El aroma de una deliciosa cena impregnaba el aire, pero el ambiente en el hogar de los Palmer era todo lo contrario a agradable. Estefanía Gilbert, la anfitriona, acababa de poner la mesa cuando algo le revolvió el estómago: su esposo, Erik Palmer, entrando con su amante, Vivian Howard, agarrada de su brazo.
Tres años después de casarse, el amor que sentía por su esposo era como una flor que se marchitaba, descuidada y sedienta bajo la sombra de su indiferencia.
Los provocativos mensajes de Vivian a la esposa, que incluían fotos íntimas de ella con Erik, tenían la intención de retorcer el cuchillo en el ya herido corazón de Estefanía.
Como una flor que se marchita que lucha por la luz del sol, su matrimonio apenas había sobrevivido esos tres años, dejándola exhausta y con el corazón roto.
Apoyándose en él como una enredadera que se aferra a un enrejado, Vivian arrulló: "¡Estefanía, siento mucho aparecer así en tu cena! ¿Cocinaste todo esto? ¡Eres muy buena en la cocina! Yo, en cambio, siempre he tenido problemas de salud. Por eso Erik me cuida tanto y nunca me deja cocinar".
Los labios apretados de Estefanía revelaban la tormenta que se gestaba en su interior. La sola presencia de Vivian era un claro recordatorio del amor perdido, del vacío que había dejado donde debería estar el afecto de su esposo.
"¿Así que ahora una amante puede entrar en mi casa como si nada? Es completamente absurdo".
"¡Estefanía, no saques conclusiones precipitadas!". Vivian hizo un puchero, con un toque de falsa herida en la voz. "Erik y yo no somos más que amigos. Mi médico me recomendó una dieta estricta debido a mi delicada salud, ya sabes. Así que, cuando me enteré de que cocinas tan bien, casi le rogué a Erik que me trajera aquí. Seguramente no le negarías a una pobre alma una comida saludable y casera, ¿verdad?".
Estefanía apretó los puños y dijo: "Espera, señorita Howard. Apenas nos conocemos, así que no hables como si fuéramos amigas. Esta comida era para mi esposo, no para invitados sin invitación".
"¡Vamos, Estefanía! ¿Cuál es el drama? ¡Se supone que eres hospitalaria! Es solo una comida, relájate".
"Sinceramente, supéralo. Es solo una cena. Nos has estado recibiendo desde que te casaste con mi hermano. ¡No actúes como si la presencia de Vivian fuera una gran tragedia!", intervino Lacey Palmer con impaciencia mientras bajaba las escaleras.
"Y para ser sincera, Vivian podría haberse casado con mi hermano si tú no hubieras aparecido", agregó Lacey mientras se sentaba habitualmente en la mesa, haciendo un gesto a Vivian para que se uniera a ella.
Se sentaron en tenso silencio, la charla de Lacey y Vivian contrastaba fuertemente con la tensión en el aire entre Estefanía y Erik. Sus miradas esquivas y sus posturas tensas lo decían todo, pintando una imagen clara de un matrimonio fracturado.
El teléfono sonó.
Erik contestó apresuradamente, intercambió unas palabras y colgó abruptamente.
"Tengo algunos asuntos de negocios que atender en la empresa. Estefanía, por favor, encárgate de todo aquí. No volveré esta noche", anunció apresuradamente antes de irse.
Apartando su plato intacto, Estefanía miró a las mujeres que quedaban con una mirada de acero. "Ya terminé. Disfruten su comida".
Con eso, se levantó y subió las escaleras.
"¿Qué hice? ¿Estefanía está molesta porque estoy aquí?". Vivian parpadeó, fingiendo preocupación.
"Déjala, Vivian. Prueba esto...".
Perdida en sus pensamientos, Estefanía trazó el patrón de la colcha, mientras tres años de recuerdos se arremolinaban en su mente.
Nunca en sus sueños más locos imaginó que alguien le moviera el piso durante un discurso en el campus. Sin embargo, allí estaba ella, completamente cautivada por cada palabra y gesto de Erik.
Desde ese momento, casarse con él no fue solo un deseo, sino una inscripción grabada en su alma.
Sin embargo, su príncipe azul resultó no ser tan perfecto después de todo, y sus sueños se desmoronaron como una comedia romántica que salió mal.
Él tenía la dulzura que ella había imaginado, pero no estaba dirigida hacia ella.
Tenía la fuerza y la influencia en las que ella había creído, pero demostró no estar dispuesto a protegerla.
Atrapada en una jaula de oro, sofocó sus propias necesidades, sirviendo a los Palmer con un corazón lleno de resentimiento y esperanza por un amor que parecía desvanecerse con cada sacrificio.
A pesar de los obstáculos que la madre y la hermana de Erik le ponían, ella soportó todo sin causarle ningún problema.
Con una frágil esperanza aferrada a su corazón, Estefanía se prometió a sí misma perseverar, esperando que eso finalmente le abriera los ojos a su genuino amor por él.
La invitación fue una bofetada en la cara, un descarado desprecio por sus sentimientos cuando Vivian, la fuente de su inseguridad, entró como Pedro por su casa.
¿Su siguiente paso sería hacerla ceder su lugar a Vivian?
¡Toc, toc!
Hubo un golpe en la puerta.
Estefanía abrió y se encontró con Vivian, que parecía arrepentida. "Estefanía, lo siento. No me di cuenta de que hoy era tu tercer aniversario de bodas con Erik. No quise entrometerme".
"Erik no está aquí. Puedes dejar de fingir", respondió Estefanía sin rodeos, sin ganas de conversar con Vivian.
La actitud de Vivian cambió abruptamente al entrar en el dormitorio. Con desdén, le dijo a Estefanía: "Estefanía, si yo estuviera en tu lugar, me divorciaría de Erik inmediatamente. Está claro que no te ama".
Estefanía frunció el ceño. "¿Y qué importa si no me ama? Mientras siga casada con él, sigo siendo su esposa".
Al inspeccionar la habitación, Vivian soltó: "No seas tan arrogante. Imagina si me lastimara aquí, ¿cómo crees que reaccionaría tu esposo?".
Estefanía sabía que no se pondría de su parte si algo así sucedía. "¡Vete!", ordenó ella.
"Tres años es mucho tiempo", replicó Vivian, ignorando la orden. "Vine a decirte que ya no esperaré más". Una sonrisa de suficiencia se dibujó en el rostro de Vivian.
"¿Qué quieres decir?", preguntó Estefanía, sintiendo cómo aumentaba su inquietud.
De repente, Vivian se dio la vuelta, agarró una cuchilla para cejas y se la hundió en el abdomen.
"¡Estefanía, quiero tu vida!".
La expresión de Estefanía se tornó gélida. "¡Vivian! ¡¿Qué rayos estás haciendo?!".
La sangre brotaba de los labios de Vivian mientras su mirada se dirigía detrás de Estefanía. "Lacey, ayúdame...".
En el hospital, cuando Erik llegó, un médico acababa de salir de la sala de emergencias.
"¡El riñón de la paciente está dañado y requiere un trasplante!".
"¡Estefanía! ¡¿Cómo pudiste ser tan cruel?!". Erik la confrontó de inmediato, dándole un fuerte empujón que la hizo tambalearse hacia atrás. "No fui yo. Ella misma se lo hizo...".
Él la acorraló. "¿Sugieres que Vivian se apuñaló a sí misma?".
"¡Estefanía! Yo lo vi todo. Mi hermana, al verte alterada, fue a tu habitación a disculparse. ¡Y tú la atacaste! ¡Si yo no hubiera intervenido, ella ya estaría muerta!". Lacey sollozaba.
El médico se impacientó. "¡Su condición es crítica!".
"¡Tú! ¡Le debes un riñón a mi hermana!". Lacey señaló a Estefanía al recordar algo. "Ella tiene un tipo de sangre universal. Seguro será compatible".
Erik se acercó a su esposa con una mirada penetrante.
Ella negó con la cabeza con vehemencia. "Aléjate de mí".
"Doctor, hágale la prueba de compatibilidad a ella", ordenó él.
"No, soy inocente. Yo no la apuñalé...". Estefanía luchó por alejarse.
Pero su esposo no estaba solo. Con un asentimiento de su parte, sus guardaespaldas avanzaron.
"¡Erik!". Estefanía sacó fuerzas de flaqueza y empujó al guardaespaldas que tenía delante. "¿De verdad vas a quitarme el riñón para dárselo a Vivian?".
"Tú la heriste, así que es justo que pagues por ello", respondió él con frialdad.
"¿Me estás condenando sin ninguna prueba?", replicó Estefanía, con el corazón encogido de angustia.
Él frunció el ceño. "¿Crees que mi hermana me mentiría? ¿Y el médico también miente?".
Estefanía se burló con frustración. Durante esos tres años, no era la primera vez que Vivian tramaba algo, ni la primera que Lacey la intimidaba. Sin embargo, Erik siempre optaba por creer a todos los demás menos a ella.
"Erik, terminemos esto con un divorcio".
"¿Ahora te arrepientes de todo?". El tono del hombre destilaba desprecio.
La determinación de Estefanía se fortaleció. "¡A partir de este momento, lo nuestro se acabó! Si decides casarte con Vivian o con quien sea, ya no me importa".
Erik se mofó. "¿Quieres el divorcio? Bien. Pero primero pagarás por lo que hiciste".
La mirada de Estefanía se mantuvo firme. "Soporté tanto porque te amaba, Erik. ¡Pero ahora veo lo tonta que fui al enamorarme de ti! ¿Crees que puedes apropiarte de mis órganos? ¡Vete al diablo!".
No podía concebir que la mujer que había perseguido a Erik sin descanso realmente hubiera recurrido a hacerse daño a sí misma.
"¡Apártense de mi camino!".
Pasando junto al doctor, entró de golpe en la sala de operaciones.
Vivian estaba acostada en la mesa de operaciones, hablando con una enfermera.
"¡Así que de verdad deseas mi muerte!", dijo Estefanía con frialdad.
"Estefanía...".
¡Plaf!
Estefanía le dio una bofetada a Vivian con toda su fuerza.
"¡Estefanía!". Erik la alcanzó, con la ira ardiendo en sus ojos.
"¿Qué, temes que le haga daño?". El tono de Estefanía destilaba desdén.
Erik dirigió su mirada hacia Vivian, en un gesto de consuelo. "No te preocupes. No dejaré que te pase nada".
Una sonrisa triunfante se dibujó en los ojos de Vivian, pero puso una expresión lastimera cuando se volvió hacia Erik. "Erik, me duele mucho...".
Estefanía se llevó las manos al abdomen. "¿Lo quieres?".
"Estefanía, no te guardo rencor. Si no estás dispuesta a donarme tu riñón, lo entiendo perfectamente". Las palabras de Vivian desmentían sus lágrimas.
"Si lo quieres. Primero tienes que estar gravemente herida de verdad". La actitud de Estefanía se volvió glacial mientras se acercaba a Vivian.
Levantó la gasa, dejando al descubierto la herida de Vivian a todos.
La expresión de Erik se ensombreció en un instante.
En el abdomen de la otra mujer solo había un pequeño arañazo, de apenas dos pulgadas de largo, y ya no sangraba más.
Como Estefanía esperaba, la cuchilla no era ni grande ni afilada, y Vivian carecía de la determinación necesaria para hacerse daño en serio.
En el pasado, Estefanía se había preocupado por los sentimientos de Erik, evitando molestarlo o meterse en problemas. Así que toleraba las artimañas de Vivian.
Sin embargo, su corazón, antes blando, se había solidificado hasta convertirse en acero. Ya no le importaba lo que Erik sintiera, y no estaba dispuesta a tolerar las mentiras de Vivian.
"Señorita Howard, ¿cree que puede exigir mi riñón con solo arañarse? Se engaña a sí misma". Se acercó, apuntando con el dedo a la herida de Vivian.
"No...". Vivian nunca había visto esa faceta de Estefanía, tan siniestra como un demonio salido del infierno. "Yo... no sé nada. Quizás el médico se equivocó. Por favor, cálmate".
"¿En serio? Entonces déjame agrandarla para que Erik pueda comprobar si tu riñón está realmente dañado". Estefanía presionó con más fuerza, haciendo que la sangre saliera a borbotones de la herida.
Con los ojos desorbitados, Vivian le suplicó a Erik. "¡Erik, sálvame! Por Phil...".
Al escuchar ese nombre, Erik se suavizó ligeramente.
Se acercó y sujetó a Estefanía por la muñeca. "¡Ya basta!".
Estefanía soltó su agarre, con una sensación de derrota.
"¡Bien! Erik, prepararé los papeles del divorcio y te los enviaré. A partir de ahora hemos terminado", declaró Estefanía mientras se alejaba, dejando a su esposo con una sensación de vacío, sin saber por qué.
"Erik...". La voz de Vivian temblaba.
Erik desechó esos pensamientos inquietantes. Estefanía era huérfana, y si se separaba de él, no tendría a dónde ir.
Esta vez la había juzgado mal.
Ya la compensaría más tarde.
Por el momento, tenía que ocuparse de la situación que tenía entre manos.
Girándose hacia el médico, inquirió: "¿El riñón está roto? ¿La situación es crítica?".
El médico, nervioso, miró a Vivian de reojo. "No fue un error de diagnóstico, señor Palmer. Por favor, perdónenos. Fue idea de la señorita Howard. Dijo que si su esposa fallecía, ella...".
"¡Fuera!", estalló el hombre.
"¡He sido demasiado permisivo con ustedes todos estos años!". Sus ojos se oscurecieron de ira.
"Erik, me equivoqué. Por favor, ¿recuerdas a mi hermano? Perdóname esta vez", suplicó la mujer con lágrimas en los ojos.
Él suspiró. "Esta es tu última oportunidad, Vivian. ¡No me casaré contigo, nunca! Si vuelves a engañarme, ni siquiera Phil regresando de entre los muertos podrá salvarte".
Después de salir del hospital, Erik realizó varias llamadas, pero Estefanía no respondió ninguna.
Era como si se la hubiera tragado la tierra. Su casa, su lugar de trabajo, sus lugares que solía frecuentar... pero no la encontraron en ninguno.
En la residencia de los Gilbert, un hombre se encontraba sentado en el sofá de la sala de estar con las piernas cruzadas. Llevaba gafas de montura dorada, que le conferían un aire de nobleza. "¿Por fin decidiste volver a casa?".
Estefanía lo miró, haciendo un puchero y las lágrimas cayendo por sus mejillas. "¡Eddie!".
"¿Por qué lloras? Si alguien te acosa, enfréntate a él. Eres mi hermana pequeña y siempre te he cubierto las espaldas, ¿de acuerdo?", dijo el hombre con despreocupación.