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Una relación falsa con el jugador de hockey favorito de mi ex

Una relación falsa con el jugador de hockey favorito de mi ex

Autor: Miss Anonymous
Género: Romance
Zane y yo estuvimos juntos diez años. Cuando él no tenía a nadie a su lado, lo acompañaba y apoyaba su carrera en el hockey, convencida de que, al final de todo, me convertiría en su esposa, la única mujer en su vida. Pero después de seis años de relación y cuatro años como su prometida, no solo me dejó, sino que, siete meses después, me envió una invitación... ¡a su boda! Como si eso no fuera suficiente, el crucero nupcial de un mes de duración era solo para parejas y tenía que ir acompañada. Si Zane creía que romperme el corazón me dejó demasiado destrozada para seguir adelante, estaría muy equivocado. No solo no me arruinó, sino que me dio la fuerza suficiente para seguir adelante con su jugador de hockey favorito: Liam Calloway.
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Capítulo 1 La ruptura

Entregué diez años de mi vida al único hombre que amé, mi exprometido, Zane Whitmoore.

Desde que estábamos en segundo año de secundaria, siempre estuve a su lado, moldeándome para ser la mujer perfecta para él.

Mantuve mis rizos negros cortos, como a él le gustaban, nunca me maquillé y me vestí con la ropa que aprobaba porque no le gustaba que otros hombres me miraran.

Durante diez años, hice todo lo que él quiso. Yo estaba destinada a ser su esposa. De hecho, todos sabían que éramos el uno para el otro.

Por eso no entendí cuando, seis meses atrás, él lo destruyó todo.

"¿Qué dijiste?", pregunté en un susurro.

Zane me miró al otro lado de la mesa del restaurante con expresión indescifrable; yo había hecho una reservación meses atrás por nuestro décimo aniversario.

"Creo que deberíamos terminar", soltó.

Parpadeé. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. "Zane, ¿estás bromeando? Porque no es gracioso, amor".

"No estoy bromeando, Emilia".

"¡Tienes que estar bromeando!". Mi voz se alzó ligeramente y miré a mi alrededor. La gente nos estaba mirando. Respiré hondo y alcancé sus manos al otro lado de la mesa. Mi anillo de compromiso seguía en mi dedo. Nunca había querido quitármelo, ni siquiera en ese momento.

"Apenas comenzamos a planear la boda", señalé, manteniendo mi voz estable.

"Sé que es estresante, pero por eso me he encargado de la mayor parte del trabajo".

No respondió.

"Si es demasiado, podemos posponerla", añadí, aunque las palabras me sabían a veneno. Ya la habíamos pospuesto por años. Pero si eso era lo que se necesitaba para mantenernos juntos, lo haría en un instante. "No quiero que te sientas presionado".

Zane exhaló bruscamente. "¿Entonces no quieres que me case contigo? Porque eso es algo que no quiero hacer, Emilia".

Sus palabras me cayeron como una bofetada, y sentí una opresión en el pecho. "No lo dices en serio".

"Claro que sí", replicó, en un tono firme y frío. No se parecía en nada al hombre del que me enamoré. "Ya no te amo. No lo he hecho en años".

Contuve la respiración.

"Me quedé porque sé cuánto te debo", admitió. "Pero ya no puedo anteponer mi felicidad a la tuya".

"Las relaciones pasan por momentos difíciles. Solo tenemos que trabajar en ello...".

Zane apartó su mano de la mía y se pasó la mano por el cabello. Siempre había sido guapo. Tenía el pelo castaño claro, los ojos dorados y una sonrisa que podía hacer derretirse a cualquiera. Sabía que tenía suerte de tenerlo.

Podía haber tenido a cualquier chica, pero me eligió a mí.

Eso tenía que significar algo. La gente no tira diez años a la basura así como así.

Pero ahora no me sonreía, sino que fruncía el ceño. Se levantó y se limpió la mano en el muslo, como si lo hubiera ensuciado con mi agarre.

"No quiero trabajar en nada. No contigo". Su voz sonó plana. "Han pasado diez años, Emmy. Si estuviéramos destinados a ser, ¿no nos habríamos casado ya?".

El apodo me dolió, y miré hacia mi plato. "La única razón por la que aún no estamos casados es porque tenías que concentrarte en tu carrera...".

"No". Su tono fue tajante. "Es porque nunca te vi como alguien con quien casarme".

Las palabras me cayeron como un puñetazo en el estómago.

"Puede que seas el tipo de alguien, pero no el mío, Emilia. Y además, la mayoría de los atletas de la LNH no se casan. Pero eso tú no lo entenderías".

Sí lo entendía. No quería pasarme toda la vida sin ser la esposa de alguien. Pero por él, lo habría hecho.

"No montes una escena, Zane. Podría haber periodistas aquí".

Él soltó una risita. "Siempre has sido una débil, ¿no?". Se inclinó un poco hacia mí. "Pero sí te quise cuando éramos más jóvenes. Por eso, puedes quedarte con el anillo de compromiso. No lo quiero de vuelta".

Se dio la vuelta para marcharse y luego miró por encima del hombro. "Ah, y ya no podemos vivir juntos. Lo entiendes, ¿no? Ahora soy un hombre libre. Debería poder llevar a mis ligues a mi pinche casa".

Sonrió con suficiencia. "Deja la llave en la maceta".

Luego se marchó.

Y así, sin más, se llevó mi vida con él.

Capítulo 2 La Panadería Whimsy

Han pasado seis meses desde que Zane me dejó.

Al principio, no lo tomé nada bien. Me echó de casa, y no tenía adónde ir hasta que Tessa, mi mejor amiga, me reservó el primer vuelo a Nueva York y me obligó a quedarme con ella.

Pasé noches enteras en su sofá, y lloraba en el baño cuando ella se iba a trabajar a la panadería.

Tessa y yo la bautizamos como "Panadería Whimsy", una noche de universidad, en la que terminamos borrachas y tuvimos una epifanía. Ignoré la panadería que Zane abrió para mí después de recibir su primer cheque de la LNH durante semanas. No me atrevía a poner un pie adentro.

Entonces Tessa se hartó. Me llamó vaga, dijo que estaba desperdiciando mis lágrimas por un "imbécil". y me arrastró de vuelta al trabajo.

Deshacerse de diez años de costumbres no ha sido fácil.

Algunas noches, todavía me encontraba mirando el celular, esperando un mensaje que nunca llegaría. Esperaba que Zane diera que había cometido un error, que me quisiera de vuelta.

Pero nunca lo hizo. Ni siquiera en mis sueños.

Era viernes y yo estaba en la panadería. La temporada regular estaba a punto de empezar. Lo sabía porque me había memorizado el calendario de Zane hacía meses. En ese entonces, planeaba mis días en torno a los suyos, asegurándome de que tuviéramos tiempo juntos.

Ahora, la única razón por la que seguía el hockey era Tessa. Últimamente había estado muy ocupada.

Era gerente de relaciones públicas de Nueva York Titans. Era el equipo favorito de Zane. Siempre soñó con ser elegido allí. En cambio, acabó en los Chicago Blizzards.

Fue una época difícil para nosotros. Él estaba muy enfadado por ello, y yo era con quien se desquitaba. Tuve que hacer todo lo posible para evitar que nuestra relación se desmoronara.

Aparté el recuerdo y saqué del horno la segunda tanda de galletas. En cuanto las dejé, sonó la campanilla de la puerta, haciéndome sonreír.

Los Beckett viven al otro lado de la calle. Pasan todas las mañanas a por galletas, y yo siempre me aseguro de tener algo extra para ellos.

"¡Buenos días, señorita Carter!", exclamó Ángela, su hija pequeña, dedicándome una sonrisa chimuela, mientras balancea su mano de un lado a otro, sin soltar la de su padre.

Al ver eso, mi corazón se derritió. "Buenos días, Ángela. Señor Beckett. ¿Solo ustedes dos hoy?".

El señor Beckett asintió, sonriendo. "Mi esposa dio a luz ayer. Vinimos a recoger algunos dulces para ella. Nos pidió específicamente sus donas".

La señora Beckett llevaba embarazada una eternidad, o al menos así lo parecía. En realidad, llevaba embarazada unos doce meses.

Solía sentarse en mi panadería, viéndome hornear, quejándose de lo pesada y cansada que estaba. Lo único que quería era un bebé sano y feliz. Los médicos dijeron que el largo embarazo era inusual, pero que no había nada de qué preocuparse.

Al oír la noticia, no pude contener mi emoción. Solté un chillido y Ángela soltó una risita.

"¡Felicidades! ¡Me alegro mucho por ustedes!". Sonreí radiante. "¡Enseguida les traigo las donas! ¡También hice unos cupcakes! ¡Es casi como si supiera que se avecinaba algo bueno!".

Ángela asintió entusiasmada. "¡Ahora tengo un hermanito! Es muy rojo y no muy guapo, pero mamá dice que todos los bebés son así".

"Eso no se dice, Ángela". la reprendió con suavidad el señor Beckett, mientras yo me apresuraba a empacar los cupcakes, las donas y unas galletas frescas para la señora Beckett.

"¡Pero es verdad!". Ángela hizo un mohín, cruzándose de brazos. Se volvió hacia mí en busca de apoyo. "¡Señorita Carter, dígale a papá que es verdad!".

Le entregué los dulces al señor Beckett y luego me puse una mano en la cadera mientras despeinaba a Ángela. "Estoy de acuerdo con tu papá. Puede que sea un poco rojo, pero sigue siendo tu hermano. Y como su hermana mayor, ahora es tu trabajo protegerlo. Sobre todo de la gente que habla de lo rojo que es".

Ángela soltó un bufido exagerado. "Eso va a ser muy difícil".

El señor Beckett soltó una risita. "Bienvenida a ser la hermana mayor".

Sonreí, observándolos a los dos. Momentos como estos me recordaban que no todas las relaciones se desmoronan. Algunas familias si vivían felices.

Pero, por alguna razón, ninguna de mis relaciones duraba. Por mucho que diera, nunca era suficiente.

Me despedí de los Beckett mientras se marchaban; su felicidad flotaba en el aire como el aroma de las galletas recién horneadas. Yo quería lo que ellos tenían, una familia que se preocupara por los demás.

Pero después de lo que hice siete años atrás, sabía que no tenía una familia a la que volver. Mis padres no me llamaban desde hacía meses. Mi hermana apenas reconocía mi existencia.

Me dolía menos cuando me decía a mí misma que me lo merecía. Que ese era el precio de mis errores. Y por mucho que perdiera, pensé que siempre tendría a Zane.

Pero incluso en eso fracasé.

Era patética. Ni siquiera podía ser el tipo de mujer con la que él quería casarse. Todo lo que tocaba se desmoronaba, y no había nada que pudiera hacer para evitarlo.

Sonó mi celular, y un rápido vistazo a la pantalla me indicó que era Tess. La sensación de opresión en el pecho se alivió en cuanto oí su voz.

"No estás en mi sofá, ¿verdad?", preguntó, con un tono tan escéptico que solté una carcajada.

"No, Tess. Estoy en la panadería. Incluso te hice unas galletas".

En ese momento, sonó la campanilla de la puerta y entró Tessa, levantando el celular con una sonrisa triunfante. "Bueno, gracias a Dios por las pequeñas victorias".

Tessa y yo éramos mejores amigas desde nuestro primer año de universidad.

Fue una época difícil para mí, seguí a Zane a la universidad en Nueva York porque me lo pidió, pero me costó adaptarme.

A él nunca le gustó que tuviera demasiados amigos, así que no estaba acostumbrada a tener a alguien que no fuera él en quien apoyarme. Entonces conocí a Tess en una clase de Historia del Arte.

Ella no soportaba a Zane, y yo solía odiar eso de ella. Pero, por alguna razón, se quedó de todos modos.

Era una mujer despampanante, de esas que roban miradas con su cabello rubio platino, sus ojos verde bosque y sus piernas largas. Éramos polos opuestos en todos los sentidos.

Ella era blanca, mientras que yo, morena; además, su cierpo era curvilíneo, mientras yo, una tabla. Tenía curvas en todos los lugares adecuados, mientras que yo siempre me sentí insegura por las mías, inexistentes. Eso sin olvidar sus llamativos ojos, mientras que yo tenía unos... marrones.

Comparada con ella, yo era una chica normal.

Y no solo en el aspecto, sino también en la personalidad. Cuando le dijo a Zane que iba a ser gerente de relaciones públicas de un club de hockey, él se rio en su cara y le dijo que estaba perdiendo el tiempo.

Ahora ella hacía exactamente lo que le gustaba, mientras yo seguía atrapada preguntándome qué rumbo tomaba mi vida.

Antes de que Zane y yo empezáramos a salir, soñaba con tener una galería de arte, pero él pensó que eso no era lo bastante bueno.

Me encantaba hornear y la panadería, pero a veces no podía evitar sentir que solo la compró para asegurarse de que yo hiciera exactamente lo que él quería.

Tess se acercó, me rodeó con los brazos y me llenó de besos, haciéndome reír. Siempre fue muy cariñosa. Era entrañable.

Entonces sentí que se desplomaba contra mi espalda con un suspiro. "No vas a creer lo que pasó".

Capítulo 3 La invitación de boda

Tarareé suavemente y esbocé una leve sonrisa. "Hola a ti también. Puedes sentarte mientras preparo el café. Un flat white con canela encima, ¿verdad?".

Ella sonrió con ganas y respondió: "Te quiero, me conoces tan bien". Se quejó y se desplomó contra la silla, apoyando el brazo en la mesa y sosteniendo la cabeza con la mano.

Empecé a preparar nuestros cafés, pero eché un vistazo al reloj con el ceño fruncido. "Son apenas las diez de la mañana, Tess. ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en el trabajo?".

Ella suspiró con fuerza, antes de revelar: "Sí, debería. Pero estoy agotada. Tuve que salir temprano".

Empecé a amasar el pan y alcé una ceja. La hora pico era a mediodía así que debía apurarme. "¿Emergencia en el trabajo?".

"¿Cuándo ha sido otra cosa? Hoy ni siquiera se considera una emergencia. Normalmente, todo el equipo me da problemas, ¡pero esta vez es solo una persona!".

'Aquí vamos de nuevo', pensé.

"Se llama... Leon, ¿verdad?", pregunté, intentando recordar.

Ella me miró con una ceja arqueada. "Buen intento, pero deberías saberlo. Me he quejado tanto de él que ya debería ser un nombre conocido. Es Liam Calloway. Fuimos juntos a la universidad. ¿Recuerdas?".

Eso fue nuevo para mí. "¿En serio?".

"Claro que sí. Estaba un año por delante de nosotras. Jugaba en el equipo de hockey con Zane. Dios mío, Zane estaba tan obsesionado con él que incluso quería que lo reclutaran los NYC Titans solo porque Liam lo había hecho. ¿Recuerdas?".

'¿Era por eso que Zane quería tanto que lo eligieran los NYC?', me pregunté, antes de rebuscar en mi memoria. Me llevó a su partido de hockey un día, cuando no quería que Tess me llevara, así que ella se vio obligada a acompañarnos. Creo que entonces mencionó a un Liam.

Sí que parecía un poco obsesionado.

Al final, solo negué con la cabeza. "No te preocupes, la obsesión de ese imbécil no era el problema de todos modos", suspiró ella. Luego, con el ceño fruncido, inquirió: "¿Cuál era el problema otra vez?".

"Emergencia en el trabajo".

"¡Cierto! ¡Eso!", resopló, alterándose nuevamente. Yo me lavé las manos, agarré nuestros cafés y puse las galletas en un plato grande. Antes de instalarme en mi lugar, le entregué su bebida. "¡Es un playboy insoportable!".

Confundida, incliné la cabeza y le pregunté: "¿Y... eso es un problema?".

"Normalmente, no. No es asunto del equipo. Pero últimamente se ha pasado de la raya. Es el nombre más importante del hockey en este momento, y con la temporada regular a la vuelta de la esquina, ¡debería estar puliendo su imagen, no arruinándola!".

Como no entendí de todo su punto, me encogí de hombros.

Luego, le soplé a mi humeante café y bebí un sorbo. "Pero deberían llevarse bien, ¿no? Se conocieron en la universidad".

Tras mirarme unos segundos como si fuera una ignorante, escupió: "No se trata de su personalidad. Si lo fuera, no sería un problema porque es encantador y simpático. Pero sus contratos de patrocinio tienen una cláusula de moralidad. Tiene que mantener una buena reputación o los perderá. Incluso el contrato del club tiene la misma condición. Si sigue así, perderá su trabajo".

"No puede ser tan grave".

"¡Lo es! Incluso su representante está encima de él. Sé que puede estar pasando por algo, pero esto no es la forma. ¿Conoces a Jessica Monroe? ¿De Confidential Family?".

Ante la mención de nuestro programa favorito, mi ánimo mejoró un poco. "¿Quién no?".

"¡Exacto!". Furiosa, añadió: "Se supone que están saliendo y que tienen una relación feliz, pero anoche salieron fotos de él en una cita con su coprotagonista".

Con la mandíbula desencajada, exclamé: "¿Engañó a Jessica Monroe?".

Tess agarra una galleta y la mastica con rabia. "No lo sé. Estaba demasiado ocupada enfadada porque fue lo bastante tonto como para dejarse fotografiar en un momento tan crucial. Ni siquiera pensé en preguntarle. ¡Todo el mundo conoce a Jessica Monroe! Confidential Family es el programa más visto ahora mismo. Sus fans están enloqueciendo, insultándolo en las redes sociales".

"Bueno, se lo merece. De todos modos, ella es demasiado guapa para él". Nunca había visto al tipo, pero Jessica era básicamente una diosa. "Qué desgraciado".

"Quiero decir, sí que se veían muy bien juntos. Dos personas ridículamente guapas se merecen la una a la otra, supongo. Y en realidad no es un desgraciado. Probablemente sea el mejor tipo que conozco", señaló mi amiga, con una sonrisa tímida. "Después de ti, por supuesto. Liam solo está pasando por algo, no estoy segura de qué, pero espero que lo maneje con más discreción".

Asentí. "Entonces, ¿cuál es el plan?".

"Relaciones públicas de emergencia, por ahora. Estoy bastante segura de que él y su coprotagonista no estaban realmente en una cita. Demonios, ni siquiera estoy segura de que él y Jessica estuvieran realmente saliendo. Es solo lo que todo el mundo asumió. Tiene problemas de compromiso. Dejaremos que pase, probablemente le preguntarán a Jessica al respecto durante su gira de prensa y lo aclarará. Después de eso, iremos con el ángulo de la relación seria. Haremos que finja salir con alguien menos famoso, y cuando rompan, volverá a ser el playboy desconsolado y un favorito de los medios".

No pude evitar sonreír. Por supuesto, mi amiga ya lo había pensado todo.

Cada vez que Zane despotricaba, era para pedir consejos que nunca iba a seguir. Pero cuando Tessa lo hacía, ya sabía exactamente qué hacer, solo necesitaba que alguien la escuchara.

Me estremecí un poco, consciente de que debía dejar de pensar en él. Habían pasado meses. Probablemente él no había pensado en mí ni una sola vez.

Ya había pasado seis meses llorándolo. Era hora de dejarlo ir. No sería fácil, nada lo era, pero tenía que intentarlo.

"¡Tierra llamando a Emmy!", canturreó Tessa, sacándome de mis pensamientos. Aunque sonríe, noté la preocupación en sus ojos. "Te perdí por un segundo. ¿Estás bien?".

Estaba tan distraída que ni siquiera me di cuenta de que había terminado de comer.

Sonreí y le tomé la mano. Por un segundo, me aterrorizó que se apartara y se la limpiara en los pantalones de su traje, tal como lo hizo Zane.

Como si yo fuera algo sucio. Algo repugnante.

Pero no lo hizo. En cambio, me apretó la mano, borrando el amargo recuerdo que él dejó atrás. "¿Quieres decirme en qué estabas pensado?".

Negé con la cabeza, odiando la forma en que me escocían los ojos. "Solo pensaba... que ya es hora. Tengo que seguir adelante. De una vez por todas".

No pude contener mis lágrimas. Los ojos de Tessa estaban sospechosamente húmedos cuando me abrazaba. "Dios mío, Em. Estoy tan orgullosa de ti".

Estaba siguiendo adelante. Por fin dejé atrás a mi ex imbécil.

O al menos, ese era el plan.

Un mes después, recibí un mensaje de Zane.

Era una invitación a su boda.

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