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Una familia para el solitario CEO.

Una familia para el solitario CEO.

Autor: : AngellynaMerida
Género: Romance
La vida del famoso y solitario arquitecto Ryan Knight da un giro inesperado en el mismo instante que se entera del fallecimiento de su hermano y cuñada, y le ha sido asignada la custodia de su sobrina Hope, una pequeña niña de diez años, a quién él jamás conoció. La solución de Ryan es simple: Desea enviar a la niña a un internado, pues él no está dispuesto a sacrificar su soltería e independencia por el cuidado de una chiquilla, quién le recuerda a cada instante el engaño de su exnovia Paige, quién lo dejó con el corazón roto por preferir a su hermano mayor Roger. Sin embargo, el inesperado escape de Hope hace que lleguen a la vida de Ryan: Vanessa Johnson una joven madre soltera que ha luchado día y noche por sacar adelante a su hija: la pequeña Ava, quién sueña con conocer a su padre biológico, sin imaginar que aquel hombre, no quiso que naciera. La inocencia de Ava hace que confunda a Ryan con su verdadero papá, y él para no romperle el corazón decide seguir con aquella mentira, así se involucra demasiado en la vida de Vanessa, despertando en ambos sentimientos que hacía mucho no sentían. ¿Hasta qué punto una mentira puede convertirse en realidad? ¿Será suficiente el amor para convencer a Ryan de que la familia es lo más importante? ¿Se hará realidad el sueño de Ava y Hope de tener un papá? Código de registro: 11/01/2023 2301113141276. Prohibida la reproducción sin autorización de la autora. Registrada en el Instituto de Propiedad Intelectual de Ecuador.

Capítulo 0 Introducción: ...Que el destino volvería a encontrarlos

New York City, Usa.

-¡Debes abortar! -ordenó el hombre con voz enérgica.

Aquella frase retumbó en el corazón de la mujer.

-¿Perdona? -Vanessa no podía creer lo que escuchaba.

La chica había viajado durante casi cinco horas, desde el hospital de la universidad, donde se había ganado una beca para estudiar Administración de Empresas, hasta la oficina de su novio. De camino hacia allá, fue pensado dedicar más tiempo al cuidado de su bebé.

Vanessa creía que su novio Raúl Bautista, que decía amarla, estaría encantado con la noticia, después de todo parecía tan enamorado de ella que la instó encarecidamente a no usar protección esa noche y ella aceptó vacilante, pensando que él sería responsable, ya que había jurado hacerlo.

-¡Yo no me puedo hacer responsable de una criatura en este momento! -exclamó contrariado, y continuó-: Mira, Vanessa, eres demasiado joven, vas a truncar tus estudios. -Se llevó la mano a la frente-, además, estoy en el mejor momento de mi carrera, un bebé solo bloquearía mi ascenso.

-¡Estamos hablando de un ser humano! -gritó agitando sus brazos. -¡De tu hijo! -vociferó.

-Haz lo que te digo, aborta, y nada cambiará entre nosotros, ¿de acuerdo? Te seguiré queriendo. -El hombre bajó el volumen de su voz temeroso de llamar la atención de los que le rodean, intentaba contener y manipular a Vanessa.

Era la hora del almuerzo, y muchos compañeros de Raúl salían de sus oficinas, algunos lo saludaban con la cabeza, él estaba demasiado avergonzado para darse la vuelta, nadie podía enterarse que había dejado embarazada a una universitaria y que no deseaba hacerse responsable.

Vanessa volvió a mirar a su alrededor, lo empujó con fuerza, abandonó los brazos del hombre y contestó con la misma voz fuerte

-¡No creo que vuelva a amar a un hombre que quiere matar a su propio hijo, me das asco!

-¡Estás loca! ¡Baja la voz! ¿Qué tengo que hacer para que te comportes bien en mi trabajo? -El hombre bajó la voz y habló con gran desgano.

Raúl escudriñó la zona, frunció el ceño, sacó un billete de cincuenta dólares de su cartera, agarró la mano de la mujer, extendió la palma, se lo metió a la fuerza.

-Tómalo, aquí tienes dinero, no podemos seguir hablando en este momento, ve a esperarme a la cafetería de al lado, charlaremos más tarde, ahora voy arriba, tengo un poco de prisa...

-¿¡Qué es más importante que esto Raúl!? -exclamó Vanessa.

El hombre ya había desaparecido en el vestíbulo de la planta baja en cuanto las palabras salieron de su boca.

***

Vanessa, salió de ahí con el corazón hecho añicos, decidió darle una oportunidad a su novio, ansiaba que recapacitara, miraba su reloj impaciente, pero él no aparecía, ya había pasado una hora, lo llamó al móvil, para despedirse de una vez por todas de él, ella estaba decidida a quedarse con la criatura; sin embargo, Raúl no contestó, entonces decidió ir a buscarlo de nuevo.

Vanesa se apresuró a preguntar a la recepcionista:

-¿En qué planta está el despacho del señor Raúl Bautista? -indagó-, soy su novia y me acaba de decir que espere aquí un rato, pero no contestó a mi llamada.

La recepcionista comprendió el escenario de su discusión y, sin hacer más preguntas, respondió:

-Búscalo en el gran despacho de la planta diez, oficina uno de la derecha.

Vanessa se precipitó con extrema rapidez hacia el ascensor. Cuando llegó a la planta y se dirigió al pasillo, sólo dobló una esquina y de pronto oyó un tremendo gemido de mujer:

-Oh, oh, por favor, Raúl, más rápido...

«¿¡Será él!?» Se preguntó en la mente. El corazón le retumbó con violencia,

-¡¿Raúl?! -exclamó Vanessa, agarró con fuerza su bolso y acelerando el paso, siguiendo la dirección de la que provenía el sonido hasta un despacho, donde no dudó en empujar la puerta semiabierta. Ahí encontró a su novio, el padre de su hijo, sudando a mares, apretado contra una rubia en topless, penetrándola con gran esfuerzo.

-¿Así que ella es la razón por la que quieres que espere? -cuestionó con la voz temblorosa y la mirada llena de decepción-. Ya veo, hasta nunca, Sr. Bautista.

El hombre se apresuró a empujar a la rubia explosiva que tenía a su lado, se subió la cremallera de los pantalones y se puso a perseguirla.

-Vanessa, espera, puedo explicar.

- ¡Te lo diré una vez más el hijo en mi vientre es sólo mío, y no permitiré que nadie lo mate!

En ese momento, cuando ella gritó la palabra hijo, varios empleados habían vuelto de su hora de almuerzo, alcanzaron a escuchar la discusión, Raúl al notar la presencia de ellos, pensó con rapidez en zafarse de aquel asunto, no le convenía un escándalo.

-¡Te volviste loca! -vociferó en voz alta para que todos lo escucharan. -Yo ni siquiera te conozco, muchacha insolente, ve y endósale ese niño a otro, a un tonto que crea en tus mentiras.

Vanessa abrió los labios, miró la gente a su alrededor susurrando, observó a Raúl con desprecio, no dijo más, había sido humillada de la peor manera, entonces salió corriendo de ese lugar donde sentía que se asfixiaba. Salió de aquel edificio, llorando desconsolada, caminó varias calles, y se recargó en un poste, se llevó las manos al vientre.

-¡Aunque aún no te conozco, eres lo mejor que tengo! -susurró-, no permitiré que tu padre te haga daño, no sé cómo, pero juntos saldremos adelante, velaré por ti, día y noche, seré padre y madre -murmuró aun sollozando-, estaremos bien, mi bebé, y no volveremos a saber de ese mal hombre que te engendró.

****

San Francisco, California.

Dos meses habían pasado desde que Vanessa se mudó a San Francisco, esa mañana tenía una nueva cita de trabajo. Todas sus esperanzas estaban puestas en conseguir ese empleo que se adaptaba a su horario de estudios. Sostenía sobre su pecho varios folders con sus hojas de vida y recomendaciones dentro.

Minutos antes Ryan Knight había salido de la iglesia escabulléndose de los invitados, se había arrancado el corbatín y tirado en el césped del jardín, apretando sus puños, había subido con rapidez a su Lamborghini.

«Jamás volveré a este lugar» había sentenciado en la mente, pisando hasta el fondo el acelerador había escapado de aquella boda que le carcomía el corazón.

Vanessa sonreía con entusiasmo, observó frente a ella el edificio donde tenía aquella cita, y para asegurarse que estaba en el lugar adecuado, inclinó su cabeza, miró en el móvil la dirección exacta, y cruzó la calzada sin darse cuenta de la luz roja.

De pronto solo escuchó el rechinido de las llantas de un vehículo, los papeles que sostenía en sus manos salieron volando por el aire, y ella cayó desplomada en el piso, percibiendo un fuerte golpe en la cadera, y en una de sus piernas; sus ojos se cerraron cuando su cuerpo golpeó el pavimento.

-¡Joder! -exclamó Ryan el corazón se le detuvo por segundos, al ver a la chica caer al piso ante sus ojos, el pulso se le aceleró. Sabía que el accidente no fue su culpa, pues la mujer se aventó a la avenida sin mirar el semáforo; sin embargo, salió con rapidez del auto, tiró de sus mechones, corrió a mirar a la chica en el piso.

-¡Señorita! ¡Por favor una ambulancia! -gritó mientras se inclinaba para verificar que la mujer en el pavimento estuviera con vida, el corazón le latía con fuerza abrupta. La tomó de la mano, verificó su pulso. -¿Está bien? -cuestionó esperando que ella respondiera.

La voz de aquel hombre se hizo lejana para Vanessa, abrió sus párpados, y lo único que vio fueron unos fríos y verdes ojos cargados de melancolía y angustia.

-Mi bebé, no dejes que le pase nada a mi hijo, por favor... -suplicó, buscó la mano de aquel hombre y la presionó con fuerza-, es lo único que tengo en la vida...-Perdió el conocimiento.

El hombre se estremeció por completo al escuchar los ruegos de aquella chica de mirada dulce; presionó los párpados, era un hombre frío, así lo había hecho la vida, pero no podía cargar en su conciencia con la muerte de una mujer, y menos con la de un bebé no nacido.

De inmediato apenas llegó la ambulancia, él pidió que llevaran a esa muchacha al mejor hospital, estaba dispuesto a correr con los gastos, pero no pensaba quedarse un minuto más en San Francisco, eso no era bueno para su estabilidad emocional. No soportaba ver a Paige su exnovia, la mujer a la que tanto amaba, en brazos de su hermano, aquel día ella se había convertido en su cuñada, la boda de la que escapó era precisamente esa.

«Pero no puedo dejarla sola, no soy un desalmado» se dijo así mismo, contemplando el dulce rostro de la mujer herida.

A pesar de tener un solitario y gélido corazón; decidió subir a la ambulancia, y acompañar a la chica al hospital, permaneció ahí hasta saber que estaba fuera de peligro, había tenido que esculcar en el bolso de ella su identificación para registrarla.

-Familiares de la señorita Vanessa Johnson -cuestionó un médico.

El hombre se acercó de inmediato.

-No soy familiar, soy la persona que estuvo con ella en el accidente. ¿Cómo está? -indagó percibiendo un nudo que le oprimía la garganta.

-Se va a recuperar, pero debe estar en reposo varias semanas, logramos controlar la hemorragia debido al golpe, y el bebé se encuentra a salvo, también tuvo una cortadura en la pierna, irá sanando. Ella no puede moverse por varios días.

-Entiendo -contestó con su voz seca, se sobó el rostro con ambas manos-, pobre mujer -susurró, pues en el bolso había encontrado las notificaciones de desalojo y de varias deudas más, el corazón se le había encogido en el pecho, su mente había viajado al pasado, a la época de su infancia, a aquellos momentos en los cuales su madre hacia malabares con el dinero, pues no les alcanzaba, y su verdadero padre no quería reconocerlo como un Knight. ¡Cuántas veces los habían desalojado! El pecho se le oprimió y decidió compensar a la chica a pesar de que no era su culpa el accidente.

****

Unos minutos más tarde, cuando una enfermera le permitió pasar a ver a la muchacha, él la miró desde la puerta, la muchacha dormía y mantenía la mano sobre su vientre, como protegiendo a aquella criatura, se estremeció ante aquel cuadro, se veía una chica muy joven, su rostro, aunque pálido reflejaba dulzura, pero él no tenía tiempo para quedarse a contemplarla, así que se aproximó con cautela, y con delicadeza tocó la mano de ella, tenía la piel muy suave. El hombre suspiró:

-Espero te recuperes pronto.

Y así como apareció tal como un huracán, desapareció, sin dar su nombre, ni nada con lo cual Vanessa pudiera encontrarlo.

Cuando la chica despertó, lo primero que hizo fue pensar en su bebé. Angustiada preguntó a la enfermera que la revisaba por el destino de su criatura, el alma le volvió al cuerpo, al saber que su hijo aún crecía en su vientre. Parpadeó un par de veces y al mirar la habitación se dio cuenta que estaba en un lujoso hospital.

-Pero yo no tengo dinero para pagar la cuenta -susurró con desespero, y recordó que por cruzar distraída había perdido la cita de trabajo. -¿Qué voy a hacer? -se cuestionó temblando, no sabía que le deparaba el futuro, ni quién la había llevado a ese lugar. Varias lágrimas rodaron por sus mejillas-. Me van a desalojar...

-Tranquila -le dijo una enfermera que se acercó a su lado-, no te alteres esto no le hace bien a tu bebé, debes estar en reposo.

-¿¡Reposo!? -indagó sollozando-, no yo no puedo, tengo que conseguir empleo, mi situación es complicada: en los trabajos me rechazan por estar embarazada, y en los que me dicen que sí, me exigen horarios que no me permiten continuar mis estudios, debo la renta del apartamento, la comida, el gas, la luz. -Se cubrió el rostro con ambas manos.

La enfermera sintió pesar de aquella pobre mujer, entonces sacó del bolsillo de su uniforme un sobre amarillo.

-Te dejaron esto -indicó.

Vanessa limpió las lágrimas de su rostro, arqueó una ceja, tomó aquel sobre.

-¿Qué es? -cuestionó dubitativa.

-El hombre que te trajo en la ambulancia, y que pagó todos tus gastos, me pidió entregarte eso. -Señaló con la mano-, por cierto, era muy atractivo, vestía un frac, no sé si se estaba casando, o iba a retrasado a su boda y por eso ocurrió el accidente, sin embargo, permaneció aquí hasta saber que estuvieras bien.

Vanessa se estremeció, percibió un pinchazo en el pecho.

«Y si no llegó a su boda por mi culpa» Pensó sintiendo un nudo atorado en la garganta, necesitaba saber quién era esa persona, darle una disculpa, agradecerle su amabilidad, por lo que enseguida abrió el sobre.

Los ojos de Vanessa se abrieron de par en par, al mirar el interior: Había varios fajos de dólares, y una nota.

«Lamento mucho que usted perdiera una cita de trabajo, el médico me ha dicho que debe permanecer en reposo por el bien de su bebé, le dejo este dinero para que no tenga que pasar necesidades mientras se recupera. Tenga más cuidado al cruzar las calles»

Varias lágrimas corrieron por las mejillas de Vanessa, metió las manos en el sobre, y no pudo calcular con exactitud la cantidad de dinero, quizás unos cinco mil dólares, o más. Negó con la cabeza, no le gustaba recibir limosnas de nadie, pero en ese momento estaba tan necesitada, que pensó que ese hombre se había convertido en su ángel, necesitaba saber quién era, y agradecerle en persona.

-Disculpe -le dijo a la enfermera. -¿Sabe el nombre de ese señor? -cuestionó.

-No quiso dar su nombre, pero déjame te lo consigo, debe estar registrado en el pago de la factura, déjame ir a averiguar.

Vanessa asintió y sonrió levemente. Instantes más tarde la chica supo que aquel caballero tan amable se llamaba: Ryan Spencer. Él para que nadie de la familia supiera su paradero, ni lo involucrara con esa joven, había pagado en efectivo y utilizado el apellido materno para los datos en la factura.

-Espero algún día poder encontrarlo y darle las gracias en persona. -Acarició su vientre-, juntaremos este dinero, y se lo devolveremos. -Suspiró.

Ni Ryan, ni Vanessa imaginaron en ese momento que el destino más adelante volvería a encontrarlos.

Capítulo 1 ¡Eres idéntica a Paige!

Once años después.

San Francisco, California.

-¿Ava Jonhson, quieres llegar tarde de nuevo a la escuela? -cuestionó Vanessa a su hija de diez años-, tardas horas en ponerte el uniforme -rebatió, mientras colocaba unos documentos en su portafolio-, date prisa niña, yo tengo una junta importante en la empresa.

La pequeña salió de la alcoba, resopló.

-No quiero ir a la escuela -dijo la niña, apareciendo en pijama-, lo que yo deseo es conocer a mi papá -reclamó-, mi mejor amiga: Hope Knight, tiene una familia, su padre siempre va por ella, y en las reuniones escolares están todos juntos -refutó y mordió sus labios.

Vanessa volvió a sentir aquella punzada en su pecho, el corazón le sangraba cada vez que su hija reclamaba por su padre.

«¿Cómo le digo que ese hombre no quiso que naciera? ¿Cómo le cuento que fui una ingenua que caí en las garras de un hombre casado?» se cuestionó y su pecho ardió.

-Hemos hablado sobre esto Ava, tu papá tiene mucho trabajo, vive en Europa, no puede venir -mintió una vez más.

Ava elevó sus verdes ojos a su madre.

-¡Mentira! -rebatió la niña-, dime la verdad, mis compañeras dicen que no es cierto, que mi papá no existe, o no me quiere. -Sollozó.

A Vanessa la mirada se le cristalizó por completo, se aproximó a la niña, intentó abrazarla, pero la pequeña, se alejó y corrió a la alcoba, se encerró.

Esas discusiones de madre e hija, era repetitivas, ya había llevado a Ava con un especialista, pero parecía no dar resultado, entonces Vanessa dejó caer su cuerpo en un mullido sillón, derrotada.

Cuando decidió alejarse de Raúl, solicitó el cambio de residencia de la beca, se mudó a San Francisco para alejarse de ese hombre, quién le había estado mintiendo todo el tiempo, Raúl tenía esposa y un niño de dos años, esa noticia fue la confirmación para Vanessa de que ese hombre no valía la pena.

Pudo haber regresado a su hogar junto a su madre en Fresno, pero decidió asumir las consecuencias de su error con valentía, y aunque el camino al principio había sido duro, gracias a su prodigiosa inteligencia, no tardó en conseguir empleo, era vendedora en un almacén de ropa, y estudiaba a distancia la universidad, jamás se dio por vencida, ser madre soltera no fue un obstáculo para cumplir sus metas, ahora era vicepresidente comercial de B&G una empresa dedicada a la venta de vehículos.

Luego de desahogarse unos minutos volvió a la habitación de su hija.

-Si no vas a la escuela, no verás hoy a Hope, y te perderás de jugar con ella -mencionó con dulzura y abrió la puerta.

Ava parpadeó, Hope era su mejor amiga, se contaban todo, y cuando la una faltaba a clases, la otra se extrañaba, entre ambas niñas existía una gran conexión.

-Está bien, iré -contestó la pequeña, recordó que ella era la única amiga de Hope, pues le era difícil relacionarse con otras personas.

***

Horas más tarde, en la escuela:

-Hope Knight a la dirección -dijo una maestra que interrumpió en el aula de la pequeña.

Ava abrió sus ojos con amplitud, se estremeció al escuchar que llamaban a su mejor amiga a la dirección, pues Hope, era una alumna ejemplar, incluso en ocasiones llegó a pensar que era la favorita de los profesores, pues nunca se portaba mal, y siempre entregaba las tareas a tiempo.

«¿Por qué la llamará la directora?» pensó con nerviosismo.

Hope enfocó su verdosa mirada llena de susto en su mejor amiga: Ava.

-Pero yo no he hecho nada malo -susurró la niña.

Ava arrugó el ceño, extendió su mano para brindarle apoyo a su amiga, pensó por unos segundos en ir con ella, y acompañarla, se puso de pie, pero cuando observó que la maestra con la mirada le pidió sentarse, se dio cuenta de que no podía ir con Hope.

-¿Para qué te llamará la directora? -cuestionó Ava pensativa-, me estoy empezando a poner nerviosa, siento cosquillas en el estómago, mejor ve a ver de qué se trata.

Hope sintió el mismo cosquilleo de Ava, producto de los nervios, caminó con paso lento hasta llegar a la puerta, a cada instante giraba su rostro para mirar a Ava, hasta que desapareció por la puerta, caminó por los relucientes pasillos, y llegó a la oficina de la directora, la niña se sorprendió al ver a su bisabuela: La Sra. Rose Knight.

-Cariño -dijo la mujer con dulzura.

-¿Qué haces aquí? -indagó Hope, notó los ojos llorosos de la anciana, y se sorprendió de verla triste, tuvo un mal presentimiento, pues la señora casi nunca lloraba, siempre estaba dando órdenes, y regañando a quién no hacía su voluntad. La pequeña la observó con atención y se dio cuenta que no podía contener las lágrimas. -¿Por qué lloras? -indagó con su dulce voz, temblorosa.

-Mi vida, ha ocurrido una terrible tragedia -habló con la voz entrecortada la dama-, tus padres...- La Sra. Knight gimoteó-, han tenido un terrible accidente.

Los ojos de Hope se llenaron de lágrimas, enseguida soltó su llanto.

-Quiero ver a mis papás -sollozó con desespero.

La Sra. Knight se acercó y la abrazó.

-Eso no será posible, tus padres... han muerto.

Un gran torrente de lágrimas brotó de los ojos de Hope, la niña salió corriendo de la dirección, el corazón le palpitaba con gran fuerza, no sabía para donde dirigirse, sus compañeros empezaron a salir del salón para ir al patio, era hora de recreo.

-¡Hope! -gritó Ava al verla correr desesperada, la siguió. -¡Espera!

Hope se detuvo en el pasillo, envuelta en un mar de lágrimas, observó a Ava, y luego escuchó que la directora y su abuela la llamaban, fue tanta la tensión para la pobre niña, que se desplomó en el piso, a los pies de su mejor amiga.

-¡Hope! -gritó Ava con desesperación, y soltó su llanto. -¡Despierta!

Una maestra se acercó para auxiliar a la niña, la llevaron a la enfermería, Ava no quería retirarse de su lado, al ver la desesperación de la pequeña, le permitieron quedarse.

Cuando Hope abrió sus ojos, Ava de inmediato se acercó.

-¿No sé qué voy a hacer? -cuestionó sollozando-, ya no tengo a mis padres, se han ido para siempre -le contó a Ava sobre la muerte de sus papás.

Ava parpadeó, su rostro estaba lleno de lágrimas, abrazó a Hope, para darle consuelo, así se quedaron varios minutos.

Hope no deseaba salir y ver a su bisabuela, no confiaba en nadie más, excepto en Ava, con quien compartió el más grande dolor de su vida.

***

Madrid- España.

Knight Paradise Center.

Ryan Knight enfundado en un elegante traje de diseñador azul marino, observaba desde el gran ventanal de su imponente oficina, con la mirada brillante y las manos en los bolsillos, como iba quedando la construcción de aquel enorme centro comercial, que él diseñó.

A sus treinta y dos años y sin ayuda de la familia, era un famoso arquitecto, había logrado fundar su propio emporio, su empresa se dedicaba a construir centros comerciales en todo Estados Unidos, y ahora empezaba a hacerlo en Europa.

-Señor está todo listo para su vuelo a Berlín -indicó la asistente ingresando a la oficina.

-Gracias -respondió él a secas, con su misma y gélida mirada de siempre. -¿Está lista la sala de juntas? -cuestionó con la seriedad que lo caracterizaba.

-Sí señor, tengo todo organizado para la junta, los inversionistas españoles no tardan en llegar.

-Muy bien -contestó.

Enseguida se aproximó a su escritorio, le fascinaba leer las revistas de negocios, y una en especial captó su atención, pues en la portada salía la fotografía de la empresa de su familia, junto a su principal competencia: B&G Motors.

El, no odiaba, ni amaba a su familia, con los Knight tenía sentimientos encontrados, por lo que prefería no tener ningún tipo de contacto con ellos.

Diez años atrás cuando la que era su novia Page rompió con él, y tan solo después de un mes se casó con su hermano mayor Roger, anunciando que estaba embarazada, la humillación que sintió fue tan grande, que el día de la celebración de esa boda, no pudo permanecer hasta el final, y se escapó sin dar explicaciones.

Como el único hijo ilegitimo de la familia, a él no le extrañó que Paige eligiera a su hermano, pues era el legítimo heredero, así que él, con su corazón roto, decidió no dedicarse a la empresa de su familia. Por mucho que su abuela le rogó, él nunca volvió a aparecer en ningún evento familiar.

En ese tiempo había perdido casi todo contacto con sus familiares hablaba de vez en cuando con su hermano mayor Roger Knight, cuando le reportaba las ganancias, sin embargo, este último año, las ventas de Elliot Knight Cars, habían decaído.

Tomó asiento en su reclinable y confortable silla de cuero negro, abrió la revista, empezó a leer los artículos, miró con atención la imagen de la atractiva mujer que engalanaba las páginas que hablaban de la empresa que durante años fue competencia de su familia.

-Vanessa Johnson, actual vicepresidente comercial de B&G Motors ha creado una nueva estrategia de ventas, ha implementado la adquisición de nuevas flotas de camiones, que saldrán muy pronto al mercado.

Ryan asintió, y observó a la mujer. Era joven, delgada, de cabello largo, castaño claro, finas facciones, mirada dulce, sus ojos eran verde claro.

Se quedó pensativo, contemplando ese bello rostro, esa mirada profunda y a la vez llena de ternura. Aquel nombre, se le hizo familiar, pero no lograba recordar de dónde.

-Así que tú eres la que hace temblar a industrias Knight. -Ladeó los labios-, mi familia debe odiarte, seguramente.

En ese instante sonó el teléfono privado del empresario, frunció el ceño y alzó la bocina. Palideció por completo, y se aflojó el nudo de la corbata, al escuchar aquella noticia.

-Entiendo, abuela, estaré allá hoy mismo -aseguró y dejó caer su cuerpo en su reluciente y lujoso sillón de cuero.

-¿Se encuentra bien, señor? -indagó su asistente quién ingresaba para avisar que todo estaba listo para la sesión.

-Quiero estar solo -ordenó-, cancela el vuelo a Alemania, que preparen el jet, regreso a San Francisco.

La chica asintió y se retiró.

-¡No puede ser! -exclamó Ryan, sobó su rostro con ambas manos

Horas más tarde, Ryan ingresó a la mansión Knight enfundado en un traje de diseñador completamente negro, miró con frialdad los dos féretros en medio del salón, apretó sus puños dentro de los bolsillos de su pantalón.

Se quitó las gafas oscuras y caminó en dirección a la abuela, quién sostenía en sus brazos a una niña, no fue difícil para Ryan deducir que esa chiquilla era la hija de su hermano y cuñada.

-Buenas noches -saludó.

-¡Hijo! -dijo la abuela, la mujer mostró los ojos llorosos, bolsas bajo sus parpados, tenía más arrugas desde la última vez que se vieron hacía como diez años-, tu hermano, se ha ido.

«Seguramente hubieras preferido que fuera yo el que está en ese ataúd» pensó Ryan, apretó los puños.

-Lo siento -carraspeó.

-Ella es Hope, tu sobrina. -Señaló la abuela a la niña de cabello rubio y ojos verdes.

Hope no quería ver a nadie, escondió su rostro en el pecho de la bisabuela, pero ella con esa voz firme que hacía estremecer a todos, insistió en que saludara a su tío. La pequeña tenía los ojos rojos e hinchados, se puso de pie, se paró derecha siguiendo las ordenes de Rose, entonces alzó el rostro, y enfocó su triste mirada en aquel desconocido que decía ser su familia.

Ryan la observó con atención, y profunda seriedad.

«Eres idéntica a Page»

Capítulo 2 ¡Se ha escapado!

Ryan la miró con atención, era físicamente idéntica a Paige, su exnovia, jamás le interesó conocer a su sobrina, pues era la viva imagen de la traición, pero ahora que la tenía frente a él, y cuando sus ojos se reflejaron en los de la pequeña, en esa mirada llena de desconcierto, de miedo, y desesperación, algo en él cambió. Rememoró como se sintió el día que murió su madre, y por muy extraño que pareciera se identificó con Hope, ambos habían quedado desprotegidos, siendo aún niños.

Entonces por un extraño impulso, quizás el llamado de la sangre extendió su mano a Hope, pero para la niña, su tío era un perfeto desconocido, minutos antes había visto frialdad en su mirada, tembló de miedo, se aferró a la abuela, escondió su cabeza en el pecho de la señora.

«Ven pronto Ava» suplicaba en su mente, anhelaba escapar de ahí, no se sentía a gusto ante la presencia de ese desconocido. «Quiero irme contigo Ava, llévame con tu mamá» rogaba en su interior y no paraba de llorar.

Ryan no quiso incomodar más a la niña, decidió alejarse, y fue y tomó asiento en las sillas que estaban vacías en el medio del salón, tampoco quería tener contacto con nadie, no deseaba que le dieran el pésame, no era bueno recibiendo condolencias.

Instantes más tarde, mientras chateaba con su asistente y le daba órdenes acerca de su negocio, alzó la cabeza, y miró a Hope acompañada de una mujer y una niña, eso captó su atención.

La dama era joven, de largo cabello castaño claro, piel blanca, su rostro era muy bello, se hallaba inclinada junto a su sobrina y otra niña, él no lograba distinguir que era lo que le decía, pero notaba que hablaba con Hope, pues sus labios se movían. Ese rostro se le hizo familiar, pero no logró distinguir en dónde había visto a esa mujer.

Notó que su sobrina se aferró al cuerpo de esa mujer, y luego a la niña que la acompañaba.

«¿Quiénes serán»? se cuestionó, pues percibió que había mucha conexión entre ellas.

Y mientras se hallaba contemplando la escena no se percató de la presencia de su abuela, quién se sentó a su lado, mientras la mujer que estaba con su sobrina y la otra niña se acomodaban en las sillas junto a la pequeña, y le brindaban consuelo.

-Ahora que tu hermano ha fallecido, espero que por fin te hagas cargo de los negocios familiares -habló en un susurró.

Ryan rodó los ojos, bufó con incomodidad.

-No es el lugar adecuado para eso.

-Tienes razón cariño -dijo la abuela, y soltó un bufido-, ahora que me haga cargo de Hope, la cambiaré de escuela. -Miró con desdén a la mujer que acompañaba a su nieta en la salita.

Ryan giró su rostro y miró con seriedad a su abuela.

«Siempre quieres controlar la vida de los demás» apretó los puños.

-¿Por qué? -cuestionó Ryan.

-No me agrada la amistad que tiene Hope, con la hija de esa... mujercita, es madre soltera, sabe Dios con cuántos hombres habrá estado, esa chiquilla es muy mala influencia para mi nieta, además esa...-Rose la señaló con la mano-, trabaja para nuestra competencia, tiene un cargo importante en B&G -habló la anciana con desdén.

«¡Interesante!» pensó Ryan, y supo de inmediato quién era la hermosa dama: Vanessa Johnson, pues se había grabado su nombre. Entonces de nuevo la contempló, esta vez Vanessa ya estaba erguida, era una mujer alta, estilizada, lucía un vestido de diseñador negro, discreto, entallado a su elegante figura, su cabello estaba recogido en una cola alta, y miraba a Hope con dulzura.

Me recuerdas a alguien, pero no distingo a quién» pensó intentando hacer memoria.

Ryan sacudió la cabeza, salió del salón a la terraza, necesitaba tomar aire.

Entre tanto la señora Knight aprovechó para acercarse a Vanessa, arrugó el ceño, y golpeó el piso con el bastón, para captar su atención

Vanessa contempló con seriedad a la señora, plantó su vista en ella sin dejarse intimidar.

-Le exijo que se vaya de esta casa, usted y su hija no son bienvenidas -espetó con su áspera voz.

Vanessa apretó los puños.

-Mire señora este no es momento para rencillas, su nieta necesita de la compañía de mi hija, mírela. -Señaló con la mano, como Ava abrazaba a Hope y la consolaba.

Vanessa sentía el estómago revolverse, le parecía sarcástico que la pequeña Hope, luego de haber perdido a sus padres, buscara refugio en ellas, quienes eran unas desconocidas, mientras a su abuela, lo único que le interesaba era mantener su estatus de la matriarca de la familia, imponiendo su voluntad, ignorando por completo el sufrimiento de su biznieta, quién lloraba desconsolada.

La abuela bufó con incomodidad, arrugó la nariz.

-Esta es una casa de gente decente, no de mujerzuelas baratas, que tienen hijos sin padre -espetó, se aproximó a Ava y la agarró del brazo. -¡Suelta a mi nieta! -vociferó.

Vanessa abrió sus ojos de par en par, la sangre hirvió en las venas, se aproximó a la mujer y la tomó con rudeza del brazo, y la alejó de su hija.

-¡No se atreva a tocar a mi hija, o no me va a importar que es usted una anciana! -vociferó.

Ryan había regresado al salón, al ver aquella discusión y escuchar a las niñas llorar atemorizadas se acercó de inmediato:

-¿Qué está ocurriendo? -cuestionó con voz varonil.

Vanessa volteó respirando agitada, alzó su rostro y sus ojos se cruzaron con los de aquel hombre de mirada fría, su piel se erizó ante la profundidad con la que él la observaba.

Ryan se reflejó en esos pozos color esmeraldas, esa mirada le estremeció, y no supo el motivo.

-¡Esta descarada, me ha golpeado Ryan! -Sollozó Rose, agarrándose el brazo.

La voz de la abuela, lo hizo sacudir la cabeza, y observar como la señora Knight se sobaba el brazo.

-No es cierto, usted maltrató a mi hija primero -susurró Vanessa-, y yo no le permito a nadie...

-Señora, por favor -intervino Ryan-, esto es funeral, le exijo respeto, además la discusión está alterando a las niñas -espetó y volvió a mirarla.

Vanessa plantó sus ojos en él, arrugó el ceño, y pensó que este desconocido hombre, que no sabía quién si era parte de la familia Knight, era igual o peor que Roger y Rose.

-También exijo lo mismo señor...

-Knight, soy Ryan Knight -enfatizó.

«¡Tenía que ser un Knight!» pensó Vanessa, resoplando.

-Nosotras solo venimos a acompañar a Hope, la queremos mucho -dijo con seguridad y miró a Rose y Ryan con seriedad.

-Pues mi nieta no necesita esa amistad -vociferó Rose, y elevó su mano para llamar a sus guardias y sacar a Vanessa a la fuerza.

-Abuela -intervino Ryan al ver las intenciones de la anciana-, no es necesario, yo me encargo de sacar a la señora y su hija de la casa.

Rose sonrió, pensó que estos años lejos de la familia le habían servido a Ryan para reflexionar, y darse cuenta de que eran ellos lo único que tenía.

-Gracias, hijo.

Ryan agarró del brazo a Vanessa, y ella lo fulminó con la mirada.

-¡No me toque! -masculló, su pecho subía y bajaba agitado.

-Es mejor que se vaya, hágalo por las buenas-solicitó.

-Mire señor Knight, no me amenace que no estamos haciendo nada malo. -Resopló, lo miró a los ojos. -¡Tiemblo al pensar lo miserable que se volverá Hope estando al cuidado de parientes tan indolentes como ustedes!

-Señora si no deja de decir disparates, le echaré a la fuerza.

-¿¡Usted creen que quiero quedarme aquí más tiempo!? -Colocó sus manos en la cintura con altivez-. Yo que soy una extraña puedo darme cuenta de que todos ustedes son tan negligentes con Hope que sólo necesita a mi hija cerca. ¡Su sobrina sólo se enfadará más si intenta echarnos a mí y a Ava! -Luego miró a las pequeñas que sollozaban como un par de Magdalenas-. Niñas, no ha pasado nada, no lloren -solicitó, suavizando el tono de voz, enseguida se aproximó a Hope-, no te asustes, siempre vas a contar con nosotras. -Besó su frente.

-¡No toques a mi nieta! -gritó Rose y separó a la fuerza a Hope de Vanessa, y empujó a la mujer, la apuntó con el bastón, mientras los ojos se le saltaban de ira.

Ryan al ver que las cosas se ponían intensas, agarró del brazo a Vanessa, y junto a su hija las sacó de la casa.

Vanessa caminaba refunfuñando de ira, intentando soltarse del agarre de él.

--Señor Knight usted es igual de hipócrita que esa vieja en la mansión, no me importa a mi como me traten, pero no se dio cuenta como su sobrina lloraba desesperada, no la atienden a ella, ¡ni mucho menos les importa!

Ryan miró a la mujer, se fijó en la ira de los ojos de ella, se dio cuenta que a Vanessa le importaba su sobrina, más que a él y su abuela. Si la niña no fuera idéntica a Page, quizás él...

-¡Suélteme, atrevido! -rugió Vanessa, él se había quedado unos minutos pensativo, lo observó a los ojos con absoluta seriedad. -¡En su vida vuelva a tocarme!

-Mire señora más bien le estoy evitando problemas con mi abuela, pero haga lo que le dé la gana -vociferó él- Mire ahí viene su taxi, váyase ya.

Vanessa bufó.

-¡Insolente! -lo insultó-, yo tengo mi propio auto, y no necesito nada de usted, menos que me defienda, lo sé hacer sola. ¿Entendió? -Dos de sus dedos se colocaron en el pecho de Ryan y lo golpeó con ellos.

El hombre la miró a los ojos, la contempló, era muy bella, y de mucho carácter. Entonces agarró la mano de Vanessa, y sintió su piel suave, parecía que esa calidez ya la había percibido antes, pero era imposible, jamás había conocido a una fiera como Vanessa Johnson, aunque ese nombre seguía rondando en su mente.

Vanessa sintió un extraño cosquilleo en el cuerpo, de inmediato se soltó del agarre de él.

-No vuelva por aquí, o le aseguro que le sacaran a los perros.

Vanessa bufó al escucharlo.

-No les tengo miedo -declaró, agarró de la mano a Ava, y se dirigió hasta donde estaba aparcado su Lexus.

Ryan se quedó de pie, contemplando el bamboleo de las caderas de Vanessa, ladeó los labios, sonrió al recordar como enfrentó a su insoportable y controladora abuela.

*****

Dos días después del entierro de los padres de Hope, en el despacho principal de la mansión, estaban reunidos Ryan, y su abuela, se iba a dar lectura al testamento de Roger.

El abogado empezó a enumerar la repartición de bienes.

-Quiero que a mi muerte mi hermano Ryan se hago cargo de los negocios familiares -solicitaba Roger en una de las cláusulas de su testamento.

-Imposible -refutó Ryan, deslizó sus dedos por su cabello, contrariado.

-Prosigamos dijo la abuela.

-Por pedido de mi esposa Page, hemos decidido que, si algún día llegamos a faltar, la persona que se haga cargo de Hope sea mi hermano Ryan.

Ryan se puso de pie de un solo golpe.

-¿Se volvieron locos? -vociferó, sus pupilas estaban dilatadas-, yo no tengo tiempo de criar niños, soy un hombre de negocios, y muy ocupado -vociferó, frunció el ceño contrariado, no comprendía por qué Page había dispuesto que se hiciera cargo de la niña.

-Cálmate hijo -recomendó la abuela-, puedes buscar una niñera que te ayude con Hope, o yo podría ayudarte -propuso.

Ryan bufó con enojo, observó a la abuela con profunda seriedad.

-Más sencillo me resulta enviar a la niña a un internado en Europa.

***

-¡Un internado! ¡Europa!

Hope se hallaba escuchando todo desde afuera, mantenía su cabeza pegada a la puerta, tembló al escuchar las amenazas de su tío, abrazó contra su pecho a su muñeca favorita.

-No, yo no me quiero ir lejos, no deseo estar lejos de Ava -sollozó. -¿Por qué se tenían que morir mis papitos? -cuestionó y ahogó su llanto con su pequeña mano, entonces se alejó de la puerta subió a la alcoba-, debo escapar, huir, irme a vivir con Ava y su mamá, sí eso haré.

La pequeña empacó en su mochila un par de prendas, rompió su alcancía y sacó todos sus ahorros, se aseguró que nadie en la mansión la viera escabullirse por los frondosos árboles, entonces salió de la casa, corrió por las calles sin saber qué hacer, iba llorando en el camino.

-No tengas miedo Hope, piensa que haría Ava en tu lugar.

Entonces recordó el nombre de la empresa en la cual Vanessa la madre de su amiga trabajaba, hizo parar un taxi, el conductor le preguntó si tenía dinero, ella le mostró un fajo de billetes, entonces la llevó hasta B&G Motors.

***

En la mansión de los Knight

-Tienes que razonar Ryan, yo soy una anciana, no puedo hacerme cargo de los negocios y la niña -rebatió Rose la abuela.

-Pues busca alguien más que lo haga, porque yo no, yo tengo mi propia empresa, mi vida, no necesito complicaciones -rugió Ryan.

-¡Señora Rose! -exclamó agitada una de las empleadas que interrumpió en el despacho.

-¿Qué quieres? ¿Por qué entras así? -cuestionó con seriedad La Sra. Knight.

-La niña Hope, no está en casa, se ha escapado.

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