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Una noche, dos frutos

Una noche, dos frutos

Autor: : PEPPI DEL CASTILLO
Género: Romance
Hace cinco años, la familia Powell quebró. Madeline Powell dio a luz a gemelos; dejó uno con el padre del niño y se llevó al otro. Años espués, Madeline regresó como líder de Internet de opinión. Sin embargo, alguien se enteró de su regreso. El hombre la pellizcó por la barbilla y se burló fríamente: "Has publicado muchos videos en Internet, ¿qué tal filmamos algo picante juntos?". Los ojos de Madeline se abrieron y su garganta se secó. Al día siguiente, vio a un niño pequeño que se parecía exactamente a su hijo en la casa del hombre. Madeline no pudo evitar besar la mejilla regordeta del pequeñito. Sorprendentemente, el niño no estaba contento. Puso una cara solemne y preguntó: "¿Qué estás haciendo?". Madeline estaba furiosa. ¿Cómo pudo ese hombre haber hecho que su hijo fuera tan desagradable como él?

Capítulo 1 Un regalo de cumpleaños especial

"¿Eres siquiera mayor de edad?".

Bajo la influencia de la droga, Madeline Powell respondió con el último atisbo de razón que le quedaba: "¡Por supuesto! ¡Acabo de cumplir dieciocho hoy!".

"Y decidiste prostituirte nada más cumplir la mayoría de edad, ¿eh? ¿En serio estás tan mal de dinero? ¿O simplemente te mueres de ganas por acostarte ya con hombres?".

El hombre que hablaba le sostuvo la barbilla y se la levantó como si inspeccionara una posesión recién adquirida.

Sus ásperos dedos le acariciaron suavemente la cara a la joven hasta que, de repente el tipo se la pellizcó con fuerza y la obligó a mirarlo a los ojos. La chica desprendía una suave fragancia y sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas debido a los estupefacientes ingeridos, una seducción silenciosa para el hombre, cuyo miembro se estaba endureciendo entre sus piernas por momentos.

Sin embargo, era bien sabido que los depredadores de alto nivel eran pacientes en lugar de apresurar las cosas, y por lo tanto, el hombre se dispuso a llevar los dedos por dentro del camisón de ella, encontrándose con sus partes femeninas ya húmedas. Madeline gritó ante su repentina intrusión, pero antes de que pudiera retirarse, sus labios descendieron sobre los de ella, la cual inconscientemente rodeó el cuerpo de su acompañante con sus muslos.

"Relájate. No seas impaciente", dijo él, que aflojó un poco su agarre.

"Date prisa...", lo instó ella, aturdida.

Entonces el hombre, con ojos ávidos, pero con paciencia, se inclinó sobre ella de nuevo y sonrió.

"Eres solo una jovencita...", dijo, haciendo una pausa y mirándola unos segundos. A continuación, se apartó y dio un paso atrás con frialdad, tomando una decisión firme al decir:

"No tienes lo que quiero en una mujer, de manera que vete". Esas palabras hicieron que el hombre pareciera mezquino y distante, y efectivamente, a Madeline le provocaron un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Sin embargo, ella había venido a este lugar dispuesta a arriesgarlo todo, por lo que no quiso tomar un no por respuesta, sino que, al contrario, se echó hacia delante para tratar de coquetear con él de nuevo.

"¿Cómo lo sabes si ni siquiera me has dado una oportunidad?", comentó, procediendo después a quitarse la camisa blanca y luego el sostén de encaje, para dejar al descubierto su hermoso torso bajo la tenue luz. Agarrando la copa de vino tinto a su lado, se echó el líquido sobre el cuerpo y el frío la hizo temblar, aunque eso no la detuvo cuando argumentó:

"Uy, me he puesto perdida. Como comprenderás, no puedo salir así". El vino le bajaba desde el cuello, por las clavículas y hasta las puntas de los senos, haciendo que su cuerpo joven y atractivo se luciera al máximo, y en consecuencia, volviendo loco al hombre.

"Mmm, sí que hace frío aquí...". La mujer se aferró a él con total sumisión, arqueando ligeramente la cintura.

"Tú lo has querido".

El hombre se quedó atónito durante unos segundos, si bien se le abalanzó sobre ella en cuanto logró volver en sí.

Le agarró el vestido rojo por la parte que aún le cubría los muslos y tiró hasta que la fina tela tapó el rostro de Madeline.

Desde un principio, no había podido ver claramente las facciones del hombre porque la lámpara con luz tenue era lo único que iluminaba la habitación, y ahora, en esta nueva posición, lo único que podía vislumbrar era el contorno de su cuerpo encima del de ella.

Por el contrario, la desnudez de la joven quedó completamente expuesta a los ojos del más experimentado, y en ese instante, la tensión que notó por dentro no ocultó lo nerviosa que estaba, sobre todo cuando las grandes manos del hombre se deslizaron lentamente por su cuello y torso, deteniéndose en sus rosados pezones.

La droga estaba acabando con todas las inhibiciones de la chica, ya que su cuerpo no pudo evitar responder a las caricias del hombre, y temblando de deseo, se sorprendió al sentir la urgencia de querer ser penetrada de inmediato.

Cuando él vio su desesperada reacción, la mirada se le endureció, puesto que toda la ternura del momento anterior se había esfumado. ¿Cómo iba a apiadarse de ella si se estaba comportando de tal manera?

De esta forma, le abrió descaradamente las piernas de par en par sin dudarlo y se hundió en lo más profundo de su ser.

"¡Ay, cuidado! ¡Duele!".

La delicada mano de Madeline presionó el pecho del hombre en un intento de apartarlo, si bien no tenía fuerza suficiente para obligarlo a moverse, por lo que resultó en vano.

Acto seguido, el cuerpo se le puso rígido, lo que hizo que el hombre se volviera aún más violento con ella, así que, cada vez que empujaba más, llegaba más profundo. Sin embargo, el cuerpo de la joven reaccionó automáticamente a aquellos instintos primarios y se movió en sintonía con el suyo, aunque ni la expresión que mostraba en el rostro con el ceño fruncido despertó ningún sentimiento de piedad en el hombre.

La mujer no tenía idea de si se había adaptado gradualmente a su fiereza o si la droga había hecho efecto por completo, pero tan pronto como dejó escapar un grito de placer, su rostro se sonrojó de inmediato, de modo que se mordió la lengua con fuerza, tratando de sofocar el sonido enseguida.

Aquellas reacciones no hicieron sino alentar más al hombre, quien, a medida que sus movimientos se volvían más frenéticos, la besaba con más violencia y urgencia, haciendo que sus delicados labios se pusieran rojos.

Efectivamente, el roce de piel contra piel hizo que la temperatura de toda la suite de hotel subiera sustancialmente.

A la mañana siguiente, Madeline se despertó y se encontró sola en la habitación, dándose cuenta de que había ropa y pañuelos esparcidos por el suelo, signos de la noche de pasión reciente.

No obstante ahora, cada vez que la mujer se movía, sentía como si su cuerpo estuviera siendo desgarrado por dentro, aunque después de bastante esfuerzo para levantarse de la cama, recogió su ropa y se vistió.

El momento en que vio la notificación en su teléfono de una transferencia de dinero, corrió de inmediato al hospital municipal y no pensó ni en mirar dónde podría estar ese hombre.

Mientras tenía el dinero, su madre podría recibir el tratamiento, y nada era más importante para ella que eso, ni siquiera su propia virginidad.

Después de pagar las facturas médicas, Madeline le tomó la mano por última vez antes de que las enfermeras se la llevaran a la sala de operaciones, y tras esperar cuatro horas hasta que salió el médico, le dijeron que, al menos de momento, estaba estable. Al escuchar esto, se apoyó contra la pared y dejó escapar un suspiro de alivio, sin saber que las consecuencias de la noche anterior estaban lejos de terminar.

En unas pocas semanas, la joven descubrió que estaba embarazada, a pesar de solo haber tenido relaciones con un hombre aquella noche.

Afortunadamente, todo lo que tenía que hacer durante los siguientes meses era cuidarse bien; por lo visto, la persona que la había contratado era muy generosa, de modo que recibiría dinero todos los meses, suficiente para cubrir los gastos de atención médica de su madre.

Con el paso del tiempo, su vientre comenzó a aumentar de tamaño, mientras que el estado de su madre se seguía manteniendo estable; de forma que, justo cuando la chica empezaba a pensar que finalmente podría llevar una vida pacífica, recibió un aviso del hospital diciendo que su madre había empeorado de repente.

Para entonces, la joven estaba embarazada de ocho meses, y aunque se apresuró a llegar al hospital tan rápido como le fue humanamente posible, no pudo verla por última vez antes de que muriera.

Debido a semejante torbellino de emociones, se puso de parto prematuro.

"¿Qué hacen? ¡¿Qué es esto?! ¡Deténganse! ¡Déjenme ver a mi bebé!".

Antes de que Madeline pudiera recuperarse del dolor de perder a su madre, un grupo de personas irrumpió y se llevó a su hijo, sin que tuviera siquiera la oportunidad de tenerlo entre sus brazos.

"¡Ay, que viene otro!", escuchó a la enfermera decir, en medio de su aturdimiento.

Con las últimas fuerzas que le quedaban debido al esfuerzo del parto, abrió los ojos con pánico cuando vio a la enfermera sosteniendo a otro bebé cubierto de sangre.

"Por favor...", rogó, alargando sus manos temblorosas hacia la enfermera y el recién nacido.

"Déjeme ver al bebé", añadió, ante lo cual se le ablandó el corazón a la otra mujer allí en la habitación. Después de envolverlo en una manta, se lo entregó a la pobre madre, quien, a la vez que la enfermera salía, se levantó de la cama y salió tambaleándose del hospital con el bebé en brazos, sin importarle demasiado el cansancio que sentía tras haber dado a luz a gemelos.

Al fin y al cabo, este último bebé era la única familia que le quedaba ahora, de manera que no podía permitir que esas personas también le quitaran a esta niña.

Allí mismo se juró a sí misma que no dejaría que le pusieran una mano encima. ¡Vamos, de ninguna manera!

Una hora después, cuando ese grupo misterioso recibió la noticia de que había nacido un segundo bebé, regresaron al hospital, donde solo encontraron la cama deshecha y las sábanas manchadas, puesto que ya no había ni rastro de Madeline.

Capítulo 2 Primer encuentro con la escoria

Cinco años más tarde...

Madeline se encontraba trabajando frente a la computadora cuando un pequeñín irrumpió por la puerta con una pila de juguetes en sus manos, y tirando del dobladillo de sus jeans, dijo:

"Mami, ¿quieres jugar conmigo?".

Dándole unas palmaditas suaves en la parte superior de la cabeza, la mujer respondió: "Cariño, lo siento mucho, pero no puedo ahora. Puedes jugar solo, ¿verdad?".

Frunciendo el ceño con disgusto, Benny Powell se dio media vuelta con tristeza, murmurando: "Está bien, no te seguiré molestando".

El corazón de Madeline se hundió ante esa reacción, por lo que trató de evitar que se fuera haciendo un leve gesto con la mano.

De repente, apareció un cuadro de diálogo en la pantalla de la computadora, que decía:

"¡Maddie! ¡Ha llegado un gran pedido!". Tras leer el mensaje

de su agente, la chica se quedó pensando por un momento, hasta que contestó:

"¿De qué se trata? Necesito más información".

"Te enviaré el contacto del cliente para que te dé los detalles, ¿de acuerdo?".

"Está bien", escribió Madeline con una sonrisa.

Al rato, después de conversar alrededor de treinta minutos a través de la aplicación de mensajería instantánea, Madeline finalmente consiguió los detalles del trabajo.

El cliente la quería contratar para desacreditar a Julius Glyn, el distinguido director ejecutivo del Grupo Glyn.

Según la gente, el hombre era un tipo frío y astuto que no estaba interesado en las mujeres ni tenía ninguna inclinación por el juego, las drogas o el alcohol.

En pocas palabras, era un sujeto sumamente correcto e inalcanzable.

No obstante, el cliente le había comentado a ella que el individuo difería mucho de lo que se le había hecho creer al mundo. Según esa persona, todo era parte de una fachada.

De hecho, el señor Glyn le había mentido a la hermana del cliente, llevándola incluso al extremo de intentar suicidarse en varias oportunidades.

Como evidencia, le envió algunas fotos de los brazos de la chica, que revelaban cicatrices y heridas profundas.

En circunstancias normales, su agente verificaría la mayoría de los documentos proporcionados por el cliente.

De cualquier manera, el cliente exigía que esa máscara de hombre perfecto que tenía Julius fuera expuesta al público.

Después de empaparse más sobre el asunto, Madeline, la reina del manejo de la opinión pública en internet, aceptó el caso.

Al día siguiente, debido a la dificultad de su nueva misión, decidió disfrazarse antes de salir de casa.

Mientras tanto, el pequeño Benny la observaba sentado en la cama, balanceando sus piernitas adelante y atrás, e inclinando la cabeza al tiempo que ella se cambiaba de ropa una y otra vez.

"¿Vas a salir, mami?".

Al oír eso, la mano de la joven dejó de abotonarse la camisa, y mirándolo por el reflejo del espejo, contestó: "Sí, bebé, tengo que ir a trabajar. ¿Te parece bien quedarte en casa?".

"¡No, mami! ¡Llévame contigo!", exclamó el chiquillo haciendo un puchero, saltando de la cama para aferrarse a la pierna de Madeline, quien de inmediato detectó que no sería nada fácil convencerlo esa vez.

Al final, el niño podría impedirle salir...

Entonces, sintiendo un ligero dolor de cabeza, trató de persuadirlo de otra manera. "Cariño, voy a salvar el mundo venciendo a los malos. Eres demasiado joven para acompañarme".

"¡Guau! ¿Mami, eres una superheroína? ¿Vas a enfrentarte a los tipos malvados?".

"Sí, lo soy", dijo ella, esforzándose por no reírse.

Allí, mirándola con adoración, Benny cambió de opinión y le indicó que se fuera.

Antes de marcharse, Madeline le repitió varias veces que no le abriera la puerta a nadie, y que no se acercara a ciertas áreas de la casa. Después de todo, más tarde la niñera usaría su llave para entrar.

"¡Sí, mami, ya lo sé! Tienes que dejar de molestarme. ¡Ya vete! ¡Adiós!".

Dicho eso, cerró de un portazo, dejando a Madeline inmóvil durante unos segundos antes de que se diera cuenta de lo que acababa de ocurrir. A decir verdad, le divertían las acciones del chico.

Pasada media hora, Madeline apareció frente a la sede del edificio del Grupo Glyn, luciendo encantadora.

Ya había enviado su currículum al sitio web oficial de la compañía la noche anterior, postulándose para el puesto de asistente temporal del director ejecutivo. Para su sorpresa, la habían llamado bastante rápido para agilizar su contratación.

A pesar de que apenas llevaría tres días trabajando en ese puesto, era mucho tiempo para ella.

Ya en las instalaciones de la empresa, Madeline tomó el ascensor hasta el último piso, actuando como si hubiera estado allí antes.

El ascensor pronto se detuvo con un suave tintineo. Entre la gente que se apretujaba para salir, la pobre iba tambaleándose y sin poder caminar erguida por culpa de sus tacones altos. De hecho, casi tropezó al no poder mantener el equilibrio, arriesgándose a lesionarse el tobillo.

"¿Qué ocurre con toda esta gente? Realmente son... ¡Argh!".

En el pasillo, la joven se estaba arreglando la falda cuando de pronto la multitud se emocionó mucho.

Siguiendo la mirada de todos, Madeline vio a una figura alta que se acercaba desde la distancia.

"¡Oh, Dios mío! No puedo creer esto. ¿Ese es el director general? ¡Este es nuestro día de suerte! ¡Al fin podremos conocerlo! ¡Es increíblemente hermoso!".

Enseguida los ojos de Madeline se agrandaron cuando escuchó esas palabras clave, y al notar que la persona se acercaba, no pudo evitar tragar grueso.

Las fotos que le habían mandado no se parecían en nada al hombre que tenía en frente.

¡Julius era cien veces más atractivo en persona que en fotos!

No era de extrañar que la hermana del cliente estuviera tan loca por ese tipo.

Sacudiendo la cabeza, Madeline suspiró profundo, recordándose a sí misma que ese hombre era una escoria que había jugado con los sentimientos de una chica indefensa.

Sin importar lo guapo que fuera, siempre que la palabra 'escoria' estuviera asociada con él, lo detestaría con su alma.

Una vez que el hombre se fue, todos los empleados se dispersaron, menos Madeline, que siguiéndolo de cerca, se subió un poco la falda y sostuvo su cartera con seguridad mientras mantenía la cabeza gacha.

"¿Es la nueva asistente?".

Como no había previsto que Julius se detuviera y se diera la vuelta, Madeline se estrelló contra el pecho del hombre.

"Oh... Mmm... sí, hoy es mi primer día".

Dando un paso atrás frotándose la nariz con la palma de la mano, Madeline le sonrió.

Por su lado, Julius frunció el ceño y la miró con indiferencia. Luego, la examinó de arriba abajo hasta posar su mirada en la falda corta de la chica.

"¿Está segura de que no ha venido al lugar equivocado?", soltó.

Capítulo 3 Salir conmigo

Poniéndose nerviosa, y sin saber si lo había malinterpretado, Madeline sacó su carnet de identificación de la empresa para mostrárselo con una sonrisa: "No, mire... Trabajo aquí".

"Oh, ¿en serio?", replicó Julius, quitándole el carnet de la mano para verificarlo. "Mmm... bueno, desafortunadamente para usted, está despedida. Por favor, salga de aquí de inmediato".

Semejante declaración dejó a Madeline boquiabierta. ¡Hasta se había aplicado su mejor maquillaje para verse lo mejor posible!

¿De verdad no estaba interesado en una mujer elegante y bien arreglada?

"¡Espere un minuto!", exclamó la chica al volver a sus sentidos, corriendo a detener a Julius.

"¿Puede al menos decirme la razón por la que me acaba de despedir? Considero que no está bien echar a un empleado solo por su apariencia. ¡No puede pasar por alto mis notables capacidades para el trabajo!".

Sacudiendo la cabeza, Julius se dio media vuelta para responder: "¿Se vio en el espejo antes de venir aquí? ¿Por qué se viste de esa manera? Su mera presencia puede afectar la eficiencia y el enfoque de nuestra fuerza laboral masculina".

"¿Ah? ¿A qué se refiere con eso?", preguntó Madeline con cara de sorpresa, ajustando el pronunciado escote de su camisa. La verdad era que no se había dado cuenta de que si tiraba un poco más de él, sus senos redondos quedarían expuestos.

"Bueno, eche un vistazo a su alrededor y dígame qué opina", contestó Julius, viendo hacia otro lado.

Siguiendo la mirada del hombre, Madeline notó que todos los empleados masculinos parecían estar comiéndose su curvilínea figura con los ojos.

Tanta atención provocó que la joven se pusiera roja como un tomate por la vergüenza. Aun así, se le ocurrió una brillante idea. Entonces, miró a cada uno de los sujetos presentes y gritó: "Además de mi gran talento, confío en que también podría mejorar la eficiencia laboral de la oficina si me permite conservar mi trabajo".

Alzando una ceja, el interés de Julius se despertó, por lo que cruzándose de brazos, le pidió que continuara.

Satisfecha con su reacción, la chica se volteó hacia los empleados varones para pronunciar las siguientes palabras: "Tendré una cita con quien cumpla con sus labores primero hoy".

Su audaz oferta funcionó de inmediato, pues en cuestión de segundos, todos comenzaron a teclear vigorosamente frente a sus computadoras, sumergiéndose en sus trabajos con entusiasmo.

A su lado, Julius le dedicó una leve sonrisa antes de darse la vuelta para irse.

Sin embargo, Madeline no iba a dejar escapar la oportunidad, así que volvió a alcanzarlo para consultar con una risita nerviosa: "¿Entonces... puedo recuperar mi trabajo? ¿Qué dice, señor Glyn?".

Sin detenerse, Julius le arrojó el carnet de empleada.

Él era un hombre inteligente que no rechazaría a nadie que fuera útil para su empresa.

Aturdida, Madeline recogió el carnet, y observó a Julius entrar a su oficina mientras trataba de procesar todo lo que acababa de suceder. Luego, apretando los puños con una sensación de júbilo, se animó a sí misma en silencio.

La mujer creía que era solo cuestión de tiempo para que Julius cambiara su actitud indiferente hacia ella.

Casi una hora después, su apuesto jefe salió de la oficina con un maletín en la mano. Al verlo, Madeline se quedó sin aliento por el asombro.

¡No esperaba que terminara su trabajo tan rápido! Julius caminaba con gracia hacia el ascensor con su habitual expresión de indiferencia, al tiempo que Madeline sonreía ante la agradable sorpresa que se había llevado.

¡Las cosas habían resultado exactamente como ella las esperaba! ¡Ya ni siquiera necesitaba pensar en cómo lidiar con esos sujetos aburridos de la oficina!

Acto seguido, se miró rápidamente en el espejo, agarró su cartera, y corrió a su encuentro.

"¡Señor Glyn! Como yo soy una mujer de palabra, me complace informarle que es el primero en terminar su trabajo el día de hoy. Dígame, ¿a dónde me llevará en nuestra cita?", le lanzó con una brillante sonrisa.

Resoplando con desdén, él replicó con frialdad: "¿Salir conmigo?".

"¡Sí! Será un placer tener una cita con usted".

Apartando la mirada, Julius miró su reloj antes de decir: "Lo siento, pero no me interesa. Además, tengo cosas más importantes que hacer".

Tan pronto como el chico terminó de hablar, el ascensor llegó a la planta baja, y salió del mismo dejando a Madeline petrificada. De alguna manera estaba convencida de que había una chispa entre ellos a pesar de su negativa inmediata.

A fin de cuentas, a lo largo de su vida ella se había topado con muchos hombres que decían una cosa cuando en realidad querían otra, así que el rechazo de Julius no era gran cosa para Madeline, que después de recuperar la compostura, continuó persiguiéndolo.

"Señor Glyn, ¿por qué no lo reconsidera? Soy una mujer que sabe cumplir órdenes. No se preocupe, si en algún momento quiere terminar la cita, me iré sin problemas. No hay nada de malo en invitarme a una comida sencilla y ver qué pasa. ¡Tal vez disfrute de mi compañía!".

Dejando de caminar, Julius le lanzó una mirada penetrante, diciendo: "Nos vemos en la puerta de la empresa mañana a las seis de la tarde en punto. No me haga esperar".

¿Qué? ¿Finalmente había accedido a salir con ella?

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