Había transcurrido un año desde que Siena Brabery y el joven empresario Samuel Crawford decidieron unir sus vidas sellando su compromiso. Para Siena, todo parecía un sueño: Samuel siempre la colmaba de detalles y ante todos eran la pareja ideal. Aunque en muchas ocasiones Siena tuvo que pasar sus noches y días en esa residencia sola, sin su esposo, no dejaba de sentirse feliz. Para ella, su esposo era todo lo que importaba. Con el paso de los meses, ambos empezaron a parecer extraños entre sí; los detalles con los que él la había conquistado poco a poco desaparecían.
Samuel pasaba más tiempo lejos de ella y rara vez convivían como pareja. Siempre encontraba una excusa perfecta para tranquilizarla; por su parte, Siena no pretendía convertirse en un obstáculo entre su esposo y su trabajo. Eran pasadas las doce de la noche cuando Samuel llegó a su residencia. Aquella llegada repentina de su parte dejó a la joven esposa enamorada y completamente feliz, a pesar de percibir que algo no estaba bien en su estado. Sin embargo, ella optó por guardar silencio. « ¿Desde cuándo había decidido beber tanto?» Pensaba ella mientras ayudaba a acostarlo sobre la cama. Verlo en esas condiciones solo la confundía, pues jamás, desde que estuvieron casados, él se habría atrevido a llegar en tales estados. Aquella noche, Samuel la había tomado como si fuera un trofeo. Cada vez que Siena intentaba levantarse y salir de debajo de él, era impedida por las caricias y los besos desenfrenados de su esposo. Se sentía como si estuviera poseído por algún espíritu, sometida por esa pasión desenfrenada. Al día siguiente, Siena estaba sentada en el pequeño jardín del recibidor frío, sosteniendo una taza de café caliente. No le importaba que estuviera fresco; estaba más interesada en tratar de entender aquel comportamiento extraño de su esposo. Después de mucho tiempo, volvieron a tener relación.
-Samuel, ¿vendrás a cenar? Puedo hacer tu platillo favorito -preguntó Siena mientras desayunaban, pero el silencio reinaba en aquel lugar.
-No, no lo haré... No me esperes -respondió de manera seca Samuel. Siena, al escuchar esas palabras, no entendía qué había ocurrido, mientras él se alejaba.
Quedó asombrada por la actitud fría de su esposo. Una noche más, Siena Brabery pasaba sola. Pasó un mes y Siena se sentía cada vez más cansada, pasaba más horas durmiendo. A pesar de no realizar ninguna actividad inusual, se encontraba agotada. Después de haber acudido al doctor, supo las verdaderas razones que la tenían de esa forma. Sin dudar un segundo más, tomó su móvil para llamar a su esposo. Una sonrisa se dibujaba en su rostro; aquella noticia la hacía tan feliz.
Emocionada al saber que estaba esperando un hijo, decidió ir a un centro comercial para pasear y ver todo lo relacionado con bebés. Caminaba lentamente, el viento golpeaba su rostro, y luego levantaba en el aire su largo y lacio cabello de color azabache. Pronto se encontró frente a una tienda de indumentaria para futuros padres. Al entrar, automáticamente llevó su mano a su vientre. Mientras paseaba y observaba cada detalle en el interior de la tienda, sentía una felicidad indescriptible. Sabía que estaba en la dulce espera de una hermosa niña o un príncipe que llenaría de felicidad el resto de su existencia. Por segunda vez, marcó el número de su esposo para llamarlo, y esta vez fue atendida por Samuel.
-Hola... Disculpa que te llame, pero quisiera verte en la cena. Tengo algo muy importante que hablar contigo -expresó Siena, para escuchar un suspiro leve al otro lado de la llamada.
- ¡Sí, está bien!... También tengo algo que decirte -dijo Samuel antes de colgar, dejando a su esposa con la palabra en la boca.
- ¡Vaya, qué extraño! -fueron las únicas palabras que dijo ella después de cortar la llamada. Prefirió continuar con las compras y luego se metió en la cocina para preparar algo acorde a la ocasión. Tras pasar casi cuatro horas cocinando y preparando todo lo necesario, finalmente estaba todo listo. Cada detalle romántico estaba dispuesto sobre la mesa. Finalmente, decidió bañarse y estar lista para recibir a su adorado invitado. Mientras se peinaba frente a su tocador, Siena pudo escuchar el auto de su esposo estacionado frente a la casa y se apresuró a recibirlo. Estaba ansiosa por compartir la feliz noticia de que ambos serían padres muy pronto. Sin embargo, la seriedad habitaba en el rostro de Samuel. Casi nunca lograba verlo así, mucho menos recibir un saludo apropiado, como lo haría un esposo atento y enamorado. -Has llegado...
-Me ducharé y bajo enseguida -interrumpió Samuel a Siena antes de que ella pudiera terminar de hablar. Pero la paciencia y el amor que ella sentía por su esposo eran muy poderosos. Mientras Samuel se duchaba, Siena preparaba la champañera con la bebida especial que a él le gustaba beber. Finalmente, estaban frente a frente, sentados sin poder intercambiar una palabra.
La mirada de Samuel ni siquiera se dirigía a Siena, pero ella se sentía feliz de tenerlo allí, a punto de compartirle una noticia muy importante. Las manos de Samuel jugueteaban con sus dedos sobre su pierna, tratando de encontrar la manera de entablar una conversación con su esposa.
-Debo decirte algo...
-Debemos hablar -los dos intentaron hablar al mismo tiempo; era evidente que ambos deseaban decir algo.
-Continúa, habla tú primero -dijo Siena con voz temblorosa.
-No, habla tú. Lo mío puede esperar unos minutos más -Siena siempre ponía a los demás por encima de ella, y esta vez no sería diferente.
- ¡Quiero el divorcio! -fueron las palabras de Samuel. En la mente de Siena, solo resonaba una y otra vez esa palabra. La petición de Samuel tomó por sorpresa a Siena, ya que, a pesar de haber escuchado correctamente, no podía comprender cómo habían llegado a esto.
- ¿Un divorcio? ¿Qué fue lo que te impulsó a pedírmelo? -Se atrevió a preguntar, incapaz de comprender o aceptar aquella decisión por parte de él.
-Solo firma este divorcio y acabemos con esto de una vez por todas -dijo Samuel mientras extendía un sobre sobre la mesa, conteniendo la solicitud de divorcio. Sin poder decir una palabra más, Siena tomó el sobre para abrirlo y leerlo. Mientras leía el documento, las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos, y con dificultad tragó saliva. -Toma, solo firma. No te faltará nada. Pagaré tus gastos cada mes y también un pequeño apartamento para ti -Después de leer minuciosamente, Siena cerró precipitadamente el sobre. Esto solo aumentó la ira de Siena y el inmenso dolor que sentía. Samuel, al ver la negativa de ella a firmar, se levantó para pasar junto a Siena. Ella agarró la mano de Samuel, tratando de mantenerlo quieto, pero para él, el gesto de Siena no significaba nada.
- ¿Estás seguro de lo que deseas? -Siena dirigió sus ojos directamente al rostro del hombre que una vez la enamoró profundamente, pero que ahora solo le causaba un dolor intenso, convirtiéndola en la mujer más desdichada. La noticia de felicidad que planeaba compartir con su esposo pasó a segundo plano. En ese momento, la profunda decepción la acechaba. No había tenido en cuenta que llevaba una vida en su vientre. Samuel la miró con desprecio, reflejando en sus ojos el desdén hacia la mujer que alguna vez amó.
- ¡Sí, lo estoy! -dijo Samuel, fulminando a Siena con la mirada. Luego retiró su mano de la de ella y se alejó. Esa noche fue quizás la peor para Siena Brabery desde que se casó. Pasó toda la noche sin dormir, intentando comprender por qué su esposo pedía el divorcio. Nada tenía sentido en su mente. Pasó otro mes y Siena estaba desolada. La familia de su esposo le dio la espalda sin saber que ella llevaba el fruto de su amor en su vientre. No importaba lo mucho que intentara, no la aceptarían ni la comprenderían. Samuel había cumplido su palabra: compró un pequeño departamento, mucho más pequeño que la residencia en la que vivía Siena. Sentada en su sala, Siena estaba recostada en el sofá. No le importaba si pasaba el día allí. El timbre sonó, anunciando la presencia de alguien. Lentamente, y sin ánimo de levantarse, hizo un esfuerzo.
-Hola, un gusto. Soy Augusto Villarreal, vengo de parte de su esposo, el señor Samuel Crawford -Siena no esperaba que Samuel enviara un abogado.
-Señora Siena Brabery, si lo desea, puede llamar a un abogado para que la asesore- dijo Augusto. Mientras Siena escuchaba las palabras del abogado de su esposo, leía el documento. Su rostro se tensaba más a medida que avanzaba.
-Abogado, creo que hay un error en el documento. Recuerdo que Samuel dijo que compraría una nueva residencia y también proporcionaría una mensualidad. ¿Se retractó su cliente? -Siena recordaba claramente las palabras de su esposo.
-Lo siento, señora Siena, pero es lo que mi cliente me ha indicado -Siena estaba perpleja al ver lo que tenía ante ella.
-Está bien, lo firmaré. Solo quiero desvincularme lo antes posible de su cliente -Siena estaba firmando el documento.
-Aquí tiene. Esta noche a más tardar, se abonará esta residencia. Por favor, permítame acompañarla -Siena intentaba mantener la compostura, no quería ser objeto de chismes. Esa tarde empezó a reunir sus pertenencias. Mientras lo hacía, lloraba. El dolor la abrumó y cayó cerca de su cama, abrazando sus rodillas, desahogándose como si fuera lo último que pudiera hacer. Su única amiga, Marget, había ido a vivir a Francia, perdiendo la oportunidad de verse con ella. En cuanto a sus padres, la madre había decidido formar una nueva familia lejos de ella, en lugar de volver y pedir ayuda. Siena prefería intentar salir adelante por sí misma. Habían pasado tres meses desde que Siena había firmado el divorcio exigido por su ex-esposo. Actualmente, vivía en el apartamento que Samuel le había comprado. Los primeros meses del divorcio, él cumplió con la mensualidad, a pesar de su embarazo. Siena continuaba buscando un buen trabajo que le pagara lo suficiente para mantenerse con su propio ingreso. Pero, ¿quién dijo que sería tan fácil como tomarle una galleta a un niño? El poco ahorro se estaba agotando rápidamente, al igual que el tiempo que tenía para encontrar empleo. Nada de lo que ella esperaba se estaba materializando. Jamás imaginó que ser madre soltera sería tan difícil. Cada vez que se sentía decaída, ponía su mano sobre su vientre, donde aún permanecía esa pequeña esperanza, dándole aliento y la fuerza suficiente para seguir adelante. Mientras caminaba por la ciudad, Siena pasó frente a un puesto de revistas y diarios. Sabía que tener un periódico aumentaría sus posibilidades de conseguir empleo. Detuvo su caminar para verificar si tenía algo de dinero en el bolsillo de sus vaqueros desgastados. Sacó dos billetes de un dólar y se dirigió hacia el puesto. Mientras intentaba tomar un periódico, sus ojos se posaron en una revista de farándula. En la portada estaba el padre de su hijo. Jamás lo había visto con esa sonrisa. Esta vez se veía diferente, con los ojos brillantes que alguna vez la miraron. Pasaron tantos años, pero ella no olvidaba cada detalle de sus citas.
-Me llevo los dos -dijo con dulzura, llamando la atención de las otras mujeres presentes. Pronto sintió que todas las miradas estaban sobre ella, como si fuera presa de un juicio. - ¿No es ella la ex-esposa de Samuel Crawford?... -Se parece mucho a ella... Fueron algunos de los comentarios que escuchó. Avergonzada, se alejó del lugar. Aunque no hizo nada, sintió que todas las personas importantes para ella se burlaban de ella. Aquí está el texto corregido, editado y con cambios en el estilo ortográfico en tiempo verbal pasado «El CEO Crawford de la empresa Elementary se casará con su prometida después de haberse conocido en el verano del año anterior» Anunciaba la revista. Siena, al ver esa noticia, no podía creer que la hubieran engañado todo ese tiempo. Mientras las personas pasaban a su lado, luchaba por contener las lágrimas. Arrugó la revista para ocultar su dolor, evitando que los demás notaran su afectación por esa noticia. Con el paso de los meses, a Siena le resultaba cada vez más difícil conseguir un trabajo, pero aun así no perdía la esperanza de lograrlo. Solo el amor que sentía por la pequeña familia que crecía dentro de ella la impulsaba a seguir adelante. Sabía que más pruebas vendrían para poner a prueba su fortaleza.
La luz atravesaba aquel cristal, inundando el pequeño cuarto de Siena. El día apenas comenzaba y ella sabía que lo primero era alimentar a su pequeño hijo, Dylan Brabery. Mientras lo sostenía en brazos, nada la perturbaba; sentir sus manitas entre las suyas le otorgaban seguridad, paz y una profunda esperanza.
- ¡Oh, mi adorado hijo! Eres todo para mí, pero mami debe ir a una entrevista de trabajo -mientras Siena hablaba con su pequeño hijo, el timbre de su pequeño apartamento no dejaba de sonar.
-Justo a tiempo... Ya lo alimenté, en la nevera dejé un poco de mi leche. Selim, ¿Estás segura de que puedes cuidarlo? -como toda madre primeriza, tenía la preocupación de dejar a su pequeño bebé con alguien más.
-Oye, ya basta. Sabes que puedo hacerlo, además estaremos en constante comunicación. Toma, llévate este celular, allí ya está guardado mi número, ¿Está bien? -Selim sabía que Siena no estaría tranquila dejándola con su hijo. Era una oportunidad de trabajo y no podía permitirse perderla por las inseguridades de una madre.
-Está bien... te llamaré desde este celular. Muchas gracias por tu ayuda, Selim -Siena tomó las manos de Selim para agradecerle. Desde que se conocieron, no se había separado. Ambas se habían brindado apoyo mutuo en cada prueba que les ofrecía la dura vida que llevaban. Eran las siete de la mañana y aún no estaba ni siquiera cerca de las puertas de esa empresa.
Los nervios la atenazaban y sus manos estaban heladas. Solo ella sabía lo crucial que era conseguir ese trabajo.
-Por favor, acelere, señor, necesito llegar a mi destino -el chofer del taxi la miraba a través del espejo retrovisor, con una leve sonrisa en el rostro.
- No se preocupe, señorita, conocerá su destino en unas horas -por un momento, las palabras de aquel hombre captaron la atención de Siena, pero luego las dejó pasar como una afirmación más que como un aviso. Parada frente a aquel imponente edificio, observaba atentamente "El Cielo Digital".
A pesar de que en el folleto parecía una empresa pequeña, al encontrarse frente a aquel imponente edificio, sus nervios aumentaron considerablemente. Respiró profundamente antes de entrar en el interior de la empresa.
-Buenas tardes... Vengo por una entrevista de trabajo -la mujer frente a Siena parecía no estar acostumbrada a ser tan amable con personas ajenas a la empresa.
-Sí... Aquí tiene. Mientras espera ser llamada por el gerente, puede rellenar sus datos personales -Siena tomó la planilla y se sentó para empezar a completarla. A medida que escribía, no lograba convencerse de que conseguiría el puesto de asistente. En la parte superior del formulario, había un espacio para indicar si tenía esposo e hijos. Sus pensamientos la llevaron a otro lugar, olvidando que en ese momento el gerente ya la estaba citando para la entrevista.
- ¡Señorita Siena Brabery!... ¿Señorita, está bien? ¡Señorita Siena! -la recepcionista se acercó a ella al ver que no respondía al llamado del gerente. Ya había sido llamada dos veces por el gerente y ella, sin prestar atención, seguía inmersa en aquel dilema sobre si debía o no poner en el formulario que era madre soltera. La menor duda la distraía más que lo que ocurría a su alrededor.
- ¡Oh, lo siento, estaba distraída! -Se disculpó Siena avergonzada.
- El gerente Starling, por favor sígame, la llevaré a la sala de juntas -Siena caminaba tras la mujer que iba delante de ella. Eran casi de la misma estatura y, en comparación, la mujer estaba bien presentada, llevaba una falda entallada, una camisa blanca y una chaqueta negra que le quedaban muy bien. Siena observaba atentamente cada detalle a su alrededor.
- ¡Por aquí, por favor! -Siena entró en una habitación que era el doble de grande que su pequeño apartamento. Era evidente que la belleza del lugar la deslumbró. Un hombre estaba parado frente a un imponente ventanal. Ella imaginaba la vista que él tenía. Parada al lado de una silla junto a la mesa, no pudo evitar aclararse la garganta.
- Buen día, señorita... -el gerente, de aspecto serio pero elegante, revisaba el currículum vitae que Selim había enviado al departamento de gestión.
-Siena Brabery, el gerente Starling la llama -Ella logró captar la atención del hombre. Parecía que el puesto de asistente era muy solicitado en esa empresa.
- Por favor, siéntese. Es un placer tenerla aquí. Por lo que veo, maneja muy bien el portugués, guaraní y el español. ¿Es correcto, señorita? -Los ojos del hombre se posaron en el rostro de Siena. El nerviosismo la invadía de nuevo; tanto que se notaba al aclararse la garganta. Sin embargo, su corazón latía frenéticamente mientras intentaba mantener la calma. Se esforzó por sonreír para disipar cualquier inseguridad que el hombre pudiera percibir en ella.
-Sí, es correcto -respondió con seguridad. - No tiene esposo, hijos, y al parecer, ningún familiar. Sí... Creo que no tendría problemas en tomar el puesto. Pero hay algo que no la favorece, no tiene experiencia como asistente, a pesar de haber estudiado para secretaria -dijo el gerente, desvaneciendo la pequeña seguridad de ella al oírlo hablar. En ese momento, el teléfono de la sala sonó con intensidad, interrumpiendo la conversación.
- ¿Sí, quién habla? Oh, señor, es usted... Sí, claro señor, así será -la llamada no duró mucho tiempo.
- Está bien, señorita Brabery, el puesto de asistente ejecutivo será suyo. ¿Cree que podrá comenzar desde mañana? -las palabras del gerente dejaron a la joven madre con la boca abierta, ya que no tenía fe en que el trabajo sería suyo. En ese momento, una sonrisa se dibujó en su rostro. Sin embargo, para el gerente, resultaba extraño verla así, ya que cuando se presentó ante él estaba seria e insegura.
Salió a la elegante calle de Nueva Italia, pero no miró a su alrededor. Lo primero que hizo fue llamar a Selim para darle la buena noticia, tenía trabajo y podía mantener a su pequeño hijo. Había perdido a Samuel, pero de ninguna forma iba a perder a su hijo Dylan. La noche se apoderaba poco a poco de la ciudad, el aire veraniego era el clima favorito de Siena. Decidió preparar algo rápido para la cena y tomó una bebida con su amiga de lucha en su balcón, disfrutando la belleza de la noche. Siena recordaba cuando conoció al padre de su hijo, la nostalgia la envolvía como un temporal.
- ¿Por qué tuvo que ser de esta manera? -preguntó en voz alta. La atención de Selim se posó en ella mientras ambas bebían. Las lágrimas amenazaban con salir de los ojos de Siena. Tragó la bebida con dificultad.
- Porque no te valoraba, y porque no valía la pena para ti... Mira, seca esas lágrimas, deja de pensar en ese idiota que solo te hizo sufrir durante tantos años -las palabras de Selim, en cierta medida, le devolvían la cordura. Sabía que lamentarse por Samuel no servía de nada, y que quizás él era feliz con su nueva familia.
Al día siguiente, Selim le prestó algunas prendas de ropa de la empresa. Aunque ella trabajaba en el departamento de marketing y publicidad, había cambiado de trabajo por las noches y esas prendas ya no le servían para nada. El cambio en su vestimenta favoreció enormemente a Siena. Eran las siete de la mañana y ella debía llegar antes que su jefe; eran las reglas que debía seguir para comenzar el día.
El gerente Starling le había dejado un apunte con todas las tareas por hacer, asignadas por horas. Los empleados iban llegando poco a poco, saludándola y dándole la bienvenida. Algunos mostraban un ánimo contagioso, pero otros parecían sentir lástima por ella al tener el puesto de asistente.
- Sabes... te compadezco. Deberías considerar cambiar de puesto -dijo una mujer de cabello rubio y rostro más rellenado. Para Siena no era algo extraño; el temor de encontrarse con un jefe autoritario estaba presente en su mente. Se imaginaba que su jefe sería uno de esos hombres corpulentos, con semblante serio y de trato difícil, aquellos que no dudaban en gritar a los empleados por un solo error, sin importar quién estuviera presente.
Un hombre salía del ascensor y se dirigía hacia ella. Su presencia era imponente, y un silencio se cernía a su alrededor mientras caminaba entre los demás. Estaba absorto en su teléfono móvil y su forma de deslizar el dedo por la pantalla le pareció extrañamente insolente. Quizás fue su mirada oscura y desaprobadora, que parecía un roce íntimo y desafiante. A pesar de haberse esforzado siempre tratar de proyectar la imagen de una mujer que disfrutaba de los placeres físicos, la verdad era que no le gustaba que la tocaran. Nunca. Ni siquiera un roce que no fuera real. Una extraña sensación se apoderó de ella mientras sostenía con fuerza aquel apunte contra su pecho.
- ¿Usted es mi nueva asistente? -preguntó él. El impacto de aquel hombre resonaba en todo el cuerpo de Siena; sentía que sus piernas se negaban a responder y su ser colapsaba como si una avalancha se desprendiera de lo alto de una montaña.
- ¿Está bien? Señorita... Oiga, ¿Me escucha? - Pregunto curioso aquel hombre que estaba frente a ella, sus ojos penetrantes la estudiaban detenidamente.
- Oh, sí, lo siento. Me llamo Siena y soy su nueva asistente, señor -dijo Siena presentándose. Antes de que pudiera terminar su presentación, el hombre misterioso la interrumpió. Las miradas de los demás se posaron sobre ella; al mirar alrededor, notó que los demás fingían desentenderse.
- Ve. El señor AC se molestará, y no queremos eso, ¿verdad? -La mujer la guío hacia la puerta de la oficina de su jefe, conocido por su autoritarismo e imprevisibilidad. Siena tomó aire antes de tocar la puerta
- ¡Adelante! -Se escuchó desde el interior de la oficina. De manera temerosa, Siena entró y cerró la puerta tras de sí. Aquel hombre era... todo. Demasiado alto, demasiado sólido. Demasiado imponente. Su traje oscuro destacaba un cuerpo atlético y el pelo negro bien cortado parecía esconder un rizo natural. Tenía la piel morena y la boca más sensual que había visto en un hombre, aunque apretaba los labios en un gesto hosco. Era sorprendentemente apuesto, casi asombroso. Y tan letal como una hoja de acero templado. Asher Crosetti soltó el bolígrafo para levantar la mirada una vez más. Ambos no se daban cuenta de que se miraban directamente a los ojos. Siena no tuvo tiempo para hablar. No tenía tiempo en absoluto. Sintió la vibración de su móvil en el bolsillo y supo lo que eso significaba.
Sacó el celular de su bolsillo, era Selim. Sin poder responder ni guardar el móvil, ya tenía al hombre asombroso frente a ella. Los nervios la traicionaron; al dejar caer el móvil, Asher logró atraparlo antes de que impactara en el suelo.
-Lo siento, qué torpeza la mía -dijo Siena con voz temblorosa.
-Señorita Brabery, ¿se disculpa constantemente, verdad? -Siena sentía cómo su rostro se ponía rojo; la vergüenza la invadía cada segundo. Sus manos permanecían sudorosas y frías. Una extraña sensación se apoderaba de ella, una mezcla de emociones que pensó no sentiría jamás. Había una atracción entre ambos, pero la realidad la llamaba. Pase lo que pase, debía conservar su trabajo y recordar que era madre de un hermoso niño esperándola en casa.
- ¡Llama a una reunión dentro de una hora!... Y tome su celular, trate de no dejar caer un aparato tan valioso en el trabajo -expresó Asher. Sus ojos oscuros resultaban aún más atractivos de cerca, brillando como oro bruñido bajo la luz del sol. Brabery se quedó sin aliento y no entendía por qué.
Tampoco comprendía por qué él la miraba con gesto ofendido. Su teléfono no dejaba de vibrar, estaba a punto de ponerse a llorar allí mismo, en plena presencia de su jefe, por lo que dejó de prestar atención al silencioso y formidable desconocido, y abrió la puerta de la oficina para salir. Por su parte, Asher entendía que aquella joven estaba tímida, temerosa e intranquila, seguramente influenciada por las historias que habían circulado sobre él.
Siena se esforzaba por cumplir las expectativas de su jefe y compañeros de trabajo. Poco a poco, la formalidad elegante con la que la trataban se estaba disipando; durante la hora de almuerzo, todos compartían en el restaurante de la empresa. Trataba de evitar preguntas íntimas y deseaba terminar el almuerzo rápidamente. Cuando se dispuso a levantarse, recibió una llamada de Selim.
- ¿Cómo están allí? -pregunto Siena, había logrado subir a la terraza del edificio, el lugar ideal para una video llamada con Selim y ver a su hijo.
- ¡Estamos genial! Ya lo bañé y le di de comer. ¿No es cierto, mi pequeño? -dijo Selim. Ese momento era especial para la bella asistente, ver a su hijo en la pantalla la tranquilizaba.
-Bien... En cuanto termine de trabajar, regresaré a casa. Oye, Selim, debo colgar -Siena cortó rápidamente la llamada al escuchar un ruido que captó su atención. Se dirigió hacia el origen del sonido, aunque aún faltaba media hora para volver a su oficina; la curiosidad la estaba matando.
De repente, unas manos fuertes la sujetaron, lo que la hizo exhalar un jadeo.
- ¿Qué hace aquí, señorita Brabery? -Sorprendida por aquella voz, Siena abrió los ojos automáticamente.
No entendía por qué la tuteaba ni por qué la miraba de esa manera. Por alguna razón, aquel hombre le recordaba, por primera vez en mucho tiempo o quizás por primera vez en su vida, que era una mujer.
Atrapada contra la pared de la terraza del edificio, Siena no tenía escapatoria.
-Por favor, déjeme ir... No estaba espiándolo ni nada por el estilo, señor. ¡Créame! -exclamó ella.
- ¿Y qué hacía aquí entonces?... ¿Hablando con su esposo? ¿O quizás con su prometido? -Él preguntó algo tan íntimo que a ella le resultó desconcertante que le interesara la vida personal de los demás, era inaudito.
-Mis disculpas -replicó él a Siena con tono irónico.
- Evidentemente, cometí un error. -se enderezó, pero eso no mejoró la situación. La mirada de Asher se intensificaba aún más, el brillo de sus ojos oscuros se volvió más penetrante y cuando sonrió burlonamente, Siena sintió un escalofrío.
-Vaya, me gustaría seguir conversando con usted, pero debemos trabajar -sintió un gran alivio al ver que su nuevo jefe la dejaba ir sin seguir interrogándola.
Salió rápidamente, prácticamente huyendo de ese lugar y bajó las escaleras. No sabía cómo no había tropezado y rodado por las escaleras con los tacones de sus zapatos. Se sentía incómoda con la presencia de ese hombre. La tarde iba llegando a su fin y Siena ansiaba la hora de salir de allí para ver a su pequeño niño.
Una ventana transparente separaba la oficina de Siena de la de su jefe. Asher, discretamente, observaba atentamente a su nueva secretaria. Algo en ella lo atraía, no sabía si era su belleza o su aura de misterio.
Después de haber pasado casi ocho horas detrás de aquel escritorio, ordenando, limpiando y organizando la agenda apretada de su jefe, la alarma de su celular sonó, indicando que era hora de retirarse. Siena tomó su bolso y se dirigió hacia la salida. Mientras tanto, Asher permanecía en la oficina, observando a Siena mientras ella se marchaba, y verificó la hora en su reloj. No tenía intención de detenerla, pero era evidente que buscaría sus datos personales.
No recordaba dónde o con quién la había visto. Asher pensó que tal vez estaba confundiéndola con alguna mujer que se había encontrado fuera de la empresa. Sin embargo, esa intriga lo acechaba y estaba decidido a averiguarlo.
- Starling, tráeme los datos personales de la nueva asistente a la oficina -demandó con voz seca. El gerente llevó el documento ante Asher antes de retirarse.
- Señor... ¿Está todo bien con la nueva asistente? -se atrevió a preguntar Starling.
- Sí, solo estoy verificando por rutina. Ya puedes retirarte, Starling -respondió Asher mientras ojeaba los datos personales de Siena.
Aunque nada de lo que leía le parecía extraño, el apellido Brabery llamaba mucho su atención. Después de haber quedado completamente solo, sentado en su silla frente a su escritorio, intentó recordar dónde la había visto, pero no logró recordar.
En el apartamento de Siena, madre e hijo estaban juntos nuevamente. El hecho de pasar tantas horas lejos de su bebé no agradaba en absoluto a la joven madre. Dylan tomaba su leche mientras su madre reflexionaba sobre todo lo ocurrido en la empresa.
A diferencia de su jefe, ella estaba cansada y no dudó en irse a dormir temprano. Al día siguiente, debía estar en la oficina antes que su jefe.
Las semanas transcurrieron de manera normal y Asher no se había presentado en la empresa desde hacía una semana, lo que dejaba a Siena más tranquila y cómoda.
Era viernes y para Siena era un alivio saber que pasaría todo el fin de semana junto a su hijo. Solo necesitaba dejar todo en orden para el lunes y retirarse más temprano. Mientras cerraba la computadora de su oficina, su celular sonó, pero ella, segura de que sería Selim, decidió no contestar.
Al salir de la oficina, una bocina de auto llamó su atención, pero prefirió ignorarla, sin interés en saber quién la llamaba. Caminaba alegremente por las calles cuando fue interceptada por el mismo auto y la persona a la que menos esperaba ver, la miraba de manera arrogante.
- Señor Asher, me tomé la libertad de salir un poco más temprano - dijo Siena, frustrada por ver a Asher Crosetti y saber que su plan de llegar a casa más temprano fue truncado.
- Por supuesto -añadió él, esbozando una sardónica sonrisa -Sube, por favor- concluyo.
Siena se sentía como una presa a punto de caer en las redes de un depredador, sujetando con más intensidad su bolso para reprimir sus miedos. Asher caminaba hacia la puerta del pasajero mientras abría la puerta del acompañante.
Luego tomó su mano, supuestamente para ayudarla a subir al coche. Fue como un estallido de fuegos artificiales. Aquello era una locura.
Las sensaciones galopaban en su interior. Era como un incendio que la envolvía por completo, haciendo que la ciudad y toda su historia desaparecieran, como si nunca hubieran ocurrido. Haciéndola preguntarse, anhelar...
Quería apartar la mano, como solía hacer siempre que alguien la tocaba sin su permiso, pero no lo hizo. Porque por segunda vez en su vida quería seguir tocando a un hombre. Esa asombrosa verdad provocó un terremoto en su interior.
- No podremos irnos si no subes al coche -dijo Asher, mirándola de una manera que la dejó sin aliento.
Su voz parecía avivar un fuego dentro de ella, como si el roce de su mano fuera un acto sexual. Y eso sería una tragedia, ¿verdad? Siena no podía respirar y temía que la sensación que la envolvía no fuera pánico. Porque ella sabía lo que era el pánico y aquello era mucho más profundo. Era algo que te cambiaba la vida, pensó, atónita.
Pero lo único en lo que debía pensar era en su hijo que la esperaba en casa. Intentó apartar la confusión y subir al coche antes de que sus piernas flaquearan. Antes de hacer algo que luego lamentaría, como acercarse más a ese hombre que la estaba llevando a experimentar una vez más el fino camino de volver a sentir amor por alguien más.
- Dime tu dirección, te llevaré a tu casa -Siena abrió los ojos, ya que no tenía previsto que la llevaran directamente a su casa. Esto aumentó sus nervios, ya que no quería revelar que era madre soltera. Sabía que si su jefe descubriera que tenía un hijo tan pequeño, correría el riesgo de perder su trabajo.
Asher observaba detenidamente a Siena y notaba su incomodidad ante la propuesta.
Una sonrisa forzada apareció en el rostro de la joven madre - Sí, claro. Pero si tienes prisa, puedo tomar el autobús. No será un problema para mí -dijo Siena mientras intentó salir del auto, pero escuchó que se cerraban las puertas automáticamente.
-No, no tengo prisa... ¿Tú la tienes? -interrumpió de repente Asher, dejando a Siena sin palabras ni posibilidad de responder.
-No, no, claro que no -respondió Siena, nerviosa. El viaje fue incómodo, Siena evitó hablar, sintiendo que Asher la estaba examinando, como si estuviera esperando que cometiera un error para despedirla.
- Aquí es... Disculpa las molestias de cruzar toda la ciudad -Asher se inclinó para ver el edificio cercano. Todo aquello le resultaba extraño; solo se le ocurrió que quizás ella había proporcionado una dirección falsa para no ser rechazada.
- ¿Vives aquí?... ¿No está muy lejos de tu trabajo? Si quieres, puedo pasarte a recoger -propuso Asher. Siena, preocupada, no quería pensar en lo que su jefe diría si descubría que había dado una dirección falsa para mantener el trabajo. Un nerviosismo disfrazado de risa se escapó de Siena. Por su parte, Asher la miraba atentamente, seguro de que algo en ella no era normal.
-Nos vemos el lunes... ¡Que tengas un buen fin de semana, señor! -Siena dejó a Asher con la palabra en la boca y se adentró en el edificio. Asher decidió marcharse, pero en el camino recordó que ella había dado esa dirección. La duda se instaló desde el momento en que notó su extraño comportamiento. Estacionó su auto al lado de la carretera. Asher solía seguir su intuición, algo que no hacía con frecuencia, pero casi nunca fallaba.
«Qué tontería» «Pero, no pierdo nada con comprobarlo» pensó para sí mismo mientras volvía al edificio. Abrió el maletero de su auto y tomó una carpeta con documentos; tendría una excusa válida, la carpeta contenía documentos para que ella firmara y se inscribiera en un seguro médico.
Caminó hacia la puerta del edificio con la carpeta en la mano y extiende la mano para abrirla justo en el momento en que una mujer de edad avanzada lo hace.
- Disculpe... Estoy buscando a una joven llamada Siena Brabery -dijo Asher. La mujer lo mira como si fuera de otro planeta o como si estuviera hablando otro idioma.
-No conozco a ninguna mujer joven viviendo aquí, jovencito -responde la mujer, dejando a Asher perplejo. No podía creer o no quería creer que Siena hubiera mentido descaradamente.
- Un momento, ya no la molestaré... ¿Ha visto a esta mujer entrar aquí o venir con frecuencia? -preguntò Asher mientras le muestra una fotografía. La mujer observa con atención y luego mira detenidamente al joven.
- No, joven, jamás la he visto. ¿Y qué haría aquí, joven? Esto es un albergue para ancianos. ¿Tiene familia aquí, joven? - responde la mujer. Una vez más, Asher había confiado en sus intuiciones y, por supuesto, no le habían fallado.
Mientras la mujer de edad avanzada se aleja, Asher observa el edificio. Arruga con fuerza el documento que tiene en la mano. La fotografía que le había quitado a Siena le había ayudado a descubrir la mentira que ella había creado.
Mientras conduce de regreso a casa, Asher sigue intentando entender la actitud de esa mujer que le pareció interesante. La belleza de ella lo había cautivado, pero al mismo tiempo le había desafiado a descubrir el secreto que su asistente intentaba ocultar con tanto afán.
Una llamada interrumpe su concentración -Hola... ¿Dime, Katherine? ¿Qué sucede? -pregunto Asher, curioso al ver que era su hermana quien intentaba hablando con él. Había pasado mucho tiempo desde que se había casado con el empresario e incompetente directo de la empresa "Cielo Digital".
- Estamos en la casa de nuestro padre, quería invitarte a una cena que tendremos con él - Dice Katherine. Asher sabe que esa cena no será una ocasión ordinaria. Tener que aguantar la presencia de su cuñado será una verdadera pesadilla.