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Un Ángel en alquiler

Un Ángel en alquiler

Autor: : Luly Rose
Género: Romance
Cuando el misterioso y apuesto hombre se acercó al borde del escenario como si el ángel fuera lo más hermoso que admirar en la habitación, la joven se agachó con delicadeza, levantando sus alas artificiales a los cortados de su cuerpo. -Ángel... ¿Cuánto por un privado contigo?- Exclamó Thomas, extendiendo su mano hacia la rubia, deseando agarrarla y no soltarla más, temiendo recibir un"no"por respuesta. La joven observó la palma extendida hacia ella y solo pudo pensar en su sobrino y en sus medicamentos. Acercó lentamente su pequeña mano hacia la de quien sería su primer cliente, pero sus dedos no llegaron a tocarlo, porque un agarre inesperado en su muñeca se lo impidió. -No lo harás- Ambos jóvenes se giraron hacia la voz ronca y llena de ira del intruso. -Danny...- exclamó Celeste al ver a su jefe mirando al hombre como si quisiera comérselo vivo. -Ella no irá contigo- sentenció colocándola detrás de él sin soltar su muñeca.

Capítulo 1 Ángel

Han pasado seis meses, nadie le había dicho que sería fácil poner tras la rejas a César, no solo se convirtió en el escándalo del año cuando los periodistas captaron imágenes de la patrulla que se llevó detenido al magnate de los automóviles, sino que también se filtraron imágenes de su padre y ella que salieron en todas las noticias. Trató de ocultarse lo mejor posible de los medios, refugiándose en sus amigos que siempre estuvieron pendientes de ellos.

Contrataron un abogado, el mejor de todos gracias al dinero de Matias, hasta Tati ayudó al abogado defensor en todos los trámites y todos estaban orgullosos de él. Después de todo, gracias al futuro abogado habían conseguido acusar al criminal.

El tiempo pasó, y aunque temieron que César se saliera con la suya una vez más, el peso de los medios le jugó en contra, especialmente cuando los familiares de las víctimas de César también se animaron a testificar, y no solo ellos, sino también los testigos falsos que habían sido amenazados para mentir en contra de Thomas.

Fue un caos, pero finalmente, luego de tanta lucha, todo llegó a su fin cuando el juez exclamó frente a todos los presentes:

-Declaro a Cesar Cáceres culpable de homicidio, a pagar una indemnización de 1 millón de dólares a la víctima y el embargo de su empresa C C Motors por daños y perjuicios a todos los involucrados. Además será sentenciado a cadena perpetua.

El tribunal se llenó de gritos y festejos cargados de emoción, los periodistas enloquecieron, sus amigos se abrazaron y lloraron de felicidad, pero Celeste solo pudo mantenerse sentada en su lugar y observar desde lejos a Thomas, quien también la observaba en silencio. Sus miradas gritaban que querían abrazarse, besarse y decirse cuanto se amaban, pero hasta que las autoridades no le concedieran la libertad, no podían.

¿Que eran unos días más de espera luego de el resto de sus vidas juntos? Celeste esperó a que ese día llegara pronto.

-

Finalmente llegó, por última vez, el guardia de la cárcel abrió la reja de su celda y lo llevó a la salida, esta vez sin esposas en sus muñecas. Salió por la gran puerta de entrada y respiró el aire fresco de la mañana de verano. En la vereda estaba estacionado un coche y apoyado contra la puerta estaba Danny, cruzado de brazos con su siempre estreñida expresión en su rostro.

-Te ves diferente, Celeste- Bromeó Thomas.

-Créeme, yo tampoco quería venir- respondió el hombre, rodeando el coche y entrando a su asiento.

Thomas se sentó en el asiento del copiloto- ¿Ella está bien?-Preguntó preocupado- ¿No quiere verme?

Danny arrancó el coche y miró por un segundo el rostro preocupado de su cuñado, por un momento dejó las bromas de lado y habló seriamente.-Ya estoy cansado de escucharla hablar de tí, no te preocupes, está igual de ansiosa por verte...

-Ya veo...- dijo aliviado- Gracias, por venirme a buscar, supongo...- dijo incómodo.

-Thomas...- suspiró el hombre-

-¿Si?.

-Mas te vale que no seas un idiota con Celeste, la próxima vez, no voy a ser tan suave con mis golpes.

Thomas rió divertido aunque sabía que lo decía enserio- Si le hago daño, yo mismo me tiro de un puente.

-Bien, así me gusta.

-

El camino de regreso fue tranquilo. Si bien en el pasado ambos se habían odiado a muerte, Thomas sintió el inicio de una nueva amistad.

Estacionaron enfrente del bar, aquel donde iniciaron su amor. Cuando el joven atravesó la puerta, se llevó una gran sorpresa. Todas estaban allí para darle su bienvenida de regro.

Krystal, su hermano menor, el padre de Celeste y ahora su suegro, Bruno, su hermano mayor y la persona que más amaba en el mundo. Su ángel.

Todos gritaron "Sorpresa" y aunque hubiese querido agradecer y abrazar a cada uno de ellos, Thomas corrió directamente hacia su amada y la alzó en brazos, haciéndola girar en el aire. Luego la besó apasionadamente, mientras todos chiflaban.- Te extrañé, ángel...- murmuró apoyando su frente contra la de ella cuando la devolvió al suelo.

-Y yo a tí- dijo cerrando sus ojos-

-Bueno bueno, basta de cursilerías- exclamó Danny.

Celeste y Thomas se separaron justo cuando Matias corrió y abrazó con fuerza a su hermano mejor- Me alegró que estés fuera, hermanito- exclamó el hombre.

Thomas lo abrazó de regreso y hundió su rostro en el pecho de su hermano mayor- Me alegro que tu también.-Sintió que alguien más los abrazaba, cuando levantaron la vista, Tati había rodeado con sus brazos a ambos- Oh... no te dije, pero tenemos un nuevo hermano menor- dijo Matías.

Thomas tenía muchas preguntas al respecto, pero con ver el rostro ilusionado del chico fue suficiente- Me parece perfecto, siempre quise ser el mayor de alguien.

Los tres rieron hasta que el ex CEO soltó el abrazo y se acercó tímidamente a su suegro. Con respeto, estrechó manos con él, pero el hombre puso los ojos en blanco y lo atrajo hacia sí en un fuerte abrazo que lo dejó sin aire- Yerno...- dijo alegremente- Espero que seas bueno con mi hija ¿Eh?

-Si... señor- dijo apenas pudiendo respirar.

-Ya déjalo pa, lo vas a matar- se rió Celeste.

El hombre lo soltó y le dio unas fuertes palmadas en su espalda, que se sintió como si le sacaran los pulmones. Luego saludó a Krystal y a Danny. Solo le faltaba una persona. Bruno lo observó desde lejos con timinez- Ey...- murmuró acercándose a Thomas- M-Me alegro de que estés de vuelta- dijo bajando la mirada- Yo... de todas formas, será mejor que me vaya.

Bruno se volteó hacia la salida, pero se frenó en seco cuando escuchó la voz de su ex amigo- Esta es tu familia ahora- exclamó Thomas, llamando la atención de todos- Si tu quieres... claro.

Bruno sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas y abrazó a su amigo-¡Claro que quiero!- sollozó.

Todos corrieron a abrazarlos, formando un gran abrazo familiar. Celeste cerró los ojos y se fundió en el amor de su familia. Pero aún faltaba algo más que debía hacer. Se deslizó fuera del abrazo y corrió hacia su abrigo, de allí sacó una pequeña caja de terniopelo color negro, como los ojos de su amado.

-Ejemmm- dijo llamando la atención de todos.

Los demás sonrieron divertidos y se alejaron de Thomas, quien quedó solo en medio de la sala- Yo... te había prometido algo antes de sacarte de la cárcel- Comenzó a decir la rubia, caminando hacia él con sus manos detrás de su espalda- Que dije que iba a cumplir cuando salieras...

Thomas observó atónito cómo su ángel se arrodillaba en una de sus rodillas y sacaba de detrás de su espalda una pequeña cajita-Thomas de Anchorena...- dijo con la voz nerviosa, luego abrió la tapa, mostrando dos anillos sencillos, pero hermosos- ¿Q-quisieras casarte conmigo?

Todos exclamaron y lloraron, hasta Danny lo estaba haciendo, aunque fingía que no.

Thomas observó los anillos, luego a su amada, y luego los anillos una vez más- S-Se supone que yo debería hacerlo...- dijo con el rostro rojo.

-Bueno, tarde- rió Celeste- Entonces ¿Es un sí?- preguntó ilusionada.

Thomas se arrodilló frente a Celeste - Claro que es un sí, quiero casarme contigo- respondió extendiendo su mano.

Con el corazón dando saltos de alegría, Celeste tomó el anillo más grande y lo deslizó por el dedo de su amado-Los compré con mis ahorros, no son la gran cosa...

-Es perfecto- dijo el joven, contemplando el brillo del anillo. Luego, con mucho cuidado, tomó el anillo más pequeño y lo deslizó por el anular de su amada.

-¡Beso beso beso!- chillaron todos con emoción.

-El público lo pide- exclamó Thomas, fundiendo con su amada en un beso apasionado- Te amo Celeste, nunca más me voy a alejar de tí.

-Más te vale, te amo mucho más- respondió besándolo una vez más.

-

Comieron y bebieron como nunca antes, hasta Krystal se relajó y no le impidió a Tati tomar varias copas de más hasta que se puso rojo como un tomate. Era una noche de fiesta, había mucho que festejar.

-Entonces...- comenzó a decir Matias- Voy a recorrer el mundo entero, conocer otras culturas, ya saben... sin ningun plan, solo viajar y a donde me lleve el destino- dijo sonriente.

-¿No querrías un compañero de aventuras?- exclamó el padre de Celeste, dejando a todos sorprendidos.

-Papá....

-¿Qué? ya estoy cansado de estar encerrado- bufó.

-Me encantaría- interrumpió Matías. No lo dijo en voz alta, pero la idea de viajar con el hombre, lo emocionaba. Desde que se había unido a la gran familia de Celeste, el hombre se había vuelto como una figura paterna para él, lo había tratado como siempre había deseado que su padre lo hiciera.

Celeste quiso protestar, odiaba la idea de que su padre estuviera lejos de ella una vez más. Pero el agarre de Thomas en su mano se sintió reconfortante y la hizo recapacitar. Si padre tenía su propia vida- Espero que me envíes fotos todos los días de los hermosos paisajes ¿Está bien?

-Claro, hija- dijo el hombre- Voy a traerte souvenirs también.

.-Yo también tenía algo que decirles- exclamó Danny, sorprendiendo a todos, hasta a Krystal.

-¿Ya te cansaste de mí?- dijo de forma amenazadora- ¿Te vas a escapar con ellos?

Todos rieron divertidos, y Celeste pensó que jamás se cansaría de las discusiones de sus amigos.

-No mi amor, jamás me cansaría de tu mal humor- dijo tratándo se besarla sin éxito- Voy a vender el bar.

-¡¿Qué?!- exclamaron todos al unísono.

-Si, sé que parece una locura, pero lo pensé mucho. Después de todo lo que pasó, he sentido que envejecí muchos años.

-Las arrugas ya las tenías de antes- exclamó Thomas en broma.

-Muy gracioso, yo soy más joven que tú.

-No se nota- murmuró.

-Bueno basta- interrumpió Krystal- ¿Por qué vas a vender el bar?

-Quiero que tengamos un lugar más familiar, claro que a las chicas las voy a contratar también allí, no voy a dejar a nadie en la calle. Pero quería un lugar donde nuestros hijos pudieran corretear sin problemas...- dijo ilusionado.

-¿Hijos?- exclamó Celeste divertida- Si claro, Krystal con hijos- se burló.

-No, enserio- respondió la mujer, acariciando su vientre plano.

-¿No estarás...?

-Si- dijo con el rostro enrojecido.-De gemelos.

Celeste los observó a ambos, y vio el rostro sonriente y lleno de los de Danny. -Sé que es inesperasdo pero...

-¡Es la mejor noticia del mundo!- gritó corriendo a abrazar a sus dos amigos- ¡Van a ser los mejores padres del mundo!- chilló emocionada.

Todos felicitaron a la pareja, colmándolos de elogios y hasta se pusieron a pelear por los posibles nombres.

-¿Y tu Tati? ¿Qué tienes planeado para el futuro?- preguntó Matías, revolviéndole su cabello.

-Terminar mis estudios- dijo orgulloso- Tan solo me faltan unas materias y la tesis. Luego, quiero ayudar a las personas más necesitadas.

-Puedes contar conmigo y con Celeste para lo que necesites- exclamó Thomas- Es más, puedes seguir viviendo con nosotros, sin aun quieres....

-¿En verdad?- preguntó ilusionado.

-¡Claro Tati!- respondió Thomas.

-Gracias hermano, es un alivio.-Exclamó emocionado- Pensar en Krystal gritandole no solo a Danny sino también a los gemelos, ya me duele la cabeza,

Todos se rieron a carcajadas, excepto Krystal, claro.

-¿Y tú Bruno?- preguntó Celeste.

-Bueno... quiero alejarme un poco de mi pasado- dijo avergonzado- Debería volver un tiempo con mis padres, ver si necesitan ayuda con la empresa, ya saben, trabajo-bromeó- Trabajar de verdad, ganarme el dinero por mi cuenta.

.-Estoy orgullosa de tí- respondió la rubia.

-¿Y tú Thomas?- preguntó Bruno.

-Bueno, al contrario tuyo, ya no quiero trabajar más- Todos rieron- Quiero hacer algo con mi dinero, ayudar a la gente que lo necesite, aun debo pensar como...

Celeste apretó su mano en muestra de apoyo- Sea lo que sea, cuenta conmigo.

-¿Y tú Cele?- preguntaron todos al unísono.

-Bueno... dijo sintiendo sus mejillas arder ante tanta atención- Siempre he soñado con bailar, y aunque estar en el bar ha sido maravilloso, me gustaría estudiar danza, instruirme y quizás no sé, ¿enseñar?

-Sea lo que sea, lo vas a conseguir, mi amor- exclamó Thomas besando su mano decorada con el anillo.

Esta vez, Celeste no dudó en que su amado estaba en lo cierto. Realmente era una mujer fuerte y valiente, que podía conseguir todo lo que se proponía. Observó a todos uno por uno. Con sus amigos, su padre y su amado de su lado, no le tenía miedo a nada.

-

5 años despues.

El tiempo pasa volando cuando uno está ocupado.

-¡Thomas! ¡No te olvides de la carne en el horno!- gritó Celeste mientras colocaba el mantel en la mesa de madera que tenían en el fondo de su casa.

-¡Claro amor!- gritó el hombre desde lo lejos.

Desde que se habían casado hacía cuatro años, se mudaron a una casa más grande con un hermoso jardín. La casa de soltero de Thomas había sido el regalo de ambos para Tati cuando se recibió de abogado.

El timbre sonó- ¡Amor! ¿Puedes abrir?- Gritó la rubia mientras colocaba los platos sobre la mesa.

Thomas dejó la carne en la mesada y corrió hacia la puerta- Bienvenidos- exclamó al ver a Danny, Krystal, Tati y los gemelos de 5 años colgados en cada brazo de su tío como si fueran pequeños monitos.

-Que lindo te queda ese delantal- se burló Danny, al ver el delantal rosa con volados que llevaba puesto el hombre.

Thomas puso los ojos en blanco y luego abrazó al hombre. Nunca se iba a cansar de su humor ácido- ¿Con que cara de burlas de mí? Krystal me pasó la foto en la que los gemelos te maquillaron, te veías hermosa- dijo guiñándole el ojo.

-¡Amor!- protestó Danny rojo como un tomate.

-Perdón, pero tenía que mostrárselos, te veías lindo- dijo divertida.

-Pasen, Celeste está en el jardín.- Exclamó luego de abrazar a Krystal.

La pareja entró a la casa, tomados de las manos-¿Tú te ocupas de los revoltosos?- exclamó Danny a su cuñado.

-Si, claro- respondió Tati, siendo tirado de sus extremidades por los niños.

-Eres un gran niñero- Se burló Thomas.

-Me mordieron todo el viaje hasta aquí- exclamó cansado- Son pequeños demonios.

-¡Vamos tío! ¡Queremos jugar a la pelota!- chillaron arrastrándolo dentro de la casa.

-Está bien está bien- se rindió dejándose llevar.

Thomas rió divertido por la escena. Estuvo a punto de cerrar la puerta, justo cuando un pie se lo impidió. Del otro lado de la puerta estaba Bruno con un joven alto, bronceado y con sonrisa de golden retriever.

-¡Thomas!- exclamó el joven, abrazando a su amigo- ¿Llegamos a tiempo? El tráfico de la ciudad era de locos.

-Si, justo saqué la comida del horno- exclamó observando con una ceja enarcada al sujeto desconocido al lado de su amigo- ¿Y este?

-Oh... Thomas, te presento a Víctor mi novio, Víctor, él es Thomas, mi mejor amigo- dijo con las mejillas coloradas.

-Vaya... un gusto Victor- exclamó Thomas, estrechándole la mano al muchacho sonriente- ¿Este es el definitivo?- murmuró por lo bajo.

-Cállate- lo pateó con disimulo.

Thomas se rió de su amigo, que tenía las orejas rojas de la vergüenza- Pasen, todos están en el fondo.

Ambos hombres pasaron tomados de las manos mientras el ex CEO los observó sonriente, estaba orgulloso de que su amigo finalmente hubiese dejado atrás a su amor tóxico por César y pudiera empezar una nueva historia con alguien que realmente valiera la pena y lo tratara como merecía.

Estuvo a punto de cerrar la puerta, justo cuando una mano se lo impidió. Internamente, agradeció haber sacado la carne del horno, ahora que se había convertido en el portero permanente de la casa- ¿Quien...? ¡Matí!- exclamó emocionado- ¡No sabían que habían vuelto al país!- dijo al ver a su hermano mayor y a su suegro delante de él, bronceamos por el sol de centroamérica.

-Era una sorpresa- dijo el hombre, abrazando a su hermano.

-Pasen pasen- dijo abrazando a su suegro- Ahora los alcanzo.

-

-Entonces Tati ganó un nuevo caso- dijo Krystal con orgullo, mientras hacían la sobremesa luego de devorar la carne asada de Thomas.

-No es la gran cosa- exclamó Tati, ayudando a cortar pedazos de carne a los gemelos, que se habían sentado a comer luego de corretear por la casa hasta el cansanció- Fue pan comido.

-Fue fácil porque tú eres el mejor- dijo Danny con orgullo.

-Esto merece un brindis- exclamó Thomas, levantando su copa en el aire- Por nuestro abogado.

-¿Tú no bebes Krys?- preguntó Celeste, al ver que su amiga se servía un vaso de agua.

-Oh no, prefiero agua porque...- comenzó a decir, tocando su barriga- Estoy embarazada.

-¡¿Qué?!- chilló Danny. Una sonrisa se dibujó en su rostro- Te amo mi amor- dijo besándola apasionadamente- ¿Será que esta vez viene nuestra princesa?

-Oh dios mío...- exclamó agotado el más joven de la familia, justo cuando uno de los gemelos arruinó su nueva playera con puré de papas.- Espero que esta vez salga a mí y no a ustedes.

Todos se rieron divertidos- ¡Entonces un brindis por nuestro abogado y también por el nuevo integrante o nueva integrante que está por venir!- exclamó Thomas.

-¡También un brindis por la nueva pareja!- exclamó Celeste.

-¡Si!- dijo Danny- ¡Espero que esta vez sea el definitivo!

-¡Daniel!- lo retó Krystal.

El muchacho se rió- ¡Espero serlo!- dijo levantando su copa.

Todos rieron y brindaron- ¡Esperen!- chilló Celeste- ¡Un brindis para mi hermoso esposo! Por su nueva organización.

-¿De que es esta vez?- preguntó su suegro.

-Oh... son becas universitarias- dijo sonrojado- Pensé que podría ayudar a los jóvenes que no pueden pagar sus estudios.

-Y estoy muy orgullosa de lo que estás haciendo- sonrió su esposa, besándolo con cariño en los labios.

-Un brindis para tí también.- exclamó Thomas.

-Oh, pero ya brindamos por eso- dijo sonrojada.

-¡Una vez más!- insistió levantando su copa- ¡Un brindis por mi amada esposa y la inauguración de su propio estudio de danza!- todos festejaron este logro levantando una vez más sus copas.

La rubia sonrió divertida y sintió como alguien jalaba la falda de su vestido- Oh... Emma también quiere que brindemos por ella- exclamó levantando a su niña en su regazo.

Thomas besó la nariz de botón de su niña de tres años. Era un calco de su madre, no solo por su hermoso cabello rubio atado en dos colitas, sus grandes y redondos ojos celestes, sino también por su gran talento en la danza que llevaba en la sangre- ¡Un brindis para mi princesa que este mes bailó en el colegio!

-¡Bravo!- festejaron todos, chocando sus copas.

La niña levantó su vaso de plastico lleno de jugo y brindó con todos.

-Un brindis por esta hermosa familia- exclamó Celeste-

-Y un brindis por el amor de mi vida- exclamó Thomas- Que me dio el regalo más hermoso que podría tener- dijo besando la frente de su niña- Te amo Celeste, gracias por amarnos a los dos.

-Gracias a tí por ser un gran padre y esposo.

Y una vez más se fundieron en un tierno beso que se sintió como el primero, con fuegos artificiales en su corazón. Jamás se cansaría de besar y decir cuánto amaba a ese hombre. Ahora finalmente era feliz, el pasado había quedado muy atrás. Un nuevo comienzo había empezado, uno en el que podía decir que era el mejor momento de su vida. Si bien había días malos, Celeste los afrontaba con valentía, mientras tuviera a sus seres queridos junto a ella, era capaz de afrontar todos sus desafíos con la frente en alto.

No podía esperar para descubrir qué sorpresas le depararía el futuro. Con una larga vida aún por delante, se sentía llena de esperanza y emoción al imaginar los momentos que compartiría con su familia ensamblada.

Cada día con ellos se convertía en un recuerdo precioso que guardaba cuidadosamente en un rincón especial de su corazón. Miró una vez más a su esposo, admirando esa sonrisa encantadora que siempre la volvía loca, y por primera vez en su vida no se arrepintió de todo lo que había pasado. Cada dificultad y desafío había valido la pena, porque la habían llevado precisamente a este hermoso momento que recordaría por el resto de su vida.

Fin.

Capítulo 2 Thomas de Anchorena

Apenas podía verse la cabellera negra de Thomas de Anchorena por sobre la pila de expedientes que se acumulaban en su escritorio. Había pasado todo el día hasta que bajó el sol revisando las ganancias del mes de la nueva sucursal automotriz que había inaugurado en Argentina de su empresa "AM" y que sus padres le habían confiado al 100 por ciento para que él se hiciera cargo y demostrara que era un líder nato. Por ello, todo tenía que cerrar perfecto.

Escuchar los golpecitos en su puerta sólo incrementó su nerviosismo y sus ganas de mandar todo a la mierda.

Ignoró el llamado, quizás la persona que estaba del otro lado entendería la indirecta y se marcharía sin insistir.

La puerta se abrió de golpe arruinando su paz.

-¡Lo siento señor de Anchorena! ¡Trate de detenerlo!- gritó su secretaria.

Thomas no tuvo que asomarse por sobre los papeles para saber que Bruno había sido el descarado que había entrado a su oficina sin permiso.

-Está bien Nancy, no te preocupes, pero la próxima llama a seguridad- dijo con tranquilidad y sin sacar los ojos de los papeles.

-Sí señor- exclamó mirando con furia a Bruno, quien levantó sus manos con inocencia.

-Amigo querido...- exclamó acercándose a Thomas rodeando con cuidado la pila de papeles.

-Te dije mil veces que no soy tu amigo, Señor De Anchorena para tí- dijo sin levantar la vista-

-Perdón jefecito- Bruno frunció el ceño con fastidio- ¿Vas a dejar de mirar esos aburridos papeles y prestarme un poco de atención?

-Apuesto mi empresa a que lo que vas a decir no es tan relevante como para que deje de leer estos papeles.

-Eres tan cruel.

-Gracias...

-Thomas...

-¿No terminó el horario laboral?- exclamó con fastidio, finalmente levantando sus ojos verdosos hacia su empleado y según Bruno, su amigo.- ¿Por qué no vas a hacer lo que sea que haces después del trabajo?

-¡A eso vine!- chilló exasperado, sentándose sobre unos papeles sin cuidado.

-¡Cuidado con eso! es importante- gruñó quitando los papeles del trasero de Bruno.

-¿No vas a preguntar a qué vine?- dijo haciendo un puchero.

-¿Si te pregunto te vas a ir?

-No sin tí, cariño.

Thomás puso los ojos en blanco, a veces se preguntaba cuando había estado tan demente como para contratar a alguien tan descarado como Bruno y porque aún no lo había echado a la calle.

-Tu, yo, alcohol, gente desesperada por nuestra atención ¿Qué tal?

-Vete de una vez.

-¡Thomas!- Chilló como un niño pequeño, solo le faltaba tirarse al suelo y patalear.

-Tengo que terminar el cierre del mes para asegurarme de que las ganancias sean más altas que las de CC Motors.

-Otra vez con eso, ¿Porque no se miden los penes y ya? Estoy harto de escuchar CC Motors esto... CC motors lo otro.

-Son la competencia- Gruñó.

-Bueno, ya basta- exclamó Bruno, cerrando la Notebook de su jefe sobre sus dedos.

-¡Ey!

-¡O vienes conmigo o le entrego tus archivos a la competencia!

-No serías capaz. ..

-Cariño, no tienes ni idea- dijo guiñando un ojo descaradamente.

Thomas estuvo a punto de darle un buen golpe en su rostro burlón, pero respiró por la nariz tres veces y finalmente se levantó de su asiento. Tal vez beber un rato y descansar la vista no le vendría mal, luego retomaría con los asuntos por la mañana.

--

-No puedo creer que me hayas traido a un antro de strippers- se quejó Thomas por enésima vez en la noche.

-Por favor ¡Es lo que está de moda! Se nota que no sales hace años. Además es un lugar muy exclusivo, deberías estar agradecido que consegui una mesa disponible un sábado a la noche.

Thomas puso los ojos en blanco con fastidio. Le zumbaban los oídos, el ruido de la música era insoportable y todos gritaban más fuerte para hacerse escuchar sobre la música. Había dejado de escuchar a Bruno hacía media hora, a él tampoco parecía importarle, solo hablaba y hablaba de él como si nada más importara y fuera el centro del mundo.

Estaba a punto de levantarse e irse de allí cuando las luces se apagaron, la música cesó y todos mantuvieron un silencio espectante.

-¿Qué está pasando?- susurró con curiosidad.

-Empieza el show- Sonrió Bruno con entusiasmo.

Thomas se acomodó en su asiento, no quería irse sin saber a qué se refería con "el show", aunque podía imaginar que podría ser. Algun espectáculo grotesco, mujeres desnudas o cosas así. No es que no le gustaran las mujeres, pero en su mente solo había lugar para números, estadísticas y ganarle al maldito de César Cáceres dueño de CC Motors. Cada segundo que pasaba dentro de ese bar de mala muerte y con muy mal gusto en decoración era ventaja para su enemigo.

La penumbra del bar fue reemplazada por una ténue luz azulada que iluminó un pequeño escenario que atravesaba el bar. En medio había un caño plateado que esperaba con ansias ser usado y que no había notado hasta ese momento.

Los oídos de Thomas se llenaron de una suave música que podría describirse como clasica, dulce y estilo fantástico. Las cortinas oscuras que estaban al final del largo escenario llamaron su atención cuando se movieron como si danzaran y de entre los pliegues de la tela una pierna blanca como la luna vestida con una media suave, transparente y con incrustaciones como diamantes danzaba con delicadeza.

El azabache nunca sintió tantas ganas de conocer la identidad de una mujer como en ese momento. Deseaba ver el cuerpo completo de la dueña de esa delicada y delgada pierna. Miró con atención ese carnoso y jugoso muslo, sin darse cuenta de que Bruno lo miraba con una expresión divertida, se moría por sacarle una foto a su jefe para guardar para siempre su expresión desencajada, pero sabía que lo asesinaría si lo hiciera.

La música aumentó su ritmo invadiendo e imnotizando sus sentidos, pero ni la música, ni el alcohol en sangre fueron tan afrodizíacos como la mujer dueña de esas piernas. Desde detrás del telón salió un ángel caído del cielo.

No se sorprendió cuando desde los parlantes pidieron que le dieran un aplauso a "Ángel" la joven de cabellos rubios como el oro, sonrisa amplia de dientes perlados y ojos celestes como el mismísimo cielo que caminó hacia el caño como si se deslizara por suaves nubes esponjosas.

Tomó entre sus delicadas y pequeñas manos el grueso caño y Thomás sintió su cuerpo tensarse, no pudo evitar preguntarse cómo se sentirían esos suaves dedos en su cuerpo y sintió envidia por ese caño.

Jamás había visto bailar a alguien de esa forma, era como si volara y las alas blancas que se abrían detrás de su espalda se movían con gracia mientras giraba alrededor del caño en posiciones complicadas pero delicadas y provocadoras.

Escuchó suspiros masculinos alrededor suyo, aunque creyó sentir que su boca también liberó una exclamación hambrienta y deseosa.

"Mirame" dijo hacia sus adentros, clavando sus ojos negros de pupilas dilatadas en el pequeño rostro del ángel. Suplicó una y otra vez que lo mirara, y como si la joven bailarina hubiese sentido su hambrienta mirada, sus zafiros se cruzaron con sus onix en un encuentro explosivo.

Fue tan solo un milisegundo, pero para Thomas fue suficiente para que su corazón latiera con fuerza, volviendo a la vida luego de años de estar dormido, apagado y frío como un cubo de hielo. Ahora en su pecho había calor y hasta miedo por lo que ese ángel pudiera hacerle a su perfecta y controlada vida.

De repente la música cesó ¿Tan rápido? necesitaba más, no podía ser solo eso el show, había sido muy corto y no se sentía satisfecho.

Vio por el rabillo del ojo que su compañero de bebidas saludaba a algunos amigos a los que no tenía interés en conocer y vio en eso su oportunidad de huir.

-Thomas, te molesta si...

-Ve con ellos- exclamó con desinterés mientras se levantaba sin dejar de fijar sus ojos verdes en el Ángel que se inclinaba agradecida por los aplaudos de los hombres que la observaban igual que él. Sintió celos, ese Ángel tenía que ser de él y de nadie más.

Thomas avanzó por entre las mesas sin dejar de observarla como un animal hambriento, ella aún no lo había notado, pero él haría que lo hiciera y que esos ojos no miraran a nadie más.

Bruno observó con curiosidad la escena, jamás había visto a su jefe tan enfocado en algo que no fuera su trabajo.

"No puedo perderme de esto" Pensó sin dejar de observarlo desde lejos.

El Ángel saludó desde lejos a su público, tirando besos y guiños, muchos de ellos eran caras conocidas, hombres solteros o con problemas en el paraíso que asistían sin falta cada sábado a contemplar su baile con sus ojos llenos de deseos o perversiones. ¡Pero no lo suficiente como para elegirla para un baile privado!

Estaba a punto de dar media vuelta y dejar el escenario para la siguiente bailarina cuando sus ojos se movieron por sí solos con un magnetismo incontrolable hacia el frente, encontrándose con un hombre que nunca antes había visto en el bar y que parecía decidido en ir hasta donde estaba ella.

Celeste se quedó congelada en su lugar, sin poder esquivar esos ojos jade almendraros que le hicieron temblar de pies a cabeza como si fuera una colegiala a punto de tener su primer encuentro sexual.

Ese hombre no era como los que solían concurrir al bar, usualmente eran hombres con mucho dinero pero no muy agraciados, además de que la mayoría eran mayores de 60 años. Celeste estaba segura de que ese hombre no tenía más de cuarenta años y no entendía qué hacía allí, podía hacer que cualquier mujer le bailara y gratis.

Cuando el misterioso y apuesto joven se acercó al borde del escenario como si el ángel fuera lo más hermoso que admirar en la habitación, la joven se agachó con delicadeza, levantando sus alas artificiales a los cortados de su cuerpo con la luz azulada brillando alrededor suyo como un aura mística e idílica.

Para Thomas esa imagen fue de ensueño, no podía ser real, esa mujer no podía ser de este mundo.

-Ángel... ¿Cuánto por un privado contigo?

El aliento de la joven se cortó y sus ojos celeste temblaron. Por fin había llegado lo que tanto había deseado.

Capítulo 3 A solas contigo

"¿Cuanto por un privado?"

"Realmente no lo había pensado, en realidad jamás creí que llegaría tan lejos." Pensó la rubia.

-¿Qué tal unos 500 dólares muñeca?- preguntó suavemente aquel misterioso hombre, quien no había alejado sus ojos jade del ángel.

La joven no pudo evitar que su rostro se contorsionara en una expresión de incredulidad al escuchar ese monto, estaba segura que sus compañeras no cobraban tanto la hora de baile privado.

Sentía que lo estaba estafando si aceptaba esa oferta, quizás era un sujeto ingenuo o hasta desesperado, pero el rostro del hombre demostraba seguridad, como si para él solo fuera un vuelto y quizás la ingenua era ella.

-¿Qué dices?- insistió Thomas extendiendo su mano hacia la rubia, deseando agarrarla y no soltarla más, temiendo recibir un "no" por respuesta.

Celeste observó la palma extendida hacia ella y solo pudo pensar en Tati y en sus medicamentos, acercó lentamente su pequeña mano hacia la de quien sería su primer cliente, pero sus dedos no llegaron a tocarlo, porque un agarre inesperado en su muñeca se lo impidió.

-No lo harás-

Ambos jóvenes se giraron hacia la voz ronca y llena de ira del intruso.

-Dany...- exclamó Celeste al ver a su jefe mirando al hombre como si quisiera comérselo vivo.

-Ella no irá contigo- sentenció colocándola detrás de él pero sin soltar su muñeca.

Thomas sentía que iba a perder todo control de sus emociones en ese mismo momento. Siempre había sido un hombre sensato, que elegía la diplomacia antes que la violencia, pero en ese momento sentía que había perdido las palabras y que la única manera de ganar era aplastando a aquella alimaña que lo separaba de su Ángel.

Estuvo a punto de darle un puntapié y huir de allí con la joven, pero al ver su rostro lleno de sorpresa y sus ojos celestes tan suaves y cariñosos, se contuvo y se tragó la ira. Ella conocía al idiota, lo había llamado por su nombre, por lo que ponerse en su contra solo sería peor.

Solo rogaba que no fuera su novio, no podría soportar que esa mujer ya fuera de alguien más.

-Disculpe...- comenzó a decir escondiendo su ira- Pero la señorita puede decidir por sí misma.

-Yo soy su jefe y el dueño de este lugar y puedo echarte con un chasquido de mis dedos, así que ¿Porqué no te vas por tí mismo? Antes de que lo hagan mis hombres. Ellos no son muy cariñosos.

Thomas estuvo a punto de contestar con su lengua afilada, cuando Celeste salió de detrás de su jefe y se soltó de su agarre en un rápido tirón.

-Vámonos- exclamó tomando al hombre desconocido de la muñeca y arrastrándolo a través de una cortina dorada que llevaba hacia los privados.

Dany se quedó atónito y congelado por lo que acababa de pasar, pero no era el único, Bruno había presenciado desde lo lejos toda la escena con curiosidad, el remate lo dejó con la quijada contra el suelo, no reconocía a su jefe, estaba fuera de sí. Sin perder más tiempo tomó su celular y marcó un número.

-Hola...- susurró mirándo hacia todos lados- ¿Qué crees? Tengo novedades de tu querido rival. Si, voy para allá.

-

Thomas estaba aturdido y aún más cuando el ángel lo metió dentro de un privado y trastabillo hacia uno de los mullidos sillones quedando con las piernas abiertas y mirando hacia la rubia que se cernía delante de él como si fuera su dueña y señora. En ese momento sintió que sería capaz de decir "Si" a todo lo que ella le pidiera.

La joven extendió su mano abierta y él la miró con confusión.

-El dinero que prometiste- exclamó con seriedad- Sino, no hay baile.

Celeste podía ser ingenua en muchas cosas, pero cuando se trataba de negocios era todo lo contrario, hasta que no viera los 500 dólares en su mano y pudiera olerlos para saber que fueran reales no podía confiar en él. Quizás simplemente era un estafador que estaba jugando con su desesperación.

Thomás palpó su pantalones con desesperación hasta que sacó su billetera y le entregó varios billetes de 100 que Celeste revisó con sospecha. Si, eran genuinos, había conseguido 500 dólares en tan solo una hora.

¡No lo podía creer!

Los guardó dentro de su vestido y se alejó del hombre sin dejar de mirarlo.

Por un momento Thomás pensó que se iría y lo dejaría como un estúpido necesitado, pero la joven se deslizó con gracia hacia el caño que estaba en medio de una tarima que atravesaba la habitación y comenzó a hacer su gracia al ritmo de la canción que salía de un parlante en una esquina del techo.

Thomás se acomodó en el sillón, reconstando su hancha espalda contra el respaldo, pero no se sentía cómodo, el picor en sus manos era insoportable, todo su cuerpo quería estar cerca de esa rubia que parecía volar como un gorrión que escapaba de sus ataduras.Su danzar era mágino, exótico y no podía creer que se desperdiciara en ese horrible lugar. Ella merecía más que eso.

Sin poder resistirlo más el azabache se levantó de su asiento sin dejar de mirarla fijamente.

Los ojos celestes de la joven no le quitaron la vista en ningún momento ni siquiera cuando giraba alrededor del caño. No le dijo que se alejara, lo dejó acercarse como un carnívoro que se deslizaba con cuidado hacia su presa, pero a diferencia de un animal asustado por la muerte, ella quería ser devorada, como si su cuerpo hubiera tomado dominio de su mente.

"A la mierda todo" pensó a sus adentros.

...

Kristel se encontraba limpiando la barra por culpa de un torpe cliente que había derramado su cerveza cuando vio a su jefe atravesar la cortina dorada echando humo y eso no era nada bueno.

-¿Me cubres un momento? Debo ir al baño- le dijo a su compañera de barra y siguió apresurada a su jefe.

-Ey Dany- exclamó atravesando la cortina- ¿Qué ocurre?

El nombrado se frenó de golpe y se volteó hacia Kristel, su rostro estaba rojo y su mandíbula apretada. La mujer no tenía que preguntar más nada para deducir que era algo que tenía que ver con Celeste, siempre se ponía de esa manera cuando algo ocurría con la rubia.

-Un idiota se la llevo al privado- exclamó entre dientes.

Kristel enarcó una ceja y puso sus brazos en su cintura.

-¿Y qué hay con eso Dany? Eso es bueno para Celeste, ha estado necesitando el dinero y....

-¡Sabe muy bien que yo podría dárselo!

-Pero ella quiere ganárselo por su propia cuenta y lo sabes bien- dijo como si fuera lo más obvio del mundo, pero sabía que su jefe no le daría la razón- Dany... déjala.- Suplicó.

Por un momento el hombre pareció entrar en razón, pero aún así se volteó y caminó hacia el privado donde aquel idiota que había salido de la nada se había llevado a su Ángel.

Kristel suspiró agotada y dio media vuelta, sabiendo que meterse no sería una buena idea. Además de ser su jefe, con Dany eran grandes amigos desde hacía años, pero siempre había sido como una tercera rueda en la relación, por más que fueran una gran familia ensamblada junto con su hermanito menor, Celeste siempre había sido la prioridad para Dany, lo que menos quería era terminar sin trabajo por una estúpida discusión con el dueño del bar, aunque fingía que todo estaba bien en su vida y tenía todo resuelto, la verdad es que hacía meses que las deudas la estaban aplastando. Si se quedaba sin trabajo estaba segura de que Tati insistiría en buscar un empleo para ayudarla. Kristel jamás se perdonaría si su hermano tuviera la misma mísera vida que ella, él estaba para más.

-A seguir trabajando- murmuró mientras volvía a la barra.

-

Celeste giró con gracia alrededor del caño, rodeándolo con una de sus piernas y una de sus manos mientras extendía todo su cuerpo con gracia. Una tímida pero pecaminosa sonrisa se dibujó en su rostro al ver que Thomas se acercaba más y más. Giró y se frotó con clase pero erostismo como nunca antes lo había hecho y cuando quiso darse cuenta, el cuerpo de aquel hombre se pegó contra el suyó cuando terminó de dar la vuelta.

Thomas la sostuvo de su cintura como si temiera que se cayera, pero cuando la rubia puso ambos pies en el firme suelo, no la soltó, en cambio comenzó a retroceder llevándose consigo a su ángel hacia el sillón mullido y al ver que su ángel no hizo nada para evitarlo, de un rápido giro la dejó de espaldas al mueble, con él arriba.

No hizo más nada, su agarre firme aún estaba en la estrecha cintura del Ángel, como si se hubiese congelado, podía sentir el pecho de la joven subir y bajar contra el suyo y sus piernas rozar los costados de las suyas con pudor pero deseo. Estuvo a punto de comerle la boca allí mismo, probar esos labios carnosos que de seguro sabían a cereza, cuando una fuerza maligna lo alejó con brusquedad del ángel como si le arrancaran de raíz el corazón.

Desde el suelo vio a su Ángel levantarse del sillón con una expresión entre indignación y terror.

-¡No se permiten tocamientos!- gruñó aquel hombre que comenzaba a ser una piedra en su zapato.

-¡Dany!- protestó la joven tratando de acercarse a su cliente. Si llegaba a ofenderse perdería su dinero y aun peor, nunca más volvería a elegirla.-¡¿Te volviste loco?!

-Sabes muy bien las reglas- exclamó furioso, vigilando los movimientos de Thomas, esperando su oportunidad para golpearlo si intentaba siquiera acercarse a la joven. -Vete de una maldita vez antes de que te saque yo mismo.

Celeste estuvo por decir algo, pero Thomás se le adelantó, levantándose del suelo sacudiendo su ropa con calma, luego sacó su billetera y la rubia temió que le pidiera devuelta sus 500 dólares, pero al contrario sacó una tarjeta blanca de la cartera.

Con cuidado, el azabache caminó hacia Celeste pero no tanto como para que el jefe lo atacara a la yugular y extendió su mano.

Antes de que Dany le quitara el papel de entre sus dedos, Celeste lo tomó y lo resguardó contra su pecho.

-Voy a volver para terminar lo que empezamos- exclamó con una media sonrisa y salió de la habitación con la frente en alto, no sin antes chocar su hombro contra el del otro hombre.

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