Respiro con dificultad. Mis ojos están vendados y sé que no estoy en mi habitación; el aroma es diferente. La habitación se siente fresca y el repiqueteo en la ventana me indica que está lloviendo, lo cual me entristece. Odio la lluvia porque me recuerda los momentos más duros de mi vida. Tengo sed, pero mi boca está sellada con un paño y mis manos y pies están atados, lo cual me parece una estupidez total. Quien me haya secuestrado debe ser un idiota o un loco.
¿Quién se atrevería a raptar a la hija menor de una de las familias más importantes del país, y además, la hija de un senador muy querido?
Me burlo de mí misma, porque sé que no es por eso, que pienso que es un idiota; lo pienso porque a mi familia le da igual lo que me pase. Toda esa gran farsa de una familia feliz es solo para comerciales de carrera política; mi padre solo reconoce a una hija, la otra no existe, es alguien defectuoso. Aunque él me hizo de esta manera, no le importa. Cualquiera supondría que debe sentir culpa por lo que sucedió, pero la única culpa que siente es no haber logrado su objetivo aquel día en que mi vida se hizo añicos. Mi madre me detesta y mi querida hermana solo me usa y hace que sus amigos me odien.
Al punto de que logró que mi prometido me humillara frente a toda la universidad, diciendo que jamás se casaría con alguien como yo. A veces me pregunto por qué no morí ese día. Hubiese sido mejor para todos, pero no. ¿Por qué voy a dejar que ganen? Yo sé lo que valgo y nada ni nadie va a detenerme. Bueno... ahora mismo lo hace el estúpido que quiere lograr algo conmigo. ¡Ash! ¿Por qué no esperó unos días más? Se hubiese llevado a mi hermana. Aunque... un momento... ahora que lo analizo, el único que me pudo haber drogado para hacerme dormir en aquel cuarto es el desgraciado de mi padre. ¿Será que este es su plan para finalmente deshacerse de mí? Pero si yo iba a irme, me lo debió haber dejado hacer por mí misma. No pensaba volver jamás. A no ser que desee conseguir algo con esto... las tierras, claro, son mi única garantía de vida y algo hará para quitármelas; de esa forma, no existiré más.
En eso, escucho ruidos de pasos, lo cual me hace tensar. Agudizo el oído y, a una cierta distancia, las voces comienzan a aclararse. Distingo que son unos cuantos hombres los que se acercan por la cantidad de zapatos que percibo. Este es el momento; al fin sabré qué quieren de mí. La puerta se abre y se enciende una luz que, gracias al paño, no quema mis ojos. Me quedo quieta; no quiero ser golpeada. Tengo bastante con los golpes de mi padre.
-Al fin te tenemos, Eira, la famosa hija de Manrique, la que tanto protege.
Sí, como no. Se equivocó de gemela, mi señor, pero no gasto mi tiempo en aclararlo. Hacerlo puede costarme la vida, de seguro.
-Sí, la tomamos de su cuarto y la trajimos, como ordenó, señor Bolomir. El guardia que compramos nos facilitó mucho las cosas; él mismo nos llevó hasta ella.
¡Qué idiotas! ¿La seguridad de un senador va a ser tan fácil de corromper? Y para terminar, se van a llevar a la hija en sus propias narices. Es claro que mi padre sabía de las intenciones de este hombre.
-Bien, ahora solo hay que hacer que firme ese papel de matrimonio. Se lo pedí por las buenas y no funcionó, pues bueno, lo hacemos de otra manera. Al final, el querido senador me la debe por meterse con algunos de mis negocios.
¡Ups! Ok, espera un momento. ¿Matrimonio? ¿Bolomir? Esto se está poniendo interesante. Quizás esta sea mi salida. En cuanto mi esposo me conozca, pedirá el divorcio. ¿Así que dónde firmo? Bajo mi cabeza para esconder mi sonrisa. Esto se llama matar dos pájaros de un tiro; me libraré de mis padres y ya no tendré que pedir un préstamo al banco para iniciar mi nuevo negocio. No, ¿para qué endeudarme cuando mi esposo es heredero de una gran riqueza?
Mi padre, con su obsesión por Eira, ha perdido un magnífico partido y ella su gran posibilidad, que yo, en cambio, aprovecharé hasta el final. De seguro, ella no está al corriente sobre este trato o lo hubiese aceptado con los ojos cerrados. Bueno, yo sé bien por qué no lo sabe. Gracias a mi condición, he aprendido a ser una perra, como dirían vulgarmente; no soy mansa, aunque lo parezca. Evito los problemas, pero si vienes a por mí, encontrarás un pitbull sin duda alguna. O al menos eso quisiera. La verdad es que ya no soy como antes; ya no aguanto burlas y maltratos de otros. Bueno, eso es real hasta un cierto por ciento. Mi hermana y mi padre aún ejercen poder sobre mí, pero pronto escaparé de su reino de terror. La voz de mi futuro suegro y los demás me sacan de mis pensamientos.
-¿Quién de sus hijos será el elegido?
-Si está en la habitación de Joshua, por supuesto que es él. Es el heredero y, por tanto, debe ser el primero en darme nietos.
¡Oh! Siento pena por el señor; al final me ha hecho un favor, pero no verá pronto a sus nietos si depende de este matrimonio. Joshua Bolomir es un mujeriego, según las revistas de chismes, e incluso se dice que es bisexual. Lo conocí una vez cuando tenía dieciséis años; fue en una de las actividades que celebran las grandes familias de esta ciudad. De hecho, fue a la única que me permitieron asistir. Y me pareció alguien frío, orgulloso y difícil de tratar. Aun así, las mujeres caen rendidas a sus pies, y es cierto que es hermoso, pero con ese carácter de porquería, ¿quién podría quererlo? ¿Quién sabe? Quizás tiene algún amor de cuando era niño o adolescente; me da igual. No pretendo quedarme mucho tiempo a su lado.
-¿Esta es la mujer con la que pretendes casarme, padre?
Joshua... Su voz no es ronca, aun así, tampoco fina, y me parece haberla escuchado antes, mucho antes que en esa fiesta. Siento que me hablan y dicen: «volveremos a vernos, te buscaré». Y en eso, una luz fuerte me ciega; entonces un dolor de cabeza repentino provoca que me queje. Llevo mis manos a mi rostro para apoyarme en ellas y dejar que pase el dolor.
-Sí, ella es Eira Manrique. Pero por Dios, han amarrado a la chica de una forma horrible. Desátenla inmediatamente.
Los pasos vienen hacia mí y varias manos comienzan a retirar todo, lo cual agradezco. No es necesario, ya que iba a firmar sin problemas. Aunque luego de oír cómo me ha llamado, creo que la situación acaba de cambiar. Cuando retiran todo, me acaricio las muñecas. Estoy sentada sobre una cama, de modo que al menos estoy cómoda. Muevo la boca para quitar la sensación que dejó en esta el dichoso paño; la siento dormida. Y poco a poco, comienzo a abrir los ojos hasta que la luz deja de ser un martirio para ellos. Recorro el cuarto con la mirada; es un lugar decorado de una forma bastante moderna, pero claramente es la habitación de un hombre. Los colores que resaltan son negro, blanco y gris, haciendo resaltar la fuerza de su personalidad. Pero, aun así, también puedo notar el toque femenino en ese jarrón que combina lleno de flores o ese adorno amarillo que es evidente que un hombre no escogería. Su madre aún tiene algo de control al ser su casa, y eso me da cierta gracia. Pero alejó ese descubrimiento para volver a la realidad.
Termino por mirar a las personas que hay frente a mí. Es claro que esperan a Eira, así que lo mejor es actuar como ella. De hecho, no es la primera vez que lo hago. Ya otras veces he fingido ser ella y así me he enterado de sus grandes secretos. Entre estos, uno que de seguro acabaría con la vida de muchos, principalmente de mi padre. Sin embargo, por ahora, dejémoslo ahí. Es hora de cambiar de personalidad. Aún tengo problemas leves para moverme normalmente, aun así, trataré de hacerlo lo menos posible para no levantar sospechas.
-Debí imaginarme que recurriría a esto, señor Bolomir. ¡Ja! Con razón, mi padre no quería entregarme a esta familia; al final no son más que unos bajos mafiosos.
-Cuidado con lo que dices, jovencita.
-Será mejor que me devuelva a mi casa o puede que esté en serios problemas por secuestrar a la hija amada del senador Manrique.
¡Qué asco sentía cada vez que tenía que ser tan plástica y vacía como ella! Era como haber tragado un envase de silicona completo. Mi hermana era una gran seductora y algo más, pero de neuronas... bueno, ahí no vivía nadie. Por eso era tan fácil imitarla.
-¿En serio debo casarme con esta chica? Preferiría a la persona con discapacidad, ya está, la conozco de vista y no va conmigo.
Eso me dejó sin hablar. No pude evitar que el corazón se detuviese y que mis ojos se abrieran de par en par por un momento. Para muchos, ese comentario puede ser horrible; para mí, digo que depende del modo en que lo digas. El tono es importante, y no me ofende, pues eso es lo que soy. En cuanto a lo que cree sobre mi hermana, bueno, es algo que se ha ganado ella solita. Nuestros ojos conectaron y sentí que ahora me latía a millón el maldito órgano por su causa. La frialdad de la que hablé no estaba en esa mirada. Joshua Bolomir no es lo que parece; con tan solo ese minuto pude verlo. Reaccioné de repente. Debía hacer algo, no podía permitir que este pacto no ocurriera.
-¿Crees que me ofendes, Joshua? Más bien me asombras porque en serio quieres casarte con una mujer que no podrá complacerte ni darte hijos. ¡Qué grande eres, Joshua, el heredero!
Los ojos de este se endurecen y me muestra al chico que conozco. Esa mirada puede congelar un lago, pero quien explota no es él, sino su padre.
-¡¿Qué?! ¡No! Jamás permitiré que eches a perder tu vida de esa manera. Tu boda será con esta chica y ya está.
-¿Puedo saber las condiciones de esta boda? Si me conviene, puede que acepte. Pero primero me traen un vaso de agua; me muero de sed.
Les dije, mirándome las uñas como si no fuese nada del otro mundo. El padre chasqueó los dedos y en segundos trajeron el agua. Mientras la bebía, entró un abogado con varios papeles en mano, al cual el señor le indicó que me diera el contrato. En este decía que sería por un año solamente, dándoles a cambio las tierras de la abuela, las mismas de las que soy la única dueña, pues ella era la única que se preocupaba por mí. De hecho, fue quien me salvó y crio durante mi infancia hasta mi adolescencia.
Me auxilió justo cuando mi madre renegó de mí y mi padre casi me deja paralítica para siempre. Cuando lo único bueno en mi vida eran mis nuevos amigos, que me protegieron y evitaron que me volviera loca en la escuela, donde el abuso era constante. Mi abuela Carmen me hizo la mujer que soy hoy: fuerte y orgullosa. La extraño demasiado. Estos siete años sin ella han sido un nuevo infierno por superar.
Una lágrima amenaza con escaparse y la limpio disimulando que me pica el ojo. Respiro, pues esta es la oportunidad de la que mi abuela me habló antes de morir. Vieja bruja, siempre supo que este señor vendría a por las tierras, y es perfecto. Mi padre no podrá impedir esta venta, ya que él me envió aquí. Por esta vez no se meterá en medio del negocio. Yo podré tener el dinero que me corresponde y las tierras no quedarán en la familia. No puedo evitar que una sonrisa se muestre en mis labios, sabiendo que me las pagará, al menos así. La retiré cuando sentí que alguien aclaraba su garganta y continué leyendo. Agradezco este contrato porque acaba de darme la excusa perfecta para estar casada solo por una noche y luego obtener el divorcio, e incluso la venganza de la gran Eira también.
Como dije, conozco cosas de ella gracias a sus grandes amigas, que por hablar lo hacen hasta por los codos. Debo agradecer estas oportunidades a la misma Eira, que cuando se escapaba de casa para tener sus amoríos, me daba la ventana para ser ella. Y como no podía contarle a nadie con quiénes iba por ser encargos de mi padre a cambio de favores políticos, podía estar horas chismeando con sus preciadas amistades. Incluso coqueteando con el estúpido de mi ex prometido, Joe, quien se burló de mí. ¡Ah! Pero qué bien se las cobré en cada momento. Los baños de agua fría terminaron por volverlo loco. Vino a reclamarle a mi querida hermanita y esta lo mandó a volar en medio de su propia fiesta de cumpleaños. Creo que aún no se recupera de la vergüenza y el desamor. Según dicen, anda curándose de bar en bar. A eso le llamo karma, ayudado por mí, pero levanto los hombros porque no me importa, pues sigue siendo karma.
En fin, me he ido por otro camino cuando lo que importa es que mi adorada gemela vive enamorada en silencio del hombre con el que me voy a casar. Debo confesar que por un momento me sentí mal con esto que iba a hacer, porque en realidad cometería un crimen al suplantar a mi hermana y por tomar este dinero que se pondrá a su nombre. Aunque, como dije, todo acaba de cambiar con lo que quieren obtener. Miro al techo por un momento: "Abuela, allí donde estés. Gracias por protegerme siempre." Luego de eso, miré fijo a Joshua y le sonreí levantando las cejas. Voy a provocarlo un poco.
-Creo que es cierto eso que he escuchado por ahí sobre ti, Joshua.
Cruzó sus brazos y me devolvió la mirada.
-¿De qué hablas?
-De que te dicen Joshua, el bendito, porque todo lo que deseas lo obtienes.
Se rio de forma seca mientras su padre golpeaba su espalda con orgullo.
-Ella tiene razón, hijo. Siempre has sido una persona afortunada.
Le sonrío al señor de forma plástica.
-Me gustaría tener una conversación con él a solas.
Yo hubiese dicho por favor al final, pero esta es Eira, y ella no pide permiso, tampoco disculpa, menos gracias y olvídense del por favor. Vuelvo mi vista a Joshua; este achicó los ojos y no los despegó de mí en ningún momento. Su padre se veía algo incómodo, pero al final cedió.
-Claro, eso podemos permitirlo. -Sonrió sin deseos y miró a su hijo, que solo asintió con la cabeza-. Muy bien, estaremos afuera. Vamos, chicos, salgamos todos.
El escándalo de la salida me hizo girar los ojos. Era verdad que esta familia era exagerada; sus entradas y salidas siempre eran a gran escala.
Cuando las puertas se cerraron, miré al gran moreno que está de pie frente a mí y no me quita sus verdes ojos gatunos de encima. Con esos rasgos árabes, debería ser un pecado. Hacía años que no lo veía de cerca; bueno, solo una vez lo hice y ha crecido desde entonces. Debo decir que lo ha hecho muy bien, porque las fotos de las redes no le hacen justicia; es mucho más apuesto. Su barba bien cortada realza esa hermosa boca que no deja de ponerse en línea recta, aguantando el enojo o la curiosidad, no estoy segura.
Pero me da igual cuando miro su cuerpo y lo bien que le ajusta el traje que trae puesto. Trago en seco. Quizás he comenzado a entender la obsesión de mi hermana por él y si dice que sí al plan que le propondré, amiga, será la mejor venganza de mi vida.
Dejo de comérmelo con los ojos y aclaro mi garganta para, con algo de trabajo, ponerme de pie. Aún me cuesta hacer movimientos rápidos; tendrían que fijarse bien para darse cuenta y, por suerte, mi operación está en la espalda cubierta por ropa por ahora. Si logro lo que quiero, ya veré cómo diablos hacer para evitar que la vea. Logro llegar al sofá y le pido con la mano que se siente frente a mí. Por un momento, consigo que esos penetrantes ojos se despeguen de mí. Puedo respirar más tranquila, ya que me ponen algo nerviosa; son demasiado inquisitivos.
-Bien, ¿qué es lo que quieres?
Directo y engreído. Tan solo la manera en que alza la ceja lo pone en esa posición, pero ha fallado. Sí que es directo, pero también usa una careta; oculta su verdadero ser y eso me da curiosidad. Es que he descubierto que juzgué mal al heredero; es como yo, alguien que se esconde. Lástima que no tendremos tiempo para conocernos y, de seguro, él tampoco querrá saber de alguien como yo. Y yo valgo demasiado como para dejarme pisotear; solo yo puedo hacerlo. Así que volvamos a lo importante.
-Quiero proponerte un trato que beneficiará a tu familia y, por supuesto, a mí también.
Se echa hacia delante y cruza los dedos al frente, tratando de intimidarme con esos ojos gatunos.
-Habla, te escucho.
-Cuando dije que tu deseo se haría realidad, no mentí; te casarás con mi hermana.
-¿Qué quieres decir?
Su tono se volvió frío e impersonal. Creo que es su forma de estar enojado y lo entiendo. Lo que dijo fue una broma. ¿Quién quiere casarse con la inválida e inútil de Aria Manrique?
-No te alteres, en realidad lo harás conmigo, pero para que esas tierras pasen a tu poder, necesito firmar con el nombre de mi hermana.
-Eso es un delito.
-No si ella es la que firma.
-¿Y cómo harás para que firme?
-Lo hará, créeme. Mi hermana es alguien que adora el dinero.
-No estoy entendiendo.
-No entiendes por qué no te he explicado nada; solo planteé el problema. Ahora voy a decirte lo que deseo. Tu familia obtendrá las tierras a cambio del valor de estas. Para hacer el traspaso más rápido, tendremos que firmar el matrimonio. Ambas cosas serán firmadas por Aria, que aceptará el dinero sin problemas; lo garantizo.
-¿Y el registro? ¿Quién lo firmará?
-Yo.
-¿Con el nombre de tu hermana?
Mordí mis labios. Algo se me tenía que ocurrir.
-No hay problema con eso, nadie se dará cuenta y nos divorciamos a los seis meses.
-Yo lo sabré.
Puse mis ojos en blanco mientras él se levantaba y caminaba de un lado a otro.
-Como si no hubieses hecho cosas malas antes.
-Esto es engaño, es suplantar a alguien, no son boberías.
-¿Y quién se va a enterar? Aria va a desaparecer una vez que tenga el dinero y tú tendrás sus tierras. Listo, todos ganan lo que querían.
Se detuvo y me miró serio. Volvió a sentarse.
-¿Y tú? ¿Qué ganas con todo esto?
-Muchas cosas, y como dije, hasta tú ganarás con todo esto. Verás, odio a mi hermana y ella me odia a mí; por eso, en cuanto tenga el dinero, se irá para siempre.
-Pensé que eran una familia feliz.
-Eso solo es para los ingenuos que apoyan a mi padre. En la vida real, mi familia es completamente disfuncional. Acabada tu curiosidad, ¿puedo continuar?
Levanta una ceja. No creo que le guste que lo reten, pero es Eira, me da igual.
-Adelante.
-Bueno, además de eso, tú saldrías ganando porque este enlace durará tan solo seis meses, no un año, y no estaremos juntos. Nada más tendrás que sacrificar una noche a mi lado, Joshua, y esa es mi otra ganancia.
-¿Me estás diciendo que quieres que tengamos relaciones?
-No, quiero que cumplas con la noche de bodas y nada más.
Pongo cara de santa y trato de aguantar la risa al ver su cara.
-¡Ja! Eres toda una descarada, ¿no?
-Puede ser... entonces, ¿aceptas o no?
-¿Cómo sabremos si dices la verdad? ¿Cómo sé que tu hermana desaparecerá y luego realmente me dará el divorcio?
-Dame tu teléfono. -Lo hace, advirtiendo que me está vigilando, que no haga estupideces. Resoplé y marqué el número de Eira. En el estado en que debe estar, responderá lo que deseo. Mi hermana es una chica de vicios y cuando está en ese estado, tiende a decir lo que necesito. Siento que descuelgan el teléfono-. Hola, hermanita.
Lo pongo en altavoz para convencerlo.
-¿Qué quieres, estúpida?
-¡Uy! Tan amorosa como siempre. Solo llamé para decirte que la transacción será hecha si aceptas firmar.
-¡Ja! Ya te lo dije, dame el dinero y firmo donde tú quieras.
-Luego de seis meses, lo dejarás libre como prometiste, ¿verdad?
-Te di mi palabra, inútil. Recuerda que la mía sí vale.
Siempre me está restregando que es la preferida.
-Bien, que tengas dulces sueños.
En realidad, estábamos hablando de la venta de un caballo que mi padre le regaló y ella no hace más que maltratarlo. Desde que conocí a Mustafá, me enamoré de él y he vivido rogándole por muchos años para que me entregue al pobre animal. La maldita ha puesto una suma elevada por esto, ya que sabe que no tengo ni dónde caerme muerta. Sin embargo, si este trato se cierra, podré comprar el caballo y construir mi empresa. El traspaso se demora seis meses porque primero debe participar en una demostración de equitación. Solo rezo para que no le haga nada. Igual, le diré a mi abogado que le ponga una cláusula de advertencia por si acaso. Sonrío feliz luego de colgar y le entregué el móvil a Joshua, a quien le alcé una ceja preguntándole si tenía alguna duda aún.
-Muy bien, ya veo que has dicho toda la verdad.
A medias... en realidad todo es cierto, ¿o no? Sí, lo es.
-Entonces, Joshua... -Crucé una pierna sobre otra, eso me cuesta un poco, pero de forma disimulada me ayudé con las manos-. ¿Cerramos el trato?
-Déjame ver si entendí. A cambio de las tierras, tendremos que darte lo que valen estas y, además, un matrimonio de seis meses, a cumplir con la noche de bodas.
-Muy bien, exactamente eso. Y además, no viviremos juntos después de esa noche; cada uno irá por su lado como si nunca hubiese pasado. Al final, para la ley estarás casado con Aria.
-¿Por qué quieres dormir conmigo?
"Por venganza". Le sonrío.
-Quiero saber qué se siente estar en los brazos de Joshua, el bendito.
Bufa de forma vacía, como si sintiera hasta cierto asco de mí. Tranquilo, únete a la lista, cariño.
-Bien, hablaré con mi padre para preparar los papeles.
Mis ojos se iluminan. Por Dios, estoy a pasos de ser libre, de dejar atrás este infierno. Cierro los ojos para encontrar calma; no puedo mostrarle cuán feliz me siento. Vuelvo a mi papel y, mientras me recuesto al espaldar, observo mis uñas sin interés.
-Perfecto, cuando tengas todo, sabes dónde encontrarme.
No lo miré. Sentí cuando se puso de pie y sus pasos al retirarse hasta que cerraron la puerta.