.
- Si claro, ¿cómo no? (si claro, te creo "sarcasmo") ¿y ustedes como están?
- Bien, en el trabajo lo de siempre: nuevos casos -contó Carolina, que es abogada.
- A mí ni me preguntes, que no quiero saber de cuentas hasta el lunes -dijo Matías, que es contador.
- Ja, ja, ja, ¿por qué elegiste esa carrera?
- Pau, no jodas, me gusta, pero en algún momento tengo que descansar, y a vos te pasa lo mismo -me dijo él.
- Bueno, sí.
- Loquita, pone algo -me pidió Matías.
- ¿Qué querés?
- Elegí vos -me dijo.
- ¿Seguro? -preguntó Carolina con picardía.
- No lo castigues, pone Linkin Park -decidí yo.
- Gracias. Después me di cuenta -suspiró Mati. Le iba a poner Floricienta o RBD de seguro.
Suena mi celular.
- Bueno, llegó la comida. Ayúdenme qué es mucho.
- ¿Qué pediste? -preguntó Matías.
- Qué no pedí, pregunta.
Salimos los tres, agarramos la comida, pagué y entramos de nuevo. Arreglamos las cosas en la mesa: el chivito, la carne es de lomo. Y Mati quiere más.
- Che, ¿se quedan no?
- Es la idea, si no querés... -bromeó Carolina.
- Dejate de pavadas, esta casa también es de ustedes.
Comimos mientras conversamos. Luego nos pusimos a ver una película, nos terminamos el chivito qué quedó y nos acostamos a dormir.
Me despierto. ¿Qué hora es? Las diez. Bueno, es sábado. Me levanto, baño y demás; me pongo un jean, la remera (camiseta) de No Te Va a Gustar, me peiné y salgo de mi cuarto (habitación).
-Buen día, ¿a qué hora te despertaste? -le pregunté a Matías.
-Buen día, recién.
-¿Y Caro?
-Ya sabés cómo es, recién salió por los bizcochos.
-¿Y no me esperó?
-Debe estar cerca.
-Ok.
Yo salgo de la casa y corro. La encontré a mitad de cuadra.
-¡Bo, loca! ¿Por qué no me esperaste?
-Buen día -me dijo Carolina-, no dormimos juntas, pensé que seguirías durmiendo.
-Buen día, sí, perdón, vamos te acompaño.
Fuimos a la panadería y compramos bizcochos. Pagamos y fuimos a casa.
-Paula, ¿cuándo vas a darte una oportunidad con otra persona? -me preguntó Caro en el camino.
-Caro, no puedo hacerlo. Mi futura pareja si es que llega, se merece mi mejor versión, que pueda estar con él sin recordar a otro. Y en este momento no puedo ofrecer eso, sería egoísta de mi parte. Si lo hago realmente no voy a ser feliz.
-Tenés razón.
Llegamos a la casa y entramos.
-¡Llegaron, ya está el mate! -gritó Matías.
-¡Genial!
Puse los bizcochos en la mesa, bueno una bolsa.
-¿Es joda no? (es broma) -dijo Matías mirando la bolsa-. ¡Todo dulce! Acá solo hay margaritas de crema y dulce de leche, los demás también son dulces.
-Ja, ja, ja, tomá Mati.
Le pasé la otra bolsa, son cuernitos y media luna de queso. Él empezó a comer.
-¡Gracias, estos sí son bizcochos!
-No hables con la boca llena, que es de mala educación.
Él tragó.
-Perdón, tenía hambre.
En eso nos llega una llamada grupal, así que contesto y pongo altavoz.
-¡Hola, barra! ¿cómo están?
-Hola, Peti (petisa/baja) ¿cómo estás?, ¿me extrañás? -preguntó Pablo.
-Pablo, ¡claro que te extraño! No me llamaste, yo te llamé y estabas ocupado.
-Sí, perdón, estuve a ocupado.
-Paula, después hablan de eso -interrumpió Esteban-. Ahora lo importante ¿qué vas a hacer? ¿Qué les parece un asado?
-¡Sííí, me prendo! (me sumo) -dijo Carolina.
-Yo también -se sumó Matías.
-Yo sabía que esto iba a pasar. ¡Dale! ¿a dónde vamos? -pregunté yo.
-¿En mi casa? -ofreció Nicolás.
-¡Ni en pedo! (ni borracha/de ninguna manera) -saltó Valeria-. Vivís en el Cerrito de la Victoria, no me voy a hacer todo Montevideo.
-Vale, ¿me pasás a buscar? -pidió Diego.
-A mí también -agregó Javier.
-¡Sí pesados! Entonces...
-Ta, vengan a casa -dijo Esteban.
-También queda lejos. Bueno, está bien, Tres Cruces queda mejor para todos -aceptó Valeria.
-Me gusta la idea, Esteban, ya te caigo -dijo Sofía.
-Claro, porque te queda tan lejos -dijo Camila con sarcasmo.
-Vos tampoco te hagás, que en diez minutos estás allá -le retrucó Valeria-. A los que les queda más lejos es a nosotros.
-No sé por qué todos se mudaron lejos -dije yo-. El Cerrito, Villa Española, Goes, Tres Cruces. ¿No era más fácil quedarse en la Unión o Piedras Blancas?
-No, me gusta la zona -dijo Nicolás.
-A vos porque te gusta la historia -le dijo Carolina.
-¿Y por algo soy profesor no?
-¡Déjense de joder y muévase! -gritó Camila. Ya se calentó y cortó.
-¡Ja, ja, ja! ¡Chau!
Cortó la llamada.
-Bueno ¡a la juntada se ha dicho! -dije yo-. Para, tengo que pasar por el Tata (supermercado) así compro algo para comer yo. Ya de paso me compro un refresco.
-Entonces vamos y ya compramos para nosotros también -dijo Matías.
-Ya de paso llevá la botella de cerveza así me la sacás de casa, antes que vengan y se den cuenta.
-Y compramos helado -dijo Carolina.
-No hace tanto calor para helado, ¡no jodás!
-Amor, ¿puedo comprar helado? -le preguntó Caro a Matías.
-¡Claro, mi loquita linda!
Yo ruedo los ojos. Fuimos y yo compré unas hamburguesas veganas, unos bastones de mozzarella. Caro se salió con la de ella y compró dichoso helado de chocolate. Yo compré una torta de dulce de leche y unas tabletas de chocolate. Partimos para ir a la casa de Esteban, tocamos timbre y nada.
-¡Deja, estos están de quilombo (relajo/fiesta) y por eso no escuchan! Yo tengo la llave -dijo Matías.
Él abrió. Sí, varios tenemos llave de la casa de otros por las dudas. Entramos, no los encontramos. Dejamos todo en la cocina y subimos a la terraza. Es una casa reciclada, bueno la mayoría tenemos una. Es mejor. Yo la mía saqué un préstamo muy grande y la pagué con mi trabajo. Más los bonos la terminé el año pasado. Nada como el luchar por lo propio. ¡Ya está la barra!
Todos estaban con remeras de distintas bandas: La Vela Puerca, No Te Va a Gustar, El Cuarteto de Nos, La Renga y los Redonditos de Ricota.
-Hola, Petí, qué bueno verte, ¡en serio perdón estuve a full (al máximo) con el trabajo! -me dijo Pablo, que es diseñador gráfico. Me dio un abrazo y un beso.
-Tranqui, yo también.
-¡Dejate de abrazarlo y vení a hacerlo con nosotras! -gritó Valeria. Es una loca suelta, es psicóloga.
Yo las abrazo a todas y, bueno, a los chicos también.
-Bueno, ¿qué hacemos? -preguntó Nicolás.
-¿Es joda?, primero tomar mate y después hacer el asado -dijo Matías.
-No te preocupes Sofía, traje para las dos -le dije.
-Claro, la querés a ella porque come pasto como vos -me dijo Camila.
-¡Ja, ja, ja! ¡No como pasto guacha, y traje chocolate!
-Pau, ¡cántate algo, dale! -pidió Javier.
-Dale, tengo la guitarra -dijo Esteban.
-Ok. Y yo te voy a esperar y no me voy a pintar...
-¡No rompas las pelotas (no molestes) con Floricienta! -me gritó Diego.
-¡Ja, ja, ja! ¿Qué quieren que cante? ja, ja, ja.
-Un clásico, "Mujer Amante", de Rata Blanca -pidió Nicolás.
-Ok.
Yo me siento y me pongo cómoda. Esteban empezó a tocar y yo a cantar:
-Siento el calor de toda tu piel, en mi cuerpo otra vez. Estrella fugaz, enciende mi sed, misteriosa mujer. Con tu amor sensual, cuánto me das. Haz que mi sueño sea una verdad. Dame tu alma hoy, haz el ritual. Llévame al mundo donde pueda soñar.
-Uh, debo saber si en verdad en algún lado estás. Voy a buscar una señal, una canción. Uh, debo saber si en verdad en algún lado estás. Solo el amor que tú me das me ayudará.
-Al amanecer, tu imagen se va, misteriosa mujer. Dejaste en mí lujuria total, hermosa y sensual. Corazón sin Dios, dame un lugar en ese mundo tibio, casi irreal. Deberé buscar una señal en aquel camino por el que vas.
Yo terminé de cantar y los boludos aplauden.
-Me encanta escucharte cantar, lo hacés genial -dijo Matías.
-La verdad que sí, ¿amiga por qué no te volvés cantante? -preguntó Sofía.
-Dale, hacemos una banda de rock -dijo Esteban.
-Y nos morimos todos de hambre, ¡no jodan!
-Bueno, en eso tiene razón -dijo Nicolás.
-Pero fuera de joda, Paula cantás precioso y no importa lo que cantés -me dijo Valeria.
-Gracias.
-¡Ahora sí, Vestido Azul! -pidió Camila.
-Les gusta vernos sufrir -dijo Pablo.
-¡Sí! -gritamos las chicas.
-¡Ja, ja, ja! Gurises es como dice el dicho: "Si no puedes con ello, únete le" (es "si no puedes vencer únete") -dijo Matías.
-¡Traidor! -le dijo Nicolás-. No me digas nada también bailás pop con estas dos locas.
-No, pero me divierte verlas bailar.
-Te divertirá Paula, porque Carolina lo dudo -dijo Esteban.
-Bueno, en eso tenés razón. Mi loquita mueve las caderas que ni te cuento -dijo Matías.
-¡Mirá que Paula no se queda atrás! -dijo Pablo-. Al contrario si no fuera mi amiga, la hago mi novia. Es demasiado sensual bailando.
-Pau no te emborraches, porque te va a pasar lo de "Perfecta" de Miranda (banda argentina) -me dijo Camila.
-¡Ja, ja, ja! Por eso no tomo. Pablo te quiero mucho, pero ni en pedo me acuesto contigo.
-¡Ja, ja, ja! Somos dos -respondió Pablo.
-¡No me jodas! -dijo Diego-. Los de esa canción ya se tenían ganas. ¡Mirá si solo por estar en pedo vas a tener sexo con tu amiga, no jodas! Eso no pasa con amigos de verdad.
-Tenés razón -dijo Javier-. Yo he estado re en pedo con Valeria y nunca acabamos así.
-¡Qué tiempos aquellos! -dijo Valeria.
-Boluda, fue hace tres meses -le dije-. Fui a tu casa y estaban los dos tirados en el suelo re en pedo. Decí que era domingo.
-¿Qué, no tenés sillones? -preguntó Diego.
-Lo intentamos, pero nos caímos del pedo tan grande que teníamos -respondió Javier.
-¡Ja, ja, ja!
-¿Qué tomaron? -preguntó Diego.
-Pregunta qué no tomaron -dije yo-. Tenían grapa, cerveza no sé cuántas botellas, son unos boludos.
-Pero solo lo repito de un viernes para un sábado -explicó Valeria-. El lunes en las terapias, no me podía concentrar y me dolía la cabeza.
-Si queda mal algo en Montevideo, ya saben quién fue el ingeniero civil, Javier, ese lunes. ¡Ja, ja, ja! -se burló Camila.
-Decí que no fui ese día, no soportaría a treinta pibes así -dijo Camila (que es maestra de primaria).
-¡Te das falta! Total las maestras lo hacen siempre -le dijo Diego (que es programador/desarrollador web).
-¿Y por qué a mí no me invitaron? -preguntó Esteban (que es arquitecto).
-Para la próxima te invitamos.
-Y completamos el cuadro (se refiere al fútbol) -dije yo-. Ese lunes tenemos las calles mal hechas, los edificios desastrosos.
-Lo bueno que yo no tomo tanto -dijo Sofía (que es diseñadora de modas).
-Vos siempre fuiste tranquila aun en pedo.
-Vos no tomás si sos una loca suelta ¡imagínate si tomás! -me dijo Camila-. Por favor, no queda nadie vivo en Montevideo. Con razón seguís soltera.
-Se te fue la mano (fuiste muy lejos) -dijo Pablo-. Sabés por qué está soltera.
-Déjala, tiene razón -dije yo-. Esa es una de las razones, no cualquiera me aguanta.
-Petisa, sos una gran piba, no seas así -dijo Matías.
-Cambiemos de tema, ¿qué ponemos, El Cuarteto? -preguntó Esteban.
-No, esa banda nadie la entiende. Poné la Vela Puerca -dijo Carolina.
Él puso "Viejo Divino". Bueno empieza la joda del asado. Esta tarde será de desestres