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Una Asistente Para El Millonario

Una Asistente Para El Millonario

Autor: : Margarita Rincon
Género: Romance
Ada vivia una situacion dificil con su familia pero consiguio un buen trabajo en la empresa de Eduardo. Ella le hace un favor a el de acompañar a su tia en lo que necesite. Eduardo un hombre egocentrico y orgulloso se siente atraido por Ada ya que ella no cae en sus encantos y el lo ve como un reto. Un personaje llegara para hacerles la vida imposible luego de un accidente en el cual el culpable se escapa. El romance entre Eduardo y Ada crece y con ello la sed de venganza de nuestro personaje. ¿Ada y Eduardo seran capaces de aguantar lo que se avecina? ¿Abandonaran su amor y las promesas? ¿Nuestro personaje mostrara su identidad?

Capítulo 1 Mi sexy jefe

Eduardo. Mi jefe y la persona más insoportable de toda la empresa. Aunque, no me refiero a insoportable fastidioso y molesto, o quizá si un poco, pero, el punto es que, estoy cómoda en mi puesto de trabajo como su asistente. Y tal vez ese sea un gran problema, porque debería de optar por algo mejor y menos... Cansado. Más lejos de él. Más lejos de aquellas mariposas que florecen de vez en cuando estando aquí.

El señor Eduardo es... Simplemente un hombre extraordinario, tan único, tan insufrible y tontamente perfecto. Un don Juan que todas las chicas desean en su vida. Pero para quedarse lo no solo tener una aventura e irse, como se rumorea que suele hacer dicho galán y jefe.

Yo, por mi parte ahora mismo estaba corriendo como una loca por todas las oficinas de la empresa intentando llevarle un ridículo café a la señorita de la cual esta enamorado, o cortejando que se yo. O eso es lo que los chismes dicen por todas partes y sin saberlo o quererlo llegan hasta mi como bombas de humo cayendo sobre los oídos; sí, si. Ya se que es demasiado exagerado, pero es casi de esa forma.

Todo este tema estaba dándome dolor de panza y haciéndome rodar los ojos por ser yo, quien haga el papel de cupido, como si tuviese algún interés en establecer estás relaciones entre ambos. Yo solo sigo sus ordenes de llevarle un café todos los viernes a las ocho en punto a tal señorita, y podría decir que en contra de mi voluntad. Era tan tonto este ritual. Desde que me había ordenado hacerlo hace unas semanas yo era la que más había sufrido, aparte de todo el desastre que dejaba a mi paso por llegar tarde algunos días.

Y mas ridículo para mi que debía correr por todos lados buscándola gracias a el. Pero parte de mi trabajo como secretaria era complacer y llenar todas sus ridículas e impensables expectativas, acompañadas de esas exigencias totalmente fastidiosas.

Me valía tres kilos de madera lo que sucediera entre ellos, pero usarme a mi como cupido ya era demasiado. Ni siquiera sabía si en realidad tenían algo, solo eran suposiciones.

- Ada, deja de correr por los pasillos tan temprano - grito Yuli desde su puesto de trabajo atrayendo unas pocas miradas, desde un pequeño cubículo junto a la puerta de la señorita Gen. De la que el jefe estaba...Lo que sea que estaba de ella. Pero allí era donde se encontraba la dueña del café por el cual yo corría por la oficina con el cabello alborotado. Un pavo real se quedaría corto junto a mí.

- Se te ven los calzones cada vez que brincas como una vaca enloquecida por todos lados.

-- Cállate!- le respondo poniendo el café dentro de la oficina de Gen, cerrando la puerta tras de mi al salir rápidamente. De forma sigilosa intentando no llamar mucho la atención, evitando las miradas de los demás en el espacio de trabajo.

Paso por el lado de Yuli y la esquivo sonriendo y negando a la vez con la cabeza. Me falta entregar dos carpetas también en la administración, y no puedo evitar preguntarme sino hay alguien mas que se encargue de estos trabajos. Muy poco personal para lo mucho que hay que hacer, en realidad. Estoy sosteniendo más peso del que debería y en este trabajo no se me paga por hacer estos deberes. Y aunque quisiera quejarme, prefiero seguir manteniendo una buena relación de trabajo con todos. Así que decido quedarme un poco más de tiempo callada para no crear conflictos en la oficina.

He trabajado para el señor Eduardo desde hace alrededor de dos años y medio. Tiene veintiocho años. Lo conozco a la perfección, aunque en el fondo desearía no hacerlo. Es fastidioso y bastante quisquilloso en cualquier sentido, aunque él es quién le pone sazón a la empresa, creando cualquier tipo de dinámicas para que sus empleados estén totalmente contentos. Y, tengo que destacar su estúpida obsesión por la pasta. No se que demonios le ve, pero sigo pidiendo domicilios diariamente para pastas con cualquier tipo de aderezos para el. Desde hace mas de dos meses que solo pide eso, y me asquea tener que hacerlo. Quisiera obligarlo a comerse una gran hamburguesa con todo. Pero allá el... Yo solo soy una secretaria que piensa más allá de su deber.

Quizá sea yo quien tiene hambre en este preciso momento. Olvide desayunar. Pero puedo aguantar un poco más.

Dejó una mano sobre mi estómago y suspiro intentando calmar los mareos que me embriagan por un momento poniendo el lugar de cabeza.

Ada. Así me llamo. Es un nombre corto, pero bastante complicado en el momento de describirlo el porqué de el. Siempre creen que me llamo así por una linda película animada, o porque a mi mama le gustaron las hadas, y no encontró mejor nombre para mi, que ese. Estudie en Oclacyom, la ciudad vecina a esta. Me gradué en negocios de empresas, y algunos meses después hice un curso de asistente en publicidad. Y me refirieron a esta gran empresa.

Vivo sola en un pequeño departamento bastante lejos de aquí. De solo pensar en todos los colectivos que debo tomar me duele la cabeza nuevamente, ya que por desgracia aun no tengo auto, porque, el sueldo no me ha dado para cubrir tantos gastos. Desde los míos, hasta los gastos de mis padres y la incapacitante enfermedad que padece mi padre.

Hablar sobre ello es difícil, e intento no sentir tantos sentimientos al respecto, reprimiendo todo lo que en realidad siento. Pero, es delicado. Y aun mas cuando vez la tristeza en sus ojos por estar en una silla de ruedas desde hace mas de cinco años. Sin tener suficiente para una operación porque hay otros gastos que pagar. Como la comida, el arriendo de mi apartamento, mi ropa, la de ellos, sus gastos personales, los servicios eléctricos, agua, y mucho más.

Mis padres son lo único que tengo, no cuento con absolutamente nadie más, y ellos por supuesto solo conmigo. Así que jamás voy a dejar de darle cualquier cosa que necesiten. Así deba agarrar transporte público por mas años en esta ciudad. Ellos viven en Toshbill. Un pueblo retirado lejos de Damasc, que es donde resido ahora gracias a mi trabajo, y no me quejo. Me gusta muchísimo.

Es una ciudad bastante movida como me suelen gustar los lugares, fiestera y trabajadora. Las personas son sinceras y les encanta compartir lo que tienen. Pese a que es una de las ciudades donde mas millonarios viven. Incluyendo a mi jefe Eduardo. Heredero de esta compañía de publicidad, soltero, sin hijos, y con sus padres viviendo fuera del país. Todo un sueño comprado para el.

Tomo el ascensor que me lleva hasta el tercer piso y cuando llega me bajo de el, caminando a paso rápido hasta el lugar de trabajo junto a la oficina de Eduardo. El cual tiene la puerta entre abierta y alcanza a verse una rendija llena de luz, nada mas por todo el lugar. Paso junto a la puerta intentando que no me vea y canto victoria sentándome en la silla de rueditas junto a mí escritorio. Encendiendo el computador de inmediato viendo como la pantalla me pide una contraseña que tecleo de una vez, desbloqueando mi usuario.

- Señorita Ada. - su voz varonil llega a mis oídos, esos que se embelesan con el tono de voz y sacudo la cabeza espabilando. Me esta llamando, si se ha dado cuenta de que merodee mas de lo que debía esta mañana... tarde Ada. Llegas tarde...

Camino con paciencia hasta la oficina alargando el momento de mi muerte y contengo la respiración cuando tomo el pomo de la puerta abriéndola para mi. No veo su rostro pero si algo de su cuerpo y termino por cerrar la puerta. Maldecir por lo bajo y acercarme a su escritorio con la cabeza gacha.

- Tarde Ada. Llegas tarde. - gruñe sin empatía y me amarro mentalmente la falda de tubo porque siento que se me va a caer por la estruendosa voz que tiene.

Hoy lleva un traje azul. Uno de los tantos e infinitos trajes que siempre trae para lucirse, y pavonearse con ellos remarcando esos perfectos brazos, y las piernas apretadas en los pantalones entallados a ellas. Es sexy... Y yo una babosa mirona.

- Estuve haciendo algunas cosas importantes antes de venir. - aclare con la cabeza en alto. Observando como esas facciones endurecidas se moldeaban a su rostro angular. Con esa pequeña y desaparecida barba en sus mejillas. Y los ojos azules como el mar, me escudriñaban haciéndome añicos en su mente. Si. siempre esperaba lo peor de el. Hacia mi, por supuesto.

- ¿Y? Esa no es razón suficiente para llegar tarde. Mucho menos para tener que escuchar ese desagradable taconeo apresurado desde que llegaste. Y por supuesto, también tengo que decirte que el café de Gen, estaba frio. Sin mencionar los papeles que tiraste en recepción cuando te aguantaste del mostrador para no caerte mientras corrías, por llegar, tarde. Obviamente. Entonces Ada, ¿Crees que tus razones valen todo el desastre que has hecho?

Un flash back de la noche anterior atravesó mis neuronas. Yuli y yo divirtiéndonos en un antro con otras compañeras de trabajo. Con el único inconveniente de que era domingo, y no debemos salir los domingos porque por supuesto los lunes se trabaja...

- Los lunes se trabaja desde las siete y media, Ada. ¿Cuántas veces repetiré esto? - dijo juntando sus palmas. Criticándome con esa mirada llena de odio y maldad. O eso era lo que yo creía desde mi lugar.

Ni siquiera me había invitado a sentarme. Que maleducado. Tan cansada que venia hoy...

- Lo siento señor. - fue lo único que pude articular y ya no quería hacerme frente a el. Casi quería salir corriendo con esa cara enfadada observándome. Eduardo odiaba que no llegara temprano y lo sabia, pero tenia tanto tiempo sin salir, que ano0che me divertí de mas... Mucho mas de lo que yo tenia permitido hacer. Por mi misma. Yo misma me ponía limites. Y no, no es absurdo. Así es como debo conseguir el balance en mi vida.

- ¿Lo siento? Por suerte no están los directivos aquí para que aprueben este comportamiento inmaduro de tu parte Ada. No es la primera vez que pasa esto y lo sabes. Mi paciencia se agota.

- No volverá a suceder - respondí dura mirando sus ojos. El sabia perfectamente que lo que salía de mi boca era muy diferente a lo que reflejaban mis ojos. No estaba arrepentida. Pero tampoco quería ser impertinente poniendo en riesgo mi trabajo, el único sustento que tenia mi familia ahora mismo.

Me observa nuevamente. Revoloteando sus pestañas a lo largo de mi vestimenta. Paseándose por mis curvas no tan marcadas para luego, detenerse en esa camisa blanca de botones que llevaba puesta y esa pequeña gota de café que me había caído en una de las alas del cuello. Y si, volví a maldecir. Era detallista. Y un maldito obsesivo de la perfección. Virgo, siempre lo supe.

Nos quedamos en silencio durante un minuto que se sintió como una eternidad. Una que, no era precisamente fea. Era algo como, difícil de explicar, casi podía rozar la palabra cómoda...

- Espero que no lo haga. Porque a pesar del tiempo que llevas aquí, sabes que eres totalmente reemplazable. Cualquiera puede ocupar tu lugar de trabajo y eres consciente de ello Ada. Así que, enfócate en tus objetivos y deja de perder el tiempo divagando en cosas banales y poco productivas. - dictamino alzando su barbilla tanto como pudo, estirando su cuello. Haciendo un gesto desdeñoso para que saliera de la oficina. Y asentí de inmediato saliendo de allí con una mirada dura y de pocos amigos.

Capítulo 2 ¿A dónde vamos

Si, era mi culpa por la falta de puntualidad. Pero el, y su forma de hablarme era tan agh.

El teléfono vibro en mi bolsillo haciéndome respingar en el lugar mientras me sentaba de nuevo en el escritorio. Derrotada y regañada. Para ponerle la cereza al comienzo del día, y de la semana. Saque el celular leyendo el mensaje de mi madre.

"Estamos bien, tu papa esta sonriendo en el sofá gracias al show de los Jackson, amamos la televisión, gracias hija, te amamos". Cita en su mensaje y una sonrisa se desliza en las mejillas. Sonrojándome, casi provocando que los ojos se me aguaran con ganas de llorar de inmediato. Impidiéndome pensar en otra cosa, mas que en la felicidad de mis padres por un minuto.

Termino con el emotivo momento poniéndome a trabajar y adelantando algunas citas de el señor Eduardo. Vienen a verlos varios accionistas que se interesan en invertir en la empresa aun mas, y el acepta varios tratos, así como, rechaza otros. Me llama a la hora del almuerzo para mandarme a traer su pasta con raviolis y me asqueo de nuevo al ves que es pasta. Sino fuese por esa hora que hace de gimnasio todas las tardes, ese hombre estuviese rodando a estas alturas de la vida.

Me tome un momento para almorzar una deliciosa hamburguesa que el pago, porque al ser su secretaria me permite cargar mis comidas a su cuenta, y eso es algo que no suelo desperdiciar. Así que me enamoro de los sabores almorzando en mi escritorio, mientras tecleo varios correos en la computadora, que serán enviados el día de mañana. Quedan programados y cierro la pestaña, centrando toda la atención en la comida. Cosa que, no veo de inmediato donde la deje y palidezco. Creyendo que lo he tirado todo al suelo.

- Hola tu. - Enrique me saluda desde las sillas del frente y suspiro cuando veo la bandeja en su mano. Agradeciendo al cielo que no hice un desastre mas en esta oficina. Miro la hamburguesa gorda y rellena de forma celestial y el se ríe caminando hacia mi lugar para entregarme la bandeja y yo le doy un mordisco de lleno a la hamburguesa de inmediato, sin perder tiempo. Me veo como una persona con hambre? Si. Y la verdad es que, ni a Enrique ni a mi, nos importa.

- ¿Qué estas haciendo en este piso? - inquiero después de pasar toda la comida que hay en mi boca. El no deja de reírse y giro los ojos ignorándolo. Se burla porque como como una loca.

- Vine a ver como estabas. Ayer no me respondiste los mensajes después que tu y Yuli salieron del club en el taxi que les pedí. Me preocupe mucho. Gracias al cielo que vinieron hoy a la oficina, porque de contrario me hubiese preocupado el doble Ada.

- Es que hacia mucho sueño - forme un puchero con los labios -llegamos, nos cambiamos y cambiamos rendidas. Yuli se quedo en mi casa, pero esta mañana con lo ebria que seguía no escuche cuando me llamo para venir a trabajar y llegue tarde. Pero todo salió bien... Gracias por preocuparte.

- No es nada. Pero es importante que siempre que regresan a casa avisen. O que al menos me permitan llevarla. Yo estaba sobrio. - me guiña un ojo y pone las palmas en sus bolsillos del traje.

Enrique es muy amable. Y es como un mejor amigo para mi. Fue uno de los que me acogió en la empresa como una mas desde que entre y se lo agradezco muchísimo. No lo piensa dos veces a la hora de mostrarme como hacer las cosas. El es un apuesto diseñador y publicista. Tiene los mejores oufits en la empresa después de Eduardo.

- También venia a invitarte a almorzar, pero veo que te has adelantado como todo el tiempo.

- Me da un poco de hambre y no lo pienso dos veces para comer - confesé dejando a un lado la bandeja y dándole un sorbo al refresco.

- Bueno, un día de estos vendré antes de que el hambre te ataque. Ya veras. - reto.

- Eso veremos - le devolví la mirada desafiante, cosa que nos hizo reír a ambos y Enrique se alejo un poco hasta la puerta del ascensor.

- El señor Orlando vendrá el viernes. Quiere que le hagas el trabajo de contratar una asistente. Esta semana estamos llenos y no podemos darnos el lujo de perder personal. Te encargaras de eso y hazlo rápido, supongo que ya lo hablo con Vecna para que no tengas problemas en ocuparte de ello unas horas . - susurro el apodo y me contuve de no carcajearme. Le decía así a Eduardo por su cara de malvado. Y también por estar siempre como si odiara a todos.

- Seguro que lo hizo. Intentare adelantar algo de trabajo cuando este libre y conseguiré las vacantes antes del viernes. - conteste.

Enrique asintió y salió de la oficina subiéndose al ascensor.

Tome todos los papeles que necesitaba, di un sorbo mas al vaso con coca- cola, y me encamine al ascensor. Iría a mi hora de descanso a leer los informes y hacer varias a notaciones para entregárselos antes de que se fuera al gimnasio.

Las puertas del ascensor se abrieron dejándome en el primer piso. Donde salude a varias de mis compañeras y algunos vigilantes. Una mujer exótica entro con un abrigo de piel atravesando las puertas de la entrada a la empresa revoluciono en el lugar. Atrayendo muchas miradas. Unos lentes tapaban sus ojos, esos que a los lados podía verse un delineado de gato tan exótico como ella. Su caminar era sofisticado y yo de inmediato me eche a un lado para permitirle el paso al ascensor porque mi cuerpo estaba atravesado de cierta forma en el lugar, después de pedirle algo a la recepcionista y esta asintiera. Se abrió paso al ascensor. Ese que abordo sin rodeos dejándonos a todos con la boca abierta desapareciendo ¿Quién era ella? ¿A donde iba?

- ¿A donde vas? - El guardia de la recepción me pregunto, cuando recogía mi abrigo del esquinero. Poniéndomelo por encima de la cabeza y cubriendo mi cuerpo enfundado en una falda negra de tubo y largas piernas con zapatos medianamente altos.

- Iré a la hora de recreación. Ya sabe, pensar y trabajar mejor. - le mostré los papeles en mi mano y atravesé el camino hasta las puertas.

Cuando salí, de inmediato el frio clima me dio de llano en la cara. Congelando varios músculos de mi rostro. Tuve que correr hasta resguardarme en un establecimiento de cafés junto a la empresa.

- Hoy no habrá buen clima...- susurre dejando caer mis brazos a los lados algo derrotada.

Esperaba que el jefe no pidiera nada a esta hora, porque con este clima solo podía agarrar rápidamente un resfriado.

La empresa Polls General Advertising Agency. Donde cualquier publicidad de tus sueños puede ser creada. Si. A eso nos dedicamos. Eduardo es el diseñador principal, siempre esta creando excelentes diseños y todos sabemos que nadie es mejor que el, por algo sus padres se fueron dándole la empresa en sus manos. Sabían lo bien que el iba a trabajar. Y esta empresa salió mas a flote gracias a el y los perfectos tratados que ha hecho.

Camino envuelta en el abrigo de pelos, a paso apresurado intentando llegar hasta la biblioteca que queda a unas tres cuadras lejos de la empresa. Pongo el cronometro de una hora en el reloj y dejo que empiece el conteo. Cuando sea la hora debo regresar.

Me senté en la segunda mesa frente al gran ventanal que mostraba cómo caía la nieve sobre el suelo y las calles, cubriendo gran parte impidiéndole el paso algunos autos.

El primer papel estaba sobre los otros, primero haría todo lo de la oficina y después hojearía los libros.

"Contrato de publicidad a la empresa de Rick Borg."

Así fue como comenzó el contrato que pase de inmediato cambiándolo por otra hoja con las condiciones que querían para cumplirse al pie de la letra dentro de los límites establecidos según ellos, los empresarios suelen exigir demasiadas cosas todo el tiempo, y tontas, como utilizar el uniforme que ellos quieran, venir a la empresa y usar todas las instalaciones, y otras mas serias como las recompensas y ganancias por las publicaciones o si se llega a romper el contrato con ellos.

El teléfono sonó y creí que era por la alarma. Lo tomé rápidamente entre los dedos al igual que los papeles, y me levanté de inmediato, mirando la pantalla del celular mientras caminaba a la salida para echarme a andar hacia la empresa.

Para mí sorpresa, era una llamada de el jefe Eduardo. No tarde en contestar oprimiendo el botón verde para atender a su llamada.

- Señorita Ada. - su voz audible se escuchó de inmediato, en el otro lado de la bocina.

Algo malo había sucedido y eso era seguro.

- Habla ella, ¿Qué ocurre? - pregunté temerosa. Sintiendo como cada fibra de mi cuerpo temblaba, a medida que me alejaba de la biblioteca con camino a la empresa. ¿Por que motivo estaba llamándome?

- Necesito que venga conmigo para hacer unas cosas. ¿Puede? - preguntó.

Me corazón aleteo en todas las direcciones posibles. Estremeciendo los pedazos dentro de mí. Sin entender que ocurría exactamente, pude escuchar cómo mi boca pronunció un corto sí. Y seguidamente indiqué mi dirección. Cosa que el no tardó en atisbar finalizando la llamada y llegando en menos de nada.

Mi cuerpo estaba en shock. Sin comprender porqué el jefe Eduardo quería mi compañía. O mi ayuda, como dijo el que me me necesitaba. ¿Qué cosas? Jamás nos habíamos visto más que en las paredes de la empresa. Aparte de que hoy solo recibí un regaño de su parte. ¿Qué le pasa? Estaba olvidando lo mucho que detestaba tenerme a su lado, o eso era lo que yo notaba alenguas. A través de esos costosos trajes y cualquier cosa que llevara consigo. Demostrándome toda la imponencia y superioridad que tenia hacia mi.

Bajó del auto sin ninguna prisa, flexionando sus fornidos brazos para quitarse los lentes negros que cubrían sus ojos. Me sorprendió al verlo acercarse hasta mí directamente.

¿Tiene un perfume nuevo? ¿Por qué hoy lo noto distinto?

- Señorita Ada, ¿me acompaña? - abrió la puerta de atrás y me hizo un ademán para que entrara en el auto.

Tragué tan grueso que creo haber compartido el sonido de mi saliva con todos. Específicamente con el jefe Eduardo. Cerró la puerta dejándome dentro y sentí como si una piedra cayera en mi estómago cuando de reojo ví ese abrigo en el asiento de al lado. Y no tardé en mirar hacia el frente, encontrando a la sexy mujer de caminar sensual, postrada en el asiento del copiloto. En total confianza.

- Me llamo Mónica, soy la tía de Eduardo. Hermana de Francisco Polls. - dejó en claro extendiendo parte de su palma para apretar la mía.

Una enorme o se formó en mis labios sin poder contenerla. Se veía muy joven. Y hasta podría dudar si la información que me da es real. Estaba ahora sí, en shock.

- hola - pronuncié regalándole una sonrisa nerviosa mientras me soltaba la mano y se enderezaba en su asiento luego de darme un asentimiento con su cabeza. Estaba convencida de lo perfecta que era esta mujer, destilando sensualidad y elegancia en todos los aspectos.

Eduardo subió al auto, para empezar a manejar con dirección contraria por donde ambos vinimos.

¿El va a matarme?

- ¿A dónde vamos? - pregunte sin pensarlo, las ganas de saber a dónde iba todo esto me carcomían.

Capítulo 3 New York, Ada

- Me tomé el atrevimiento de llamarte y solicitar tu ayuda, Ada, porque necesito qué acompañes a Mónica, ahora que llegó de viaje, Y está sola en esta ciudad tan grande, con tu presencia.

La explicación me dejó más confusa de lo que ya estaba. El estaba eligiéndome, para que yo fuera la acompañante de su tía. ¿Creía que era un perrito de millonarios qué se dedicaba a hacerle compañía a sus dueños? Porque si era así, estaba entendiendo perfectamente. Pero él estaba muy equivocado si creía que yo iba a hacer eso.

- ¿Y por qué yo? - no podía echarme tal responsabilidad encima cuando tenía más trabajo del que quería. No podía darme el lujo de pasear con la tía de mi jefe por las tiendas más caras y cargar sus bolsas, mientras el trabajo en la oficina se caía a pedazos, y al llegar toda la culpa sería echada sobre mis hombros- ¿No hay alguien más que lo haga? - quizá soné molesta y no fue la mejor forma de decirlo, pero tenía que expresar lo que estaba sintiendo y pensando en ese momento.

- Te pagaré para que lo hagas. - Eduardo pronunció sin mas dándole fin al asunto. Dejando en claro que no sería un trabajo de voluntariado. U obligación...

No tuve de otra que callarme, porque él sabía perfectamente que necesitaba ese dinero. Pude escucharlo en ese tono de voz cuándo también dijo que las horas extras que esté de noche, también serán pagadas. Supo por dónde llegarme. Supo que necesitaba este trabajo. Y aunque fuera difícil debía hacerlo.

Recorrimos parte de la ciudad llegando hasta una tienda de ropa. Todos nos bajamos del auto y seguí a ambos hasta adentro. Dónde de inmediato una mujer nos atendió, vestida con un uniforme negro, el cual llevaba su nombre en la esquina superior de su camisa.

- ¿En qué les puedo ayudar? - ronroneó insinuando una sonrisa bastante falsa a la vista. Mirando a Eduardo sin parpadear. Estaba flechada.

El la miró con fastidio y pasó de largo a contestar una llamada poniendo el celular en su oído. Mónica, en cambio, no tardó en reparar en la chica, indicándole lo que necesitaba. Llevándonos a una sección de lencería, dónde sostuvo un par de conjuntos en sus manos tanteando la tela de gabardina suave entre sus dedos añejados. Un poco diferentes a la piel de su rostro.

- Me gustaría llevarme un par de estos en distintos colores. Unos cuatro colores... Y también, quisiera algo exótico para ella. - me señaló con entusiasmo caminando hacia otras vitrinas, con la chica siguiéndola detrás sin repararme.

¿Ella me había ignorado?

- Señorita Ada. - Eduardo dijo mi nombre cerca de mi cuello. Sentí que algo floreció en mi pecho y desapareció. Un calor extraño se apoderó de mis labios y los sentí secos de inmediato. Nublando mis pensamientos y desbaratando mi cuerpo.

No entendía porque mi cuerpo estaba reaccionando de tal forma frente a el. Ahora que lo tenía tan cerca, era muy distinto a como lo veía en la empresa. Era extrañamente agradable sentir su cercanía. Era inexplicable.

- Quiero invitarla a cenar con nosotros. ¿Le molesta? - preguntó llegando al frente de mi cuerpo. A casi medio metro de distancia con las manos en los bolsillos. - Comerá lo que desee, y así puede hablar mas con Mónica. Para que se sientan en confianza. Ella es una mujer de mucho hablar y seguro le agradara la idea.

Se mantuvo firme, remarcando sus cualidades físicas e impregnando el lugar con ese perfume suave y dulce. Estaba hipnotizada con la forma en que me veía con tanto escudrimiento como si buscara algo dentro de mis ojos. Una respuesta a no se que.

Me estaba invitando a cenar... ¿Habría algo de malo si acepto? Esto era extraño. Pero no podía negar, lo mucho que me gustaba ser invitada y tomada en cuenta, y aun mas si era por el. Me agradaba la idea de que no era un fantasma aun estando frente a el, como muchos millonarios hacían frente a sus empleadas. Siempre creía que nada más veía los papeles que le entregaba a diario en la oficina. Y nada más. Olvidándose de mi presencia. Tratándome como otra mas del montón simplemente por trabajar para el.

- ¿No sería un abuso de mi parte aceptarlo? - pregunté con una pequeña sonrisa que no tocó mis labios. Mirando fijamente esos ojos azules tan cristales como él mar. Que no tardaron en devolverme la mirada.

Estaba nerviosa.

- Me ofendería solo si usted rechazará mi propuesta. - respondió acercándose un poco más intimidándome con eso ojos perfectamente alineados con los míos. Viendo como la chaqueta de su traje subía y bajaba con cada respiración.

- Me encantaría ir a cenar con ustedes está noche, entonces. - pronuncié aceptando.

¿Qué es lo peor que podría pasar?

...

La cena transcurrió bastante animada entre charlas triviales de trabajo y comentarios sobre algunos negocios. Aunque a Mónica, la tía de Eduardo; no le parecía tan genial hablar sobre eso durante la comida. Y no dudó en hacer notar su molestia cada que podía refunfuñando como una pequeña niña frente a todos. Era muy gracioso ver cómo reprendía a su sobrino delante de mi, casi halándole las orejas para que parar de charlar sobre el trabajo y los montones de negocios que planeaba hacer. A ella no le agradaba el tema, y menos sobre la mesa.

Mónica era una mujer bastante buena para charlar, y hacer sentir cómodo a cualquiera siempre que se lo propusiera. Ella era transparente.

Mis mejillas enrojecieron de vergüenza cuando antes de salir de la tienda de ropa, me hizo elegir varios conjuntos de ropa íntima. Y si, Eduardo presenció todo el asunto. Volviendo peor la situación. De esto se iba a tratar las tardes de compañía que ella me pidiera, entre compras y comidas el tiempo iba a correr para nosotras. La segunda vez, traté a toda costa de negar el ofrecimiento pero ella no paró de obligarme a elegir varios conjuntos. Dijo que era parte de un agradecimiento por la compañía que recibiría de mi parte. No aceptaba un no como respuesta y dijo con énfasis que, negarse podría ser hasta una falta de respeto.

Muy parecida a su sobrino. Ya entendía de dónde sacaba dichas palabras que me había expresado cuando me invitó a comer. Algo muy usual de su parte.

La comida estuvo deliciosa. Y mucho más acompañada de buena música. No era un lugar mega costoso. Era más como algo sencillo y acogedor. Así lo había elegido Eduardo, mi jefe... Quien propuso venir aquí, ya que, estaba enamorado de la pasta que preparaban en este lugar. Y vaya que si lo estaba, disfrutando nuevamente de un plato de pasta con vegetales. ¿Qué tanta podía ser su obsesión con este lugar?

- ¿Has viajado a New York, Ada?

- No señora Mónica, aun no lo he hecho pero esta en mis planes. Ansió conocer tal ciudad algún día que pueda. - respondí con sutileza mientras ella asentía en mi dirección.

- Si, es una ciudad muy bonita. A mi también me encantaría ir, tampoco la he conocido. Y ¿Vives con tus padres?

- No, vivo sola en un departamento un poco cerca de aquí. Ellos residen en un pueblo llamado Toshbill, a cuatro horas de aquí. ¿Por que? - conteste algo confundida por su interés repentino por saber tal cosa.

- Oh. No. Es solo que yo estoy... curioseando, ya sabes como somos las señoras. Nos encanta curiosear. Toshbill es un lugar hermoso, tengo un par de amigos allí. Hace mucho que no los veo. Estudiamos juntos la universidad y después no supe nada mas de ellos. Algún día iré a visitarlos. - comento con la voz baja. Mas para si misma, que para con nosotros.

Observe a Eduardo. Quien se mantenía callado mirando hacia la ventana. Donde muchas luces adornaban los faros, iluminando la calle con sus bombillas de colores rojizos y blancos. Era como un arcoíris o quizá una feria de colores. Me encantaba como se veía. Era un carnaval de tonos atractivos. Como el. Como Eduardo.

Giro su rostro encontrándose con mis ojos. No pude voltear. Y le sostuve la mirada durante unos eternos segundos, contemplando lo maravilloso del momento con esa canción de Sin bandera, sonando. Sonaba casi romántico. Pero yo solo estaba soñando despierta.

Bah...

-¿Le gusto la comida, Ada?-pregunto inclinando una parte de su cuerpo hacia mi.

Quedaban pocas personas en el lugar. Y los camareros caminaban de lado a lado acomodando varias cosas que no era capaz de mirar. Mientras que Mónica, se pintaba los labios en un espejo que llevaba en su mano. Ese que saco de la cartera sin ningún sentimiento de vergüenza y comenzó a arreglarse frente a todos.

- Si, sobre todo el pan de la hamburguesa, ¿Noto que estaba muy suave? Casi creí que usted no comería algo como hamburguesas o comida chatarra. - confesé arrugando las cejas y los labios. Me dio cierta risa cuando el giro la cabeza hacia un lado confuso por mis palabras.

- Me gustan las hamburguesas. Y ¿De verdad de toda la hamburguesa solo pudo notar lo suave del pan? Habían muchas cosas aparte de eso, como la salsa, o la carne, hasta la lechuga podría comentarse. ¿Pero el pan? Usted si que se toma los detalles muy enserio señorita Ada. Me sorprende lo buena que es.

- Usted esta hablando de lo detallista y perfeccionista que soy, ¿Cuándo usted hace lo mismo? Wow. Si que es cinismo. Acuérdese que esta mañana, en su oficina, cuando solicito mi presencia, no dudo en ver la pequeñísima mancha que había en mi camisa, esa misma que llevo puesta ahora. - le dije sin rodeos.

Las comisuras de su boca se alzaron, lo suficiente como para decir que una sonrisa se asomaba a través de ese par de labios bien definidos. Le parecía graciosa. ¿Eso era bueno? Se veía extremadamente bien sonriendo, y algo en mi pecho se calentó cuando soltó una risa ronca, revolucionando mi ser.

- Se ha dado cuenta. - respondió sujetando su barbilla con una de las palmas de su mano. Haciendo un gesto relajado.

Una pareja de enamorados entraron al restaurante, haciendo ruido en la campanilla de la entrada. Llamaron la atención de Mónica, ya que ella se levanto de su silla caminando hacia ellos con total confianza.

- He notado un par de cosas, en estos dos años que tengo siendo su asistente de trabajo - solté.

- ¿Ah, si? -respondió mordiendo parte de su mejilla, haciendo un mohín con sus labios. Era cómico verlo. Era como un niño chiquito encerrado en el cuerpo de un adulto.

A Eduardo le agradaba todo, menos estar encerrado en un lugar así por mucho tiempo. Hasta odiaba las reuniones de trabajo. Cuando las hacia en la empresa, lo único que su cuerpo gritaba era que lo sacasen de allí lo antes posible. No entendía como ayudarle, no lo sabia. Y era frustrante.

- Como por ejemplo, la pasta que suele almorzar todos los días desde hace mas de dos meses. ¿Qué lo esta empujando a hacer tal cosa? - pregunte atrevidamente con miedo de que se quedara callado y no respondiera la pregunta.

Entendería sino lo hiciera. Roza lo personal. Preguntarle sobre su forma de comer ya es mas que personal. Su rechazo seria totalmente comprendido.

- Si lo has notado -arrugo el gesto incorporándose bien en la silla. Acomodando las solapas de su traje. - Se trata de una dieta. Para aumentar la masa muscular de mi cuerpo.

- Pero si ya tiene mucha...- pensé en voz alta. Me tape la boca de inmediato con una mano, y el reparo sobre la mueca.

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