Alondra Meyer, era la joven que cualquier madre aplaudiría para su hijo; Buenas, elegante, bondadosa, de un corazón noble y exitosa a pesar de ser bastante joven, Alondra había sido la principal heredera de su padre, y tras la muerte de éste, ella se convirtió en la dueña de una de las empresas más grandes de su país, empresa dedicada a la compra y venta de propiedades, el mundo de las bienes raíces, había resultado un trabajo bastante duro hacerse respetar en un mundo lleno de hombres, en un mundo hecho para hombres, ganarse el respeto de clientes y competencia había sido muy difícil, sin emb
argo con su dedicación y trabajo arduo, incluyendo también el respaldo de su apellido, había logrado mantener a flote la empresa que heredó de su pare, y no solo eso, sino que había logrado darle más prestigio del que tenía, expandiendo el rea de alcance de sus negocios.
A pesar de que todo parecía perfecto en su vida, no lo era, en la universidad había ocurrido un evento desagradable que había logrado marcar su vida, dos estudiantes compañeros de clases suyo, la habían acosado, era ya tarde y su cuero era uno de los últimos en abandonar la universidad, Alondra caminó por los solitarios pasillos en busca de un profesor que jamás consiguió porque sus compañeros le habían cubierto la boca arrastrándola directamente a los baños de hombre, ella estaba aterrorizada, la angustia la calcomía y es que, siempre se había considerado débil y era muy difícil para ella creer que podría ganar esa batalla, luchó con todas sus fuerzas, decidida a no permitir que fuese así su primera vez y es que no, nunca había estado enamorada, ni esperaba que su primer encuentro sexual fuese algo muy romántico o de telenovela, sin embargo esperaba que al menos fuese por decisión propia, le había torturado el hecho de que aquellos dos granujas sin sentimientos habían desnudado su cuerpo con la clara intensión de a provecharse de ella, agradecería eternamente que aquel hombre de limpieza de l universidad estuviese por los pasillos y ante los extraños ruidos había entrado a los baños impidiendo así que su inocencia terminara mancillada, el hombre terminó golpeado y los estudiantes intentaron huir, no les había servido de mucho, ya que tras una denuncia ellos habían terminado tras las rejas por intento de violación.
Sin embargo aquello fue demasiado para Alondra, quién constantemente despertaba en medio de pesadilla y angustia al sentirse hostigada nuevamente, aquello le había impedido permitir cercanía departe de cualquier chico, y con mucha terapia logró aprender a sobrellevar la situación, y su solitaria vida resultaba satisfactoria... por lo menos hasta que conoció a Paul, ya se dedicaba a los negocios de su padre cuando lo conoció, dueño de una empresa mediana, dedicada al área de seguridad, Paul Smith, era un hombre agradable, de carácter tierno y amigable que poco a poco se había ido ganando su corazón, cuando decidieron iniciar su noviazgo, tras varios intentos de intimidad ella le había pedido llevar las cosas con calma y fue allí cuando le compartió la experiencia, Paul aseguró entenderla y le prometió que jamás la obligaría a nada y que a pesar de desearla con locura, le daría su espacio para acostumbrarse a él, hasta que se sintiera preparada para aquel importante paso... tras seis meses de noviazgo, Paul le había pedido matrimonio de una romántica manera y ella totalmente enamorada había aceptado.
A pesar de no haber tenido una intimidad "completa" , las caricias subidas de tono, los besos ardientes y uno que otro juego, nunca faltaban lo cual resultaba satisfactorio para Alondra, quien se alegraba de avanzar con Paul, mientras que para él significaba un enorme deseo frustrado que no avanzaba de la primera base, había prometido respetarla y eso es lo que haría.
Ahora, Paul se encontraba de viaje de negocios, habían decidido adelantar la fecha de la boda, en tres meses podrían celebrarla y unir sus vidas para siempre y ella lo agradecía grandemente, jamás pensó llegar a amar a alguien como amaba a Paul. La boda social de ella no era muy amplia y se podía decir que solo tenía dos amigas; Megan y Sally , las hermanas Johnson, quienes formaban parte importante de su vida y a las cuales consideraba las hermanas que la vida le había negado. Ellas le apoyaban en todo, cuando su padre falleció contó con el amor de ambas, sobre todo de Megan quien era la mayor y contemporánea a ella.
Esa tarde había decidido ir a visitarlas, invitarlas al cine o pasar un rato con ambas, pronto se casaría y las cosas cambiarían un poco en aquella amistad.
Cuando detuvo su saab delante del apartamento que ocupaban las hermanas, suspiró con satisfacción, lo que más estaba deseando era pasar tiempo con sus amigas y distraerse de todo el estrés del trabajo.
Subió en el ascensor y se detuvo nerviosa frente a la puerta, pasándose las manos por el cabello... buscó la llave en su bolso y la sacó, amaba el hecho de que hubiesen compartido llaves de su hogar por si se presentaba alguna emergencia, aquello habñaba muy bien de la profunda relación y confianza que había entre las tres amigas.
Introdujo la llave, la giró y penetro en el apartamento, todo estaba a media luz.
-Qué extraño... - parecía que no había nadie- ¡Megan, Sally!-llamó suavemente pero no obtuvo respuesta.
Quizás no estaban en casa, o, quizás, estuviese enferma. Tenían ya un par de días sin verse, cuando ella estaba libre, Megan no podía, y cuando su ellas disponía de tiempo, entonces ella sencillamente estaba en juntas, reuniones con clientes o proveedores.
La sola idea de perder a su amiga, a cualquiera de las dos, o de que estuviera enferma la aterrorizó, con pasos lentos pero firmes se dirigió a la habitación, colocó la mano en la perilla y la giró suavemente, si estaba enferma no la lastimaría más haciendo ruido, pero cuando abrió la puerta sin poder evitarlo dejó escapar un pequeño grito.
-¡Oh!-su amiga no estaba enferma, estaba haciendo el amor, y la habitación hacía eco de fuertes gemidos, aquel hombre le estaba proporcionando mucho placer.
No hubiese querido ser tan puritana o inocente, pero inmediatamente se ruborizó en gran manera y se giró para no ver, pero cuando se disponía a alejarse una voz la detuvo en seco.
-¡Alondra!- exclamó Megan, su voz temblaba y ella no supo definir si era de vergüenza o de contenida pasión.
-¿Alondra?- dijo la voz del hombre, su voz estaba cargada de miedo.
Se giró y contempló la escena, la silueta de su amiga y de su amante estaban oculta en las sombras de la habitación, la posibilidad de la traición le oprimió el pecho. No, no era posible, Paul no le ahría aquello, pero aún, pudiese ser que él la traicionara, pero...Megan jamás la lastimaría, era su amiga, su apoyo, su confidente, su madrina de bodas, Megan era su hermana...
-Alondra... Alo... ¿Qué haces aquí?
Su respiración se detuvo momentáneamente, su mundo comenzó a girar y la cabeza le pulsaba. Llevó la temblorosa mano al interruptor y cuando la luz brillo, ya no hubo secretos, se rebeló claramente el rostro del amante de Megan, rompiendo así sus ilusiones, su amor, y su confianza por las demás personas.
-¡Paul!-gimió, el dolor no podía ocultarse, su corazón estaba destrozado, todo el dolor emergió en abundantes lágrimas, que bañaron como cataratas sus mejillas.
-Alondra, puedo explicarlo- dijo Megan.
-Es la típica frase qu utilizan los infieles; puedo explicarlo, no es lo que parece-los miró con profunda decepción.-¡Por Dios!, ¿Qué les he hecho para que me hagan esto?- su voz tembló- ¡Son... ustedes son de las personas que más he amado!
-Alondra, yo...
-Tú...¿tú qué Paul, tú qué?- preguntó frustrada, sintiendo como si hubiesen enterrado un puñal en su corazón, sus pulmones no respondían ante la orden de respirar con normalidad.
- Alondra, por favor- suplicó Megan.
-¿Por favor, qué?, pensé que eras mi amiga, te consideraba mi hermana- dijo limpiándose con el dorso de la mano las lágrimas, era inútil sus ojos no paraban de llorar, como muestra del terrible dolor que sentía su alma.
-¡Lo soy!- dijo avergonzada- te sigo querienod como siempre, Alondra.
- Si, tan amiga que decidiste acostarte con mi novio, mi prometido, mi futuro esposo, el hombre que he amado, no entiendo porque me hacen esto, es... es repugnante, ustedes son las dos personas en las que he depositado mi confianza.
-Podemos explicarlo.
-¡BIEN, ENTONCES EXPLIQUENME A VER SI LOGRO ENTENDERLO!-gritó furiosa.
-Alondra, sabemos que estas molesta...
-¿Molesta?...¡estoy asqueada, decepcionada, engañada, defraudada, indignada!, la palabra molesta no define todo lo que siento. ¿Desde cuándo se entienden?, ¿Desde cuándo me están viendo la cara de idiota?
-No creo que...
-¿DESDE CUÁNDO?- gritó exasperada.
-Un mes- susurró Kitty débilmente.
-¿Qué...dijiste?- preguntó con voz casi inaudible a causa de un sollozo controlado.- ¡Un mes!... ¡UN MES!- Gritó abriendo mucho los ojos, mientras empuñaba las manos- Megan, llevas un mes revolcándote con mi novio, Paul, llevás un mes acostandote con mi amiga, mi hermana, no puedo creerlo... Mírame Paul, eres una basura, ¿para qué aceptaste adelantar la fecha de la boda?, bonito viaje Paul Smith, bonito viaje el tuyo, ¿Cómo fuiste capaz?, durante cuatro semanas la haz besado a ella, para luego besarme, ¡Qué asco!
- Cariño, aguarda un momento...
-Haz acariciado su cuerpo, para luego ir a mi lado y dedicarme tiernas caricias, ¡Eres repugnante!
-Llevas un mes haciéndole el amor a mi supuesta mejor amiga, para luego ir a mi lado...
-Jamás te he hecho el amor, Alondra... ¡siempre te has negado!
-¡Sabes perfectamente lo que me pasó!- dijo indignada- Esa es una excusa barata y muy cruel para intentar ocultar tu infidelidad, bien pudiste terminar la relación si no te sentías satisfecho a mi lado.
-Alondra, te quiero, sé que suena ilógico, pero te amo- Megan lo miró con ojos enormes-eres encantadora, dulce, sujeta, cariñosa, cualquier hombre moriría por hacerte el amor, cualquier hombre querría tenerte
-¡Eres asqueroso!- le dijo sintiendo dolor de cabeza.
-Alondra, permiteme un momento...
-Cállate Megan, espero no verles jamás en mi vida, sigan en lo suyo, lamento haberles interrumpido.
-Espera, preciosa.
-¡Váyanse al infierno par de cretinos traidores!- Cerró la puerta con fuerza y salió corriendo del apartamento, Paul saltó de la cama pero cuando llegó a la puerta no había rastro de ella.
-¡No puede ser!-dijo enojado mientras golpeaba con desesperación la puerta.
-No lograrás nada maltratando mi puerta- cuándo él se giró, allí estaba Megan, envuelta en una sábana, con el cabello despeinado y los labios enrojecido, así como los ojos llenos de lágrimas, le dolía haber traicionado a Alondra, era su amiga y la adoraba, solo que... nunca tuvo valor suficiente para decirle que se había enamorado de su prometido.
-Lo hemos arruinado todo, la hemos lastimado, no nos perdonará nunca- dijo con voz quebrada.
-He perdido a mi mejor amiga- dijo Megan sollozando, mientras se dejaba caer al suelo.
-Yo he perdido a la mujer que amo, a mi prometida- dijo mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Megan lo miró y su corazón se estrujó de pena. Él la amaba a ella, a Alondra, ella sólo había sido un desahogo para él. Lloró con más fuerza, porque ella si lo amaba profundamente, de no ser así jamás hubiese arriesgado su relación con Alondra, era una tonta, una completa tonta, Paul nunca la amaría.
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Alondra, corrió hasta subir a su Saab y ponerlo en marcha, las lágrimas nublaban su vista no le importó y aceleró, la velocidad no lograba calmar la desilusión que sentía, necesitaba llegar a casa, refugiarse en su madre o en su hermano, necesitaba el consuelo de personas que sabía que jamás la traicionarían.
Se preguntaba ¿cómo era posible que le ocurriera aquello? su novio, su prometido, el hombre que amaba y por el que hubiese dado la vida si fuese necesario, el hombre con quien había planeado su futuro, su vida entera, con hijos, el hombre con el que anhelaba envejecer y poder recordar lo felices que había sido de jóvenes, no lo podía creer, esto era su peor pesadilla, los sollozos eran cada vez más fuertes.
Y Megan; su "mejor amiga", la mujer a la que consideraba más que una amiga; su hermana, esa que nunca tuvo, con la que había compartido desde su adolescencia, la que la había abrazado en tantas noches de tristezas por la pérdida de su padre, a quien le había abierto las puertas de su casa, de su corazón, de su alma...
Se sentía burlada, sentía que había perdido a dos de las personas que más amaba, y las había perdido el mismo día, no aguantaba tanto dolor en el pecho, no creía que era posible sentir tanta desdicha.
El hombre que amaba y la mujer a la que había entregado toda su confianza se habían burlado de ella durante un largo mes.
Presionó nuevamente el acelerador mientras sollozaba con desespero, necesitaba llegar a casa y refugiarse en los brazos de su madre, quería que alguien le dijera que todo estaría bien.
Abundantes lágrimas nublaban su vista, las limpió con el reverso de la mano pero fue inútil, ya que nuevas lagrimas suplantaron las anteriores, observó que unas luces se acercaban con velocidad, una fuerte colisión, un punzón de dolor y luego... oscuridad.
Paul, se mantuvo cabizbajo mientras estaba de pie, completamente inmóvil frente a la puerta que daba a la salida.
-Esto ha sido horrible- escuchó como Megan comenzaba a llorar- no nos perdonará nunca, la hemos perdido para siempre.
-Hemos sido unos absolutos tontos Megan, nunca voy a perdonarme haber lastimado de esta manera a Alondra que es un alma tan noble, tan buena, jamás le ha hecho daño a nadie, ¿Cómo pude lastimar a la mujer que amo?- dijo con profundo dolor.
-¿Cómo puedes decir que la amas?,somos amantes, no te hagas el tonto, entiende que a mí también me duele pero no nos perdonará nunca, yo te amo Paul. Sé que lo que le hemos hecho es la peor de las traiciones pero podemos salir adelante juntos; yo te tengo y tú me tienes.
-No te equivoques lo nuestro ha sido sólo sexo. Yo amo a Alondra, voy a recuperarla como sea, voy a casarme con ella, y si es necesario voy a rogarle de rodillas que me perdone, me arrastraré suplicando perdón, es a ella quien amo, ella será mi esposa y ha sido una completa tontería traicionarla, todo por no poder controlar nuestras pasiones, me duchare e iré a buscarla y a suplicarle perdón y tú deberías hacer lo mismo.
Megan, se quedó allí observando como él desaparecía en dirección a la habitación, sintió ganas de gritar, se sentía traicionada. Desde un principio supo que era el novio, el prometido de su mejor amiga pero, no había podido evitar enamorarse de él. amarlo en cuerpo y alma había sido una bendición y ahora él se plantaba frente a ella asegurando que no la amaba, después de haber hecho el amor durante todo un mes, estaba abatida, destrozada porque tal y como Alondra le había gritado a la cara, ella también en un momento había perdido a los dos seres que más amaba.
Media hora más tarde, Paul estaba listo para ir tras Alondra en busca de perdón, Meganno hacía más que llorar al ver cómo él hacía planes de irse tras ella, pero él no le daba mayor importancia en ese momento. No podía negar los fuertes sentimientos que tenía hacía Megan quién era apasionada, complaciente en todo, era ardiente, fuego en la cama, la satisfacción de cualquier hombre, pero lo que sentía por Alondra era más fuerte, pero ahora, la prioridad era Alondra.
Estaba por marcharse cuando su celular timbró, sorprendido observó que era la madre de Alondra.
-Hola.- respondió temeroso.
-¡Oh Paul, hijo mío!-la escuchó llorar desesperada y su corazón se detuvo momentáneamente- ha ocurrido una desgracia.
-Carol... no... no entiendo.
-Mi hija, Paul, mi hija tuvo un accidente, se está muriendo, debes venir a la Clínica La Esperanza- no escucho más, había dejado de respirar, el oxígeno no llegaba a su cerebro.
Alondra, su Alondra, estaba muriendo...
Cortó la comunicación cuando escuchó los gritos de Megan, corrió a su encuentro. Ella gritaba y lloraba desconsolada, su celular en la mano.
-Megan...
-Oh no Paul, Henrry... Alondra, Alondra...- gimoteó.
-Carol me ha llamado- dijo con voz entrecortada y sus ojos produciendo lágrimas- vamos, debemos llegar a la clínica.
Elías Becker, estaba acostado sobre el ámplio lecho, suspirando de satisfacción mientras acariciaba la larga y espesa cabellera de su amante. Ella, completamente satisfecha disfrutaba de los deliciosos momentos de silencio que seguían al pasional encuentro, y no solo su cuerpo gritaba de satisfacción.
Su corazón gritaba de amor
-Elías...
-Dime Annabella, sigo despierto.
-Llevámos mucho tiempo saliendo juntos- Elías quiso maldecir, sabía lo que continuaba, qué desesperación el hecho de que las personas enamoradas no puedan guardar silencio después del sexo- disfrutamos de la mutua compañía y el placer que hallamos en el otro...quisiera conocer a tu hermana, poder asistir a los eventos yendo de tu mano, que me acompañes en mis conciertos y...
-Suelo estar en muchos de tus conciertos, bien sabes que disfruto de escucharte cantar Annabella y que siempre has tenido y tendrás mi apoyo- ella suspiró con gesto de estar agotada.
-Pienso que...nunca seremos más que ésto...un hombre y una mujer que obtienen placer.
-¿Por qué cambiar lo que somos?, Es lo que somos, y así estamos bien-aseguró él mirándola con gesto entristecido, apreciaba mucho a Annabella pero jamás podría darle lo que ella deseaba.
-Habla por ti- dijo voz triste mientras se alejaba de él y quedaba sobre su espalda- me gusta estar contigo...
-Yo también disfruto de tu compañía Annabella, te ruego que no comiences con insistencias absurdas, pensé que las reglas estaban claras, no pienso comprometerme en muchísimo tiempo y es una pena si no puedes comprender eso.
-Pero...
-Ahora me daré una ducha y me iré a visitar a mi hermana.
Elías Becker, un poderoso alemán, alto, rubio, de apariencia muy fuerte e intimidadora, que disfrutaba de muchas horas en el gimnasio, amante del buen sexo, libre de relaciones o compromisos emocionales, le encantaba disfrutar junto a Annabella, una hermosa y exuberante italiana dedicada al mundo del canto y el espectáculo, y así, como ella, había tenido muchas amantes, todas hermosas, todas pasionales, todas ardientes, pero en cuánto querían cambiar la relación e intentar que dejara de ser algo pasional para convertirlo en algo romántico, sabía que debía tomar distancia, odiaba complicarse la vida incluyendo sentimientos y emociones, y no, no se refería a él, sino a las hermosas mujeres cargadas de hormonas que querían enlazarlo con el sagrado vinculo del matrimonio.
No, aún no estaba listo para eso, aún le quedaba mucha vida por disfrutar.
Elisa Becker, estaba en la mesa acompañada de su hermano mayor.
-Es una alegría que decidieras acompañarme a almorzar.
-También me alegra, sabes que te adoro- le dedicó una hermosa sonrisa, mientras bebía de su copa de vino.
- Lo disimulas bastante bien, si no me dices que me adoras, jamás lo hubiese imaginado- lo miró acusadoramente- sueles abandonarme demasiado tiempo Elías Becker, sabes que eres lo único que tengo y me toca hacer malabares para verte, ni siquiera estando en Alemania eres fácil de localizar y por si fuese poco, el ochenta y cinco por ciento de tu vida, vives fuera del país.
-Eres una hermosa exagerada- dijo riendo.
-Sabes que digo la verdad, casi nunca te veo- sus ojos se llenaron de lágrimas- soy tu hermana, necesito de ti, necesito verte, abrazarte, estar contigo.
-Eres una hermana demasiado posesiva- le dedicó una tierna sonrisa-sé que suelo desaparecer mucho pero, sabes que siempre estoy metido en negocios. Te adoro, te amo, lo sabes, nunca, no siquiera en mil años, debes tener dudas de eso.
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Alondra, abrió los ojos lentamente, sus parpados estaban muy pesados, sentía una punzada en la cabeza, se sentía muy mal, así que volvió a cerrarlos.
-Hermana, hermanita...¿Me oyes?-Henrry se escuchaba muy triste y ella supo que estaba llorando.
-Hija, por amor de Dios reacciona beba, ¡hija!- sollozó desesperadamente su madre- al oír tal desespero nuevamente abrió los ojos lentamente, haciendo uso de todo su valor para evitar todo el dolor que sentía en su cuerpo.
-Mamá - susurró-Henrry...
-Hija- le besó la mejilla y la abrazó fuertemente.
-Nena, ¿te sientes bien?
-Me...me duele mucho la cabeza.
-Te golpeaste muy fuerte.
-¿Estoy en el hospital?- preguntó sintiendose un poco aturdida.
-Si, cariño- le dijo acariciándole la mejilla.
-¿Cuánto...cuanto tiempo llevo aquí?, siento que he dormido una eternidad.
-Es porque has estado dos meses en cama, estabas en coma, cariño. Los médicos hasta han llegado a pensar en desconectarte.
-¡Dos meses!- casi gritó y se llevó las manos a la cabeza, volteó un poco y se encontró con que dos pares de ojos la miraban- Megan... Paul, mi amor.
Estos se miraron y luego se volvieron hacia ella.
-¿Cómo te sientes?- preguntó Paul acercándose a ella y dedicándole una sonrisa.
-No lo sé- miró fijo a los ojos de su prometido y recuerdos atenazaron su mente, la realidad pasó ante ella como una vieja cinta, de una película muy antigua.
-¿Qué sucede?- preguntó él cuando lágrimas resbalaron por las femeninas mejillas.
-¿Pens... pensaste que no recordaría nada?, ¿Qué olvidaría lo que me has hecho? Paul, vete, vete y no vuelvas jamás, no quiero volver a verte. ¡Váyanse, váyanse!
-Pero Alondra- su hermano la vio con ojos enormes y ceño fruncido.
-¡Henrry, haz que se vayan, por amor a Dios, que se vayan, que se vayan, fuera, fuera!- comenzó a dar gritos de histeria mientras movía el rostro de un lado a otro desesperada y las lágrimas abundaban-¡Que se vayan, que se vayan!- Megan sollozó, fue lo último que recordó Alondra antes de sufrir un desmayo y caer nuevamente en una oscura y profunda oscuridad.
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-¡Alondra, cariño!-su madre llamó a la puerta de la habitación, ya tenía dos meses de haber salido de la clinica y sin embargo, se negaba a abandonar su habitación, sentía que la depresion la estaba consumiendo de a poco- Alondra, hija ¿puedo pasar?
-Adelante, mamá-se quejó con la cabeza debajo de las almohadas, su madre entró con una bandeja que contenía el desayuno.
-Alondra, mírame- ella obedeció saliendo de su escondite.
-¿Qué sucede, madre?- gruñó de mala manera.
-Es lo que yo pregunto-suspiró-¿Qué sucede, Alondra?, llevas dos meses sin salir de tu habitación, haz abandonado el trabajo...
-Ambas sabemos que no necesito trabajar, hay personas que se ocupan de hacerlo por mi-gruñó y se odió por usar las mismas palabras de Paul.
-Antes te agradaba- dijo su madre triste.
-He cambiado de parecer- respondió alzándose de hombros.
-No puedes seguir así, la última vez que te encerraste fue.. fue cuando tu padre murió- ya su madre no soportó más y lágrimas brotaron de sus ojos, se sentía muy mal, solo dos veces antes de aquella se había encontrado así, la primera con u intento de abuso, la segunda, cuando perdió a su padre, y en ambas, Megan había estado allí para apoyarla. Ahora no, ahora estaba sola.
-Solo estoy deprimida, no debes sentirte mal por mí, madre, esto que siento no será eterno.
-¿Por qué no has dicho como ocurrió el accidente?, no has parado de llorar, ¿Qué sucedió, nena?, haz terminado con Paul, sin embargo él viene diariamente para intentar hablarte, y para saber cómo sigues y tú te niegas a verlo, lo mismo con Megan-ella hizo un gesto-no quieres ver a nadie, estoy preocupada por ti.
-Basta madre, no quiero hablar- saltó de la cama y se dirigió al cuarto de baño- tomaré una ducha.
Mientras el agua tibia de la ducha resbalaba por su cabello revivía las imágenes del día en que descubrió la traición de su prometido y con su mejor amiga, las imágenes que tanto daño le hacían, que desgarraban su alma y llenaba su alma de dolor, sin emabrgo, eran las mismas imágenes que no podía sacar de su cabeza.