GINA SIMONS
Hablando de mi vida es un desastre. Tenía 2 años cuando mi madre o tal vez otra persona que no recuerdo me dejó en el orfanato. Crecí en ese orfanato. El orfanato era pequeño, no había muchos niños, sólo yo y unos diez niños más. Pero todos me odiaban porque Amanda me quería más que a nadie.
Si se preguntan por Amanda, ella era la que cuidaba del orfanato y déjenme decirles que es increíble. Ha envejecido, pero sigue creyendo que es joven y tiene más energía que yo. Ella es mi vida y la única familia que tengo. La amo. Bueno, se preguntarán por qué he dicho "solía" porque todos los que estaban en el orfanato fueron adoptados y ahora sólo estamos Amanda y yo. Amanda me dijo muchas veces, pero yo no quería ser adoptada por nadie. Quería vivir con ella. Así que ahora ya no es un orfanato, sólo estamos Amanda y yo.
Estaba en mi turno habitual trabajando en la cafetería. Estaba en el mostrador mirando a los clientes. Bueno, cuando uno se aburre no tiene otra opción.
Ese hombre de ahí, por qué está mirando el café como si fuera la primera vez que ve un café delante de él.
Los viejos son así. No pueden evitarlo. Mi conciencia dijo.
Ah, y ese hombre de ahí, míralo, ni siquiera mira la deliciosa comida que tiene delante, en cambio sólo mira a esa rubia que está ocupada con su maquillaje.
Los chicos de hoy en día. ¡¡Eww!!
Ese niño se ve lindo. Aplaudiendo sus manos mirando el café. ¡¡¡Si!!! Al menos alguien es feliz.
Es sólo un niño.
¡Oh, Dios! ¿Qué está haciendo ese hombre ahí? ¿Está planeando asesinar el pastel con el tenedor? ¡No! ¡No! ¡No! No te atrevas a asesinarlo, yo hice ese hermoso pastel.
¡Oh, Dios! Si no lo asesina, cómo lo comerá.
Ese no es mi problema.
Y él asesinó mi pastel.
Todo el trabajo duro en vano. Me gustaría poder asesinarlo también.
Tienes que parar con esas ideas criminales.
-Hola. - Una voz llegó. Volví de mi mundo de ensueño.
-Bienvenida a 'El Escondite', señora. ¿Qué puedo ofrecerle? - Pregunté con una voz muy educada y dulce.
-Un capuchino-, dijo ella groseramente.
Odio a este tipo de gente.
-¿Cuántos, señora? -, volví a preguntar con educación.
-¿Ve a alguien más conmigo? ¿Eres tonta o qué? Tráelo rápido. No tengo todo el día.
Con eso se fue y se sentó en un asiento.
Perra.
Hice su capuchino rápidamente y fui a darle. Lo dejé en su mesa y le dije:
-¡Disfruta de tu café!
Ella tomó un sorbo y lo escupió.
-¡Asqueroso! ¿Acaso llamas a esto café? Esto sabe a mierda.
Vale, lo he entendido. Su sentido del gusto es una mierda. Porque yo hago el mejor café aquí. Todo el mundo dice eso.
-Ve y haz otro.
¡Qué demonios!
-Vale... y lo siento mucho-. Rápidamente fui a preparar otro, lo probé.
¡Si! Es perfecto.
Estoy genial.
Me dirigí de nuevo hacia ella y dejé su café sobre la mesa.
-Señora aquí tiene su Cappuccino.
Ella volvió a probarlo.
¡Ja! Ahora si perra.
Me di una palmadita en la espalda.
Ella volvió a escupir el café de su boca.
-Realmente no sabes cómo hacer un simple Cappuccino-. Se puso de pie y me gritó al oído. -¿Sólo aceptas dinero por mirar a todo el que pasa? Eres un desperdicio.
La miré con incredulidad.
-¿Perdón?
-¡Oh! Así que ahora esta basura tiene problemas de oído.
-Señora, usted es un cliente y por eso la respeto. No puede hablarme así.
-Oh, de verdad. Entonces, ¿cómo debo hablarte? -, entonces me empujó hacia atrás.
-¿Eh? Dime.
-Vamos basura no tengo tiempo-. De nuevo me empujó.
Eso es perra.
¡No!
¡Para!
Tienes un trabajo. ¡No!
Al diablo con el trabajo.
El tipo que asesinó mi pedazo de pastel estaba sentado frente a mí. Cogí el pastel y se lo aplasté en la cara. Ella se quedó sorprendida.
-Ahora dígame señora quién es una basura-. Dije con la misma sonrisa de antes.
Ella me miró fijamente antes de marchar en mi dirección.
-¡Maldita Zorra!
La cogí de la mano y la inmovilicé detrás de ella y le dije:
-Ni lo intentes. No es mi culpa si tu sentido del gusto es una mierda-. Luego le solté la mano empujándola hacia adelante.
-¡Ya verás! - Ella gritó.
-¿Qué ha pasado? -, dijo alguien por detrás de mí e inmediatamente reconocí la voz.
¡Joder! El director.
¡Estoy condenada!
Me giré mirando hacia abajo.
-Mira lo que ha hecho-. Dijo la perra indicando su cara.
-¿Gina? - dijo el gerente.
-Señor no quería...- Empecé, pero me cortó.
-¿Qué demonios has hecho? No sabes cómo comportarte con un cliente.
-Señor, ella me dijo malas palabras y....-, me cortó de nuevo.
-Eso no significa que hagas un acto así.
-Lo siento, señor, me enfadé y...
-Estás despedida.
-¿Qué? - Pregunté sorprendida.
-Ya me has oído. Estás despedida.
-No señor, no puede hacer eso. Lo siento mucho, pero...
-¡SALGA AHORA! -. Gritó.
Se lo advertí.
Entré y recogí todas mis cosas. Cuando estaba a punto de salir vi que la perra me sonreía. Eso me hizo enfadar más.
Estoy despedida, cierto.
Sí. Lo estás.
Bien entonces.
Ahora puedes hacer lo que quieras. No te detendré.
Marché hacia su mesa y tomé su Cappuccino que estaba en la mesa y se lo tiré encima.
Con una sonrisa en la cara le dije:
-¡Que tenga un buen día señora!
Con eso salí del café. Pude escuchar sus gritos y al gerente disculpándose con ella. Me dirigí a mi casa.
¡Jesús! ¿Qué voy a hacer ahora? No tengo trabajo.
Cuando llegué a casa vi a Amanda sentada en el sofá con un papel en la mano. Me acerqué a ella, me arrodillé frente a ella y tomé el papel de su mano.
-¿Qué es, Amanda?
Leí el papel.
-¡Qué demonios!
-Gina, quieren hacer un hotel en esta propiedad. Mi hijo ha perdido lo último que tenía en el juego. ¿Qué vamos a hacer Gina?
Su hijo es un borracho y un jugador, por supuesto siempre nos crea problemas. Amanda ha perdido todo lo que tenía por su culpa y ahora esta casa era lo último que tenía y ahora esto también. La abracé.
-Te prometo que encontraremos algo, Amanda. Encontraré un lugar para nosotras pronto.
Pero la pregunta es ¿cómo?
Yo también he perdido mi trabajo.
Sólo tenemos una semana para dejar esta casa.
No puedo verla llorar. Tengo que hacer algo.
GINA SIMONS
Ahora sólo me queda una esperanza. Puedo pedirle a Patrick que me encuentre un trabajo. Sí, es el único que queda ahora para ayudarme. Sé que se preguntan quién es Patrick. Bueno Patrick es el único amigo que tengo.
-Amanda estaré en casa pronto-. Le besé las mejillas y le dije.
-¿A dónde vas? - preguntó ella.
-A encontrarme con Patrick. Tal vez él pueda ayudarme a encontrar un trabajo.
-¿Por qué él? No puedes hacerlo tú misma.
-Calma-. Me fui de la casa con eso.
A la niñera no le gusta nada Patrick. Siempre dice que es un mal tipo. Pero yo siempre le digo lo contrario.
Cuando llegué a la casa de Patrick pulsé el timbre. Él abrió la puerta.
-¿Gina? ¿Qué haces aquí? -, preguntó.
-Umm... Patrick necesitaba hablar contigo de algo-. Le dije.
-Vale... entra.
Entré y me senté en el sofá. Él se sentó en el otro sofá.
-¿De qué querías hablar?
-Así que Patrick, aquí está la cosa que realmente necesito un trabajo.
-¿Trabajo? Pero tenías uno, ¿no?
Entonces le expliqué toda la historia. Se quedó pensando un rato y luego sonrió.
¿Por qué sonríe este tipo?
-Gina, no me siento bien. Creo que deberías salir.
-¡Diablos, no! ¿Cómo voy a salir? Necesito un trabajo ahora. No puedo salir sin más.
Entonces Patrick se levantó de su asiento y se sentó a mi lado. Como extremadamente cerca de mí. Me aparté un poco en mi asiento. Luego puso una mano en mi muslo y empezó a revolver un mechón de mi pelo con la otra mano.
-Ves Gina, la cosa es que tengo un trabajo para ti. Es perfecto.
-¿Pero? - pregunté.
Él volvió a sonreír y dijo:
-Pero sabes que todo en este mundo no es tan fácil. Todo tiene un precio.
-¿Qué precio? ¿De qué estás hablando Patrick?
Entonces se acercó más a mí y sostuvo mi cara en su mano.
-Te he deseado durante mucho tiempo Gina. El primer día que te vi quise tomarte en ese mismo momento. Pero cuando hablé contigo vi que no eras ese tipo de chica que puedo conseguir fácilmente. Entonces vi tu punto débil. Nunca tuviste ningún amigo. Así que pensé por qué no ser tu amigo y llevarte. Gina te prometo que no te arrepentirás, de hecho, te encantará. Haré que tu primera vez sea especial. Entonces puedes conseguir fácilmente el trabajo Gina. Sólo una noche conmigo.
Mis ojos se abrieron de par en par.
-¿Qué? ¿Estás loco? Patrick nunca he pensado en ti de esa manera-. Me levanté del sofá. Él también se levantó.
-Pero yo sí. Me vuelves loco Gina. Es sólo una noche.
-Aléjate de mí-. Siguió avanzando hacia mí y yo seguí retrocediendo hasta que mi espalda chocó con la pared. -Por favor, aléjate de mí, Patrick-. Empecé a llorar.
-Vamos Gina.
-¡ALÉJATE! - Grité.
Estaba a punto de correr cuando me cogió de la mano y me hizo retroceder de nuevo. Mi espalda chocó con la dura pared.
-Por favor, déjame ir Patrick-. Le supliqué delante de él.
Pero no me escuchó. Estaba a punto de besarme cuando viendo otra opción le di en la parte donde no brilla su sol.
Gimió de dolor abrí la puerta y salí corriendo de allí. Le oí gritar mi nombre por detrás. Seguí corriendo y corriendo.
Por qué todo sucede al mismo tiempo.
Primero perdí mi trabajo.
Luego esa carta.
Y ahora Patrick.
Era el único amigo que tenía, pero él también.
Todos en este mundo son malos.
•
Aquí estoy sentada en el club tomando una copa tras otra.
Creo que ya estoy borracha.
-¿Qué debo hacer? No se me ocurre nada. Por qué mi vida es tan jodida.
Empecé a reírme como una tonta.
-¿Estás bien? - me preguntó el camarero.
Asentí con la cabeza aún riendo.
-¡Estoy tan bien!
-¡Oh, vaya! Creo que estás triste.
-Tu crees-. Volví a reír con fuerza. -Mi vida es un puto desastre.
-Oye, escucha. Puedo ayudarte a reducir ese estrés. El placer es sólo por una noche.
-¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso?
Entonces tomó un trago en su mano y luego mezcló algo en él.
-Esto. Tómalo-. Me lo dio.
-¿Qué es esto?
-Umm... ves que querías paz y placer por una noche. Lo tendrás. Sólo tienes que ir a esa zona y entrar en la habitación número ciento diecinueve. ¿De acuerdo? Lo disfrutarás confía en mí.
-¡REALMENTE! - exclamé. Realmente necesito disfrutar.
Estaba a punto de tomar la copa cuando una mano vino y me la arrebató. Me giré para mirar al idiota que había hecho eso y vi a un hombre sentado a mi lado con un vaso de vino en la mano.
-¿Estás loco? Está borracha no puedes mandarla allí-. Le miré atentamente a la cara.
No era un hombre cualquiera. Era una escultura de la perfección. Sus ojos eran del color del mar, pasando por sus labios finos y rosados y su mandíbula perfecta. En palabras sencillas este hombre era simplemente perfecto. El sueño de cualquier chica.
Entonces me miró de arriba a abajo y me dijo:
-Escucha, no tengo ni idea de cuál es tu problema, pero este lugar no es seguro para ti. Estás borracha así que vete a casa.
-¡NO! No quiero ir a casa. Quiero ir allí-. Dije señalando el lugar donde el camarero señaló antes.
-No. No vas a ir allí. No es seguro.
-Iré allí.
-Deja de ser terca. Eres una extraña para mí y aún así te estoy advirtiendo. Así que no puedes usar tu cerebro que debe haber una razón para que yo haga eso.
-Pero también es un extraño-. Dije señalando al camarero. -¿A quién debo escuchar entonces?
-A mí. No vas a ir allí-. Dijo con voz severa.
-¿Quién eres tú? ¿Mi papá? No. Tú no eres nadie, así que por qué debería escucharte.
Me levanté del taburete. Tropecé un poco hacia atrás. Al instante me sujetó del brazo impidiendo que me cayera.
-Ni siquiera puedes mantenerte en pie correctamente y quieres divertirte. Una diversión que ni siquiera conoces.
Se levantó de su asiento y dijo:
-¿Dónde vives? Te llevaré.
-¿Por qué debería decírtelo? Eres un extraño y Amanda me dijo que no se lo contara a nadie. No. No-. Dije cruzando los brazos haciendo pucheros. -¿Y si eres un mal tipo?
-Estoy tratando de ayudarte y tú me estás llamando mala persona.
-Quién sabe si realmente estás tratando de ayudarme o no.
-¿Qué...? - se detuvo y se pasó la mano por el pelo una vez y luego susurró algo, pero lo oí claramente ya que mis oídos son muy agudos -No puedo dejarte aquí con estos hombres. Te comerán seguro.
Levanté las cejas.
-¿Qué significa eso?
-Nada que te vienes conmigo-. Dijo en tono irritado.
-¿Por qué debería hacerlo?
-Lo harás porque estoy tratando de ayudarte.
Hice un puchero poniendo una cara de 'cómo iba a saber eso'.
-No pongas a prueba mi paciencia y ven conmigo.
Negué con la cabeza 'no'.
-Bien, entonces no me culpes.
Lo miré confundida.
-Culparte. ¿Culparte de qué?
Él sonrió:
-Por esto.
En cuestión de segundos me levantó y me echó por encima de su hombro.
-Oye, bájame. ¿Qué estás haciendo? - Grité.
-Te advertí, pero no me escuchaste.
Seguí golpeando su espalda, pero el hombre era tan fuerte que algunas veces yo mismo me lastimé las manos.
Entonces me metió en un coche, me abrochó el cinturón de seguridad y se puso en el asiento del conductor y empezó a conducir.
Espera, ¿me está secuestrando?
Empecé a golpear la ventanilla.
-¡Ayuda! ¡AYUDA! ¡ME ESTÁN SECUESTRANDO!
-¿Quieres callarte? Te estoy ayudando, no te estoy secuestrando. Ahora dime dónde vives.
Me senté cruzando los brazos sobre el pecho.
-No.
-Dímelo. Si quieres llegar a casa.
¿Y si cuando lleguemos allí nos asesina a mí y a Amanda y nos roba todas nuestras cosas? Tal vez este coche y la ropa son también robados de alguien. No puedo confiar en él y no puedo dejar que Amanda salga herida. No estoy tan borracha para no pensar en la seguridad de Amanda.
-No lo sé.
-¿Qué? -, preguntó confundido.
-No lo sé.
-Bien entonces-.
Me senté allí yendo a donde sea que me lleve. La cabeza me dolía mucho. El coche finalmente se detuvo, miré afuera era una casa. Bueno no cualquier casa era una mansión.
-Ven-. Dijo saliendo del coche. Yo seguí sentada dentro sin hacer ningún movimiento. Me esperó, pero cuando no salí se acercó y abrió la puerta. -Sal ahora.
Negué con la cabeza.
-No eres un secuestrador.
-Mirando la casa sigues pensando que soy un secuestrador-. Volví a mirar la casa con atención.
-Todavía no.
-Bien-. Dijo y me echó al hombro y me llevó dentro.
-¡AYUDA! ¡AYUDA!
Pero siguió caminando conmigo sobre su hombro. Finalmente se detuvo cuando llegamos frente a una puerta. Abrió la puerta y yo seguía gritando. Me llevó al interior de una habitación y me tumbó en la cama.
-Acuéstate aquí y duerme. No pongas a prueba mi paciencia. No quiero que todos se despierten por tus gritos.
-No voy a dormir aquí. Quiero ir a casa.
-Te lo ofrecí muchas veces, pero estabas ocupada con tus estúpidos pensamientos. Así que quédate aquí.
-NO, A CASA-. Lloriqueé aún gritando. -Y por qué hace tanto calor aquí. Hace mucho calor-. Empecé a abanicarme con las manos y luego abrí mi encogimiento de hombros y lo lancé, cuando abrí unos cuantos botones de mi top entonces él de repente me sujetó la mano y me detuvo.
-¿Qué estás haciendo? Para.
-Pero hace mucho calor aquí.
-Encenderé el aire acondicionado. Estará bien-. Asentí con la cabeza. -Ahora duerme-. Dijo y estaba a punto de irse.
Le cogí de la mano y tiré de él. Cayó encima de mí.
•
Me desperté cuando la luz del sol me dio en la cara. Bostecé y seguí con los ojos cerrados disfrutando de esa sensación de frescor y comodidad. Los recuerdos de la noche anterior pasaron por mi mente. Mis ojos se abrieron de golpe y me senté en la cama.
-¡Oh, mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¿Qué he hecho? y después de tirar de él lo hicimos. No. no. no. Por qué no puedo recordar nada-. Me sujeté la cabeza, me dolía mucho. Miré alrededor de la habitación, entonces mis ojos se posaron en mi tirante de hombros que estaba tirado en el suelo, miré mi ropa, esta no es mi ropa.
-Joder como coño ha llegado mi tirante de hombros hasta ahí y esta ropa, es una camisa de algún tipo.
Por favor, dime que no he sido yo.
-No por favor no. ¿Cómo voy a dar mi virginidad a un desconocido?
No lo hice. ¡No! ¡No y No!
GINA SIMONS
Aquí estoy de vuelta en mi casa, sentada en mi cama, pensando en la noche anterior. Bueno, no pensando exactamente, sino tratando de recordar. Pero nada. Cada vez que me detengo después de pensar en él.
¿Qué pasó después? ¿Y me cambió la ropa?
¿Quién demonios te dijo que bebieras tanto?
Escondí mi cara en la almohada.
-Gina, ven rápido nena el desayuno está listo-. Escuché la voz de Amanda.
Me bajé de la cama y fui a la cocina. Me senté en la silla ella sirvió el desayuno para las dos y luego se sentó frente a mí mirándome con recelo.
Bajé la mirada comiendo mi comida.
-¿Me lo vas a decir? - Dijo finalmente. La miré.
Riendo nerviosamente le pregunté:
-¿De qué estás hablando?
-Tú lo sabes muy bien. ¿De qué estoy hablando?
-Umm... no lo sé-. Dije tratando de hacerme la inocente.
-No te atrevas a hacerte la inocente Gina.
-No estoy tratando de actuar nada.
-No me digas que tu primero fue ¡Con ese Patrick! - Ella gritó la última parte.
Me agarré el pecho con los ojos muy abiertos.
-Amanda. ¿Estás planeando darme un ataque al corazón o qué?
Entonces me tiró del brazo y me miró fijamente.
-¿Era Patrick? -, me preguntó con una voz extremadamente enfadada.
Tragando saliva, negué con la cabeza.
Entonces me dejó el brazo y volvió a comer su desayuno.
-¿Entonces quién fue?
-Umm...
-¿Dime si era guapo? Joven. ¿Alto?
-¿Quieres parar?
-Vale. Vale. Pero tenías una entrevista de trabajo, ¿no?
-Sí. Empezará a las 9, así que tengo tiempo.
-¿Qué trabajo es ahora?
-Es para una niñera. Recibí una notificación en mi teléfono anoche. Así que pensé que por qué no intentarlo una vez.
-¿Estás segura de ello?
-Ya Amanda. No te preocupes, seguro que conseguiremos una nueva casa.
Ella asintió con tristeza.
Le besé la mejilla.
-Entonces, ¿qué hicisteis, esta mañana. ¿Lo habéis hecho otra vez?
Y yo que pensaba que estaba triste.
-¿Qué te pasa?
-Vamos ahora no seas tímida dime. ¿Otra vez? Oh, ¡Dios mío! ¿Por cuántos asaltos fue? ¿Usó protección? Más vale que lo haya hecho o lo mataré. No quiero que mi Gina se quede embarazada tan pronto.
La miré con incredulidad.
-La niñera de quién dice eso. Y para. No recuerdo nada. Estaba borracha y...
-No sirves para nada.
-Hablando de esta mañana, estaba alucinando. Pensé que yo era la que lo seducía y ahora él debe estar pensando que soy ese tipo de chica, así que me puse mi ropa y me escapé de allí sin que nadie lo supiera.
-¿Te escapaste?
-Sí. Estaba asustada. Pero le dejé una nota de disculpa y de agradecimiento.
-Gina, ¿por qué eres tan tonta?
-Tienes que entender Amanda, esta fue mi primera vez en este tipo de situación.
Ella solo negó con la cabeza.
-De todas formas, ya he terminado de comer me voy a ir-. Dije y me puse de pie.
La abracé una vez, me besó las mejillas y me dijo:
-Cuídate.
Asentí con la cabeza.
-Adiós.
Espero que todo vaya bien. En los últimos días mi vida ha sido un desastre. Necesito este trabajo para Amanda o seguramente nos quedaremos sin hogar.
Finalmente llegué a las Empresas Miller miré la empresa, era enorme. Bueno, tengo mi entrevista aquí. Así que entré. Vi un montón de gente esperando la entrevista. Me senté en una de las sillas y esperé mi turno. Todas las chicas sentadas estaban ocupadas con su maquillaje, su pelo y su vestido.
Creo que sólo soy yo la que está vestida así. Estoy segura de que alguna de ellas conseguirá el trabajo antes de que llegue mi turno. Pero una a una todas salió con cara triste.
Entonces finalmente llegó mi turno. La señora me llamó:
-Señorita Simons, por favor, entre.
Asentí y me levanté de mi asiento. La seguí dentro. Mis ojos recorrieron primero toda la oficina.
¡Wow! Todo aquí es tan genial.
Entonces mis ojos se posaron en la persona sentada en la silla.
¿Por qué me resulta familiar este tipo?
¡Joder! Estás tan condenado.
¿Por qué?
Mis ojos se abrieron de par en par.
Espera. Él es....
Sí, lo es.
¡No, no, no! ¡Mierda! Seguro que ahora no voy a conseguir este trabajo.
Me mordí el labio con nerviosismo. Creo que él se dio cuenta y una sonrisa de satisfacción apareció en sus labios. Me quedé como una estatua.
Entonces miró a la señora que estaba a mi lado y dijo:
-Norma, por favor, hazme un favor, aplaza todas las demás entrevistas. Creo que necesitaré tiempo para ésta.
Mis ojos, que ya estaban muy abiertos, se abrieron más ahora.
Pero, ¿por qué? Por qué quiere más tiempo conmigo.
No lo sé. Esa sonrisa parece tan malvada. Pero tienes que admitir que se ve sexy.
Cállate pervertida.
-Sí, señor-. La señora llamada Norma dijo y salió después de decirme La mejor de las suertes.
-Gracias.
Bueno, eso lo necesito mucho ahora.
Entonces me miró de nuevo sonriendo.
-Por favor, tome asiento señorita...- luego bajó la mirada al expediente que tenía en la mano y continuó -Simons.
Me acerqué a él y me senté en la silla que estaba frente a él.
Comenzó de nuevo.
-Entonces, ¿cómo se siente señorita Simons?
-Umm... Yo-yo- no pude encontrar palabras.
-Parece usted nerviosa señorita Simons y eso no me gusta.
Me volví a morder el labio y bajé la mirada.
Me pregunto por qué no ha empezado a sangrar el labio todavía.
Entonces se levantó de su asiento y se dirigió hacia mí. Se apoyó en la mesa frente a mí.
Estaba muy cerca de mi asiento. Mi respiración se entrecorta por la cercanía.
Antes de que diga nada, creo que debería darle una explicación.
Sí, debería hacerlo.
Ya, pero no hables demasiado.
-Lo siento mucho. Anoche estaba borracho y perdí la cabeza. No suelo beber, pero anoche estaba tan dolida que fui al club. Sé que fue muy estúpido por mi parte hacerlo. Incluso te llamé secuestrador. Lo siento. Sabes que me sentí muy culpable esta mañana y empecé a enloquecer y luego pensé que huir era la única forma segura. Lo siento y también gracias por salvarme anoche o ese camarero me habría enviado a esa habitación y no sé qué habría pasado. Y lo de la habitación, no soy lo que tú crees-. Me detuve cuando se agachó a la altura de mis ojos, acercando su rostro a mí. Mis ojos se abrieron de par en par.
¿Qué está haciendo?
-¿Qué estoy pensando señorita Simons? -, dijo en un tono extremadamente oscuro. Tragué saliva con fuerza.
-E-Estoy- No puedo hacer esto.
-Lo eres.
-Lo estoy haciendo.
-Estoy escuchando señorita Simons.
-P-Puede parar, por favor.
-¿Detener qué señorita Simons?
-Deje de acercarse a mí de esa manera.
-Pero anoche sólo querías esto, supongo, cuando tiraste de mí.
Mis ojos se abrieron de par en par, me levanté de mi asiento y me alejé de él.
-Te dije que eso era porque estaba borracha.
Él sonrió mirando hacia mí.
-Dame una razón válida por la que debería darte este trabajo. Tal vez puedas emborracharte de nuevo y Dios sabe lo que harás. No puedo arriesgar la vida de mi hijo dándole el trabajo a alguien como tú.
¿Su hijo? ¿Él es el padre?
No sé por qué, pero al escucharlo sentí que me dolía el corazón.
-Te prometo que no volveré a hacer eso. Cuidaré bien de su hijo y no suelo ser así, sé que di una mala impresión en nuestro primer encuentro, pero le prometo que no volverá a ocurrir. Por favor, realmente quiero el trabajo. No puede juzgarme por un solo encuentro. Por favor Señor.
-Miller. Mark Miller-. Contestó.
-Sí. Señor Miller. Le prometo que no volverá a ocurrir. Cuidaré bien de su hijo.
-Bien. No es por todas tus súplicas sino porque veo algo en ti. Que puedes manejarlo. Así que estás contratada.
-¡De verdad! Muchas gracias señor Miller. Gracias.
Entonces se levantó de la mesa donde estaba apoyado, se ajustó el abrigo y se puso delante de mí con las manos en los bolsillos del pantalón.
-Hay algunas reglas que debe seguir señorita Simons.
-¿Qué reglas?
-Regla número uno: no le pondrás la mano encima. Si, aunque sea una vez me entero de ello. Te enfrentarás a lo peor. Número dos: no perturbarás mi privacidad. Número tres: hay algunas zonas prohibidas en la casa donde no se permite ir a nadie, no te atrevas a ir allí. Número cuatro: no lo sacarás de la casa sin mi permiso. Número cinco: No recibiré a ningún otro hombre en mi casa, por ejemplo, a tu amigo o novio.
-De acuerdo... Pero cuál es el horario de mi trabajo.
-Es de ocho a siete. Todos los días excepto el domingo.
Asentí con la cabeza.
-Y por tu salario. Serán Diez mil dólares.
Mis ojos se abrieron de par en par. No está bromeando, ¿verdad?
-Umm. creo que he oído algo mal. ¿Puede repetirlo, por favor?
-No, señorita Simons, lo ha oído bien. Son Diez mil dólares.
-¿No crees que es demasiado?
-No. No lo creo.
Entonces volvió a su asiento y se sentó en la silla.
-¿A partir de cuándo empiezo a trabajar entonces? -. Le pregunté.
-Mañana. A las ocho de la mañana en punto. Sé puntual o prepárate para despedirte del trabajo.
Asentí con la cabeza.
-Espero que aún recuerdes la dirección-. Dijo con una sonrisa de satisfacción.
Asentí con la cabeza.
¡Ja! Por fin tengo un trabajo.