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Una pasión prohibida.

Una pasión prohibida.

Autor: : Mayra Gisel
Género: Romance
Una estudiante de doctorado obstinada y libre. Un asesor enigmático. Vera, se había obsesionado con una cosa, que su maestro caiga rendido ante su seducción, y él cedió. Aunque no esperaba que se convirtiera en el más grande e interesante de sus misterios, y ella, que siempre había estado encantada con lo nuevo y lo desconocido, invierte en todos los sentidos para provocarlo, para tenerlo, sin importarle las consecuencias y los secretos que los rodean.

Capítulo 1 Complejo de Dios.

Ya me había mirado en el espejo, cinco veces. Incluso me había fijado en los diseños plateados que había en el marco. Le había pedido la opinión a Lara un millón de veces. Ya había mirado mi teléfono móvil unas setecientas veces y repasaba en mi cabeza cada letra del correo electrónico que había recibido de mi nuevo asesor. Ya había revisado todos mis trabajos y revisado las cartas de recomendación de todos mis antiguos profesores. Estaba nerviosa, no me podían despedir una vez más. Perdería todo lo que había construido hasta ese momento.

- Vera, es solo tu director de doctorado. No vas a tener una cita. Vas a ir a una universidad. Está bien que tu nuevo profesor sea bastante guapo, pero no hay necesidad de estresarse por eso -dijo Lara apareciendo detrás de mí en el espejo. -Además, conozco a Alejandro Osores, es exigente, pero es buena persona.

- Lara, necesito causar una buena primera impresión, sabes que no tengo buena reputación como estudiante después de haber sido despedida por mi asesora.

- Ex asesora -dijo con seriedad la pelirroja.

Había tenido una desagradable pelea con mi asesora debido al proyecto y ella me abandonó cuando solo quedaban seis meses para completar el curso. Una catástrofe.

Acaba de enviarme un correo electrónico, diciendo que nuestra "relación" ya no era aceptable, e incluso se había despedido con un "Atentamente, saludos, buena suerte, no me busques más, Marilina".

Caí en la desesperación.

El mundo prácticamente se había acabado allí.

Allí mi mundo se había desmoronado, vi cómo se tiraban por la borda cuatro años de estudio.

El máster ya había sido difícil, mi asesor era un anciano insufrible que no quería que yo tomara decisiones sobre mi propio proyecto. Fueron dos años de sufrimiento y brotes que no sirvieron de mucho, solo dieron como resultado un certificado de maestría en el que era necesario un doctorado para trabajar en el área de investigación que me interesaba.

Después de todo eso, tuve que dedicarme a una vacante de doctorado que durante unas décimas casi no pude conseguir y tras ser abandonada por mi cobarde asesor, tuve que rehacer todo el proceso de nuevo. Esto incluyó una prueba oral, una prueba de opción múltiple, un ensayo, una prueba de fluidez en al menos dos lenguas extranjeras y una prueba específica para ingresar al programa de doctorado del mejor profesor de literatura de la UBA, Alejandro Osores. Era tan famoso que había ganado premios incluso en el extrangero por su genial investigación, era literalmente un genio. Conseguir un lugar para estudiar con ese hombre fue un sueño hecho realidad.

- Vamos a llegar tarde -Lara refunfuñó. - Mis alumnos me están esperando -dijo y se cruzó de brazos.

- Como si llamaras a tus alumnos, Lara. Te conocen como la «maestra de la demora», precisamente porque nunca llegas a tiempo.

La pelirroja puso los ojos en blanco. Era profesora de derecho en la universidad, impartía solo cinco clases a la semana y aún llegaba tarde.

* * *

-¿Quieres que te acompañe? -me preguntó Lara. Claramente se estaba burlando de mis nervios.

-Claro que no. No soy un bebé de primaria ni un estudiante de primer año -puse los ojos en blanco y ella imitó mi gesto. -Me temo que la mayoría de la clase a la que voy a ir hoy tiene diecisiete años -sonreí y ella asintió.

- Es una posibilidad -puse los ojos en blanco. - ¿Cuántas asignaturas pagarás con él? -preguntó y me encogí de hombros.

- Cinco de siete -Lara abrió la boca con incredulidad. - Además de la orientación a proyectos -aclaré.

- Digamos que estarás prácticamente viviendo con él a partir de ahora. Convivirán día, noche, amanecer... Dentro de tres días, incluso mientras duermes, lo estarás viendo.

- Realmente espero que sea una buena persona, porque no soporto a otra Marilina en mi vida.

- Lo es, pero también tiene el Complejo de Dios. Cree altamente en su profesionalismo, más nunca se te ocurra marcarle algún error que a ti te parezca. No lo soportaría -sonrió.

Detestaba ese tipo de personas, pero él tenía un algo diferente.

- ¿Qué? -pregunté; no la estaba escuchando.

-Si quieres ir primero a la sala de profesores conmigo.

-¿No llegaste tarde? -pregunté con la mirada seria. Casi me había sacado a rastras de la casa por el horario y ahora quería dar un paseo por la sala de profesores.

- Vamos a tomar un café, estás tensa.

* * *

- Esa no es la forma en que se da la bienvenida a los novatos. - Un hombre alto, de pelo gris y barba incipiente, muy guapo... vino a mí. - Soy Fabio. Me tendió la mano y se la estreché. - ¿Eres una profesora nuevo? -negué con la cabeza, la forma en que sonreía me hacía sentir avergonzada.

- No, soy estudiante de doctorado en literatura -le dije y él asintió. - Mi nombre es Vera -le respondí con confianza y él seguía mirándome de la misma manera.

-Bienvenida -dijo al soltar mi mano-. Te presentaré al resto -dijo sonriendo. - Esa es Mónica, de medicina, es novata, terminó el doctorado hace dos meses -, señaló a la rubia clara que me sonrió con simpatía. prosiguió-: Ese es Fabio, de ingeniería. Esa es Macarena, también estudiante como tú, es estudiante de maestría en historia. -Señaló a otra rubia que era rubia como Mónica, solo que diferente a la primera, esta tenía el pelo liso. Ella también me sonrió y yo le correspondí. - ¡Demonios! ¿dónde está Osores?

-Probablemente ya estés en la habitación fichando. -dijo Andrés con desdén.

-Creo que será mejor que corras. No tiene mucha paciencia con los retrasos -me murmuró Lara y agarré mi maletín con fuerza, mirándola molesta, después de todo ella había sido la que me había arrastrado hasta allí.

-Buenas noches -dije y salí de la habitación prácticamente corriendo. Entré en el ascensor y presioné para subir al piso dieciocho, donde estaba el ala de literatura y literatura. Caminé por un pasillo gigante con varias puertas cerradas y abrí una que tenía el nombre de «Alejandro Osores» en un letrero plateado. Giré la perilla y la clase ya estaba llena.

. Era mi primer día de escuela y llegaba tarde.

-Tenga cuidado con el tiempo, señorita. -dijo Alejandro, echándose las gafas hacia atrás-. Era mucho más guapo que en las fotos de mi investigación. Tenía un cuerpo fuerte y, aunque llevaba traje, se podían ver sus músculos debajo de las telas. Tenía una pose autoritaria, pero al mismo tiempo no era del tipo «malo»

- No se repetirá -dije y me miró con seriedad.

-Eso espero. - Dijo sin emitir ni siquiera una sonrisa comprensiva. Me senté en una de las primeras sillas de la sala, cerca de un enorme ventanal, porque cualquier cosa que pudiera arrojarme desde allí arriba. Las cortinas estaban cerradas, por lo que solo tardaría unos segundos en abrirlas, tirar de la plancha que las mantenía cerradas, arrastrar el cristal, y ese sería el final de Vera Galeano.

Capítulo 2 Seis meses en sus manos.

Miré a mi alrededor y noté adolescentes. Puse los ojos en blanco. Pero gracias a Dios, también había adultos.

-¿Hola? - Me llamó la atención una chica de pelo corto que parecía tener poco más de veinte años. -¿Es tu primer día? Soy Selene, encantada de conocerte. Me tendió la mano y se la estreché.

Mi plan de suicidio se fue por el desagüe.

- Soy Vera Galeano. Le dije y ella asintió. - Es mi primer día, sí.

- Me di cuenta, vi que ya estabas pensando en tirarte por la ventana. Es un sentimiento común aquí. -Sonrió. - ¿Eres estudiante de literatura o estás haciendo una especialización? -preguntó interesada en mi respuesta.

-Ambos. Estoy haciendo un doctorado en literatura.

- Soy de Relaciones Internacionales. Pero estoy pagando lenguajes y géneros textuales con él. A veces es un poco duro.

- He oído que a menudo hace llorar a los estudiantes -le susurré y ella se rio.

-Es totalmente cierto, lloré mucho cuando me limpió el papel de latín -dije y fruncí el ceño. «Si ese hombre se atreviera a reponer una obra mía, lo mataría» - Y mira, yo soy su hermana-. Rei, hasta que fui consciente de sus palabras.

-¿Hermanos? -pregunté y llevé mi mirada a Alejandro, realmente las similitudes eran visibles.

- Sí, soy Selene Osores. Hermana del genio -puso los ojos en blanco.

- Buenas noches, clase. -dijo Alejandro y volcamos toda nuestra atención en él-. La lección de hoy es sobre géneros literarios y hoy nos vamos a centrar en lo dramático-, escribió la palabra drama en el pizarrón, usando una tiza blanca. Luego prosiguió-: Cuando hablamos de teatro en la literatura, ¿qué es lo primero que te viene a la mente? Me preguntó y levanté la mano.

-¿Shakespeare? -asintió.

- Esa es una buena respuesta. -sonrió de soslayo. - La verdad es que es brillante. ¿Cómo podemos pensar en el drama en la literatura y no pensar en «Hamlet» o «Romeo y Julieta»? -dijo, gesticulando con las manos.

Y qué manos. Me lamí los labios imaginando sus grandes dedos moviéndose de otra manera, en otro lugar.

¿Qué estaba haciendo?

¿Cuáles fueron esos pensamientos? Estaba en una clase.

- Odio a Romeo y Julieta -dije en voz alta, sin darme cuenta, y la mayoría de los rostros se volvieron hacia mí, incluido el de Alejandro. Segura de mi misma, añadí-: Es un drama adolescente tonto. Es como estas series adolescentes que puedes encontrar en un servicio de streaming. -dije y toda la clase se echó a reír, algunos asintiendo con la cabeza.

- ¿Has comparado un clásico de la literatura inglesa con una serie juvenil? -preguntó él con seriedad y yo asentí. -Es Shakespeare -habló con obviedad y un poco de arrogancia.

- Me encanta la escritura de Shakespeare -me senté derecha en mi silla-, pero la historia no me cautiva, y debes respetar la opinión de los demás -edije y la mayoría de la sala me miró con los ojos muy abiertos, pensé que nadie solía desafiar a ese hombre.

- No dije que no respetara tu opinión. ¿Señorita...? -Preguntó.

-Galeano -le respondí con firmeza.

- La señorita Galeano. -La forma en que mi apellido salió de su boca fue intensa. Me miró fijamente durante unos segundos, pero no mantuvo su mirada en la mía por mucho tiempo-. Usted tiene una posición con la que no estoy de acuerdo. Solo quería abrir una discusión educada, pero no pareces muy hábil en eso. -dijo y el resto de la clase pareció embriagado con esa pequeña discusión.

- ¿No parezco experta? Simplemente me disminuiste porque no aprecio un clásico literario -le respondí y absolutamente toda la clase nos miraba en silencio.

¿Estaba peleando con mi asesor?

¿Estaba perdiendo la cabeza?

¿Podría ser la nueva Marilina? ¿Me despedirían el primer día? ¿Perdería mi tesis doctoral? ¿Se revocaría mi maestría?

-No la disminuí en ningún momento. Pero me di cuenta de que en el curso de literatura a la gente le gustaban los clásicos -dijo él con seriamente. - Al fin y al cabo, eso es lo que hemos estudiado aquí.

- Me gustan los clásicos, eso no quiere decir que tenga que tragarme Romeo y Julieta. Después de todo, creo que "Hamlet" es brillante -me miró enojado.

-Solo quería una conversación tranquila, señorita Galeano. Estamos en un aula y no en un bar.

- Nunca iría a un bar contigo -dije y todo el salón pareció querer derrumbarse. La mayoría de los adolescentes se reían y se burlaban, los mayores me miraban perplejos y Selene me miraba con incredulidad. Ni siquiera creía en mí misma.

-Tranquila -dijo con autoridad y la sala se convirtió en un silencio absoluto. Todavía lo miraba desafiante, con los brazos cruzados y las cejas levantadas-. Espero que este tipo de comportamiento no se repita aquí. Ustedes son mis alumnos y respeto nuestra relación de profesionalismo. Comportamientos como el de la señorita Galeano, con menciones a nuestra vida personal, no son aceptados aquí. Como es tu primer día, estás perdonada, pero debes saber que si vuelve a suceder...

-¿Me vas a echar de la clase? -pregunté, poniendo el lápiz que sostenía entre los dientes. Pareció perder el rumbo durante unos segundos, pero volvió a su posición autoritaria normal.

- No, pero escribiré este comportamiento en tu carta de recomendación. Eres estudiante de doctorado, ¿verdad? -me preguntó y yo asentí. Él añadió-: Pensé que eras una estudiante de secundaria, con ese comportamiento... -yo sonreí de reojo-, pero es una mujer que ya ha pasado por la universidad y una maestría.

- Creo que eso es suficiente, ¿no es así, profesor? -le pregunté y tragó saliva cuando escuchó la palabra «profesor» salir de mi boca. Él asintió y la clase continuó, Selene me miró con una sonrisa incrédula y me encogí de hombros.

La clase continuó y explicó cada tema magistralmente. Hablé de mis autores favoritos, de todo tipo de literatura, y fue un maestro increíble, a pesar de su arrogancia. De hecho, tenía el síndrome de Dios, al igual que la mayoría de los maestros allí, solo que el suyo era más fuerte. Era consciente de que era un genio, y eso no era bueno. A pesar de todo esto, lo explicaba todo con pasión y por unos segundos pareció no tener el síndrome del soberano. No abrí la boca durante las últimas dos horas, solo miré mi cuaderno y ordené mis artículos en orden de fecha de corrección. A veces me miraba con cierta confrontación, pero yo miraba hacia otro lado.

Cuando terminó la clase, se sentó en la silla detrás de su escritorio, ya que había pasado la mayor parte de la clase caminando y me miró seriamente.

- Vera Galeano, necesito ver tus proyectos -dijo mientras el salón se vaciaba como un hormiguero. Me acerqué a él y coloqué las carpetas sobre la mesa, abrí el clip que contenía mis archivos y le extendí mi trabajo. Me senté en la silla frente a él y comenzó a leer mi propuesta de proyecto, mientras tenía una mirada soberbia.

Qué hijo de puta. Qué gran hijo de puta.

- Odiaba tu proyecto -dijo y abrí la boca con incredulidad.

-Pero... lenguaje en contraste con...

- Entendí la propuesta, y la odié. Es repetitivo. No voy a firmar con mi nombre aquí-. Lo miré completamente molesto y me tendió los papeles con cierto desdén.

-Llevo cuatro años con esto aquí -respiré hondo y seguí-: Solo seis meses más y obtengo mi doctorado -dije, casi llorando. - Por favor, yo...

- Vera, yo no hago favores. Si crees que es malo, puedes buscar otro asesor. -aclaró seriamente. - Solo sé que mi nombre, no lo firmaré aquí -dijo y me mordí el labio molesta. -Lamento decirlo, pero tu proyecto apesta -se echó las gafas hacia atrás, a pesar de que me estaba contando todo eso, parecía un poco nervioso. Era casi como si se sintiera mal por hacerlo, pero... «¿Qué demonios estás diciendo Vera?»

- Eres arrogante -espeté molesta.

- Solo quiero lo mejor para mis alumnos -respondió restándole importancia a mi comentario. Yo respiré hondo.

- Con todo respeto, ¡Vete a la mierda!

-¿Qué? -Sonó incrédulo. Supuse que no era la primera vez que una estudiante lo desafiaba.

- Así es, lo que escuchaste. Vete a la mierda. Pasé cuatro años haciendo esta mierda y ni te puedes imaginar por lo que tuve que pasar para volver a conseguir este trabajo, después de que me despidieran...

- Sí, he oído que pelear con tus asesores es un pasatiempo para ti -se levantó de su silla y yo también lo hice.

- Me estás ofendiendo.

- Hoy me has ofendido varias veces -dijo en el mismo tono que yo -Vamos a reescribir su tesis, señorita Galeano. Ya tendremos tiempo para eso...

- ¿Seis meses? ¿Quieres rehacer mi tesis de cuatro años en seis meses?

– Eres una mujer inteligente, Vera. Y yo soy un hombre inteligente, sí, podemos rehacer tu tesis. Te guiaré todo el tiempo -me mordí el labio inferior y miré hacia un lado con algunas lágrimas en los ojos.

Hijo de puta.

Idiota con gafas.

Efectivamente, estaba frustrado sexualmente.

-Solo estás molesto porque te desafié delante de todos en el salón -dije y se rio débilmente.

-Admito que fuiste bastante valiente.

- No se imagina lo valiente que soy, profesor -miré su cuerpo y tragó saliva, un poco nervioso.

- Um, podemos reunirnos aquí en la universidad para reformular tu propuesta de tesis. Hay varias aulas vacías en el piso superior y si puedes venir aquí al menos cuatro veces a la semana dentro de seis meses, tu tesis estará lista.

-De acuerdo. ¿Cuándo podemos reunirnos? -Sonrió ampliamente y se echó las gafas hacia atrás.

- Me alegro de que hayas decidido aceptar la situación y tomar la decisión correcta.

- No tengo muchas opciones, ¿verdad? -pregunté, levantando un poco la cara, y él asintió.

- Podemos reunirnos a las nueve en punto después de cada clase. Y cuando no hay clase, nos reunimos temprano -asentí con la cabeza.

- ¿Puedes darme tu número de teléfono? Está bien si quieres ponerte en contacto conmigo sólo por correo electrónico, pero es sólo que seguiré necesitando mucha ayuda, cuando haya preguntas, así que sería más fácil si...

- No suelo pasar mi teléfono a los estudiantes -dijo y abrí la boca un poco sorprendida-; sin embargo, ya que soy tu asesor y tendremos que mantenernos en contacto para rehacer esta tesis...-tomó una libreta y anotó el número de teléfono. - No se lo des a tus compañeros. No me gustan las relaciones personales con mis alumnos -dijo y yo asentí, tomando el papel que tenía en la mano. Nuestros dedos se tocaron durante unos segundos, y sentí algo diferente con ese toque, no sabía qué.

- Gracias, profesor -pude sentir algo diferente en sus ojos cuando lo llamé así. -¿O prefiere usted que lo llame Licenciado Osores?

- Profesora, está bien. ¿Nos vemos mañana? -me preguntó y yo asentí.

- Mañana es la clase de francés...

- Sí, así es. Fue el idioma extranjero que elegiste, ¿verdad? -yo asentí.

-Por supuesto que sí.

-Hasta mañana, señorita Galeano. No llegues tarde -aseveró.

-No lo haré - Dije aún más seria que él.

-Eso espero -agarró uno de sus maletines, salió de la sala y me dejó sola.

Quería darle un golpe, pero tenía una tesis que rehacer, seis meses por delante y un solo asesor. Respiré hondo, tomé mi propia carpeta de papeles y salí también.

Capítulo 3 ¡Te atrapé!

La ética y la moral son términos bien conocidos y discutidos en filosofía.

¿Por qué los seres humanos actuamos de cierta manera?

¿Actúa de acuerdo con lo que ha aprendido? ¿O es que el ser humano está predestinado?

¿Qué hace que anulen sus propios principios?

Tales preguntas comenzaron a arremolinarse en mi cabeza, porque estaba empezando a dudar de mi propia moral, y esto nunca me había sucedido antes. Nunca.

Había tenido millones de estudiantes hermosas antes, pero ninguna me había atraído tanto como la irrespetuosa del doctorado. Era una de las mujeres más hermosas que había visto en mi vida. Pero eso no era lo que me atraía, era la forma en que no se sentía intimidada por nada, a pesar de que sabía que podía renunciar fácilmente a guiarla, era lo suficientemente audaz como para desafiarme frente a todo el alumnado.

Dejé a un lado el libro que tenía en mis manos y busqué el cuaderno. Sí, buscaría su formulario de inscripción en el acceso restringido de profesores universitarios.

Vera Galeano.

Treinta años.

Soltera.

Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires.

Nacida en Córdoba, Argentina.

Cerré la página, encontrando un poco aterradora la cantidad de información, incluso estaba su expediente escolar, y para no sentirme como un acosador, decidí dejar de buscar. Sin embargo, la curiosidad fue mayor y volví a abrir la página.

Habla inglés, francés y alemán con fluidez.

Sus calificaciones fueron perfectas, la más baja fue un 9.8

Para Alejandro, este es un comportamiento extraño. No debes husmear en los archivos de los estudiantes porque tienes intereses personales.

Volví a cerrar la página y respiré hondo. Lo que estaba haciendo no era exactamente muy ético y no era muy normal para un hombre como yo.

No era el tipo de persona que miraba los archivos de los estudiantes y se daba cuenta de lo hermosos que eran en una foto de 3x4.

¿Quién se ve hermosa en una foto de 3x4? Sí, ella misma.

- Buenas noches, Alejandro. ¿Inmerso en los libros a esta hora? - Franco, uno de mis amigos y colega entró en la sala de profesores. -Déjame ver, ¿te estás preparando para torturar a algún estudiante hoy? Porque ya he decidido mi objetivo para el día. - Franco era una gran persona, pero al igual que Lara y yo, le encantaba hacer de la vida de los estudiantes un infierno. En la universidad se nos conocía como la «El trio de la Inquisición». Los estudiantes eran los herejes.

- Buenas noches, Franco. Estoy mirando algunos de los archivos de los estudiantes... - "El estudiante" específicamente.

- ¿Ya has analizado el expediente de tu doctorando? Qué mujer... - dije y tragué saliva. Era exactamente su récord. ¿Estaba pegado en mi cara?

- Um, ¿te gustó? ¿Sabes cómo es el decano en relación a... -Me puse las gafas y él me interrumpió.

- Sé muy bien cómo funcionan las reglas aquí, Alejandro -puso los ojos en blanco. - Eso no significa que no pueda admirar la belleza de los estudiantes. -Sonrió. - Y eso es algo que no pasa desapercibido. Lara me contó que pasó bastante tiempo en Estados Unidos y que solo lleva unos meses aquí. Tuvo problemas con su antiguo asesor y decidió intentar contigo aquí.

- ¿Te dijo algo sobre su matrimonio o...

- ¿Te interesa, Osores? -Sonrió con picardía y me tocó a mí poner los ojos en blanco.

- No, pero arreglé con ella que nos reuniéramos todas las noches para rehacer su tesis, y he tenido problemas con el novio de una estudiante antes, ¿recuerdas? ¿El novio de Agatha que quería agredirme? -Le pregunté y se rió.

- Un momento único en esta universidad, ¿cómo olvidarlo? -Sonrió y volví a poner los ojos en blanco. «Relájate», fue lo primero que le pedí-. Está totalmente soltera -dijo sonriendo-. No tendrás que preocuparte por enloquecer a sus novios ni nada por el estilo, pero, ¿qué pasa? Pensabas que era hermosa, ¿verdad? Confiésame -levantó las cejas en clara burla y yo sonreí cínicamente.

- Debo reconocer que es una mujer con un buen perfil y...

- ¿Un buen perfil? Está caliente como el infierno, Osores -dijo y volví a poner los ojos en blanco, al ver a Andrés entrar en la habitación, nos quedamos en silencio de inmediato. Andrés intercaló su mirada entre los dos

-Estabas hablando de mi hermana, ¿verdad? -preguntó con una sonrisa. -No me importa, simplemente no usen términos vulgares sobre ella frente a mí -Se sentó en una silla a mi lado y abrió su maletín.

-No estás celoso, ¿verdad? -preguntó Franco y lo miré atentamente.

- La verdad, un poco. Es inevitable. -dijo, encogiéndose de hombros-, pero es algo a lo que me he acostumbrado y ella sabe lo que hace con su vida. Antes me enojaba mucho, pero ahora no me importa, no voy a controlar con quién decide salir mi hermana. Son sus decisiones. Creo que Alejandro tiene más posibilidades -dijo con cierto tono de provocación y respiré hondo.

-Por favor -le dije que se detuviera. Sabía que estaba tratando de molestar a Franco.

- ¿Por qué el prejuicio contra mí? -preguntó Franco con seriedad.

- No es un prejuicio. Creo que ambos son de su tipo, así que el que llegue primero en la carrera gana. Sin embargo, Alejandro tiene una mejor oportunidad -me guinó el ojo y continuó añadió-: Es tu doctorado el que será revocado, no el mío, así que... -dijo cínicamente.

-¿Se casó alguna vez, Andrés? -Preguntó.

-Franco, Franco... -dijo Andrés, asintiendo con la cabeza. - Nunca se ha casado. Ella no es de las que se casan, su mayor pasión siempre ha sido viajar por el mundo. No le gusta mucho equipaje -dijo con total despreocupación- ¿Alguna pregunta más? Soy todo oídos.

- ¿Tiene hijos? -preguntó Franco y Andrés se lo negó.

- No le gusta el equipaje, Franco -le recordó, luego añadió-: Es muy libre. Tendrás que esforzarte mucho si quieres tener algo que ver con ella. No es el tipo de persona que sale con muchos hombres y es posible que hayas notado que está muy enfocada en sus objetivos...

Selene entró en la habitación y Andrés puso los ojos en blanco.

-Los estudiantes llaman a la puerta, Selene -le recordé con severidad

- No cuando la estudiante es la hermana del genio más grande de la universidad -me guiñó un ojo y se acercó para darme un beso en la mejilla.

-¿No deberías ir a clase? -le pregunté y ella sonrió.

- Sí, pero decidí pasarme para saber cómo está mi hermano e invitarlo a salir conmigo y con Sara -le sonreí. Sara era mi sobrina de cinco años, su hija. Se quedó embarazada a los diecisiete años y el padre de la niña no quería hacerse cargo, así que asumí la responsabilidad junto con ella. Después de la muerte de nuestro padre, yo era la única figura paterna en la vida de Selene, que no tenía ningún recuerdo de él, por suerte para ella, y ahora también estaba siendo esa figura en la vida de Sarah.

- Desgraciadamente, hoy no puedo -ella frunció el ceño, confundida. Jamás me negaba a una salida con mis dos amores.

-¿Por qué no? Pensé que solo ibas a tener clases hasta las nueve... -dijo un poco triste. Ya era madre, pero parecía una adolescente de quince años. Muy impulsivo y se enfadaba por absolutamente cualquier cosa.

- Estoy de nuevo como asesor y sabes que, durante este tiempo, estoy muy ocupado aquí en la universidad -Me eché las gafas hacia atrás.

- ¿Es la estudiante el que te desafió frente a toda la clase? -preguntó, y cerré el semblante.

-¿Quién es, Osores? -preguntó Franco en tono burlón y yo miré a mi hermana con ganas de matarla.

- En las clases de literatura solo se habla de ello. -dijo sonriendo-. Ayer, durante la discusión, Alejandro dijo «Estamos en un aula y no en un bar» -imitó mi tono de voz- y simplemente ella le lanzó un «Nunca iría a un bar contigo» y fue simplemente icónico. - Andrés y Franco se echaron a reír y yo los miré con las mismas ganas de asesinarlos.

-¿Está tan loca, Andrés? -preguntó Franco con una sonrisa.

- Sí, se me olvidó ese detalle. Ella es muy autoritaria y enojada así, probablemente Osores debe haber amenazado su personalidad de alguna manera y ella simplemente respondió a eso -me miró con una sonrisa. - Jugar a ser autoritario con ella puede no funcionar, es difícil domar a esa bestia. -Reí.

- No le hice el juego de autoritario. Lo que sucede es que no tolera que las cosas no sean como ella piense.

- Responsable y burlona, cada vez me interesa más esta mujer. - dijo Franco con una sonrisa pasando por alto mi comentario

- Sí, y cada vez más cerca de recibir una presión del rector -dijo Andrés y yo sonreí.

- Sí, Alejandro, pero no voy a ser yo quien estudie toda la noche con ella. -dijo Franco y guiñó un ojo, y yo puse los ojos en blanco.

-No imaginé jamás que mi hermana se convertiría en objeto de disputa entre dos caballeros tan distinguidos -dijo Andrés y se llevó el lápiz a la boca con expresión de pura burla. - Parece que mis días serán aún más divertidos en esta universidad. Le voy a dar las gracias a Vera por traerme entretenimiento, en cuanto la vea.

Lara entró por la puerta con una mirada cansada y un cigarrillo entre los labios.

- Buenas noches, chicos -dijo, intercalando su mirada entre Selene, Franco, yo. - Buenas noches, amor. Se acercó a Andrés y le besó los labios rápidamente. Luego se sentó a su lado.

- ¿Qué pasa, amor? -preguntó Andrés, acariciando el rostro de Lara con las yemas de los dedos.

Ningún hombre sería tan estúpido por Lara como lo era él.

- Día completo. Corrección -se quejó- y todavía voy a dar una clase para esos nerds de allá -resopló-. Los enviaré a hacer un trabajo para entregarme -sonrió con malicia.

- Voy a clase. -dijo mi hermana y yo también me puse de pie.

- Yo también voy, me gusta repasar antes de que lleguen los alumnos -le dije y ella asintió, bajamos por el enorme pasillo azul y blanco, lleno de carteles y cosas por el estilo.

- ¿Cómo está Sarah? ¿La dejaste con la niñera? -pregunté y ella asintió.

- Está bien, Alejandro. Lo diferente de hoy es que ella quería cortarse el pelo con las tijeras, si yo no hubiera llegado a tiempo... -rompí en carcajadas de solo pensarlas en situación. Mi sobrina era literalmente una figura, había heredado la personalidad de su madre. No solo su personalidad, sino también su apariencia, lo que hizo que fuera aún más difícil para mí descubrir quién era su padre. Selene nunca me ha dicho quién es el padre de Sarah.

- Le compré un regalo, se lo entregaré en cuanto lleguemos a casa -suspiró.

-Ale... ¿Te molestaría? Por ejemplo, que Sara y yo vivamos en tu casa...

- Nuestra casa -le recordé y sonrió. -Por supuesto que no. Ustedes dos, son mi familia y estoy feliz de tenerlas en nuestra casa.

-No sé, quizás quieres llevar a una mujer allí y no porque tengamos un hijo, que no es tuyo. No es tu responsabilidad... -Respiró hondo-. Ha pasado un tiempo desde que conseguiste una novia y lamento hacerte pasar por esto, y he estado pensando que si quieres que me mude y...

- Selene, eres mi familia. No me gustaría vivir solo y estoy muy agradecido de tenerlos a las dos en mi vida. No te preocupes por nada ¿Sabes? -ella asintió, miramos hacia la ventana y a través del vidrio, vi a Vera sentada en una de las sillas con un libro abierto en sus manos.

- Miralo al profesor mirando de manera inapropiada a sus estudiantes -se burló y me puse rojo como una manzana. Luego añadió en un murmullo-:Es muy bonita, ¿no crees? - Se mordió el labio inferior. - Si tú no vas a avanzar, yo lo haré por tí-aseguró.

-Detente, Selene. Es mi alumna.

- ¿Y? Sentí tensión sexual entre ustedes dos -estaba completamente loca...

- Basta, Selene. -dije y ella se echó a reír, poniéndome la mano en el hombro-. Nos conocimos ayer, ¿cómo puede haber tensión sexual?

- Te enojas tan fácilmente, Ale. Es broma...

Entramos al aula y Vera levantó la vista encontrándose con mis ojos puestos en ella. No estábamos solos, había otros tres estudiantes, pero en mi campo de visión solo podía verla a ella. Esa conexión de mirada fue solo por pocos segundos, porque de inmediato volvió su atención en el libro. «Quisiera ser esas oas para que me acarice con tanta delicadeza» mi subconsciente me traicionó, y parpadee para borrar esas ideas locas de mi cabeza. Luego me centre en tratar de ver la portada del libro que la mantenía ocupada, pero era un trabajo imposible de hacer para mí a escondidas, hasta que ella se rio y levantó el libro, y en voz en off, dijo dos palabras que me hizo estremecer:

-Te atrapé.

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