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Una luna, un destino.

Una luna, un destino.

Autor: : Venus_Ysb
Género: Fantasía
Sarah era una niña dulce, extrovertida y muy feliz, sin embargo por las noches, extrañas pesadillas le arrebataban el sueño, causándole angustia y temor. Lo que todos creían que solo eran malos sueños, en realidad, eran visiones que le mostraban a la pequeña, su desconcertante e inesperado futuro. Una noche de tormenta cuando retornaba de vacaciones con su familia, un trágico accidente, les arrebató la vida a los padres, siendo adoptada junto con su hermano Ian, por una manada de lobos, haciéndole recordar a la pequeña, aquellas visiones que tenía. Se esperaba que al transcurrir el tiempo cuando Lyam Black, el primogénito del Rey Alpha, cumpliera la mayoría de edad, contrajera matrimonio con Sarah y así, cumplir la profecía, sin embargo, los planes de este, se ven truncados cuando la joven es secuestrada por una manada enemiga, los cuales, tiempo después dan muerte al viejo Rey. A raíz de la desaparición del Alpha, Lyam tuvo que liderar la manada desde muy niño, y de la misma forma, debía hallar inmediatamente a su Luna, pues, todos corrían un peligro inminente, pero solo se llevaba grandes desilusiones que lo arrastraron a ser un Rey incrédulo y despiadado. Aún así, en el fondo de su corazón, tenía viva la esperanza de hallar a esa mate que tanto ansiaba, no solo para liderar su reino y salvar a su gremio, sino para cumplir el último deseo de su padre: "Unirse eternamente a su Luna". Un Reino y un Rey, no son nada sin su Reina... ¿Cuál será el destino del Rey Alpha y su manada? ¿Encontrará en Sarah a la luna que tanto ansía su corazón? ¿Cuántas pruebas tendrá que pasar para llegar a ella? Una historia desbordante de romanticismo, fantasía, y emoción que te llevará a descubrirla, y a vivirla en carne propia.

Capítulo 1 De un verano feliz a un invierno de pérdida y dolor.

12 años atrás...

LA PESADILLA.

La familia Gold Myerston estaba de vacaciones de verano en las playas de Brighton, habían alquilado una cabaña pequeña pero muy acogedora, para pasar una semana diferente a las que acostumbraban, cada vez que podían echarse una escapada con los niños, de manera que compartían y disfrutaban de ese mágico espacio. Por las mañanas tomaban el sol, los niños jugaban en la arena y a la orilla de la playa, recibiendo la energía de las palmeras, contemplando la inmensidad del mar y las bellezas que ofrecía aquel hermoso lugar. Sarah era una niña de cinco años, mientras que su hermano Ian, era un poco más grande, ambos eran muy apegados a sus padres, quienes siempre les profesaban su amor y sus cuidados a cada momento, así como fomentar los valores para ser siempre unos buenos niños. La última noche que pernoctarían en la cabaña que alquilaron durante las vacaciones, mientras los padres estaban en la sala de estar, los niños miraban en su tablet, lo que sus progenitores llamaban programas prohibidos, ya que les ocasionaban sentimientos de temor y miedo, sobre todo a la pequeña Sarah. ━Hermanito, ¿qué estás mirando? ━pregunta Sarah, acercándose.

━Nada que debas ver, estás muy pequeña para esto. ━le contesta Ian, evadiendo la vista de su hermana.

━Muéstrame, quiero ver. ━insiste la pequeña niña.

━Es una película de hombres lobos, pero no deberías verla, si mamá se da cuenta me regañará.

━Déjame verla, yo no le diré que tú me mostraste nada.

━Bueno, si quieres, solo no quiero que mi mamá me vaya a regañar después. La niña se quedó junto a su hermano, mirando las imágenes de la película, lela, apenas despabilaban, pues le parecía emocionante ver cómo los hombres se transformaban en perros y aullaban a la luna llena, de pronto entra la mamá a la habitación. ━Vamos niños, es hora de dormir, ¿qué están viendo allí? ━pregunta al escuchar el aullido de los lobos.

━Nada mamá, nada, solo son unos anuncios. ━contesta Ian, tratando de ocultar la tablet debajo de los cojines del sillón.

━A ver, muéstrame Ian. ━insiste, mirando a sus hijos, toma la tablet entre sus manos para chequear la programación, al darse cuenta, pregunta ━¿Cuántas veces les he dicho que este tipo de programas no los pueden ver?, sobre todo tú Sarah, ver esas películas te ocasionan pesadillas recurrentes, ya hemos hablado de esto.

━Mamá pero no me da miedo, solo son sueños... de mi otra vida quizás, o de mi misión en la vida, cuidando los perritos. Sabes que me gustan mucho los animales.

━Sí, Sarah, sé que te gustan mucho los animales, los perros sobre todo, pero ya hemos tenido largas conversaciones acerca de este tema, además los perros y los lobos, son razas diferentes y hacen cosas distintas, los lobos de estas películas son malos y eso no te hace bien a nivel psicológico. Estás muy pequeña para hablar de misiones en la vida ¿Qué cosas son esas?

━Pero es fantasía mamá. No me da nadita de miedo. ━insiste la niña.

━¿Estás segura que no te da miedo?, si cuando tienes las pesadillas te despiertas gritando y sudando, asustada, ¡Vaya cuidadora de perritos! ━se burla Ian, haciendo mofa a su hermana.

━¡Ian!, tú has silencio, que en este momento, eres el responsable de esto. Ahora, váyanse a dormir, no quiero escuchar una palabra más acerca del tema, ¡Ah! y la tablet, por los momentos está decomisada, al menos hasta que aprendan a obedecer, sobre todo tú Ian, que eres el más grande y el que debe darle el ejemplo a su hermana.

━Pero mamá...

━Nada de peros, métanse ahora a la cama y a dormir.

━Por tu culpa me quitaron mi tablet ━susurra Ian a su hermana.

━¡Basta, Ian! El tema está cerrado y no se discute más, ¡A dormir!. Los niños obedecen a su madre y se van a la cama, esta los arropa, les da la bendición, los besa en la frente, apaga las luces y sale de la habitación. En el transcurso de la madrugada... ━No, no, por favor, aléjense de aquí, tengo miedo, ¡Mamá! ¡Mamá! ¿Dónde estás? ¿Por qué me has abandonado? ¡Aléjense! ¡Mamaaa! Esos lobos me quieren morder ¡Mamááá! ━¡Sarah!, ¡Despierta hija! Es solo una pesadilla, despierta pequeña. ━le dice la mamá acercándose a la niña y brindándole consuelo, abrazándola y arrullándola. ━Mami, tuve un sueño donde unos lobos estaban alrededor de mi, y ni papá ni tú estaban, me habían abandonado. Yo tenía una tiara que brillaba, pero tenía miedo. Sus ojos eran rojos y me miraban fijamente, no me querían dejar ir, cada vez que lo intentaba, me mostraban los colmillos. ━decía la niña mientras se incorporaba, sentándose en la cama. ━Ya mi niña, fue solo un sueño, sabías que esto podría pasarte luego de ver esa película prohibida. ━le repetía su madre mientras le acariciaba la cabeza. ━Mami pero a pesar de que sentía miedo, me pareció que ellos tenían que decirme algo, por eso no me dejaban ir, aunque por un momento, me sentí protegida, y yo tenía esa coronita, como si fuera una reina para ellos. ━¿Qué dices Sarah?, por favor, eso solo puede ser producto de tu imaginación, ¿Cómo vas a ser una reina para una jauría de lobos? ━le pregunta susurrando para evitar que Ian, se despertara. ━Sí mamá, ahora que lo pienso, parecía más bien un mensaje de ellos o de ese muchacho que apareció delante de los lobos, como si fuera su jefe. ━¿Un mensaje? ¿Un jefe de lobos? ¡Ay, Sarita!, mejor ya acuéstate a dormir y deja de estar viendo esas películas, para evitar esos malos sueños. El lunes a primera hora, llamamos a la psicóloga para hablar del tema, pero por lo pronto vamos a seguir durmiendo, ¿está bien? ━Está bien mamita, pero, ¿puedo ir a dormir con papi y contigo? En ese momento, entra a la habitación el padre de los niños, quién les pregunta qué ha pasado que hace un momento había escuchado unos gritos, a lo que responde su esposa. ━Sarah, que tuvo nuevamente una de esas pesadillas con lobos. ━Sí papi, y le preguntaba a mi mami, si me podía ir a dormir con ustedes, ¿podré? Por favorcito, papito. ━le dice la niña mientras junta sus manitas en modo de oración. ━Claro que sí mi pequeña, vente a dormir con nosotros, ━le dice mientras le abre los brazos para cargarla y llevarla con él a la habitación. A la mamá no le quedó de otra sino asentir, apagar la luz y volverse a su habitación a seguir durmiendo, pues al día siguiente le esperaba un día ajetreado y a su vez, el retorno a la ciudad para continuar con su rutina diaria.

Capítulo 2 La desaparición.

A la mañana siguiente, luego de haber pasado unos días mágicos y felices, había llegado el momento de volver a casa para continuar con la rutina de escuela y trabajo.

La noche fue un poco larga, por lo que entre el cansancio y las pesadillas de Sarah, no lograron levantarse temprano para terminar de acomodar el equipaje, desayunar y finiquitar algunas cosas para emprender el viaje. Ya el reloj marcaba un poco más de mediodía.

―Sarah es hora de levantarse, ―le dice su mamá mientras abre las cortinas ―¿Cómo dormiste mi pequeña? ―pregunta al ver que la niña se estira un poco y abre los ojos.

Enseguida, recuerda las imágenes de los destellos de la luz de la luna, pero pensando que fue solo un sueño, no le dio mucha importancia y no le cuenta a su mamá.

―Bien mamita, pero tengo mucha hambre.

―Bueno ve a asearte y bajas a desayunar, que en un rato partimos a casa, ¿de acuerdo?

―Está bien mami.

La niña se levanta de la cama, se dirige al baño, recordando el susto de la noche anterior y aquellos ojos azules que la miraban desde la ventana, tratando de entender aquellas imágenes y las voces que escuchaba retumbar en su cabeza.

Un par de horas después...

―Ian, ¿qué haces todavía ahí? súbete al auto, ¡Es hora de irnos! ―dijo la madre al niño, que buscaba conchitas de almejas por la orilla de la playa.

De lejos, el niño le responde a su madre, quien se encontraba junto a la pequeña Sarah.

-Mamá, solo busco material para hacerle un presente a la maestra al volver a la escuela, no quisiera llegar con las manos vacías luego de las vacaciones.

―Está bien, mi amor, pero tuviste toda la semana para hacerlo, además es hora ya de volver, el camino es largo y se nos hace tarde, por favor, sube al auto, da el ejemplo a Sarah, ―le responde con mucho amor, acercándose a besar su frente.

―Ok, mamá, lo haré. ―contesta el niño, abrazando a su madre con mucho cariño y agradecimiento, luego cuando va a buscar a su hermana para tomarla de la mano y dirigirse al asiento trasero del auto, se da cuenta que no está.

―Mami, ¿dónde está Sarah?

―Aquí, eh.. ¡Sarah! Estaba aquí hacía un momento, ¡Sarah, ¿dónde te has metido? ¡Oh, por Dios! ¡Sarah! ―la llama con un ápice de desesperación en su voz, mientras mira hacia los lados, buscándola con la mirada.

Ian comienza a buscar a la niña en compañía de su madre por todos lados. Se acercan al auto, donde se encuentra el papá quien chequeaba que todo estuviera bien, los cauchos, los frenos, la gasolina, entre otras cositas de rutina, ya que el viaje era largo y aunque hacía buen clima, debía ser precavido sobre todo en el cuidado de su amada familia.

―Amor, ¿has visto a Sarah? No la veo por ninguna parte.

―No, ¿no estaba contigo?

―Sí, pero me acerqué a la orilla a buscar a Ian y, se me desapareció en un santiamén, ayúdame a buscarla. ¡Dios mío, que no le haya pasado nada!

―Tranquila mujer, ha de estar cerca, ella no acostumbra a alejarse.

Cada uno comienza a buscar a la niña, Ian de la mano con su mamá y el papá, se aleja un poco hacia el mar, llamándola fuertemente. Sin embargo, Sarah no se encontraba en el perímetro. La desesperación los agobiaba al no hallarla.

―¡Sarah! ¡Mi niña! ¿Dónde estás? ―gritaba la madre mientras corría por la playa en busca de ella.

Pasaron al menos unos treinta minutos en la búsqueda, le preguntaban a las pocas personas que aún estaban vacacionando, pero nadie les daba razón del paradero de la niña. Buscaron a los salvavidas y los pusieron al tanto de la situación, así como a las autoridades que pasaban revista en el lugar.

Las lágrimas corrían por las mejillas de los padres, mientras que Ian, se culpaba por la desaparición de su hermanita.

―¡Es mi culpa! mamá, ¡Es mi culpa! ―decía Ian, llorando, si yo no me hubiera alejado, ella tampoco lo habría hecho, ella estaría aquí.

―No hijo, no es tu culpa, no digas eso, ella va a aparecer, yo lo sé, mi corazón de madre me lo dice, ella está bien, ya la vamos a encontrar, ¿sí? pero no te culpes por esto.

El niño seguía sollozando, culpándose hacia sus adentros por la desaparición repentina de su hermana, mientras que la mamá lo abrazaba con fuerza y el papá, continuaba la búsqueda.

Por otra parte, la afinidad de Sarah con los perros que se encontraba a su paso, la hizo alejarse del lugar donde estaba con su familia. Un cachorro blanco apareció de repente, junto a ella, mientras su madre abrazaba a su hermano.

Sintió una conexión particular, como si el cachorro le hablara con una vocecita en su cabeza, que de hecho le pareció conocida, lo que la hizo alejarse.

«Sarah, ¡Ven! Vamos a jugar»

La niña volteó, mirando fijamente al cachorro tan blanco como la nieve, que de alguna manera la llamaba, recordó que se parecía a los que solía ver en las películas pero mucho más a los lobos de aquel sueño que la envolvió la noche anterior. No parecía un perrito de los que acostumbraba a ver, sino un pequeño lobo y, como hipnotizada, se fue acercando a él, hasta que ambos se encaminaron hacia las afueras de la playa.

Las horas iban pasando rápidamente.

El sol se fue escondiendo, una tormenta se avecinaba, las pocas personas que seguían en la playa se iban marchando mientras que ellos seguían en la búsqueda de la pequeña, aún sin obtener buenos resultados. Las gotas de lluvia comenzaron a caer y el cielo se ponía cada vez más oscuro.

Al cabo de una hora, cuando las esperanzas estaban a punto de desfallecer, el padre divisó a lo lejos a una mujer de avanzada edad con una niña en brazos. Él corrió en su dirección y, acercándose a ella, se da cuenta que trae a la pequeña Sarah, dormida.

―¡Oh, por Dios!, mi pequeña. ¿Quién es usted? ¿Por qué tiene a mi hija? ―le preguntaba, mientras se la arrancaba de los brazos con desesperación y emoción, ya que al verla, le volvió el alma al cuerpo.

―Disculpe señor, yo vivo en una casita hacia la carretera, pero hasta hace un momento me di cuenta que la niña estaba dormida junto a la entrada, cerca de la casucha del perro, como no es una de las niñas de la zona, me imaginé que podría estar vacacionando por aquí y me dispuse a traerla. Si me hubiese dado cuenta antes, la habría traído, pero yo no me encontraba en casa, hasta ahora. ―contestó la doña con toda calma.

―Tenemos toda la tarde buscándola, ya estábamos pensando lo peor y las autoridades tampoco habían dado con ella. Estábamos desesperados. ―le dice mientras abraza a su hija, revisando que estuviera bien.

En ese momento, se acerca Ian con su madre, quien al darse cuenta que su esposo tiene a su pequeña niña en brazos, corre hacia él, a abrazarla y corroborar que Sarah está en perfectas condiciones, así como fuera de peligro.

―Usted ¿Quién es? ¿Por qué tenía a mi hija? ¿Qué le hizo?

―¡Cálmate, mujer! La señora tuvo la generosidad de traernos a Sarita sana y salva, estaba en la entrada de su casa, dormida.

―Señores, entiendo su desesperación, pero los niños tienden a alejarse distraídos y ya luego no saben como volver.

―Sí, gracias. Pues, teníamos que volver a la ciudad hace más de tres horas, pero debido al percance y la desaparición de la niña, tendremos que salir en breve, no podemos dilatar más el retorno.

―Lo importante es que ya tiene a su niña con ustedes. Yo me retiro, llueve a cántaros y a esta edad, no debería coger un resfriado, porque para mí, sería mortal. Cuiden mucho a su nena, es muy bonita. Dios los bendiga.

―Sí, señora muchas gracias por devolvernos a nuestra hija. Sigue lloviendo fuertemente, vaya, vuelva a su hogar, que nosotros tomaremos la vía hacia el nuestro, que está a unas cuantas horas de aquí.

―No le aconsejo que tome carretera a esta hora y menos con esta tormenta, ―le dice la anciana mirando las negras nubes cargadas en el cielo ―en cuestión de minutos arreciará y no es recomendable que maneje con el pavimento mojado. La vía de retorno es traicionera por las noches y lo es mucho más cuando llueve a cántaros. Se lo dice una vieja que conoce esta zona desde que nació.

―Debo estar a primera hora en mi trabajo, me tengo que ir esta misma noche, además, ya entregamos la cabaña donde estuvimos alquilados todos estos días. Iré despacio, no se preocupe, de igual forma, le agradezco.

―¡Ay, mijo! A veces hay que establecer prioridades, agarre consejo, hágalo por su familia. La carretera está mala cuando hay tormenta. Avise que llegará después, coméntale a la casera que deberá quedarse esta noche debido a la situación que se le presentó, aquí somos buena gente, le darán hospitalidad, piense en su familia.

La misteriosa anciana, terminó de decir esas palabras y dio media vuelta para encaminarse hacia su casa. Sabía que el padre de familia, no le haría caso, y se volvió para echarles la bendición antes de que tomaran el camino de retorno.

―¡Padre Santo! Las cartas están echadas, el destino lo tienes en tus sabias manos, ¡Protégelos en esa carretera traicionera, cúbrelos con tu manto y derrama sobre ellos tu bendición!

Al terminar de decir estas palabras, la anciana desapareció entre las sombras de las palmeras y el resplandor que dejó un rayo, que caía en la lejanía, ahogándose en el mar.

Por su parte, la familia caminaba hacia el auto, las luces eran tenues y la lluvia arreciaba cada vez más, al pasar los segundos, se hacía más fuerte.

―¡Vamos! Entremos al auto, si seguimos aquí afuera vamos a pescar un malestar, estamos empapados.

―Amor, creo que la anciana tenía razón, pensándolo bien, deberíamos volver mañana o cuando haya escampado, tenemos que secar a los niños, cambiarlos de ropa, así solo se nos pueden enfermar.

―No, no hay tiempo para eso, mañana tengo una junta muy importante y lo sabes, tenemos que volver hoy, sí o sí. Busca ropa y cambia a los niños en el auto. Mientras lo haces, yo volveré a revisar que todo esté bajo control, comunicaré a las autoridades que encontramos a la niña y salimos, por un cambio climático no me voy a ganar un problema con el CEO de la empresa.

―Pero...

―Pero nada, ya es una decisión tomada, demasiado tiempo perdimos mientras buscábamos a Sarah, ahora que gracias a Dios la encontramos, no vamos a perder más tiempo y menos creyéndole a una anciana que quien sabe si esté bien de la cabeza, así que deja de creer en tonterías.

Ian y su madre, pensaban que lo mejor era quedarse y retornar al día siguiente, Sarah, seguía dormida y comenzó a toser, aún así los planes continuaban. La última palabra la había dado el padre, por lo que nadie podía llevarle la contraria, esa misma noche viajarán de vuelta a la ciudad, para así cumplir con sus compromisos laborales.

Esa noche, todo cambiaría...

Capítulo 3 El retorno.

La madre de los niños, hizo lo que prácticamente le ordenó el esposo, buscó atuendos que abrigaran bien a los niños y a ella misma, les dio medicamento para evitar que por alguna razón, se les subiera la temperatura después de haber estado mucho tiempo debajo de la lluvia torrencial, estrechándolos a ambos entre sus brazos, agradeciéndole a Dios que habían encontrado a Sarah con bien y que tenía a sus hijos sanos y salvos, pues ellos eran el regalo más preciado que le había dado la vida, eran su tesoro de incalculable valor.

Los acomodó en el asiento trasero del auto, les colocó el cinturón de seguridad a cada uno, les dio la bendición, los besó con todo el amor que le recorría en las venas, y los miraba como si quisiera grabar sus caritas en su memoria para siempre.

Ian, que aún no se dormía, le llamó la atención a su madre, tomándola de la mano.

―Mamita, ¿estás bien?

―Sí, mi pequeño, todo está bien, solo estoy un poco cansada, pero no deberías preocuparte por eso, por cierto, tú deberías descansar para reponer energías y ayudarme un poco con tu hermanita cuando despierte, yo debo estar atenta mientras papá maneja hacia la ciudad.

―Pero yo me puedo quedar despierto y cuidarte a ti y a Sarita, mientras papá maneja, mamita.

―Umm, vamos a hacer un trato, tú descansas un rato y luego, lo hago yo, y así nos turnamos y me ayudas ¿te parece buena idea?

Ian, lo pensó un instante y recibiendo la sonrisa de su madre, mientras él se la devolvía en complicidad, estiró su dedo meñique para enlazarlo con el de ella y así, cerrar el trato.

―¡Trato hecho, mamá!. Dormiré un poco, pero no te olvides de despertarme, ¿de acuerdo?

―De acuerdo, mi amor, duerme ya. Dios te bendiga. Te amo.

―Yo también te amo, mamita.

Esa noche la familia Gold Myerston, volvería a su hogar bajo una tormenta torrencial, luego de haber pasado un gran susto y con él, un buen consejo de una anciana sabia, pero que lamentablemente, no fue tomado en cuenta.

La carretera cada vez se hacía más resbaladiza, la lluvia no paraba de caer y el terror abrazaba a la madre de Sarah, quien se encontraba mirando a todos lados, tratando de entender qué los había llevado hasta ese punto, sobre todo a su esposo, de ser tan intolerable, incluso si de la propia familia y su bien, se tratase.

―Insisto, debimos hacer caso a la anciana y quedarnos en la cabaña, pernoctar hasta mañana o al menos hasta que la tormenta hubiese cesado ―dice la mujer, rompiendo el silencio mientras su esposo maneja.

―No estoy para tus reproches, sabes muy bien que no podía quedarme, debíamos volver, tengo trabajo y una junta muy importante.

―No conocemos la carretera y la tormenta se hace cada vez más fuerte, casi no se ve el camino, por favor, retornemos a la cabaña, hablemos con la casera, estoy segura de...

―¡Olvídalo, mujer! Ya vamos muy adelantados y no pienso devolverme, estaremos bien, lo prometo. ―La interrumpe el esposo mientras limpia el parabrisas con un paño.

―No se ve nada, ¿por qué eres tan terco? El trabajo puede esperar, es muy peligrosa la vía o ¿Acaso no escuchaste lo que dijo la anciana que rescató a Sarah?

―Lo escuché perfectamente pero no voy a perder mi trabajo por los consejos de una estúpida anciana, ya deja de repetir lo mismo y ayúdame a limpiar el vidrio que está empañado y no logro ver bien.

A la esposa no le quedó de otra que asentir a lo que le dijo su marido, aunque no estuviera de acuerdo.

Por otra parte, la anciana que les había aconsejado que no salieran esa noche, al ver el auto marcharse en la lejanía, cerró los ojos haciendo una negación mientras que con su mano derecha se persignaba ante el peligro que corría la familia, al haber tomado esa decisión.

Los truenos y relámpagos, eran espeluznantes, la tormenta era cada vez más densa, las luces de los postes estaban apagadas y la oscuridad se había apoderado de la carretera, por lo que el camino de retorno prácticamente había desaparecido.

Los niños dormían pero Sarah, se movía bruscamente en su asiento, tenía una de esas pesadillas que la acechaban noche a noche.

«Sarah, no temas», «No tengas miedo» «Estamos muy cerca de ti» escuchaba la niña en sus sueños...

―No, por favor, ¡Déjenme en paz! ¡Mamita, mamita! ¿A dónde te has ido? ¡Auxilio! ¡Auxilio! ―Repetía Sarah una y otra vez.

«Pronto vendrás a mííí, a tu destino», le susurraba aquella recurrente voz.

―Mi niña, ¡Despierta! ¡Despierta! ―Le decía su madre mientras se desabrochaba el cinturón, para moverla un poco y sacarla de ese mal sueño.

―¡Mamita! ¡Tengo mucho miedo! ―Acota Sarah al despertar.

―Tranquila hijita, fue una pesadilla. Ven aquí. ―Le dice su madre mientras le desabrocha el cinturón a ella, y la lleva al asiento delantero para consolarla.

―No es propio que la lleves contigo aquí adelante, el pavimento está resbaladizo por la lluvia, es peligroso. ―Le dice el esposo, quien intenta ver la carretera.

―Lo sé, es solo un momento mientras logro calmarla.

―Mami, ¿Qué pasa? ¿Por qué Sarah va adelante contigo? ―Pregunta Ian, estirándose al despertar.

―Tuvo una pesadilla, pero ya la devuelvo a su asiento. ¡Ve mi niña!, quédate junto a tu hermano. Ian ¿puedes abrazar a tu hermana, hasta que vuelva a conciliar el sueño? ―Responde mientras besa a su pequeña hija en la frente.

―Sí mamita, ¡Ven conmigo, hermanita!

Ian se desabrocha el cinturón de seguridad para tener mejor movilidad y abrazando a su hermana se quedan dormidos.

Al cabo de unos minutos, el auto comienza a vibrar de forma extraña, la lluvia no cesaba, la carretera seguía sin verse, la mujer se había quedado dormida y el esposo, no sabía qué estaba ocurriendo por lo que se distrae intentando centrar su mente en el origen de la vibración del mismo.

El paño con el que limpia el parabrisas se le cae, desvía su mirada para tomarlo y en ese instante, siente que ha golpeado el auto con algo contundente, sin saber si fue un objeto, señalización o algún animal, sin embargo, sigue su camino sin darle mucha importancia.

―¿Qué ha pasado? ―Pregunta la mujer, sobresaltada.

―No lo sé, creo que golpeé con algo pero no nos podemos detener, está muy oscuro, no sabemos qué animales puedan estar por esta zona.

De lejos, se escucha el aullido de un lobo.

―¡Oh por Dios! Hay lobos por aquí. Debimos quedarnos, pero tú...

―No vas a empezar otra vez con lo mismo. Llevo horas manejando pero no lloverá para siempre, en cualquier momento escampará, deja de molest...

En ese momento, pierde el control del auto, el cual patina en el pavimento, golpeando con el hombrillo, por más que lo intenta no puede controlar el volante y, este se va por un desfiladero, dando vueltas en el aire y finalmente, cayendo al vacío.

A causa del impacto, los niños salieron volando del auto, cayendo a varios metros, el padre estaba inconsciente con una fuerte herida en la cabeza que no paraba de sangrarle, y la madre, también herida pero consciente, aunque muy aturdida por el golpe, volteó hacia el asiento trasero donde estarían sus hijos; al no verlos, se desesperó al punto de intentar buscarlos con la mirada, a través de la ventana, pero la neblina y la oscurana se lo impedía.

―¡Los niños! ¡No están los niños! Amor, por favor despierta, ―decía a su esposo, moviéndolo, pero este no reaccionaba, ―los niños no están en el auto, y no sé donde puedan estar ahora ¡Sarah! ¡Ian! ―decía la mujer entre sollozos, tratando de desabrocharse el cinturón, el cual estaba trabado.

―¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Alguien que nos ayude! ―decía la mujer, pero no había nadie que los socorriera, por el lugar no había nadie y mucho menos bajo la inminente lluvia.

Se escucha una vez más el aullido de los lobos, quizás un poco más cerca que la vez primera, lo que hizo desesperar más a la mujer.

―¡Oh, Dios mío! Esos lobos están cada vez más cerca y no puedo zafarme para buscar a mis niños. ¡Mis bebés! Sarah, Ian ¿Dónde están? ―Intentaba gritar pero el nudo en la garganta y el llanto, no se lo permitían. ―Y este m*****o cinturón que no se abre, ¿En qué momento pasó todo esto? ¡Padre santo, que mis niños estén vivos! ¡Te lo ruego!

Los intentos por salir a buscar a sus hijos, fueron en vano, en cuestión de segundos, el auto se prendió en llamas y explotó, quedando los padres de Ian y Sarah, irremediablemente, atrapados en él.

La profecía estaba por cumplirse.

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