De bodas secretas y mudanza.
Dos semanas enteras sin ver a mi padre luego de un viaje empresarial para contemplarlo frente a nosotros con maletas repletas y traje deportivo.
Aviso: "Nos mudaremos mañana. Empaquen todo."
La razón: "Me he casado con una mujer en California"
Estado: Completamente en shock.
-¿Cómo que te casaste?-expresé en horror, disgustada.
Papá me abrió los ojos, levemente confundido por mi actitud. Seguro creyó que me lo tomaría tan bien como mi hermano mayor pero no... no me conformo con una simple frase. Demandaba una explicación justa.
Verán... Había sospechado que ese demorado viaje involucraba a su reciente novia, la cual conoció en una conferencia meses atrás pero jamás imaginé que la cosa se tomara tan enserio en tampoco tiempo.
-¿Puedes bajar la voz, cariño? Lo hemos hablado con tú hermano y...
Se acomoda sus lentes, volviendo a leer el periodico para evadirme.
-¡Nadie lo ha hablado! Y no puedo creer que lo ocultaras en todo el viaje y llegues aquí como si fuese lo más normal del mundo, papá.-tajé frunciendo el ceño.
El resopló exhausto.
-¿No es normal casarse en las Vegas? Por Dios, cielo. Ha sido todo un cliché.
-Papá.-reproché.
El hombre vio mi enojo.
-Tomalo con calma, ¿si?-se dirigió a mi, colocando ambas manos en mis hombros para tranquilizarme. El azul de sus provectos ojos se encuentran con los mios en un intento de persuasión.-Te gustará la casa que compré, es impresionante cómo...
-Me importa un carajo, no quiero mudarme.-espeté malhumorada, por lo bajo.
-No actues como niña caprichosa ahora, Maggie. No es momento.-dijo cerrando los ojos impaciente.
-¿Es justo que me obligues a esto? Para tí nunca es el momento, pero no sé que clase de padre eres al forzarnos a volar al otro lado del pais sólo para que tú querida esposa se sienta en casa.-recriminé con soberbia frente a mi padre.
Su mandibula se tensó en unos segundos quedando sin palabras.
-Maggie.-interviene mi hermano, entrando al despacho.
Me da una mirada de "No estas siendo razonable, acabas de pasarte", que me vale dos toneladas de popó de vaca.
-Empacarás todo y nos mudaremos.-demandó mi progenitor luego de unos minutos, con una actitud diferente, distante y quizas resentida. Caminó recogiendo su taza de café, dispuesto a perderse en uno de los salones del apartamento.
-Tendrás que arrastrarme porque no me pienso mover y mucho menos empacar para este exagerado viaje que propones, ¿bien?-desafié cruzando mis brazos en mi pecho.
Y eso para el fue un reto.
• • •
Un día después, encontré las maletas recien hechas. Mis cosas en cajas y los objetos de valor siendo transportados por un camión de mudanza.
Apenas desperté las cosas fueron cayendome como un vaso de agua fria en la cara. Carter-mi hermano-se fue temprano a despedirse de sus amigos, y papá practicamente me obligó a vestirme con otra ropa que fuese mi pijama de tigrillo para ir al aeropuerto.
Sé que dije que tenía que arrastrarme primero antes de cruzar las puertas de un avión. Pero no tenía alternativa.
Me fuí refunfuñando, con un terrible mareo y unas ganas de gritarle a todo el mundo.
Cuando puse un pie en la adorada California, me sentí más que perdida. Papá feliz. Mi hermano Carter admirado cuando una camioneta negra de esas modernas y lujosas nos esperó en el aparcamiento saliendo del aeropuerto luego de seis horas.
Un hombre de traje elegante, zapatos relucientes con mucha seriedad cargada encima, salió del vehiculo saludando a nuestro padre con respeto.
-Griffin, estos son mis hijos.-presentó mi papá con su porte de ejecutivo.-Carter y Maggie, el es Griffin. Mi supervisor de seguridad.
Mi hermano lo saluda con la mano cortez.
Le dedico una sonrisa en respuesta, pero me giro para encarar a Thomas Simmonds.
-¿Desde cuando necesitas protección?-rebatí poniendo los ojos en blanco.
-Nunca es demasiado tarde para sentirse seguros, cariño.-respondió con una sonrisa reluciente.
Tanta felicidad me causaba indignación.
Jamás había visto esta faceta de mi padre; el ser más noble y comprensivo del mundo, ahora siendo el hombre más egoista de toda la existencia.
En el trayecto con el auto en marcha, me vi a mi misma admirando los paisajes tropicales de la costa oeste de nuestro pais. Un cielo claro perfecto, las vias de transito a unos cuarenta metros de la playa. La temperatura normal a más de 30° centigrados, las palmeras enormes meneandose con ayuda de la brisa.
Carter esbozó una sonrisa traviesa.
-¿Griffin puede hacer mis recados?
-¿Qué recados necesitas señor ocupaciones?-ataqué sarcastica, devolviendole una sonrisa divertida.
-No molestes, ahora.
-Ñiñi-burlé nuevamente, haciendo una mofa.
Carter me enseñó su dedo medio, serio.
Thomas suspiró. Ya estaba acostumbrado a nuestros comportamientos.
-Griffin sólo está a la espera de mis ordenes. Así que sin recados, no va a hacer tus tareas ni recogerá la basura por ti.-añadió papá, con hastio en dirección a mi hermano.
Reí por lo bajo.
-Y no quiero que manipules a ninguno de los guardias para que te lleven de compras, ¿me haz entendido?-señaló serio y firme, dedicandome una mirada autoritaria. Fruncí el ceño a lo que el respondió con una sonrisa sincera, dejando atrás el lado de papá dictador-¿De acuerdo, cielo?
Bufé malhumorada.
Me puse los audifonos y todo el viaje en carretera hasta llegar a la zona más elevada de Boca Ratón, se me hizo el más eterno. La casa que compró Thomas Simmonds estaba ubicada en una pequeña colina; enorme, deslumbrante y unica.
Imaginense la mansión de Tony Stark, no necesariamente con esa infraestructura pero si con vista al mar y rodeado de palmeras y cactus en medio de la nada.
Era un vecindario fuera de lo común, bastante alejado de la ciudad. Poco transito, una sola via que daba la vuelta a la colina. Tres o cuatro residencias repartidas en cuadrado, y un espiral vial en el medio con caminos estrechos sin pavimento para guiar hacia las respectivas casas.
La casa de papá estaba lo más al fondo, lista para darme una buena bofetada en la cara por idiota. Jamás me imaginé vivir en una de estas mansiones lujosas.
Si era cierto que Thomas tenía dinero, pero no sabía cuanto hasta que lo vi en ese momento. Ha robado el maldito banco de la nación para pagar este lote o de verdad le ha ido bien en su compañia. Cualquiera de los dos, me dejó asombrada.
Justo en frente mío se encontraba esta enorme casa al final de una larga entrada protegida por un portón, con una fachada blanca simétrica dandole esa apariencia neoclásica. El portico algo moderno, con enormes ventanales de cristal tanto en el primer y segundo piso le proporcionaba ese aura caracteristico que aún preservan las casas de hollywood.
-¿Cuando ibas a decirnos que compraste una jodida mansión?-admiró mi hermano, acercandose a la ventanilla.
Griffin río. Papá sonrío satisfecho al verme todavia embobada contemplando la estructura de la residencia.
-Les encantará por dentro, vengan.
No dudé ni un segundo para bajar del auto e ignorar la arrogancia de mi padre frente a mi perplejidad. Claro, me había tomado por sorpresa con esta carisima mansión.
En parte, sospeché que el lo hizo con la intención de sobornarnos a los dos para evadir ese tema del matrimonio repentino, pero a papá le costaría más que eso. No me dejaría comprar con sus lujos, no estaba conforme con esta nueva vida.
Ni siquiera conocíamos muy bien a su nueva esposa.
Al cruzar la puerta de la entrada, nos encontramos con todo un personal para darnos una bienvenida como si fuesemos los Obama. ¿Qué es esto por Dios? ¿Desde cuando necesitabamos un chef, un ama de llaves y un escolta?
Estaba totalmente confundida.
Conocimos al cocinero Will, la ama de llaves llamada Agatha y bueno... Griffin que ya nos había sido presentado en el aeropuerto.
Fue entonces cuando la ví. Una mujer distinguida, en frente de nosotros. Sostenía una enorme y dulce sonrisa. Vestía de un saco azul rey de lana elegante, unos leggins tipo gamuza ajustados a su cuerpo y unos tacones blancos con empeine descubierto. Su cabello rubio dorado claro lo llevaba hasta los hombros, sus ojos celestes llamaban mucho la atención. De pronto como logré ver, en un rápido movimiento Beth me había abrazado con tanta fuerza.
Me quedé inmovil, anonada y rigida ante su gesto.
-Lo siento, me he emocionado tanto de conocerlos. Me alegra que esten aquí, eres una chica muy bella, Maggie.-agregó, terminando el abrazo.
Me limité a solo sonreír. No es que tenga algún problema con ella. Sólo digamos que no me apetece hacerme su mejor amiga luego de hacernos mudar de un estado a otro sólo para que su Romeo esté junto a ella.
-Gracias.-murmuré.
-¡Carter!-saluda Beth con una expresión bastante sorpresiva, sonriendo.-que guapo esta este muchacho, Thomas.-le dijo a mi padre.
Carter río, cruzado de brazos.
-Un gusto conocerte, Beth. Tu no estás para nada mal.-le hace saber mi hermano a la mujer de papá. Este ultimo tosió en seco provocando que me riera. Papá le lanza una mirada de reproche a su hijo.
-¿Les parece si les damos un tour por la casa?-pregunta ella, dirigiéndose a nosotros.
Carter y yo intercambiamos miradas.
Me encogí de hombros.
-Si, por supuesto.-responde Carter.
Recorrimos casi todos los rincones de la casa. Si el frente era perfecto, el interior te dejaba sin palabras. Admiro tanto el trabajo de los arquitectos, tienen una maquina llamada cabeza y algunos hacen cosas tan asombrosas que lo muestran ser tan facil y resulta que no lo es.
-Estoy ansiosa de que conozcan a los chicos para la cena.-acotó ella.
Le dí una mirada a papá de esas que no necesitan palabras para saber que significa. El me devolvió una sonrisa de disculpa tipo: "Se me olvidó ese pequeño detalle"
Blanqueé mis ojos, mientras su mujer hablaba.
-¿Chicos? ¿Cuántos hijos tienes?-preguntó Carter ceñudo.
-Tres.
Abrí mis ojos asombrada.
Dios santo.
¿Tres niños completamente desconocidos viviendo en nuestro techo? Genial.
-¿A que escuela primaria van?-indagué indiferente.
Papá y Beth soltaron una risa, intercambiando miradas.
-Van en preparatoria. En Richmond High.
La miré de arriba a abajo como intentando decifrar cuantos años tenía viendose tan joven con hijos adolescentes.
-El mayor está en su ultimo año, juega lacrosse, Alexxander también cursa con su hermano, se adelantó un año cuando estaba en secundaria. Y Riley, es todo un artista. Más o menos tiene la edad de Maggie.-esbozó una sonrisa mientras hablaba de ellos con tanto anhelo.
En parte me entró esa nostalgia al recordar a mi madre. ¿Así habrá sido mamá cuando se refería a nosotros frente a los demás?
Papá entonces entró al chat:
-Richmond es una de las mejores preparatorias del condado. Tiene convenio con algunas universidades de la Ivy League.
Carter sonrió emocionado.
-Mientras esté en el equipo de futbol, estaré satisfecho.-dijo mi hermano.-Tendrás que esforzarte un poco más para que ella lo esté, y no es nada facil-susurró bajito señalandome con su pulgar.
Puse los ojos en blanco.
Beth entonces me tomó de la mano:
-Vamos, te enseñaré tu nueva habitación.
Allí mismo me enojé más.
No por Beth o los comentarios de Carter. Sino porque era la mejor habitación del jodido planeta. Pensaron en todo, tanto en colores como en el diseño de los estantes. Había muchos libros, un closet lleno de ropa nueva, zapatos carisimos. El cuarto de baño perfecto. Y un ventanal precioso con cortinas de seda casi transparentes para poder apreciar la vista como si fuese un resort en Hawái.
Y lo peor. Papá.
Este era otro ejemplo de manipulación.
Y no, no estaba dispuesta a ceder.
• • •
El resto del día me la pasé encerrada en mi dormitorio. Había un silencio espantoso, aún mi ropa en maletas y mis cosas en cajas. Duré casi cuatro horas observando el techo de madera mientras me inundaba en pensamientos depresivos.
Extrañaba a mis amigos de Arizona. A mis tios y primos, incluso la escuela...
No tuve chance de despedirme de ninguno. Todo fue tan rápido que apenas pude procesarlo. Y aquí me encontraba, en contra de mi voluntad en una ciudad nueva, empezando desde cero.
Recuerdo que esa misma noche, papá llamó a mi puerta invitandome a cenar con Carter y los hijos de Beth. Pero no tenía animos de fingir una sonrisa de cortesia y conocer al resto. Luego de minutos de insistencia, papá reconoció que no estaba dispuesta a acceder y se fue.
No cené por terca. Y para las diez y quince de la noche mi estomago pedía auxilio en gritos sofocados. Así que como pude, me escabullí en silencio hasta la cocina bajando las escaleras de par en par. Prendí la linterna de mi celular para iluminar el camino y al llegar a la nevera atraqué los potes de helado cuyo dueño no me interesaba saber.
Combiné la vainilla con el sabor a menta y fue delicioso. Me senté en el mesón de la cocina, degustando el helado mientras me llegaban notificaciones a mi celular.
Seguramente Blake y Alice, mis amigos de la escuela. Iba a tomar el celular cuando escuché voces en el fondo. Quizas muy lejanas, pero no eran para nada conocidas.
Supuse que eran los hijos de Beth, pero dudé al instante cuando las risas provenían de una chica. Cada vez se escuchaban más cerca por lo que tuve la grandiosa idea de huir de la cocina para meterme a mi cuarto una vez más.
En el mismo intento de salir casi corriendo como cobarde en medio de la oscuridad, las luces se enciendieron dando paso a dos siluetas semidesnudas en el sofá.
Primero me fijé en la chica, más o menos baja y palída. Tenía cierto parecido a Madison Beer sin embargo, su cabello era ondulado y su cuerpo trabajado la hacía lucir bastante llamativa. Me observó con expresión de horror mientras se cubría.
Entonces cuando mis ojos pasaron al chico, me llevé la peor sorpresa de todas.
Mi pecho se infló conteniendo la respiración unos segundos más antes de retroceder de la impresión.
Era el.
Alexx.
¿En la mansión de papá?
¿Cómo es posible?
-Maggie.-susurró perplejo, mirandome de pies a cabeza con esos familiares ojos verdes que tanto conocí una vez.
Estaba impactada. Ambos lo estabamos, incluso la chica se dió cuenta de que nuestras miradas transmitian una historia distinta. La historia que sólo nosotros sabiamos que había ocurrido en ese verano.
Pero me fue de lo más ironico tenerlo frente a mi en esta situación. Apunto de tener sexo. Con otra chica. Sonreí cruzada de brazos en mi cabeza, ¿No haz cambiado en nada, eh?
-Alexx.
Me tomó por sorpresa encontrarme con una persona que jamás creí que vería otra vez y menos aquí.
Su mirada se conectó con la mia y al ver de nuevo sus verdes ojos me dio un escalofrio impresionante. Bajé mi vista para repararlo por completo, ví que estaba sin camisa y con unos jeans poco ajustados que le sentaban de maravilla.
¿Por qué eres así, Maggie? Lo odias.
Sí, lo sigo odiando después de todo lo que pasó. Pero ahora, quiero saber porque se encuentra en mi casa.
¿Por qué eres tan injusto conmigo, Dios?
La castaña lo haló del brazo llamando su atención y mirandome de pies a cabeza con recelo le preguntó algo que nunca escuché.
Resoplé.
Este definitivamente será un largo año...
Y creanme, fue el peor de todos.
-¿Mas té, señor Thomas?-pude escuchar las voces de mi padre, Agatta y Beth en la mesa principal.
Me dirigí a la segunda sala donde todos se encontraban en la mesa. Unos chicos de mi edad o más, se encontraban esperando a que el desayuno estuviera listo.
Eran dos chicos cuyos rostros me eran desconocidos. Estaba Carter en su telefono y Alexx...mirandome.
Rapidamente crucé miradas con los otros dos chicos que aún no conocia. Uno me sonrió y el otro solo me miró de arriba a bajo con una ceja levantada.
-Oh, cariño. Por fin te has despertado.-se acerca Beth con una tierna sonrisa extendiendo una taza de café.
-El viaje de ayer me agotó mucho.-respondí cortante pero aceptando la taza que contenía cafeína.
Probé de este recipiente y aquel aroma tan delicioso entró a mis fosas nasales de una manera excitante. Adoraba el café por la mañana.
-Se nota.-murmura uno de los chicos, cabello castaño y ojos azules, casi iguales a los de su madre.
Carter rió por aquel comentario totalmente "hiriente" pero dejó de hacerlo en cuanto pisé fuertemente sus zapatos por debajo de la mesa y soltó un quejido.
Hasta papá se burlaba por mi aspecto todas las mañanas. Si, era espeluznante.
Mi cabello enmarañado, mis pijamas cortas y mis parpados caidos. A veces, babeaba mi almohada lo que causaba gotas de saliva en las comisuras de mi boca.
Bebí poco a poco mi café hasta al fin terminarlo por completo, entonces me dediqué a reparar aquel chico de ojos cafés y sonrisa timida. Leía el periodico con grata emoción mientras todos los presentes en el comedor esperaban con ansias la primera comida del dia.
Este chico notó que lo estaba mirando unos segundos y sonrió, inmediatamente le correspondí la sonrisa y desvié mi mirada hacía Beth.
-Oh, que pena olvidarme de presentarlos a todos. Maggie, el es mi hijo mayor, Chace, y el es Riley-me los señala a uno por uno.
Este ultimo era el chico que leía el periodico. Y el tal Chace el chico que había hecho tal comentario idiota.
-¿Que onda?-responde el muchacho de ojos azules, con una pequeña y burlona sonrisa.
-Hola.-habla el castaño de ojos cafes de aspecto despreocupado y tierno.
-Y como veras, el es Alexx... Ustedes...bueno, se conocieron ayer-indica Beth.
No sólo ayer...
-Desgraciadamente-musité para mis adentros pero el chico escuchó.
Alexx se encogió de hombros, tomó un pedazo de pan hogareño y lo introdujo lentamente a su boca. Pareciera que mi presencia le irritaba y era muy notorio. Me lanzaba miradas de odio, pero otras veces me veía con esa mirada extraña tan incomprendible y extraña.
Esta madrugada cuando me enteré de que Alexx sería mi nuevo hermanastro juré no dirigirle la palabra.
Tenía razones para creer que la vida ha sido de lo más cruel conmigo. Creí haber superado a ese chico hace mucho tiempo, me costó una amistad valiosa y un corazón roto. Y justo cuando ya no pienso en el pasado y me alejo de lo duro que fue terminar todo eso, el vuelve y no de una forma sencilla.
Es como extraño.
¿Pero, por qué razón cuando todo estaba absolutamente llega ese problema, esa piedra en el maldito camino que no te deja proseguir y continuar con tu vida como deseas?
-Buenos dias, señorita Simons.-saluda Agatta mientras me sonreía.
-Oh por favor. Sólo Maggie.
-De acuerdo, Maggie.-esboza otra sonrisa la mujer de ojos azules.
En sus manos llevaba una bandeja más grande de lo habitual, contenía tres tostadas, un huevo revuelto.
-Uh. Me encanta que repitamos el mismo desayuno todos los días.-musita Chace con desden. Su madre lo fulmonea con la mirada y el prosigue.-quiero decir... Gracias Agatta por la primera comida del día.
-Lo siento Chace, mañana prepararé lo que te gusta.-asegura la muchacha con algo de verguenza en su voz.
-No creo que debas complacer a este idiota.-murmura Alexx de forma tajante, dandole un segundo mordizco a sus tostadas.
-Alexx.-Masculla su mamá. Beth parecía perder los estribos cuando se trataba de sus hijos.
-¿Qué?-espeta.-sólo creo que Chace es un pretencioso. Ella simplemente hace las tostadas y los huevos que tú le ordenas.-apunta con la mandibula a Beth.
No podía opinar nada. Era nueva, desconocía todo aquello que se tratara de los Coopers.
Pero está conversación empezaba a incomodarme más ahora que sé como son los tratos en esta familia.
Papá pareció notarlo por lo que enseguida terminó su desayuno, limpió su boca con una servilleta y me miró espectante.
Su mirada sólo me decía que tambien se encontraba de la misma forma.
-Debo irme.-anuncia el castaño de ojos verdes al frente de mí. No quitaba sus ojos de mí era intimidante y estresante.
-Espera, ¿vas a algún lado?-inquiere la muchacha de unos cuarenta y dos años de edad.
Alexx asiente.
-Iré a la playa
-Excelente.-apoya la mujer- Maggie y Carter iran con ustedes.-inquiere la madre de los chicos.
Tragué en seco.
-No, no creo que sea necesario que nosotros salgamos con ellos.
-Necesitarás conocer California como para no perderte.--me interrumpe papá.-Ve.
Dí un suspiro de cansancio.
-¿Antes puedo bañarme?-pregunté.
-Saldremos en media hora. Esta lista antes.-responde esa irritable voz, el cual hace que lo mire a los ojos.
No habia notado que tenía un pequeño rasguño en su mejilla izquierda y algunos moretones en su hombro descubierto.
Eso le pasa por asustarme y ser un cretino.
Aún no me lo creo...
¡Es una locura!
De igual forma, en su expresion se entendía una medio sonrisa que nunca fue respondida.
-Bien.-me levanté refunfuñando.-Le diré a Carter.
Todos asienten y terminan de comer su desayuno.
-Nos vemos en la tarde, chicos.-me dijo papá mientras se levantaba de su asiento y tomaba su pequeña maleta negra con los documentos de la empresa.
Beth en cambio se ponía su saco y zapatos de tacón para salir junto a mi padre. Olvidaba que ambos trabajaban en la misma empresa.
-¡No estoy lista aún!-grité mientras escuchaba el sonido de murmuros y puños atentando contra mi puerta.
-Soy Alexx.-finalmente comprendo sus murmuros.
Mierda.
Tragué en seco.
-¿Que demonios quieres?
Rapidamente corrí hacía el baño de mi habitación y me puse la primera blusa que agarré de la maleta.
-Quiero hablar.- escucho el crujir de la puerta y su voz aún más cerca de lo que antes .
-¿Te dí permiso de que entrarás?-cuestioné con soberbia saliendo por fin del baño.
-Te recuerdo que estas en mi casa.- espeta.
Giré mi cuello para verlo con repugnancia.
-Y yo te recuerdo que estás en mi habitación.
-No es tú habitación.-pone los ojos en blanco.
-Por supuesto que lo es.
-El hecho de que tú padre y tu hermano esten aquí no significa que ya formes parte de la casa y que seas tan alardeante con lo que no es tuyo.-esboza una sonrisa con aires de superficialidad.
Lo observe por unos segundos con indignación.
Imposible que haya dicho eso.
-Oh creeme, lo que tengo de "alardeante" tú lo doblas en ser idiotamente detestable.-dije casi entre dientes acercandome al chico. Siempre lograba sacar mis peores facetas cuando menos me lo esperaba
-Vaya que intimidas.-reprime una diminuta risa burlona.
Rodé los ojos.
-Vete de aquí.-apunto con mi dedo en dirección a la puerta de mi habitación.
-Solo iba a decirte que no quiero que mis hermanos sepan de esto.-hace un ademán hacia el y hacia mi.-nadie puede saberlo.
Junté mis cejas.
-¿De que hablas, Cooper?-crucé los flacuchos brazos sobre mi pecho.
-Hablo de nosotros.-comenta con obviedad.
Me quedé observandolo por unos minutos mientras siento alguna especie de corriente electrica pasar de mi espalda hacia mis pies en cuanto salieron sus palabras.
-No es algo que me enorgullezca.-digo.-tampoco divulgaré que un simio andante pudo llegar a ser mi novio.
Da una carcajada amarga y me fulmina con la mirada.
-¿Es un secreto?-pregunta.-nadie puede enterarse de lo ocurrido.
-Es un secreto.-respondí segura. Me extendió la mano con una sonrisa cinica, el cual acepté con desconfianza.
-Bienvenida a los Coopers, Maggie Simoms.-esto ultimo lo dijo como si de una pelicula se tratara.
Noté como las comisuras de sus labios se extendieron formando una leve sonrisa lo que causó aun más mis ganas de aniquilarlo.
Era detestable y odioso.
Nadie me llama alardeante.
Soy la persona más sencilla de este planeta y no necesito ser ostentosa por lo que tengo o no tengo. Sinceramente el no ve con claridad las cosas.
-Hace diez minutos estoy pidiendo que te vayas del cuarto.-reitero.-tengo que arreglar mi habitación.
Hago enfasis en "mí"
-Hace nueve minutos te llevo diciendo que no es tú habitación.-itera.-Es mi casa, no la tuya.
Rodé los ojos, dandole la espalda por completo. -Eres totalmente agobiante.
-Alardeas.-dice con aires de superioridad.
-Oh, claro que...-demando.-ese eres tú.
El bufa cruzandose nuevamente de brazos.
-Irritable.
-Idiota.-defiendo.
-Tú eres una...
-¿Pueden dejar de ajetrearse mutuamente?-una voz en el interior de la habitación interrumpe a Alexx.-parecen dos niños peliando por un juguete.
Rodé los ojos saliendo de esa habitación indignada, Carter en cambio soltó una pequeña risa y tambien me seguió hasta el living.
-¡Maggie!-giré mi cuello.-ven... apresurate.-me hizo una ceña con la mano el castaño.
Sonreí y corrí hasta ellos sin importar que la arena caliente se metiera ligeramente por mis zapatos de empeine descuebierto.
Nos encontrabamos en las playas de Santa Monica, frente a Pacific Park y el muelle de California.
-¿Que sucede?-pregunté.
-Riley los llevará al muelle, Alexx y yo vamos a surfear. Luego nos encontramos y conversaremos un rato.-dice el de ojos azules. Chace.-¿Que dicen?
-De acuerdo.-digo asintiendo.
-Por mi esta bien. Nos encontramos dentro de un rato en el muelle.-avisa mi hermano.
Chace y Alexx asienten, comienzan a correr hacía el agua con sus tablas de surf.
Riley nos sonrió y nos enseñó el camino
El muelle de Santa Monica era como especie de un camino angosto reconstruido por madera que traspasa el agua. Es seguro. De igual forma, en el se encuentra el pequeño parque de atracciones, y la rueda...
Recuerdo que ayer yo miraba las luces del muelle desde mi ventana. Pero como era de mañana, las luces de los juegos no estaban encendidas asi que no podia admirar tal belleza desde cerca.
-Podemos venir mañana si quieres.-me dice Riley.
Me costó unos segundos entender a lo que se refería ya que aún seguía admirando la rueda.
-¿Cuando encienden las luces?
-Casi siempre cuando oscurece el cielo.-responde el.
Al instante me percaté de que los chicos no se encontraban tan lejos del muelle. Ambos se podían ver a simple vista con sus pechos al descubierto y pantalones cortos deportivos montados en sus tablas de surf.
Carter tambien observaba el lugar realmente sorprendido.
Por un momento me detuve a obervar a los dos chicos dominando las olas. Lucía espectacular el hecho de saber surf y lucir como dueños del mar. Pude apreciar sus rostros estrechamente sonrientes y felices por hacer lo que para mí me parece como su pasatiempo.
No sé cuanto tiempo estuve así, mirando la playa por medio del muelle, pero la vista me era fascinante.
Mientras mi hermano Carter hablaba con Riley cosas que claramente no le ponía atención, ví como una chica de cabello rojizo y en bikini saludaba a los otros dos hermanos del castaño ojos cafes.
Se abalanzó sobre Alexx y le dió un beso en los labios casi impresionandolo. Alexx miró a todos lados y con mirada despectante la alejó de el. No pude evitar reprimir una risa frente aquel acto.
Pero no me sorprendía, por Dios, es Alexx Cooper, el chico arrogante y don Juan que yo conocía de todos los tiempos.
Para nada me afectó que esta chica le robara un beso de forma descarada sin embargo, al cabo de unos largos minutos ellos desaparecieron de mi vista.
Observé mi celular por si alguna persona de Arizona había tenido la decencia de escribir algún mensaje pero resultó todo lo contrario. Sin mensajes nuevos.
Comenzaba odiar el mudarme tan rápido, no hubo tiempo de despedirme de ninguno. Sólo fue "Maggie, Carter, nos mudamos mañana, empaquen"
Comienzo extrañar la vieja casa abandonada del vecino. A mis supuestas amistades y sobretodo mi escuela. No tenía en mis planes mudarme a una ciudad diferente y sobretodo más lejos de mi familia.
La tia Melody y el primo Jack deben sentirse abandonados. Pero creo yo, papá se enamoró como loco de Beth y quiso aprovechar su nuevo matrimonio para hacer una nueva familia. Beth era divorciada, bastante atractiva, emprendedora, con tres hijos adolescentes.
Papá era muy cautivador, tierno, paciente, generoso, apuesto y divertido, tenía dos hijos jovenes que lo amaban y estaban orgullosos de todo lo que el había hecho por nosotros. Cuando mamá murió, el estuvo a cargo de dos chicos tan pequeños y tristes. Se hizo el fuerte y rehizo su vida, trabajó, luchó y amó dejando al lado todos nuestros errores.
Giré sobre mis talones para dirigirme a Carter y Riley cuando noto que una persona se atraviesa y chocamos. El batido que llevaba la chica salpicó en mi sueter, parte de mi cara y cabello tenian pequeñas gotas del liquído cremoso.
Maldije por lo bajo con ganas de asesinar a la chica pero ella tambien había sido victima de su torpeza. Sus cejas y su camisa tambien estaban manchados de chocolate y crema batida.
-Lo siento tanto.-sonrió de la forma más bonita, apenada y con mucha verguenza me extendió una servilleta.-no te vi, no sé que estaba pensando. De verdad, siento haber arruinado tu blusa.
Me encogí de hombros, limpiando el desastre de mi cara.
-Tambien necesitas una servilleta.-digo tratando de sonar graciosa.-Descuida, fue un accidente.
Ella asiente con sus mejillas sonrojadas de la verguenza y se despide.
Sacudí mi blusa tratando de quitar el liquido sin embargo no encuentro maneras para que sea menos notable.
Carter, Riley junto con Chace y Alexx se acercan a mí reprimiendo una sonrisa burlona.
Con un dedo logra quitarme la crema batida de la cara en un movimiento más rapido el menor de los Coopers.
-Uhm. Crema batida con nueces y vainilla.-saborea de forma infantil.
Los tres hombros pasaron sus ojos en Riley como si de un bicho raro se tratara mientras el relame su dedo.
-¿Qué?-deja de saborear la crema batida.- Es un batido desperdiciado señores, merece aprecio.
Chace vira los ojos y se dirige a Carter.
-Les parece si mejor compramos batidos en vez de lamer la cara de Maggie.-sugiere el, a lo que todos asentimos.
Una vez caminamos durante unos minutos, decidí quitarme mi sueter ya que me resultaba algo incomodo aún llevarlo puesto.
-Lindos pechos.-chiflaron detrás de mí unas voces irreconocibles. No le dí importancia pero los sujetos a mi lado se dieron cuenta de que había quitado mi sueter y se giraron hacía los tipos que me piropeaban de forma inutil.
-¿Cómo dijiste idiota?-masculla mi hermano devolviendose hacía el chico que chifló e hizo el comentario.
-Lindos pechos tiene tú amiga.
-Es mi hermana.-espeta, acercandose de forma intimidante al muchacho de sueter negro y tatuajes en su brazo.
-¿Ahora andan con las hermanas de tus amigos, Cooper?-esta vez, el chico se dirige a Chace de forma burlezca.
No puedo evitar sentirme en el medio, es decir, el sujeto conocía a los hermanos Coopers y no parecían llevarse para nada bien.
-Vete al carajo, Will.-amenza Chace.
Alexx trata de agarrar a su hermano y tirar de su brazo para irnos del lugar pero este se resiste por unos minutos hasta que por fin cede y da la vuelta para marcharse.
-Gallina.-dice el tal Will extendiendo una macabra sonrisa en sus labios. Posa sus ojos en mí y me mira intensamente, como sí quisiera devorar un pedazo de pollo en dos minutos.
Riley me agarra de la mano y cambia mi dirección.
-Vamos antes de que se maten a golpes.-sugiere de forma divertida.
Pero antes de que podamos hacer o decir otra palabra, es Alexx Cooper quien le propina un puño en la cara a Will.
-Vuelve a mirarla de esa forma y lo lamentarás.-sus ojos contienen furia y su mandibula está más tensa de lo que reconocería.
Riley jaló a su hermano de su camisa y lo obligó a caminar lejos de Will y sus amigos.
-Vaya, debo admitir que estuviste algo intimidante, viejo.-felicita Carter, estrechando su mano contra el hombro de Alexx.
-Me empiezas agradar, Cooper.
-Diría estupido.-intervine.
-Al menos te salvé de un violador.-se excusa Alexx.
Bufé.
-Claro, violador...
Alexx posa sus ojos en mí por medio del espejo retrovisor del convertible de Riley. Esa mirada complice. Pasé mi vista a mi celular evitando su mirada durante todo el camino a casa.