Capítulo 1: El encuentro
Los Keane eran una familia multimillonaria de gran estatus social, vivían cómodamente en la ciudad de San Francisco, donde administraban ciertas empresas del ramo de textilería y comercializaban sus productos a distintos países del mundo. Samantha, era la hija mayor de dos hermanas, soñaba con ser una gran empresaria. Solo contaba con el apoyo de su padre, ya que su madre había fallecido cuando ella solo era una niña de cinco años. Su progenitor, al sentirse solo y no poder criar a sus hijas debidamente, buscó y encontró el amor en otra mujer que también tenía una hija, casualmente de la misma edad que Samantha, convirtiéndose así, en su madrastra.
Su infancia fue un poco dura porque algunas veces tenía que ocuparse de sus hermanas cuando así lo ameritaban, repartiendo su tiempo entre ellas y sus demás actividades para no hacerlas sentir abandonadas. Por otro lado, su madrastra, no simpatizaba con ella ni con sus hermanas, y hacía todo lo posible para poner a su padre en contra y así ella y poder ser la heredera de sus riquezas y darse la vida que merecía junto con su hija.
Un día que su padre no estaba en casa, ocurrió una discusión entre Samantha y su hermanastra, ella siempre buscaba la manera de hacerla enojar hablando de su madre fallecida, dándole a entender que nunca la quiso y que era mejor que estuviera muerta. Samantha la empujó, con lágrimas en los ojos y luego de caer al piso, ésta fue a quejarse y la madrastra la golpeó en la cara por lo ocurrido, amenazándola con llevarla lejos de allí.
Su padre no tuvo opción que aceptar lo que su amada le había propuesto, llevarla al campo, donde vivía su abuela. Pues ésta le obligó a elegir entre su hija o ella y él se vio en una situación difícil por la presión que le causaba y el temor de perder a la mujer que lo había sacado de su tristeza. Reprendiendo a Samantha por su falta de respeto, la echó de casa diciéndole por última vez que no quería verla nunca más.
Samantha destrozada al ver que su padre había actuado de una manera tan egoísta y cruel, sin dejarla expresarse para hacerle saber lo que realmente había ocurrido, hizo sus maletas en silencio y su madrastra se encargó de llevarla a ese campo alejado de la gran ciudad, donde tenía que empezar de cero. Pero su hermanastra no dejó de buscar tener contacto con ella, siguiéndole los pasos sin darse cuenta, ya que la envidia la carcomía porque Samantha era muy bonita y tenía todo lo que ella siempre soñó tener.
La belleza de Samantha era tan encantadora que llamó la atención de un vecino vil y despiadado, este la invitó a su casa con la intención de ofrecerle empleo cuidando a sus hijas, ya que ni él ni su esposa tenían tiempo. Ella, inocente, acepta y se dirige al lugar en donde se encontraron a solas, pero se dio cuenta que era un engaño, todo fue una mentira, él nunca tuvo una familia de ese tipo. Solo quería aprovechar el momento para tratar de seducirla, pero ella no quería, se sintió incómoda e impotente. Intentó escapar, pero su vecino lleno de morbo no la dejó, hasta que la anestesió con una droga que le forzó a inhalar y abusó sexualmente de ella. Luego de su sucio juego, ya cuando había recuperado la consciencia, la amenazó con matarla si le contaba lo ocurrido a alguien. Esto hizo que Samantha quedara marcada de por vida y rechazara la intimidad con los hombres, así como el amor, llegó a despreciarlos, no quería saber nada de ellos, incluso llego a odiar a su padre, pero más que odio, desarrolló cierto temor. Desde aquel entonces, nunca comentó lo que le había ocurrido por miedo a la amenaza del vecino, y lo evitaba, hasta que él salió un día de su casa y no regresó. Con el tiempo lo fue superando y se volvió cada vez más fuerte de mente e independiente, su abuela la ayudaba mucho y le dio buena crianza, le explicó varias recetas de cocina y con esto, ella perfeccionó la técnica de cocinar. Le enseñó todo lo que sabía, era la única persona que la comprendía, jamás había tenido un mejor lazo familiar.
Años más tarde Samantha consiguió empleo cerca del pueblo en una franquicia textil de su padre, por ser hija de los Keane, estos no la podían rechazar. Allí conoció a Michael Popper, un muchacho encantador a la primera impresión de ella, él se sintió atraído casi al instante que la vio, se acercó a ella para presentarse y allí comenzaron a platicar. Se llevaban bien y conversaban mucho en el trabajo, empezaron a compartir momentos juntos hasta que por fin ella logró enamorarse de él. Michael parecía ser un muchacho bueno y honesto, pero solo era una máscara que escondía su verdadera personalidad, era un mujeriego y adicto a las drogas, le gustaba la vida fácil, tuvo encuentros con varias mujeres adineradas estando con Samantha. Le estaba haciendo la vida imposible, quería influirla en el mundo del robo, las drogas y demás situaciones ilícitas, al rechazar su oferta, se burlaba de ella diciéndole que era una aburrida, que se imaginaba algo más con ella. Empezó a tratarla mal, y ella, arrastrando un pasado trágico a causa de un hombre, no iba a permitir que volviera a pasar. Decidió darle fin a la relación, a pesar de haber estado enamorada al principio de él, su fortaleza la llevó a tomar tal decisión, pero él no lo quería aceptar. Michael se obsesionó con ella y no quería que se fuera de su vida, la seguía y acosaba a dónde quiera que fuera, actuaba de forma impulsiva y se dirigía a ella con agresividad en sus palabras. Samantha, por temor a su vida, decidió denunciarlo ante la corte policial, presentando cargos ante su exnovio, la cual él debía asistir por cierto tiempo a presentarse hasta el lugar que quedaba en la ciudad. Ella tenía que presentar varias pruebas y testimonios, logrando obtener las suficientes, hasta que dio fin a su tragedia por una orden de distanciamiento entre ellos, dónde exigía claramente que él no podía estar a menos de 30 metros de su persona. Por fin Michael ya no estaría cerca, a pesar de ello, Samantha se ve afectada por su antigua relación, no tanto por Michael sino por ella misma que se había equivocado de hombre y no fue lo que pensó, se sentía triste y deprimida, se encerró por varios días en su casa mientras su abuela la consolaba. Se quejaba y cuestionaba todo lo sucedido, no podía creer lo injusto que era la vida para ella, no quería sentirse afligida un día más. El último día para atestiguar ante la corte de policía que ya se sentía completamente segura, tomó un autobús y decidió ir temprano para que le diera tiempo de distraerse por la ciudad. Luego de ello, se sintió libre, como si hubiese dejado atrás la jaula donde se mantuvo en cautiverio por mucho tiempo. Visitó varios lugares a los que nunca había ido, pero aun recordaba lo sola que se sentía ante el mundo por el mal concepto que tenía hacia los hombres, sin pensarlo dos veces pensó «¡Al diablo todos!» y se aproximó a un bar clandestino con el objetivo de ahogar sus penas.
Mientras caminaba por la ciudad, visualizando el bar, ya más cerca, se sorprendió de lo bonita que era su fachada, tenía un aspecto moderno y también seguro. Entró sin ningún temor de que su exnovio la estuviera siguiendo, pero lo que no sabía era que, alguien venía tras ella desde hace rato. Ya no se trataba de su exnovio, sino de su hermanastra. Randy Cooper le tenía el ojo montado en sigilo, siempre estaba pendiente de ver lo que hacía con el fin de contarle a su mamá y que, a su vez, ella mal informara al papá diciéndole mentiras. Envidiosa y despiadada al igual que su madre decidió entrar también al bar seguida de Samantha, sin llamar mucho la atención, quería averiguar la razón que la llevó a visitar ese lugar.
«Tan desgraciada... Jamás serás feliz, Samantha Keane» pensó Randy siguiéndola con la mirada.
Una vez dentro Samantha se sintió extraña, era la primera vez que estaba en un sitio así, a pesar de ser un bar clandestino había hombres muy bien posicionados disfrutando de un trago después de su jornada laboral. Enseguida la atendió un camarero guapo y amable y con la misma amabilidad, le propuso situarse en una silla ubicada en una barra amplia y grande donde allí podría pedir todos los tragos y cocteles que quisiera. Samantha emocionada por querer saborear los diferentes tipos de cocteles, ordena que le traigan uno de inmediato. En cuanto el bartender lo sirve y se lo entrega, lo prueba y siente la combinación del alcohol y jarabes que contenía, saboreando cada esencia, aunado al aroma que tenía, eran muy exquisito y vigorizante, la inspiraba y hacía sentir bien. Le encantaba y lo estaba disfrutando, mientras veía a los galanes preparar los tragos reía y se sonrojaba, ellos le hacían cumplidos mientras se los servían. Por otro lado, Randy estaba en una mesa sola y amargada observándola, no soportaba el hecho de que Samantha era feliz en ese momento, no aceptaba que, a pesar de haber sido desterrada por su padre ella aún tenía la frente en alto y era fuerte de espíritu, se sentía amenazada por su belleza y temía que algún día su padre volviera con ella y decidiera heredarle toda su fortuna dejando a ella y a su madre sin todos sus lujos.
En medio de la barra se sentó un hombre alto y apuesto, parecía llevar encima el estrés de su oficina, pidió un trago de Whisky a las rocas, y al otro extremo estaba Samantha. Lo vio, no podía creer lo guapo que era aquel caballero, perfilado y de buen porte con su cabello no tan corto pero peinado, vestido elegantemente con traje y corbata. Su pulcritud producía en Samantha cierta curiosidad de querer conocerlo, aunque no se sentía segura, pues apenas estaba saliendo de una relación tortuosa, y mezcladas con las malas experiencias vividas, no parecía ser la mejor opción. Decidió tomar varios tragos para llenarse de valor y acercarse a él, a su vez, Randy se percató de aquel caballero que también llamó su atención. Quería saber quién era y al notar que Samantha estaba interesada en él, observó que no le quitaba la mirada de encima sin que él se diera cuenta. Esto causó una gran molestia a Randy, pues ella quería conocer al hombre antes que su hermanastra. A leguas se veía que era un CEO de alguna empresa importante y tal vez podría sacar provecho de ello y garantizar aún más su futuro de lujos y riquezas. Su ambición era tanta que decidió contactar al exnovio de Samantha para comprarle drogas que adormecieran y afectaran la conciencia, ella ya tenía su contacto con anterioridad, pues lo conoció fingiendo ser una cliente cualquiera. Al cabo de unos minutos llegó Michael para entregarle las drogas a Randy, se vieron fuera del establecimiento y sin darle ninguna explicación volvió a entrar al lugar. Veía fijamente a Samantha para aprovechar el momento y drogarla, pero como notó que ya estaba un poco ebria, se le ocurrió una mejor idea, drogar al hombre por el que mostraba tanto interés, y así ir a otro lado y quedarse con él. Ya con el plan en su mente perversa, notó que aquel hombre recibió una llamada, atendiendo se alejó un poco, ya que el sonido de la música y las voces no le dejaban escuchar. En un descuido, dejando su vaso en la barra, ella consciente del hecho se dirigió hasta allá sin que Samantha se diera cuenta y coló la droga en el Whisky tan rápido que nadie se inmutó. Samantha estaba pasada de alcohol y demasiado distraída con la mirada en el CEO para darse cuenta que allí estaba Randy. Al terminar su primer ataque, siguió al baño de mujeres más al fondo para quedarse observando desde allí. El hombre volvió a la barra con cara de preocupación después de la llamada para vaciar de un solo trago el líquido cobrizo que contenía su vaso, sintió cómo le quemaba la garganta hasta llegar a su estómago lo cual dejó ver una expresión de asombro y duda de no haber creído lo fuerte que estaba, esto le causo risa a Samantha y por fin, se levantó de su puesto para acercarse. Pidió la misma bebida que él para descubrir su sabor, y conocer un poco más los gustos de aquel caballero.
¬-Hola ¿cómo estás? – preguntó sonrojada, tambaleándose un poco por haber tomado demasiado.
-Hola... Bien, o al menos eso creo. ¬– contestó empezándose a sentir mareado, ya la droga estaba haciendo efecto en su cuerpo.
Su mirada ya estaba nublándose un poco y distorsionándose.
-Eres muy hermosa, me llamo Gerald White, soy CEO de la marca de perfumes más importante del mundo y jefe de todo el club. ¬– se presentó con dificultad.
-Me llamo Samantha, soy hija mayor de tres hermanas y desterrada por mi papá. – dijo en tono de broma.
Gerald sonrió y le pidió irse del bar a un sitio más tranquilo, no se sentía bien, aunque Samantha dudó de ello, se hizo la vista gorda y no le tomó importancia irse con una persona que apenas estaba conociendo. El alcohol la impulsó a hacer algo que no hubiera hecho sobria y en buen estado, pensaba que tenía que disfrutar la vida, pues ya bastante mal lo había pasado. Randy entre la oscuridad estaba muerta de la rabia y no podía creer que su plan no había funcionado, no se esperó que su hermanastra tuviera tantas agallas para acercarse a aquel hombre, lo quería solo para ella, y aún más luego de haber escuchado la conversación cuando se presentaron los dos, confirmando que era un CEO millonario, más se interesó. Decidió seguirlos para planificar algo más y evitar a toda costa que transcendiera la relación.
Samantha y Gerald salieron del lugar, ambos bajo los efectos de aquellas sustancias ingeridas. El chofer se acercó al verlo, y abriendo las puertas de la limosina, subieron los dos.
- ¿A dónde quiere ir, señor?
-A un hotel fino y lujoso que encuentres por la ciudad. El más costoso. – ordenó. ¬
Samantha se sentía avergonzada por aquellas palabras de Gerald, aunque le causó risas también, él era muy atractivo y no podía creer que estaba con ella, en un descuido él se acercó y la besó. Ella se quedó totalmente paralizada, dándole pie a proponerle quedarse con él esa noche. Estaba tan estresado y solo, que quería conocer a una chica que valiera la pena. Samantha sorprendida por el beso sonrío, asintiendo como aceptando su invitación. Él volvió a besarla, aunque se encontraba en ese estado, estaba más consiente que él. Le gustó el sabor de sus labios y lo suave que eran, en cambio Gerald no sabía lo que hacía, estaba totalmente fuera de sí y su cerebro casi que adormecía, pero aun así sentía un ligero placer ante los besos. Mientras admiraban el anochecer de la ciudad con sus sorprendentes edificios y lugares, detrás de ellos venía Randy llena de ira y de celos en un taxi que subió casi al instante en que partieron Samantha y Gerald del bar.
Unas cuadras más adelante, llegaron al Hotel, y no uno cualquiera, era elegante por doquier. Una vez dentro, Gerald dejó su tarjeta de crédito pidiendo la asignación de una suite, enseguida la recepcionista hizo entrega de una llave, enviándolo junto con un botones que serviría de guía para llevarlos directo a la habitación. Sabía que habían bebido en exceso. Arriba, frente a la puerta de la suite, el botones la abre con una tarjeta dejándolos entrar a ellos a disfrutar su privacidad.
Randy estaba afuera en la recepción espiando, bajó poco después que ellos bajaran de la limosina y se dirigieran hasta el elevador para subir a la habitación. Esperó en la recepción mientras llegaba el botones nuevamente para interrogarlo y preguntarle en qué piso estaban las personas a quienes había guiado, con la excusa que estaba preocupada por su hermanastra y quería comentárselo, prometiendo irse apenas expresara su inquietud.
El botones le dijo que lo sentía, pero que si quería esperar por su hermanastra podía llamar a su habitación para hablar con ella, ya que no podía subir por el ascensor si no estaba alojada en el hotel. Ella se ofendió, sin embargo, admitió que entendía y no había problema alguno, confesando que le dejaría un mensaje en la recepción antes de marcharse. El guía asintió y se fue, dejando la tarjeta en la recepción. Randy se da cuenta de ello y se dirige hasta la recepcionista informándole que, si podía averiguarle algún sitio de salud porque se sentía mal, la mujer que atendía muy amablemente le dijo que si y enseguida empezó a investigar centros de salud cercanos para que la asistieran.
En un descuido de la recepcionista, Randy robó la tarjeta de la habitación donde estaban hospedados Gerald y Samantha, pidiéndole que le indicara dónde estaba el baño porque tenía muchas náuseas. La señorita le señaló donde se encontraba y ella caminó en la dirección sugerida, pero en una vuelta rápida se dirigió al ascensor y subió para llevar a cabo la segunda parte de su plan.
Dentro de la suite, Gerald le quitó lentamente la ropa a Samantha, haciéndola sentir deseada y amada pero sorprendida a la vez, a pesar de disfrutarlo, mostró un poco de timidez. Hacía mucho tiempo no se sentía así, nunca llego a experimentar esa sensación con su exnovio Michael, él no la complacía y hacía sentir bien como mujer. Gerald disfrutaba de su compañía y de su aroma, a pesar de no estar tan consciente de ello, la sensación estaba allí, se tumbaron en el lecho y con cierta delicadeza al besarla y tocarla, hicieron el amor. La acarició y besó con pasión, lo estaban disfrutando, a él le gustaba y a ella le encantaba, tanto así que Randy podía escuchar los gemidos producto del placer fuera de la habitación.
Randy lloraba de la rabia y pasaba por su mente entrar a la habitación y matar a Samantha, pero no se sentía segura del todo, así que decidió esperar hasta que se durmieran para entrar sigilosamente y drogar a su hermanastra hasta matarla de una sobredosis, si era posible. Esperó un par de horas mientras cesaba el ruido. Todo estaba en absoluto silencio, se quitó los zapatos de tacón y entró a la habitación con sigilo, abrió la puerta muy lentamente y se dio cuenta que la luz del baño estaba encendida, asumiendo que alguno de los dos estaba allí dentro. Randy entró en pánico, pensó que era el CEO que estaba despierto, pero resultó ser, que no. Se asomó al lecho y lo vio tendido boca arriba, casi parecía desmayado, no se movía. Escuchó la puerta del baño abrirse y se escondió entre los muebles, asustada.
Samantha había disfrutado el haber tenido intimidad con Gerald, pero a pesar de ello, sintió pánico y vergüenza. Prefirió marcharse. Luego de haber dormido una hora junto a él, y caer en cuenta que había tenido sexo casual, una parte de sí misma se arrepintió porque lo que había hecho no era propio de ella. Este sentimiento que la abarcó, le hizo levantarse del lecho, en la que aún reposaba Gerald. Fue al tocador a lavarse y vestirse para finalmente marcharse del hotel.
Antes de salir de la habitación le dejó una breve nota, con la esperanza de volverlo a ver.
'Gracias por esta noche, Gerald White. La pasé muy bien contigo, a pesar de no saber mucho de ti me gustaste desde el momento que te vi, cuando ni siquiera te habías dado cuenta de que estaba allí observándote. Pude notar que tuviste un día malo, tal vez por eso quisiste embriagarte. Pude llenarme de valor para acercarme a ti a hablar y por fin conocerte. Quizás no me recuerdes cuando despiertes, pero me atrevo decir que me enamoraría de ti y por eso te dejo esta nota, pareces ser un buen hombre, exitoso y honesto en el amor. Me hiciste sentir amada de verdad, espero conocerte sobria y que podamos conocernos de verdad, atentamente, Samantha Keane".
Estas fueron las palabras que había dejado Samantha en aquella carta seguido de su contacto de teléfono, una firma y un beso para sellar.
Salió de la habitación y enseguida Randy dejó su escondite, visualizó que el hombre seguía acostado en el lecho, aun sin ánimos de despertarse y aprovechó de acercarse para leer la carta que estaba junto a él. Enseguida se le ocurre ocultarla, se desnudó acostándose a su lado. Ya sabía su nombre, ahora solo quedaba hacerse pasar por la mujer con quien él había tenido ese encuentro carnal, lleno de lujuria. Se sintió feliz de haber tomado el control de la situación, aunque las cosas no se hayan dado tal como lo esperaba, estaba iracunda porque Samantha se había acostado con él y ella no. Juró que eso no quedaría así, se vengaría más adelante, pero mientras tanto sería paciente y llevaría a cabo su nuevo plan.
Salió el sol y Gerald despertó, Randy le dio un beso en la boca de buenos días, pero él, sorprendido y con un terrible dolor de cabeza, se preguntó dónde estaba, no recordaba casi nada de lo que ocurrió, lo que sí recordaba era lo bien que se sentía, mas no a la chica que lo acompañaba.
¬- ¿Quién eres? Discúlpame si cometí algún error contigo. – dijo sentándose en el lecho.
-No te preocupes, la pasé excelente junto a ti. Gracias por esa gran noche, tenía tiempo sin sentirme tan amada y querida. – contestó con una sonrisa en su rostro.
- No puedo creer qué fue lo que paso anoche, estaba en el bar y luego que me llamaran de la oficina para darme malas noticias con respecto a un negocio, despierto aquí. Aunque admito que la pasé increíble también, me disculpo ante ti, no estaba consciente de lo que estaba haciendo.
- No te preocupes Gerald, yo tampoco sabía lo que hacía, pero si me das la oportunidad podemos saber lo que hagamos más adelante. – dijo insinuándose.
- Discúlpeme, señorita.
- Randy Cooper, ese es mi nombre.
- Señorita Randy, eres hermosa y atractiva, pero estoy confundido de lo que pasó anoche y a pesar de que mi mente estaba nublada, no sé por qué tengo la impresión de que estuve con otra chica.
Ella, por su molestia interna, empezó a llorar por las palabras emitidas por Gerald, pensando que caería en su trampa, a ningún hombre le gusta ver a una mujer llorar. Éste, a su vez, la consuela.
-Perdóname, no quise ofenderte, solo me siento muy confundido y no quisiera enrollar más las cosas. ¿Podemos ser amigos?
Gerald vio que Randy había sido muy simpática con él y no quería dejarla con el corazón roto. A pesar de ello, Randy se negaba a ser su amiga.
-Me enamoré de ti desde que te vi, desde el principio. Cuando te vi en aquel bar sin que tú te dieras cuenta. Me acerqué a ti porque noté que no estabas teniendo un buen día y quise hacerte sentir mejor. - Le dijo exactamente las mismas palabras que le había escrito Samantha.
A pesar de que a Gerald le conmovieron sus palabras, se dirigió al baño a ducharse y pensar en lo que había ocurrido.
-Discúlpame, me iré pronto. Hablaremos en otro momento.
Samantha ya había salido del hotel sin que casi nadie se diera cuenta, caminó hasta la parada de autobús para regresar al pueblo, a casa con su abuela, sabía que estaría preocupada por no avisar donde estaba así que la llamó prometiéndole explicarle bien cuando llegara, que la disculpara y que no se preocupara, pero que estaba bien y se sentía feliz pero avergonzada por lo que había hecho. Su abuela angustiada la perdona, esperando ansiosa su regreso. Mientras iba en el autobús de camino al pueblo, Samantha por primera vez sentía que había hecho algo divertido y fuera de lo convencional, pero no se sentía orgullosa de ello, lo justificaba el hecho que sentía haberse enamorado de aquel hombre que la miraba y tocaba con emoción, casi anhelando volver a contactarse y pasar otra noche junto a él. Aunque se hacía ilusiones estaba consiente que quizás había sido cosa de una sola noche y ya, al cabo de unos minutos, recibió un mensaje de Gerald.
"Hola Samantha, perdóname, pero no quiero verte nunca más, tengo esposa y tú solo fuiste un placer más. No me busques ni te acerques a mí, odio lo que pasó anoche, así que olvídame y sácame de tu vida".
Enseguida Samantha al leer semejantes líneas empezó a llorar, no podía creer lo inocente que era y lo malvado que podían ser los hombres, se preguntaba si era un karma que estaba pagando o alguna maldición, pero por qué tenía que pasar por tanto sufrimiento, qué hizo ella de malo para que la trataran así, qué hizo mal para que Gerald le escribiera así, de esa forma. Luego de secarse las lágrimas se dormitó por un par de minutos en el autobús para calmarse hasta llegar a casa de su abuela, donde al llegar, la recibió con un abrazo cálido, pero a la vez impresionada de ver que su nieta había llorado.
-Hace un momento te escuché hablar con alegría, y ahora llegas con lágrimas en el rostro.
Samantha le explicó todo lo ocurrido para que comprendiera.
En la habitación del hotel, poco tiempo después de que Gerald le dijera a Randy lo que sentía y se encerrara en el baño, ella, llena de impotencia y furia aprovechó el momento para agarrar su teléfono y escribirle a Samantha haciéndose pasar por él. Si Gerald no era de ella no podía ser de nadie. Al instante, salió de la habitación sin despedirse cariñosamente y sin más nada qué decir.
Randy estalló como bomba, en llanto y furiosa, sin lograr su objetivo porque lo que planificó no había funcionado. Sin embargo, se sentía bien porque Samantha no tendría más contacto con él, sabía que Gerald dudaba de haber estado con ella, quizás al besarlo pudo notar que no eran los mismos labios sino los de otra chica que no recordaba, decidió contarle todo a su madre e idearse otra artimaña para conquistarlo. Ya Samantha estaba fuera del juego. Randy ideó miles de planes con la mamá durante varios meses para llevarlos a cabo y que alguno funcionara, hasta que un día, espiando a su hermanastra, descubrió algo que la estremeció.
Samantha estaba embarazada, quedó atónita con lo que descubrió, no era posible lo que sus ojos habían visto, ya tenía varios meses de embarazo, se le notaba su vientre ya expandido, faltaba poco para dar a luz. La única persona de quien pudiera estar embarazada era de Gerald, no podía ser de nadie más, ya la conocía muy bien y sabía que no estaría con más ningún hombre después de lo ocurrido. En ese momento, se le ocurrió algo macabro que llevaría a cabo sí o sí, se sintió amenazada por ello, no podía permitir que Samantha apareciera de nuevo en la vida de Gerald, así que decidió esperar hasta el día del parto.
Samantha nunca habló con Gerald después del mensaje recibido, ella no lo buscó más, por razones obvias, a pesar de haber estado embarazada de él. Le guardaba cierto rencor y no podía soportar el hecho de regresar a conversar con él después de lo humillada que se sintió, al menos hasta que naciera su hijo para que lo presentara bajo su apellido.
Llegó el día del parto, Samantha era presa de los nervios y el dolor. Rompió fuente mientras hacía algunas compras en el supermercado, su abuela estaba con ella. Lograron auxiliarla y llevarla en ambulancia al centro de salud más cercano. El doctor y las enfermeras del hospital la calmaron dándole ánimos diciendo que todo estará bien, que no se preocupará, pues ya el dolor acabaría y verá la luz de sus ojos nacer.
Después de una breve espera, ya en la camilla, pujó, gritó y lloró, apretando las manos de las ayudantes que se encontraban a su lado, hasta que por fin escuchó el llanto de su bebé. A sus oídos llegó el sonido alegría y felicidad, fue algo único que experimentó, una vida había salido de ella y no la iba a defraudar.
-¡Es una niña! - le dice el doctor.
Impresionada por saber que era niña, ya teniéndola en sus brazos, rompió en llanto y juró no decepcionarla nunca. La protegería y guiaría para que tuviera una vida mucho mejor que la su ahora madre. Su abuela, feliz al saber que tenía una nieta la felicitó, era la única que estaba con ella en el hospital, nunca le comentó a su padre sobre el embarazo, no sintió la necesidad.
-Se llamará Connie. – mencionó sonriendo.
-¡Es un nombre hermoso! – dijo su abuela.
Se despidió de ella, dando por seguro que regresaría en la mañana para llevarle algunas mantas, pañales, entre otras cosas, y de acuerdo a como se sintiera, volverían juntas a casa a comenzar una nueva vida.
Los doctores se llevaron a la niña para colocarla en la incubadora donde la pequeña se quedó dormida y a su vez Samantha en su camilla. Después de una hora de sueño reparador despertó, llevándose una sorpresa, al fijarse que la bebé no estaba en la incubadora. Desesperada, salió de la habitación preguntando dónde estaba Connie, lastimosamente no había casi nadie en el hospital. Eran altas horas de la noche y al ver que nadie la ayudaba en su búsqueda, salió corriendo a la calle a ver si alguien la llevaba consigo.
A toda prisa, aún con el cuerpo adolorido, buscó a su hija bajo el frio de la noche y la lluvia, cuando de pronto se encontró en medio de la calle, viendo a todos lados, desamparada. Sin advertir que venía en su dirección un auto a gran velocidad la arrolló, tumbándola en el asfalto húmedo. Relinchó el sonido de los neumáticos debido al impacto, pero el conductor no se detuvo, dejándola tirada, siguiendo de largo. El estruendo del choque alertó a los pocos enfermeros que estaban en el hospital y salieron a ver qué había ocurrido. Enseguida, volvieron a internar a Samantha en el hospital donde la sedan y atienden sus múltiples heridas.
Despertó confundida y desorientada sin saber quién era ella o por qué estaba en el hospital, los enfermeros le notificaron a la abuela lo ocurrido, provocando una reacción de preocupación y culpa en ella, por haberla dejado sola. Sale de casa a toda velocidad al hospital nuevamente, para encontrarse con su nieta y solventar los problemas. Iba por la carretera, con el limpia parabrisas en funcionamiento, cuando de pronto impacta contra otro vehículo que aceleró estando la luz del semáforo en rojo. Dos accidentes la misma noche cambiaría el curso de la vida de Samantha.
La abuela quedó casi inconsciente, la llevaron a otro hospital, y en el ínterin solo mencionaba el nombre de Samantha Keane, mientras que su nieta se encontraba fuera del hospital desorientada y con múltiples heridas. Había escapado, tal vez el instinto maternal obligó a irse sin siquiera saber que era madre o dónde vivía. Las múltiples contusiones en su cabeza hicieron que perdiera la memoria y no recordara nada, la policía la encontró sola en la calle, vistiendo una bata de paciente y enseguida la llevan al hospital donde estaba su abuela, que previamente había reportado su incidente, donde por fin la identificaron, encontrándose con ella.
- ¿Samantha? ¿Por qué estás aquí cubierta de sangre? – logró decir con un hilito de voz.
-No sé quién soy o qué pasó. ¬– contestó mirándola a los ojos sin expresión alguna.
La abuela, como pudo, le explicó que había tenido un bebé, pero lo había perdido. Ella, sin entender bien, malinterpretó lo que había querido decirle.
-Te amo, mi nietecita-
Estas fueron sus últimas palabras, antes de desmayarse. Los médicos la atendieron a la brevedad, pero fue en vano, el accidente la había afectado al punto de quedar totalmente en parálisis y estado vegetal. Aquella noche trágica, Samantha olvidó que alguna vez tuvo un hijo y lo perdió. Pues empezaba una vida de cero con una abuela que no recordaba y una vida que no conocía, era como si ella realmente era la que había nacido.
Después de aquella tragedia, Randy estaba informada de todo, averiguó si de verdad Samantha estaba muerta y que había pasado con ella, tenía a la niña entre sus brazos.
-Eres mi boleto al éxito pequeña e inocente niñita. - exclama con una sonrisa de maldad.
Había llevado a cabo su plan, pero de un golpe de suerte sale mucho mejor de lo que esperaba, su hermanastra no estaba muerta, sin embargo, había perdido la conciencia, no estaría más en la vida de Gerald, y mejor aún, su abuela que podía ser la única testigo de que tenía un hijo había quedado en estado vegetal, su padre no sabía nada, la única que estaba enterada de todo era su hermanastra Randy y su madrastra.
El padre de Samantha se enteró del accidente que tuvieron su hija y la abuela, así que decidió ir al hospital con su amada esposa a ver cómo se encontraban.
Al llegar al hospital, preguntó por sus familiares y se le acercó el doctor que atendió a los recién heridos para notificarle el estado de salud de cada uno, se dirigió dónde estaban internadas y observó a sus familiares en cama. Samantha estaba dormida y herida, tenía moretones y rota la cabeza, la abuela estaba conectada a tubos de oxígeno e intravenosas, pegados a varios aparatos que medían su estado de salud. Era lo único que la mantenía viva. Si se desconectaban moriría al instante. Samantha despertó y vio a su padre llorando sin imaginar que él es su progenitor, él se fija que ella lo está viendo desorientada.
- ¿Quién eres? - preguntó.
- ¿No recuerdas nada?
El padre de Samantha se sintió culpable por todo lo que había pasado, por cómo había desterrado a su hija y no estar presente en su vida, nunca la apoyó y ahora en un momento de tragedia la perdió, el recuerdo que tuvo ella de su padre ya no estaban presentes en su memoria, él tenía dos opciones, podía empezar de nuevo también y ayudar a su hija, o hacerse el desatendido que siempre fue, la segunda opción lo hizo reflexionar lo mal padre que fue, a pesar de ello, él no podía regresar en el tiempo, decidió contarle a Samantha la verdad, quién había sido él y solo esperaba que lo perdonara.
-Soy tu padre, hija. Perdóname por todo lo que pasó algún día, perdón también a tu abuela, a quien le dejé la responsabilidad de cuidarte, te desterré cuando eras una niña por tu mal comportamiento hacia mi esposa y tu hermanastra, no espero que me perdones, pero te pido que algún día me des otra oportunidad.
Su madrastra presente también ante todos los hechos, sabía exactamente lo que había pasado, decidió no decir ni una sola palabra, se le notaba el desprecio que le tenía a Samantha, ella se fijó que la estaba viendo aquella mujer con deseos de muerte, no podía creer que tenía una madrastra que no sintiera o expresara emoción de compasión ante ella, quien estaba confundida y sin recuerdos, se sintió sola en el mundo a excepción de que apenas estaba conociendo a su padre, sin comprender bien porqué había sido el motivo de su destierro, «¿tan mala persona fui?» se preguntaba a sí misma. Pensó que pudo haber hecho cosas graves en su pasado y que de algún modo la vida le estaba permitiendo empezar de nuevo, cosa que era todo lo contrario a la Samantha del pasado.
Le pidió a su madrastra que saliera de la habitación y la dejara a solas con su padre, no podía soportar tanta hipocresía por parte de ella, ya se estaba empezando a conocer y todo lo que sintiera lo iba a decir o simplemente llevar a cabo. La madrastra salió enseguida con cara de molestia.
«Maldita Samantha ¿quién se cree? Le reclamaré a Randy, hubiese sido mejor que la hubiera matado. Algún día me las pagará». Exclamó dentro de su cabeza aquella mujer malvada.
No permitiría de ninguna manera que el padre de Samantha regresara con su hija y este la llevara de vuelta a su casa, así que, como en el pasado, iba a idearse algo para poner a su marido entre su hija o ella. Sin embargo, Samantha no tenía intenciones de regresar con su padre, le pidió que le diera tiempo para ella conocerse a sí misma y que, si ameritaba, ella lo buscaría. Después de escuchar parte de la historia de ella por su padre, entró en reflexión y depresión al mismo tiempo, pero como mujer fuerte de mente y espíritu podía superar la adversidad por sí sola, ya lo había estado antes así que sentía que podía estar bien.
Al darle de alta al hospital, ya estaba lista para cuidar de su abuela, conseguir un empleo y comenzar una vida nueva. En su casa se sentía extrañada de cómo pudo haber sido el día que llegó por primera vez cuando su padre la echó. Como era la persona quien la había criado y más que una abuela era una madre para ella, Samantha al saber que ella fue quien la acobijó sabía que le debía la vida y que haría todo por ella.
Luego de los acontecimientos, Samantha se ocupó de su abuela y de los oficios del hogar, aprendió el arte de la artesanía y se dio cuenta que era buena con sus manos para elaborar productos de cuidado personal, le gustaba mucho cuidar del vivero que tenía su abuela en su casa y disfrutaba percibir el olor de las flores, lavandas, rosas, terreno húmedo, pinos y todas las plantas que se encontraban, simplemente eran exquisitos. Elaboraba jabones, velas aromáticas, cremas hidratantes, todos a base de las plantas que cosechaba, pero en lo que más se especializaba era en la elaboración de perfumes.
Creaba fragancias que la hacían sentir apasionada con la vida, vendía sus productos a pequeños comercios en el pueblo y personas comunes. Aparte de laborar por su cuenta, tenía un trabajo de tiempo completo en una fábrica empaquetando alimentos. Todo su trabajo y esfuerzo no eran suficientes para mantenerse a ella y a su abuela, la mayor parte del dinero estaba destinado a ella, corría con todos los gastos médicos, tratamientos, exámenes y equipos nuevos. No le importaba sacrificarse ella para mantener viva a su abuela, esta se aferraba a la vida, quería que se recuperara un día para darle un fuerte abrazo y agradecerle por haberla criado, pero las posibilidades eran prácticamente nulas.
La salud de su abuela estaba empeorando, cada vez los gastos eran mayores y con los ingresos de la venta de sus productos y de su trabajo en la fábrica no lo podía cubrir todo. Decidió ir a visitar a su padre para pedirle ayuda financiera, así que acudió a una amiga de su abuela para que cuidara de ella ante su ausencia. Samantha había pensado llamarlo antes, pero prefirió hablar personalmente con él.
Tomó un boleto en bus directo al lugar donde vivía su padre para no perder tanto tiempo y regresar con su abuela lo antes posible, al llegar a la casa, tocó la puerta y esperó durante unos minutos. Escuchó unos tacones bajar por las escaleras hasta que se detuvo el sonido, para posteriormente abrir el paso hacia la mansión, su madrastra la recibió con desprecio.
- ¿Qué haces aquí?
- Vine a ver a mi padre, necesito hablar con él.
- No se encuentra y tampoco quiere verte, ¿acaso no tienes dignidad propia? Él te echó una vez y lo hará de nuevo por tu mal comportamiento, quizás no recuerdes nada, pero no me importa.
- No te creo nada, mi padre no podría ser así. - le dice Samantha con los ojos aguados.
- Niña tonta e inocente. - contestó con una risa sarcástica.
-Dime ¿dónde está mi padre?
- ¿Quieres que te diga la verdad? Él está arriba en la habitación escondido, vio cuando venías en camino y me pidió que te atendiera y te dijera que te marcharas, no quiere tener otro lazo familiar contigo, se sintió dolido el día que tuviste el accidente al no perdonarlo, en el pasado fuiste muy mala y de ninguna manera te aceptaré aquí. ¡Largo!
Samantha se dio media vuelta y se retiró del lugar entre lágrimas, las palabras de su madrastra la hirieron y se cuestionó una vez más de quién había sido ella realmente en un pasado. Su madrastra sube a las escaleras nuevamente a atender a su esposo.
- ¿Quién era cariño? - preguntó extrañado.
-Nadie, solo una persona de limpieza que se había equivocado de hogar.
Lo que le dijo su madrastra había sido una mentira, su padre realmente estaba en casa, solo que estaba en el baño de su habitación tomándose una ducha y al aproximarse Samantha se antepuso para salir a recibirla y correrla del lugar, quería vengarse por la vez que ella le pidió que se fuera de su habitación en el hospital, su madrastra no se quedaría con eso y guardó el rencor hasta entonces.
Samantha tomó el bus de regreso a su casa afligida y con el ánimo por el piso, se automotivó para olvidarse de lo sucedido y a no darse por vencida, ella se idearía otro plan.
Por otro lado, Randy estaba felizmente viviendo con Gerald. Al poco tiempo de haber llevado a cabo su plan siniestro, va directo a presentarle su hija ante su legítimo progenitor, ella haciéndose pasar por su verdadera madre, lo engañó, diciéndole que nunca tuvo el valor para decirle que estaba embarazada. El hombre confundido ante aquella sorpresa no tuvo más remedio que hacerle la prueba de ADN, era imposible que algo así haya ocurrido, sin embargo, las pruebas salieron positivas, Gerald era padre de Connie. Sin tener otras opciones se casó finalmente con Randy. Cantó victoria por lo que había logrado, nunca había sentido tanta felicidad junta, había adoptado el apellido de su amor platónico y su vida estaría segura. Al poco tiempo, las cosas entre ellos sufrieron un gran cambio, Randy no se sentía cómoda con la relación. Sentía que su esposo no le dedicaba el tiempo suficiente, no era detallista ni caballeroso con ella, realmente era así, Gerald se casó por obligación y no por amor, no sentía lo mismo que ella, fue un amor no correspondido y eso le afectó a tal punto que empezaron a tener discusiones y conflictos.
Pasados dos años de relación, Randy sin dar explicación alguna, decidió divorciarse de Gerald, quedándose con gran parte de su fortuna, se alejó, abandonándolos a él y a Connie, pues a ella simplemente no le importaba, ya que no había creado ningún vínculo maternal con la niña.