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Una Mentira por Amor

Una Mentira por Amor

Autor: : sxtzambrana
Género: Romance
Damián Ferreira es un CEO brillante pero solitario que se finge inválido para investigar quién intenta traicionarlo en su empresa. Para mantener las apariencias, contrata a Valeria, una periodista encubierta que también tiene sus propios motivos para aceptar el trato. Lo que ambos no esperaban era enamorarse en medio de un torbellino de secretos.

Capítulo 1 Un Encuentro Inesperado

El aroma a café recién hecho llenaba el aire en el café donde Valeria Armenta solía refugiarse cuando necesitaba pensar. Era un lugar discreto, con mesas de madera desgastada y paredes adornadas con estanterías llenas de libros viejos. La lluvia también golpeaba los ventanales, pero en este rincón del East Village, todo parecía más tranquilo. Valeria estaba absorta revisando notas en su libreta, su cabello castaño recogido en un moño desordenado y una pluma bailando entre sus dedos.

Había sido una semana particularmente frustrante. Su última investigación, una exposición sobre prácticas corruptas en una empresa farmacéutica, había sido enterrada por el editor en jefe del medio donde trabajaba. "Demasiado riesgo legal," había dicho, aunque ella sabía que el verdadero motivo era la presión de los anunciantes. La impotencia la carcomía. Sentía que su pasión por el periodismo se estrellaba contra las barreras del poder y el dinero.

Estaba tan inmersa en sus pensamientos que apenas notó al hombre que entró al café. Aunque se movía en una silla de ruedas con la destreza de quien ha aprendido a dominar cada movimiento, su porte elegante y el cabello perfectamente peinado destacaban entre los clientes habituales. Llevaba un abrigo oscuro y su presencia proyectaba autoridad, incluso en un lugar tan informal como aquel. Cuando su mirada se encontró con la de Valeria, algo en sus ojos oscuros y penetrantes hizo que ella se detuviera por un instante. Era Damián Ferreira.

-¿Valeria Armenta?-preguntó él con voz firme, acercándose a su mesa. Su silla de ruedas apenas hizo ruido mientras se desplazaba.

Valeria parpadeó, sorprendida. Había visto su rostro en revistas y artículos, pero jamás había esperado conocerlo en persona. Se incorporó ligeramente en su asiento, tratando de disimular su confusión.

-Sí, soy yo. ¿Le puedo ayudar en algo?-respondía con precaución. Su instinto de periodista se activó al instante. ¿Qué haría un magnate como Damián Ferreira en su café habitual, y por qué estaría buscándola a ella?

-Soy Damián Ferreira. Creo que nuestra conversación podría ser mutuamente beneficiosa,-dijo, dejando entrever una leve sonrisa que no llegaba a suavizar su expresión severa.

Valeria frunció el ceño. El nombre de Damián no solo era famoso en los negocios; también estaba rodeado de rumores y secretos. Era conocido por su habilidad para manipular situaciones a su favor. Algo en su interior le decía que aceptar aquella charla podía ser peligroso, pero su curiosidad innata era más fuerte.

-De acuerdo,-respondió finalmente, señalando con un gesto la silla frente a ella, aunque de inmediato corrigió, recordando la situación. -O... bueno, siéntese aquí, por favor.

Damián maniobró su silla de ruedas con fluidez para colocarse frente a ella. Durante un momento, el silencio entre ambos estuvo cargado de tensión. Fue él quien rompió el hielo.

-He seguido tu trabajo durante un tiempo,-comenzó, su tono medido pero directo. -Tienes una reputación de no rendirte, incluso cuando los poderosos intentan silenciarte.

Valeria lo miró fijamente. Sabía que aquello era un cumplido disfrazado de advertencia.

-No suelo rendirme, es cierto. ¿Eso le molesta?

Una sonrisa casi imperceptible se dibujó en el rostro de Damián.

-Al contrario. Es exactamente por eso que quiero proponerte algo.

Valeria inclinó la cabeza, intrigada. Damián Ferreira no era un hombre que desperdiciara tiempo en pequeñeces. Lo que fuera que estaba a punto de ofrecerle, sin duda sería significativo. ¿O peligroso?

-Estoy escuchando,-dijo, cruzando los brazos sobre la mesa.

-Necesito una esposa,-soltó él, tan directo que Valeria casi derrama su taza de café.

El silencio que siguió estuvo cargado de incredulidad. Valeria lo miró como si acabara de decir el comentario más absurdo del mundo.

-Disculpe, ¿qué?

Damián apoyó los codos sobre la mesa, entrelazando las manos.

-Lo que escuchaste. Necesito una esposa, pero no en el sentido tradicional. Es un acuerdo estrictamente profesional. Un contrato por un año.

Valeria lo observó fijamente, tratando de encontrar alguna pista que le indicara que estaba bromeando, pero no la encontró. Su expresión era seria, calculadora.

-Y ¿por qué yo? Hay miles de mujeres que aceptarían esa propuesta sin dudarlo.

-Porque no quiero a una mujer que busque beneficios personales o que se deje manipular por el dinero. Quiero a alguien que tenga algo que ganar por sí misma, alguien con principios. Y tú, Valeria, necesitas algo que yo puedo ofrecerte.

La mente de Valeria trabajaba a toda velocidad. La oferta era inusual, por decir lo menos, pero también tentadora en cierto modo. Había muchas cosas que ella necesitaba: recursos, acceso a información, incluso una plataforma más grande para exponer las injusticias que combatía. Pero aceptar un acuerdo con alguien como Damián Ferreira también significaba entrar en su mundo lleno de intrigas y riesgos.

-Digamos que acepto escuchar más detalles. ¿Qué hay para mí en esto?

-Libertad,-dijo Damián, inclinándose ligeramente hacia ella. -Acceso a recursos que podrían convertir tus investigaciones en armas verdaderas contra las injusticias que tanto odias. Y, además, protección. Los enemigos que tú y yo compartimos no se atreven a tocar a alguien bajo mi amparo.

-¿Y qué gana usted?

Damián sonrió, pero esta vez había algo oscuro en su expresión.

-Estabilidad. Imagen. Y tiempo. Tiempo para descubrir quién está intentando destruir mi imperio desde dentro.

Valeria lo observó, intentando leer entre líneas. Era evidente que había mucho más en juego de lo que él estaba revelando.

-Tendremos que discutir los términos con mucho cuidado,-dijo finalmente. -No soy alguien que acepte acuerdos a ciegas.

Damián asintió, como si hubiera esperado esa respuesta.

-Por supuesto. Te enviaré los detalles esta noche. Tómate tu tiempo para decidir, pero no demasiado.

Capítulo 2 Términos y Condiciones

Esa noche, Valeria se encontraba sentada en el sofá de su pequeño apartamento, con su laptop frente a ella y una taza de té enfriándose en la mesa. La lluvia seguía cayendo con fuerza, tamborileando contra los ventanales y acompañando el torbellino de pensamientos que llenaban su mente. Justo como Damián Ferreira había prometido, un correo electrónico había llegado a su bandeja de entrada unas horas después de su encuentro. El asunto simplemente decía: "Propuesta Contractual".

Abrió el mensaje con cautela, su corazón latiendo un poco más rápido de lo que le gustaría admitir. El cuerpo del correo era breve, pero contenía un archivo adjunto titulado "Contrato de Matrimonio". Sus dedos vacilaron sobre el mouse antes de hacer clic para abrirlo.

El documento era extenso, como había esperado. Las primeras páginas estaban llenas de lenguaje legal que explicaba los términos generales del acuerdo: duración de un año, obligaciones mutuas y estricta confidencialidad. Pero a medida que avanzaba, los detalles comenzaban a destacar.

En resumen, ella tendría que actuar como la esposa de Damián en todos los aspectos públicos. Asistiría a eventos sociales, lo acompañaría en reuniones importantes y viviría en su residencia principal durante el periodo del contrato. A cambio, él le proporcionaría una suma generosa de dinero, acceso a recursos ilimitados para sus investigaciones y, lo más importante, protección total.

Lo que más le llamó la atención fue la cláusula que especificaba que, al término del contrato, ambos podrían disolver el acuerdo sin consecuencias legales ni vínculos adicionales. También había una lista de condiciones inusuales que debía cumplir: no revelar el verdadero propósito del matrimonio, mantener una imagen de pareja ideal frente a los medios y no interferir en los negocios internos de Damián.

Mientras leía, Valeria no podía evitar preguntarse qué tipo de hombre necesitaba llegar a estos extremos. Las palabras de él durante su encuentro resonaban en su cabeza: "Estabilidad. Imagen. Y tiempo." Algo grande estaba en juego, algo que él no le había contado del todo.

-Es una locura,- murmuró para sí misma, cerrando la laptop con un suspiro. Pero incluso mientras lo decía, sabía que parte de ella estaba considerando seriamente aceptar.

La mañana siguiente, Valeria despertó con un mensaje de texto de un número desconocido: "Nos vemos esta noche a las 8:00 p.m. en el restaurante Le Ciel. Es hora de discutir los términos. D.F."

Era conciso, directo, y dejaba claro que no aceptaría una negativa tan fácilmente. Valeria apretó los labios, sintiéndose atrapada entre la curiosidad y la cautela. Sabía que este tipo de situaciones nunca terminaban siendo simples.

Cuando llegó a Le Ciel esa noche, el ambiente contrastaba completamente con el café modesto donde habían tenido su primer encuentro. Las luces suaves iluminaban un espacio de lujo refinado, con candelabros de cristal y mesas impecablemente decoradas. Damián ya estaba allí, esperándola en una mesa cerca de un ventanal que ofrecía una vista espectacular de la ciudad. Su silla de ruedas era discreta, casi una extensión de su presencia, pero no podía pasar desapercibida para Valeria ahora que era consciente de su uso.

-Puntual. Me gusta eso,-dijo él mientras ella se sentaba frente a él. Su tono era cortés, pero había un dejo de impaciencia en sus ojos.

-Y yo prefiero saber exactamente en qué me estoy metiendo antes de comprometerme,-replicó ella, colocando su bolso en el respaldo de la silla. Damián sonrió, como si apreciara su actitud directa.

Un camarero apareció con una botella de vino que Damián había elegido previamente. Mientras servía las copas, el magnate no perdió tiempo.

-Leíste el contrato. Asumo que tienes preguntas.

Valeria se inclinó ligeramente hacia adelante, entrelazando las manos sobre la mesa.

-Tengo muchas, pero empezaré con lo obvio. ¿Por qué yo? Podrías haber elegido a alguien con experiencia en este tipo de arreglos.

-Precisamente por eso no quise hacerlo. No necesito a alguien que vea esto como una transacción fría. Necesito a alguien genuino, alguien que no solo siga las reglas del acuerdo, sino que también proyecte una imagen real. Y tú, Valeria, tienes algo que la mayoría de las personas en mi mundo no tienen: credibilidad.

Ella se quedó en silencio por un momento, procesando sus palabras. Era un cumplido, pero también una manipulación evidente. Él estaba jugando sus cartas con habilidad, y Valeria sabía que necesitaría estar alerta.

-Y ¿qué pasa si descubro algo durante este año que no me gusta? Algo que podría poner en peligro mi integridad.

Damián la miró fijamente, sus ojos oscuros penetrantes.

-Tienes mi palabra de que nunca te pediré que hagas algo que comprometa tus principios. Pero también debes entender que mi mundo es complejo. Habárá cosas que no te gustarán, y habrá cosas que no podré explicarte del todo. Si eso es algo con lo que no puedes vivir, este no es el acuerdo para ti.

El silencio que siguió fue interrumpido solo por el sonido de la lluvia golpeando las ventanas. Valeria sostenió su copa de vino, mirándolo con atención. Él era un hombre lleno de contradicciones: directo pero reservado, poderoso pero vulnerable.

-Acepto discutir los términos finales,-dijo finalmente, aunque su voz era cautelosa.

La sonrisa de Damián fue apenas perceptible, pero había un brillo en sus ojos que sugería satisfacción. Había logrado llevarla un paso más cerca de su objetivo.

Horas más tarde, Valeria caminaba por las calles desiertas de la ciudad, su mente inundada de pensamientos contradictorios. Había mucho que ganar, pero también mucho que perder. Mientras cruzaba un parque casi desierto, sintió una extraña sensación de que la estaban observando. Miró sobre su hombro, pero no vio a nadie. Aún así, apresuró el paso, sintiéndose inexplicablemente inquieta.

Cuando finalmente llegó a su apartamento, se aseguró de que la puerta estuviera bien cerrada antes de exhalar un suspiro profundo. La sensación de ser observada aún la acompañaba, pero intentó atribuirlo a los nervios. Mientras dejaba su bolso sobre el sofá y encendía una lámpara, no pudo evitar mirar por la ventana, buscando algo que ni siquiera sabía definir.

Capítulo 3 Límites y Condiciones

Valeria despertó temprano la mañana siguiente, con la firme resolución de abordar el asunto con claridad y sin dudas. Pasó la mayor parte del día revisando una y otra vez el contrato que Damián le había enviado, anotando preguntas y comentarios en los márgenes. Cada cláusula estaba escrita con una precisión casi quirúrgica, dejando poco espacio para malentendidos. Sin embargo, hubo una en particular que captó su atención: la estipulación de "contacto físico limitado".

Cuando llegó la hora de la reunión con Damián, Valeria se encontró nuevamente frente a las puertas de cristal de la empresa Ferreira Corp. Un asistente la guió hasta una sala de juntas en el piso superior, donde Damián ya la esperaba. Su presencia, como siempre, dominaba la habitación. La silla de ruedas estaba estacionada junto a una de las esquinas de la mesa, y sobre ella reposaban documentos organizados meticulosamente.

-Puntual otra vez. Estoy impresionado,-dijo Damián, con un tono que rozaba la cordialidad.

-Me gusta saber exactamente en qué estoy metida antes de comprometerme,-replicó ella, sentándose frente a él.

Damián asintió y deslizando un bolígrafo hacia ella, indicó el contrato que estaba sobre la mesa.

-Hablemos de tus inquietudes.

Valeria abrió su carpeta y sacó su lista de notas. Pasó los primeros minutos abordando detalles menores: horarios, logística y algunos tecnicismos legales. Pero finalmente llegó al punto que había estado esperando.

-Quiero discutir la cláusula sobre contacto físico,-dijo, sosteniendo su mirada.

Damián alzó una ceja, pero no pareció sorprendido. En lugar de responder de inmediato, cruzó las manos sobre la mesa y la observó, como evaluando cómo proceder.

-Especifica.

Valeria respiró hondo antes de continuar.

-La cláusula establece que habrá "límites estrictos respecto al contacto físico". Quiero saber exactamente qué significa eso. No es solo una cuestión de comodidad; quiero asegurarme de que estamos en la misma página.

-Significa,-comenzó Damián, con un tono pausado pero firme, -que este matrimonio es puramente funcional. No habrá contacto físico innecesario ni, mucho menos, intimidad. Si en algún momento la situación social requiere una muestra de afecto, como tomarse de las manos o un beso en la mejilla, se hará exclusivamente para mantener las apariencias. Fuera de eso, nuestras vidas privadas seguirán separadas.

Valeria asintió lentamente, dejando que sus palabras se asentaran. Había esperado esa respuesta, pero escucharla de él directamente le daba una tranquilidad que no había anticipado.

-Y si alguna de las partes viola esa cláusula, ¿cuáles serán las consecuencias?-preguntó, con una ceja ligeramente levantada.

Damián sonrió apenas, como si apreciara su tenacidad.

-Hablar de consecuencias en un acuerdo como este es innecesario si ambas partes respetan los términos. Pero para tu tranquilidad, cualquier violación de esa naturaleza invalidaría el contrato y pondría fin al acuerdo inmediatamente.

Valeria notó la firmeza en su voz, lo que dejaba claro que no estaba jugando. Había pensado en todo, y no tenía intención de dejar lugar a malentendidos. Con eso aclarado, pasaron al resto de las cláusulas, abordando temas como la convivencia y las expectativas públicas.

-Tendremos habitaciones separadas en mi residencia. Compartiremos tiempo en eventos sociales, pero fuera de eso, puedes llevar tu rutina habitual siempre que informes a mi asistente con antelación,-explicó Damián.

La formalidad de todo el acuerdo seguía dejándola atónita. No había ningún dejo de romanticismo, ninguna insinuación de algo que pudiera malinterpretarse. Para él, esto era un negocio, y Valeria se dio cuenta de que tendría que tratarlo como tal.

Cuando finalmente terminaron de revisar el contrato, Damián la miró con intensidad.

-¿Hay algo más que te preocupe?

Valeria negó con la cabeza, aunque aún había muchas preguntas que prefería guardar para más adelante. Por ahora, necesitaba tiempo para procesar todo.

-Creo que hemos cubierto todo. ¿Cuándo se espera que firme?-preguntó.

Damián deslizó un bolígrafo hacia ella, pero no la presionó.

-Tómate el tiempo que necesites. Pero cuanto antes firmemos, antes podremos empezar a trabajar en los detalles públicos.

Valeria guardó el contrato en su carpeta y se levantó, lista para irse. Sin embargo, antes de que pudiera salir por la puerta, Damián habló nuevamente.

-Valeria, una última cosa. Esto no es solo un acuerdo para mí. Es una manera de proteger lo que he construido. Si decides aceptar, quiero que sepas que no me gusta fallar. Ni a mí mismo ni a quienes trabajan conmigo.

Había algo en su tono que la hizo detenerse. No era una amenaza, pero tampoco era una simple declaración. Era un recordatorio de que este hombre estaba acostumbrado a tener el control, y esperaba lo mismo de todos a su alrededor.

Valeria asintió, sin decir nada, y salió de la sala de juntas. Mientras caminaba hacia el ascensor, no pudo evitar sentirse atrapada en una red de expectativas y secretos que apenas comenzaba a comprender.

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