Rose.
No dejaba de mirar las Rosas que posaban en la mesa de mi habitación, mientras lo hacía, anhelaba una cosa, la libertad.
Mañana me casaría con un hombre al cual aborrezco y el mismo que me ha hecho daño un par de veces. Le temía, temía tanto ser su esposa, lo peor es que no puedo negarme.
No puedo decir una sola palabra.
Por más que lo quisiera, no puedo hacer nada.
No quiero casarme, no quiero hacerlo, no cuando él me ha hecho daño, tanto daño como lo ha hecho mi padre, quiero huir, pero tengo tanto miedo hacerlo.
Me pongo alerta cuando escucho la puerta, era él, estaba un poco borracho porque veía cómo se tambaleaba.
-Rose -arrastraba las palabras-.. Ven aquí..
Iba a esconderme pero él me toma del tobillo y me arrastra hasta el filo de la cama y abrió mis piernas, yo me paralizo por el miedo, el no deja de mirarme el cuerpo, yo solo traia una bata pequeña, no quería usarla pero mi padre me obligó.
Cierro mis ojos cuando él mete su asquerosa mano en mi bata. Por instinto le pateo la entrepierna, me bajo de la cama para ir hacia la peinadora, tomo el abrecartas y lo señalo con el mismo.
-¿Crees que me vas a lastimar con eso?
Solo asiento lentamente.
-Me molesta que no puedas hablar.. Pero eso es mejor, te hace mas obediente porque oir tus gritos me va a joder la noche de bodas -se acerca lentamente a mi-, vamos Rose.. Clavala justo aquí -se señala el abdomen.
Nunca en mi vida he lastimado a alguien, ni siquiera a mi misma, me sentía tonta por creerme débil, pero es que lo soy, ellos me hicieron así.
Me paralizo cuando él se acerca, tome el valor de clavarle el abrecartas en el costado, el suelta un quejido y cae encima de mi, yo lo quito como puedo, mis manos y bata están manchadas de sangre.
Lo he matado.
Rápidamente me pongo de pie y corro hacia la salida de mi habitación, sin mirar atrás comienzo a bajar las escaleras y a buscar la parte trasera de la casa, se que se puede salir por la cocina.
Es mi oportunidad, pensé.
Escucho gritos arriba, puedo escuchar pasos apresurados, así que aprovecho de salir, con suerte la puerta estaba abierta ya que aun era temprano.
No se que ha pasado pero comienzo a correr por toda la parte trasera de la casa, lo hago sin mirar hacia atrás. No se como lo hice pero salté la cerca y corrí fuera de la casa.
Debía alejarme ahora, porque si me quedaba aquí, él iba a matarme.
El bosque estaba espeso, había neblina y nieve en el suelo, ya que los pies me dolían, pero no iba a detenerme. Debía encontrar ayuda sea como sea, veo a lo lejos una carretera, me detengo en seco cuando escucho a los perros ladrar y los hombres gritar.
No.
Sigo corriendo, el pecho me dolía al igual que los pies. Cuando veo hacia la carretera, bufo al ver que no pasa ningún auto.
Debía cruzar.
Comienzo a correr de nuevo, cuando pasó el primer carril, corro hacia el segundo, pero no vi venir el auto, yo me tropiezo, espero el golpe pero este no llega, solo escucho el chirrido de las llantas en el pavimento.
El auto se había detenido a unos pocos metros de mi. No se que diablos me había pasado pero me quede en el frío suelo, yo jadeaba sin control, mis pies dolían, mis manos dolían y tenía mucho frío.
De pronto, del auto baja alguien, veo que azota la puerta del mismo con fuerza, alzo la vista cuando lo tengo frente a mi.
-¿Estás loca? -es lo primero que dice al verme- Casi te mato.
Miro hacia el otro lado de la carretera, escucho a los perros ladrar más cerca y diviso luces, las de las linternas.
-¿No escuchaste?
Me pongo de pie rápidamente y me acerco a él, el hombre frunce el ceño al verme las manos y la bata.
-Ayudame -muevo mis manos esperando que pudiera entenderme-, por favor, ayudame.
-No sé lengua de señas -dice, pero él no me mira a mi, mira mis manos ensangrentadas y la bata- Hey, ¿qué mierda haces?
No me quedó de otra que tomar su saco blanco y escribir, Ayudame, en su costoso saco. Me aparto un momento de él y junto mis manos.
-¿Necesitas que te ayude? -asiento varias veces- Mierda... Me ne pentirò (Voy a arrepentirme de esto) -dice, creo que eso fue italiano- Vamos.
Me toma de la mano importándole poco la sangre, ni modo, ya lo había manchado de ella hace un momento. El abre la puerta del auto y me dice que me suba, yo lo hago rápidamente.
No sé en qué demonios me estoy metiendo, pero prefiero otro futuro que casarme con Dimitrio.
Rose.
No recuerdo exactamente cuando todo comenzó, no recuerdo cuando comenzaron los gritos, los golpes, los llantos, las peleas y el dolor, realmente no recuerdo mucho.
Quizá fue cuando mamá había teñido aquella bañera de rojo, tengo vagos recuerdos de ese dia, ella estaba bonita, se había arreglado su largo y rubio cabello, se había maquillado y me había sonreído, yo estaba viendo lo hermosa que estaba ese dia, pero lo que no sabía es que ella estaba anticipando su muerte.
Si tan solo lo hubiese sabido, la hubiera detenido.
Hubiese llorado o hubiese fingido un dolor de panza para que ella no se despegara de mí, pero nunca lo hice y creo que en parte fue mi culpa.
Hasta ahora no la recuerdo, solo recuerdo sus cristalinos ojos mirándome sin parpadear y la bañera teñida de un espeso rojo, no recuerdo si lloré, si grité o hice algo, pero sus ojos, nunca los voy a olvidar.
Desde ese dia, mi padre se encargó de odiarme, nunca entendí porque, pero me odiaba como si fuese una aberración, quizá lo soy, quien sabe, pero lo que es que me odia, me odia tanto que me hizo cosas de las cuales no lograba entender.
¿Por qué un padre haría eso?
Luego crecí y entendí que estaba metida en un mundo del cual nadie sale, al menos que esté muerto.
La Mafia.
Mi padre es parte de ella, es un líder por así decirlo, pero se que hay alguien más poderoso que él, nunca supe su nombre, pero lo apodan El Zar, ¿Por que? Si ese hombre no es de la realeza, pero muchos lo consideran parte de ella.
He oído a mi padre maldecirlo, se que le odia, pero no entiendo porque, nunca lo he visto ya que cuando él llega, me esconden. Mi curiosidad por ese hombre es enorme, pero se que no debería meterme en los asuntos de papa, ya que como dice, no son mis asuntos.
Una mujer solo está hecha para parir y atender a su marido.
Odiaba con todo mi ser esas palabras, porque me consideraba una mucama, yo siento que soy más que eso, pero no puedo refutar, si lo hago, me daría una paliza.
Me odiaba a mi misma, porque no podía defenderme, no podía hacerlo, ni siquiera podía gritar, no tenía voz para hacerlo.
-Señorita Rose, el almuerzo está listo.
Solo asiento, me miré de nuevo al espejo, era idéntica a mi madre, creo que eso es lo que más odiaba mi padre, que yo me pareciera a ella.
Me pongo de pie y camino hacia afuera de mi habitación, yo bajo las escaleras, nadie me saluda o me habla, ya que mi padre les prohibió a todos tan siquiera mirarme, he visto como golpean a todos si eso pasa, asi es mejor, no quiero que nadie salga lastimado por mi culpa.
Al llegar al comedor veo a mi padre, él está sentado a la cabeza de la mesa como siempre, yo me siento a su lado, él estaba comiendo con habilidad, yo debía esperar a que el me pidiera comer.
-Come -ordena.
Le agradezco como siempre, debía hacerlo, debía parecer agradecida por darme de comer. Aunque mi apetito no fuese mucho, no debía comer de más, si lo hacía, terminaba comiendo del suelo y eso para mi es una gran humillación, por eso suelo obedecer.
-En unas cuantas horas viene alguien importante -lo miro con atención-, se llama Dimitrio, es un socio que viene de Kázan, quiere conocerte.
Una libreta esta a mi lado, la tomo y escribo en ella:
-¿Por qué quiere conocerme? -la pongo en su vista para que la lea.
-Eres mi hija, quiere hacerlo, puede que sea un prospecto para que te cases.
Casarme.
Es algo que nunca he querido hacer, yo quiero conocer el mundo, viajar, comer mucho y broncearme. No quiero salir de una prisión para entrar en otra.
-No pongas esa cara Rose -lo miro-, tienes la edad para casarte.
-¿Y qué edad tiene él? -alzo la libreta.
-Treinta y siete -dice.
-Es bastante mayor padre, ¿estás seguro que es conveniente? Yo apenas cumplí los dieciséis.
-Si, es conveniente -masculla-, no me hagas quedar mal con él cuando venga, es un socio importante.
-Me portaré bien, lo prometo -le muestro la libreta.
Claro que debía hacerlo, si le fallo, terminaré con una muñeca rota o una costilla. Siempre me dice que deba ser obediente ante todo, claro que lo soy, no tengo voz para protestar o quejarme. Detestaba con todo mi ser esto, vivir aquí, vivir así, en un lugar en donde yo no valía mucho, solo soy una moneda de intercambio para él.
El termina de comer y se retira sin decirme nada más, yo termino mi comida y me siento en paz porque él no está aquí mirándome.
Sigo pensando que es una mala idea que ese hombre venga, no lo conozco, pero siento que esto va a salir muy mal. No quiero pensar en nada más, quiero creer de todo menos que quiera casarse conmigo siendo una chiquilla.
Debía alistarme. Tenía que dar mi mejor impresión ante ese hombre para que mi padre estuviera complacido.
Siento que todo esto va a terminar muy mal para mi.
(...)
Horas después:
Había caído la noche, no quería salir de mi habitación, por primera vez quería esconderme para no ver a ese sujeto. Pero no me quedaba de otra, si no salía mi padre vendría por mí y sería mucho peor.
Salgo de la habitación y me dirijo hacia abajo, mi papá estaba en la entrada de la casa, yo camino hacia el y me poso a su lado. El no me mira, más bien parece ansioso, muy ansioso, lo que no se si es bueno o malo, porque nunca lo habia visto asi.
La criada abre la puerta con cuidado. A la casa entra un hombre.
Mis ojos se abren más de la cuenta al verlo, no podía creer que un hombre fuese así de enorme. Era un poco más alto que mi padre.
Piel morena, barba oscura con unas pocas canas, incluso su cabello tenía algunas canas debido a su edad. Musculoso, de manos enormes, tenía tatuajes por sus brazos.
-Ivan.
-Dimitrio -lo saluda mi padre estrechando sus manos-, bienvenido a mi casa.
-Que gusto verte -su mirada se posa en mi, yo retrocedo un par de pasos-, ¿ella es tu hija?
-Si -mi padre posa su mano en mi espalda para acercarme a ellos a la fuerza-, se llama Rose.
-¿Y por qué ella no se presenta por sí sola? -lo mira a él.
-Es que Rose es muda -dice-, no puede hablar.
-No me dijiste eso.
-No lo creí relevante.
-No importa, no me molesta que no hable -me mira y sonríe-, un gusto conocerte hermosa, Dimitrio.
El toma mi mano y le da un beso al dorso de la misma, sentir sus labios húmedos sobre mi mano me causo mucha repulsión. Aun así forcé una sonrisa y le di un asentimiento.
Definitivamente esto no es bueno.
-Pasemos al comedor, ya la cena estará lista.
-Claro -él no deja de mirarme-, eres idéntica a tu madre.
¿Conocía a mi madre? Eso despertó en mí una enorme curiosidad, pero noto que mi padre se tensa un poco ante sus palabras.
El no dice nada más, luego pasamos al comedor, la cena estaba siendo servida por las mucamas, mi padre espera que él se siente y luego lo hacemos nosotros.
Mi padre se veía un poco intimidado por él.
En cierto modo me causaba gracia, porque él siempre era el que mandaba en esta casa.
-Estuve reunido con Sindoni -comienza el.
-¿Y qué tal? -eso parece interesarle a mi padre- ¿Ella puede estar aquí? -pregunta refiriéndose a mi.
-Si puede, no creo que ella conozca a Sindoni ¿o si? -él niega-, entonces no me molesta, de igual manera no puede hablar -ríe-, volviendo a tu pregunta, Sindoni tiene más poder -dice un poco molesto-, ahora controla Bélgica.
-¿Qué?
-Como lo oyes, ahora trabaja con alguien que se apoda El Dragón, Drago Valkov se llama.. Ha controlado a toda la ciudad, ya con esto, son seis países, ya completó Las seis Puntas.
¿Seis Puntas? ¿Qué será eso? ¿Su organización?
-Será difícil sacarlo del camino.
-Lo sé -responde-, pero si nos unimos podremos tener el poder, si Sindoni muere, estamos resueltos. El posee mucho poder, será difícil, pero no imposible.
-Entonces cuenta conmigo para sacar a Sindoni del camino.. El no debió meterse en nuestro camino -masculla-, no es mi jefe.
-Es el jefe de todos, le debemos el puesto a él, pero sabes que todo se puede terminar, pero desde dentro.
-¿Planeas derrocarlo desde adentro?
-Por supuesto -sonríe-, Sindoni es solo un crío, no podemos permitir que un muchacho nos comande a todos.
Por lo que estoy entendiendo, Sindoni es El Zar, porque nadie más tendrá tanto poder, además de que ellos mencionan a un jefe, ellos no tienen otro jefe que no sea El Zar.
Así que debe ser el.
Lo que ellos planean hacer es traición y hasta donde se, en la mafia, eso implica la muerte.
Es evidente que les molesta que un hombre mas joven que ellos los mande, es tonto a decir verdad.
-Será difícil hacerlo Dimitrio, Sindoni tiene muchos aliados.
-Lo sé, por eso debemos planearlo todo muy bien -dice-, seguir haciendo que Sindoni nos tenga la suficiente confianza para destruirlo desde adentro.
-Bien, puedes contar conmigo para lo que necesites, pero sabes que mi núcleo es pequeño, no poseo tanto poder y dinero como tu. Tu lideras Rusia, pero bajo el mando de Sindoni.
-Por eso estoy aquí -sonríe y me mira, yo me tenso cuando posa su mirada en mí-, para hacer una alianza -mira a mi padre-, una de matrimonio.
-¿Matrimonio?
-Si, te ofrezco dinero, hombres, armamentos y demás, si a cambio, me caso con Rose.
Miré de inmediato a mi padre esperando que dijera que no, que no estaba lista para casarme siendo una chiquilla. Esperaba que al menos tuviese un poco de consideración conmigo.
-Está bien -responde, lo que a mi me deja desconcertada, soy una tonta al llegar a creer que él diría que no-, ¿cuando planeas casarte con mi hija?
-Cuando ella cumpla la suficiente edad para contraer matrimonio, yo tengo mis razones, pero si me casare con ella -me mira-, muero por hacerlo.
-Me parece buena idea Dimitrio, estaré encantado y complacido de que formemos alianza para destruir a Sindoni.
-Me complace mucho escuchar eso. Ten esto, comenzaremos a celebrar -él hace una señal para que uno de sus hombres ponga un maletín frente a él.
Mi padre lo abre, dentro de él puedo ver dos lingotes de oro junto a mucho dinero en efectivo y una paca de un polvo blanquecino, mi padre lo toma con una enorme sonrisa, y se pega aquel paquete en la nariz.
No de nuevo.
-Es de la mejor calidad -él sonríe-, puedes probarla ahora para que lo compruebes.
Tomo la libreta y escribo algo, mi papá asiente cuando lee que si podía retirarme, no me sentía bien del estómago.
Casi que corrí hacia mi habitación, cuando estuve dentro corro hacia el baño a devolver el estómago, ni siquiera me comí una parte de aquella comida, me sentía horrible.
No quería creer que mi padre me había vendido, pero es así, lo había hecho.
Termino de enjuagarme la boca y salgo del baño, soy un respingo cuando veo a ese sujeto dentro de mi habitación, él estaba recargado de la puerta que estaba cerrada, entonces mi pánico comenzó.
-Eres hermosa -dice-, como dije, te pareces a tu madre.. -yo miro hacia la puerta-, ni lo pienses, tu padre en este momento debe estar hundido en la mierda que se mete -rie.
Niego varias veces, no quiero que esté aquí, quiero gritar y pedir ayuda, pero se que nadie vendrá a rescatarme, nadie va venir y temo lo peor ahora.
Sin poder evitarlo, él llega hacia mí, me tomó del cabello con fuerza y acerca su rostro al mío, yo suelto un par de quejidos debido a la fuerza que está ejerciendo en mi cabello.
-Serás obediente -masculla cerca de mi rostro-, oh preciosa, voy a romperte -sonríe-, tu solo seras mia Rose, de nadie más.. Vamos a la cama, serás una buena chica y te quedarás quieta.
Cierro mis ojos cuando él mete sus manos en mi vestido, quería vomitarle en el rostro pero la bilis no me subía, estaba completamente inmovil.
Esto era mucho peor que la muerte, porque este hombre acaba de matarme en vida.
Rose.
Nueve años después:
Como cada mes, el venía a marcarme que era suya, ha hecho esto por nueve años, lo peor es que ya no tenía fuerzas para defenderme, esta vez quise hacerlo y me golpeo el rostro.
Yo estaba en la cama envuelta en las sábanas, sentía sus fluidos correr por mis muslos, la cara me ardía debido al golpe, estaba agotada. Me había violado hasta el amanecer.
Otro mes muriendo en vida.
-Vendré en una semana para que nos casemos.
No me muevo de la cama, no tenía fuerzas para ello. Hago una mueca cuando él me alza y me sienta en la cama para tomarme el cabello y hacer que lo mire.
-Cuando te hable, debes mirarme.
Solo asiento, no tenía fuerzas, estaba realmente adolorida.
-Bien esposa mia -acaricia mi mejilla-, tomate los medicamentos, no quiero que quedes embarazada aun, no cuando aún no eres mi esposa.
Asiento de nuevo. El me suelta, toma su saco y se retira de la habitación, justo en la mesa estaban los medicamentos para el dolor. Con torpeza los tomo al igual que las anticonceptivas.
Odiaría tener que darle un hijo a ese hombre.
Me pongo de pie para ir hacia el baño. Al mirarme al espejo, veo aquel enorme moretón en mi rostro, había golpes en mi cuerpo al igual que chupetones, me daba asco mirarme, me daba asco seguir respirando.
He querido terminar con esto, pero me tienen vigilada, he intentado acabar conmigo tres veces y esas tres veces he fallado, ni siquiera eso puedo hacer bien.
Me meto en la tina para darme un baño, ya no valía la pena restregar mi piel, ya tenía a Dimitri dentro de mi piel, de mis pensamientos y corazón, no de la mejor manera precisamente.
Me quedo tranquila en la tina mientras veía la sangre correr por la tina, él nunca era gentil, siempre era brusco, terminaba lastimandome mientras abusaba de mí, lo ha hecho sin parar por nueve años, desde que lo hizo por primera vez, me habia asesinado en vida.
Mi padre nunca me defendió, claro que sabe lo que hizo, pero no le convenía llevarle la contraria a Dimitrio, él le había dado a mi papá mucho dinero, hombres, armas, todo.
Siempre hablaban sobre destruir al Zar, pero nunca pudieron hacerlo, porque a medida que pasaban los años, Sindoni se hacia mucho mas poderoso y era difícil entrar a su círculo así que Dimitrio decidió no seguir con el plan, no le convenia hacerlo porque sabia que terminaria muerto si se acercaba a Sindoni con intenciones de matarlo.
Ahora su atención es hacerme su esposa, no entiendo su obsesión conmigo, ha asesinado a un par de hombres solo porque me habían mirado. No deja de recalcarme que le pertenezco porque fue el primer hombre en mi vida.
Me llena de lujos, vestidos, joyas, pero nunca me deja salir de la casa, por eso quería acabar con mi sufrimiento.
La primera vez que lo intente fue al siguiente día de que me violó por primera vez, trate de colgarme en mi habitación pero una mucama me encontró, había olvidado cerrar la puerta.
La segunda, fue cortarme las venas dentro del baño, mi padre me habia encontrado, esa vez si cerre la puerta pero el la derribo de un disparo, justo cuando estaba por quedar inconsciente.
La última fue cuando me tome unas pastillas, no funcionó porque las había vomitado, luego ya no quise intentarlo más, de igual manera, ya estaba muerta, pero aun seguía respirando.
Me queda solo la resignación, aunque dentro de mí, había una chispa de querer luchar, de querer escapar pero no tenía el valor, mi padre muchas veces dejaba la puerta abierta y sin seguridad, quería probarme si podía escapar, pero cuando vi que tenia perros para cazarme si lo hacía, no quise intentarlo tan siquiera.
El odio que le tenía a Dimitrio era enorme, no se comparaba con nada, odiaba tanto a mi padre como a Dimitrio, odiaba el hecho de que ellos me tuvieran bajo su poder.
Quería ser valiente, luchar por mi libertad.
Desde que tengo uso de razón siempre he estado encerrada en este lugar, no conozco el mundo, se cómo es estar afuera de estos muros, no conozco otra cosa que no sea esto, estas paredes, estos muros, esta soledad, no conozco nada y eso me molesta, me molesta ser tan ignorante.
No recuerdo si alguna vez fui feliz, no recuerdo si sonreí, si llore, si disfrute un abrazo, no sé lo que se siente estar así, ser una persona normal.
Lo único que me quedaba era la resignación, resignarme a que sería la esposa de Dimitrio, por más que no lo quisiera, era lo que me tocaba. Mi padre no es más que uno de sus peones, solo eso.
Para Dimitrio, yo era suya, no debía ser mirada por nadie más que no fuese él, siempre estaba recalcando lo mucho que me parecía a mi madre y que yo estaba destinada a estar con él.
Me da tanto asco.
-¿Señorita? ¿Está bien?
Salgo de mis pensamientos cuando escucho la puerta del baño, hago un poco de ruido para que ella supiera que estoy bien, que sigo viva.
Salgo de la tina y me pongo la bata. Ella estaba cambiando las sábanas, me daba vergüenza que ellas estuvieran viendo ese espectáculo en mi habitacion, habian olores, fluidos y sangre, detestaba que me miraran con lastima.
No merezco su lastima.
Ninguna me ayudaba, nunca me ayudaron, bien pudieron envenenar a Dimitrio o a mi padre, pero ellas no eran lo suficientemente valientes para hacer algo tan riesgoso.
No las culpo, yo no he tenido el valor suficiente para defenderme de Dimitrio estos nueve años.
-Tenga señorita -me deja un vestido en la mesa junto a maquillaje para taparme el moretón.
Le agradecí con un gesto.
Estos nueve años aprendí lengua de señas, es lo único que me mantenía entretenida, lo aprendí mediante libros, incluso aprendi lengua de señas en varios idiomas como en inglés, italiano y un poco de alemán, este último no se me dio muy bien pero pude aprender ciertas palabras.
Los aprendí tanto en idiomas como en lengua de señas.
Termino de vestirme y me siento en mi peinadora para maquillar aquel moretón.
La puerta se abre, a través del espejo veo a mi padre, como siempre, lucía desaliñado y molesto, Dimitri lo volvió un adicto, siempre estaba drogado, por ende, nunca estaba al pendiente de lo que pasaba en casa y conmigo, a él le importaba más trabajar para obtener dinero y tener su vicio, mismo que consumia casi a diario.
-Dimitrio me dijo que van a casarse en unos días -le asiento-, espero que cuando te cases, le pidas vivir aquí.
Yo frunzo el ceño ante lo que me había pedido, se supone que me iría de aquí cuando me casara con él.
-No entiendo, ¿que me quieres decir? -me giro y le muestro la libreta.
-Necesito que te quedes aquí -dice molesto-, si te vas, Dimitrio no podrá darme dinero, el te adora y te ve como suya, es mejor que le pidas quedarse aquí.
Escribo de nuevo en la libreta.
-Él no querrá irse, no quiere vivir aquí y lo sabes, él quiere llevarme lejos de ti -le muestro de nuevo la libreta.
-Pues se lo pedirás -se acerca y me toma del mentón con fuerza-, no me conviene que salgas de aquí, tú sigues siendo de mi propiedad. Tu eres mi moneda de cambio para seguir teniendo poder, si te vas el no me dará dinero.
No entendía porque me sentía así.
Durante toda su vida se ha encargado de hacerme creer que soy un maldito mueble, pero en el fondo quería que me tratara bien al menos una vez, ver en sus ojos que le importaba un poco al menos, pero no, jamás le importé, jamás me quiso.
Soy de su propiedad.
¿Alguna vez me tratarán con respeto?
No creo, creo que nunca sabré lo que se siente ser tratada como una persona.
Me suelta bruscamente, yo solo asiento. No me queda de otra.
El sale de mi habitación, yo me miro al espejo de nuevo, no quiero seguir viviendo, de verdad ya siento que no puedo mas con esto.
(...)
Días después.
Mañana me casaría con Dimitrio, él organizó la boda a su modo, eligió las flores, vestido, comida e invitados, yo solo asentía con una fingida sonrisa que estaba encantada de casarme con él.
Lo bueno de esto es que no volvió a tocarme, sorprendentemente Dimitrio es un hombre tradicional por así decirlo, me dijo que no era correcto tocarme cuando faltaba tan poco para la boda.
Si todos supieran que abusa de mi desde que tengo dieciséis.
Por la tarde habían llegado las sillas, mesas, flores y comida, yo quería aprovechar esa oportunidad para escapar, pero me habían encerrado en mi habitación, escondieron cualquier cosa con que pudiera lastimarme y así librarme de esta boda.
Alguien ha dejado un ramo de rosas en mi habitación, son las flores mas cliche que existen pero, son mis favoritas porque mi madre me dijo que me puso así debido a lo hermosas que eran.
Nunca las había tenido porque a mi padre les aborrecian, pero aparentemente este ramo de rosas lo dejaron aquí, estaban hermosas y frescas, se nota que habían sido traídas de otro lado.
La noche estaba fría, el personal vagaba por la casa, no había mucho que ver la verdad ya que había mucha nieve y todo el jardín estaba repleto de ella.
Mañana asistieron miembros de la mafia y ese hombre, Sindoni.
Dimitrio estuvo jactándose de que vendría a la boda, como líder y jefe debía venir para apoyar a sus empleados. Pero a Dimitrio le interesaba restregarle que tenía una hermosa prometida y toda esa mierda.
No me interesaba conocer a nadie, para mi, todos son iguales. Todos vienen con esa maldad incluida, se que no puedo generalizar, pero no conozco otra cosa que no sea la maldad y la sangre.
Iba a casarme, iba a salir de un infierno para entrar a otro.
Porque si, Dimitrio se negó a vivir aquí, incluso amenazó a mi padre con asesinarlo si llegaba a tocarme para desquitarse, eso no me alivio, todo lo contrario, porque no sabía qué era lo que me esperaba estando casada con él cuando me vaya de aquí.
Suelto un suspiro y me quito el anillo de compromiso para acostarme en mi cama.
No dejaba de mirar las Rosas que posaban en la mesa de mi habitación, mientras lo hacía, anhelaba una cosa, la libertad.
Mañana me casaría con un hombre al cual aborrezco y el mismo que me ha hecho daño un par de veces. Le temía, temía tanto ser su esposa, lo peor es que no puedo negarme.
No puedo decir una sola palabra.
Por más que lo quisiera, no puedo hacer nada.
No quiero casarme, no quiero hacerlo, no cuando él me ha hecho daño, tanto daño como lo ha hecho mi padre, quiero huir, pero tengo tanto miedo hacerlo.
Me pongo alerta cuando escucho la puerta, era él, estaba un poco borracho porque veía cómo se tambaleaba.
-Rose -arrastraba las palabras-.. Ven aquí..
Iba a esconderme pero él me toma del tobillo y me arrastra hasta el filo de la cama y abrió mis piernas, yo me paralizo por el miedo, el no deja de mirarme el cuerpo, yo solo traia una bata pequeña, no quería usarla pero mi padre me obligó.
Cierro mis ojos cuando él mete su asquerosa mano en mi bata. Por instinto le pateo la entrepierna, me bajo de la cama para ir hacia la peinadora, tomo el abrecartas y lo señalo con el mismo.
-¿Crees que me vas a lastimar con eso?
Solo asiento lentamente.
-Me molesta que no puedas hablar.. Pero eso es mejor, te hace mas obediente porque oir tus gritos me va a joder la noche de bodas -se acerca lentamente a mi-, vamos Rose.. Clavala justo aquí -se señala el abdomen.
Nunca en mi vida he lastimado a alguien, ni siquiera a mi misma, me sentía tonta por creerme débil, pero es que lo soy, ellos me hicieron así.
Me paralizo cuando él se acerca, tome el valor de clavarle el abrecartas en el costado, el suelta un quejido y cae encima de mi, yo lo quito como puedo, mis manos y bata están manchadas de sangre.
Lo he matado.
Rápidamente me pongo de pie y corro hacia la salida de mi habitación, sin mirar atrás comienzo a bajar las escaleras y a buscar la parte trasera de la casa, se que se puede salir por la cocina.
Es mi oportunidad, pensé.
Escucho gritos arriba, puedo escuchar pasos apresurados, así que aprovecho de salir, con suerte la puerta estaba abierta ya que aun era temprano.
No se que ha pasado pero comienzo a correr por toda la parte trasera de la casa, lo hago sin mirar hacia atrás. No se como lo hice pero salté la cerca y corrí fuera de la casa.
Debía alejarme ahora, porque si me quedaba aquí, él iba a matarme.
El bosque estaba espeso, había neblina y nieve en el suelo, ya que los pies me dolían, pero no iba a detenerme. Debía encontrar ayuda sea como sea, veo a lo lejos una carretera, me detengo en seco cuando escucho a los perros ladrar y los hombres gritar.
No.
Sigo corriendo, el pecho me dolía al igual que los pies. Cuando veo hacia la carretera, bufo al ver que no pasa ningún auto.
Debía cruzar.
Comienzo a correr de nuevo, cuando pasó el primer carril, corro hacia el segundo, pero no vi venir el auto, yo me tropiezo, espero el golpe pero este no llega, solo escucho el chirrido de las llantas en el pavimento.
El auto se había detenido a unos pocos metros de mi. No se que diablos me había pasado pero me quede en el frío suelo, yo jadeaba sin control, mis pies dolían, mis manos dolían y tenía mucho frío.
De pronto, del auto baja alguien, veo que azota la puerta del mismo con fuerza, alzo la vista cuando lo tengo frente a mi.
-¿Estás loca? -es lo primero que dice al verme- Casi te mato.
Miro hacia el otro lado de la carretera, escucho a los perros ladrar más cerca y diviso luces, las de las linternas.
-¿No escuchaste?
Me pongo de pie rápidamente y me acerco a él, el hombre frunce el ceño al verme las manos y la bata.
-Ayudame -muevo mis manos esperando que pudiera entenderme-, por favor, ayudame.
-No sé lengua de señas -dice, pero él no me mira a mi, mira mis manos ensangrentadas y la bata- Hey, ¿qué mierda haces?
No me quedó de otra que tomar su saco blanco y escribir, Ayudame, en su costoso saco. Me aparto un momento de él y junto mis manos.
-¿Necesitas que te ayude? -asiento varias veces- Mierda... Me ne pentirò (Voy a arrepentirme de esto) -dice, creo que eso fue italiano- Vamos.
Me toma de la mano importandole poco la sangre, ni modo, ya lo había manchado de ella hace un momento. El abre la puerta del auto y me dice que me suba, yo lo hago rápidamente.
No sé en qué demonios me estoy metiendo, pero prefiero otro futuro que casarme con Dimitrio.