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Una esposa de mentira. Saga familia Duque.

Una esposa de mentira. Saga familia Duque.

Autor: : AngellynaMerida
Género: Adulto Joven
Sinopsis. Juan Andrés Duque es un playboy millonario, acostumbrado a tenerlo todo, no hay cosa que con el dinero de sus padres no pueda comprar, eso incluye hasta mujeres. Jamás ha tomado la vida en serio, y cree que el mundo gira a su alrededor. Paula Osorio es una muchacha de origen humilde, que guarda un oscuro secreto, a sus veintidós años es madre soltera, tiene un pequeño de cinco años, y lucha cada día por sacarlo adelante, a pesar de la enfermedad que cada día la consume. Paula desesperada por conseguir dinero para su operación, decide aceptar un empleo que jamás imaginó, se convertirá en la esposa de mentira de Juan Andrés Duque, aliada con los padres de él, para darle una lección, y enseñarle que el mundo no es color de rosa como él piensa, y que la vida de una persona puede dar un giro de ciento ochenta grados de forma inesperada. Solo existe un pequeño problema, a ella solo le quedan tres meses de vida. Obra registrada en Safe Creative: 07/12/2022 2212072792693 Registrada en el Instituto de Propiedad Intelectual de Ecuador, por lo tanto, queda prohibida la distribución de esta obra sin permiso expreso de la autora, se prohíbe la reproducción total o parcial del libro. ©Angellyna Merida, 2022

Capítulo 1 1. Noticia Devastadora

Antes de empezar debo informar que este libro pertenece a una Saga, pero no necesitas leer un libro para entender otro, son libros independientes, fáciles de comprender; sin embargo, te dejo el orden:

Un café para el Duque: Historia de los padres del protagonista de Una esposa de mentira. Lo puedes leer aquí en esta plataforma.

Hoy te vuelvo a enamorar: Historia de tío del protagonistas de Una esposa de mentira. Solo disponible en Buen0vela

De nuevo a tu lado: Solo disponible en Buen0vela. Historia de las hermanas gemelas del protagonista de Una esposa de mentira.

Una esposa de mentira.

Reitero no necesitas leer los anteriores para entender este.

*****

"¡El tumor es maligno, te queda poco tiempo de vida, si te operas hay esperanzas!"

Aquella frase retumbó con violencia en los oídos de Paula, e hizo eco en su corazón.

«¿Con quién voy a dejar a Cristhopher?»

Fue lo primero que pensó, la garganta se le secó y la piel se le estremeció, no podía dejar a su pequeño hijo solo.

-¿Y cuánto costaría la operación? -indagó con voz trémula y los ojos vidriosos.

-Treinta y cinco millones de pesos -dijo el especialista.

Paula palideció por completo, se sostuvo de una silla, jamás en su vida había escuchado esa exorbitante cantidad. Ella no tenía un trabajo estable, había días que vendía en las esquinas de Manizales, lo que podía, en otras ocasiones ayudaba de mesera en restaurantes, limpiaba edificios, casas, pero no conseguía un empleo que le pudiera ayudar a sobrellevar su enfermedad, no tenía un título universitario, y por mala suerte no alcanzó a terminar el colegio, y lo que más le angustiaba era su hijo, el pequeño apenas tenía cinco años.

-¿Cuánto tiempo me queda? -cuestionó resignada a su triste desenlace.

-No te lo sabría decir a ciencia cierta, pueden ser tres meses, más o quizás menos -indicó acomodándose los lentes-, debes someterte a las sesiones de quimioterapia, y por cierto debes la cuenta de cuando te internaron, y de todos los análisis efectuados -indicó el médico.

Paula deglutió la saliva con dificultad, presionó los párpados, se sentía derrotada, debía una cuantiosa suma de dinero en el hospital producto de los análisis que le realizaron, sumado al costo de la operación, además debía recibir quimioterapias, percibía que ya no podía más, trabajaba de día y de noche con tal de que no le faltara nada a su hijo, él era lo único que tenía en su existencia.

-Veré la forma de conseguir el dinero -susurró con voz débil, en su interior sabía que era una tarea imposible, necesitaba un milagro, y ya no creía en ellos.

Entonces, salió del hospital, caminaba por las calles de la ciudad con los hombros caídos, y el rostro humedecido, cansada tomó asiento en una banca de cemento de un parque.

-¿Qué voy a hacer? -susurraba en voz baja abrazada así misma, intentaba contener las lágrimas, pero le era imposible, no podía creer que le quedaba poco tiempo de vida. -¿Con quién voy a dejar a Cristopher? -se preguntó desolada-. Es tan pequeño aún -sollozó, y sintió una punzada en el pecho, un ardor que le carcomía las entrañas.

Ahí se quedó durante unas dos horas, llorando por su desdicha, entonces se dirigió a retirar a su hijo de la escuela.

-¡Hola mami! -exclamó el pequeño de vivaces ojos azules, y rubio cabello.

-Hola cariño, ¿cómo te portaste hoy? -indagó ella y se inclinó a la misma altura de él.

-Bien, solo que no pude jugar futbol con mis compañeros, me aprietan los zapatos. -Se quejó.

Paula sintió una punzada en el pecho al escuchar a su niño, la garganta se le secó.

-No te preocupes, prepararé bastante jugos de frutas para venderlo en las calles y te compraré unos zapatos nuevos. -Fingió una sonrisa.

-¿Lo prometes? -indagó en niño, la miró con atención. -¿Te duele otra vez la cabeza? ¿Por qué lloraste? -preguntó, Cristhopher era un pequeño muy inteligente, y era imposible esconderle las cosas.

-Sí prometo que te compraré los zapatos, no, no he llorado. -Mintió Paula-, creo que me va a dar gripe, ven vamos a casa.

El niño asintió, agarró con sus pequeños dedos los de su mamá, y empezaron a caminar en dirección a su residencia bajo el inclemente sol.

-Tengo sed -dijo el niño.

Paula miró las pocas monedas que le quedaban, ingresó a una tienda y le compró una botella con agua, pero notó como los ojos de su hijo brillaban al ver la cantidad de golosinas, el corazón se le fragmentó y salió de ahí a la brevedad con él.

Luego de unos minutos llegaron a la pieza que compartía con su amiga Luciana.

-¿Cómo te fue en el hospital? ¿Te dieron los resultados? -indagó la chica, quién peinaba su larga cabellera, alistándose para su trabajo.

Paula se colocó los dedos en la boca, en señal de silencio, no podía hablar en delante del niño. En aquella pieza no había privacidad, era una sola habitación, con dos camas, una mesa que Luciana usaba como peinadora, y al fondo tenían una cocineta.

-Cris, cariño ve a jugar con los vecinos -solicitó Paula a su hijo.

El pequeño se quitó los zapatos que le aprisionaban sus dedos, y se colocó unas pantuflas, y fue en busca de sus amigos.

Enseguida Paula, miró a Luciana, negó con la cabeza, se llevó las manos al rostro, empezó a sollozar.

-Necesito cincuenta millones de pesos, debo operarme o caso contrario moriré, requiero pagar la cuenta del hospital, no sé qué hacer -gimoteó con desespero, miró desde la única ventana que daba al patio a su hijo corretear, y el corazón se le rompió en miles de pedazos.

Luciana abrió sus grandes ojos con amplitud.

-¿Qué? -cuestionó Luciana, y se puso blanca como un papel-, no te puedes morir, debemos buscar la forma de conseguir el dinero -habló con la voz entrecortada, intentando mostrarse serena, pero la noticia le cayó como una cubetada de agua helada. -¿Qué va a pasar con Christopher? -indagó con voz trémula.

Paula sollozó con fuerza, y Luciana se puso de pie y la abrazó, conmovida.

-No tengo esperanzas, solo esa operación puede salvarme -susurró sin dejar de llorar-, no sé qué va a ser de mi hijo, tengo miedo por él. -Gimoteó temblando de dolor, tristeza, impotencia.

-¿Por qué no buscas al padre de la criatura? -indagó Luciana-, es momento que ese hombre cumpla con su responsabilidad.

Paula palideció por completo, un fuerte escalofrío le recorrió la piel.

-¡No a él no! -balbuceó temblando.

Luciana frunció el ceño.

-¿Por qué nunca hablas de él? ¿Qué te hizo?

Paula tomó una gran bocanada de aire.

-Porque no sé quién es el padre de Christopher -declaró, miró a los ojos a Luciana, se mordió los labios, empezó a llorar, y luego por primera vez compartió su oscuro secreto con su amiga, necesitaba desahogarse y que si moría, alguien supiera la verdad, y nadie mejor que Luciana para eso.

Capítulo 2 ¡Te vas a arrepentir!

Luciana abrió sus ojos de par en par, se estremeció al escuchar esa historia. Abrazó con calidez a su amiga para darle consuelo.

-Estamos peor que antes -resopló deglutiendo la saliva con dificultad-, aunque existe una posibilidad, si trabajaras conmigo, podrías reunir con mayor rapidez esa cantidad -propuso la joven-, esta noche uno de los clientes dará una gran fiesta, ha pedido una dama de compañía. -Miró de pies a cabeza a Paula-, con un vestido elegante, algo de maquillaje, unos tacones, no quedarás mal, además no tienes que acostarte con él, no es obligatorio -indicó-, el cliente del cual te hablo es muy lindo y no te obliga a lo que no quieres, pero es muy juguetón con sus manos, y te da unos besotes. -Suspiró profundo.

Paula negó con la cabeza, y sus hermosos ojos marrones los abrió con amplitud.

-No pienso convertirme en una prostituta, yo tengo dignidad -enfatizó y se puso de pie-, no creo que no te pidan sexo, esos hombres pagan por mujeres, es obvio que quieren algo más -gruñó, y caminó hasta la pequeña nevera y sacó una jarra con agua y se sirvió en un vaso.

-La dignidad se esfuma con la necesidad, no pierdes nada si lo intentas esta noche, puedo hablar con mi jefe -mencionó Luciana-, te voy a mostrar al cliente. -Sacó su móvil del bolsillo de atrás de su pantalón y empezó a buscar imágenes en redes sociales, entonces le indicó a Paula-, es él.

Paula miró las fotos de aquel hombre, era demasiado joven, muy atractivo, de mirada profunda y azulada, su cabello era claro, se le extrañó que alguien con esa presencia buscara damas de compañía.

-Pensé que era un hombre de más edad -indicó.

Luciana chasqueó la lengua.

-Es un playboy, hijo de papi, su familia es muy adinerada, gasta el dinero de sus padres a manos llenas, organiza fastuosas fiestas -mencionó.

Paula apretó los labios.

-Qué afortunado -dijo con cinismo-, ese hombre no sabe lo que es tener necesidad, esa gente solo nace para gastar, y los que en realidad necesitamos dinero, no tenemos como conseguirlo -expresó con tristeza.

-Por eso, piénsalo bien, el trabajo es sencillo.

Paula volvió a mirar la imagen, era un hombre de unos veinte y cinco años, con unos ojos azules hermosos, la piel nacarada, las facciones finas, el cabello claro, parecía un príncipe, pero no sabía que había detrás de esa fachada, inspiró profundo y no dio respuesta.

*****

En horas de la noche las luces robóticas iluminaban la elegante discoteca en la cual Juan Andrés Duque, hijo de uno de los hacendados cafeteros más importantes de la región, daba una fastuosa fiesta.

Ingresó al salón caminando con su varonil presencia, sonrió con varias chicas, coqueteando con ellas.

-Esta noche el licor y las chicas corren por mi cuenta -dijo el joven, y esperó con impaciencia la llegada de su acompañante, miraba su reloj a cada instante, entonces se sentó en la barra y pidió un whisky.

Paula bajó del vehículo que la llevó hasta aquella discoteca, miró a todos esos elegantes hombres que no le quitaban la vista de encima y el estómago se le encogió.

«¡No voy a poder con esto!» pensó, y entonces volteó para irse, no se atrevía a ingresar a ese lugar.

-¿A dónde vas? -escuchó en la voz fuerte de un hombre, ella se erizó y detuvo el paso. -¿Eres el reemplazo de Luciana? -indagó.

Paula se armó de valor, inhaló profundo, giró sobre sus talones, miró a aquel caballero.

-Sí -respondió con la voz temblorosa.

-Entonces ven -dijo el hombre.

*****

«La dama de rojo by Chris de Burgh» empezó a sonar. Juan Andrés miraba hacia la puerta esperando a su acompañante, y de pronto luciendo un sensual y elegante vestido carmín, apareció una joven mujer de piel bronceada, y larga, brillante y lisa cabellera castaña, caminando por el salón, no era como las chicas que mandaba la agencia, esta tenía prominentes curvas, caderas anchas, muslos gruesos, senos abultados. La devoró con los ojos.

-Una belleza exótica, tal como me la recomendó el doctor -pronunció Juan Andrés, la miró con descaro y se mojó los labios.

Paula tropezó de nervios, al notar como la mirada de aquel hombre la desvistió.

-Recuerda que es nuestro mejor cliente -susurró el sujeto que la acompañaba y le dio un ligero empujón.

Paula se armó de valor, caminó en medio de la gente, llegó frente a él, y todo su ser tembló de nerviosismo.

-Soy la dama de rojo, y seré tu compañera por esta noche -dijo ella con la voz suave, se aclaró la garganta, era como si las palabras no salieran de su boca. Lo miró a él, y era mucho más atractivo en persona, alto, fornido, elegante, con una sonrisa encantadora, y una mirada seductora.

«¡Dios mío, ayúdame!» suplicó ella.

-Lady in red -susurró él y la barrió con la vista-, me fascina el misterio. -La invitó a sentarse a su lado. -¿Qué vas a tomar, dama de rojo? -cuestionó con voz sensual.

La chica se aclaró la garganta, la piel se le erizó, entrelazaba sus manos con nerviosismo.

-Agua -solicitó.

Juan Andrés soltó una carcajada, negó con la cabeza, alzó una de sus manos para llamar al mesero.

-Un whisky en las rocas para mí, y una piña colada para la señorita -solicitó.

-No, yo no bebo licor -dijo ella aclarándose la voz.

-En el contrato decía claramente que debes hacer lo que yo pida -enfatizó y le guiñó un ojo-, y ahora que te veo en persona, podría doblar el precio, o triplicarlo si lo deseas -murmuró con voz ronca al oído de ella-, por pasar la noche conmigo -añadió.

Paula sintió que toda su piel se erizó ante la atrevida propuesta de aquel hombre. Las mejillas se le sonrojaron y sus ojos se abrieron de golpe.

-No soy una prostituta señor Duque -carraspeó, inhaló profundo-, me contrataron solo para hacerle compañía -rebatió aclarándose la voz.

Juan Andrés ladeó los labios.

-Qué solemne se oye eso de señor Duque, puedes llamarme Andrew -indicó-, ven vamos a bailar, imagino que a eso no te vas a negar.

Paula asintió, entonces se acercaron a la pista, él colocó sus fuertes manos en la cintura de ella, y la chica sintió que se iba a desmayar de los nervios.

«¿Por qué le hice caso a Luciana?» se reprochó, se sentía incómoda en brazos de él.

-Abrázame -pidió él. -¿Es tu primera vez? -cuestionó arrugando el ceño.

Paula asintió, se armó de valor y con timidez colocó sus brazos alrededor del cuello de él. Fue inevitable no inhalar aquella varonil y sofisticada fragancia que él desprendía, además su mirada era profunda, y no dejaba de observarla, y eso la hacía temblar de nerviosismo. Enseguida empezaron a moverse al ritmo lento de la melodía, y Paula comenzó a sentir los dedos de Juan Andrés recorriéndole la espalda.

«¿Qué hace?» se cuestionó y empezó a tensarse, no le agradaba que la tocaran, no estaba acostumbrada, y de repente los dedos de él, apretaron uno de sus glúteos.

Paula abrió sus ojos con sorpresa, la adrenalina se apoderó de su sangre, lo empujó con todas sus fuerzas y lo abofeteó estampando sus dedos en la mejilla de él, sin medir las consecuencias que eso podría ocasionar.

-¡Atrevido! -gritó agitada.

Juan Andrés se sobó la mejilla, la miró con profunda ira, sus amigos se carcajeaban.

-¿Cómo te atreviste a tocarme? -rugió iracundo, la vena de su frente saltó, la tomó de los hombros y la zarandeó-, ninguna mujer hace esto. -Señaló su mejilla enrojecida con evidente molestia-, pondré una queja en la agencia, para que no te den trabajo nunca más, y no te pagaré esta noche, lárgate -ordenó a gritos.

Paula se sacudió del agarre de él.

-Claro que me voy -vociferó, sus profundos ojos oscuros se clavaron en los azules de él-, prefiero pedir limosna en la calle, que ser el juguete de un niño rico sin oficio, ni beneficio -gritó y salió de la discoteca a toda prisa.

Juan Andrés rascó su cabeza al escucharla, apretó los puños.

-¡Te vas a arrepentir! -sentenció respirando agitado-, aquí no ha pasado nada señores, que continúe la fiesta -ordenó.

«Averiguaré quien eres, y me las pagarás, nadie se atreve a abofetear a Juan Andrés Duque»

****

Advertencias:

Juan Andrés Duque es un personaje con muchos defectos, es arrogante, vanidosos, y cree que puede tener el mundo a sus pies, si no les agrada este tipo de historias, les recomiendo pasar por mis otros libros, es la primera vez que tendré un personaje tan oscuro de protagonista.

Capítulo 3 Cruel venganza.

Paula se levantó con un fuerte dolor de cabeza, cada día su dolencia se acrecentaba, por lo que decidió no salir a laborar, aunque el dinero le hacía mucha falta.

-¿Puedes llevar a Christopher a la escuela? -pidió a Luciana-, no me siento bien -indicó.

Luciana inspiró profundo la miró con pesar.

-Tranquila, duerme un poco, yo me haré cargo del niño -aseguró y le pasó un analgésico a su amiga con un vaso con agua-, toma la pastilla -solicitó.

Paula asintió, se tragó la medicina, y luego cerró los ojos con fuerza, intentó dormir.

-¡Mami! ¡Mami! -exclamó el pequeño Cris, tocándole las mejillas.

-Deja dormir a tu mamá -solicitó Luciana-, está un poco cansada.

El pequeño parpadeó, y luego enfocó sus enormes ojos azules en su mamá.

-¿Otra vez está enferma? -cuestionó, sus labios formaron una fina línea, haciendo un puchero.

Luciana se aproximó al chiquillo, se agachó a su misma altura.

-Solo está cansada, no llores, mejor ven te ayudo con tu uniforme -solicitó.

-Yo puedo solo, ya soy grande -dijo el pequeño, apenas tenía cinco años.

Luciana sonrió.

-Muy bien, apresúrate mientras te preparo el desayuno.

*****

-Deseo que esa mujer no vuelva a laborar jamás, es una atrevida -rugió Andrés Duque hablando por teléfono con el dueño de la agencia de escorts.

-Señor Duque, lamento las molestias ocasionadas -se aclaró la garganta el gerente-, le aseguro que esa mujer no volverá, por ese incidente pienso compensarlo, solicite la mejor chica, todo irá por nuestra cuenta.

Andrew ladeó los labios, había conseguido su propósito.

«Así aprenderás, que no debes meterte con Juan Andrés Duque" Sonrió para sus adentros.

-Gracias, siendo así, deseo ver a Luciana, en tres horas -comunicó y le dio la dirección del sitio donde pensaba encontrarse con la chica.

-Ahí estará -dijo el gerente y colgó la llamada.

-Te vas a arrepentir de haber nacido, mugrosa -enfatizó y la mirada se le oscureció.

****

Instantes después Luciana enfundada en un elegante vestido estilo sastre, llegó al club en el cual Juan Andrés, la había citado, no era la primera vez que estaba en ese lugar, informó que era invitada de uno de los socios, y enseguida se comunicaron con él.

-Sí, déjenla pasar, es mi invitada -dijo Andrew, y colgó el móvil-, estoy en las canchas de tenis.

De inmediato le informaron a Luciana, ella contoneando las caderas con elegancia, pasó sonriendo delante de varios caballeros y luego llegó a las canchas.

Inhaló profundo al contemplar a Juan Andrés, luciendo esos pantalones cortos.

«Es un bombón»

-Hola, cariño -dijo ella, y se mordió los labios al ver la mejilla de él, Juan Andrés tenía la piel muy blanca y su amiga Paula se había encargado de dejarle un muy buen obsequio-, vaya que te pegaron fuerte ayer.

La mirada de Andrés oscureció, sin embargo, fingió una sonrisa.

-Fue un penoso accidente -indicó aclarándose la voz-, ven vamos a sentarnos. -Guio a la chica hasta una mesa y solicitó dos limonadas-, no sabía que era la primera vez que tu amiga laboraba como escort, se me fue la mano, y me gustaría disculparme con ella, y pagarle por el servicio -mintió. -¿En dónde la puedo localizar? ¿Cómo se llama tu amiga?

Luciana no lo conocía, no pudo adivinar sus malas intenciones, por el contrario, pensó que ese dinero le caería bien a su amiga.

-Mira, ella en las mañanas vende lo que puede en la avenida Santander, cerca de la plaza cincuenta y uno, no es un sitio para hombres de tu clase -advirtió Luciana-. Se llama Paula Osorio.

Juan Andrés sonrió con coquetería.

-No te preocupes, me sé cuidar.

*****

En horas de la tarde Paula arrastró sus pies hacia el patio de la residencia donde vivían, era un edificio de varias habitaciones, en medio había la lavandería, requería lavar la ropa de Cristhopher.

Con el semblante lleno de palidez empezó su tarea, pero el dolor punzante en su cerebro no la dejaba tranquila, ya los analgésicos no menguaban su dolencia.

-¿Te encuentras bien Paula? -cuestionó una mujer de edad madura, dueña de la casa.

-Estoy un poco enferma, pero nada de cuidado -mintió Paula, suspiró profundo.

-Qué bueno, solo quería recordarles que deben la renta de la pieza desde el mes pasado -dijo la mujer.

Paula soltó un resoplido lleno de desesperanza.

-Le prometo que este mes nos ponemos al día -mintió.

-Eso espero -dijo la mujer, y volteó para irse, cuando estaba por subir las escaleras regresó-. Oye Paula, varias conocidas mías dicen que en las haciendas cafeteras en esta época requieren mucho personal, el trabajo es de recolectoras, pero pagan bien -mencionó.

Paula elevó una de sus cejas, miró con atención a la dama.

-¿Y cómo se consigue el empleo? -cuestionó.

-Me han dicho que en la plaza central están varias chivas que te llevan a las fincas, tú preguntas a cualquiera de los recolectores a qué hacienda van, y te vas con ellos -mencionó-, eso sí debes madrugar.

Paula asintió, finalizó de lavar la ropa de Christopher, y de nuevo fue a la pieza, se recostó en la cama, abrazó al pequeño quién se había quedado dormido, observó los zapatos viejos y desgastados del infante, y el corazón se le estrujó.

-Dios mío dame fuerzas, no quiero dejar a mi hijo desamparado, él solo me tiene a mí -balbuceó con la voz débil, y una punzada en el pecho que no le permitía respirar-, espero que no hayan regañado a Luciana por mi culpa, pero ese tipo es un atrevido -gruñó-, espero no volver a verlo nunca en mi vida. -Cerró sus ojos, para descansar un poco y luego ir hasta el mercado y comprar frutas para preparar las bebidas que iba a vender al día siguiente.

****

En la mañana, Paula luego de dejar a su hijo en la escuela, se fue a laborar, empujaba la carretilla en donde vendía los jugos que preparaba desde temprano: naranja, coco, y tamarindo eran los sabores que ofrecía.

-¿Cómo me le va? -cuestionó a los transeúntes-, tómese un juguito para este calor, está bien heladito, le caerá bien.

Algunas personas la ignoraban, y otros en especial los caballeros se acercaban, le compraban las bebidas, pero con doble intención. Le decían piropos subidos de tono, o intentaban pasarse de listos, pero ella no se dejaba, se ganaba insultos, o se iban sin pagarle.

****

Juan Andrés llegó minutos antes, miraba a su alrededor asustado, muchos vendedores ambulantes se acercaban a su BMW y temía tanto que le fueran a robar.

-Me vine a meter en el infierno -refutó, entonces miró a Paula, lucía diferente a la otra noche, estaba enfundada en unos sencillos pantalones de mezclilla, una camiseta blanca, sus tenis estaban bastante desgastados, cubría su rostro con una gorra, miraba como sorteaba el tráfico y ofrecía sus jugos-. Llegó el momento de mi venganza, piojosa -Ladeó los labios, sacó su móvil, hizo una llamada.

No pasaron ni treinta minutos cuando Paula notó a los demás vendedores ambulantes correr de un lado a otro.

-¡Los municipales! -dijo uno.

Paula intentó empujar su carreta al sitio donde se la guardaban, pero fue demasiado tarde, era como si esos guardias hubieran ido directo por ella.

-¡No por favor! -suplicó aferrándose a su carretilla que con mucho esfuerzo había conseguido-, no volveré por acá pero no se la lleven.

Hasta que ella pudiera reaccionar uno de los guardias lanzó la carreta al piso, y con eso los frascos de cristal donde ella almacenaba sus bebidas se rompieron al hacer contacto con el piso, y el líquido se regó, los vasos rondaron en la calzada.

-Infelices -gritó Paula sollozando-, son unos malditos, no se dan cuenta qué con esto alimentamos a nuestros hijos, mal nacidos -vociferó envuelta en un mar de lágrimas, sostuvo con firmeza la carreta para que no se la confiscaran, pero fue inútil, forcejeó con los municipales, sin embargo, ellos ejercieron la fuerza bruta, la empujaron y ella cayó sobre la banqueta y miró como subían a una camioneta su fuente de trabajo. -¿Qué voy a hacer? -sollozó con fuerza, sentándose en el suelo, abrazándose así misma.

Varias personas que pasaban por ahí filmaron lo ocurrido, les pareció indignante la actitud de aquellos municipales, parecía que se habían ensañado con ella.

Juan Andrés por el contrario carcajeaba divertido, parecía no tener sentimientos, ni condolerse del sufrimiento de los demás, entonces se quitó todas las prendas de valor, se colocó una gorra y bajó de su auto, caminó en dirección a Paula, quién yacía en el piso con la cabeza inclinada.

La joven miró unos relucientes zapatos, frunció el ceño, y alzó su vista, lo reconoció de inmediato.

-Esto es una lección, para que aprendas a no meterte conmigo, no tienes idea de quién soy y el poder que tengo -enfatizó Juan Andrés.

Paula apretó sus puños con todas sus fuerzas, escucharlo le revolvió el estómago, se puso de pie con las mejillas enrojecidas de ira, y lo empujó furiosa. Juan Andrés se tambaleó.

-Eres el ser más despreciable que he conocido -dijo agitada, sollozante-, no tienes alma, porque no sabes lo que es irse a la cama sin haber comido nada en el día -recriminó y su mirada llena de ira se enfocó con resentimiento en los ojos de él-, eres un maldito niño rico acostumbrado a tenerlo todo -gritó desesperada-, con esos jugos yo mantengo a mi hijo, pero tú qué vas a saber de calamidades -vociferó sin bajarle la vista-, ojalá algún día te quedes pobre y sepas lo que es ganarse el sustento con el sudor de la frente -gruñó y salió corriendo llorando a mares.

Juan Andrés sacudió su cabeza, se llevó la mano a la frente, era cierto que a veces era un desalmado, pero era incapaz de ensañarse con un niño, se sintió mal por lo que hizo, resopló y volvió a su auto pensativo.

«No sabes lo que es irse a dormir sin haber comido nada en el día»

Esa frase retumbó en su cabeza, y luego la sacudió.

-Tonterías, yo no voy a andar solucionando los problemas de los pobres de este país, y menos de la piojosa insolente de Paula, para eso está el gobierno -mencionó y arrancó su auto.

****

¿Qué opinan de lo que hizo Juan Andrés?

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