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Una dama para el ceo.

Una dama para el ceo.

Autor: : Lacie M.
Género: Romance
La vida de Irene es completamente monótona y común, hasta que una tarde recibe una llamada desesperada por parte de su hermano mayor Nicolás, haciéndole una petición completamente extraña. "Hermana, necesito un favor. Sal en una cita con mi jefe, es de vida o muerte, puedo perder mi empleo y acabo de ser ascendido. " Resulta que su familia tiene una deuda altísima con la familia del jefe de su hermano y este ahora quiere cobrar esa deuda con un acuerdo. Enzo Navarro, presidente del Grupo Navarro, necesita una esposa por contrato, por los siguientes dos años. ¿Podrá Irene cumplir con ese papel o tendrá que pagar las consecuencias?

Capítulo 1 El comienzo de la aventura

~POV IRENE~

"Hermana, necesito un favor, es de vida o muerte. Sal en una cita con mi jefe. Si te niegas, puedo perder mi empleo y acabo de ser ascendido."

Esa fue la frase que cambio mi vida para siempre; en un abrir y cerrar de ojos me vi atrapada en un mundo al que no pertenecía y lo peor es que fue por voluntad propia, o eso quiero pensar.

~...~

Mi nombre es Irene Páez, soy psicólogo clínico, hija del medio de una familia modesta, compuesta de 6 personas. Mis padres, una pareja de mediana edad que posee una tienda de antigüedades; mi tía, hermana de mi mamá, es estilista a domicilio y comenzó a vivir con nosotros cuando mi madre enfermo hace cuatro años; mis dos hermanos; uno mayor por dos años que trabaja para una empresa relacionada con la producción de merca y una hermana menor, la cual está a punto de terminar la preparatoria.

En apariencia no soy una mujer fea, tampoco una belleza sin igual, uso el maquillaje justo para no verme deteriorada por las incontables noches sin dormir trabajando, mido aproximadamente un metro sesenta y uno; si me preguntan una buena altura para una mujer de 25 años, tengo el cabello liso negro, ojos color miel; contextura delgada y piel blanca sin gracia. Nada muy llamativo lo cual agradezco, pues odio llamar la atención.

Como decía, mi vida era completamente común, de la casa al trabajo, del trabajo a la casa; lo único que salía del programa eran las reuniones semanales con mi mejor amiga Marie en un bar karaoke cerca de mi consultorio, para pasar el rato y ponernos al día, y con eso estaba feliz, hasta ese fatídico día cuando mi hermano mayor Nicolás, me llamo desesperado.

Y ahora, gracias a eso, me estoy arreglando para una cita con el millonario jefe de mi hermano, al que solo conocía por las constantes quejas de Nico.

Terminaba de aplicarme el rubor para salir a esperar al taxi observando mi figura enfundada en un sencillo vestido azul noche con los hombros descubiertos de falda amplia acompañado de unos tacones del mismo color, mi cabello iba suelto adornado por una sencilla diadema blanca; cuando Nicolás entro en mi habitación de manera abrupta, en su rostro se notaba el agradecimiento que sentía en el alma.

- ¿Qué quieres? - Pregunte con tono cansado.- No comiences a quejarte de mi apariencia...

- Solo venía a ver si estabas lista... - Murmuro mi hermano jugando con sus dedos.- Gracias, Irene.

- Déjalo ya. - Gruñí mientras tomaba mi bolso de la mesa de noche.- ¿Me repites la razón por la cual debes buscarle una cita a tu jefe?

-Ya te dije que no lo sé, solo me amenazo con despedirme, si no lo hacía.- Respondió mi hermano, abriéndome la puerta del cuarto para que saliera. - Gracias.

-Ya deja de agradecerme... siento que me dará algo- Bromee antes de salir con paso calmado de mi habitación.

Detrás de mí salió Nicolás, el cual tenía un pantalón de pijamas color verde botella y su cabello negro rizado iba alborotando a diferencia de cómo lo usaba para la oficina. En la sala se encontraba la más joven de nosotros, mi hermana menor Samantha, la cual estaba viendo televisión cuando fijo sus ojos color miel en mí.

-¿Y ese milagro?- Pregunto alzando una ceja. - Tú no vas al Karaoke con Marie ni de juego.

Justo iba a responder cuando el claxon del taxi sonó y sin poder despedirme, Nico me empujo fuera de la casa. Negando suavemente subí al auto y le di la dirección a donde me dirigía al conductor, en unos minutos ya me encontraba en el "Royal Palace" uno de los mejores restaurantes de la zona, con algo de nervios, me baje del taxi, me acerque a la entrada; donde me recibió un recepcionista el cual solo me vio de arriba a abajo.

- ¿Tiene reservación, señorita? - Cuestiono con un tono muy sutil de burla.

A pesar de la ira que me causo eso, no me veía tan mal, era mi mejor vestido; muchos dicen que menos es más, aclarando la garganta coloque mi mejor sonrisa antes de responder.

- Sí, vengo con el Señor Navarro.- Dije de manera confiada, la cual se agrandó al ver cómo el hombre abría los ojos con sorpresa.

Con un gesto me indico que le siguiera, lo cual hice, más una vez que entre al establecimiento toda la confianza obtenida con mi minúscula victoria inicial, se esfumó completamente. Aquel lugar era lujo en cada centímetro, me sentía completamente diminuta. Y antes de darme cuenta, el recepcionista me guio hacia una sala privada.

- El señor Navarro se encuentra adentro, bienvenida. - Fue lo último que dijo el hombre antes de dejarme sola frente a la puerta de aquella sala.

Mirando la puerta tuve que tomar aire antes de tomar el pomo con fingida seguridad y así poder ingresar. Apenas abrí la puerta, vi que el ambiente era más laboral que de tipo romántico; cosa que de alguna forma relajo los crecientes nervios que sentía en la boca del estómago, también me di cuenta de que solo había una persona más aparte de mí, aquella persona que estaba en el interior alzo su mirada, encontrándome con un par de ojos verde jade.

- ¿Usted es Irene? - Pregunto el hombre. A lo que aún sorprendida asentí suavemente. Realmente no esperaba que el jefe de mi hermano fuera un hombre tan joven y menos tan guapo, realmente me imaginaba a un hombre entrado en los 50 años.- Un placer, Enzo Navarro, gracias por venir.

Tarde un par de segundos antes de reaccionar, entrando rápidamente y cerrando tras de mí, me acerque a la mesa sonriendo de manera cálida.

- Un placer, señor Navarro, gracias a usted por la invitación.- Dije suavemente tomando asiento.- ¿Lo he hecho esperar mucho tiempo?

- Para nada.- Aseguro suavemente antes suspirar suavemente. - Me tomé la libertad de pedir un menú previo, pero antes de proseguir, quisiera hablar con usted de negocios.

Mis ojos se quedaron fijos en el hombre frente a mí, me tomo por sorpresa la palabra "negocios". Razón por la cual ladeando la cabeza mordí ligeramente mi labio inferior. Iba a matar a Nicolás si sobrevivía a esta noche.

- Disculpe, no entiendo. - Susurre extrañada.

El hombre frente a mí sonrió de manera amable, antes de que pudiera hablar, entro el sumiller en completo silencio, comenzando a servir vino en las copas que estaban dispuestas en la mesa. Aprovechando aquella interrupción, me di el tiempo para detallar a mi acompañante.

Enzo era un hombre realmente guapo, si mis cálculos no fallaban, tenía una altura de un metro noventa aproximadamente, piel ligeramente bronceada, cabello marrón oscuro y unos profundos ojos verdes; no usaba barba o bigote, cosa que personalmente me agrado.

Una vez que el sumiller salió, Enzo se aclaró la garganta, aun sonriendo de manera encantadora; y por alguna razón aquello solo me puso más nerviosa en vez de calmarme, y en mi mente solo se repetía la frase "Voy a matarte Nicolás".

- Bueno, señorita Páez, permítame explicarme, pues, noto que todo esto es muy confuso para usted. - Comenzó a decir el hombre riendo por lo bajo. - Veo que su hermano no le explico e intuyo fue una decisión muy acertada. Verá, su hermano y su padre tienen conmigo una deuda de casi un millón de dólares, la cual ha ido bajando con su arduo trabajo, aunque es realmente con mi padre dicha deuda, pero este ya no se encuentra entre nosotros. - Me informo el jefe de mi hermano. - Su hermano es un buen trabajador, por lo que le ofrecí bajar la deuda si conseguía a alguien que pudiera llegar a un acuerdo conmigo...

-Siento mucho lo de su padre, más no entiendo nada ¿Acuerdo?... ¿De dónde salió esa deuda? ¿Por qué yo? -Solté sin pensarlo, logrando que el hombre frente a mí se riera.- Señor...

- A mí me sorprendió que la enviara a usted y el porqué le explico hace unos años su padre y su hermano, amablemente, le pidieron un préstamo a mi padre para pagar la hipoteca de la tienda de antigüedades de su familia. Tengo entendido que tuvieron que hipotecar la tienda para pagar una operación de emergencia para su madre, ¿no? - Me informo Enzo, sus ojos verdes no se despegaban de mí.

En ese momento todo cobro sentido, mi madre hacía unos cuatro años aproximadamente se enfermó de gravedad y tuvo que ser operada de emergencia para salvarle la vida. La familia no estaba en una buena situación económica y yo aún estaba en la universidad, en ese momento nunca me pregunte cómo mi padre y hermano encontraron el dinero, con el tiempo se me olvido el tema.

-Comprendo todo eso. - Murmure intentando digerir toda la información.

- Voy para allá querida. - Dijo soltando una ligera risa.- Resulta, pasa y acontece que, me encuentro en una situación que para nada es de mi agrado y requiero de manera semi urgente una esposa y usted cumple con los requisitos para cubrir ese puesto. - Agrego antes de darle un trago corto a su vino. - Esta necesidad nace de la presión sin sentido de mi madre en que siente que cabeza, originalmente le pedí a su hermano una candidata que fuera de confianza y él la propuso a usted, sorprendentemente.

Toda la información daba vueltas en mi cabeza, por lo que dejando la elegancia de lado me tome completamente la copa de vino antes de juntar valor y responder. Sin embargo, el Ceo me interrumpió aún con esa expresión amable en su rostro.

- Señorita Irene, es una propuesta laboral; algo extraña. No obstante, le pido que piense bien antes de responder, pues si bien estoy buscando una esposa es más a modo de una transacción donde ambos sacaremos beneficios, algo así como una novia por alquiler. - Enuncio Enzo colocando sobre la mesa una carpeta. - En esta carpeta se encuentra una copia del contrato en cuestión, con los términos y condiciones, claro, usted puede agregar, quitar y negociar. El contrato tendría una longitud de dos años, una boda por civil y un divorcio programado, todo corriendo por mi cuenta.

- ¿Me daría 24 horas y la copia del contrato par tomar mi decisión? - Pregunte torpemente.

- Claro, ahora continuemos con la velada y la espero mañana en la tarde en mi oficina con la respuesta. - Enuncio el hombre con una sonrisa aún. - La cual espero sea una afirmativa, realmente una oportunidad como esta no se le volverá a presentar Irene. - Me dijo a lo que asentí, tomando la carpeta que me tendía algo apenada.

El resto de la velada paso sin problema alguno, el señor Navarro se comportó como un completo caballero conmigo, posterior a llevarme hasta mi casa, me recordó el horario en el que esperaba mi respuesta.

~...~

Nicolás se encontraba sentado en el sofá y cuando me vio entrar se puso completamente pálido. Juntando las manos a modo de súplica señalo mi cuarto, a lo que asentí, una vez entramos ambos se arrodilló frente a mí.

-No le digas a papá, le dije que yo me haría cargo, ya tiene suficiente estrés, hermanita, por favor; mamá, mucho menos puede enterarse.- Dijo ante de tragar saliva. - Por favor, acepta, prometo compensártelo. - Suplico con voz entre cortada.

- A veces te odio, sal del cuarto y no me molestes hasta mañana. - Gruñí.

Inmediatamente, después Nico salió más rápido que un suspiro, al quedarme sola, me quite los tacones y la diadema lanzándome a la cama, tenía muchas cosas que pensar y menos de 24 horas para tomar una decisión que posiblemente cambiaria mi vida.

Capítulo 2 Otra perspectiva.

~POV NARRADOR~

Martes, antes de la cita con Irene, Oficina del presidente del Grupo Navarro.

La vida de Enzo Navarro cambio cuando su padre, Reinaldo, enfermo gravemente y murió, dejándolo cómo el Ceo en las empresas familiares. No obstante, aquello no fue lo único que complico su existencia, pues su madre Clarisa, a base del fallecimiento de su padre, se unió a su abuela en un plan de insistencia para que sentara cabeza; sin embargo, él no tenía planes ni interés en asentar cabeza.

A sus 26 años, recién egresado de la universidad, tras culminar su segunda carrera y con una compañía, sentía que el romance era lo que menos importaba en su vida en esos momentos, razón por la que por dos casi tres años logro darle la vuelta a su madre y abuela. Más el tiempo del acuerdo con ellas se había acabado, fue allí cuando tuvo que llamar a Lucas, su secretario y mano derecha.

Lucas Montiel, habían crecido juntos; hijo del mejor amigo de Reinaldo, quien falleció junto a su esposa cuando Lucas apenas tenía unos 10 años, dejándolo en cargo de su amigo. Un joven pelirrojo de ojos marrones, piel rosada y pecosa

- Necesito algo para quitarme a mi madre y abuela.-Dijo Enzo al verlo entrar en la oficina.- Y si les vuelvo a decir que no tengo interés en una relación, seguirán insistiendo en que soy gay.

Lucas, ante las palabras de su amigo y jefe, solo rodó los ojos, desde hacía un mes que se había cumplido el plazo acordado; ese era el pan de cada día y aquello lo estaba comenzando a volver loco.

- Pues deberías darles el gusto.- Respondió el pelirrojo antes de reír por la cara puesta por su amigo. - Aunque declararte gay no es malo Enzo, todos te apoyaremos.

El castaño antes las palabras del pelirrojo se sacó un zapato, lanzándolo en dirección de su secretario, viendo cómo este lo esquivaba con relativa diversión.

- Bastardo, no tengo tiempo para una relación, esas cosas solo dan problemas y te enredan más la existencia... Además, las mujeres en general son interesadas y más si las buscas en este mismo medio.- Se defendió el Ceo antes de ponerse serio.

-En ese caso, ¿Por qué no consigues una pareja falsa? - Ofreció el pelirrojo, recuperando el zapato usado como proyectil para devolvérselo a su dueño.- Creo que se llama Novia de alquiler, aunque tú serías algo así como esposa por contrato. ¿Busco alguna candidata?

Enzo agradeció con un gesto la devolución de su calzando, previo a menear la cabeza, pidiéndole a su contrario que esperara mientras pensaba recostándose de aquella manera en su silla. Analizando detallada y seriamente en la propuesta que presentaba su contrario.

Aquello podía resultar beneficioso no solo para él, sino también para la persona con la que se aliara, con un buen contrato, un matrimonio por civil y un tiempo estipulado para un divorcio programado; prácticamente teniendo un guion podría fácilmente sacarlo de aquel apuro; no obstante la persona seleccionada tenía que ser alguien de confianza o alguien a quien pudiera controlar en última instancia.

Eso era lo único que realmente dificultaba su plan un poco. Más, a su memoria llego su posible salvador; rápidamente, en la computadora, busco el archivo de uno de sus empleados.

-No hace falta, amigo, pues ya tengo a quien podría encargarse de esa tarea. - Comenzó Enzo sonriendo divertido. Amaba cuando las cosas salían como el queria. - Llama a Nicolás Páez de mercadotecnia.

Lucas, que solo veía a su jefe algo preocupado, asintió suavemente antes de entrecerrar los ojos un poco reflexionando si hacer la pregunta que le rodaba por la cabeza.

- ¿Es aquel joven que hace años le pidió un préstamo a su padre?- Pregunto el pelirrojo.

-Ese mismo, además, mientras él viene, averigua todo lo que puedas de la familia Páez y me lo traes, intenta que sea antes de que Nicolás llegue para acá. - Ordeno Enzo sonriendo.

Obedeciendo las órdenes de su jefe, Lucas salió inmediatamente de la oficina de Enzo, dejándolo completamente solo.

Nicolás Páez se encontraba saliendo de una junta cuando vio acercarse a Lucia, su secretaria con paso apurado y muy nerviosa, apenas tenía un mes de haber sido promovido a líder de equipo. Sin embargo, por la actitud de su secretaria, parecían haber malas noticias. Aquello desalentó un poco al pelinegro, pues ciertamente con este ascenso podría agilizar el pago de sus deudas, y de esa manera no preocupar a su familia.

- ¿Qué pasa Lucia? - Cuestionó Nicolás cuando finalmente la mujer llego hasta él.

- Señor Páez, lo llaman de la oficina del presidente Navarro, es urgente. - Notifico Lucia con expresión nerviosa.- Lo siento mucho, señor.

Las palabras de su secretaria, encendieron completamente sus alarmas mentales, con un ligero gesto despidió a la mujer para dirigirse a la oficina de su jefe, pensando que podría estar pasando, fue en ese momento cuando el recuerdo de la deuda que tenía con la familia Navarro.

- Ojalá no sea eso, según el acuerdo, aún me queda un año para terminar de pagar la totalidad de mi deuda. -

Murmuro para sí mismo, apurando el paso hasta la oficina de su jefe. Durante este trayecto, miles de escenarios se presentaron en la mente del pelinegro, y en el fondo de su mente reflexionaba si había sido tan buena idea no comentarle a nadie sobre la deuda, y cuando decía nadie, era su hermana Irene.

El punto de tomar la deuda entera él, era calmar un poco la cantidad de estrés que su padre estaba cargando y de igual manera evitar que su madre se fuera a preocupar; después de todo ya se sentía culpable por haber enfermado, aunque eso claramente no fue decisión de ella.

Cuando entro a la oficina del presidente de la compañía, una oleada de nervios se hizo presente en el mayor de los hermanos Páez, desde la toma de poder, se había cruzado con Enzo navarro solo unas 4 cuatro veces en los últimos dos años y medio. Tragando saliva se adentró en aquella sala, aclarándose la garganta para llamar la atención de su jefe, el cual se encontraba al parecer revisando unos documentos.

- Señor, ¿En qué le puedo servir? Me han dicho que me requería.- Dijo Nicolás posando sus ojos en el castaño frente a él y posteriormente movió sus ojos al pelirrojo que estaba parado detrás.

- Que bueno que has llegado, toma asiento, necesito hablar contigo. - Respondió con voz tranquila Enzo antes de mirar a su secretario. - Lucas, envía unos cafés y que nadie nos interrumpa.

El pelirrojo, sonriendo de manera divertida, asintió y con el mismo impulso salió de la oficina, dejando a Nicolás a merced de su jefe. Cosa que solo lo ponía cada vez más nervioso.

- Señor, si se trata de la deuda, la quiero terminar de finiquitar este año, sé que me he retrasado...- Decía Nicolás; sin embargo, fue interrumpido por el CEO.

- Calma señor Páez, yo entiendo muy bien su situación, por eso no se preocupe- Comenzó a decir el castaño sonriendo, sintiéndose un poco apenado por la actitud de su subordinado.- Aunque verdaderamente lo he llamado efectivamente por el tema de la deuda, la cosa es que no es para cobrarla, es para darle una opción de pago.

-¿Cómo? Usted dígame. -

- Perfecto. - Sonrió ampliamente Enzo antes de levantarse alisando su traje.- Verá, necesito que busque para mí, una mujer que esté dispuesta a fingir ser mi pareja por un plazo de dos años. - Explico el hombre. - Debe ser alguien confiable, que no vaya a romper el acuerdo. De ser así, su deuda quedará pagada completamente, de no conseguirla, tendré que prescindir de usted dentro de la compañía y requeriré el pago de aquí a cuatro meses-

Enzo, al ver cómo la cara de Nicolás se transformaba de una llena de esperanza a una cargada de desesperación, se sintió un poco mal; no obstante, sentía que si no era así, no conseguiría los resultados que realmente requería.

Nicolás, por su parte, estaba a punto de tener un ataque de pánico, tragando de manera pesada, mentalmente tuvo que colocar sus opciones sobre la mesa y pensar rápidamente en cuál podía elegir; aunque la respuesta era muy clara. Aunque ¿A quién carajo le podía lanzar ese muerto?.

- ¿Qué perfil debe tener la mujer que desea? - Pregunto el pelinegro de manera tentativa.

De manera imperceptible, Enzo libero el aire que estaba conteniendo, que su subordinado hiciera esa pregunta, significaba que su respuesta era posiblemente para él.

- Una mujer entre los 22 a los 26 años, estatura mediana un metro sesenta como mínimo, el peso no me importa, pero debe ser educada y carismática, preferiblemente con una carrera en el área de salud. Que no llame excesivamente la atención y que sea bonita, inteligente, no alguien vacío. - Describió Enzo. - Ella recibirá una compensación económica y además todos los gastos que tenga durante ese periodo yo los cubriré.

El pelinegro asentía suavemente escuchando las palabras de su jefe, sintiéndose cada vez más desesperanzado, una mujer así no era complicado de conseguir, pero nadie siendo sensato se metería en algo así por voluntad propia a menos que tuviera una deuda gigante y estuviera desesperada. Para ese momento sentía que sería su fin hasta que un bombillo se encendió en su mente.

- Creo, que no tengo que buscar a nadie. - mascullo para sí, sacando del bolsillo su teléfono celular. - Mi hermana menor, se llama Irene, el año pasado se graduó como psicólogo clínico, y supongo yo entra en el perfil que busca, además como yo tengo una deuda con usted seguramente no querrá la compensación económica. - Explico mientras buscaba una foto de su hermana, para enseñársela a su jefe. - Es ella esta soltera y fuera de su trabajo no hace gran cosa.

Con las palabras de su trabajador, Enzo, quedo ligeramente sorprendido, no pensó que fuera a proponer a su hermana, al verle levantarse y tenderle el teléfono, el castaño lo cogió sin pensarlo fijando sus verdes ojos en la pantalla.

La mujer que sonreía en la foto abrazando un zorro de peluche, cumplía exactamente con lo que él se imaginaba y con lo que su madre se sentiría complacida; ella era perfecta para el trabajo.

- Perfecto, concreta una cita con ella, por favor, lo antes posible, mientras comenzaré a hacer el contrato. Una cosa es importante que nadie sepa esto.- Informo el hombre sonriendo.- Vete y cálmate, me encargaré que sea un trato justo para los dos.

-Gracias, señor, mañana le diré sobre la cita. - Dijo Nicolás, tomando su teléfono de regreso antes de salir de la oficina como alma que lleva el diablo.

Cuando Nicolás salió de la oficina, Lucas volvió a entrar con los cafés, chasqueando la lengua. Con paso calmado dejo una de las tazas frente a su amigo, antes de alzar una ceja.

- Se fue antes de que trajera el café... Tks, la estúpida máquina se trabó. - Se quejó tomando asiento frente al castaño que solo se rio un poco antes de negar.- ¿Salió bien? Ese hombre parecía aterrado.

- Sí, claro que sí.- Respondió el Ceo, agarrando la taza frente a él y dando un sorbo corto a su contenido.- Si tanto problema da la máquina, cámbiala, no te compliques la vida.

- Mira, quien habla de complicarse, ¿Llamo a Sámara?- Pregunto de nueva cuenta el pelirrojo tomándose el café que había traído para el otro hombre.- Realmente si tengo que cambiarla, el café motiva a todos a trabajar.

- Llámala - Afirmo Enzo antes de reír por lo bajo. Nada podía arruinar su buen humor, al sentir que todo estaba saliendo como tanto deseaba, ni siquiera su amigo y su marcada obsesión con el café.

Capítulo 3 ¿Que hice

~POV IRENE~

La cabeza me daba vueltas, apenas había logrado dormir algo, toda la información de la noche anterior aún me daba vueltas en la cabeza, con pereza estiré la mano a mi mesa de noche para revisar mi teléfono donde tenía un mensaje de Marie alias mi esposa de mentiras, ya que nuestra amistad según todos parece un matrimonio.

[Esposa:

¿Realmente saliste a una cita ayer? Como tu muy falsa esposa, me siento traicionada de no enterarme antes que nadie y aparte que fuera Samantha la que me dijera. Tenemos que hablar jovencita. ]

Al terminar de leer el mensaje no pude evitar reír de manera suave, comprobando la hora, me levanté lentamente, entre tanto, tipeaba la respuesta.

[Lil- Nene:

No fue una cita, dios te tengo que contar, pero tengo una consulta en media hora, después de eso pasó por tu oficina para contarte. Ten café para mi pobre alma desdichada, no he dormido nada.]

Dejando el teléfono en la cama corrí a arreglarme para ver a mi único paciente del día, después de eso iría con Marie para preguntarle que pensaba de todo esto que estaba sucediendo antes de ir hasta la oficina del señor Navarro.

Unos minutos después ya me encontraba lista para salir hasta mi consultorio, terminando de recoger las carpetas que necesitaría ese día, aparte del fulano contrato, Nico apareció en mi cuarto batallando con su corbata, al verlo deje todo en la mesa; acercándome para socorrerlo.

- Buenos días, Iry... ¿Qué has reflexionado sobre el contrato?- Pregunto mi hermano, mirándome con súplica. A lo que yo suspire suavemente, acomodándole la corbata. - Iry, prometo compensarte en serio y bueno también apoyarte...

- Buenos días, intenso.- Respondí suavemente y al terminar le golpeé suavemente la frente a mi hermano. - Si voy a aceptar, pero no me presiones, aun entre nosotros hay una conversación pendiente. Me voy, diles a los demás que desayunaré con Marie.

Mi hermano pareció relajarse ante mis palabras, por lo que sonreí levemente antes de volver a tomar mis cosas y salir de casa con rapidez. Desde la noche anterior sabia que debía decir que sí, y luego a leer el contrato, me termine de convencer. Era un trato justo, aunque necesitaba negociar el tema de los horarios, ya que independientemente de eso tampoco es que tuviera mucha opción, la deuda era alta para lo que cobrábamos mi hermano y yo.

Casi dos horas después, me encontraba sentada en la oficina de Marie, esperando a que ella reaccionara posterior a contarle todo, teniendo el contrato frente a mí. Mi mejor amiga estaba como ida, aunque poco a poco la ira se iba formando en su rostro.

- Cabrón... Tu hermano se pasa. - Gruño mi amiga pasándose una mano por el cabello antes de tomar el contrato y revisar ella misma su contenido.

Marie y yo, hemos sido amigas los últimos 15 años, es decir, nos conocemos desde que yo tenía 10 y ella unos 12 años, y no se llevaba bien con mi hermano, ni un poco. Marie Silva es abogada, corta melena rubia, ojos negros, de una altura aproximada de 1,70 cm, contextura delgada y cuerpo atlético. Un suspiro lento llamó mi atención, la rubia se encontraba soltando el contrato antes de volver a pasarse la mano por el cabello.

- Realmente es un buen contrato y las condiciones para ti no son malas; sin embargo, sigue sin gustarme todo este tema, Irene. - Me dijo mi compañera de aventuras antes de menear la cabeza.- Si bien alguno de los dos se enamora de alguien, más el contrato termina, y uno de los términos es que no estás obligada a ningún tipo de interacción íntima.

-Algo no te cuadra.- Susurre.

- Así es, quizás solo quiera encubrir que no batea para este lado. En fin, si estás decidida, no te diré que no lo hagas porque ni ayudándote yo también, podríamos pagar ese dinero. - Comento suavemente antes de tomar un poco de agua.- Cuenta conmigo para cualquier cosa, ¿está bien?,

-Si mi amor.- Respondí de manera melosa antes de levantarme y abrazarla suavemente, recogiendo en el proceso el contrato.- Te llamo después de que me reúna con él.

- Más te vale. - Gruño en respuesta antes de darme una palmada en la espalda.- Suerte y largo que tengo una reunión.

Riendo asentí antes de salir de la oficina con un pequeño trote. Ya solo me quedaba ir hasta aquel hombre para firmar el acuerdo entre nosotros, por lo que llamando un taxi, lo más confiada en que pude fui hasta su encuentro.

Al llegar al edificio principal del grupo Navarro, me sentí completamente diminuta y buscando más valor del que tenía me adentre en aquel lugar, no fue mucho problema llegar hasta la oficina de Enzo, pues él había avisado que ese día yo iría para allá.

Dentro de su oficina, revisando unos documentos, se encontraba el mismo castaño de la noche anterior, solo que esta vez su semblante era serio y distante, parecía estar regañando a la persona que estaba con el cuándo yo entre en la oficina, el silencio reino en la sala.

- Lo siento, me dijeron que entrara directamente, puedo esperar afuera. - Dije anunciándome.

- No pasa nada, estaba esperándote Irene. - Respondió Enzo mirándome de manera amable antes de volver su mirada a la persona que estaba con él.- González corrige esto ahora y quiero un nuevo informe antes del final de la tarde, eres el responsable de tu equipo y si este no está dando su 100 % es tu responsabilidad. Vete. - Ordeno al hombre frente a él, que murmuro una diminuta disculpa antes de salir de la oficina. En ese momento la mirada jade, volvió a posarse en mí. - Espero que me tengas buenas noticias.

Asintiendo suavemente caminé hasta él tomando asiento, intentando parecer tranquila y aclarándome la garganta sonreí algo tensa.

- Voy a aceptar el acuerdo, pero quiero que negociemos unas cosas, señor Navarro, ¿Es posible? - Dije en tono claro y según yo calmado.

- Claro que sí, pero dime Enzo, no más formalidades entre nosotros.- Respondió el hombre frente a mí.- Te escucho atentamente.

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