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Una dulce venganza

Una dulce venganza

Autor: : Nieves Gómez
Género: Romance
Mayra es una joven latina que viaja desde su pueblo hasta Estados Unidos para encontrarse con el único miembro de su familia que queda, su primo Roberto. Sin embargo, se lleva una gran sorpresa, pues su primo resulta ser el jefe de una importante mafia y él le ofrece una vida de lujo siempre que ella acepte trabajar con él en la organización. Ella se niega, no le gusta esa vida criminal y prefiere vivir sola humildemente. En su nueva vida conoce a Julieta, quien se convertirá en su mejor amiga, y gracias a un pequeño incidente en el trabajo, conoce a su esposo Liam, un hombre guapo y dedicado. Toda su vida es perfecta, hasta que se entera de la muerte de su primo Roberto, allí se comienzan a caer las máscaras y Mayra descubre que su esposo nunca la amó, que su mejor amiga Julieta era su amante y para colmo la agreden de una forma tan brutal que ella queda hospitalizada, recuperándose tanto física como psicológicamente por una larga temporada. Pero eso no se quedará así, luego de tanto sufrimiento, Mayra ha tomado una decisión, todo lo que desea en el mundo es hacer sufrir a esos miserables que le causaron tanto dolor, ella volverá para buscarlos y obtener su dulce venganza.

Capítulo 1 Sueño americano

Finalmente, había llegado. Luego de varios días de sufrimiento, insomnio, hambre, sol inclemente, noches frías, insultos, golpes, largas caminatas, cruzar selvas, desiertos y ríos, ser perseguida por la policía y por delincuentes, además de muchas calamidades más, lo logré. Estaba en New York.

Mi nombre es Mayra López, soy una latina en busca de una vida mejor. Aunque para ser sincera, me gustaba mi antigua vida. Para mí, no había nada mejor que ella.

Cuando era una pequeña, mis padres fallecieron en un accidente y fui llevada a vivir con mi nana Liliana y mi primo hermano Roberto a un pequeño pueblito. Vivíamos en una pequeña granja, dónde había gallinas, cabras y una mula. Sembrábamos maíz y granos.

Aunque vivíamos muy humildemente y pasamos mucho trabajo, éramos felices, nuestra familia era pequeña, pero unida. Aun cuando yo solía vivir en la ciudad cuando vivía con mis padres (según lo poco que recuerdo), me adapte rápidamente a mi nueva vida. No hay nada mejor que crecer en la libertad del campo.

Cuando mi primo y yo llegamos a la adolescencia, empezaron a correr rumores en el pueblo de que Roberto estaba iniciándose en el camino de la delincuencia, pero nunca se probó nada, así que Nana y yo nunca lo creímos, no fue nada más que rumores.

Al cumplir la mayoría de edad, mi primo Roberto, decidió irse del país y buscar una vida mejor en Estados Unidos. Eso nos deprimió mucho a Nana y a mí, sin embargo, apoyamos su sueño. Fue muy duro porque pasó mucho tiempo para que supiéramos algo de él, vivimos mucha angustia.

Luego de algún tiempo, las cosas mejoraron, Roberto apareció y había encontrado un buen trabajo en Estados Unidos, por fin se comunicaba constantemente, además nos enviaba un buen dinero. Siempre se mantenía comunicado y siempre nos pedía ir a vivir con él, pero Nana y yo, nos negábamos, nos encantaba nuestra vida en el pueblo.

Unos años después, mi amada Nana, falleció. Fue de forma natural, un día fue a dormir y a la mañana siguiente, no despertó. Sufrí mucho, lloré sin cesar, ahora estaba sola, por eso, no lo pensé mucho cuando mi primo Roberto me pidió, no, prácticamente me rogó, que me fuera a vivir con él a Estados Unidos.

Así que hice mi maleta y me fui, como no tenía los papeles en regla, viajé de forma ilegal y no se imaginan las penurias que tuve que pasar, pero finalmente llegué.

Esperaba a mi primo, que vendría a buscarme en el punto acordado.

Una camioneta oscura con los vidrios completamente ahumados se detuvo frente a mí. Bajaron un vidrio, se asomó un sujeto con un aspecto bastante intimidante, moreno, rapado y algo regordete. Él se dirigió a mí.

- ¿Tú eres Mayra?. - Asentí lentamente. - Sube. - Se abrió la puerta de atrás. Yo me quedé paralizada con el corazón latiendo desbocado. Al no ver ningún movimiento, el sujeto con mala cara se bajó del auto, me tomó por el brazo y me empujó hacia el auto. - Te dije que subas. - Habló con autoridad.

Horrorizada y temblando, subí a la camioneta. Hay otros dos sujetos en ella, igual de intimidantes, todos con chaquetas, iban vestidos completamente con colores oscuros. Tenían una música de rap en inglés puesta en el reproductor del auto con mucho volumen. Ninguno de ellos dice nada, le pusieron los seguros a la puerta del auto y arrancaron.

Pasé todo el camino recordando los buenos momentos de mi vida, orando, conteniendo las lágrimas, estaba segura de que había llegado mi hora, con la pinta que se traían estos tipos, seguramente me llevaban para torturarme y matarme, ¿El por qué? No lo sé, pero hoy en día, muchas veces, el mundo funciona así, las personas son asesinadas por nada.

La única pregunta que quedaba atorada en mi garganta y no era capaz de pronunciar, ¿Cómo me conocían, como sabían mi nombre?.

Llegamos a una especie de almacén, apenas la camioneta se detiene, se abrió el portón y entramos. Había mucha gente en el lugar, hombres y mujeres, mucho movimiento, muchas cajas, paquetes, cosas ilegales, me estremecí, no sabía lo que me esperaba.

Me bajaron de la camioneta sin decir palabra, me llevaron escoltada escaleras arriba en el almacén, con estos enormes hombres a mi alrededor, no podía ver mucho, además el temor no me permitía razonar o pensar, yo caminaba de forma robótica.

Se detuvieron en una puerta y la abren para mí.

- Pasa y toma asiento. - Habló uno de los sujetos, con el ceño fruncido.

Entré en silencio. El cuarto estaba todo cerrado, no tenía ni una mísera ventana, pero no se sentía tan intimidante, más bien parecía una oficina, con muebles y escritorio, y no un cuarto de tortura como el que me imaginé.

Luego de unos minutos llenos de estrés, en el que solo rece y retorcía mis manos entre mis piernas, se abrió la puerta. Con el corazón en la boca, vi que alguien va entrando a la habitación, era un chico alto, con una espalda ancha, y muy guapo, sentí una punzada en mi pecho.

Unos segundos después, lo detallé bien, al principio no lo reconocí, se trataba de mi primo, Roberto. Los ojos se me llenaron de lágrimas y de un salto me abracé a él.

Roberto estaba sorprendido, claro, se alegró de verme, pero no esperaba que prácticamente me amarrara sobre él. Mi cuerpo no dejaba de temblar y comencé a llorar como una posesa. Él me llevó hasta un sofá que está en un rincón de la habitación y se sentó a mi lado, me apretó a su pecho y con mucha dulzura, comenzó a consolarme.

- Tranquila... Shsssss... Todo va a estar bien... ¿No estás feliz de verme?... ¿Tan mal estuvo el viaje?. - Él hablaba mientras que yo no podía dejar de llorar.

Luego de un buen rato de un mar de lágrimas y que mi primo me sirviera un vaso con agua, comencé a calmarme.

Observé a mi primo por bastante rato, había cambiado mucho. Debajo de esa chaqueta y franela oscura se le marcaban unos músculos sorprendentes, era más fornido, su rostro se había endurecido, se veía más serio, maduro, sexi, lleva el cabello muy corto, casi rapado, usa zarcillos y tatuajes. No podía dejar de mirarlo, sentí como mi corazón se aceleraba.

"¡No!" Menee la cabeza de un lado para otro, "¿Qué me pasa? Es mi primo, es como mi hermano". Desvíe la mirada.

- ¿Estás mejor?. - Roberto me preguntó con evidente preocupación. - ¿Qué te pasó? ¿Por qué llegaste en ese estado?.

- Es... Es que... - Comencé a balbucear. - Es que tenía mucho miedo. Esos hombres... Los que me trajeron... Pensé que iba a morir... Pensé que me iban a matar.

- ¿Por qué supondrías algo así?. - Preguntó perplejo.

- Ellos me asustaron... Me subieron al auto a la fuerza y yo... Yo pensé...

- ¿Te tocaron?. - Parecía genuinamente sorprendido. Asentí todavía algo temblorosa.

Él se enojó mucho, su rostro se transformó y me pareció tan intimidante cómo los tipos que me escoltaron. Fue hasta el escritorio de la oficina y descolgó el teléfono, habló unos segundos, en tono bajo, no pude escuchar nada. Lo cierto es, que los tipos al minuto están allí.

- ¿Es que no pueden hacer nada bien?. - Comenzó a hablar con un tono tranquilo, aunque su expresión era otra cosa, podía ver la vena en su frente palpitando.

- ¿Señor?. - Preguntó uno de los escoltas confundido.

- ¡Esa es forma de tratar a mi hermana!. - Los tres hombres abrieron los ojos como platos.

- ¿Su hermana, señor? Pensamos que era un ajuste. - Contestó uno de los tipos obviamente nervioso.

- ¡¿Acaso yo les dije que se trataba de eso?!. ¡Solamente les pedí que recogieran a alguien por mí!. - Roberto pegó un grito. Los tres hombres se estremecieron.

- Lo lamentamos mucho, señor. No volverá a pasar. - Uno de los hombres con valentía dio un paso para adelante. En ese momento, mi primo, con la velocidad de un rayo, soltó un puñetazo al valiente con tanta fuerza que lo tiró de largo a largo.

- ¡CLARO QUE NO VOLVERÁ A PASAR! ¡¿QUIÉN SERÁ EL SIGUIENTE?! ¡¿PARA QUÉ PREGUNTO?! ¡ES OBVIO QUE TÚ SERÁS EL SIGUIENTE!. - Señaló a otro de los hombres mientras gritaba histérico.

No lo podía creer, lo tenía ante mis ojos y no le daba crédito, mi primo, mi hermano, como todo un ogro, golpeando y amenazando a esos tipos, solamente porque me asusté.

Capítulo 2 Nueva vida

No me pude contener y de un salto me levanté del mueble mientras las lágrimas invadía nuevamente mi rostro.

- ¡ROBERTO! ¡YA BASTA! - Grité como loca y todos los hombres en la habitación voltearon hacia mí, sorprendidos. Traté de calmarme y moderé el tono de mi voz. - Por favor, basta. - Solté entre lágrimas para tirarme de nuevo en el sofá a seguir llorando.

Roberto respira profundo, su expresión sigue sería, pero parecía haberse calmado un poco. Amenaza a los hombres, para la próxima no los dejará pasar y les pide que se retiren.

De un estante saca una botella, se sirve una copa, toma asiento tras el escritorio de la oficina, toma muy lentamente mientras espera nuevamente que me calme. Luego que acabó la copa, se acercó a mí y con una mirada intimidante habló.

- ¡Nunca, jamás en la vida, vuelvas a desautorizarme frente a mis hombres!. - Quedé perpleja. - ¡¿Entendiste?!. - Asentí, todavía con el corazón acelerado.

Dicho esto, se sienta nuevamente a mi lado en el sofá.

Me sentía mejor, por lo menos ya no lloraba a cántaros. Conversamos mucho, sobre mi viaje, sobre Nana, sobre nuestras antiguas vidas, recordamos nuestra infancia. Luego hablamos sobre su trabajo, no me quiso dar mucho detalle, solo me enteré de lo básico: con mucho esfuerzo, sudor y sangre se abrió paso en una mafia, la cual dirige y que principalmente se encargaba del tráfico de artículos ilegales y asesinatos a sueldo, entre otras actividades ilícitas.

Así fue como me enteré, que mi querido primo hermano, Roberto, se había convertido en el jefe de una de las mafias más importantes de New York. ¿Cómo pasó esto? ¿Qué cosas hizo para llegar hasta donde está?.

Allí mismo, mi primo me ofreció una gran vida, tiene listo para mí un espectacular apartamento, un auto con escoltas, un par de tarjetas de crédito y un abogado para arreglar mis papeles. Claro, yo tendría que trabajar en su organización y por ser su hermana, tendría un puesto valioso.

Quizás cualquiera hubiera dado saltos de alegría al encontrarse con esta gran vida, sin embargo, yo no soy una de esas personas. Puede que sea una vida con lujos y dinero, pero también es una vida llena de miedo y riesgo a estar preso o que te maten.

No lo acepte. Ni siquiera me tomé el esfuerzo de pensarlo mucho, fue una respuesta rotunda y en un principio, mi primo no podía entender el por qué, parecía muy deprimido, él realmente quería que lo acompañase en esta nueva vida, quería compartirla conmigo, eso fue lo que me dijo. Sin embargo, luego de una larga discusión, él aceptó mi decisión.

- Roberto, estoy muy agradecida por todo lo que me ofreces, de verdad, pero yo no quiero esto, nada de esto es para mí, sabes muy bien que nunca me importó el lujo, ni el dinero. Siempre he sido feliz con la vida humilde que llevábamos. - Le aclaré.

- Me dirás ¿Qué el dinero no hace falta?. - Me tomó de la mano.

- ¡Claro que sí! Sabes que muchas veces me molestaba porque quería comprarme algo y no podía, pero aun así, esto... No es para mí, las armas, la zozobra, el miedo, no lo quiero. - Miré muestras manos juntas, mi corazón se aceleró.

- Entonces, no quieres involucrarte con nada de esto. - Afirmó, como para rectificar, se veía tan triste que me causó una punzada de dolor.

- Todo lo que necesito es un apartamento pequeño, un cuartito. Y un trabajo, puede ser de limpieza o mesera, con lo que pueda ganar lo suficiente para mantenerme y pagar la renta. - Apreté su mano con fuerza.

- Quieres vivir por tu cuenta. - Asintió serio, parecía molesto, aunque por lo menos lo aceptó.

- Sí, pero si me gustaría seguir en contacto contigo, verte ocasionalmente, cuando puedas claro y... - Lo miré a los ojos y le sonreí con un dejó de esperanza.

- Eso es imposible. Tengo muchos enemigos, demasiados la verdad. - Suspiró y sonrió, no entendí por qué eso le causó gracia. - Si tienes contacto conmigo, en algún momento se correrá el rumor de que eres mi hermana, o un familiar, o mi amante. - Acentuó el tono en esta última. - En fin, como sea, será muy peligroso para ti, sobre todo viviendo por tu cuenta... O vives bajo mis términos y te proveo de seguridad... O vives por tu cuenta y te olvidas de mí. - Soltó con firmeza, me cayó como un balde de agua fría.

- ¿Qué?. - Me pareció tan drástico, insólito. ¿Qué sentido tuvo entonces hacer ese largo viaje si aquí también voy a estar sola?.

- Así como lo escuchaste. Claro, yo te proveeré del apartamento que necesitas y te conseguiré un empleo humilde y digno como gustas, dejaré todo arreglado para sacar tus papeles. Pero de allí en adelante, no sabrás más de mí. - Vi un destello de dolor en su expresión.

Esa sí que una decisión muy difícil de tomar, vivir entre lujos junto con mi primo, pero pertenecer a una mafia o vivir una vida tranquila, humilde, pero sola.

Tomé la segunda opción.

*

Empecé a adaptarme a mi nueva vida, tenía un pequeño departamento en una zona tranquila, una amable anciana era mi casera. Claro, en ese mismo edificio hay apartamentos más grandes y lujosos, pero este era el que mi sueldo podía pagar.

Comencé a trabajar como mesonera en un café y entre el sueldo con las propinas, me iba bastante bien. Mis compañeras, Emma, Sara y Julieta, eran chicas amistosas y comprensivas, casi de inmediato me hice amiga de ellas, sobre todo de Julieta, ella se convirtió en mi mejor amiga. Mi jefe, el señor Angelo, es un hombre mayor y regordete, muy amable que siempre nos conseguía trabajos eventuales cómo mesoneras en eventos, lo cual nos ayudaba muchísimo.

Con el paso del tiempo, me fui adaptando a mi nueva vida, fui creando una rutina. Trabajaba, salía con mis amigas, comencé a ejercitarme, compre un diccionario y un libro de inglés para aprender, comencé a ahorrar y pensaba próximamente conseguir una mascota.

Porque aunque la mayoría de los días llegaba exhausta a casa y caía como muerta en la cama, algunas veces, no podía dormir y no paraba de reflexionar en mi antigua vida, en Roberto, en lo sola que me sentía, en cuanto lo extrañaba, en sí la decisión que tomé era la correcta, hasta que por fin, entre mis pensamientos, me quedaba dormida.

*

- Muy bien chicas!. - Llegó el señor Angelo muy contento mientras limpiábamos el café, antes de abrir. - Les tengo buenas noticias, Les conseguí un evento para esta noche. - Todas no alegramos, en esos eventos ganamos un buen dinero extra. - Y es uno de los buenos, con mucha gente importante y con mucho dinero. Así que ya saben, ¡Atiendan bien y...!

- ¡Hagan mucha propina!. - Repetimos todas entre risas.

*

Aunque cansada, llegué emocionada al evento, era en una mansión, el señor Angelo no exageró, todo estaba lleno de lujos. Los invitados empezaron a llegar y nosotras comenzamos a recibir las indicaciones del personal de la casa y el equipo de chef.

La noche estaba muy ajetreada, había mucha gente, al parecer muy hambrienta; por lo menos, no estuvieron hasta muy tarde. Solo un pequeño grupo se quedó hasta altas horas, me tocó atenderlos mientras que las chicas recogían.

Llevaba una bandeja con varias copas servidas cuando un sujeto tropezó conmigo prácticamente de frente, volteando todas las copas sobre mí, bañándome con el líquido. El sujeto no dejaba de disculparse y yo nada más asentía, lo escuchaba, no levantaba la cara porque estaba furiosa, no quería ni verlo.

Recogiendo el desastre, con el tipo todavía a un lado mío, disculpándose y preguntándome si entendía el inglés, me corté con un vidrio. El hombre se puso peor, me tomó por un brazo y me llevó a rastras hasta un baño, allí me lavó la herida, buscó un botiquín de primeros auxilios y con mucho cuidado, desinfectó y tapó la cortada, que no era gran cosa por cierto.

Pasó todo tan rápido, no me había dado tiempo de mirar bien al sujeto hasta ese momento. Un rubio guapísimo, alto, atlético, me sonríe.

- Are you OK?. - Asentí embobada, él volvió a sonreír, como si notara el efecto que causaba en mí...

- Sí, estoy bien. - Reaccioné.

- ¡Oh! Me entiendes. Así que hablas español, que bien. - Respondió con un acento.

Así conocí a mi esposo.

Capítulo 3 Una sorpresa

Luego de un año saliendo, nos casamos. Fue tan romántico, recuerdo verme en el espejo y no poder creerlo, el vestido de encaje y corte de princesa era bellísimo, me hice un tratamiento en mi piel color crema y se veía radiante, mi cabello oscuro, lacio, recogido en un moño con una hermosa tiara desde la que caía el velo, mis ojos castaños se veían más claros por un brillo de felicidad. Una boda muy íntima en un jardín de flores, fue todo perfecto.

El nombre de mi esposo es Liam Miller, un contador que viene de una buena familia norteamericana. Él era... Era.... Tierno, romántico, comprensivo, amable, trabajador y honesto, guapo, sexi, todo lo que una mujer puede desear.

Y yo no podía estar más feliz, porque después de tres años de casados, me enteré de que esperaba nuestro primer retoño. Hacía una semana que me lo confirmó mi doctor, pero no se lo había dicho a mi esposo porque él estaba de viaje y decidí organizarle una sorpresa.

*

Iba conduciendo hacia el consultorio médico, debía entregar los resultados de unos exámenes cuando recibí una llamada de un número desconocido. Me extrañó y por curiosidad conteste.

Tuve que detener el auto, sentí como mi pecho se comprimía, comencé a sudar frío, hiperventile, no lo podía creer. Me avisaron que mi querido primo hermano, Roberto, había fallecido.

Luego de colgar, lo primero que hice, fue llamar a mi esposo, sentí la necesidad de desahogarme, así que tuve que confesarle toda la verdad, que no estaba tan sola como le había dicho en un principio, tenía un familiar en el país y me habían avisado de su fallecimiento. Él no dijo nada, pensé que se enojaría o sorprendería porque no le había dicho nada de su existencia, pero de hecho, parecía muy relajado con todo lo que le conté.

Me pareció muy extraña la reacción de mi esposo, aunque no me lo tomé muy a pecho, sabía que de cualquier forma él no podría acompañarme en este difícil momento, pues estaba de viaje.

Fui al funeral sola, siguiendo las indicaciones que me enviaron a mi teléfono, fue todo muy íntimo, con los atemorizantes hombres de confianza de mi primo Roberto y con ataúd cerrado. Le di muchas veces las gracias a Dios, porque ahora por lo menos tenía a Liam, si no, ahora sí que estaría completamente sola en el mundo.

Los siguientes días fueron muy duros. Sola en mi casa, me la pasé recordando y llorando a mi querido primo. Hasta había olvidado la felicidad de estar en estado.

Un par de semanas después, mi esposo finalmente llegaría de su viaje de trabajo y decidí seguir con la sorpresa que tenía planeada, recibir a mi esposo con la fantástica noticia de que seriamos padres. Dejé la casa decorada con globos y adornos, y me fui a buscarlo en el aeropuerto.

Me extrañó mucho que no lo encontré en el aeropuerto, su vuelo ya había llegado y no lo vi bajar, espere por mucho tiempo, caminé y revise todo el lugar, intenté llamarlo muchas veces sin éxito. Ya estaba asustada, temía lo peor.

Volví a casa con la esperanza de encontrar a mi esposo. Quizás había tomado otro vuelo, quizás había llegado antes o quizás se tuvo que quedar por más tiempo y no me pudo avisar. Eso era lo que me decía a mí misma para no ponerme más nerviosa.

Cuando llegué a la casa, me volvió el alma al cuerpo al verlo de pie en medio de la sala, sonriendo y con una copa en su mano, supuse que de alguna forma se había enterado de la noticia que yo tenía y se puso a celebrar. Me sorprendió ver a mi mejor amiga Julieta junto a él, ¿Se encontrarían en la casa? ¿Julieta se lo encontró al venir a visitarme?.

- Hola Juli, ¿Cómo estás? No sabía que venías a verme. - Pregunté mientras me acercaba a mi esposo.

- Quería darte la sorpresa. - Se encoge de hombros mientras se acomoda en el sofá.

- Cariño, estaba muy preocupada por ti, fui a buscarte al aeropuerto, no me respondías las llamadas.

- Es que también quería darte una sorpresa. - Sonríe.

Tuve la sensación de que algo andaba mal, Julieta tenía una expresión burlona y Liam se mostró muy serio al responderme. Pero igual me acerqué para abrazar a mi esposo y darle un beso, sin embargo, él me empujó, no con mucha fuerza, simplemente me apartó de él y frunció el entrecejo.

- ¿Ocurre algo?. - Pregunté seria, confundida, no dejo de pasear mi mirada entre ambos.

Julieta también tenía una copa en su mano, la cual meneaba sin mirarme, ignorándome, mientras se sonreía para sí misma. Liam tomó un largo trago.

- Sí, finalmente, esto se acabó. - Respondió luego de un pequeño silencio.

- ¿Qué? ¿Pero de qué hablas?. - Yo estaba completamente confundida.

- ¡De esto!. - Nos señala a ambos mientras grita, yo me estremecí. - ¡De nosotros! ¡Esto se acabó! ¡POR FIN!.

- ¿Qué? ¿Pero qué...? Cariño... - Mi corazón se acelera, no sé qué hacer o que pensar.

- ¡No me llames así! ¡En la vida vuelvas a llamarme así! ¡Esto se acabó! ¡¿No entendiste?!. - Continúa gritando.

- Pero... Nuestro matrimonio, eres mi esposo... Te amo y tú me... - Insisto, esto se debe tratar de una broma, de una mala broma.

- ¡No te amo! ¡Nunca te ame! ¡¿Nuestro matrimonio?! ¡No fue más que una farsa! ¡Nunca quise casarme contigo, tuve que hacerlo, unos tipos mafiosos me amenazaron! ¡Me matarían si no te hacía feliz! ¡Yo solo quería acostarme contigo! ¡El polvo más caro de mi vida! ¡Era tu primo o tu hermano! ¡No sé quién carajos! ¡Pero ya no está aquí!. - Comenzó a reírse como loco.

Mis lágrimas empezaron a correr. Entonces fue eso, Roberto seguía en mi vida sin que lo supiera, amenazó a Liam y él ni siquiera me amaba, nada más simuló por miedo, ahora que Liam se había enterado de la muerte de Roberto, se sentía libre, supongo que eso tenía sentido; no obstante, ¿Qué hacía Julieta aquí, contemplado todo el show, son una sonrisa en los labios?.

Recordé porque estaba aquí en primer lugar, porque había organizado esta sorpresa, pose mi mano en mi vientre nerviosamente y comencé a mirar a mi alrededor, los globos habían sido reventados, solo quedaban pedazos regados por el suelo ¿Qué? ¿Por qué?. Tomé valor y hablé con el tono más serio que pude.

- Liam... Estoy en cinta.

- ¡Estás en cinta!. - Gritó, haciéndose el sorprendido con sarcasmo. Fue muy dolorosa esa reacción. - ¡¿Crees que me importa?! ¡Es más, te haré un último favor, yo pagaré la clínica para que te deshagas de eso! ¡No pienso atarme a ti de ninguna forma más en la vida!.

- ¡¿Cómo puedes ser tan cruel?!. - Grité con rabia mientras lloraba.

- ¡¿Cruel yo?! ¡Fui yo el que tuvo que vivir atado por años a ti con miedo a morir!. - Me acusó, ¡Por Dios! Todavía no podía creer lo que sucedía.

En ese momento, se le escapó un gruñido a Julieta, ella intentaba contener la risa. Eso me llenó aún más de rabia, no podía creer que mi mejor amiga estaba allí, viendo esta humillante situación y le daba risa.

- ¡¿Y QUÉ HACES TÚ AQUÍ?! ¡¿VINISTE A BURLARTE?! ¡YA VETE DE UNA BUENA VEZ!. - Frustrada, le grité a Julieta.

- ¡NO!. - Respondió Liam. Julieta se levantó del sofá de forma sensual, con su estúpido vestido ajustado y se posa a su lado de forma cariñosa. - ¡ELLA ESTÁ CONMIGO!. - Afirmó él.

- ¿Qué?. - La mandíbula se me cayó al piso.

- ¡Sí! ¡Ella es mi amante desde hace muchos años! - Liam aprieta a Julieta a su cuerpo. - ¡¿Por qué piensas que viajaba tanto?! ¡¿En serio pensabas que mi profesión amerita viajar por tanto tiempo?!.

- No, yo... - Balbucee. No lo podía creer, ¿Era en serio? ¿Era está la cereza del pastel o había más? ¿Es esto real? Tenía que ser un sueño, o mejor dicho, una pesadilla.

- ¡Tenía que irme de viaje para poder acostarme con ella sin el miedo de que me descubrieran los mafiosos esos y me asesinaran!. ¡Así de frustrante era mi vida contigo!. - Continuó Liam.

Comencé a hiperventilar. Desesperada, sin saber por qué, intenté acercarme a Liam. Él me abofeteo con tanta fuerza que caí al piso.

- ¡No vuelvas a acercarte a mí, menos a tocarme!. - Gritó sin rastro de remordimiento. Yo estaba mareada, la cabeza me daba vueltas, sentí un líquido cálido y son sabor hierroso en mis labios, estaba sangrando.

- ¡LIAM, NUESTRO HIJO!. - Grité, apenas me recompuse.

- ¡¿A quién le interesa eso!? ¡Es más, no necesito pagar ninguna clínica! ¡Yo te ayudaré a deshacerte de ese problema en este momento!.

Definitivamente, no conocía al hombre con el que me había casado, ni a mi mejor amiga. Por primera vez, vi como la cara de Liam cambió, vi una expresión de psicópata mientras me golpeaba y pateaba sin cesar, con todas sus fuerzas, mientras que Julieta tranquilamente sonreía y tomaba de su copa, mientras observaba.

Caí inconsciente.

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