P. V. Celia.
Sonrío dando pequeños pasos que no son para nada audibles por mid zapatos cerrados. Me paro frente a la puerta y nisiquiera toco, solamente entro, miro él reloj en mi muñeca, sólo tenemos 10 minutos y es suficiente bueno para mí.
Cierro la puerta detrás de mí y él hombre de ojos negros gira a mirarme, me sonríe pero no como de costumbre cosa que me dice que algo ha pasado, sus lindos hoyuelos me hacen olvidar todo en segundos.
-Hola - saludo acercándome.
-Hola.
-¿Pasa algo?- pregunto Apoyándome al escritorio.
-Nada, mira ya pinté en dibujo - retira una hoja debajo de un cuaderno y me lo entrega, lo miro y está más que hermoso.
-Es hermosa, me encanta - sonrío emocionada. Él dibujo soy yo leyendo concentrada mente.
-Sabía que te gustaría, bueno no estuviste muy quieta pero está perfecta - deja unos folios a mi lado y al fin se digna a mirarme a los ojos.
-Muy frío hoy - comento.
-Hablamos cuando cúlmine la clase ¿te parece?- propone.
-Claro - me alejo del escritorio y me acerco para besarlo pero él no se deja.
-Alguien podía entrar - se excusa.
-Ok - lo miro a los ojos por un rato y decido tomar asiento avergonzada y decepcionada.
Rogué para que la clase culminara rápido y saber que le pasaba y ¿porqué me trató así?
Salí del salón de primera para quedarme en él patio y esperarlo, luego de 5 minutos llegó. No digo nada sólo lo miro esperando que hable.
-Lo siento, Celia - susurra y me confundo. - no podemos continuar, terminamos - suelta.
Me quedo en shock, sin saber que decir, que contestar, parpadeo varias veces y frunso mis labios.
-¿Hice algo malo?- pregunto mirándolo con ironía.
-No, no eres tú - niega.
-¿Porqué?
-Sólo no podemos seguir - aclara. Se acerca, besa mi cabeza y se marcha dejándome tan sólo con su aroma varonil.
Lo observo irse, junto mis labios y mis ojos se cristalizan pero no quiero llorar. ¿Acaso ya consiguió lo que quería?y entonces de marchará, después de haberme arriesgado a no perderlo y acostarme con él me corta.
1. Semana después.
Salí de la universidad a toda prisa sintiendo mis pies moverse dentro de mis zapatos cerrados y planos como siempre, me acerco al grupo Él ridículo.
-Flecher, deja tu ego y de una vez acepta que sólo por no tenerme haces todo esto - lo miro y me marcho.
Al llegar a la clínica, aprieto mi cartera y entro, saludo a la Dra Masson una maravillosa persona.
Entro a su puesto y cierro suspirando, me acerco en silencio.
-Hola - saludo y me dirijo a la camilla, la frialdad en mi voz es clarísima, estoy aquí porque soy consciente de que tiene derecho.
-Hola - responde normal.
Me acuesto en la camilla y observo él techo, cosa que él me pedía cuando quería desahogar me.
-Estoy embarazada - confieso.
No todos podemos ser buenos solamente, también tenemos un poco de maldad por un lado pero aveces la llegada de una persona a tu vida puede cambiarlo tanto para bien como tal vez para mal.
~•~
Con un lápiz en la mano izquierda golpeó una y otra vez su escritorio, no sabía que hacer, él hecho de que tal vez todo haya sido un error lo lastimaba no sólo eso sino que ella no se lo merecía.
Sus ojos cayeron sobre ella, su pelo castaño peinado hacia atrás y dos mechones detrás de su oreja, sus ojos marrones estaban clavados en él libro mientras sus dedos sostenían la parte de atrás del libro dejando ver sus largas uñas de color natural. La chica arqueó una ceja y luego sonrió, sintió la mirada pero no quería alzar la cabeza y enfrentarlo pero él no dejaba de mirarla.
Alzó la cabeza y miró él hombre de ojos negros, le sonrió y él igual. Tomó una hoja y empezó a dibujar mientras que ella seguía leyendo concentrada mente.
Horas más tarde todos salieron y sólo quedaron ellos dos, ella tomó sus cosas pero primero se acercó a despedirse.
-Una operación de ojos - comentó la chica burlona.
- Hay, mi Celia - suspiró él ojos negros negando con la cabeza.
- Hay, mi Santiago - dijo ella de la misma manera que él.
- ¿Dónde quedó él señor Johson?- preguntó coqueta mente y se paró frente a ella, quien tuvo que levantar la cabeza para mirarlo a los ojos.
- En él lugar dónde dije, sí acepto - contestó Celia sin pensar.
- Mire, señorita Celia Oliveria Gomes - le mostró él dibujo y ella abrió la boca y los ojos sorprendida.
- Es hermoso, además de doctor, profesor, pintor - farfulló Celia sorprendida, intentó tomar la hoja pero él la alejó.
- No.
- Acaso no es para mí - dijo tratando de quitárselo.
- Sí, pero no - negó alejándose y ella empezó a perseguirlo queriendo arrebatárselo.
- Chester - gruñó desanimada.
- Te dije que no me llamarás por mi segundo apellido - reprochó él parándose frente a ella.
- Pues, dame a mi misma - le extendió su palma. La tomó de la cintura y la pegó a él, rodeó sus brazos por su cintura dejando las hojas detrás.
- Deja que la pinte, para que esté perfecta al igual que tú - le sonrió y la besó. Celia con una mano mano ocupada de libros alzó la otra para llevarlo al cuello de Santiago mientras se ponía de puntillas para profundizar él beso.
Se separaron por la falta de oxígeno y se miraron a los ojos. - Se supone que los hombres son más fuertes que las mujeres, entonces ¿porqué contigo me siento tan débil?
- Nadie es perfecto, la vida se basa de sacrificios, errores, pecados, arrepentimientos pero todos quieren lo mismo lograr la felicidad pero lo que muchos no saben es que esa felicidad es Dios, la paz no se compra con dinero y menos él amor - respondió Celia acariciando su mejilla.
- Te amo, amo tus pensamientos, tu manera de expresar y de ver la vida - le sonrió y la abrazó como si fuera él último abrazo que le daría, cosa que estaba entre una balanza de sí o no.
Se despidieron y él se quedó solamente para pensar, no porque tenía algo más que hacer en la universidad sino una duda que no lo dejaba respirar si era lo mejor.
- Veo que todavía no le has dicho - entró la secretaria.
- No puedo - negó parándose - ella no se lo merece, pensará que jugué con ella. - Es lo mejor, Santiago, mira la bien son muy diferentes, se merece algo mucho mejor, es joven está empezando y tú estás terminando - la peli-negra se exaltó.
- Es que con ella me siento bien, no tengo miedo, si tan sólo la conocieras, su fé todo de ella me gusta pero tengo que dejara la ir - se sentó y desordenó su cabello negro.
- Por amor, le quitarás su juventud, tantas cosas que los jóvenes quieren experimentar será por su bien, se merece alguien de su edad pero sobre todo de su clase, sabes que soy tu amiga y sólo quiero ayudarte - se le acercó y tocó su hombro.
- Pero tal vez a mis padres no les moleste - la miró a los ojos.
-Pero de todas, sabes que no debes involucrarte con tus estudiantes, lo bueno es que ella es mayor de edad pero reglas son reglas.
- Pero nos conocíamos antes de eso pero tampoco quiero arruinar su reputación, lo pensaré - agachó la cabeza y jugó con su lápiz de manera rítmica.
- Pero se supone que ella es una chica cristiana o ¿no?- preguntó.
- Empezó a crear una nueva persona en mí, es como si Dios la hubiera puesto en mi camino pero debo dejarla ir.
- ¿Qué te puede ofrecer una niña como ella?, es lo primero que diría tu padre - dijo con ironía.
- No sé trata de ofrecer, y si fueras tú ¿eh?, sabes porque la dejaré, no quiero que sufra por mi culpa ya que conozco a mi familia pero no por que sea una pequeña indefensa, es más que físico.
Sin más que decirlo recogió sus cosas y se fue molesto de la universidad.
Llegó a su casa, se relajó y fue a la habitación dónde estaba planeando una sorpresa de cumpleaños, sonrió al ver la fotografía en la pared que decía come in My life.
No pudo evitar recordar cuando la conoció. Ella estaba buscando donde esperar que pasara la lluvia, justo frente a la casa de él quien cuando la vio la invitó a entrar, pasó la noche ahí a la mañana siguiente se fue dejando una nota apenada por lo que pasó, luego se volvieron a encontrar en la clínica y casualmente ese día de lluvia ella se inscribía en la universidad donde él era él profesor y la tercera vez que se vieron fue él primer día de clases.
- Si es nuestro destino habrá algo que no me permita dejarte, un motivo grande, dices que Dios no se queda con lo de nadie y es fiel - miró alrededor con ganas de arrancarlo todo pero no, al contrario quería sorprenderla.
Se tumbó en un sofá y prendió la tele mientras se quitaba la camisa, de repente sonó él timbre y gruñen do se paró a abrir. Su desanimo y tristeza desapareció al ver a la chica de ojos marrones y pelo castaño.
- Hola - exclamó emocionada y entró ya que él parecía estar en otro mundo. - veo que olvidas que hoy hay estudio bíblico - le reprochó.
- No creas que no esté interesado es sólo que me siento abrumador - se volvió a tumbar en él sofá.
- Tendré que darte un poco de mi espíritu juvenil - propuso juguetona y él se friso pensando.
- Tienes razón - meneó la cabeza recordando las palabras de la secretaria - Celia...
Celia lo observó y solamente con verle la cara supo de que hablaría. - No quiero hablar de eso, no me lo recuerdes por favor - pidió dándose la vuelta.
- Deberíamos hablar de ello y salir de eso - la miró con seriedad.
- ¡¿Hablar de que tuve relaciones antes de casarme?!- exclamó Celia molesta - mis padres se enteran y me cuelgan del cuello y no sólo eso no me importa su opinión sino que le falle a Dios, no puedo cambiarlo pero si arrepentirme.
- ¿Arrepentirte de haber pasado nuestra primera noche?- preguntó Santiago con ironía.
- Sí y sabes porque, no hay que hablarlo sólo admitirlo, iré al estudio bíblico con Sarah - giró su rostro para marcharse pero escuchó una risa burlona.
- Que estúpido, Sarah es la hija del pastor y obvio que irá - negó con la cabeza.
Celia meneó la cabeza y se fue con suma rapidez de ahí. Siempre que le decía algo del tema ella huía de hablarlo pero él más grande problema es que su gran amigo Mike le había advertido.
Llegó y se paró frente al templo y observó llegar a su amiga desde lejos quien no parecía tan feliz.
Tan pronto que llegó frente a ella se la llevó arrastrada del brazo. - Ven conmigo.
La morena alta de cabello hasta la espalda la miró con sus ojos negros. - Sabes que si mi padre se entera nos separará, dirá que eres una mala influencia para mí.
-¡Que acaso todos solamente le interesa eso!, no quiero recordarlo, ¡sé que hice mal pero ya pasó!te juro que si pudiera cambiarlo o devolver él tiempo lo haría - gritó con tanta rabia que enrojeció al instante y salió corriendo de ahí.
Ala mañana siguiente fue a clases y antes de entrar vio a la morena de larga melena, se acercó a ella y no le dijo nada solamente la abrazó.
-Lo siento, solamente debí apoyarte en vez de juzgarte - susurró Sarah.
-No se lo podré decir a Mike - se apartó y miró a su amiga quien tenía una cara de horror.
- Lo hiciste ¿verdad?- escuchó una voz varonil a su espalda y giró como una maquina a ver al rubio.
- ¡Fue lo primero que te advertí, cómo puedes seguir hiendo a la iglesia después de todo, eres una sínica sin vergüenza, pensé que eras sabia!- le reprochó furioso.
- ¡Ya basta Mike!- pidió.
La tomó de los hombros y la sacudió. - Cuando te deje te arrepentirás y dirás que te lo dije Celia, todo pecado tiene un precio y tendrás que pagar el tuyo sola - la sacudió más fuerte hasta marear la.
-¡Suelta la!- gritó alguien apartándolo de ella - a ti ¿qué te pasa?
«Son muchas las estupideces que se comenten por amor, pero nunca hagas nada sino ea por tú voluntad para complacer a nadie, la que saldrá perjudicada serás tú.»
La alejó bruscamente y ella quedó detrás, sus ojos estaban a puntos de traicionarla y echarse a llorar frente a las tres personas delante de ella.
- Necesito respirar - dijo y se fue corriendo sin mirar atrás.
[.....]
Sentada en él sofá frente al televisor despejó su mente por un momento.
- Él amor es ciego - comentó concentrándose en la serie, estaba tan concentrada que nisiquiera sintió ni escuchó cuando alguien entró.
Santiago se tumbó a su lado y la abrazó luego la llenó de besos.
-¿Qué haces aquí?- preguntó seria.
-No puedo visitar a mi novia. - dijo y le empezó a hacer cosquillas - sonríe, ya olvidemos lo ¿sí?
-¡Basta!, Santiago detente - pidió sin poder evitar reír.
-Ahora si - sonrió y rodeó sus brazos para ver juntos la serie.
-¿No se supone que tienes turno hasta la noche en la clínica hoy?- giró y se acomodó sobre él quedando acostada.
-La señora Masson me cubrirá, no me gusta verte triste además siempre dices que siempre hay que estar feliz de tener la oportunidad de estar vivos y sanos gracias a Dios - apretó él buche de Celia quien sonrió.
Se inclinó y la besó, ella alzó sus brazos y rodeó su cuello con ellos haciendo él beso más largo y profundo, bajó sus besos a su cuello y Celia al sentir que correspondería quiso parar antes de no poder hacerlo.
-Espera - lo detuvo y él la miró a los ojos -, un pecado no se comete dos veces.
-Lo sé - le acarició la mejilla - eres con la mujer que me quiero casar y si nadie nos separa, esto lo veremos sólo como un recuerdo pero no te pongas así.
Celia lo miró con entusiasmo, le creyó fielmente como si le creyera a una persona que si sabe que tiene poder de hacerlo, no es que lo decía por decir pero pronto olvidaría su promesa.
Juntaron sus manos y se profundizaron en otro gran beso.
-Ya que estás aquí - dijo Celia al quedarse sin oxígeno -, me ayudas con las clases - se enderezó para buscar sus libros y cuadernos sobre la mesita.
-Ni de bromas te haré lo que yo mismo te pongo - aclaró Santiago mirándola de reojo y odiándose por tener a tan maravillosa persona en sus manos y no poder ser suficiente para ella.
- Claro que sí - le entregó él cuaderno y se quedó con un libro - aunque sea explica melo.
- ¿Porqué quieres estudiar enfermera cuando no hay nada en común de eso con administración, diseño, moda?- preguntó frunciendo su ceño.
-Es sólo para complacer a mi madre, y bueno me alegra porque...
-Te conocí - dijeron al unísono.
Santiago apagó la tele y ella lo miró con cara de porqué. - No se estudia con la televisión prendida, y quiero que saques buenas notas - la señaló divertido.
- Es relajante estar contigo - se acostó nuevamente sobre él con la vista en él techo.
-¿Recuerdas la vista más hermosa de tu vida?- preguntó Santiago.
- Las estrellas y galaxias, fue una noche hermosa, ¿crees que si un día te llegó a presentar a mis padres le agradarás?- giró su vista para mirarlo a los ojos.
- De verdad no lo sé y ¿tú?- preguntó Santiago.
- Tomaran su biblia y reprenderán todos los malos pensamientos de mi cabeza y a ti te volarán los sesos - dijo Celia a carcajadas y contagió a Santiago.
- Es enserio, Celi - reprochó haciendo puchero.
- No lo sé, tal vez te obliguen a amar a Dios y luego casarte conmigo - Celia se encogió de hombros con una sonrisa burlona.
- Buen chiste - Santiago meneó la cabeza y se echaron a reír a carcajadas.
[.....]
Pasó una día y Mike no le dirigió la palabra aún peor nisiquiera lo vio pero estaba más preocupado por Santiago que por él quién estuvo muy distraído.
Tocó él timbre desesperada, tan pronto salió de la universidad fue a verlo pero abrió Leah la hermana.
- Hola - dijo emocionada.
- Tú por aquí - reprochó entrando.
- Vine a ver la versión nueva de mi hermano - río la chica de ojos cafés.
- ¿No está?, ha estado muy raro - comentó Celia.
- No, no está - negó la enana de larga melena - y si, ha estado muy pensativo, ¿le has roto él corazón?
- Claro que no, ¿estás segura de que cambié a tú hermano?- preguntó Celia indignada tenía miedo de que sus sacrificios fueran en vanos.
- Por favor, si hasta empezó a tratarme bien, ya que estás aquí paseemos en bici, ¿plis?- pidió Leah con cara de ternura.
Celia podía ser una persona clara y sincera pero no le gustaba decepcionar a las personas en cuanto Leah era una persona igual de maravillosa una chica de 17 que veía la vida de rosa, no tenía novio sólo amigos y para ella era suficiente, no era una persona apresurada al contrario le gustaba las cosas con tiempo y de dedicación.
Celia tenía ese don de hacer las personas ver la vida de otro modo pero era tan grande su afán y sus sacrificios que hasta perjudicarse y pecar ha llegado.
[.....]
Observó entrar a la pelinegro y suspiró, ya habían hablado, ¿porqué regresó?se preguntó a si mismo frustrado.
- Que no perjudique tú trabajo, no se mezcla con placer - dijo y se marchó.
Aveces los buenos consejos no siempre son para bien, tal vez te parezca que tienen razón pero eso solamente les puede convenir pero es muy difícil desconfiar de una amistad de años, Santiago la admiraba y la quería mucho por ende creía ciegamente que sólo quería lo mejor para él además de que ella todavía era joven pensó que por eso podía interpretar los gustos y sentimientos de una joven como Celia.
Celia estaba feliz de que lo vería ya que desde que se fue de su casa no lo volvió a ver y él no llamó por ende estaba preocupada.
Dio pequeños pasos leves y con una sonrisa caminó hacia él salón, miró él reloj en su muñeca y notó que sólo tenían 10 minutos que para ella parecían ser suficientes.
Entró y serró detrás de ella, él hombre de ojos negros giró a verla, le sonrió pero ella notó rápidamente que no era una se esas sonrisas que se daban, se perdió por un momento en sus hoyuelos pero luego reaccionó.
- Hola - saludó acercándose.
- Hola.
Se sorprendió al escuchar lo seco y cortante que sonó, como si saludara a cualquiera.
- ¿Pasa algo?- indagó indignada apoyándose al escritorio de espaldas quedando a su lado.
-Nada, mira ya pinté él dibujo - retiró una hoja debajo de un cuaderno y se lo entregó, ella lo miró y le pareció más que hermoso.
- Es hermoso, me gusta - sonrió. El dibujo era ella leyendo concentrada mente.
- Sabía que te gustaría, bueno no estuviste muy quieta pero está perfecta - dejó unos folios al lado de ella y al fin se dignó a mirarla a los ojos.
- Muy frío hoy - comentó Celia.
- Hablamos cuando cúlmine la clase ¿te parece?- propuso él serio
- Claro - se alejó del escritorio y se acercó para besarlo pero él no se dejó. Santiago se contuvo para no mirarla con pena ya hacerle esto le rompía en par.
- Alguien podía entrar - se excusó al no saber que decir.
- Ok - lo miró a los ojos por un rato y decidió tomar asiento avergonzada y decepcionada.
Rogó para que la clase culminará rápido y saber que le pasaba y ¿porqué la trató así?
Él mantuvo sus ojos sobre ella toda la clase, observó cada movimiento, cada suspiro también se dio cuenta de que no prestó atención a nada.
Al culminar la clase la primera que salió disparada del salón fue ella, se dirigió al patio trasero donde siempre se sentaba a comer con él en vez de ir a la cafetería.
Unos 5 minutos después él llegó, ella se paró y lo observó sin decir nada esperando que él hablara.
- Lo siento Celia - susurró y ella fruncio él ceño confundida - no podemos continuar, terminamos - soltó al armarse de valor.
Celia quedó en shock por un momento, sin saber ¿qué decir?¿qué contestar?parpadeó varias veces y fruncio sus labios.
- ¿Hice algo malo?- preguntó Celia con ironía.
- No, no eres tú - negó mirándola con frustración.
- ¿Porqué?
- Sólo no podemos seguir - se acercó besó su cabeza admirando él aroma de su cabello y se marchó dejándola tan sólo con su aroma varonil.
Lo observó irse, juntó sus labios y sus ojos se cristalizaron pero no quería llorar. ¿Acaso ya consiguió lo que quería? y entonces se marchará, después de haberse arriesgado a no perderlo y acostarse con él me corta. Se hizo un millón de preguntas a si misma, no lo podía creer.
No le rogaría que no la dejara, si lo amaba pero jamás caería tan bajo como para rogarle a un hombre que no la dejara. Echó la cabeza hacia atrás para contener sus lágrimas y al rato se marchó, se fue caminado para observar la calle y recordar buenos y lindos momentos que sólo eran recuerdos ahora pero aún peor pasado.
Llegó a su departamento y lo que hizo que fue acostarse y observar por la ventana, no había derramado ni una lágrima pero por dentro se quemaba, se quedó pensando en ¿qué hizo mal?¿porqué?lo que más le dolía era que nisiquiera le dio un motivo por él cual terminar.
Celia jamás lo había alejado sin motivos al contrario tenía una explicación para todo y un espíritu de convencimiento.
Escuchó la melodía de Way Maker mientras su cell vibraba sobre la mesita de luz al lado de su cama, lo tomó observó la pantalla la cual decía Mother tenía casi todo en inglés ya que le gustaba pero también se le dificultó aprenderlo rápido hasta que conoció a Santiago, dejó él cell como estaba y siguió sumisa mirando por la ventana.
~•~
Con él alma destrozada se adentró a la universidad, llevaba un gorro negro en la cabeza y él pelo suelto, su pequeña mochila al hombro y sus zapatos negros como de costumbre combinaban con su vestido jeans negros que le quedaba sobre las rodillas.
- ¡Cristiana!- exclamó él alto pelinegro de ojos azules poniéndose frente a ella.
- No estoy de humor, Flecher - lo miró a los ojos y trató de marcharse.
- No tan rápido linda, quieres que toda la universidad se entere de que andas con él profesor de enfermería - dijo con una risa burlona. Flecher no quería molestarla al contrario quería su atención cosa que jamás conseguiría con esa actitud porque si en algo Celia era una diva era ignorando.
- Sé que sólo quieres saber si ando con él - volvió a mirarlo - no, espero que al fin estés feliz.
Siguió de largo y entró al salón de enfermería, su tortura del día, era su primera clase y se alegraba de que los miércoles sólo fuera una hora.
- Buenos días - no miró a nadie sólo se metió en la última fila y se sentó. Al pedir los cuadernos ella le pasó él suyo a un chico para que le hiciera él favor cosa que agradeció mucho.
- Dios - fue lo único que susurró para si misma.
Santiago al tomar su cuaderno notó en la parte de atrás pegada él dibujo que le había hecho pero era una copia.
Al culminar todas sus horas de clases, lo vio pero no lo miró a los ojos, sólo siguió de largo, sintió su pecho apretarse al pasarle por él lado sin decir nada como si nunca se hubieran conocido.
Rápidamente se metió al baño y de tanta desesperación se equivocó de baño pero para su buena suerte sólo estaba Mike lavándose las manos.
Lo miró y se abalanzó sobre él, lo abrazó con tantas fuerzas que lo pegó contra la pared.- Lo hizo - sollozó - me dejó, tenías razón, lo siento tanto.
Él chico sorprendido solamente la abrazó y acarició su lacio pelo. - Tranquila, ya, todo está bien, aquí estoy.
- Me siento tan sucia por dejarme usar - apretó al chico contra él.
- No lo creo, se supone que él te amaba - Mike no se lo podía creer fue lo único que le pudo decir.
- Sólo me dejó sin explicación ni nada - él trató de soltarla pero ella se aferró más por ende no la soltó.
- Él me dijo que te amaba - dijo Mike confundido. Luego de su enfrentamiento, Santiago había hablado a parte con él cosa que lo confundía aún más.
La alejó y tomó su rostro con ambas manos, secó sus lágrimas y la miró a los ojos.
- Tranquila, siempre me pides tranquilidad ahora práctica lo tú - le pidió.
- Puedes estar molesto conmigo - Celia pasó un mechón detrás de su oreja mirándolo a los ojos. Se sentía tan mal y arrepentida, si tan sólo no se hubiera acostado con él no sería nada pero no le hizo caso a su amigo.
- Vamos - Mike pasó su brazo por él cuello de Celia y se fueron juntos a casa de Mike.
Cuando llegó a casa le preparó chocolate caliente en vez de café ya que ella no tomaba café.
Celia se sorprendió al ver que él no la regañó al contrario la apoyó y la acompañó. Lo miró apenada y él sólo le sonrió.
- Para eso están los amigos, perdón por juzgarte, no juzguéis para que no seáis juzgados - le acarició él hombro levemente a Celia quien sólo le sonrió.
- Creo que debería irme...antes de que tus padres lleguen - comentó Celia nerviosa.
Celia sabía perfectamente lo informal que era estar a solas con un chico pero sólo le preocupa que podían decir los padres de Mike.
- Celia tranquila, mis padres te conocen y falta bastante para que lleguen - Mike le brindó una sonrisa y miró él reloj en su muñeca.
- Me cambiaré y te llevaré a casa - propuso Mike y subió a su habitación.
Celia depositó él vaso sobre la mesita y se abrazó a si misma, en California no hacía para nada calor y eran muy pocas veces las veces que lo hacía pero Celia no estaba acostumbrada a durar tanto tiempo sólo en frío.
La intriga del porqué la dejó rondaba en su cabeza, ella nunca hizo nada malo y hubo muy pocos malos entendidos entre ellos ya que mantenían una gran confianza.
- ¿Porqué?
Mike bajó las escaleras y la observó con pena, le parecía que él la merecía más que Santiago y que sí podía darle una relación normal pero él era un simple amigo para ella.
- Vamos, te llevaré a casa - Mike le propuso extendiéndole su mano.
Celia alzó la cabeza y lo miró tímidamente pero luego aceptó, al estar de pie se mareó y terminó apoyada en él hombro de Mike quien la sostuvo de la cintura.
- Lo siento - Susurró Celia por él hecho pero fue un simple mareo del cual se debió preocupar más pero como siempre nosotros los humanos ignoramos lo que está en la punta de nuestra nariz y bueno es nuestra naturaleza.
- Celia, ¿estás bien?- Mike preocupado le alzó él mentón para observarla bien. - puedes quedarte un poco más - propuso.
- No, estoy bien - Celia le brindó una pequeña sonrisa cosa que convenció a Mike y sin más la llevó a casa.