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Un presidente enamorado.

Un presidente enamorado.

Autor: : Gaby2289
Género: Romance
Annie jamás imaginó que se vería involucrada en algo tan extremo como el secuestro del presidente de su país. Durante un mes, es la encargada de cuidar al cautivo, John Meyer. Al principio, Meyer se muestra frío y hostil, respondiendo a su secuestradora con insultos y desconfianza. Sin embargo, la dulzura y ternura de Annie comienzan a romper sus barreras, y él se deja cautivar por su bondad. A medida que pasan los días, un vínculo inesperado se forma entre ellos. Annie, consciente del peligro en que se encuentra Meyer, decide ayudarlo a escapar, poniendo en riesgo su propia vida y la de su familia. Agradecido por su valentía y sacrificio, Meyer la lleva consigo. Annie se convierte en su aliada más confiable, la única capaz de ayudarlo a desentrañar la conspiración en su contra. ¿Podrá John frustrar el complot de asesinato que se cierne sobre él? ¿Logrará Annie su propia venganza? Una historia de intriga, traición, venganza y, sobre todo, un profundo amor❤️

Capítulo 1 Necesito Conseguir El Dinero.

John Meyer, el presidente más joven en la historia de su nación a los 43 años, era conocido por su devoción al país y por ser querido por casi todos los ciudadanos. Su gran inteligencia y sus brillantes ideas políticas, económicas y sociales habían llevado al país a un superávit económico. Logró atraer a grandes inversionistas internacionales, convirtiendo a la nación en la nueva mina de oro de la región.

John también era reconocido mundialmente por su atractivo físico: tenía ojos azules deslumbrantes, una altura imponente de 1.90 metros, un físico robusto esculpido con largas sesiones de gimnasio, labios carnosos y cabello negro azabache que siempre llevaba ligeramente despeinado, lo que añadía a su atractivo. Aunque se mencionaba en programas de entretenimiento que había trabajado como modelo de pasarela para costear sus estudios, estas imágenes habían sido eliminadas de su entorno político para evitar posibles críticas.

A su lado en el gobierno estaba Maxwell McGregor, su vicepresidente y mejor amigo desde la universidad, donde ambos estudiaron ciencias políticas y soñaban con hacer prosperar su país. Max admiraba profundamente a John por su gran corazón, su trabajo benéfico y sus inversiones en salud y educación pública, convencido de que estos eran derechos fundamentales y no privilegios.

John se encontraba en su despacho, ultimando los detalles de su próximo discurso. En unos días viajaría a la capital del país para asistir a una convención por la paz, donde se reunirían varios líderes mundiales para abogar por el fin de un conflicto bélico en una región cercana. Sin embargo, alguien desconocido planeaba evitar a toda costa que John asistiera a esa convención.

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Annie Taylor no podía creer lo que estaba leyendo en el sobre que sostenía. Las lágrimas brotaban de sus ojos y su desesperación era tan grande que debía taparse la boca para no gritar y despertar a su hermano pequeño, Marcus. El cáncer de su madre había regresado y, sin tratamiento de quimioterapia, le quedaba poco tiempo de vida. Annie lloraba desconsoladamente. Desde que su padre los había abandonado hacía 17 años, habían sobrevivido apenas, viviendo en tierras usurpadas en un tráiler abandonado. No podían permitirse un tratamiento tan costoso, ni siquiera las nuevas políticas de salud del presidente podían salvar a su madre.

Tras levantarse y bañarse en una palangana, despertó a Marcus para que desayunara y se preparara para la escuela. Ella había tenido que dejar la escuela a una edad temprana y apenas sabía leer y escribir, pero estaba decidida a darle a su hermano la oportunidad de una educación digna, para que no tuviera que vivir en la miseria.

Después de desayunar, Annie acompañó a Marcus al colegio y luego se dirigió al vertedero de la ciudad. Allí, junto con otros vecinos, recogía basura que clasificaban y vendían para ganar algo de dinero, lo suficiente para llevar algo de comida a la mesa. Siempre había soñado con ser algo más que una recolectora de basura, pero la falta de educación y oportunidades le cerró las puertas. En su intento por escapar de la pobreza, se fue a la ciudad, pero terminó durmiendo en la calle, humillada y sin el dinero que había ahorrado. Derrotada, regresó con su familia, sin esperanzas de un futuro mejor.

Mientras rebuscaba en la basura, las lágrimas volvieron a correr por sus mejillas. Necesitaba encontrar algo valioso para vender, o de lo contrario, esta noche no habría cena y tendría que ver a Marcus llorar de hambre una vez más.

-Otra vez llorando, niña -dijo una voz a sus espaldas. Era Noreen, una vecina que siempre se compadecía de la dura vida de Annie, cuidando a su madre enferma y criando a su hermano.

-Hola, Noreen -saludó Annie con una cálida sonrisa. Adoraba a esa mujer, que muchas veces había compartido su comida con ella.

-No disimules, Annie. Veo la tristeza en tus ojos. Ven, cuéntame, ¿qué ha pasado? -Noreen, que había perdido a su esposo a causa del cáncer el año anterior, entendía bien por lo que Annie estaba pasando. Incapaz de contenerse, Annie rompió a llorar de nuevo.

-Noreen... El cáncer ha vuelto. No sé qué hacer, estoy desesperada -dijo Annie mientras Noreen la abrazaba con cariño, tratando de consolarla aunque no encontraba palabras para aliviar su dolor.

-Tranquila, Annie. Algo se nos ocurrirá. Recaudaremos dinero entre los vecinos, como has hecho tú antes, para ayudar con la quimioterapia.

-Noreen... Hemos reunido dinero para medicinas menores, pero los tratamientos contra el cáncer son muy caros. Nunca podríamos juntar tanto.

-Annie... ¿Por qué no vuelves a la ciudad? Quizás esta vez tengas mejor suerte...

-¿Volver a la ciudad y aceptar el único trabajo que me ofrecieron? Ser prostituta en un burdel -respondió Annie con lágrimas en los ojos. No quería llegar a eso, pero si vendiendo su cuerpo podía salvar a su madre, lo haría sin pensarlo.

-No, niña, no lo hagas. Mereces mucho más que eso.

-¿Qué otra opción tengo, Noreen? La vida de mi madre se apaga con cada segundo que pasa.

-Annie... No debería decirte esto, pero ve a ver a Michel. Él siempre tiene algún trabajo, te lo ha ofrecido muchas veces y no has querido aceptar.

-Noreen, sabes que Michel se dedica a cosas sucias. Vende drogas y usa a jóvenes para robar. No puedo hacer eso.

-Annie... ¿Vas a esperar a que tu madre muera? No es la solución a todos tus problemas, pero al menos podrías juntar algo de dinero para llevar a Marcus y a tu madre a la ciudad. No lo pienses mucho.

-Tienes razón, Noreen -admitió Annie tras meditarlo-. No tengo nada que perder. Necesito conseguir el dinero para salvar a mi madre, y lo haré al precio que sea.

Capítulo 2 Comienza El Plan.

Annie sabía que estaba a punto de cometer una locura. Jamás imaginó que Noreen le aconsejaría ir a ver a Michel, el personaje más despreciable del barrio. Un hombre capaz de cualquier cosa por dinero: robar, vender drogas e incluso matar. Ahora, la desesperación la estaba llevando a su puerta, a punto de convertirse en alguien despreciable como él para conseguir el dinero necesario para el tratamiento de su madre.

Después de regresar a casa, preparar la comida y comer junto a Marcus y su madre, Annie se dirigió a la casa de Michel. Su esperanza era que él no se aprovechara de la situación, ya que siempre se rumoreaba que estaba enamorado de ella y podría usar esta oportunidad para reclamar su cuerpo a cambio de dinero. A pesar de lo repugnante que le parecía, Annie sabía que si eso salvaba la vida de su madre, no dudaría en aceptarlo.

Finalmente, Annie se encontró frente a la puerta de Michel. Tras unos minutos de vacilación, golpeó la puerta. Michel la abrió y la recibió con una expresión burlona.

-¿Qué ven mis ojos? -dijo, sarcástico- Annie Taylor. Nunca pensé tener el placer de tu visita. Por favor, pasa. -Annie se quedó paralizada unos segundos, pero luego reunió el valor y entró, seguida por Michel-. ¿En qué puedo ayudarte? -preguntó, con su sonrisa burlona intacta.

-Michel... necesito dinero -suplicó Annie-. Mucho dinero. -Michel abrió los ojos, sorprendido por sus palabras-. Sé que muchas veces me ofreciste trabajo y siempre rechacé tus propuestas. Ahora necesito trabajar. Haré lo que sea, lo que me pidas.

-Nunca imaginé escuchar de ti esas palabras mágicas: "Haré lo que me pidas" -se burló Michel-. ¿Por qué necesitas tanto dinero? ¿Piensas regresar a la ciudad?

-Necesito el dinero para el tratamiento de mi madre. Está muy enferma, morirá si no consigo el dinero.

-Ahora entiendo tu desesperación, querida Annie. Dijiste que harías lo que te pida.

-Sí... ¿Puedes ayudarme? -Annie sentía que estaba cometiendo el peor error de su vida. ¿Y si terminaba en la cárcel? Pero al menos conseguiría el dinero para salvar a su madre.

-Muy bien, querida Annie. Tengo varios trabajos para ti y te ayudaré a conseguir lo que necesites.

-¿Qué es lo que tengo que hacer? -preguntó, aterrada.

-Tranquila, no pondré tu vida en peligro, Annie. Sabes que eres especial para mí. Si fueras mi esposa, jamás tendrías que pasar por esto.

-Michel... Solo dime qué tengo que hacer -insistió.

-Mira, Annie. Por el momento tengo dos trabajos. Te dejaré elegir, solo porque eres tú.

-Dime, por favor...

-El primer trabajo es peligroso para ti: ser mula de drogas. Necesitamos pasar cocaína por la frontera. Si te descubren, te enfrentarás a muchos años de cárcel o podrías morir de sobredosis.

-Dijiste que había otro trabajo. ¿Cuál es?

-El otro es más simple y menos arriesgado, si sigues el plan. Debemos secuestrar a una persona importante y mantenerla cautiva un mes. Necesitamos a alguien dócil como tú para alimentarlo y mantenerlo en buen estado. La intención es solo asustarlo, no matarlo.

-Dios mío, Michel. ¿Eres capaz de hacer semejantes cosas por dinero? -Michel se rió a carcajadas, burlándose de ella.

-Annie, ¿en qué te diferencias de mí si estás aquí buscando dinero a toda costa?

-Tienes razón -respondió, decepcionada de sí misma, pero sabía que debía hacerlo.

-¿Aceptarás alguno de los trabajos? No tenemos tiempo que perder. Ambos comienzan la semana que viene.

-¿Puedo saber quién es la persona que van a secuestrar?

-Annie, es mejor que sepas lo menos posible.

-Estaré un mes con él, ¿no? En algún momento descubriré quién es.

-¿Así que aceptas el trabajo de compañía? -preguntó, sorprendido. No esperaba que Annie aceptara; pensó que saldría corriendo aterrada. A pesar de que intentaba disimularlo, Annie estaba muy asustada, pero la desesperación por salvar a su madre era más fuerte que el miedo.

-Acepto, Michel, pero con una condición.

-Dime, te escucho.

-Que no le hagan daño a esa persona.

-¿Por qué te importa? Al fin y al cabo, no lo conoces... No debes mezclar sentimientos con trabajo.

-Lo sé, pero no podría soportarlo. Por favor, Michel.

-Tranquila, Annie. No le haremos daño. Solo queremos asustarlo; es una persona muy importante.

-Está bien, acepto -contestó, resignada.

Días antes, Michel había recibido una llamada de alguien conocido solo como MMG, quien, sin revelar su identidad, quería secuestrar a un hombre y mantenerlo fuera de la ciudad durante un mes a cambio de una gran suma de dinero. En la primera comunicación, no le dijeron quién era la víctima, pero mencionaron que debía ser antes de la convención por la paz en la capital, lo que hizo sospechar a Michel que se trataba de alguien muy importante.

-Dígame, MMG... ¿Quién es la persona que debemos secuestrar? -preguntó Michel.

-Lo sabrá pronto. Solo asegúrese de estar preparado. Este hombre es fuerte. Le daré la ubicación de un lugar apartado. Asegúrese de seguir mis instrucciones.

-Muy bien, señor. Estoy a su disposición.

Días después, Michel volvió a recibir una llamada de MMG.

-¿Está todo preparado como le indiqué?

-Sí, señor. Todo en orden. Tengo un equipo de seis personas listo para comenzar.

-Perfecto, Michel. La semana próxima este hombre llegará a la capital. Sale a correr a las cinco de la mañana, lejos de su seguridad. Ese será el momento oportuno para capturarlo.

-¿Seguridad? ¿Es una persona rica? ¿Pedirán rescate?

-No, Michel. No queremos dinero. Solo queremos evitar que se presente a la convención por la paz, lo cual arruinaría todos nuestros negocios.

-¿Convención por la paz? -Michel sabía que la reunión incluiría a presidentes de todo el mundo, organizada por John Meyer, el presidente de la nación-. ¿Puede decirme quién es la persona en cuestión?

-Es John Meyer, el presidente de nuestra nación.

Capítulo 3 El Presidente Ha Desaparecido.

Annie no podía dejar de llorar, abrazada a Noreen. Se sentía como el ser más despreciable del mundo. Jamás había imaginado que se convertiría en una delincuente. Si su madre hubiera sabido hasta dónde había llegado, se habría avergonzado de ella.

-Tranquila, querida Annie, no llores más -la consolaba Noreen, acariciándole el cabello como una abuela cariñosa.

-No puedo creer que haya hecho esto, Noreen. ¡Van a secuestrar a alguien y yo seré su cómplice! -sollozó Annie, desconsolada.

-Annie... No le harán daño. Tienes que pensar en eso. Solo serán unos días y luego tendrás el dinero para el tratamiento de tu madre. Sé que es una locura y que está mal. En otras circunstancias te diría que no lo hicieras, pero no tenías otra opción, mi niña.

-Lo sé, Noreen, solo espero que mi madre nunca se entere de esto. Su desilusión la habría matado antes que el cáncer.

Mientras tanto, John estaba en su habitación preparando las maletas para el viaje a la capital. Mañana muy temprano partiría con Max, su vicepresidente y mejor amigo, junto a sus asistentes y el resto del equipo político. Desde joven, había sido un firme opositor a la guerra, influenciado por las historias de su abuelo, que había huido de conflictos en su país natal. Necesitaba la unión de los líderes internacionales para poner fin al conflicto bélico y traer paz a aquellos que veían en la huida su única esperanza.

En ese momento, sonó su teléfono. John dejó lo que estaba haciendo y atendió una llamada de un número desconocido:

-¿Hola? ¿Quién habla? -preguntó, ya que le gustaba atender personalmente sus llamadas.

-Señor presidente, por su propio bien, no asista a la convención por la paz. No ponga en riesgo su vida o se arrepentirá -la llamada se cortó abruptamente, dejando a John perplejo. ¿Una amenaza? Había recibido muchas antes, pero esta vez sonó alarmantemente seria. Marcó el número de Max.

-Hola, John -respondió su amigo-. ¿Preparando las maletas? ¿Necesitas ayuda con el discurso?

-Max, escucha... -John le relató lo sucedido.

-¡Dios, John! ¿Qué vas a hacer? -preguntó Max, preocupado por la seguridad de su amigo.

-Iré, Max. No dejaré que esos delincuentes me intimiden -respondió John con firmeza.

-John, estarás poniendo en riesgo tu vida -intentó razonar Max.

-Descuida, hablaré con el jefe de seguridad.

-¡John! Ni siquiera un equipo de guardaespaldas puede evitar un atentado. Recuerda lo que pasó con el presidente de Estados Unidos. No arriesgues tu vida, por favor.

-Lo siento, Max. No cambiaré de opinión.

-Maldita sea, lo intenté. Déjame hablar con el jefe de seguridad. Así me quedaré más tranquilo.

-Gracias, Max. Confío en ti.

Al día siguiente, Annie regresó a casa un poco antes del almuerzo. Al abrir la puerta, se sorprendió al ver que su madre ya había preparado la comida y la estaban esperando.

-¡Mamá! Me alegra tanto verte de pie y animada -exclamó Annie, abrazándola con ternura.

-Hola, mi niña. Hoy trabajaste mucho, era lo menos que podía hacer por ti. Ahora siéntate y come. Marcus y yo te estábamos esperando. ¿Dónde estuviste? -preguntó Sabina.

-Ayudando a Noreen con unas cosas. Está muy cansada.

-Sí, pobre amiga mía. Gracias a Dios te tenemos a ti, Annie. Eres la luz de nuestros ojos.

-Y ustedes son la mía -Annie tomó valor para contarle a su madre que estaría lejos por un mes-. Mamá, hay algo que debo decirte.

-Dime, mi niña -dijo Sabina, encendiendo la televisión en el canal de noticias.

-Mamá... Necesito irme a la ciudad por un mes -confesó Annie, titubeando. La expresión de Sabina cambió a una de sorpresa.

-Annie... ¿Otra vez decides irte? -preguntó Sabina, apesadumbrada.

-Sí, mamá. Necesito conseguir un buen trabajo para tu tratamiento.

-Hija, por favor, no hagas locuras por mi culpa.

-No es tu culpa. Es mi decisión. Quiero que tú y Marcus tengan una vida mejor.

-¿Cuándo te irás? -preguntó Sabina, resignada.

-Mañana. Tengo una entrevista de trabajo. Noreen vendrá a cuidar de ustedes mientras tanto.

-Eres lo más valioso que tenemos, Annie. Dios, qué suerte la nuestra de tenerte -si supiera que su hija sería cómplice de un secuestro, no pensaría lo mismo.

-Ten cuidado, Annie. No te metas en problemas, la ciudad es peligrosa.

-Estaré bien, mamá. No te preocupes -dijo Annie, dándole un tierno beso en la mejilla-. Los extrañaré mucho.

De repente, ambas se fijaron en la televisión. Un periodista dio un comunicado urgente:

-¡Última hora! ¡El presidente John Meyer ha sido secuestrado horas antes de la convención por la paz! ¿Es esto una advertencia para el mandatario? Seguiremos informando.

Annie no podía creer lo que escuchaba. ¿Sería una coincidencia? Recordó las palabras de Michel... "Es una persona muy importante, no queremos hacerle daño, solo que no se presente a la convención por la paz". Sintió que las piernas le temblaban.

-¿Sucede algo, Annie? -preguntó Sabina, preocupada, tomándola de la mano.

-No, mamá, solo estoy sorprendida -respondió Annie, aunque su mente corría a mil por hora. ¿Podría ser que la persona a la que debía cuidar en cautiverio fuera el presidente de la nación, John Meyer?

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