En cuanto el despertador suena Julia abre sus ojos y lo primero que observa es el techo de su apartamento, suelta un leve suspiro al mirar lo amarillento que se encuentra esa parte donde se haya su cama.
-Espero que no llueva hoy -bufa para luego ponerse en pie, tenía un largo día y no podía estar desperdiciando el tiempo en tonterías como las estúpidas goteras del techo.
Después de una merecida ducha, la joven se viste para ir a su trabajo con la esperanza de que ese día tenga mucha más suerte que los días anteriores. Cabe destacar que su jefa era muy exigente para cualquier cosa que le ordena diseñar.
Al salir del edificio, la joven se topa con el coche de su novio Hernán quien al verla salir baja de inmediato del coche.
-Hola cariño, lamento tanto lo de anoche. No fue mi intensión dejarte plantada, es que tuve tanto trabajo que olvidé que tenía que recogerte -se acerca a ella para tomarla de la mano.
Julia permanece seria ante la disculpa de su novio, siempre era la misma historia con él. Cuando lo necesitaba casi nunca estaba disponible para ella, de hecho, no entendía como es que aun seguían siendo novios.
Ella nunca había estado con Hernán en todo el año que llevaban saliendo juntos, sin embargo, él no la dejaba a pesar de todas las suplicas que le hacía para pasar la noche juntos. Y la verdad es que ella no se sentía lista para dar ese paso.
-Siempre es lo mismo contigo, todo lo olvidas, al menos lo que tiene que ver conmigo -ella hace amago de caminar, pero él no la deja ir.
-Vamos amor, por favor, discúlpame. Tuve mucho trabajo y de verdad que lo olvidé.
-Eso no importa ya, al final pude llegar a casa.
Julia trata de soltarse de la mano de él, pero este no se lo permite y ella se ve obligada a quedarse, aunque se le estuviera haciendo muy tarde.
-Llegare tarde al trabajo, por favor, hablamos en otro momento.
-Vamos, yo te llevo.
-¿No tienes mucho trabajo?
-Cariño, por favor.
Ella pone los ojos en blanco y decide aceptar ya que verdaderamente era muy tarde para tomar el autobús. Al subir al coche de su novio suelta el aliento contenido, el trabajo de Hernán era bueno, ganaba bastante bien para vivir cómodamente.
En cambio, el de ella, tenía que trabajar mucho para poder conseguir un buen contrato que la ayudara a salir de donde estaba. Hernán le pedía muchas veces que vivieran juntos, pero la verdad es que no era lo que ella deseaba.
No sentía esas ganas de vivir con él, aunque fuera un hombre apuesto, era muy desordenado con su vida y siempre la dejaba en segundo plano.
-Vamos amor, no estés enojada conmigo, puedo recompensarlo.
-¿Y eso como seria?
-Una cena, esta noche luego de que termines de trabajar. Iré por ti e iremos a cenar a un bonito restaurante.
-Probablemente olvides recogerme.
-No, eso no pasara. Prometo ir por ti esta noche.
Ella asiente mientras que mira por la ventana, luego siente la mano de su novio sobre su muslo lo que la obliga a mirarlo y sonreír. No sabía porque, pero hace un par de meses ella estaba sintiéndose muy extraña al lado de él.
Le comenzaba a dar miedo aquellos sentimientos, no era la misma emoción que sentía cuando lo conoció y comenzaron a salir. Quizás solo era el estrés lo que la hacía sentirse de esa manera, no lo sabía.
-Ya hemos llegado, creo que con un poco de tiempo.
-Si, muchas gracias -Julia hace amago de bajarse del coche, pero su novio la detiene.
-Cariño -él la sujeta por el mentón para propinarle un beso en sus labios que ella recibe, más no le responde -. Vendré por ti esta noche.
-Por supuesto.
[...]
Julia llega a su oficina para dejar sus cosas en el escritorio, al alzar la cabeza observa a su jefa Zara parada bajo el marco de la entrada y de brazos cruzados.
-Por poco y llegas tarde, ¿sabes qué día es hoy?
-¡Ya lo se! No me lo recuerdes que me pones muy nerviosa.
-Es tu única oportunidad niña, debes aprovecharla al máximo.
Ella asiente mientras que sus manos tiemblan, en sus manos estaba el cambio que necesitaba para su vida. Era una gran diseñadora de interiores, tenía que hace run buen trabajo y conseguir ese contrato.
-Si consigues ese contrato, las cosas irán mejor para ti y para la compañía.
-Haré lo mejor posible. Te lo prometo Zara.
-El señor Zaharie es una persona muy importante en esta industria, quiere el mejor diseñador de interiores, y tú eres la mejor en mi compañía. Es la primera vez que nos llama y necesitamos que quede impresionado con lo que le vas a ofrecer.
-Si, eso me queda muy claro.
La morena aplaude una sola vez provocando que Julia reaccione y ensanche la mirada.
-Te veo en la sala de juntas lo más pronto posible, prepárate y... maquíllate un poco, ¿vale?
Julia parpadea varias veces ante la petición de su jefa, luego baja la mirada y frunce el ceño, es que ni tuvo tiempo para retocarse un poco. Por dios, tenía una reunión importante, como pensaba aparecer con ese aspecto.
Los minutos transcurrieron rápidamente y ya Julia se encontraba lista para su reunión y para conseguir aquel importante contrato.
[...]
-Increíble Zara, increíble presentación -tanto Zara como Julia sonríen ante las felicitaciones del señor Zaharie-. Estoy muy emocionado por esta maravillosa presentación, la verdad es que me ha gustado mucho todas esas ideas tan innovadoras.
-Me alegra saber que le ha gustado, entonces, ¿Cómo debería de tomar su buena alegría?
Las dos mujeres se quedan esperando una respuesta del hombre quien se encontraba detrás de una pantalla. Por desgracia para ellas, él no pudo realizar el viaje para acudir a aquella reunión, pero sí pudo verla por una llamada.
-Seré sincero, me ha gustado la presentación de tu diseñadora. Es fresca y nueva, y eso me agrada, sin embargo-la sonrisa de ambas se apaga cuando él comienza a poner excusas-. Debo aclarar un punto.
-¿Algo estuvo mal?
Las dos mujeres se miran fijamente sintiendo que sus corazones se les iban a salir del pecho, si no conseguían ese contrato todo se acabaría, sobre todo para Julia quien ya deseaba salir del apartamento donde estaba viviendo.
-Quiero contratar a tu empresa -en ese instante la sonrisa de ambas mujeres regresa y se emocionan -. Pero necesito que esa presentación se realice aquí donde yo estoy -y nuevamente la sonrisa se les apaga a ambas.
-¿Qué dices? -pregunta Zara.
-No pretenderás que yo les muestre a mis inversionistas esta presentación de esta manera, ellos querrán verlo en persona y bien explicado, yo no sé de estos, no puedo explicar cómo rediseñar todo un hotel, eso no va conmigo.
Zara mira a su empleada con los ojos bien abiertos. Luego relame sus labios y vuelve a ver la pantalla.
-Pero yo no puedo viajar a Hawái señor Zaharie, mi empresa me necesita, nosotros tenemos algunos...
-No hablo de ti, hablo de tu diseñadora, de Julia.
La rubia se atiesa justo donde está al escuchar que era ella la que tendría que hacer ese viaje de más de 10 horas en avión.
-¿Yo? -Zara escucha la voz de temor de su empleada y reacciona de inmediato.
-Por supuesto que sí, ella viajar sin problemas.
-Pero Zara-musita a sus espaldas.
-Cálmate, ¿no quieres este contrato? Debes viajar.
-¡No puedo hacerlo! -Zara la mira con el ceño fruncido.
-¿Acaso le tienes miedo a los aviones?
-No tengo documentos para viajar.
La morena se pasma porque aquello sí que era un gran problema, sabía que el señor Zaharie no se iba a esperar el tiempo que ella consiguiera la documentación para viajar, perderían el contrato.
-¡¿Qué dices?!
-¿Qué es lo que pasa? ¿acaso no quieren el contrato conmigo? -Zara mira a su futuro jefe y sonríe, tenía que decirle la verdad.
-Lo que pasa es que Julia no posee los documentos para poder realizar el viaje.
-Eso no será problema, enviare a alguien a por ella y no tendrá que pasar por esas tonterías. Podrá viajar cómoda y en privado.
A Zara le regreso el alma al cuerpo, lo que significaba que ese contrato definitivamente seria de su empresa gracias al ingenio de Julia.
-En ese caso, es un hecho el viaje.
-¡Excelente! Por suerte el piloto estará arribando esta noche a la ciudad, mañana temprano partirá de regreso, así que Julia te recomiendo que empaques tu bañador porque vendrás a Hawái.
En cuanto la llamada termino, Julia no se podía creer lo que había escuchado, iba a viajar por primera vez en su vida. Aquel empleo le estaba abriendo las puertas hacia el éxito, su trabajo por fin estaba siendo aceptado.
Sonríe...
-¿Lo has escuchado? -la voz gritona de su jefa la saca de su estupefacción -. Tenemos ese contrato, tú eres mi chica de la suerte, sabía que contratarte abriría nuevas puertas.
La joven observa como su jefa camina de un lado para otro, se le notaba la emoción en el rostro, estaba eufórica.
-Debes preparar todo, te iras ahora a casa, empacas y descansas para tu viaje de mañana. Serán 10 o 12 horas como máximo, dependiendo del piloto. Pero lo importante es que hagas una excelente presentación en Hawái.
-Si, está bien, lo haré. Prometo que daré lo mejor de mí -Zara la sujeta de los brazos y la estruja un poco.
-Tienes que hacerlo bien, Julia. No puede haber margen de error, tienes que convencerlos a todos y lograr que se enamoren como has enamorado al señor Zaharie. Esta compañía es una de las más prestigiosas, no puedes fallar.
La joven rubia sentía que tenía mucha carga en sus hombros, su jefe confiaba en ella, y esperaba que regresara con el contrato en sus manos. Tenía cierto miedo de cometer algún error y que todo saliera mal.
-¡No puedes fallar! Debes conseguirlo.
-Si.
[...]
Finalmente, después de recoger lo que necesitaba para la presentación. Julia estaba lista para ir a casa y empacar, pero antes de salir del trabajo recuerda que su novio iría a por ella, tendría que llamarlo y decirle que la recoja en casa.
Ese era otro asunto que debía tratar, no sabía cuánto tiempo le tomaría estar en Hawái, no estaba muy segura de como lo iba a tomar Hernán. Sin embargo, no podía cancelar sus planes ya que eran muy importantes para ella.
[...]
-¡¿Qué te vas para Hawái mañana por la mañana?! Pero ¿Qué clase de trabajo es ese? No comprendo porque tienes que viajar tan lejos.
-Debo hacer una presentación personal, mi jefa me ha enviado y no puedo rechazarlo, esto es importante.
-Para tu jefa es importante, para generar millones mientras que tu vives en la miseria.
-¡No es así!
Hernán alza las manos de muestra de paz, toma un sorbo de vino y trata de tranquilizarse.
-Te invite para este restaurante porque quería pedirte algo importante, Julia.
-¿Decirme que cosa? -en eso su novio le muestra una caja de terciopelo y la abre, ella observa un delicado anillo con una piedra pequeña muy brillante que la obliga a abrir los ojos -. Hernán.
-Yo quiero que te cases conmigo, Julia. Sabes que te amo mucho, y quiero que vivamos juntos desde hace algunos meses, pero no has querido, quizás si nos casamos cambies de parecer, ¿Qué dices?
Él toma su mano y coloca el anillo en su dedo sin esperar que ella diera una respuesta, la joven mira el anillo y piensa seriamente si de verdad quería aquello. Apenas tenía 23 años y comenzaba a prosperar en su carrera como diseñadora.
De verdad quería casarse tan joven y con Hernán por el que comenzaba a no sentir nada, era buen hombre, pero no estaba segura si era lo que realmente deseaba para su vida.
-¿Y qué dices preciosa? ¿aceptas ser mi esposa? He pensado mucho en esto, y que mejor ocasión que esta, te van ascender en tu trabajo, yo gano bastante bien en el mío, puedes vivir en mi apartamento que es muy espacioso, nuestras vidas serán muy buenas.
Julia traga saliva mientras que sigue contemplando el anillo, lo que simboliza compromiso eterno. Muerde sus labios y no sabe que responder, en lo único que puede pensar en esos momentos es en su viaje y en la oportunidad de crecer profesionalmente.
¿Era una mala mujer?
Al día siguiente, Julia se encontraba subiendo al coche que el señor Zaharie había contratado para ella para llevarla al aeropuerto donde la esperaba el avión. Estaba muy nerviosa ya que era su primer viaje en avión.
La joven suspira pesadamente al ver que algunas gotas comenzaban a caer sobre el coche y eso la hace fruncir el ceño.
-¡Llueve! -musita creyendo que el chófer no la oiría.
-No se preocupe por la lluvia, tendrá un excelente piloto. Llegará en perfectas condiciones a Honolulu.
-¿Honolulu? -suspira, lo sentía tan lejos.
-Es una preciosa isla, se lo puedo asegurar.
Ella asiente sin siquiera mirar al conductor, solo podía ver que la lluvia se volvía un poco más fuerte. Pero contra todo, ella debía hacer ese viaje y ganar ese contrato. Aprieta su maletín, allí llevaba todo para mejorar su vida.
Luego baja la mirada y vislumbra el anillo que Hernán le dio, muerde levemente sus labios al sentirse mal por no haberle dado una respuesta concreta a su novio. Lo único que pudo decir es que después de su viaje se la daba.
Vuelve a mirar por la ventana, ni siquiera sabía cuánto tiempo le iba a tomar en ese viaje.
-Pobre Hernán.
Mientras él pensaba en una manera de ser feliz con ella, en su mente solo estaba la idea de ganarse ese contrato. Pronto observa que el coche se adentraba a un lugar que ella no conocía bien.
-¿Qué es este lugar?
-No se preocupe, el señor Zaharie tiene su propia pista de aterrizaje.
-¡¿Qué?!
La joven parpadea al ver un avión demasiado pequeño a lo lejos, frunce el ceño y se pregunta por qué el jefe de su jefa le dijo que viajaría cómoda, aquello parecía una caja de juguetes.
-¿Viajare en ese avión?
-De hecho, es una avioneta, señorita.
Como ella no sabía nada de aviones, la verdad es que no veía ninguna diferencia, para ella eso era un avión. Julia baja del coche y observa como el chófer baja sus pertenencias, se pone un poco nerviosa puesto que no ve al piloto por ninguna parte.
Pero al cabo de un minuto observa a un señor mayor de pelo canoso y barba blanca aproximarse a ella, le sonríe de lejos y le transmite confianza.
-¡Bienvenida! Espero que tenga una excelente experiencia volando en nuestro avión.
-Un placer.
La lluvia amainaba, sin embargo, mojaba un poco su ropa.
-¿Puedo subir al avión? Me estoy mojando un poco.
-por supuesto, venga por aquí. Ya hemos cargado sus cosas, todo está seguro y listo para el despegue.
-¡Ah! Me alegra mucho.
La joven rodea el avión y empieza a subir las diminutas escaleras, pero al llegar a la última observa a un hombre de pelo negro sentado en el mando del piloto, ella se queda allí mirando su ancha espalda y sin decir una palabra.
-¿Cuándo llegara esta bendita mujer? Llevo esperando un buen rato aquí, está por caer una tormenta en esta maldita ciudad y quiero irme antes de que eso pase -ella lo escucha que habla por una radio y lo único que hace es parpadear.
-Ya debe estar por llegar, tenga paciencia.
-Mujeres, siempre atrasando las cosas, seguramente está pintándose los labios -las palabras de ese sujeto calentaron la sangre de Julia que la lleva a fruncir el ceño.
-¡uh! ¡uh! -el viejo que estaba detrás de Julia carraspea y es cuando el famoso piloto voltea.
En ese instante Julia y él se miran a la cara, él parecía sorprendido por encontrarla allí justo detrás de él, mientras que ella lo estaba mirando con el ceño fruncido.
-¡Ella ya ha llegado!
-Si, ya me doy cuenta de ello.
Julia aprieta la mandíbula puesto que ese cretino ni una disculpa pudo darle después de todo lo que dijo de ella. Es que ni siquiera llevaba pinta labios, que idiota, pensó ella.
-Sera mejor que tome asiente y abroche su cinturón de seguridad, señorita -Julia no le responde, lo único que hace es voltear sus ojos y buscar un asiento lo más alejada de él.
Toma asiento y abrocha su cinturón, sin embargo, no se puede creer que iba a tener que compartir 10 horas con ese idiota. La joven mira por la ventana ovalada y percibe que la lluvia se vuelve intensa, y eso le preocupa.
-¿Está todo listo? -Bruno le pregunta al viejo que hacía amago de cerrar la puerta.
-Listo y preparado, ya puedes irte, Bruno.
-Bien, nos veremos en algunas semanas.
-¿Semanas? -Julia mira hacia la puerta y es cuando el viejo cierra la misma y ella se queda con el corazón en la mano -. ¿Cómo que semanas? -le pregunta al piloto.
Pero Bruno solo la mira por encima de su hombro, luego se coloca sus auriculares y de inmediato se empieza a mover el avión. Julia se tensa y se agarra del asiento mientras que muerde sus labios, mira por la ventana y ve como el avión empieza a agarrar velocidad.
Cierra los ojos y de la nada un vacío se apodera de su estómago que la hace gemir al mismo tiempo que suelta el aliento. Al cabo de un rato más sus oídos se tapan y eso la obliga a abrir los ojos, cuando mira por la ventana se puede dar cuenta de que estaba en el aire.
-¡Oh, por dios!
-Ya puedes liberarte del cinturón de seguridad-ella escucha al piloto, mira cómo se quita los audífonos y se queda en su asiento.
-¿Por qué dijo semanas?
-Porque regresare en un par de semanas, ¿Qué problema hay con eso?
-No me dijeron que tendría que estar semanas en Honolulu.
Bruno frunce el ceño mientras que la oye, típica chica de ciudad. No les gustaba salir de su zona de confort, era la misma historia de siempre. El pelinegro se acomoda en la silla mientras que observa el paisaje ennegrecido.
-¿Acaso me está escuchando? -ella le habla con tono más elevado.
-Quisiera que no.
-¿Qué dice?
-Que eres molesta, deja de hablar ya.
Julia se queda con la boca abierta por la falta de cortesía de ese piloto, se pregunta qué clase de persona es, como es que el señor Zaharie tiene a alguien, así como empleado. Pero todo ese mal trato tendría que contárselo, porque no pensaba regresarse con ese idiota.
-Espero no tener que regresarme con usted.
-Dios me libre de que pudiera ser así, pero lastimosamente soy la única persona con la que te vas a regresar.
-Eres un grosero.
-¡Ya me lo han dicho, Julia!
Cuando ese hombre menciono su nombre algo en ella se estremeció, fue como si un corrientazo recorriera todo su cuerpo. Encima de eso, ¿Cómo carajos sabia su nombre?
Ella hace amago de contestar, pero prefirió guardar silencio y reservarse las energías para su junta que eso si era importante. Ella baja la mirada y observa el anillo de su novio, por alguna razón se lo saca del dedo y lo guarda en su portafolio, mira por la ventana y observa la lluvia.
-Llueve mucho, ¿eso es normal?
-No te preocupes.
-Si me preocupa.
-¿Eres piloto? -responde de manera antipática.
-¡Que cretino! -lo dice negando, de todos los pilotos le tuvo que tocar el más arrogante del mundo.
Bruno se mantiene en silencio al escuchar que ella no sigue quejándose, daba gracias a dios por que no siguiera hablando. Frunce el ceño por un momento al recordar la mirada de esa chica, sus ojos eran muy verdes y cristalinos.
Comienza a negar y se concentra en el vuelo.
[...]
Julia se había quedado dormida por un momento, pero una especie de turbulencia la hizo despertar abruptamente que sobresalto su cuerpo. La joven se agarra del asiento y mira hacia ambos lados.
Relame sus labios resecos, saca una botella de su bolso de mano y toma un sorbo de agua. Mira por la ventana y se da cuenta de que el cielo estaba bastante oscuro.
-Sigue la tormenta-musita, luego ve al piloto y lo ve con los audífonos puestos y hablando por la radio.
Ella se quita el cinturón ya que debido a la tormenta no logra oír nada, se acerca a él para poder saber lo que estaba pasando porque el avión comenzaba a estremecerse un poco y eso la estaba poniendo nerviosa.
-¡¿Qué haces?! -Brumo musita al verla a su lado -. Toma asiento ahora mismo-le ordena con voz fuerte-. ¿Qué pasa?
-¡Siéntate, Julia! -ambos se miran a los ojos y ella siente miedo.
Hace amago de tomar asiento en la parte de atrás, pero una turbulencia la hace caer y cae sobre Bruno quien rápido se suelta los cinturones y la ayuda a incorporarse.
-Joder, toma asiento aquí a mi lado. Vamos, de prisa -demanda con voz apurada sienta a Julia a su lado y empieza a ajustar el cinturón.
Ella alza el rostro y logra sentir la respiración de ese hombre contra su mejilla, no sabe porque, pero de la nada se siente nerviosa y no es precisamente por lo que estaban pasando en ese momento.
Julia traga saliva en seco y se queda quieta mientras que ese pelinegro asegura su vida a esa silla, estremece un poco los cinturones para asegurarse de que no se suelten y es cuando su mirada conecta con la de ella.
-¡Estás segura! -ella solo logra asentir, luego de eso ve como él regresa a su asiento, la joven frunce un poco el ceño al mirar hacia el frente y vislumbrar aquella tormenta.
-Hay muchos truenos allí afuera -dice con voz nerviosa.
-No te preocupes, vamos a estar bien.
-Pero mira todos esos relámpagos, ¿y si alguno nos golpea?
-No pasara, por ahora guarda silencio.
Ella niega mientras que sus ojos se abren cada vez más, traga saliva y se preocupa aún más cuando el piloto llama por esa radio y no obtiene respuesta.
-Si sabias de esta tormenta no debiste despegar.
-Estaba lejos de mi ruta, esta es otra tormenta no prevista.
-¿No prevista? -le grita a su lado.
-Cálmate de una vez, todo va estar bien.
De pronto sienten que el avión fue impactado por algo y Julia es quien da un respingo, mira al piloto y lo ve muy concentrado maniobrando aquella cosa. La joven comienza a sudar frio puesto que sabe que las cosas no pintaban bien.
De la nada algo comienza a sonar en el tablero y ella nota que una luz roja empieza a palpitar.
-¡Oh, no! ¿Qué es eso? -lo señala con el dedo, Bruno frunce el ceño puesto que esa luz se debía a uno de los motores del avión,
Gira el rostro para ver por la ventana y nota que el motor comenzar a expulsar humo y poco a poco las elipses disminuían de velocidad. Vuelve la vista al frente y sostiene el volante de la avioneta.
-Bueno bebé, se buena conmigo.
-¡¿Qué?! -dice ella cuando lo escucha hablar, y no estaba segura a quien carajos se estaba refiriendo.
-Sujétate Julia.
-¿De qué me hablas?
-Creo que vamos a tener que aterrizar de emergencia.
-¿En Honolulu?
Bruno guarda silencio al sentir que el motor se apaga, en ese instante un sudor frio recorre su cuerpo puesto que eso no era bueno, no podía maniobrar el avión con un solo motor. Caerían en cualquier momento y con aquella tormenta las cosas iban a estar muy mal.
-¿Qué pasa? Dime que pasa, ¿Qué es lo que está pasando?
-Debes mantener la calma, por favor, no grites más.
En eso el avión empezó a estremecerse y es cuando Julia comenzó a gritar desesperadamente mientras se aferraba al cinturón de seguridad.
Bruno comenzó a maniobrar el avión lo mejor que puede, no era un veterano por nada. La avioneta comienza a caer en picada rápidamente y para ese entonces, el otro motor se apaga. El pelinegro muerde sus labios y logra llevar el avión en línea recta.
Ejerce se toda su fuerza para que el volante no girara hacia todos lados, necesitaba llevarlo recto a como diera lugar. Mira a su lado y ve a Julia cubriéndose la cara, también oía sus gritos desesperados, pero eso lo hizo llevar la vista al frente.
Tenía que mantenerla a salvo...
Julia estaba al borde del desespero cuando vio que el avión comenzó a caer en picada, su vida comenzaba a pasar por sus ojos y se preguntó ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasarle esas cosas a ella?
Lograba escuchar que el piloto le decía que se calmara, pero eso era imposible en un momento como ese, ¿Quién carajos podía calmarse mientras que el avión donde viajas está cayendo? ¿moriría? Sin duda alguna la respuesta era sí.
La joven ve como el Avión pasa las nubes y en eso ve el océano, Julia ensancha la mirada al saber que iba a morir ahogada, era la peor situación de su vida. Nunca le dio una respuesta a su novio sobre el matrimonio, jamás llegaría a presentar la mayor propuesta de su vida.
Siente mucha tristeza por dentro y de la nada su mente se volvió negra y ya no supo más de ella.
-¿Julia? -Bruno la llama ya que nota que se desmaya mientras que el avión cae-. Juliaaaaa...
Como puede maniobra el avión y de la nada aparece una pequeña isla que podría salvarlos ahogados y devorados por tiburones en caso de que sobrevivieran a la caída.
Trata de levantar la punta del avión hasta que lo consigue, sin embargo, la presión es bastante fuerte, pero logra estabilizarlo un poco y llevarlo hacia esa isla. Gira como puede ejerciendo de toda su fuerza hasta que dirige la avioneta hacia tierra.
-Vamos bebé, se buena chica.
Empieza el descenso abrupto, aunque trato de disminuir la velocidad le resultó imposible, iban a impactar con mucha fuerza.
-Joder -mira a su pasajera, su cinturón se notaba bien ajustado, pero ella estaba desmayada, quizás eso era lo mejor.
Vuelve la vista al frente y sus ojos se abren enormemente al ver que ya estaban por impactar, sujeta el volante con fuerza hasta que el primer impacto estremece a Bruno y Julia de sus asientos, el pelinegro trata de mantenerse firme contra el volante mientras que lo sujeta con todas sus fuerzas.
Se estremece con tanta fuerza que su cinturón comenzaba a liberarse, el avión empieza a dar giros y él siente como un ala se desprende el avión hasta que la avioneta se estrella contra una pequeña montaña.
Luego de eso todo se volvió negro para Bruno.
[...]
Zara no para de mirar la hora en su reloj, la mujer pensó que Julia ya debía de estar en Honolulu, lo extraño de eso era que ella no se lo había notificado y quedo en hacerlo. Frunce el ceño mientras que se encuentra delante de su ordenador esperando la llamada de su diseñadora.
-¿Qué puede estar haciendo? -muerde levemente una de sus uñas, de la nada el teléfono suena y ella se emociona -. ¿Diga?
-Señorita Zara, tiene una llamada del aeropuerto -la mujer se tensa y piensa si es que el vuelo se había retrasado.
-Si, pásame la llamada.
-¿Empresas Zara' O?
-Si, habla con la dueña, ¿Qué sucede?
Hubo un momento de silencio y aquello atormenta profundamente a Zara quien no tenia noticias de su mejor diseñadora.
-¿Ocurrió algo con el vuelo de la señorita Capell? ¿se atrasó por la tormenta? -pregunta con el corazón acelerado.
-No señora, el avión salió en el tiempo previsto por el piloto.
En eso la mujer recibe una llamada a su móvil personal y observa que en la pantalla marca el número del señor Zaharie y es cuando su corazón se acelera mucho más que antes.
-Un momento -guarda el teléfono de mesa y contesta la llamada -. ¿Señor Zaharie?
-El avión ha desaparecido en la tormenta.
La morena se queda perpleja al escuchar las palabras de su futuro jefe, el corazón de Zara ya no soportaba tantas emociones para un solo día.
-Pero ¿Qué dice señor Zaharie? ¿Cómo que el avión se ha perdido?
-Mi personal me acaba de llamar, el piloto notifico una fuerte tormenta por la que estaban atravesando y luego de eso ya no se comunicó más, están rastreando la ubicación de la avioneta, pero no dan con ella.
-Ellos... ¿ellos murieron?
El señor Zaharie no le responde de inmediatamente, aquel silencio tan sepulcral le pone los vellos del cuerpo de punta a Zara.
-Señor...
-No podemos saberlo, comenzara una búsqueda de rescate, llevaban varias horas de viaje, asumimos que ya estaban cerca de la isla.
-Pero si hay una tormenta afuera, ¿Cómo van a dar con ellos? ¿Cómo es que su piloto despego en esas condiciones? -la mujer le reclama sin importarle que fuese su jefe.
-La tormenta estaba prevista únicamente para la ciudad, sin embargo, otra los esperaba a mitad de camino, una que se encamina a la ciudad.
La mujer toma asiento ya que no podía creer que Julia estuviera desaparecida y sin posibilidad de ser encontrada.
-Entonces, ¿Qué pasara ahora?
-Los buscarán y harán todo lo posible para dar con la avioneta.
-Yo necesito que me mantenga informada, tengo que saber que paso con mi Julia.
-Por supuesto, la estaré llamando para informarla de todo. Solo debemos tener un poco de paciencia y rogar porque ambos estén sanos y salvos.
Luego de colgar la llamada con su jefe la mujer se queda pensando donde podrían estar sanos y salvos, ¿en medio del océano? Ese avión tuvo que haber aterrizado en el agua e inmediatamente hundirse.
¿Su pobre Julia se ahogó en medio de la nada?
-Dios mío, Julia -los ojos de la mujer se aguan inmediatamente.
[...]
Bruno abre sus ojos lentamente, frunce el ceño al sentir una especie de dolor a un costado de su cuerpo.
-¡ah! -se queja ya que se mueve, coloca una mano en sus costillas e inclina la cabeza hacia atrás y es allí cuando abre sus ojos por completo.
Logra ver el techo de la avioneta un poco golpeado y parpadea varias veces y relame sus labios, gira un poco el rostro y ve que estaba lloviendo. Frunce el ceño y regresa la vista al frente, luego la baja y nota que su camiseta estaba manchada con sangre.
-¡Mierda! Esto no debe ser bueno.
Trata de sacarse el cinturón de seguridad y lo encuentra trabado, saca una navaja de bolsillo y corta los arneses, es allí cuando logra respirar con normalidad. Traga saliva y mira a su lado para ver a Julia, pero ella no estaba allí.
De hecho, su asiento no estaba donde debería de estar.
-¿Julia? -la llama con voz quebrada, el sonido de la lluvia y el viento era ensordecedor ahora que estaba despertando -. ¿Julia? ¿Juliaaa? -grita al no escuchar una respuesta por parte de ella, gira el rostro hacia atrás y la ve tumbada en el piso -. ¡oh, no! Julia...
Como puede se arrastra hacia ella sintiendo mucho dolor en su costado, pero al llegar a ella empieza a revisarla por todas partes. Ella seguía sentada en la silla atada al cinturón de seguridad, nunca se percató de que el asiento de ella había volado de su lugar.
-¿Julia? -la sujeta de las mejillas para ver su rostro, tenía un corte en la cabeza algo profundo, su cara estaba manchada con sangre la cual él limpia con suavidad -. Julia, debes despertar, vamos, despierta por favor.
Toma su pulso y lo siente bajo, frunce el ceño y procede a quitarle el cinturón, este también estaba atascado, usa su navaja y rompe la cinta para liberarla. Ella cae en sus manos y él la sujeta con suavidad para acomodarla bien.
-Julia-musita, y es cuando observa que ella empieza a parpadear poco a poco que lo hace suspirar -. Julia, despierta -la sujeta de las mejillas justo cuando ella abre sus ojos.
-¿Qué? -ella frunce el ceño mientras que Bruno la ayuda a incorporarse y es allí que ella se queja un poco y él ve rápido de donde proviene la queja.
-Tienes una herida en la pierna, no es grave, vas a estar bien.
-¿Qué paso? -dice ella mirando la herida en su pierna -. ¿Caímos?
Bruno observa la herida de ella, no era profunda, más bien era un rasguño que sanaría poco a poco, por suerte. Pero la de la cabeza si tenía que coger un poco de puntos, luego mira a Julia y observa el desespero en su mirada.
-Pude aterrizar en una isla.
-¿Isla? Entonces, ¿estamos varados aquí? ¿el avión no sirve? -por todo lo golpeado que estaba sabía que la avioneta no se levantaría.
-¡No!
Ayuda a Julia a ponerse en pie para sentarla en una silla que aún seguía en su lugar, se agacha sintiendo que sus costillas le dolían a morir, sospechaba que tenía al menos una partida.
-Déjame ver tu pierna -alza un poco la falda de su vestido y ve la herida que sangraba, Julia ensancha la mirada al ver que él estaba revisando su pierna, aquella acción ocasiona que sus mejillas se sonrojaran -. La vendare y estará bien.
-¿Insinúas que no volverás a volar esta cosa?
-Esta cosa era mi avión, y no, no lo volveré a levantar.
Bruno se pone en pie para caminar hacia la parte donde estaba el botiquín de primeros auxilios, pero todo estaba hecho un desastre y nada estaba en su lugar.
-¿Y me lo dices así tan tranquilo? ¿acaso nos vamos a quedar en esta isla toda la vida? ¿Cómo vamos a salir de aquí? -Julia estaba perdiendo la paciencia, no se podía creer que todo aquello estuviera pasando.
-No sé nada todavía, no he visto las condiciones del avión, pero imagino que...
-¿Qué vamos hacer? ¿nos vamos a quedar atrapados aquí?
La desesperada voz de Julia lo estaba poniendo más nervioso de lo que ya estaba, tensa la mandíbula ya que no era un hombre de mucha paciencia y esa mujer estaba acabando con la suya.
-Espero que la última posición que di sea de utilidad para que nos encuentren. Por ahora tranquilízate y deja de ponerte toda histérica que me sacas de quicio esos gritos tuyos.
Ella observa al piloto por encima de su hombro y nota como él busca algo, se le notaba enojado, ella frunce el ceño y trata de mantener la calma. De la nada escucha un estruendo afuera que la obliga a gritar y ponerse en pie para correr a los brazos del piloto.
-Por el amor de dios, ¿Qué ha sido eso? -Bruno siente la fuerza de esa mujer y se queda quieto mientras que ella se muestra como una niña asustada por los relámpagos de la tormenta.
-¡Está lloviendo!, es una gran tormenta, será mejor que nos quedemos dentro del avión y esperemos que pase todo para poder salir.
Ella asiente mientras que todo su cuerpo tiembla por el miedo. Bruno la separa un poco para luego llevarla a la silla y hacerla sentar.
-¿Estás seguro que son relámpagos?
-¡Lo son! -sujeta la pierna de ella para limpiar la herida y seguido de eso vendarla.
Se pone en pie y es cuando ella alza la mirada para verlo a la cara, en seguida él separa su cabello y Julia termina por quejarse.
-¡Ah! -frunce el ceño y trata de tocarse la cabeza, pero la mano de Bruno la separa.
-Tienes una herida grave, creo que tendré que tomarte puntos.
-¿Puntos?
-No te preocupes, yo sé cómo hacerlo.
Julia se pregunta qué clase de piloto era ese, ¿acaso también era doctor? El señor Zaharie al parecer tenía un personal muy capacitado. Y es allí cuando recuerda su reunión, ahora estaba en medio de dios sabe quién.
-¡Mi cita! la reunión que tenía era muy importante.
-¿Sí? -Bruno coloca anestesia superficial para luego empezar a coser, solo dos puntos serían suficientes.
-¡Oh! Pero que bruto eres, eso me ha dolido mucho, ¿acaso no me has puesto anestesia?
Él la observa fijamente a los ojos y ella a los de él, sinceramente era una mujer insoportable, de ciudad tenía que ser. ¿Qué podía esperar de una citadina engreída? Se le notaba que solo le preocupaba su apariencia y hacer un buen trato con esa cita que tenía.
Sin embargo, y por desgracia tenía que mantenerla con vida el tiempo que les tocara quedarse en esa isla.
Soportar a esa rubia de malos modales sería un suplicio para él, no entendía porque Angus tuvo que pedirle a él que hiciera ese viaje, si tan solo iba a la ciudad por una tontería y termino transportando a esa petulante mujer.
-¡No te muevas! ¿o prefieres que te pinche donde no es y te quede una gran cicatriz?
-¡¿AH?! ¡¿cicatriz?!