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Una Diva en XL

Una Diva en XL

Autor: Julia River
Género: Romance
Selena Barker acaba de recuperar su libertad. Tras una década soportando el maltrato silencioso del doctor Enzo Visconti -un hombre más preocupado por su estatus que por su esposa-, ella decide que ya fue suficiente. Se acabó la Selena sumisa que agachaba la cabeza; ahora es el turno de la mujer que no teme mostrar sus curvas en un vestido rojo ajustado ni detonar la tarjeta de crédito de su ex antes de firmar el divorcio. Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido. En su primera noche de celebración, Selena termina bailando sobre una barra, desafiando a su exmarido y siendo rescatada por un extraño oscuro y peligroso que parece sacado de una fantasía italiana. ¿El problema? Ese hombre no es otro que Alessandro Di Doménico, su nuevo jefe. Alessandro es un magnate de perfil bajo, tan poderoso como enigmático, que no busca una secretaria... busca a alguien en quien confiar en un mundo lleno de mujeres interesadas. Y Selena, con su sinceridad atroz, su inteligencia, su belleza "XL" y su valentía recién estrenada, es la mayor amenaza que su autocontrol ha enfrentado jamás. En una oficina donde la estética es ley, Selena demostrará que una verdadera diva no se define por su talla, sino por su capacidad de poner de rodillas al hombre más temido del país. ¿Podrá Selena mantener el profesionalismo frente al hombre que la vio en su momento más salvaje? ¿O caerá ante la tentación de su ángel de la guarda con sonrisa de demonio?
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Capítulo 1 Divorciada y contratada

POV Selena

Viernes, 9 AM

Suspiro en la oficina del abogado como si fuera el último adiós. Y bueno, si me pongo a pensar, lo es.

Después de diez años de matrimonio, unos doce kilos de más y una infinidad de maltrato silencioso, espero que esta sea la última vez que tenga que ver al engendro de mi exesposo, el gran doctor Enzo Visconti.

-Firme aquí y aquí, por favor, señora Visconti -me indica el abogado.

Yo lo miro con cara de asesina serial, clavándole mis hermosos ojos pardos.

-Barker... -corrijo con una furiosa seriedad-. Soy Selena Barker.

Firmo con rapidez bajo la atenta mirada de mi adorado exesposo. Posiblemente, hasta el último momento estuvo creído de que le iba a poner algún problema, a inventar excusas o a rogarle para que tratemos de enmendar el matrimonio. Esa estupidez la cometí una vez; dos no solo sería una estupidez, sino firmar la sentencia de muerte de mi dignidad.

Cuando termino de firmar, lo miro esbozando una sonrisa cargada de sorna y le paso el documento para que lo firme él.

-Espero que estés conforme con el acuerdo. No quiero que tus padres piensen que te dejo en la ruina -dice mientras firma.

Me muerdo el labio para no responder. El predecible Enzo, siempre pensando en lo que dirán los demás de él. Nunca le importó mi opinión y mucho menos mis sentimientos. Diez años de los cuales ocho fueron un verdadero infierno. Me pregunto una y otra vez por qué callé y seguí.

Suspiro hondo y hago una mueca cargada de desdén. Iba a guardar silencio, pero me digo que ya fue demasiado y que tengo que sacar a relucir esa sinceridad atroz con la que nací y que por mucho tiempo mantuve de rehén por no romper la "paz familiar".

-No te preocupes, Enzo. Mis padres te van a seguir queriendo, aunque se enteren de que le compraste el último BM a tu noviecita de turno -digo y me pongo de pie como si fuera la emperatriz de Rusia, mostrando que mi dignidad ya no se negocia-. Si no fuese porque tengo un hijo que necesita lo mínimo para vivir, te habría dejado todo para que te lo metas en donde no te da el sol.

Tomo mi hermoso bolso Gucci.

-Buenos días.

Mi ahora exmarido y su abogado se quedaron con la boca abierta mientras yo, sin mirar atrás, me iba de ese lugar seguida por mi abogada y mejor amiga, Laura Soriano.

-En un momento pensé que le ibas a meter una bofetada. Te juro que temí que todo se fuera al diablo. Ese tipo es insufrible.

Yo niego con la cabeza y sonrío.

-Enzo siempre fue así, solo que yo estaba tan enamorada que siempre justificaba todo -digo mientras pulso el botón del ascensor-. Y después, cuando nació Luca, pensé que las cosas iban a cambiar, pero eso nunca sucedió.

-¿Y ahora qué vas a hacer? ¿Pensaste en lo que vas a hacer?

Saco de mi bolso una pequeña carpeta con dos pobres hojas.

-Me voy a presentar donde me dijiste -le digo sonriendo-. Total, el "no" ya lo tengo, ¿no?

Laurita asiente.

-Con intentarlo no pierdes nada, amiga. Sé que tu formación es mucha para ser una simple secretaria... pero bueno, por algo se empieza, ¿no? -me mira de reojo.

Yo la miro arqueando una ceja.

-¿Qué tengo? ¿No combiné bien mi ropa o qué? -le digo mirándome-. Fue lo último de Armani que me compré cuando le detoné la extensión de la tarjeta a mi amado ex -bromeo, posando.

Claro que lo hice. Porque tengo dignidad y orgullo, ¿pero tonta? No, ni un pelo. El último año me dediqué a darme todos los gustos de los que me había privado. Ya de la Selena tranquila y buena esposa no quedaba nada.

-No, estás bien vestida. Siempre tuviste buen gusto para eso, solo que, en ese lugar, ahora que lo pienso, cuidan bastante la estética -mi amiga agacha la cabeza y me dice por lo bajo-: No quiero que te sientas mal... pero por ahí tu físico te juega en contra. Convengamos que estás un poquito pasada de kilos.

Yo me miro en el espejo del ascensor y me río.

-Bueno, no seré una modelo de Victoria's Secret, pero tengo lo mío. Para tener treinta y cinco años, yo me veo bien.

Una quiere hacer un esfuerzo por mantener el amor propio y la buena energía en alto, pero a veces el entorno no ayuda, entiendo que me lo dice por mi bien, pero ya me aburren con eso.

Yo me siento hermosa, libre y única. ¿Está mal eso? no lo creo.

Salgo de ahí como alma que se lleva el diablo, directo a la entrevista de trabajo, quedando con Laurita en vernos en un club exclusivo a la noche para celebrar mi divorcio.

Desde que tomé la decisión de separarme de esa calamidad masculina, comencé a buscar trabajo, pero me ha costado mucho porque nunca he trabajado en el ámbito para el que estudié. En mi casa estaba mañana, tarde y noche cumpliendo el rol de esposa y madre. Si bien con el paso del tiempo logré terminar mis estudios, nunca pude ejercer.

Así que, por recomendación de Laura, me postulé para trabajar en la empresa de uno de los hombres más famosos y ricos del país: Alessandro Di Doménico.

Estaciono y bajo con una esperanza que ni sé de dónde sale. El lugar parece un desfile fijo: hombres con trajes impolutos y mujeres divinas con vestidos entallados, tacones de diez centímetros. No entiendo cómo caminan sin fracturarse. Me acomodo el cabello oscuro y lacio, respiro y me acerco a la recepción.

-Soy Selena Barker. Vengo por el puesto de secretaria ejecutiva -digo abrazando mi Gucci como si tuviera superpoderes.

La recepcionista me escanea.

-¿Qué pasa? ¿Se me corrió el labial? -le lanzo, cansada.

Ella se sobresalta y sonríe.

-Pase al último piso. Están entrevistando arriba.

Subo y me coloco mis anteojos porque no sé si son los nervios o qué, pero mi pequeña miopía me está jugando en contra y empiezo a ver borroso. Al entrar al piso, la escena es clara: desfile de Barbies. Genial. De aquí salgo como entré: desempleada.

Me siento y, de inmediato, una mujer de unos sesenta años me hace señas.

-¿A mí? -pregunto, incrédula.

-Sí, usted.

Entro a una oficina y ahí está: una mujer sacada de revista, un monumento humano. La conozco. Eleonora Montalvo, la novia del jefe, o eso dicen los medios.

-La llamé porque, de todas las aspirantes, es la que más se ajusta a lo que busco. El puesto de Rita no lo puede ocupar cualquiera.

-¿Pero vio mi currículo? -le pregunto.

Lo toma y lo ojea como si fuera un volante.

-Tiene un hijo. Mejor. Está contratada. Preséntese el lunes a las nueve. Rita le explicará todo -sonríe, fría-. Mi prometido es un hombre particular. Necesito gente de mi confianza cerca de él.

Me miró de una manera extraña y yo me sentí en una escena de El Padrino. Trago saliva y asiento, agradecida. Estoy feliz por tener trabajo e inquieta por el jefe.

¿Qué quiso decir con que el señor en cuestión es un tanto particular? Es verdad que mucho no se sabe de él, solo que es multimillonario y que las fotos que le toman siempre son "robadas"; su perfil es muy bajo.

Bueno, como sea, estoy lista para lo que venga. Universo, ahí voy.

Capítulo 2 Galán misterioso

POV Selena

Apenas puedo creer mi suerte. ¡Esa mujer me contrató! Algo que creía imposible, sucedió. Nota mental: debo prohibirle a mi traicionera mente que me subestime; yo puedo lograr eso y mucho más.

Consejo: ¡Ustedes tampoco permitan que su mente las traicione, jamás!

Aunque Enzo me haya dicho una y mil veces que no podía hacer nada sin él. Que con quedarme en casa y criar a nuestro hijo estaba más que bien. Recuerdo las veces que agaché la cabeza, asintiendo, y juro que me dan ganas de darme un par de bofetadas. ¿En qué estaba pensando? ¿Cómo dejé que eso pasara?

Estaciono mi auto y suspiro mientras miro el lugar adonde me acabo de mudar. No es ni la mitad del sitio en el que vivía, pero bueno, así son las cosas. Mi exesposo hizo todo tan "bien", que prácticamente me fui con lo puesto.

Apenas entro, mi hijo viene con cara de pocos amigos.

-¿Por qué tardaste tanto? -reprocha-. Tengo hambre. Y no me gusta lo que cocina la abuela María.

La abuela, es mi madre. La amo, pero es mi tormento desde que tengo uso de razón. Veo que sale de la cocina secándose las manos.

-No puedo creer que te hayas ausentado por tanto tiempo, María Selena -me dice-. ¡El niño se muere de hambre!

Entorno los ojos, cuento hasta diez y me muerdo la lengua.

-Paciencia... paciencia -murmuro.

-¿Qué? -replica enojada-. Ya sabes que no me gusta que hables por lo bajo. ¿La estás escuchando a tu hija, Henry? -grita.

Mi padre, que está en la sala mirando el noticiero sin prestar la menor atención, apenas se gira.

-Hola, mi amor -me saluda sonriendo-. ¿Cómo te fue?

Adoro a ese hombre. Además de ser mi padre, es mi mejor amigo. Nunca he visto un rastro de decepción ni reproche en sus ojos. Ni siquiera cuando quedé embarazada, abandoné mis estudios y me casé.

Mientras mi mamá me persigue con una cuchara en la mano y mi hijo me sigue con reclamos, yo voy hasta donde está él. Respiro hondo.

-Quiero que me escuchen todos -digo con firmeza-. Así que necesito silencio.

Tanto mi madre como mi hijo -que ya conoce ese tono tan mío- se sientan sin emitir palabra.

-El divorcio está firmado. Y conseguí trabajo -sonrío y miro a mi madre-. Así que las cosas van a cambiar.

Mi padre sonríe, mi hijo me mira con los ojos abiertos como platos y mi madre, obviamente, protesta.

-Pero ¿y el niño? ¿Lo vas a dejar solo?

Ahí vamos otra vez.

-Irá al colegio y, cuando llegue a casa, estará Gina -miro la hora-. Es más, ya debe de estar por llegar, porque esta noche tengo que salir.

-¡Pero! -protesta ella-. ¿Cómo vas a dejar a mi nieto con la empleada? ¿Y qué es eso de que vas a salir?

-María... -musita mi padre.

-¡Está bien! -dice Luca, encogiéndose de hombros-. Me agrada Gina, es muy buena conmigo. ¡Te felicito, mamá! Me alegro por ti.

Le acaricio el rostro con suavidad y sonrío. Pero mi madre, como digna ama de casa que fue toda su vida, manifiesta su desacuerdo de la peor manera.

-No estoy de acuerdo... si Enzo, llega a saber esto...

Cierro mis ojos y tenso la mandíbula. Para cuando los abro, veo que mi padre se ha llevado a Luca al jardín. Aprovecho ese momento para empezar a ubicar a las personas que parece que han perdido su GPS emocional.

-Mira, madre, te diré esto una sola vez -le respondo con tanta tranquilidad que hasta yo me asombro-. Tengo treinta y cinco años, soy una mujer libre y, de ahora en más, haré lo que se me dé la gana. No pienso pedir permiso, ni a ti ni a nadie -tomo mis cosas para ir a mi habitación, pero antes de subir la escalera me giro-. Ah, y no me nombres nunca más a ese pedazo de mierd@ de Enzo -exijo-, que lo único bueno que me ha dado, es a mi hijo.

No escucho si me responde; creo que todavía está buscando el maxilar inferior que se le cayó al abrir tanto la boca. Toda mi vida hice silencio. Ya no.

Mientras me arreglo para salir, escucho a mi madre dando instrucciones a Gina; niego con la cabeza sonriendo. Ella necesita estar controlando a alguien para ser feliz.

Me miro al espejo con mi hermoso vestido rojo y un escote pronunciado. Juro que no me importa que se me ajuste al cuerpo y muestre mis rollitos. ¡Al diablo con todo! Me cansé de las dietas y los ejercicios. Esta soy yo; al que le guste, bien, y al que no, también.

Me pongo las sandalias del mismo color y bajo. Todos me miran como si estuvieran viéndome por primera vez.

-¿Vas a salir así? -dice con censura mi progenitora, para sorpresa de nadie-. ¡Henry! ¿Estás viendo cómo sale tu hija?

Él se acerca sonriendo y me da un beso en la mejilla.

-Estás hermosa, hija. Que te diviertas.

Mi hijo me dice lo mismo. Los hombres de mi vida son una bendición para mí.

-Ese trapito no deja lugar a la imaginación con su cuerpo no debería usar eso-protesta mi madre mientras voy saliendo de la casa.

Apenas llego al bar, veo a Laura esperando en la entrada. Otra a la que se le cae la mandíbula cuando me ve.

-¿Qué pasa? -digo-. ¿Tengo algo raro?

-No. Es que nunca te vi así... Estás muy llamativa, amiga. Tené cuidado, porque los buitres se te van a tirar encima.

Suelto una carcajada. Lo que menos quiero es a tipos molestándome. Yo solo vine a divertirme. Y lo hago, como diría la canción: un mojito... dos mojitos...

Mientras tomo, me doy cuenta de que en un VIP hay un tipo recostado en el sillón junto a otros hombres y mujeres que parecen modelos. Me tomo otro trago porque su mirada penetrante me pone nerviosa. No creo que me mire a mí, pero, increíblemente, nuestras miradas se encuentran en varias ocasiones. Mi mente me dice que no puede ser que se fije en mí teniendo a esa rubia despampanante casi encima de él.

Pero por las dudas, voy a tratar de no mirarlo. Es mejor así, no quiero quedar como una ridícula desesperada.

Mi respiración se acelera, pero no por el galán misterioso, sino porque veo a mi ex con su novia en una de las mesas. Y él también me ve. Su cara me demuestra que está furioso.

Me vale mierd@ lo que Enzo piense. Pido otro trago y, apenas me lo traen, me lo tomo.

-Te estás pasando, Sele... no deberías tomar tanto -me advierte Laura-. Tené cuidado.

-Ese... está aquí con su zorra -espeto-. Le di diez años de mi vida a esa basura. Voy a tomar hasta olvidarme de que ese cerdo alguna vez me tocó.

Para cuando me quiero dar cuenta, estoy bailando en la barra. Laura, en lugar de bajarme, me arenga desde abajo junto con otros hombres que gritan entusiasmados mientras suena un tema de Tini-creo-, de esos que me desinhiben por completo. Me muevo de manera sensual, acariciándome con suavidad el cuerpo, y de manera inconsciente miro hacia el VIP.

Ahí está, mi hombre oscuro y misterioso, mirándome con una sonrisa diabólica que me hace estremecer hasta el último cabello. Eso me enciende más aún y sigo moviéndome. Hasta que siento que alguien me tironea de la pierna y casi me hace trastabillar.

-¡Bajate de ahí, Selena! -me grita Enzo, furioso-. ¡Estás haciendo el ridículo!

Yo lucho por no bajar, pero mi estado no es el mejor.

-¡Dejame en paz! -grito.

-¡No! -responde Enzo, forzándome a bajar.

Caigo al suelo. Entonces, veo una silueta enorme que se acerca con rapidez y le propina un puñetazo a Enzo.

-¡Que la sueltes te dijo! -escucho una voz grave que sale en mi defensa.

Sonrío al verlo mejor. Es mi galán misterioso.

Capítulo 3 La reina de la noche

POV ALESSANDRO

VIERNES, 11:30 PM

Apenas puedo creer lo que me está pasando. Vine con unos amigos a este bar buscando lo de siempre: un lugar donde sé que tendré privacidad y un respiro del mundo que trato de controlar.

Como siempre, hay chicas que nos acompañan para divertirnos un poco. Necesito alejarme de la rutina, pero más que nada de la hija de mi socio, Eleonora. Sé que por mandato familiar y por mantener el equilibrio en nuestra sociedad, debería casarme con ella. Posiblemente algún día lo haga; es el precio de mi apellido. Pero no es algo que me preocupe en este momento. Mi mente está en cualquier lugar, menos en un altar.

Por ahora me limito a pasar la noche escuchando conversaciones absurdas y vacías de mis acompañantes. No me interesa lo que digan, pero al menos estoy lejos de mis responsabilidades y del control de "mi novia".

Sus celos son tales que hasta se atrevió a contratar a una secretaria a su gusto y parecer; obviamente para controlar cada uno de mis movimientos. Si ella cree que con eso podrá dominarme, está loca. Apenas el lunes esa mujer ponga un pie en la empresa, la pienso despedir. A mí nadie me va a decir qué tengo que hacer.

Eleonora no me conoce aun, no sabe de lo que soy capaz cuando una situación me satura. Si le tengo paciencia no es porque esté enamorado de ella, si no por los intereses económicos y la tradición que nos une, nada más.

Pero no pienso permitirle que se meta en mi vida más de lo que se lo he permitido

Me siento furioso con la situación, pero no dejaré que arruine mi noche. La chica que está conmigo parece dispuesta a todo; es más de lo mismo, plástico y perfume caro. Ya veré qué hago con ella más tar...

Un momento.

¿Quién es esa mujer?

¿Por qué tengo la sensación de que la conozco de alguna parte?

Quiero parar de mirarla, pero algo en ella me es muy familiar. Como si la hubiese visto antes.

No... eso es imposible. Vengo seguido aquí -de hecho, este bar es mío, es por así decirlo, mi refugio-, y sé quiénes vienen aquí y jamás la he visto. A su amiga creo haberla visto pero ¿a ella? Definitivamente, no.

Mi compañera me sigue hablando mientras me acaricia la entrepierna, pero yo, sigo enfocado en esa mujer.

Cabello largo y oscuro, piel blanca y una boca que por alguna razón me apetece mordérsela. Ni siquiera entiendo por qué, jamás me han atraído mujeres ni de su edad-parece de unos treinta-ni de su talla. A simple vista se nota que no es adepta al ejercicio, su vestido rojo no disimula ni un poco lo que le sobra de cuerpo.

Y, aun así, no puedo dejar de mirarla.

Mientras bebe sin parar, se ríe con un desparpajo y naturalidad que desarman.

En un momento nuestras miradas se cruzan y por ¡Dios Santo! Su mirada es la de una mujer que parece haber cruzado el infierno mismo y salir de allí como si nada le importara ya.

Ella se sonroja y noto que trata de esquivarme la mirada. ¿Por qué? ¿Acaso no le parezco atractivo? ¿No sabe quién soy yo? A mí, nadie me dice que no, jamás.

Menos una mujer como ella.

Y cuando creo que todo se limitará a unos tragos y a esquivar mis miradas, sucede hace algo impensado, algo que me deja pasmado por completo.

Se levanta de su silla y se dirige hacia la barra caminando y sonriendo como si fuera la put@ reina del club, con una seguridad y un magnetismo que ninguna de estas modelos tiene. El barman la ayuda a subir y comienza a moverse en principio, tímidamente al ritmo de una canción que ni conozco -pero ella parece que sí porque mientras baila, la canta.

Esa mujer, es hipnótica.

Hago un ademán para sacarme de encima a la chica que está a mi lado. Me enfoco en ella, viendo cómo se acaricia el cuerpo. Me mira y me sonríe con un tinte de perversidad en sus ojos.

¡Maldita sea! Estoy excitado como pocas veces.

Los hombres comienzan a acercarse alentándola y no solo eso, le comienzan a gritar elogios y a querer tocarla.

Eso me está molestando y mucho. Nadie la va a tocar, no, mientras yo esté presente.

Le ordeno a uno de mis hombres para que vaya a la barra y no deje que nadie se le acerque y mucho menos, la toque.

Pero cuando él está yendo veo que un tipo comienza a gritarle, no sé qué porque no puedo escuchar con la música. La toma de la pierna y comienza a forcejear con ella.

Ese es mi limite. Me levanto con una furia inexplicable y me voy hacia ese imbécil que intenta hacerle daño a la reina de la noche.

No mido ni mis palabras ni me fuerza. Quiero destrozarle la cara a ese idiota que se osó detener el espectáculo.

La escucho respirar agitada, en el suelo. La miro de soslayo, su vestido se le ha subido, mostrando lo que resta de sus regordetas piernas y parte de su trasero.

No me giro, no quiero avergonzarla más de lo que ya lo hizo ese imbécil, juro que quiero golpearlo hasta romperle el cuerpo, pero hay demasiados testigos y no me conviene exponerme.

-¿Quién te crees que eres, infeliz? ¡Esa es mi mujer! -Me grita el tipo, mientas se limpia la sangre de la boca.

Ah, reina de la noche, pervertida y promiscua. Algo en mí, extrañamente, se rompe.

Todas son iguales.

¿Qué diablos me está pasando? Debo haber tomado mucho.

-¡Ya no eres mi esposo! ¡Nos divorciamos hoy! -le grita ella con vehemencia. Es una fiera en una jaula.

Sonrió levemente esas son las palabras claves que necesito para darle la estocada final a mi miserable oponente.

-Dijo que la soltaras. Y por lo que veo, ya no es tu mujer. Es una mujer libre -asevero con frialdad y desdén-. Si la vuelves a tocar, el próximo golpe no será en la cara. Te lo puedo asegurar.

Lo puedo hacer. Con una sola orden, puedo hacer que ese tipo -quien quiera que sea-mañana esté comiendo barro.

El maldito se va con la mujerzuela que lo acompaña mascullando amenazas e improperios. Como si a mí me importara lo que ese inútil tiene para decirme.

Me agacho frente a ella y trato de mirarla, pero las luces están bajas y, aun así, mis ojos se enfocan en esa boca roja que me está trastornando desde que la vi.

-Debería tener más cuidado, Signorina -atino a decirle-. Las barras de los bares son traicioneras... igual que los hombres que no saben cuándo retirarse.

¡Ni siquiera sé lo que le estoy diciendo!

El licor y el deseo me está nublando la mente. Maldita sea, me voy de aquí antes de que quede en evidencia.

Me siento en mi lugar como si nada y cuando creo que todo quedará ahí, la extraña dama me sorprende, una vez más.

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