Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Una Soltera en Apuros
Una Soltera en Apuros

Una Soltera en Apuros

Autor: : Marlene R.
Género: Romance
Sabrina es una californiana de veintiocho años que está empecinada en morir soltera por una mala experiencia del pasado. Sin embargo, un inesperado viaje a París para asistir a la boda de su hermana pequeña, cambiará por completo su vida. Un apuesto francés, una noche de copas y un acta de matrimonio, la harán entrar en pánico por no recordar absolutamente nada. Sin embargo, nada era lo que parecía y su familia tenía mucho que ver con aquel matrimonio. Para solucionar su problema, Piero, su apuesto y desconocido esposo, le propone a Sabrina quedarse un mes, en el que él debe resolver algunos asuntos de trabajo para luego ocuparse de la nulidad del matrimonio. Sabrina, de mala gana acepta y ese mes que creyó sería el peor de su vida, se convirtió en uno de los momentos más agradables que experimentó. ¿Qué hará cuando se cumpla el plazo?

Capítulo 1 SINOPSIS

El plantón

SABRINA

Suspiré feliz, mientras me miraba al espejo que tenía en la habitación. El vestido blanco y perfecto, me quedaba justo sin que faltara o sobrara nada. Era de corte sirena, con una cola de metro y medio, hecho a mano por una de las mejores modistas de novias de la ciudad.

Lina había conseguido que me lo hicieran en tiempo record y como yo deseaba, siendo el vestido su regalo de bodas.

El tocado era de un hilo fino de plata, con flores blancas minúsculas de piedras, trenzadas alrededor del recogido, sujetando la cola que caía como cascada de nube sobre mi espalda.

Los zapatos Manolo Blahnik, me calzaban perfectos y tenían incrustes de pedrería que hacían juego con los detalles del vestido y el tocado.

Dos toques suaves en la puerta me devolvieron a mi realidad y por el espejo vi a mi padre, que asomaba la cabeza. Di media vuelta, con una enorme sonrisa.

-¿Cómo me veo, papá? -pregunté con ilusión y mi padre solo negó con la cabeza, juntando sus manos a la altura de su pecho.

-Como un ángel, mi pequeño torbellino. Te vez angelical -respondió, acercándose para darme un beso en la frente-. ¿Lista? El coche aguarda por nosotros y tu hermana se pondrá histérica si no llegamos a tiempo.

-Sí, padre -respondí, tomando el brazo que me ofrecía-. Me hubiera gustado que mamá me viera así, a punto de casarme -dije apenas, mientras bajábamos las escaleras.

Mi madre había muerto hace diez años, dejando tres hijas y un esposo sin la dicha de su presencia.

-Estoy seguro que de todas maneras, ella te está viendo, Sabrina. Desde el cielo, cuida de nosotros siempre.

A papá le gustaba pensar que mi madre era una especie de ángel de la guarda, que iba con nosotros a todas partes. Asentí y me ayudó a subir al coche, para ir a la iglesia y casarme, como siempre soñé.

Al llegar, bajamos y fuimos a un pequeño acuarto a fin de retocar lo que hiciera falta y recibir las indicaciones de la wedding planner que había contratado Lina.

Estaba nerviosa y mis damas de honor, que se resumía a tres de mis mejores amigas, trataban de clamarme.

-Toma -dijo Alina, pasándome una petaca de aluminio y la tomé, bebiendo dos sorbos que me hicieron arder la mi garganta.

-¡Diablos! -lancé, arrugando la nariz y cerrando los ojos-. ¿Qué mierda es esto, Alina?

-Vodka -dijo como si nada.

-¿Vodka?

-Sí, de Polonia -se encogió de los hombros y sonrió.

-Es la bebida más fuerte entre todos los licores; prácticamente alcohol rectificado... y refinado -acotó Mila, otra de mis amigas.

-No es nada fácil de conseguir -dijo Alina, tomando el envase que le devolvía-. Ni te imaginas lo que debí hacer para que me dieran gratis una botella -enarcó una ceja, metiendo su dedo en la boca y haciendo un sonido obsceno con los labios.

-¡Por supuesto que lo imaginamos! -intervino Sara con diversión-. Pero hoy es el día de Sabrina, y no arruinemos el momento con cosas sin importancia -acotó con una sonrisa.

-Pues yo creo que al ser Jason el novio, ya se ha arruinado por completo el día especial de Sabrina -Alina rodó los ojos bebiendo, y Mila le propinó un pellizco en el brazo-. ¡¿Qué te pasa?! -gritó.

-Mejor cállate, Alina, y guarda tus comentarios para otro momento -dijo Sara, quien era la más sensata de todas.

-Sé que ninguna está de acuerdo con esta boda, pero agradezco que aun así, estén aquí apoyándome -un nudo se había formado en mi garganta y mis amigas se acercaron, para darme un abrazo-. Tengo miedo... -susurré.

-No debes temer, cariño. Solo son los nervios, ya pasará -dijo Mila, poco convencida.

-Aún estás a tiempo de huir. Tengo el coche aquí cerca, Sabrina -volvió a hablar Alina, poniéndome los nervios de punta.

Y es que no era para menos. Llevaba cuatro años con Jason, en los que perdoné más infidelidades que otra cosa.

La última vez que me había fallado, su modo de arreglar la situación, fue pidiéndole mi mano a mi padre, quien se había ilusionado con la petición. Debía buscar a Jason y hablar seriamente con él. Tenía que saber que el paso que estábamos a punto de dar, era algo de lo que él estaba seguro. Y más aún, necesitaba que me convenciera que me amaba locamente como yo a él, aunque lo mío rebasara lo tonto.

-Tengo que hablar con Jason... ¿saben si ha llegado? -pregunté y todas se miraron con nerviosismo, hasta que Alina abrió la boca.

-En el cuarto, cruzando el confesionario.

Asentí con la cabeza y salí con prisa del lugar, para ir hasta donde mi amiga indicó se encontraba mi prometido.

Un martilleo incesante se apoderó de mi pecho, a medida que llegaba al lugar. Respiré hondo al ver la pequeña puerta y la abrí convencida de que con unas palabras de su parte, me sentiría más tranquila.

-Jason, tenemos que hablar... -dije de inmediato, llevándome una grandísima sorpresa-. Pero... pero, ¿qué carajos?

Mi prometido, se estaba besando apasionadamente con una mujer que resultaba ser ¡su prima!

Me paralicé por completo, mientras ambos se separaban con violencia e intentaban acomodarse la ropa.

-Linda, esto no es lo que piensas... -se apresuró en decir y sacudí la cabeza.

La rabia bullía en mis venas y sentía que pronto lloraría. El estómago comenzó a revolverse y deseaba vomitarles en la cara por el asco que me producían.

-Eres la mismísima mierda, Jason... -logré articular cuando salí de mi conmoción.

-Sabrina, por favor, esto no significa nada... es algo sin importancia -dijo conciliador, intentando acercarse a mí.

-No te acerques, Jason. Nunca, jamás en tu vida, vuelvas a acercarte a mí -lo apunté con el dedo, sintiendo como todo mi cuerpo temblaba.

-Nos casaremos en veinte minutos, cariño. Podemos resolver esto, luego de la ceremonia -dijo como si nada y entorné los ojos como si se hubiera vuelto loco.

-Eres un maldito enfermo... ¡por supuesto que no habrá boda! Jamás me casaría contigo después de verte así, ¡por Dios! Sí, ya sé que he sido una estúpida todos estos años, pero esto el colmo, Jason.

-No cometas una tontería, Sabrina. Todos los invitados ya están aquí, mis padres, tu familia, nuestros amigos... la recepción ya está pagada, pro Dios. Piénsalo un minuto, cariño. Te juro que esta será la última vez, te lo prometo.

Las lágrimas amenazaron con fluir y cerré mis ojos, respirando hondo.

-Hagamos esto, juntos. No puedes dejarnos en ridículo delante de tantas personas importantes. Te prometo que te compensaré -volvió a decir, pensando que otra vez me estaba convenciendo.

Afirmé con la cabeza y a pesar de que me estaba muriendo pro dentro, compuse mi mejor cara y suspiré.

-Tienes razón... esto es algo insignificante que luego arreglaremos -Jason sonrió, afirmando con la cabeza-. No puedo arruinar este momento por una estupidez -volví a decir, mientras él tomaba mi rostro y depositaba un beso en mis labios que me supieron a ácido.

-Te estaré esperando en el altar -susurró sobre mi boca y moví levemente la cabeza, para luego salir e ir hasta donde se encontraban mis amigas.

Me tapé la boca para ahogar el grito que deseaba lanzar y corrí con prisa. Cuando entré al cuarto, las tres; Alina, Mila y Sara, me vieron con expectación.

No pude evitarlo y rompí en llanto, mientras ellas se acercaban y me abrazaban intentando calmarme.

-No puedo casarme con él... -dije al fin y todas afirmaron con la cabeza, incluyendo Sara-. Necesito que me saquen de aquí.

-Lo haremos, cariño... no te preocupes -dijo Mila.

-Pero antes, le darás una lección a Jason -intervino Alina y todas la vimos con curiosidad mientras revelaba su plan.

El momento llegó y me encontraba de pie, sujetando el brazo de mi padre para hacer la entrada nupcial.

Con cada paso que daba, agradecía infinitamente el plan de Alina porque sería retribuirle solo un poco de las tantas humillaciones que me había hecho pasar el idiota de Jason.

Mi querida suegra, enarcó una ceja estudiando mi aspecto y asintiendo con la cabeza, como si su aprobación fuera por demás importante para mí.

Mis amiga se colocaron tras de mí y dejamos que la ceremonia siguiera como si nada, hasta el momento de intercambiar nuestros votos.

-Yo -inició Jason-, agradezco a la vida por haberte conocido. Agradezco haber encontrado en ti la comprensión y el cariño que una esposa debe profesarle a su esposo -hizo énfasis en esas últimas palabras y quise darle un puñetazo.

Pensaba en las miles de maneras de borrar esa estúpida sonrisa de su rostro, de presionar su cuello y que los ojos se le fueran saliendo despacio hasta reventar por la presión.

-Sabrina... Sabrina -susurró y sacudí al cabeza, prestándole atención-. Tus votos... es tu turno -dijo mirando a sus lados con una sonrisa nerviosa y asentí.

-Yo, agradezco infinitamente a Dios por este día -inicié y Jason asintió satisfecho por mis palabras-, porque gracias a este día, pude comprender que un hombre como Jason, no se merece de ninguna manera a una mujer como yo. Un hombre como Jason -abrí los brazos, dándome vuelta para ver los presentes que me miraban con la boca abierta y como si estuviera loca-, quien tiene el ego demasiado grande a comparación con lo que lleva entre sus piernas, efectivamente no se merece a una mujer como yo. Pero creo que su prima... -señalé a la muchacha con la que lo había encontrado-, ¿Elizabeth era tu nombre? -pregunté y la joven agachó la mirada por la vergüenza-, eso ya no importa, la cuestión es que ella sabe perfectamente los motivos por el que un hombre como Jason, no se merece a una mujer como yo.

»Pido perdón a todas las personas que están aquí por mí, y que siempre han tratado de abrirme los ojos en relación al hombre con el que pensaba compartir mi vida -me quité el anillo del dedo y se lo tiré a la muchacha-. No habrá boda hoy, pero todos están invitados a disfrutar del banquete que la familia de Jason gentilmente preparó para todos.

-No puedes estar hablando en serio -dijo Jason, tirando de manera violenta de mi brazo.

Sin pensarlo, jalé con fuerza deshaciéndome de su agarre, lanzando un gancho que fue a parar a su ojso izquierdo.

-¡¡¡AOUCH!!! -se oyó pronunciar en conjunto a la multitud y yo sacudí la mano.

-Gracias por abrirme los ojos en el momento justo. Adiós, Jason -dije, tomando la tela de la falda de mi vestido y corriendo hacia la salida.

Al llegar a los escalones de la iglesia, me quité mis apreciados Manolos que no tenían la culpa de nada y los lancé a un lado, cogiendo el tocador y también tirándolo para arrancarme el velo que lo dejé caer allí mismo.

Tomé los pliegues del delicado vestido y lo rasgué para darle más libertad a mis piernas. Comencé a bajar los escalones y corrí, en dirección al parque que estaba justo en frente de la iglesia.

Mientras corría, las lágrimas no dejaban de fluir de mis ojos, y es que me sentía una verdadera estúpida en todos los sentidos.

Llegué hasta el lago y me quedé de pie al borde del muelle, llorando amargamente mientras me maldecía por haber sido tan ingenua.

Mis amigas habían llegado junto a mí, y sentí la mano de Alina en mi hombro.

-Lo siento, Sabrina, pero era lo mejor. Solo te hubieras condenando a una vida llena de miserias y atado a un matrimonio sin amor.

Afirmé con la cabeza y sentí otras manos, desprender los pequeños botones del vestido. Entre todas, me despojaron de la tela blanca, dejándome en el enterizo de encaje que pensaba utilizar en mi noche de bodas.

-A la mierda el matrimonio... -susurré mientras las cuatro nos tomábamos de la mano y nos mirábamos con complicidad.

-¡A LA MIERDA EL MATRIMONIO! -gritaron las demás y entre risas y llanto, nos lanzamos al agua.

Capítulo 2 CAPITULO 1

Una mala decisión

Los Ángeles, California

SABRINA

«¡Mierda!», susurré al despertar y notar que no me encontraba sola; un brazo enorme rodeaba mi cintura.

La sábana blanca cubría parcialmente nuestros cuerpos, por lo que la levanté levemente y entorné los ojos al ver el enorme... «helado», que había saboreado anoche. Suspiré sonriendo y luego sacudí la cabeza para regresar a la realidad. Ya había amanecido y debía marcharme antes que despertara Axel... Ángel, o tal vez Ángelo... no recordaba su nombre y era mejor así.

Despacio, fui apartando su brazo y saliendo de la cama para que no despertara. Lo menos que deseaba era la típica charla después de una noche que no significó más que sexo, y sabía de sobra que los hombres se ponían intensos cuando éramos las mujeres quienes abandonábamos el lecho sin dar explicaciones.

Tomé el vestido rojo del piso, y me lo pasé rápido por la cabeza. Recogí mis tacones, mi pequeño bolso y busqué con los ojos mi braga, que no la encontraba por ningún lado.

«Diablos», maldije porque se hacía tarde y la bendita braga no aparecía.

El hombre atlético y fornido que yacía en la cama, comenzó a removerse y entré en pánico, por lo que caminé de puntillas hasta la puerta de salida para largarme de una vez.

Respiré tranquila cuando estuve fuera y me calcé los tacones para bajar por las escaleras los tres pisos que me restaban para la salida de aquel hotel. Odiaba los elevadores y me encantaba hacer ejercicio en la mañana.

Mientras bajaba escalón por escalón, fui desenredando mi pelo con los dedos, intentando verme lo más decente posible. Al llegar a recepción, todos se me quedaron viendo, como si desentonara por entero con la sobria decoración del lugar.

Compuse mi postura de diva, y solo levanté el mentón, siguiendo hasta la salida.

«Pareciera que nunca hubieran visto a una mujer después de follar», murmuré, mientras cruzaba la enorme puerta.

-¿Tomará un taxi? -preguntó el portero y afirmé.

-Muchas gracias -respondí.

Cuando el taxi llegó, caminé para montarme en el coche y marcharme, pero una voz gruesa impidió que siguiera al interior.

-¡Sabrina! -oí a alguien llamarme y tanto el portero que me había abierto la puerta del coche, como yo, volteamos a buscar de quien se trataba-. ¡Sabrina, aquí estoy! -volvió a decir y elevé la vista hasta el balcón de una de las habitaciones del tercer piso-. ¡Has olvidado esto! -dijo burlón, enseñándome un trozo de tela color rojo que colgaba de sus dedos-. ¡Y también de despedirte!

-¡Quédatelo como recuerdo y cuando regreses a la ciudad, búscame. Sabré quien eres cuando me enseñes la braga! -respondí en voz alta, causando que el portero del hotel casi se atragantara con su propia saliva.

Solo reí, negando con la cabeza. Le guiñé un ojo al portero que no se veía nada mal, y le pedí al chofer que me llevara al trabajo.

Miré la pantalla del móvil para cerciorarme de la hora y faltan treinta minutos para las ocho. Mi jefa me despediría si llegaba tarde... otra vez.

Apresuré al chofer y faltando un minuto, llegamos a la revista donde trabajaba desde que me había graduado como periodista.

-¡Quédese con el cambio! -dije al taxista, mientras le daba un billete de cien dólares y salía disparada del coche.

Prácticamente corrí, ingresando como un torbellino a la revista, mientras Nina, la chica de recepción bufaba y me tendía un café que ya esperaba por mí.

-Eres un ángel, Nina.

-Sí, sí, sí. Mejor date prisa porque hoy está insoportable -dijo, refiriéndose a mi jefa.

-¿Está de malas? ¿De nuevo? -pregunté, arrugando la nariz mientras aguardaba a que el elevador se abriera.

-Como siempre, Sabrina. Y ha preguntado por ti cuando llegó -me vio de pies a cabeza.

-¿Qué? -pregunté, mientras bebía un sorbo de café.

-Apestas a sexo y pareces una zorra que acabó su turno; mejor haz algo con tu aspecto antes de ver a Lina.

Rodé los ojos y suspiré.

-Veré que puedo hacer... gracias por el café -me monté al elevador y Nina solo negó, como si se resignara a que ya no cambiaría.

Cuando llegué al piso quue me correspondía, ya nadie se volteaba a verme porque era común que llegara en esas fachas.

Alina, una de mis mejores amigas y mi compañera de sección, me tendió una bolsa y cogió mi café.

-Gracias...-susurré y ella me guiñó un ojo.

Fui de prisa al tocador y me encerré en uno de los cubículos para cambiarme de ropa. Extraje de la bolsa la falda tubo color negra y la camisa blanca, me las puse rápidamente, guardando el vestido rojo en la bolsa.

«Ojalá se le hubiera ocurrido agregar una braga», pensé, mientras salía y me acercaba al lavabo para arreglar mi cabello y maquillaje.

Saqué de mi bolso el cepillo de pelo, lo peiné rápidamente y me hice una coleta alta, enrollando la goma con un mechón de pelo y ajustándolo con una hebilla. Quedó perfecto.

Desmaquillé mi piel, untándome crema y un poco de base para emparejar el tono. Delineé mis ojos, coloqué un poco de máscara en las pestañas y brillo en los labios, sintiéndome conforme con mi aspecto.

«¿Quién diría que era la misma mujer que llegó hace minutos a la revista?», pensé.

Le sonreí mi reflejo en el espejo, guiñé un ojo y salí del tocador, sintiendo como el fresco llegaba a mi entrepierna. Suspiré negando, porque no todo siempre podía ser perfecto.

Mi propia experiencia me lo había enseñado con creces.

Llegué a mi escritorio y bebí un sorbo de café, relamiendo mis labios y cerrando los ojos. Era todo lo que necesitaba para ser feliz.

-¿Cómo fue la noche? -preguntó Alina, quien estaba sentada delante de mí, en su escritorio.

El espacio que ocupábamos era una oficina abierta que consistía en un piso completo del edificio. Los escritorios, dependiendo de la sección en la que uno laboraba, estaban colocados uno delante del otro, separando las áreas con pilares cromados que llegaban al techo.

Las paredes eran de cristal, por lo que el lugar era bastante luminoso. La decoración era exquisita; cuadros de modelos, diseñadores, obras de arte, sillones de cuero negro con almohadones púrpuras y un piso brillante de mármol negro.

Alina y yo, estábamos en la sección de accesorios de temporada, donde redactábamos artículos sobre los accesorios de moda: bolsos, zapatos, joyas.

-Bastante bien -respondí, mientras encendía el ordenador-. ¿Y tú?

-Nada mal... el hombre resultó todo un cerebrito, pero no puedo quejarme. Le doy un siete y medio.

-Pues al mío le daría un ocho -repliqué y ambas reímos.

-¿Tienes planes para esta noche? -preguntó.

-Alison regresó de Paris y nos reuniremos a cenar en casa de mi padre. Dijo que tiene algo muy importante que decirnos, así que... -me encogí de hombros.

-Si terminas temprano, te espero en el Sunset LA. Tengo reservaciones y unos amigos que llegaron de Madrid estarán allí.

-No prometo nada, Alina. Sabes que cuando voy a casa de mi padre, las cosas se ponen difíciles. De todos modos, lo intentaré.

Ambas seguimos con lo nuestro hasta que mi dulce jefa pidió me presenciara en su oficina.

Al llegar a su despacho, su secretaria me pidió que siguiera, señal de que ya aguardaba por mí.

-Buenos días... -musité, ingresando a la oficina.

-Apestas, Sabrina. ¿Has salido otra vez? ¡Es apenas martes, por Dios! -sermoneó sin verme a la cara y leyendo lo que tenía en manos.

-Buenos días, Sabrina. ¿Cómo has amanecido? Bien, gracias Lina, ¿y tú...? -rodé los ojos, remedando la conversación

-No te hagas la chistosa conmigo y siéntate, por favor.

-¿Qué sucede? -pregunté, mientras tomaba asiento. Lina dejó sus papeles, entrelazó las manos y me vio con seriedad.

-Solo quería asegurarme de que irás a la cena, en casa de papá -dijo conciliadora, suavizando su voz y suspiré.

-Sí, Lina. Ya le prometí a Alison que iría, pierde cuidado.

-Gracias por hacerlo. Sé que es difícil para ti tener que ir a casa, pero es nuestra hermana pequeña -respondió y asentí-. ¿Cuándo terminarás con todo esto, Sabrina? -preguntó y fruncí el ceño-. Las fiestas, embriagarte y acostarte con cualquiera... -explicó y solo miré el techo-. ¿Acaso no quieres formar una familia, sentar cabeza, comprar una casa y tener niños? Tienes veintiocho años y ya pasó mucho tiempo de...

-¡Ni lo menciones, Lina! -levanté la voz y me puse de pie-. No te atrevas a recordarme algo que es la pesadilla más recurrente de todas mis noches.

-No todos son iguales a él, Sabrina. No tienes por qué repetir la historia.

-Lina, lo siento, pero esa es una conversación que no deseo tener. Si no tienes más nada que decir, volveré a mis labores -di media vuelta pero su voz me detuvo.

-Aún no he terminado -cambió su tono de voz y supe que se trataba de trabajo-. Tus compañeras se han quejado de ti... llegas tarde y con un aspecto deplorable. Utilizas el sanitario como tu vestidor personal y a Alina como tu guardarropa.

-Eso es ridículo... -respondí, sonriendo.

-Dicen que aun conservas tu empleo porque tu jefa es tu hermana, y que si no tomo cartas en el asunto, tendrán que recurrir a otras instancias.

-Eso que significa...

-Que si no te despido, ambas perderemos nuestros trabajos.

-No pueden hacerte eso; ¡eres la mejor editora en jefe de todo Los Ángeles! -repliqué y ella sonrió, poniéndose de pie y caminando hasta mi-. Has rechazado formar una familia por esta revista, Lina. Conoces todo de ella porque la revista eres tú.

-Hay muchas buenas editoras que harían lo que fuera por mi puesto, Sabrina, y en los negocios, la buena memoria se pierde cuando amenazan tus intereses.

-Entonces renunciaré... no dejaré que pierdas el trabajo de toda tu vida por mi causa.

-Sería mucho más feliz, si en vez de decir que renunciarás, prometieras cambiar y dejar los excesos.

-Lina...

-Escúchame, Sabrina, le prometí a nuestra madre que cuidaría de ustedes como si fuera ella misma y no romperé mi promesa. Al menos no, ese juramento -las lágrimas se asomaron en mis ojos y en los de Lina, pero pronto recompuso aquella imagen imponente de una mujer de hierro y se volteó, regresando detrás de su escritorio-. Piénsalo, y luego de la cena, hablaremos otra vez de todo esto. Puedes retirarte.

Tragué con fuerza y solo di media vuelta, marchándome de la oficina.

Lina tenía razón y mi madre tal vez estuviera muy decepcionada de mi comportamiento, pero no quería volver a pasar por lo mismo. No deseaba enamorarme, entregarme y que me lastimaran de nuevo. Los excesos se habían convertido en mi rutina y era la única manera de olvidar.

Llegué a mi escritorio y Alina me vio raro.

-¿Pasa algo? -preguntó y negué-. Sabrina, nos conocemos desde que usamos pañales... puedes engañar a cualquiera, pero a mí no.

-Ali... las demás mujeres al parecer, se han quejado de mis constantes llegadas tardías y han amenazado a Lina con hacerla perder su empleo si no me corre...

-¡¿Qué?! -gritó, captando la atención de todas-. ¿Pero que se han creído? -dijo indignada y entorné las cejas-. Lina prácticamente fundó la revista DIVINE, no pueden hacerle eso.

-Es lo mismo que le he dicho, pero al parecer, hay otras editoras que quieren su puesto y la cuestión va más por ese lado que por mi comportamiento.

-Pues ponte el despertador y acaba antes del amanecer para que no llegues tarde -dijo con seriedad y quise reír.

-Ay, Ali. De verdad que a veces eres tan inocente.

-¿Por qué lo dices?

-Creo que deberé replantearme esta vida, al igual que deberías de hacerlo tú. Ya estamos viejas para esto -bromeé y bufó.

-Apenas hemos florecido. No quieras aguarme la fiesta tú también, que para eso tengo a mi insoportable hermano.

-Josh es un gran hombre y un buen hermano. Solo quiere cuidar de ti...

-Como lo hace Lina contigo -acotó con una sonrisa tierna-. La vida nos ha golpeado con cosas demasiado difíciles, Sabrina. En un segundo, ha cambiado todo el futuro que habíamos planeado en la escuela, ¿recuerdas? -preguntó y asentí con melancolía.

-Tal vez, tenga mejores cosas para nosotras -dije por decir y Alina negó.

-Solo fue para demostrarnos, que no necesitamos de ningún hombre para salir adelante, y mucho menos, para ser felices. Aunque... son un mal necesario si hablamos de sexo -compuso de nuevo la fachada de indiferencia que había adquirido desde todo lo que le ocurrió y solo afirmé, para darle la razón.

***

Al salir de la oficina, fui a mi departamento para preparar las cosas que llevaría a casa de mi padre, quien vivía en Montebello; una pequeña ciudad del Condado, a unos trece kilómetros de la gran ciudad, y donde no había regresado más que para las cinco navidades que llegaron después del fracaso que resultó mi boda.

Por mucho tiempo había sido la comidilla del lugar, por lo que decidí no volver en un tiempo. Han pasado cinco años, y creo que aun aquella amarga herida no ha terminado de cerrar.

De Jason no he sabido nada desde aquel día, pero las malas lenguas decían que se había mudado junto con toda su familia, a otro estado.

Aunque la mayoría del tiempo lo odiaba, en el fondo sabía que solo había sido todo culpa mía, por no haber querido aceptar desde un principio que él no me amaba como me merecía.

Con la pequeña maleta hecha, bajé hasta el aparcamiento de mi piso y conduje hasta aquel lugar que me traía muchos bellos recuerdos, pero que eran opacados por el trago amargo que pasé en aquella iglesia.

Cuando llegué, Lina también lo había hecho y saludamos a papá como efusividad.

-Al menos por esta noche, olvidemos el trabajo y finjamos que somos buenas hermanas y nos adoramos -le había susurrado al oído y ella solo rodó sus ojos para luego afirmar con la cabeza y largarse a reír.

-Mis pequeñas... después de tanto tiempo, al fin las tendré conmigo a todas de nuevo -dijo mi padre, sirviéndonos vino e invitándonos a sentarnos con él en el jardín. Era junio y el calor se sentía insoportable.

-¿Alison, aún no ha llegado? -pregunté y papá negó.

-Dijo que llegaría sobre la hora.

-¿Saben que se trae entre manos? -pregunté de nuevo y ambos negaron, hasta que oímos un auto aparcar frente a la casa.

-Debe ser ella -mi padre se puso de pie, entusiasmado para ir a su encuentro.

-¿Qué locura crees que ha cometido esta vez? -preguntó Lina y me encogí de hombros.

-Espero que no la misma que había decidido yo, hace cinco años -ironicé y sonrió.

-Por primera vez, estamos de acuerdo. Lo único que nos falta es que Alison quiera casarse tan joven.

Cuando mi padre regresó hasta el jardín, su rostro estaba descompuesto.

-¿Qué ocurre papá? -pregunté de inmediato, yendo a su alcance.

-¡SABRINA! ¡LINA! -oímos la voz chillona de Alison y nos volteamos a mirarla, mientras ella corría prácticamente hasta nosotras y papá negaba con la cabeza.

-¿Cómo estás nena? -saludó Lina, abrazándola.

-Te ves preciosa, Alison -acoté, imitando la acción de mi hermana mayor.

-Es el amor... -respondió ella.

-Mamma mía -dijo papá, cruzando sus manos y mirando al cielo.

-¡Me voy a casar! -gritó nuestra pequeña hermana dando saltitos efusivos, y las dos nos miramos, pensando que se había vuelto completamente loca.

Capítulo 3 CAPITULO 2

Un novio francés y un compromiso

SABRINA

-No puedes estar hablando en serio, Alison -dijo en voz baja Lina, porque notamos que al jardín iba ingresando una figura masculina.

-¡Por supuesto que no puede estar hablando en serio! -exclamé sin importar que me oyeran-. Tiene que ser una broma, Alison. Apenas has cumplido veintiuno y ni siquiera lo conoces...

-Nunca en mi vida he hablado más en serio, Lina -respondió con seriedad, a nuestra hermana mayor-. Ni mucho menos bromearía con algo tan importante -me vio a los ojos, dolida-. Creo que fue un error haber venido... me hubiera quedado en París y casado sin las personas más importantes de mi vida, porque a ellas no les importa mi felicidad.

Me crucé de brazos, enarcando una ceja y Lina bufó, porque esa era la típica manera en que nuestra pequeña pero diabólica hermana, lograba todo lo que se proponía.

-Lo sentimos, Alison. Pero debes comprender que nos ha tomado por sorpresa la noticia, ni siquiera sabíamos que tenías novio -explicó paciente y ella solo se cruzó de brazos-. Te enviamos a París a un taller de modas, y has regresado con un novio que no conocemos y diciendo que te casarás...

-No lo planeé, Lina. Solo pasó y mi corazón me decía que no debía dejar escapar al amor de mi vida.

Rodé mis ojos y negué.

-Basta de discusiones -intervino papá-. El hombre ya está aquí -señaló con la cabeza y volteamos a mirar, encontrándonos con un muchacho bastante guapo y elegante, admirando los rosales secos de mi padre, como si fueran de lo más interesantes-. A lo que vinimos; cenaremos, lo conoceremos y luego tendremos una conversación bastante seria los cuatro. ¿Entendido? -las tres afirmamos con la cabeza y suspiramos-. Preséntanos a tu... prometido, Alison. Que después de todo, no tiene la culpa de estar aquí.

Alison aplaudió victoriosa y de inmediato corrió hacia donde estaba de pie mi futuro cuñado... quien no se veía nada mal.

Cuando estuvo cerca, pude notar que era rubio, bastante alto y con ojos azules. Delgado y atlético.

-Lucio, quiero presentarte a mis hermanas y a mi padre -dijo Alison, con los ojos brillantes.

-¿Nombre italiano para un francés? -replicó papá, extendiendo su mano para saludarlo.

-Mi padre es italiano, señor, y mi madre francesa. Es un placer conocerlo, Alison me ha hablado mucho de usted.

-¿Ah sí? -preguntó mi padre y quise reír. El muchacho afirmó serio con la cabeza-. Pues creo que se le olvidó mencionarte a ti, en todas nuestras conversaciones telefónicas.

-Papá... por favor -concilió Lina-. Es un placer conocerte, Lucio. Soy Lina -se presentó de la misma manera que mi padre-. Disculpa a mi padre y espero comprendas que ha sido una sorpresa para nosotros lo del compromiso.

-Lo entiendo perfectamente. ¡Ni se imaginan como lo ha tomado mi madre! -dijo nervioso y Lina solo afirmó con una sonrisa forzada.

-Hola, Lucio. Soy Sabrina -saludé y él solo movió al cabeza para corresponderme.

-Vayamos a cenar, antes de que se nos vaya el apetito a todos -masculló mi padre y no pude evitar reír, mirando al prometido de Alison.

-Si en verdad estás dispuesto a casarte con Alison, mejor acostúmbrate a esta familia para nada convencional y completamente chiflada -aconsejé y él solo afirmó sonriendo.

La cena transcurrió con normalidad, mientras Alison nos daba algunos detalles del curso que había tomado. Durante el postre, Lucio habló un poco de él y fue ganando lentamente la atención de mi padre.

Era arquitecto y acababa de abrir su propia constructora. Se veía bastante educado y parecía un muchacho serio que como único pasatiempo, tenía la fotografía. Fue así como conoció a Alison; mientras tomaba fotografías en el parque donde ella corría.

Lina y yo levantamos los platos, mientras los novios y mi padre siguieron al pequeño salón donde papá fumaba y bebía algo antes de irse a la cama.

-Parece un buen muchacho -susurré, mientras ponía en el lavaplatos la vajilla.

-Alison se ve... distinta -dijo Lina y concordé con ella.

-Está enamorada realmente...

-Solo el tiempo nos dirá eso, Sabrina. Sabes que Alison es una niña caprichosa y malcriada.

-¿Culpa de quién? -enarqué una ceja y ella suspiró, mientras preparaba té para ambas.

-Sabes que todos la consentimos demasiado, porque mamá se fue cuando ella era muy pequeña.

-Sí, lo sé. Solo quería fastidiarte -reí, bebiendo de la taza que me había servido.

-Últimamente es lo único que quieres hacer.

-Lina, por favor...

-Se me ha ocurrido una idea brillante para que los empleados de la revista olviden por un tiempo tus... faltas -mencionó.

-¿Ah sí? -pregunté y afirmó-. Mientras no quieras casarme y enviarme de luna de miel...

-Pues... es algo similar.

-¿Qué quieres decir? -fruncí el ceño.

-Ya que Alison estará muy ocupada con los preparativos de su boda, se me ocurrió que podrías tomarte unas merecidas vacaciones y ayudarla -mencionó con suavidad y abrí la boca para protestar-. Piénsalo; es una buena manera de que ambas conservemos nuestros empleos.

-Sabes que odio las bodas y además, no sabemos si Alison despertará mañana cambiando de idea, ¡es Alison, por Dios! -repliqué, como si fuera algo estúpido.

-Algo me dice que no lo hará... así que tú escoges; o te tomas unas vacaciones temporales o unas vacaciones definitivas, pero tendrás que mantenerme cuando me quede sin empleo.

-Eres tan dramática -repliqué con fastidio.

-No tenemos otra salida -suspiró.

-¿De cuánto tiempo estamos hablando?

-No te has tomado vacaciones desde que iniciaste... podrías pedir unos dos o tres meses.

-¡¿Qué?! -grité-. Eso es mucho tiempo, ¿qué haré con tanto tiempo libre? Al menos me pagarás, ¿cierto?

-Por supuesto, Sabrina. Es algo que te lo mereces y no porque seas mi hermana diré esto, pero eres una de las mejores en la revista, le duela a quien le duela. Sin embargo, estamos en la cuerda floja y por lo menos, démonos un respiro hasta que todo pase. Incluso, puedes usar ese tiempo para buscar... un esposo, tal vez -se encogió de hombros divertida y solo negué.

-Está bien, pero terminaré la semana para dejar todo en orden.

-Gracias, Sabrina.

-Supongo que las gracias debería dártelas yo a ti.

-Creo que es hora de ir a ver a los tórtolos -mencionó, levantándose y la seguí.

***

-¿Nos perdimos de algo? -pregunté, ingresando al salón y viendo a papá de lo más divertido con los novios.

-Nada, hija. Vengan, siéntense con nosotros.

Ambas tomamos asiento al lado de papá, quien tenía una copa de coñac en una mano y un puro en la otra.

-Aquí ya no hay nada que remediar, mis pequeñas -señaló a los novios con la mano que sostenía el puro y luego caló una bocanada-. Se casarán en un mes y no hay nada que hacer.

-¡Pero eso es muy pronto!-dijo Lina, mirando con seriedad a nuestra hermana pequeña.

-A Lucio le ofrecieron un proyecto muy importante en Dubái, y debe marcharse en mes y medio, así que no tenemos mucho tiempo -explicó.

-¿Por qué no se casan a su regreso? -sugerí-. Podrán tener más tiempo para los preparativos sin que se les escape nada, y no se sentirán tan ahogados con el tiempo encima -Lina afirmó, aguardando una respuesta de los novios.

-Mi contrato es de dos años, y creo que es mucho tiempo para esperar a casarme con Alison -respondió Lucio-. Sé que solo desean lo mejor para ella, que todo esto debe ser abrumador y un tanto precipitado, pero quiero que sepan que hablo muy en serio al decir que amo profundamente a su hermana, desde el momento en que la vi -suspiró mientras la miraba con adoración y supe que no habría modo de hacerlos cambiar de idea-. Mis padres también se sorprendieron, pero saben que soy un hombre sensato que jamás se dejó llevar por los arrebatos, mucho menos por cosas del momento, y no tuvieron demasiado que objetar porque me conocen y están seguros que mis intenciones son genuinas y mi amor es una promesa que cumpliré hasta mi último aliento con su hermana.

Lina, papá y yo nos miramos sonriendo y suspiramos. Nosotros tampoco teníamos nada que refutar a sus palabras. Se oía sincero y parecía un buen muchacho.

-Entonces, no hay nada más que hablar -papá se puso de pie y Lucio lo siguió-. Tienen mi bendición para casarse, pero quiero que sepas, muchacho, que Alison tiene una familia un tanto chiflada, que no dudará en meterse en sus asuntos si no es feliz, ¿comprendes?

-Perfectamente, señor. Le prometo que dedicaré mi vida en hacerla feliz.

-Eso espero... y ahora, si me disculpan, iré a descansar. Puedes traer tus cosas aquí y quedarte el tiempo que quieras. Después de todo, no harán nada que ya no hubieran hecho en París -bromeó papá y el bochorno tiñó de rojo el rostro de Lucio, mientras mis hermanas y yo estallamos en risas.

Lucio se marchó esa noche a su hotel, para recoger sus cosas y pagar la habitación, pero a partir del día siguiente, traería se equipaje tal y como mi padre se lo había sugerido.

Cuando se hubo marchado, las tres nos encerramos en la habitación de Lina, oyendo las mil y un anécdotas de Alison en Francia, y de cómo conoció a Lucio.

-Sabrina se tomará unas vacaciones y podrá ayudarte con los preparativos -dijo Lina y Alison se lanzó sobre mí, llenándome el rostro de besos, mientras me resignaba a preparar una boda.

-¿Podrías darle todo el mes, Lina? -preguntó sonriente y mi hermana mayor afirmó-. Tienes tu pasaporte al día, ¿cierto, Sabrina? -dijo de pronto y fruncí el ceño.

-Por supuesto, ¿pero qué tiene que ver con los preparativos?

-La boda será en París, en unos días debemos regresar y por supuesto vendrás conmigo -respondió, sin dar lugar a réplicas. Sin embargo, Lina intervino de inmediato.

-¡¿En París?! -Alison movió eufórica la cabeza-. ¿Por qué no puede ser aquí?

-Es que Lucio es de allí, y quiere a toda su familia en la boda. Será más fácil trasladar a la mía, a que todo parís venga aquí.

-¡Pero yo no puedo salir del país! -intervine.

-¿Por qué? -preguntaron ambas al unísono y suspiré-. Tienes vacaciones -dijo Alison.

-Y creo que es una gran idea, Sabrina. Recuerda lo que hablamos... -acotó Lina y negué, porque tenía la batalla perdida.

-Está bien... al menos déjenme tener una fiesta de despedida -dije lanzándome a la cama de espaldas.

-Me gustaría una cena de compromiso, antes de marcharnos -dijo con suavidad e ilusión mi hermana-. Sé que en París nos ofrecerán una celebración, pero yo deseo que las personas más importantes para mí, compartan conmigo este momento.

Lina acarició su espalda y yo la miré con ternura. A Alison le costaría bastante adaptarse a su nueva vida, pero ni modo; el amor era así.

-¿A quién deseas invitar? -pregunté.

-Saben que no tengo muchas amigas, y que Mila, Sara y Alina han sido como unas hermanas para mí. Me gustaría que estuvieran ellas, ustedes y papá. Con eso seré feliz.

-Nuestra hermana ha madurado -dijo Lina, con lágrimas en los ojos y le aventé una almohada.

-¡Sólo está enamorada! -bromeé-. Creo que debo ir a París para encontrar un esposo como la gente -volví a bromear, logrando que Alison y Lina me vieran con atención-. ¡¿Qué?! Solo es una broma, saben que jamás me casaría.

-Pues ya lo veremos... -susurró misteriosa mi hermana pequeña.

-¿Qué ideas locas se te están ocurriendo?

-En París conocerás a muchos hombres, y creo que tengo el candidato ideal para ti -dijo como toda una experta y me largué a reír.

-¡Si, como no!

-Ya verás que sí, Sabrina. Ya verás.

-Me gustaría verlo -intervino Lina-. Dios nos haría un milagro si Sabrina sentara cabeza y consiguiera un marido decente, como Lucio.

-Pues morirás esperando, Lina. Y mejor me voy a dormir, porque antes de marcharnos a París, debo despedirme de todos mis novios -me puse de pie y salí disparada de la habitación.

-¡Ya lo veremos! -gritó Alison y por un momento el pánico me invadió, porque ese pequeño diablo que tenía de hermana, era capaz de cualquier cosa con tal de salirse con la suya.

«Ya se le pasará», pensé, mientras me acurrucaba en la cama que había extrañado tanto, y me perdía en un sueño maravilloso.

***

Las cosas fueron acomodándose con los días. Terminé la semana con un viernes cargado de pendientes resueltos. En la noche, Lina, papá y yo, ofreceríamos la cena que tanto deseaba Alison, con mis mejores amigas que a fin de cuentas, eran como nuestras hermanas.

Alina había sufrido mucho desde muy temprano y siempre que su hermano no se encontraba en su casa para «protegerla», ella no salía de la nuestra. Mila era hija única y sus padres nadaban en dinero, pero de la misma manera en que colmaron a su hija con cosas materiales, brillaron por su ausencia en los momentos importantes. Y Sara... Sara es un caso aparte y excepcional. La más lista, la más guapa, la más sensata. Hasta hoy día no sé a ciencia cierta como nos ha podido soportar por tantos años y sacarnos de muchos aprietos a las demás.

Sin embargo, a las cuatro nos unía la misma cuestión y era que ninguna ha encontrado el hombre indicado en su vida. Siempre hemos escogido al patán y nos hemos secado las lágrimas mutuamente, muchas más veces de lo que podría recordar.

Lina por otro lado, había estado enamorada por mucho tiempo, pero Josh... el hermano de Alina, fue reemplazado por el trabajo a pesar de que se amaban profundamente. De pequeñas habíamos soñado con vivir los cuatro juntos, casando a Lina y a Josh en nuestras fantasías, que se truncaron cuando mi hermana mayor rechazó su propuesta.

Alina lo traería a la cena, y tal vez mi hermana no lo tome nada bien. Sin embargo, era ese precisamente el propósito.

La casa estaba lista, la mesa también y solo faltaban pocas personas para comenzar.

-¿Por qué invitaste a Josh? -increpó Lina.

-No es mi cena de compromiso -respondí.

-¿Alison lo invitó? -me encogí de hombros-. Ese pequeño demonio... ¡me las pagará! -bramó furiosa en la cocina.

-¿Por qué te sorprendes? Josh siempre fue como un hermano para nosotras, en especial para ella. Además -la miré de reojo-, lo de ustedes fue hace muchos años, no debería de importarte, a menos que...

-¡Mejor cállate! Y ayúdame a llevar todo a la mesa.

-¡Está bien, está bien!

Al llegar al comedor, mi hermana pequeña cuchicheaba muy cómplice con mis amigas, y éstas me veían de reojo, como si me vigilaran.

Luego de la cena y el brindis, Josh, Lucio y papá, bebieron algo fuerte mientras nosotras conversábamos de la prematura boda.

-Entonces, irás a París... -inició Sara y afirmé bufando.

-No puede ser tan malo... ya ves como regresó Alison -entornó sus ojos Alina y todas rieron.

-No creo tener tanta suerte -repliqué.

-Nosotras también iremos. No nos perderíamos por nada la despedida de soltera de nuestra pequeña hermana -mencionó Mila-. Pensar que le enseñamos todo lo que sabe, y ésta mocosa se casa antes que nosotras.

-Y les agradezco mucho por toda la paciencia que han tenido. Sé que no soy fácil y que a veces me he portado muy mal -dijo Alison y todas la miramos con ternura.

-Nuestro pimpollo ha florecido -dijo Lina y todas reímos.

-Por cierto -inició Alina-, espero no estés molesta por traer a mi hermano. Acaba de regresar a la ciudad y como Alison lo invitó, no quiso perder la oportunidad de volver a verlas y saludarlas.

-No te preocupes -respondió Lina, un tanto incómoda.

-Nosotras nos marchamos y las vemos mañana en el aeropuerto para despedirlas -Sara se puso de pie y las demás la siguieron.

Los hombres ingresaron en ese momento al comedor y Josh se despidió de Alison y de mí, para dejar por último a Lina.

-Fue bueno verte otra vez, Lina -lo oímos decir-. Si tu agenda no está tan apretada, me encantaría invitarte un café.

Todas nos codeamos, con sonrisas cómplices porque en el fondo sabíamos que ninguno se había casado porque aún se querían.

-Sí, claro -fue lo único que dijo mi hermana, mientras le hacíamos gestos para que reaccionara antes de que Josh se desencantara-. Si quieres pasar por la revista el lunes, luego del trabajo, estaría bien.

La sonrisa que se formó el rostro de Josh, fue digno de un poema.

-Por supuesto que sí -sus manos viajaron a la cintura de Lina y le dio un suave beso en la comisura de su boca, mientras nosotras disfrutábamos internamente nuestra pequeña victoria-. Ya estoy deseando que llegue el lunes. Hasta entonces -volvió a decir, saliendo de la casa.

Lina nos reprendió con los ojos pero de todos modos, estábamos felices por ellos y no descansaríamos hasta que terminen como siempre debieron; juntos y en el altar.

***

Al día siguiente, estábamos listas para partir. Nos despedimos con tristeza de mis amigas, hermana y mi padre, aunque sabíamos que en tres semanas volarían a París para organizar la despedida de soltera de Alison.

Dormí durante todo el vuelo y ni siquiera me percaté de que llegamos. Alison me había despertado y Lucio tuvo la amabilidad de llevar mi equipaje de mano mientras trataba de arreglar mi pelo enmarañado.

Lucio me acomodaría en uno de los departamentos de los proyectos que estaban a su cargo, por lo que me sentía un poco más tranquila. No deseaba irrumpir en la casa de unos extraños y espantar a la familia política de Alison con mis tontos hábitos. Y es que, cuando alguien ha vivido tanto tiempo solo, coge ciertas mañas que tal vez incomode a los demás.

-¿Cogeremos un taxi? -pregunté cuando recogimos nuestro equipaje.

-Un amigo vendrá pro nosotros, no te preocupes -dijo Lucio, mirando de manera cómplice a mi hermana.

-Espero que no se les ocurra la absurda idea de querer emparejarme con ese amigo -advertí y ambos sonrieron.

-Pierde cuidado, Sabrina -habló mi cuñado-. Piero es un caballero y no necesita que le busquemos pareja.

-Sí, claro -repliqué para nada convencida-. ¿Acaso es casado? -pregunté y ambos me vieron divertidos-. Como dices que no necesita que le busquen pareja...

-No es por eso, Sabrina -intervino Alison-. El amigo de Lucio es un hombre bastante llamativo... las mujeres le llueven, así que no necesita que nosotros le busquemos una novia.

-Pues ver para creer... -bufé, porque no me fiaba de la palabra de estos dos.

A Lucio no lo conocía, pero Alison siempre tenía intenciones ocultas y debía andarme con cuidado.

-Está por allá -señaló Lucio, incitándonos a caminar hacia la salida del imponente aeropuerto.

Caminé detrás de ellos, mientras intentaba configurar mi móvil para poder utilizarlo aquí, cuando choqué con alguien.

-Lo siento, yo... -dije levantando la vista para disculparme, topándome con unos ojos celestes y una sonrisa de boca cerrada que podría derretir a cualquiera.

Me quedé sin habla por unos minutos, hasta que Lucio carraspeó, trayéndome a la realidad.

-Sabrina, él es Piero Brunelli, mi socio y mejor amigo -lo presentó.

-Bonsoir -dijo despacio, como si arrastrara las palabras convirtiéndolas en seda para mis oídos-. Es un verdadero placer conocerte, Sabrina.

Y la sola pronunciación de mi nombre con aquel acento, había mojado por entero mi braga.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022