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Una novia falsa para el CEO

Una novia falsa para el CEO

Autor: : Anet Montoya
Género: Romance
Para quitarse de encima a su madre y a su familia, Daniel Crawford se ve en la necesidad de buscar una novia falsa. Cansado de que siempre le organicen citas a ciegas con mujeres que no le interesan, no tiene otra opción que conseguí a alguien provisional y de esa forma presentarla como su novia frente a todos, pues solo así se podrán calmar las cosas, eso piensa él. Audrey Turner está por cumplir cinco años trabajando en la empresa Crawford como secretaria de la presidencia; tiene una vida monótona a la que fácilmente se acostumbró y no quiere abandonar. No obstante, llega el día en que todo su entorno cambia inesperadamente, tanto en lo laboral como en lo personal. Audrey no sabrá qué hacer cuando le presenten a su nuevo jefe, pues esos dos ya se habían conocido y no fue de un modo nada agradable. A pesar de eso, él le propone que se haga pasar por su novia, una proposición que ella no podrá evitar por tanto tiempo. (Serie Mundo CEO Libro #1)

Capítulo 1 1

AUDREY

Tengo al mejor jefe y el mejor trabajo del mundo. Aunque muchos me digan que ser secretaria no es la gran cosa del mundo, para mí si lo es.

Mi madre lleva años criticando mi empleo, y no es porque menos precie lo que hago, sabe que soy buena, sino porque ella deseaba que yo obtuviera un puesto más alto. Pero mi padre siempre me apoya y me da la fuerza que necesito para poder seguir adelante.

Mis padres son los mejores, jamás me he quejado de ellos, los adoro como son y aunque Ronny no sea mi padre biológico, para mí es como si lo fuera. Se casó con mi madre cuando tenía ocho años, desde entonces es el único hombre que he conservado en mi vida.

Y es que él se había sabido ganar mi corazón, con solo amar y cuidar de mi madre, con eso ya tenía mi respeto y mi cariño.

Cómo todas mis mañanas rutinarias, me levanto en cuanto suena mi alarma, me voy directo al baño y me aseó. Minutos después salgo y me visto rápido.

Falda negra entubada a las rodillas, camisa celeste de manga larga con botones, mi pequeño saco que hace juego con mi prenda de abajo. Tengo a elección muchísimos trajes para oficina, casi todo mi guardarropa está lleno de eso, cosa que detesta mi mejor amiga Nelly.

Termino de maquillarme y peinarme, una coleta alta y simple es el peinado perfecto para comenzar la semana. Salgo de mi habitación y me dirijo a la cocina, tostó un poco de pan y mientras el agua de la cafetera se calienta.

Ni tiempo tengo de sentarme, muy apenas logro darle dos mordidas a mi pan tostado y un sorbo a mi café, cuando el timbre suena.

Me sacudo las migajas del pan mientras camino hacia la puerta y la abro.

-No me digas que todavía no estás lista -exclama mi Nelly mientras entra a mi apartamento.

-Lo estoy, solamente estaba desayunado algo rápido -digo, cerrando la puerta detrás de mí.

-Pan y café, por Dios, Audrey, ¿qué te he dicho del gluten y de la cafeína?

-Lo sé, lo sé, el gluten hará que mi trasero sea más enorme y la cafeína afectará mis horas de sueño, y eso sin contar todas las calorías por la azúcar y la crema -giro los ojos cansada del mismo argumento -Solo es una taza de café, no es como si me fuera a quitar el sueño para toda la vida y vaya a engordar cincuenta kilos.

-Sueles tomarlo cada mañana y sé que también lo haces por las noches cuando traes trabajo a casa.

Suspiro exasperada.

-Estás peor que mi madre -replico -¿Has venido por mí o has venido a regañarme?

-Nunca dejaré de hacerlo hasta que entiendas -afirma -Bueno, si ya estás lista hay que irnos, porque debemos pasar primero por algo que si nos sirva y nos nutra.

Nuevamente, suspiro porque ya sé que significa eso. Tomo mi saco y mi bolso, y salimos de mi apartamento.

Veinte minutos hacemos a la cafetería, la cual queda a dos cuadras de la empresa donde trabajamos. Nelly me hace entrega de mi café descafeinado sin azúcar y crema, y de una galleta integral que no se ve nada apetecible, pero que me tendré que comer si quiero sobrevivir antes de medio día. Tampoco puedo ser descortés, sé que ella lo hace con buena intención. Así que acepto mi desayuno light con una sonrisa medio forzada.

Mi amiga está obsesionada con llevar una vida fitness, es bueno, lo sé, pero de vez en cuando tampoco tiene nada de malo comerse una hamburguesa o una rebanada de pizza. Aunque para ella sí lo es.

Con mi café en una mano y mi galleta en otra, caminamos hacia el edificio. El guardia de la entrada nos ayuda abriéndonos la puerta de cristal, tan amable como siempre.

Acompaño a Nelly a su puesto. Es una de las recepcionistas de la planta baja, el área central de todo el edificio.

-Te veo a la una en la cafetería, ¿o deseas que vayamos a Lord Breakfast?

Lord Breakfast es el restaurante más cerca que tenemos en el trabajo, habitualmente la mayoría de los empleados de aquí van a la hora de su descanso a ese lugar a comer, pues es lo más cercano que hay para alimentarse apropiadamente.

-Está bien como tú quieras.

Lo que sea que elegirá, al final iba a terminar comiendo una ensalada y si me iba bien, quizás un filete de pescado ahumado.

La dieta y el ejercicio me está matando, pero no puedo revelarme porque mi amiga sería capaz de asesinarme con la cuerda que utiliza para saltar.

Luego que me despido de mi amiga camino en dirección hacía los elevadores. Es temprano, tengo la ventaja de que no se llene a esta hora del día, pues por lo general a todos se les ocurre llegar a la mera hora de entrada.

Me toma varios minutos llegar al nivel de mi piso, número cincuenta, es el piso de la presidencia, por ahora. ¿Cuántos niveles más le agregarán a este edificio?

Voy a cumplir cinco años trabajando en este lugar, y desde entonces han agregado más de diez pisos, podía decirse que ya era un rascacielos, pues desde afuera se puede ver enormemente alto.

Y no hablemos del interior, es amplio y lleno de oficinas y cubículos. Las paredes son de cristal y desde cualquier piso se puede ver la ciudad.

Y lo más curioso es que les temo a las alturas y trabajo en la plata más alta de este edificio, agradezco que mi área esté lejos de las ventanas.

En cuanto las puertas se abren salgo. El gran logo de la empresa es lo primero que se visualiza en la alta pared cuando entro al vestíbulo de la presidencia, con letras grandes en tono plateado reluce el nombre de nuestro CEO, mi jefe. Crawford.

-Hola, Maggi -saludo al entrar a la recepcionista que está encargada de esta planta. Es una chica joven y guapa, de tez morena y cabello oscuro largo, es muy simpática, pero también diría que le gusta mucho el chisme. Aun así, me agrada.

-Hola, buenos días, Audrey -dice con una amable sonrisa -El señor Crawford ya está en su oficina, preguntó por ti cuando llegó.

Oh, por Dios, no esperaba que madrugara tan temprano. Bueno, no digo que no lo haga y ande en su casa a esas horas de la mañana, sino que nunca llega antes que yo, eso sí que es extraño.

-Bien, gracias, Maggi -digo y salgo esquivando el mostrador por el lado derecho.

Corro por el pasillo no tan largo, pero, aun así, corro para llegar más pronto. Giro a la derecha y llego al espacio abierto amplio dónde está mi escritorio y una sala de espera al frente.

Dejo mi bolso y mi desayuno sobre la mesa de vidrio que tiene mi escritorio y nuevamente salgo dispara, está vez rumbo a la oficina de mi jefe.

Respiro hondo en cuanto me detengo frente a la puerta gruesa de cristal, atrevés de ella se podía visualizar una silueta a pesar de que el vidrio es algo opaco, no se consigue ver mucho desde aquí y desde adentro tampoco. Ese es un alivio, si no no estuviera aquí de pie como tonta mientras recupero el aire.

Doy dos ligeros golpes en la puerta para avisar que ya me encuentro aquí. En cuanto escucho: pasa. Luego de recomponerme del casi maratón que tuve hace momento, abro y me introduzco en la gran oficina.

-Buenos días, señor -digo inmediatamente antes de acercarme hasta el escritorio.

-Buenos días, Audrey -su tono es serio como todos los días, pero cortés.

Mi jefe es alguien agradable, a sus casi sesenta años el hombre se ve bien conservado, y es entendible, pues, acostumbra a hacer algo de ejercicio. Sé que de vez en cuando va al gimnasio y al golf, lo sé porque yo agendo y le aviso de sus citas y juntas, y en ocasiones cuando le llamo me ha tocado interrumpirlo en alguna de sus actividades.

-Me sorprendió tenerlo aquí tan temprano.

No tengo pena en ser directa con él, por lo general nunca le gustaba nada, es por eso la confianza que me ha otorgado. Mi jefe siempre se ha mostrado caballeroso y amable conmigo, apenas de ser una simple secretaria.

-Si lo sé, hoy quise venir temprano porque hay muchos pendientes que se deben arreglar antes de la llegada de Daniel.

Frunzo los labios. «¿Daniel?»

Quería preguntar si se refería a su hijo, no tenía el placer de conocerlo, solamente había oído de él. Los chismes en la empresa corren como pólvora y se habla de muchas cosas sobre él, pero lo que más les gusta a mis compañeras decir todo el tiempo es lo guapo que esta.

Yo soy la típica compañera que ignora todo tipo de chismes, más si ser trata de mis jefes.

Aunque el hijo de mi jefe no trabaje aquí, también viene siendo alguien relevante para la empresa y de tal modo debo respetar su vida privada.

Una vez que lo pongo al tanto de todos los pendientes, me envía a organizar todo y a preparar una junta lo más rápido posible para antes de medio día.

Hoy será un día con mucho trabajo, eso quiere decir que llegaré muerta de cansancio a mi apartamento. Es bueno verle el lado bueno a las cosas, aunque no siempre las tenga.

Capítulo 2 2

DANIEL

-Madre, te he dicho millones de veces que no necesito una novia para presumir ante la sociedad, mi vida privada me corresponde a mí y no a los demás -me quejó por la bocina de mi celular.

-Ya es hora de que sientes cabeza hijo, tu padre tiene un ojo puesto en ti sobre eso -pronuncia -eso te ayudará a conservar tu lugar en la empresa, él lo ha dicho.

Dudo de eso, hasta ahora mi padre seguía siendo el CEO de la compañía Crawford, no quería pasarme el cargo porque no confiaba del todo en mí. Y ella estaba haciendo de todo para que consiguiera una novia, y así de esa forma mostrarle a mi padre que en verdad estoy tomando en serio mi vida.

A mi padre lo único que le importa son los negocios, que se llegue a enterar de que su hijo se ha follado una gran parte de las mujeres que habitan en Londres, eso solo ayudara a perjudicar más mi reputación delante de él, y no quería eso.

-Debo cortar la llamada, el avión está por despegar -el hecho era más que nada para no estar escuchando lo mismo de siempre.

Me cansa oír que a mi edad ya debo estar casado y con hijos, que no entiendan que todavía no estoy listo para dar ese paso, o quizás nunca lo esté.

Luego de finalizar la llamada me puse a contestar unos mensajes en mi correo electrónico, cosas relacionadas con la empresa. Me llevo la sorpresa cuando veo unas solicitudes de amistad de una página de citas, lo que me faltaba.

Mi madre había invadió toda mi privacidad. Ahora tiene a su poder mis cuentas y contraseñas de los correos y podía hacer uso de ellas las veces quisiera. Por más que las cambie vuelve a irrumpir mi vida privada.

Me gustaba mucho más Manhattan, no podía decir que Londres no era bello, pero no había nada mejor como regresar a casa.

Diez años fuera del país y de la familia, aunque no del todo porque ellos solían visitarme, más mi madre. Ahora volvía a mi sitio, deje un poco de mí allá, pero no importaba eso, aquí comenzaría de nuevo.

Me tuve que ver obligado a viajar porque mi padre había insistido que volviera a casa. No tengo idea de que está ocurriendo, espero no haya enfermado. Mi madre no me quiso decir que estaba pasando, solamente me apuro.

La casa de mis padres aparece a la vista cuando desciende el auto entre las redondas colinas verdes. La mansión Crawford, es muy grande para las dos personas que habitan ese lugar. Aunque el sitio esté arrebatado de empleados domésticos, aún sigue habiendo demasiado espacio de sobra.

Por más que les he dicho a mis padres que la vendan y se compren algo menos ostentoso, para mi madre es como un insulto hacerle ese tipo de comentario o sugerencia, ama el lujo y está acostumbrada a vivir de esa manera.

Bajo del auto en cuanto el chófer de mi madre se detiene en la entrada.

-Déjalo así, yo la tomo -le digo al hombre cuando va al maletero y trata de sacar mi equipaje.

Lo tomo y me dirijo a la puerta principal, antes de llamar, se abre y sale Josefina, el ama de llaves y la única persona que aguanta a mi madre, aparte de mi padre.

-Joven Daniel, ha llegado, es un gusto enorme volverlo a ver-me recibe con una gran sonrisa.

-Fina, aún después de treinta años sigues llamándome joven, para ti soy Daniel, aparte lo joven ya no va conmigo -la abrazo -A mí también me da un gusto enorme verte.

-Disculpe -dice apartándose, con una sonrisa apenada -Y no diga eso que todavía sigue siendo joven, apenas acaba de cumplir treinta años.

-Pues yo ya me siento viejo -sonrío, no me molesta admitirlo.

-Te estás poniendo viejo y se te está yendo el tren si no te consigues una novia pronto -aparece mi madre, de pie en el umbral de la puerta, con sus ojos fijos en mí.

Suspiró con pesadez y Fina rueda los ojos, algo inusual en ella, pero se gana mi atención y suelto una risa. No sé cómo la aguanta.

Amo a mi madre, pero es insoportable en algunas ocasiones.

-Que buena bienvenida, madre. Para ver sabido que me ibas a recibir de esta manera mejor me hubiera ido directamente a mi apartamento.

-Daniel -pronuncia mi nombre en modo severo.

Me acerco a ella y la rodeo con mis brazos después de dejar mi equipaje en el suelo.

-Yo también te extrañé madre -la alzó un poco mientras la sigo abrazando.

-Bájame, Danny, harás que caiga -dice entre risas, pero al igual abrazándome.

Sé que le agrada que sea así con ella. Mi madre ama la atención y más la de mi padre, la de mi hermano y mía.

Una vez que sus pies regresan al suelo, entramos a su modesta casa. Jala de mí hasta la sala. Sin parar de hablar de cosas que no le tomo mucha atención, pues solo habla de citas, chicas que ni en mi vida he escuchado sus nombres y sobre el tema de mi pequeño hermano, del cual siempre se queja. Se hace tarde y me levanto para irme.

-¿A dónde vas? -inquiero, al mismo tiempo que se puso de pie.

-A casa, a mi apartamento.

-No te puedes ir aún, deberías quedarte unos días o tan solo esta noche.

-Madre, sabes que prefiero mi privacidad, y eso aquí nunca lo tendré.

Ella sabe a lo que me refiero, también me acostumbre a estar lejos de toda la familia y amistades que sigo conservado en esta ciudad.

-Solamente por hoy -insiste -Al menos hasta que tu padre hablé contigo, hay algo muy importante que debe decirte.

Suspiró. Había olvidado eso.

Al final decido pasar la noche en la mansión Crawford, puesto que mi padre llegaba tarde hoy y hasta mañana temprano tendríamos nuestra charla familiar.

Miro el techo de mi antigua habitación por un momento luego de abrir los ojos, mientras pienso. ¿Qué es eso tan fundamental que mi padre debe hablar conmigo el día de hoy?

Finalmente, me levanto y voy al baño, y luego camino hacia la ventana para abrir las pesadas cortinas. Apenas está aclarado y una neblina blanca se cierne sobre los prados.

A esta hora sueño salir a correr y hacer otros tipos de ejercicios, podría hacerlo en el gimnasio que hay aquí en la mansión, sé que siguen conservándolo por petición de mi pequeño hermano Acher

Una hora y media me tomo en el gimnasio, usando la cinta de correr y la máquina de polea para ejercitar los brazos. En Londres solía salir todos los días a las cinco de la mañana a correr, este lugar también es agradable para tomarse unos minutos ejercitándose, más aquí entre las colinas, pero hoy decidí darle el tiempo al gimnasio, recordando viejos hábitos.

Tomo una ducha rápida y ya vestido bajo a la planta baja, dónde ya se encuentra mi familia reunida y esperándome.

En cuanto Acher me ve se levantan de su asiento e inmediatamente se acerca a mí con sus brazos abiertos.

-Hermano -dice, lo recibo de la misma manera -Que alegría tenerte otra vez aquí.

Nos saludamos con un gran abrazo de hermanos. A pesar de haberlo visto el mes pasado cuando estuvo de visita en Londres, lo extrañaba. Nuestra relación de hermanos es muy cómoda y llena de confianza. El pequeño revoltoso es una de las pocas personas que significan mucho para mí.

-Padre -digo en modo de saludo al acercarme, me siento del lado izquierdo de él.

Madre está a su derecha y Acher toma asiento junto a ella, quedando ambos enfrente de mí. Padre está en la cabecera de la gran mesa de roble fino color hueso.

-Es bueno tenerte aquí de nuevo -asiente hacia mí.

Anthony Crawford, es un hombre serio, severo, recto, con todo mundo, hasta con sus hijos. Nunca he recibido una atención cariñosa de su parte, ni cuando fui un niño, por supuesto que ahora no espero eso, pero mínimo quería ver algo de alegría en su rostro por mi regreso. Sin embargo, no pasó, él nunca mostrá nada, solo su enojo cuando algo le molesta.

Comemos en silencio por unos largos minutos. Al parecer algo malo había paso con Acher, quizás algunas de sus locas aventuras lo pusieron en riesgo nuevamente y nuestro padre está vez fue más severo con él.

Ninguno de los dos se miran ni se hablan, Acher todo el tiempo está con su mirada baja en su plato y mi padre fingiendo estar concentrado solamente en su comida mientras come y bebe. Más tarde hablaré con mi hermano y le preguntaré que está pasando entre ellos.

-Tony -la voz de mi madre robar la atención de su esposo -Ya es hora que le digas, será más tarde y deben estar en la empresa antes de las ocho y media.

Mi padre se aclara la garganta y se toma su tiempo, luego fija sus ojos verdes idénticos a los míos sobre mí.

-He decido darme un tiempo, hoy será mi último día como el CEO de Crawford Inter. Len -anuncia.

-¿Cómo? No estoy entendiendo -digo sorprendido -¿Quién estará a cargo de la presidencia? La compañía no pude quedarse sin un jefe en la cabeza.

-Y no ocurrirá eso. Por eso es que ya elegí quien se quedará en mi puesta.

Mi hermano y yo nos vemos, él me sonríe. Acher es demasiado joven y más para quedar a cargo para un puesto como ese, y el comportamiento rebelde e irresponsable de mi hermano menor, hace que este muy lejos de tomar un lugar en las empresas Crawford.

-Espero no sea el tío Willy -suelto sin más da.

Willy es el primo hermano de mi padre, trabaja como jefe de las redes públicas, se encarga de los proveedores, los tratos con otras empresas y la cadena de tiendas que distribuyen nuestra mercancía que es la lencería de mujer y hombre. Es una de las industrias más grandes del país, pues exportamos a todos lados del mundo en millones de establecimientos y también ventas atrevés de internet en la mayoría de las web de ropa más reconocidas.

-No, él tiene su puesto y seguirá siendo ese mismo, al igual que el de Fabián -nombra al hijo de Willy, mi primo y con el que tengo una relación amistosa desde niños.

-Sigo sin entender.

-No hay mucho que entender, solo debes esforzarte más y trabajar el doble que antes, más que cuando lo hacías en Londres -me informa, y elevo mis cejas con sorpresa -Tú serás mi remplazo en la presidencia.

Si no fuera por el respaldo del asiento me iría hacia atrás por el impacto que ocasionaron su palabra en mí. No me esperaba eso, no considere que mi padre me elegiría a mí, tantas cosas que me había dicho antes, lo decepcionado que estaba de mí y lo inmaduro que creía que era. Pero al final se ha dado cuenta de que no necesito casarme y tener una familia para poder ser alguien responsable, y dejarme al frente de la compañía.

No me lo esperaba, no obstante había soñado mucho con este momento y hoy se estaba cumpliendo. Hoy me iba a presentar como el nuevo CEO de las empresas Crawford.

Capítulo 3 3

AUDREY

-¿Escucharte lo que están diciendo por ahí? -dice en tono bajo Maggi cuando se coloca junto a mi escritorio.

-No, no sé, y no me interesa -le digo, tratando de no sonar grosera.

-Pues debería importarte, porque es sobre el jefe.

Dejo de escribir en el teclado de mi ordenador, me bajo un poco los anteojos y fijo mi mirada en ella.

-¿Del jefe? -inquiero.

Ella asiente de inmediato.

-Si, se dice que dejara la empresa y que su hijo Daniel será el nuevo CEO. Yo que tú me preocuparía.

-¿Por qué debería?

-¿No es obvio? -gira los ojos mientras hace un ademán con su mano -Si cambian de jefe en la presidencia, eso quiere decir que también lo harán con su secretaria. Escuché hablando Fernando, el encargado de recursos, con Yani, la otra recepcionista, sobre algo de un remplazo.

¡¿Qué?! No me podían reemplazar, ¿o sí? No, no podía pasar eso, llevo casi cinco años trabajando para esta empresa. Debo aceptar que fue duro entrar a trabajar aquí, pero con un buen currículum detallado y limpio, pude conseguir mi puesto en la presidencia desde el día que pise este lugar.

Mi trabajo es mi vida, es todo lo que tengo y a lo único que le he dedicado todo mi tiempo, no pueden echarme así como así y mucho menos sin darme una explicación. Espero que todo lo que se hable por allí, solo sean rumores, solo eso y nada más.

No deseo continuar con esta charla, así que le hago saber a Maggi lo muy ocupada que me encuentro en este momento, claro, omitiendo sus chismes.

-Lo siento Maggi, tengo mucho trabajo por hacer -me coloco bien los anteojos, y regreso mi atención a mi ordenador para continuar con lo que deje a medias.

Bloqueó todo a mi alrededor y solamente me concentro en mi trabajo, como normalmente siempre lo hago cuando no quiero que nadie me moleste.

La mañana se va en asuntos de la junta y otros pendientes que tenía que organizar y tener listos antes de que los jefes de la empresa se reunieran en la sala de juntas. En un momento a otro la mañana se fue deprisa, la reunión salió bien como siempre y una vez termino pude ir por fin a comer algo a la cafetería. Mi amiga ya estaba esperándome allí.

Sentada en una de las mesas al fondo la noté cuando entre a la cafetería. El lugar no es pequeño, tiene un buen espacio con varias mesas y sillas en el centro del salón y algunas otras pegas a los ventanales largos que este edificio resalta más por esa peculiar estructura.

-Ya era hora -protesta mi amiga cuando me acerco a la mesa -Tuve que pedir por ambas si no no alcanzamos a comer.

-Bien -digo, luego de sentarme en la silla frente a ella -Esto se ve...

-¿Delicioso? -cuestiona con una sonrisa -Lo es, te va a gustar.

-Si tú lo dices... -fuerzo una sonrisa mientras miro la escasa ensalada: unos trozos de lechuga, unos cuántos pequeños jitomates, zanahoria rayada, y algo morado que no sé qué sea -Nel, esto... -me callo un segundo, meneó el redondo jitomate con el tenedor mientras sigo viendo mi comida saludable -Necesito reponer energías y esto no ayudará a hacerlo, definitivamente, no me llenará.

-No se trata de que te llene, sino de que te nutra mientras te alimentas.

-Pero es que...

-Pero nada, tú come. Si ya después sientes que necesitas comer algo más, me dices, y yo te consigo un batido delicioso elaborado con muchas proteínas y minerales que necesitas para tu rendimiento elaborar -me guiña el ojo.

Ya hasta parece comercial de televisión con ese discurso absurdo. En cualquier momento me desmayaré o tal vez muera después de eso, mientras no pase enfrente de mi jefe. Al final terminaré desmayada y despedida.

Que frustrante quedarse con hambre luego de haber comido, se siente como si no hubiera ingerido ningún alimento. Termino mi escasa ensalada, Nelly pide dos batidos de plátano y fresa, muy rico, de eso no me puedo quejar, pero me deja todavía con el hueco en el estómago.

Para olvidarme del asunto y no estar pensando que todavía tengo hambre, le saco el tema del cambio de jefe en la presidencia.

-¿Has sabido algo sobre la partida del señor Anthony?

-¿Sobre su partida? -responde con una pregunta -¿Por qué debo saberlo yo? Tú eres su secretaria.

-¿Entonces no te han llegado los rumores? -pregunto sorprendida.

Esta mujer está igual que Maggi, tal vez no tanto, pero está como los periódicos, siempre tiene la nota principal antes de medio día. A veces le digo que se equivocó de empleo y que mejor debería trabajar en una prensa de chismes.

-¿Sobre Daniel? -arquea una ceja.

Ahí vamos otra vez a lo mismo, nunca pierde el momento para decir lo guapo que esta y el gran partido de hombre que es, que todas lo desean y quisieran ser esa mujer afortunada y estar a su lado como su novia, prometida y hasta esposa.

-No exactamente, me refiero a la salida de mi jefe, dicen que se irá y ya no regresará a trabajar como el CEO de la compañía, ¿sabes tú algo?

Se queda unos segúndos en silencio, como si estuviera recordando algo. Una sonrisa aparece en sus labios.

-Por eso digo que se trata de Daniel -giro los ojos, está mujer, no se cansa de nombrarlo -No me mires así -se queja y me señala -Cuando lo conozcas me darás la razón.

-No me interesa conocerlo, ni saber nada de él, solo quiero conservar mi empleo y que el señor Anthony no se marche, nunca podré tener un mejor jefe como él.

Eso es cierto. Aunque me preocupa perder mi empleo, lo que más me tiene inquieta es su partida, si es que es verdad lo que Maggi me dijo antes.

No sé porqué demonios le hago caso a los rumores, nunca lo he hecho y ahora esto me está agobiando mucho, necesito distraer mi mente y no estar pensando en eso, pero es imposible, mi trabajo es muy importante para mí.

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