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Una Muñeca para el Jefe

Una Muñeca para el Jefe

Autor: : yumyp1901
Género: Romance
Maritza era una mujer de trabajo, acostumbra a costearse sus gastos, aún vivía con su madre una mujer de avanzada edad con una enfermedad terminal sumado a esto una hermana pequeña que sufría de esquizofrenia, tenía 3 años trabajando para las empresas Duncan, era la secretaria del CEO Max Duncan, alias el diablo, un hombre arrogante, impulsivo, una fiera en los negocios y según la prensa un picaflor aunque esto último ella lo dudaba hasta que un día él le pidió ir a su oficina. -Martiza, quiero que sepas que no eres de mi gusto, pero haces bien tu trabajo confió en ti es por eso que te voy a proponer un trato. -Usted dirá señor-Contesto con respeto aunque por dentro quiero sacarle los ojos. -Necesito que te cases conmigo, debemos fingir una relación, aunque sea difícil de creer, todos conocen mis gustos, no me fijaría en un cuervo. Todo lo que salía por la boca de Max eran insultos para Maritza, quien estaba perdiendo la paciencia, apretaba sus manos con furia, no aguantaría más. -No me casaría con usted ni que fuera el último hombre dela tierra, usted señor Duncan, es un « ¡maldito desgraciado! » es por eso que todos lo llaman el diablo y n se equivocan. -No, nos casaremos por amor, ni Dios quiera, es un simple contrato, te pagare una buena suma así que ¿lo tomas o lo dejas? Si dices que no, igual estas despedida. Martiza era quien costeaba los gastos médicos de ambas y mantenía la casa, no tenía una vida propia su mundo giraba en torno a su familia, así que un dinero extra sería de gran ayuda. ¿Qué puede salir mal?

Capítulo 1 Una infancia feliz

Había vivido una niñez feliz, corría por el jardín de su casa, no éramos ricos pero estábamos bien, vivíamos en una hermosa casa, pintada de blanco en su totalidad, con decoración en colores tierra. Mi madre tenía un gusto exquisito, el arte era su pasión. Siempre me cocinaba unas deliciosas galletas con chispas de chocolate. Cuando nació mi hermana, estaba muy feliz. ¡Tendría una hermanita! Compartía todo con ella, hasta que fue diagnosticada con esquizofrenia. Sufría de convulsiones y su comportamiento era difícil de controlar. Nuestra vida cambió, nos ajustamos a las necesidades de Nicole. Mis padres nos amaban demasiado, trabajaban duro para mantenernos. Jamás tuve que trabajar o pedir, al menos no siendo adolescente. Cuando cumplí 16 años, mi padre murió de un infarto, dejándonos devastados a todos. Nuestros sueños se habían acabado y al parecer, la suerte también.

Como si la vida estuviera empeñada en borrarnos del mapa, mi madre fue diagnosticada con cáncer de seno. Pudimos detectarlo a tiempo, pero nos costó reunir para su operación. Su estado de ánimo no ayudaba, pero era comprensible.

Su otra mitad se había muerto. No me quedó más remedio que salir a trabajar. Trataba de emparejar los horarios de la universidad con los de la pizzería. Era camarera, me pagaban bien cuando doblaba turnos. Mi hermana fue empeorando, así que tuve que recurrir a unos amigos de mi padre para pedir ayuda, pero no me tendieron la mano. Era de esperarse: caras vemos, corazones no sabemos. No me quedó de otra que dejar la universidad y buscar otro empleo. Tenía dos trabajos y dos enfermas en casa. La vida no es fácil, pero no me rendiría.

Habían pasado seis años de la muerte de mi padre, mi hermana se mantenía estable, siempre y cuando estuviera medicada. Mi madre era otro caso, su cáncer había vuelto y esta vez para quedarse. Tenía metástasis, así que en cualquier momento la perderíamos. Debía aguantar humillaciones, desprecio, excesos y pare de contar, además de un horrible jefe. Bueno, no era un hombre horrible, ni mucho menos. Medía uno dos metros, de cuerpo fornido. Tenía ojos marrón claro, como la miel. Su cabello era como él, rebelde, un liso rebelde. Su piel era blanca, como su sonrisa. En el primer año de estar aquí, me enamoré perdidamente. Era mi amor platónico, pero él se encargó de matar todo con su espantoso trato. Seamos realistas, jamás se fijaría en mí.

Soy una mujer corriente, un poco gordita. Tengo cabello largo, color miel, el cual mantengo en un moño siempre. Me gusta andar formal, visto ropa holgada y mi montura de pasta negra le quita presencia a mi rostro. Así que es lógico que no se fijaría en mí. Él me llama el cuervo, porque según él soy una mujer gris, sin nada de atractivo. Lo escuché decirle a su mejor amigo, así que mandé todos mis sentimientos de paseo. Ese despreciable no merecía nada de mí.

Tenía que aguantar desprecios de ese desgraciado durante todos estos años. Me encargaba de sus comidas de lunes a lunes, mandaba su ropa a la tintorería y tenía que estar pendiente de sus compras, arreglos para la casa y el colmo de los colmos: cubrir sus citas. Los martes salía con mujeres morenas, los miércoles le daba oportunidad a una que otra modelo y los jueves eran libres, salía a beber con sus amigos, que por cierto, eran tan chocantes como él.

Los fines de semana los pasaba con su familia. El señor y la señora Duncan eran personas bastante buenas, o al menos eso era lo que suponía. Unas que otras veces, el señor me había ayudado con mis gastos médicos. Los hermanos del diablo eran totalmente distintos a él. Marcelino era el hermano mayor, estaba casado con una prestigiosa abogada, creo que se llamaba María, Remata o Maira, no recuerdo bien. John era el del medio, bastante centrado. No se le conocía novia, todos decían que era gay, yo la verdad lo dudo porque en una de mis misiones en la tintorería, lo encontré muy cariñoso con la administradora del lugar. Me hice la que no lo conocía y seguí mi camino. Max, alias el diablo, era el menor de los tres. Un hombre de negocios, había estudiado negocios en Harvard. Cuando su padre enfermó gravemente, se hizo cargo de las empresas y hasta la fecha lo ha hecho muy bien.

Como todos los lunes, llegaba más temprano a la oficina. Faltaban veinte para las siete, tenía el café listo y las carpetas

de los nuevos contratos preparadas. Debía llevar la ropa a la tintorería, pero eso sería para más tarde. Aparece el diablo, no estaba de buen humor hoy, pobre de mí. El teléfono de mi escritorio suena.

-¿Dígame, señor, qué desea? -le digo en tono profesional.

-¿Qué voy a desear de ti? Por favor, no me insultes tan temprano. Ven a mi oficina, ¿o es que se te olvidó que debes repasar la agenda?

Odiaba a este hombre, no entiendo cómo las mujeres podían aguantarlo.

-Sí, señor, ya voy -desgraciado.

Me levanto de mi escritorio, me hago la cruz y entro a su oficina.

-Señor, hoy tiene una reunión a las nueve con los mexicanos. Ya tengo preparados los contratos.

-Maritza, siéntate, tenemos que hablar.

-Usted dirá, señor -contesto con respeto, aunque por dentro quiero sacarle los ojos.

-Necesito que te cases conmigo, debemos fingir una relación. Aunque sea difícil de creer, todos conocen mis gustos. No me fijaría en un cuervo.

Aprieto mis manos en señal de furia, no aguantaba más. ¿Acaso había escuchado bien? ¿Se había vuelto loco?

-No me casaría con usted ni que fuera el último hombre de la tierra, señor Duncan. Es un «¡maldito desgraciado!». Es por eso que todos lo llaman el diablo y no se equivocan.

Cada palabra que sale de mi boca va impregnada de mucho veneno. Eran años acumulando este odio, y todo gracias a su mal trato.

-No nos casaremos por amor, ni Dios lo quiera. Es un simple contrato. Te pagaré una buena suma, así que ¿lo tomas o lo dejas? Si dices que no, igual esta despedida...

Lo miro a los ojos, sus labios se mueven pero aún no puedo creer lo que está diciendo. He trabajado duro todos estos años, no tengo este puesto porque sí.

-O sea que me quitarás el trabajo porque no quiero casarme con usted, señor diablo.

-No creas que porque me digas así me voy a poner a llorar -me sonríe con malicia-. Sabes que me he ganado ese apodo con mucho esfuerzo. Y si no aceptas, esta es tu despedida. Deberías aprovechar, te costearé ropa, salón de belleza y todas esas cosas que usan ustedes las mujeres.

-No lo necesito, así que renuncio «¡váyase al infierno!».

-Como digas, entonces espero que mueras en tu propia miseria.

Lo último que escucho al salir de la oficina es una carcajada. Después de tanto tiempo, me siento viva. Soy libre.

Capítulo 2 Los Sucesos

Mi jefe era un monstruo no tenía piedad, no respetaba nada, ni siquiera tenía valores, era un asco de hombre, salgo corriendo de la oficina tomo mi cartera y me marcho, no tenía nada que recoger porque jamás traje ni una fotografía, ese ambiente no es acto para cosas buenas, la mala vibra de mi ex jefe es horrible.

Cuando salgo de las instalaciones, resulta que está cayendo un torrencial ¡lo que me faltaba! ¿es que siempre me tiene que perseguir la mala suerte?

Decido ir caminando, total no estaba tan lejos, aprovecharía para que el agua se llevara mis penas, aunque esos cuentos no van conmigo, no creo en los chacras, ni los espíritus que nos protegen, son solo tonterías de las personas que se dedican a estafar personas que siente la necesidad de comunicarse con algún familiar o simplemente buscar consuelo.

Etaba empapada y el frio me arropaba los hueso, para completar un auto pasa por un charco llenándome de barro hasta el cabello, «¡maldito fuera!»

Estábamos en una sociedad, muy ridícula, las mujeres que valían eran esas que estaban operadas de pies a cabeza, con vestidos cortos y mil kilos maquillaje encima, esas de revistas y pasarela, las mujeres como yo de ropa humilde y bastante básica no éramos parte de este mundo, solo somos cuervos.

Al llegar a casa jamas espere encontrarme la peor escena de toda mi vida, mi madre estaba tirada en el suelo de la cocina, mi corazón explota de dolor, ¿acaso había muerto? ¿Era la hora?

- ¡Mama! ¡Mama! ¿Qué te pasa mama? por favor despierta-La llamo desesperada, necesitaba ver sus lindo ojos, pero un mal presentimiento no abandonaba mi cuerpo.

- ¿Que pasa hermana? ¿Qué le pasa a mama? -Escuchar la voz mi hermana llorando, gritando, hizo que mi cuerpo reaccionará y se mantuviera en alerta, ella iba a tener una crisis, no podía con las dos cosas.

-¡Cálmate! llamaremos a emergencia, pero si te pones así no podre con las dos, ¿tomaste tus medicamentos hoy?

-Si hermana solo me falta la de la noche.

A penas si puedo entenderle, su llanto no la dejaba articular bien las palabras, si para mi era difícil, no quería imaginar como se sentía ella.

Salgo corriendo y llamo a emergencia, me dicen que enviaran una ambulancia, estoy desesperadas a los cinco minutos llegan los paramédicos, no me dicen nada hasta que la montan en la camilla

-¿Señorita tiene a la mano los exámenes más recientes de su madre?-pregunta sin importancia

-Sí, aquí los tengo, me iré con ella

-Como diga.-

Por suerte la vecina vino a socorronos y se quedo con li hermana.

Ibamos de camino a la clínica, mis manos estaban heladas, no me habia dando oportunidad de cambiarme, así que aún seguía mojada, esto era un resfriado seguro.

Al llegar a la cliniva nos espera su médico tratante, corro al lado de la camilla, mi madre va inconsciente, llegó aun punto donde no se me permite pasar asi que tengo que esperar aquí.

Caminaba de un lado al otro hasta que una voz muy familiar pronunció mi nombre.

-Maritza.

-Dígame Horacio, ¿qué pasa con mi madre? - El era el medico de mi madre y un excelente ser humano, habíamos establecido una confianza bonita, nada que rosara el abuso

-Siento decirte que tu madre está en su etapa final, no creo que logre pasar esta noche, perdona la franqueza de mis palabras pero siempre prefiero decir la verdad

Se que esto le estaba doliendo, porque a pesar de no ser familia, ni llevar su sangre, horacio nos apreciaba con sinceridad, así que este golpe nos dolía a los dos.

Comienzo a llorar desconsoladamente, nunca estaría preparada para perder a mi madre, incluso siendo una viejita necesitaría de ella, estaba sola en este mundo tan cruel, ¿quien me apoyaría? no quiero estar sin mama.

-«¡Oh dios mío Horacio!» ¿que voy hacer sin mi madre?

-Maritza no sé qué decirte, pero cuentas conmigo, ahora hay otro asunto que debemos arreglar, la clínica está pidiendo los pagos retrasados e inclusive la cuenta de hoy, debes cancelar esta noche, lo siento mucho-me dice con vergüenza, estaba al tanto de nuestra mala situación.

- No tengo con que pagar-mis mdjillas ardian de la verfuenza-hoy me quede sin trabajo

-Sabes que puedo ayudarte, quiero hacerlo-

-No es necesario, se lo que tengo que hacer, pero muchas gracias, siempre me apoyaste, puedo ver a mi madre.-

Camino directo a su habitacion, pero mi mente no dejaba de pensar en la propuesta que mi jefe me había hecho, esa era mi única salvacion, me convertiría en su esposa

Caminamos por el pasillo y entro a la habitación, mi pobre madre esta acostada, sin fuerzas, su cara se ve cansada, pálida, había perdido su belleza, no existía rastro de la mujer que antes fue, me acerco a ella y le doy un beso.

-Te amo mama gracias por todo lo que hiciste por mí, sería muy egoísta si te pidiera que aguantaras más, pero sé que tu cuerpo no soporta más, jamás tendré como pagarte todo, te amo madre no sé cómo voy a vivir sin ti. .

Todo esto lo había dicho con lágrimas que salían como cascadas, me sentía morir.

-Hija, no llores, también te amo, prométeme que nunca dejaras sola a tu hermana, sé que no es tu responsabilidad pero necesito de ti, siempre fuiste buena hija, pero esta enfermedad pudo conmigo, te amo, cuídate mucho.-

Mi madre cerro sus ojos, supongo que para descansar, necesitaba mantenerla en esta clínica, había decidido llamar a mi ex jefe aceptaría su trato, pero quería cada palabra por escrito, y con condiciones tampoco se las iba a poner tan fácil.

Salgo de la habitación con rumbo a la calle necesito aire, quiero respirar, me siento ahogada, a veces la vida no es lo que los demás piensan, es muy duro vivir siendo pobre.

Saco mi teléfono dell bolsillo del pantalón, marco su número, repica una, dos, tres veces pero no contesta, cuelgo y vuelvo a remarcar vuelve a sonar una dos tres cuatro veces, cuando voy a colgar la llamada escucho su voz.

- ¿Ya te arrepentiste? ¿No aguantas un día sin empleo? -me contesta con cinismo, eso hace que pierda los estribos, mi poca fuerza se acaba y comienzo a llorar sin poder parar.

- ¿Maritza que pasa? ¿Te hicieron algo? Háblame-¿Era preocupación lo que escuchaba en su voz? A estas alturas ya no sé qué creer, necesitaba el dinero

-Acepto tu maldito trato, pero debes venir a la clínica de la ciudad y costear los gastos médicos de mi madre, está muriendo- vuelvo a llorar sin parar,no estaba preparada para decir lo último aun no podía creerlo «¡por Dios!» es mi madre.

-Luego hablaremos de eso, no te preocupes por el contrato ahora ¿si? espérame allá, dame dos minutos y estoy contigo.- me dice y cuelga

Camino a la sala de espera y me siento en un rincón en el suelo, abrazando mis piernas, lloro en silencio, no es fácil todo lo que estoy viviendo, no sé cuánto tiempo llevo así, pero unas enormes manos me cargan, haciéndome sentir protegida, no puedo abrir mis ojos el cansancio me gana.

Intento moverme, he dormido como nunca, pero tengo calor, abro mis ojos y me encuentro en una habitación, con una cómoda manta.

- ¿Pudiste dormir algo? - Escuchó qie me pregunta, no necesitaba mirarlo para saber que era el ¿en que momentobhajia llegado?

-¿Cuánto he dormido?

-No te preocupes solo tres horas, tu madre sigue igual, tu hermana la tienen tus vecinos, envié comida y algo de dinero por cualquier emergencia, también cancele las cuentas que tenías aquí, incluyendo la hipoteca de tu casa, por ahora puedes estar tranquila Maritza-me dice sin la más mínima expresión hay cosas q no cambiaban nunca

-Gracias, te pagare hasta el último centavo puedes estar seguro de eso soy una mujer de palabra.-

-Vayamos al grano ¿cuando crees que podamos casarnos?-Me mira serio, no estaba jugando-no puedo esperar más, mi abuelo quiere entregarme sus empresas, pero cree que soy muy inestable como para hacerme cargo, quiere que tenga una familia, pero sabes que no soy hombre de una sola mujer.-

-De eso quiero hablarte, si haremos esto también tengo condiciones, mientras estemos casados no podrás exhibirte con mujeres, me respetaras, cero chismes de farándula, permitirás que te pague todo lo que debo y empezaras a tratarme como se debe nada de llamarme cuervo, te escuche decirle a unos de tus amigos.-

-Tienes carácter- Su mirada fria me penetra-nos casaremos mañana, respetare tu decisión no más mujeres, al menos no te enteraras, se hacer mis cosas, de todos modos solo estaremos casados un año, deberás firmar un acuerdo prenupcial, no permitiré que pagues nada, tómalo como una recompensa además gozaras de cuatro veces tu sueldo actual, ese será tu nuevo salario, lo siento si te ofendí con lo de cuervo pero es la realidad, creeme que esto es un sacrificio para mi.

La sangre dejó de correr por mi cuerpo para darle paso a la rabia, odiaba a este hombre.

-Si vas a empezar a ofenderme entonces me marcho, con respeto a el acuerdo no tengo problema, no me interesa tener lo que no me he ganado, ahora explícame que hago en esta habitación

-Cuando se tiene dinero, no hay impedimentos para tener comodidades así sea en la china, te encontré llorando en un rincón, estabas tan cansada que pedí una habitación para ti, no mal interpretes mis acciones, hice lo mismo que harianpor un perro-me dice con su típica cara de niño rico

-Entonces gracias, supongo que cuando nos casemos dormire con el perro-Sonrio con malicia, me gustaba jugar con su paciencia- me quedaría mas tiempo, pero debo ir a ver a mi madre.-

-Te acompaño.

-No es necesario, pero gracias

-De todos modos iré.

Esta se convertiría en la peor decisión de mi vida, de eso estaba segura, lo pagaría con creces.

Capítulo 3 La Despedida

Entramos a la habitación de mi madre, tiene los ojos cerrados, pero se que esta despierta, lo sé porque mueve sus dedos como si escuchara alguna melodía.

-Mama estoy aquí-digo acercándome a ella

-Sé que estas aquí cariño, también sé que vienes acompañada.-

-¿Como sabes? -pregunto asombrada, aunque no debería de sorprenderme, ella es una mujer muy lista y cierto sentido activo.

-Por el aroma de ese perfume caro-

Estoy a punto de contestar cuando mi jefe se adelanta.

-Mucho gusto señora, soy el prometido de su hija.-

-Así que su prometido, se lo tenían bien guardado, pero me alegra saber que cuando muera, no quedara sola-todo esto lo dice con los ojos cerrados

-Max por favor, no digas esas cosas. -lo miro con cara de asesinarlo, se había pasado mares.

-¿Porque pues? esta es tu madre así aprovecho y le pido tu mano, señora quisiera que me diera la mano de su hija, a lo mejor no es la mejor manera de pedirla pero es lo que tenemos por ahora.

-¿Quieres a mi hija?

-La quiero con mi corazón

-Se cuándo las personas mientes pero confió en tu palabra

«¡Ay madre mía!» si supieras que es un gran mentiroso y que me casare solo porque el necesita más poder del que tiene

-Entonces usted sabe que lo que digo es cierto-el sigue interrogando a mi madre, pero cuando ella va a responder, un grito de dolor, sale de su boca, dejándonos a los dos tiesos, cuando logro reaccionar las maquinas comienzan a sonar como locas, Max sale gritando buscando a un doctor, entran las enfermeras y el doctor Hugo me dicen que salga, obviamente como la fiera que soy me opongo abandonar a mi madre, pero Max me saca arrastras de la habitación.

Han pasado aproximadamente 45 minutos, y no sé nada de mi madre, nadie ha entrado ni tampoco ha salido de la habitación, estoy hecha un mar de lágrimas, cuando de repente salen las enfermeras y luego el doctor Hugo me mira directamente a los ojos, ¡oh! esa mirada no me gusta.

-Lo siento mucho Maritza, hicimos todo lo que estuvo en nuestras mano, tu madre falleció-

Al principio solo lo miro sin parpadear, es como si mi cerebro se detuviera en medio de esa confesión, siento unos brazos que rodena mi cintura, intentado hacer que camine, pero no me iría sin ver a mama.

-¿Que? ¡No mama, no puede ser! -las lagrimas no dejaban de salir, no podía creerlo.

Comienzo q gritar, pero max no me suelta, pataleo, y forcejeo hasta que por fin logro soltarme, entro a la habitación y allí está el cuerpo sin vida de mi madre,

-Perdóname mama por darte esta mala vida, no pude salvarte, debí esforzarme más, siento que pude hacer mas por ti

-lloro inconsolable mente, abrazando su cuerpo- ojala Dios te lleve a un lugar bonito y puedas ver nuevamente a mi padre, gracias por la hermosa vida que me diste, me hubiera gustado mucho que conocieras nietos y compráramos aquella casita que tanto te gustaba, pero fue imposible, madre te amo mamita te amo jamás voy a olvidarte.

Max me abraza por la espalda, y sin querer creerlo eso me reconforta, me doy la vuelta y me permito llorar en su hombro, no me importa si ensucio su hermoso traje azul tiene miles de esos, perder una madre no tiene explicación, no es lo mismo que cuando perdí a mi padre, amaba a papa, pero sentimiento era muchisimo peor, no quiero pensar que no volveré a verla, ¿cómo le diré a mi hermana sin afectarla?

-Tranquila, llora todo lo que quieras, estoy aquí para apoyarte-Volteo a ver a mi jefe nunca antes le había escuchado intentar reconfortar a alguien, pero lo mas extraño era que me lo decía con cariño

Max se había encargado de todo lo relacionado con el sepelio de mi madre, decidí no velarla, no teníamos amigos, ni familiares cercanos, esto traería un atraso para mi hermana, me había costado mucho tranquilizarla cuando le conté lo sucedido, es que ella pasaba día y noche a su lado, no era fácil haberla perdido, pero debíamos continuar siendo fuerte, eso mismo había dicho ella cuando mi padre murió.

Estábamos en el cementerio municipal, algo común, no tenía dinero para enterrarla en mejor lugar, además ella había pedido estar junto a papa y respetaría su memoria, el padre dio una pequeña misa, solo estábamos mi hermana y yo, cuando de repente veo a Max con su traje negro de tres piezas, a su lado viene su madre, su padre y sus dos hermanos.

No sé qué hacían aquí, pero les agradecía muchísimo, estar sola en este momento no me gustaba para nada

-Cariño perdón por llegar tarde-Max habla con un tono dulce, frunzo el ceño, sus palabras lo que me pone en alerta, aunque no quería fingir y menos en estos momentos, debía hacerlo, esto era un trabajo.

-No te preocupes amor. -Lo abrazo y me acerco lo suficiente para hablar con él sin que nadie escuche-¿qué está pasando Max? ¿Porque está tu familia aquí?

-Vinimos acompañarte, y así aprovecho para presentarte como mi prometida, no podemos perder el tiempo, a la final ese es el trato.

«¡Lo sabia!»

Sigue siendo el mismo, perro sin sentimiento.

Todo su encanto se fue al retrete ¿como se le ocurría decir eso en este momento? la verdad es que Max no cambiaría, debo hacerme a la idea, esto no es un amor verdadero, el solo está fingiendo por dinero más nada.

Luego de sepultar a mi madre todos me dan el pésame, la madre de Max me miraba de forma extraña, tal vez era porque solo cargaba un pantalón ancho de vestir negro y una camisa cuatro veces mi talla del mismo color, no me dio chance de buscar algo mejor, tampoco era que tuviera mucho

-Mama, papa y hermanos, les presento a mi prometida, amor ellos son mi familia, y de ahora en adelante la tuya, aunque ya los conocias

Puedo sentir su manontensa en mi sinturaz quería patearlo, así que disimuoadamente coloque mi brazo al rededor de su cadera y lo pellizque con malicia.

-Mucho gusto querida, sé que no es el momento pero quería conocer- Pensé que esta mujer era buena, pero le miraba con ganas de asesinarme.

-El gusto es mío señora, disculpe las fachas pero como vera, acabo de enterrar a mi madre no estaba en un desfile de moda.

No se porque me comporto de esta manera, pero me cae muy mal mi futura suegra postiza.

-Oh no te preocupes esas cosas pasa, la gente pobre es así.

¿Cómo que esas cosas pasan? ¿De qué habla? Decido mejor no preguntar y le comento a más que quiero irme, automáticamente él se ofrece a llevarnos, lo acepto porque no tenía dinero para pagar el autobús, ni siquiera sé si tenía comida en la casa, estaba en el limbo, y me costaría tiempo así. Max se estaciona al frente de mi casa y nos acompaña adentro, todo está vacío, nadie se acercó a darnos el pésame, tampoco preguntaron nada, con la suerte se nace y nosotros ese día no nacimos.

-Pasare por ti mañana a las diez, iremos al registro civil.

-Está bien mal-contesto sin mirarlo

-Por favor trata de dormir algo, no quiero que estés tan fea para la foto del periódico, auque eso es imposible.

Este hombre tenía un trastorno, ni siquiera mi hermana que sufría de esquizofrenia era tan cambiante como el, es como si intentara aparentar algo que no es, a lo mejor mi corazón noble quiere creer que él es bueno, pero mi cerebro insiste en que no es así, el camina directo a la cocina y lo escucho abrir a nevera, los gabinetes y resoplar.

-Debo irme hasta mañana, espero puedas descansar algo.

Y así sin más se va dejándome sola en esta casa, mi hermana ya se encuentra durmiendo o intentando dormir, esto la afecto de sobre manera.

Decido darme una ducha rápida, subo a mi habitación, pasando por la de mi madre, cierro su puerta y sigo mi camino, al llegar al baño quito mi ropa y me meto a la ducha el agua fría logra hacer que el dolor de mis pies merme un poco, enjuago bien mi cabello, pero comienzo a llorar.

Estaba vistiéndome cuando el timbre suena, no quería recibir visitas, aunque tampoco tenia amistades, así que no sabía quien podría ser.

-¡Buena noches! ¿usted es la señora Maritza? -Pregunta un hombre con traje y guantes blancos

-Depende de quién pregunte

-Soy el mayordomo de la familia Duncan el señor Max le envió regalo

-¡Oh!, perdone pase adelante

-Esto se lo envió el señor para que se lo coloque mañana, viene por usted a las diez

-Gracias-es lo único que puedo decir aún no he asimilado lo que está ocurriendo

Al cerrar la puerta, subo los escalones de las escaleras de dos en dos, entro a mi habitación y abro la caja, es un hermoso vestido blanco con unos tacones de infarto, pero como nada es como uno quiere iba a enseñarle a este mequetrefe que conmigo no se jugaba, no me gusta que en digan lo que tengo que hacer, mucho menos lo que tengo que vestir, creyeran o no tenía buen gusto para la moda, lo que no tenía era dinero para compra.

Coloco el vestido en la caja y me dirijo a mi armario de antaño, elijo un vestido negro largo con un cinturón del mismo color, era de mangas bordadas y cuello tortuga, la verdad el vestido era entre feo y horrible, decido colocarme unas sandalias bajitas del mismo color y un sombrero negro, yo estaba de luto, pero le daría un merecido no le quedaran ganas de volver a imponerme cosas

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