Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Una semana para el amor
Una semana para el amor

Una semana para el amor

Autor: : Evelyn Zap
Género: Romance
Lorey es una hermosa y brillante mujer de 32 años y quien creyó casarse con el amor de su vida. Sin embargo, aquel matrimonio solo se convirtió en su cárcel de discusiones, reclamos y decepciones por parte de su esposo. Cuando Lorey decide divorciarse y pasar una temporada en Italia, nunca imaginó que, recién, podría llegar a encontrar su verdadero amor, Vicenzo. Vicenzo (quien realmente se llamaba Leo) vive su propio tormento en su casa después de haber contraído matrimonio, hace 19 años, con Norka, una mujer que aceptó casarse con él por interés, pero quien mantiene una relación clandestina con uno de los mejores amigos de su esposo. ¿Cómo podría cruzarse las vidas de dos personas atormentadas como Lorey y Leo (por quienes consideraron al amor de sus vidas) en el momento exacto y en el lugar preciso? Descúbrelo en... Una semana para el amor...

Capítulo 1 CAP 1

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

* * * * * * * * * Lorey * * * * * * * * *

Me paro frente a mi espejo y termino de colocarme el par de pendientes que había elegido para esta ocasión especial.

-Tres años -susurro frente a mi espejo mientras me sonrío.

Hoy cumplía tres años de matrimonio con Jake. Tres años que, si bien no han sido de ensueño, los hemos sabido sobrellevar.

-¡Dios! -exclamo en un susurro al llevar ambas manos a mi cuello- La cadena; me falta la cadena -digo al darme cuenta de que aún no me la había puesto; así que me dirijo a mi armario y saco la caja que tenía el regalo que Jake me había dado durante nuestra luna de miel.

-Aquí estás -le hablo a la joya al sacarla de su empaque y, de manera inmediata, regreso al espejo para ponérmela como debería-. Veamos... -susurro al tiempo en que me la voy colocando-. ¿Cómo era esto? -me pregunto al tener dificultades para ponerle su seguro- Creo que.... -alargo- ¡ou! ¡sí! -exclamo sonriente-. Así era -menciono cuando he acabado.

-Bueno -suspiro-, ahora sí, Lorey -le hablo a mi reflejo-, ya estás lista -sentencio al repasar mi imagen en el espejo.

Me veía sumamente sexi con el vestido que había decidido comprar con la ayuda de mi amiga. Me gustaba cómo me quedaba la prenda; me gustaba el peinado, el maquillaje suave y, sobre todo, amaba los preciosos stilettos que había logrado encontrar, ya que parecían ser hechos, exclusivamente, para ser usados con el vestido que llevaba puesto.

-Fantástico -susurro para mí, verdaderamente asombrada por el resultado.

Sigo concentrada observándome hasta que el sonido de mi alarma me recuerda que ya eran las 7 de la noche y eso solo significaba una cosa: Jake ya estaba por llegar en cualquier momento. Así que, con el tiempo preciso, salgo de mi habitación y camino rumbo a la sala.

Al llegar a esta, voy de inmediato hacia la mesa, la cual había decorado con esmero para esta noche tan especial. Cuando llego a ella, lo primero que hago es tomar el encendedor que había sobre esta para encender las velas de centro; así como el resto de velas que decoraban toda nuestra sala.

Cuando termino con aquella tarea, tomo la cesta de pétalos de rosas rojas y rocío un poco más de ellas en el camino que conduce a las escaleras rumbo a nuestro segundo piso (lugar en el que se encontraba nuestro dormitorio.

Luego de ello, regreso el cesto a su lugar y tomo el control de nuestro equipo de sonido para encenderlo y empezar a reproducir nuestra canción de bodas:

Ya con todo listo, solo me dedico a esperar a que Jake llegue a casa pronto para empezar con nuestra celebración.

-Siete y veinte -murmuro al ver mi reloj de pulsera al tiempo en que sigo de pie frente a la puerta-. Ya debe estar por llegar -susurro al comenzar a caminar tranquilamente de un lado a otro.

Luego de unos minutos, vuelvo a ver mi reloj.

-Siete y cuarenta -siseo al ver que no había llegado; así que, instintivamente, camino hacia la ventana y muevo un poco la cortina para observar hacia afuera.

«Tal vez, hoy también se retrasó en el trabajo», pienso al exhalar pesadamente

«Pero... ¿Y si le ha pasado algo?», me pregunto en silencio un tanto preocupada.

-No, no, no -me respondo rápidamente-. No seas tonta, Lorey -me reprendo-. Tal vez, solo se ha quedado varado en el tráfico y su celular ha de estar sin batería -formulo-. Por eso no llega aún -señalo-; además, no es la primera vez que le pasa -determino algo desanimada al tiempo en que dejo de mirar por la ventana y, sin intención, dirijo mi mirada al teléfono de la sala.

-Pero..., tal vez, lo mejor sea llamar a Charles -sentencio; y, de inmediato, voy hacia aquel y marco al número de celular de su mejor amigo, pero no me contesta; así que decido intentar con el de su casa.

-Diga -me responde alguien y puedo reconocer su voz en un dos por tres.

-Valerie, buena noche -la saludo-. Soy yo; Lorey.

-¡Ah! ¡Hola, Lorey! -saluda animada-. Dime, ¿qué pasó? ¿estás bien?

-Sí, sí; yo estoy bien -le contesto tranquila.

-Que bueno escuchar eso -responde sincera-. Entonces dime en qué puedo ayudarte.

-Ah... Valerie, yo quería saber si Charles ya había llegado a casa.

-Sí, sí; él ya está aquí -contesta amablemente-. ¿Quieres hablar con él? ¿Te lo paso? -pregunta.

-No, no es necesario -respondo-. Lo que quería preguntarle es si él sabía algo de Jake -le preciso apenada-. Aún no ha llegado a casa y hoy teníamos algo importante que hacer-le comento.

-Haber, dame un momento, Lorey -me pide; y la línea se queda en silencio por unos largos segundos hasta que...

-¿Lorey? ¿Sigues así? -escucho repentinamente; y me doy cuenta de que ahora es Charles quien tomaba mi llamada.

-Sí, sí, aquí estoy -me apresuro en responder.

-Soy Charles...

-Sí, lo sé -lo interrumpo

-Sí, claro -lo escucho bufar-. Bueno, ¿qué pasó? -indaga agreste; y escucharlo usar aquel tono de voz me recordaba, una vez más, de que yo era una de las personas menos favoritas de aquel y hasta seguía sin entender por qué-. ¿Lorey?

-Sí, sí, aquí estoy...

-Lorey, estoy a punto de cenar con mi familia -informa un tanto molesto-. Dime qué quieres saber -añade impaciente.

-Sí, yo... lo lamento, Charles...

-Solo dime, Lorey -interrumpe con cansancio.

-Sí, sí, perdón -respondo rápidamente-. Yo quería preguntarte si sabías algo de Jake -articulo-. No sé..., si tal vez iba a demorar un poco hoy...

-¿Un poco? -repite aquel con cierto grado de diversión-. Pues te voy adelantando que hoy llegará muy tarde -precisa.

-¿Por qué? ¿Pasó algo malo en el trabajo? -interrogo preocupada.

-No, no, nada de eso -afirma.

-¿Entonces? -siseo sin ser consciente.

-Entonces..., sucede que Jake trabaja mucho, Lorey -menciona-. Deberías dejar de estarlo controlando -añade, de pronto, con cierta molestia.

-¿Qué? -siseo- No... no es por controlarlo, Charles -le explico.

-Es lo que estás haciendo, Lorey -replica-. Deja de hostigar a mi amigo -me pide-. Él solo...

-No, Charles -lo interrumpo-. Estás confundiendo las cosas. Yo solo quería saber si hoy llegaría tarde porque...

-El motivo es lo de menos, Lorey -rebate-. Deja de hostigar a Jake -manifiesta con voz firme otra vez- o se va a cansar...

-Charles, no -objeto rápidamente y un tanto preocupada-. Esa no fue mi intención...

-Yo ya te lo advertí -añade al interrumpirme nuevamente.

-No, Charles -me apresuro en responder-. No es así, yo...

-Adiós, Lorey -se despide; y después, solo oigo cómo (sin esperar respuesta alguna de mi parte) da por terminada la llamada, ya que puedo empezar a escuchar el pitido del teléfono. Al oír ello, solo me limito a cerrar mis ojos para después soltar una pesada respiración.

Discutir con Charles era lo mismo que discutir con Jake, ya que este siempre le decía todo lo que veía o decían de mí a mi esposo; además de pasarle sus propias quejas y, por alguna razón, Jake siempre terminaba por creerle a su amigo. Así que, si ahora Charles le decía algo sobre esta llamada, lo más probable era que Jake y yo tuviésemos otra discusión más que nos llevaría a dejar de hablarnos, por lo menos, una semana.

-Dios -murmuro de pronto al abrir mis ojos y alejar el teléfono de mi oído para colocarlo en su lugar correspondiente-. Solo espero que esta vez no se lo diga -deseo en voz alta.

-Bueno... -inhalo y exhalo lentamente-, creo que solo es cuestión de esperar -preciso; y decido ir a sentarme en el cómodo sofá de la sala para esperar al hombre del cual seguía enamorada.

Teníamos tropiezos; muchos tropiezos (demasiados en sí), pero, a pesar de ello, tenía que intentarlo. No podía tirar por la borda más de 15 años de relación.

-Solo una vez más -articulo al tiempo en que me voy acostando sobre el sofá para esperar a mi marido-. Solo una vez más -repito; y después, solo me dedico a escuchar la hermosa canción de Faith Hill que sonaba en mi estéreo: Like we never loved at all.

Capítulo 2 CAP 2

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

* * * * * * * * * * Lorey * * * * * * * * * *

No sé cuánto tiempo había pasado desde que me senté a esperarlo en el sofá, pero, en este momento, lo único que sabía era que me había quedado dormida en una mala posición sobre este y aquello se reflejaba en el moderado dolor de cuello que sentía en este preciso instante.

-Ah... -me quejo al llevar una mano hasta mi nuca- Dios -siseo-, pero qué hora será -agrego adormilada mientras procedo a tallarme los ojos con mis manos para después observar mi reloj de pulsera.

Cuando hago ello, me quedo totalmente absorta ante la hora que este marcaba.

-¿Qué? -articulo sorprendida al levantarme rápidamente del sofá-. Esto no puede ser cierto -pronuncio al caminar hacia mis ventanas-. Esto no... ¡Ah! -me quejo al abrir mis cortinas y, por instinto, con uno de mis brazos, me cubro los ojos para evitar que la luz me siga dañando las vistas.

-¡Carajo! -exclamo no muy fuerte al alejarme de la luz por completo, ya que esta era demasiado fuerte estaba ocasionando que mi dolor de cabeza (por haber dormido en una mala posición sobre el sofá) se acrecentara.

-Pero... ¿Y Jake? -me pregunto de forma repentina al empezar a buscarlo con la mirada en nuestra sala.

-No creo que no haya llegado -menciono un tanto intranquila al empezar a caminar hacia nuestro segundo piso e ir hacia la habitación.

-Jake -lo llamo al subir las escaleras- ¡Jake! -exclamo, pero no obtenía respuesta- Jake -lo nombro otra vez al haber llegado a la segunda planta y empezar a caminar hacia nuestro dormitorio-. Jake, amor -digo al abrir la puerta, pero no lo veo por ninguna parte-. ¿Jake? -hablo un tanto nerviosa al entrar por completo al cuarto; sin embargo, él no estaba por ninguna parte.

-Jake -repito otra vez al ir hacia nuestro baño y abrir la puerta de este; sin embargo, este espacio también estaba vacío.

-Jake -siseo muy preocupada al tiempo en que decido salir de la habitación para poder regresar a la sala.

Al llegar a esta, lo primero que hago es tomar el teléfono para poder marcarle nuevamente, pero este sonaba apagado, lo cual logró acrecentar mi angustia.

-Dios, Jake, contesta -le pido muy nerviosa al llamarlo otra vez, pero, al igual que antes, no obtuve respuesta alguna- Una vez más, una vez más -me digo nerviosa-. Él va a contestar; tiene que contestar -determino; y me dispongo a intentarlo por tercera vez; sin embargo, lo único que escuchaba era la voz de la contestadora.

Ante esta situación, no espero más y lo primero que empiezo a hacer es subir las escaleras nuevamente para poder ingresar a nuestra habitación y tomar mi cartera con mis llaves de la casa y del auto para así, salir en busca de mi esposo. Y no era por querer controlarlo (como alegaba Charles), sino porque, realmente, estaba muy angustiada por el hecho de que no haya llegado en toda la noche y porque tenía el celular apagado.

Cuando llego a la sala con mi cartera lista, camino hacia nuestro perchero (el cual estaba a un lado de la puerta) y tomo mi abrigo para salir, de inmediato, de mi casa. Estoy abriendo la puerta cuando, de forma sorpresiva, suena el teléfono de la sala. Al escuchar el sonido de aquel, vuelvo a cerrar la puerta para después, caminar en su dirección de forma apresurada.

-Hola, ¿Jake? -articulo enseguida (con suma preocupación) ni bien termino de llevar el teléfono a mi oído.

-Hola, Lorey -oigo la voz de mi esposo; y ello me devuelve el alma al cuerpo.

-Dios, Jake -murmuro como si un enorme peso y miedo abandonara mi cuerpo-. Estaba muy preocupada por ti -le digo al tiempo en que empiezo a sentirme más calmada-. No llegaste anoche y...

-Sí, sí, no llegué -responde en el acto-. Tenía mucho trabajo, Lorey, y apagué el celular para que no me molestaran -puntualiza un tanto fastidiado.

-Entiendo, entiendo -me limito a decir-, pero, al menos, me hubieras enviado un mensaje -le menciono sin sonar agresiva.

-Tenía mucho trabajo, Lorey -puntualiza cansado-. No podía perder el tiempo en avisarte -señala adusto; y aquello no me gustó-. Por favor, no quiero reclamos sobre eso ahora -me pide-. Tengo demasiado en qué pensar como para que vengas tú a añadir más problemas -agrega sin tino alguno.

-Jake... yo solo...

-Por favor, Lorey -repite-. No empieces otra vez; ahora no -señala cansado-. Mejor hablamos cuando llegue a casa.

-Está bien, está bien -le respondo-. Yo te espero -le preciso-. ¿Hoy llegarás temprano? -cuestiono de forma sorpresiva.

-Entonces Charles tenía razón -manifiesta un tanto divertido.

-No, Jake...

-¿Lo estuviste molestando ayer? -inquiere

-No, claro que no -contesto firme-. Solo estaba muy preocupada por ti y creí que él podría darme razón alguna, ya que tú no contestabas tu celular -le explico.

-Eso no justifica que estés molestando a Charles, Lorey -replica al instante.

-Jake...

-Deja de estarlo llamando -puntualiza-. Él no va a estar a tu entera disposición solo para que te informe sobre mí -señala con desagrado- y, por favor, deja tus reclamos...

-Yo no te estoy reclamando nada, Jake -contesto un tanto seria.

-Pues no es lo que parece, Lorey -refuta al otro lado de la línea.

-Solo estaba preocupada por ti -le informo más seria-. ¿Acaso no puedes entenderme un poco al menos? -interrogo un tanto indignada.

-Pues no tenías nada de qué preocuparte -rebate-. Yo estoy bien -aclara tajante-. Así que deja de estar molestando a Charles y su familia -señala fastidiado-. Porque él sí tiene una familia -añade con intención; y aquel comentario suyo me desconcertó y... dolió.

-¿A qué hora vendrás hoy? -cuestiono como para cambiar de tema- Yo preparé una pequeña sorpre...

-Deja de controlarme, Lorey -me interrumpe-. Y no sé a qué hora regrese a la casa hoy; me quedaré hasta muy tarde en la empresa -me informa.

-¿Otra vez? -pregunto por instinto; y lo oigo bufar al otro lado de la línea cuando le digo eso.

-Sí, otra vez -enfatiza

-Jake... -susurro incrédula- ayer fue nuestro ani...

-Por favor, Lorey... te dije que hablaríamos al llegar a casa

-Está bien... te espero entonces... -expreso decepcionada por saber que Jake (hasta ahora) ni siquiera se había acordado de nuestro aniversario.

-Haz lo que quieras, me tiene sin cuidado -contesta relajado-. Ahora, adiós; debo empezar a trabajar -indica-. Cosa que tú no sabes hacer -aclara antes de colgar; y aquello termina por hacerme sentir peor de lo que me encontraba.

Al culminar la llamada con Jake, regreso toda mi atención a mi sala (la cual se encontraba repleta de velas consumidas y de pétalos de rosas rojas esparcidos por el piso hasta las escaleras que daban a nuestra habitación). Por otro lado, el equipo de sonido aún seguía encendido y reproduciendo canciones. En este momento; por ejemplo, las notas de "This woman needs" de SHeDAISY (una cantante que acababa de descubrir hace muy poco) estaban llenando el compartimento de la casa, que había decorado con mucho esmero, para poder compartir una noche agradable al lado de la persona que fue mi novio por diez años, mi prometido por dos años y mi esposo... mi esposo por apenas 3 años y ya estaba sintiendo que todo esto era una especie de prisión llena de problemas, reclamos y discusiones.

-Jake... -susurro su nombre con nostalgia al mirar la mesa de nuestra sala y empezar a caminar hacia aquella.

Al llegar a esta, me dedico a mirar con atención todo lo que había preparado, especialmente, para él. Había comprado su champaña y botella de vino favoritas (las cuales no me resultaron nada cómodo, ya que Jake tenía un gusto especial por las bebidas caras; así que, prácticamente, me había gastado una buena parte de lo que había ahorrado durante el mes). Sigo repasando la mesa y poso mis ojos sobre el álbum de fotos que había preparado para él como obsequio de nuestro tercer aniversario de bodas. De inmediato, extiendo mis manos hacia aquel álbum, que yacía sobre la mesa, y lo tomo delicadamente para atraerlo hacia mi pecho y estrecharlo; y, de repente, empiezo a sentir cómo una especie de nudo parecía estar formándose en mi garganta.

Luego, tomo la botella de vino que había comprado para "nuestra velada especial" y regreso hacia el sillón en el que había pasado la noche más larga y pesada de mi vida (recuerdo haberlo estado esperando hasta las 11 y luego, el sueño me venció). Ya sentada en mi mueble, me recuesto en su respaldar, pongo el álbum a un lado (por un momento) para abrir la botella de vino (a la cual ya le había sacado el corcho con anterioridad, pero le había colocado una cubierta especial hasta que llegara Jake)

«Cosa que nunca pasó», me recuerda mi subconsciente.

Con la botella de vino abierta, subo mis piernas al sillón y las cruzo para después reposar el álbum sobre aquellas y así, empezar a revisarlo yo sola. Hice este presente con mis propias manos, ya que quería que fuera especial para Jake, creí que este podría ayudarnos, al menos un poco, a revivir los momentos felices que habíamos pasado desde que nos conocimos. Había pasado días recopilando y seleccionando nuestras mejores fotos; así como armando el álbum y escribiendo pequeños recordatorios de cada postal elegida.

Continúo pasando las hojas y me es inevitable no sentirme triste e impotente al ver cada una de ellas, las cuales, en su mayoría, correspondían a cuando éramos enamorados y, al darme cuenta de ese detalle, no puedo evitar quebrarme un poco. Tomo la botella de vino que tenía sobre mi regazo y la llevo hasta mi boca para beber su contenido directamente.

-Lo necesito... -susurro al verla- lo necesito -repito; y le doy otro trago para después, ya no soportar más y echarme a llorar desconsoladamente mientras continúo viendo cada una de nuestras fotos hasta llegar a nuestra primera foto de casados.

Ver la imagen, solo me pone más triste, ya que, aquel día, no fue el más feliz de mi vida como muchos piensan, sino que fue todo lo contrario. Esto debido a que, aquel día, recibí, por correo, los resultados de unos exámenes que me realicé y los cuales Jake también vio. Lo que pensamos sería un gran y maravilloso paso en nuestras vidas, el cual imaginé que estaría lleno de felicidad (considerando, obvio, que íbamos a tener uno que otro problema también), se terminó convirtiendo en el inicio de tres años llenos de discusiones y reclamos en los que... terminábamos hiriéndonos. Y... tenía que aceptarlo...

Tres años en los que, progresivamente, me iba sintiendo menos como mujer...

(Lloro mucho más).

-Ya no puedo -siseo entre lágrimas-. Ya no puedo -repito al seguir viendo nuestra foto de casados-. Ya no puedo -vuelvo a recalcar, pero, en esta ocasión, ya no tengo las agallas suficientes para seguir viendo aquel álbum; así que lo cierro con fuerza y después, lo estrecho fuertemente contra mi pecho mientras me dedico a llorar con mayor intensidad.

-Por qué -pregunto a la nada al seguir llorando-. ¿Por qué? -me pregunto otra vez e, inmediatamente después, vuelvo a tomar un poco más de la botella que sostenía en mi mano derecha-. Por qué -sigo articulando entre lágrimas al empezar a echarme sobre el sofá con el álbum de fotos en mis brazos-. ¿Por qué, Jake? -le pregunto al continuar sollozando- ¿Por qué? -agrego una vez más al tiempo en que me acomodo sobre el mueble en posición fetal-. Por qué -susurro; y luego, solo me dedico a continuar llorando para liberar la carga de 3 años de matrimonio frustrado.

Matrimonio frustrado, principalmente, por mi esterilidad... (la cual conocimos el mismo día de la celebración de nuestra boda al leer mis resultados enviados por correo).

Fue un golpe fuerte tanto para mí como para Jake, pero más para él, ya que, después de todo...

«Él sí desea descendencia y yo... yo»

-Yo no puedo dársela -completo destrozada, en voz alta, al llorar un poco más.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Llevaba un par de horas echada sobre mi sofá. Mis ojos ya ardían de tanto haber llorado y la cabeza empezaba a dolerme muy fuerte. Aparte, me había terminado la botella completa de vino y un poco de la de champagne; así que ya no podía con más.

-Mi celular -balbuceo de pronto al tratar de levantarme como sea del sofá.

Cuando me pongo de pie con la poca estabilidad que me quedaba, tiro el álbum de fotos y la botella de champaña al piso sin querer.

-Rayos... sí que soy un desastre -siseo cual ebria al empezar a caminar tambaleante hacia donde estaba mi teléfono, ya que no recordaba en donde estaba mi celular ni mi cartera.

Cuando llego hasta el aparato, lo tomo de inmediato y empiezo a marcar el número de la única verdadera amiga que tenía.

-¡Y esta vez no me importa si no te gusta que Chiara esté aquí, Jake! -exclamo tratando de articular bien las palabras- ¡Au ¡Au! -me quejo al llevar una de mis manos a mi cabeza- Ya no debo gritar..., ya no... no debo, no, no debo gritar -hablo como puedo-. ¿Qué iba a hacer? -me pregunto de pronto al fruncir mi ceño y al ver el teléfono que estaba en mi mano- Ah sí -sonrío ampliamente- Chiara... -articulo el nombre de mi mejor amiga y, de inmediato, termino de marcar su número para luego llevarme el teléfono al oído.

-Para qué soy buena -escucho su agradable voz.

-Te necesito -le digo sin preámbulos.

-¿Yaaaaa? -contesta extrañada; y puedo predecir que aquella está frunciendo su ceño-. ¿Estás bien, Lorey? -cuestiona un tanto preocupada- Tu voz suena relativamente extraña -precisa- ¿Podrías acercarte más al teléfono? -me pide; y es lo que hago.

Probablemente no me escuchaba bien debido al ruido del estéreo, el cual estaba volviendo a reproducir "This woman needs".

-Ahora... ¿se me escucha? -le digo un poco fuerte al haber acatado su petición.

-¿Lorey? -pregunta con mayor preocupación- ¿Acaso tú?

-Solo fue una botella de vino muuuy cara -me río- y champagne -preciso.

-Lorey... -susurra mi nombre

-Estoy bien, Chiara -le digo al ponerme seria-. Solo fue una botella de...

-Eso es lo de menos, Lorey -me interrumpe-. El asunto es... ¿por qué? -menciona; y, cuando dice aquello, me dan ganas de volver a llorar-. Lorey...

-Yo... -me sorbo un poco mi nariz- voy a necesitar de tus servicios de abogada -le digo, finalmente, y la línea se queda en absoluto silencio por unos segundos.

-Llego a tu casa en 30 minutos -informa-. Y no te preocupes, llevaré más botellas de alcohol -precisa; y yo sonrío al darme cuenta de que aquella había captado el mensaje sin que yo fuese muy específica.

-Gracias -le digo muy sincera.

-Te amo; ya voy saliendo -precisa; y después, cuelgo la llamada.

A Chiara nunca le agradó Jake; así que creí que celebraría cuando le dijera que necesitaba de sus servicios de abogada; sin embargo, no fue así... y eso... se lo agradecía, ya que no tenía ganas de celebrar porque, después de todo, estaba enamorada de mi esposo y me dolía haber tomado la decisión....

-Bueno... a esperar otra vez -murmuro al ver mi reloj, el cual marcaba las 12 y 30 de la tarde-. Tal vez, deba pedir pizza -sentencio; y vuelvo a tomar el teléfono.

Capítulo 3 CAP 3

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

* * * * * * * * * * * Leo * * * * * * * * * * *

-Tu sei un ometto molto intelligente -le digo a mi pequeño hijo de 7 años (el último de los tres que tenía) al terminar de colocarle su pequeña corbata de moño.

-Io voglio essere come te, papà -responde de inmediato y, aquello, me hace dirigir mi mirada hacia él al tiempo en que coloco mis manos sobre sus pequeños hombros.

-Tú serás mejor que yo, Fabrizio -le digo con firmeza al mirarlo fijamente-. Mucho mejor -enfatizo sin titubear-. Y quien diga lo contrario -hablo mientras sigo centrado en sus pupilas negras-, no sabe de lo que está hablando -completo-. È un scemo -especifico divertido; y mi hijo sonríe (lo cual me parece curioso).

-Ti amo, papà -expresa de repente.

-Io ti amo di più, Fabrizio -le contesto; y él se queda observándome unos segundos hasta que, de manera sorpresiva, se acerca a abrazarme.

Ante el gesto de mi hijo, solo me limito a recibirlo en mis brazos y estrecharlo fuerte contra mí. Fabrizio era un niño muy tímido (bastante diferente a sus hermanos Franco y Luciano, de 15 y 18 años respectivamente), por lo cual, recibir una muestra de afecto de aquel, era no muy común. Aunque, en los últimos dos años y con ayuda de su terapeuta, había progresado bastante, ya que antes ni siquiera hablaba durante las cenas (nuestro único momento que disfrutábamos en familia). La timidez de mi hijo llegó a preocuparme demasiado; sin embargo, ahora me sentía más tranquilo; esto debido a que, según su terapeuta, Fabrizio me consideraba la persona en la que más podía confiar. Había otra persona a la que Fabrizio le tenía mucho afecto; esta era su nana Bianca (una mujer de 60 años a la actualidad y quien también había sido niñera de Franco y Luciano).

«Y lo seguía siendo», preciso en mi mente.

Me hubiera gustado que la otra persona de confianza de Fabrizio fuera Norka (mi esposa); sin embargo, no fue así, sino que, por el contrario, Fabrizio mostraba cierta renuencia a pasar más tiempo con ella. Esto ocasionó que mi esposa se molestara al no entender qué sucedía; y se molestó mucho más cuando la terapeuta le indicó que las sesiones con ella deberían ser más frecuentes. Sin embargo, a pesar de llevar más sesiones con la terapeuta, la relación entre Norka y Fabrizio no había mejorado mucho. Tal vez, necesitaban de más tiempo.

-¿A qué hora regresaremos de esa fiesta? -me pregunta en medio de un susurro (algo apenado) mientras continuaba abrazándome.

-Nos quedaremos como una hora más después de recibir el premio -le informo; y luego, me alejo de él para poder mirarlo de nuevo-. Pero te prometo que la pasaremos muy bien -le digo sin desviar mi mirada de la suya- y, para ello, tú también pondrás de tu parte, ¿te parece? -le pregunto; y él asiente.

-Pondré de mi parte -es lo único que articula al tiempo en que lleva una de sus pequeñas manos hasta su rostro para tallarse uno de sus ojos.

-No hagas eso -le pido sonriente al tomar su pequeña mano-. Te puedes lastimar -le explico; y él vuelve a asentir.

-Está bien... -contesta; y yo le sonrío (gesto al que, sorpresivamente también, me corresponde).

-Me siento muy feliz -le confieso; y él frunce un poco su entrecejo de una manera muy particular.

Aquella manera de fruncir su ceño, se parecía mucho a la de mi papá y, curiosamente, a mí siempre me recalcaban que también había adoptado el gesto de aquel.

-¿Por qué? -cuestiona al mantener su entrecejo fruncido.

-Porque te tengo a ti -le señalo; y él se queda observándome muy atento y sin decir palabra alguna.

Al no obtener respuesta de su parte, vuelvo a tomar la palabra.

-Bueno... -inhalo y exhalo profundamente- ya es hora de irnos -le informo al tiempo en que me pongo de pie-. Vamos bajando a la sala -agrego; y después de ello, tomo su mano para salir de su habitación.

Llegamos al amplio lugar de nuestra casa y tanto Luciano como Franco, ya estaban ahí.

-Buona notte, pa -me dice Luciano cuando me ve llegar.

-Buona notte, Luciano -respondo al saludo de mi hijo mayor (quien estaba sentado en el sofá, junto a Franco, y viendo televisión).

-Ciao, papà -me saluda Franco.

-Ciao, piccolo principe -le respondo al acercarme a él para sentarme a su lado junto con Fabrizio.

-Ya no soy ningún pequeño príncipe, papá -me aclara Franco al girarse hacia mí.

-Para mí siempre serán mis pequeños príncipes -hablo para los tres–; así que acostúmbrense -demando divertido.

-Yo ya tengo dieciocho, padre -refuta Luciano-. Incluso ya debería estar viviendo solo en mi propio departamento -parece estar reclamando.

-Ya hemos hablado de eso, Luciano -le recuerdo; y este refunfuña-. No reniegues, te puedes arrugar, como dice tu madre -menciono algo divertido-. Por cierto... -añado al dar una vista rápida por toda la sala-. ¿Su madre no ha bajado aún? -les pregunto.

-No -contesta Luciano.

-Debe seguir arreglándose en su habitación -agrega Franco; y, ante ello, decido ver mi reloj.

-Esperen aquí -le digo-. Ya vuelvo -añado; y me levanto para ir hacia la segunda planta de nuestra casa para buscar a mi esposa. Ya era un poco tarde; así que preferí ir a verla para ver si necesitaba algo (tal vez, tendría un problema).

Llego hasta nuestra habitación y entro cautelosamente. Cuando lo hago, puedo ver que ella sigue frente a su espejo terminando de colocarse uno de sus collares.

-Te ayudo -me apresuro en decirle al acercarme a ella.

-Con cuidado -me pide; y yo sonrío.

-Lo tendré -preciso al tomar la joya y colocársela alrededor de su cuello para terminar de ponerle su seguro-. Ya... está -le informo cuando he terminado.

-Gracias -contesta mientras se sigue observando en el espejo y termina de arreglarse bien la gargantilla que había elegido usar esta noche.

-Te ves hermosa, Norka -le susurro al acercarme completamente a ella para abrazarla por detrás.

-Leo...

-Hueles delicioso -agrego al aspirar su aroma de la curvatura de su cuello al tiempo en que presiono suavemente su cintura.

-Leo, por favor -articula un tanto incómoda-. Estás arrugando mi vestido -reclama a la vez que tira su hombro derecho hacia atrás para alejarme de ella.

-Tu vestido está bien -le susurro a la vez que deposito mi mentón sobre su hombro para poder observarla a través de su espejo-. Eres hermosa, Norka.

-Gracias -responde sin muchos ánimos a la vez que toma uno de sus perfumes para rociar un poco en su cuello.

-Me quedaría así toda la noche -le confieso.

-Por favor, Leo, no seas infantil -precisa adusta-. Y quita tus manos de mi vestido -exige molesta al llevar sus manos hasta las mías (las cuales estaban posicionadas en su cintura) para quitarlas de ahí-. ¡Ya ves! -exclama- ¡Ya lo arruinaste! -suelta al mirarse.

-Tu vestido está bien, Norka -le digo; y esta me mira enfadada a través de su espejo.

-Vete, Leo -me pide seria-. Ya salgo...

-Puedo esperarte -le preciso amablemente.

-¿Para qué? -espeta al girarse para verme directamente- ¿Para que termines de arruinar mi ropa? -reprocha.

-Norka, te ves preciosa... -le digo sincero, pero ella sigue igual o más furiosa que antes.

No me responde tampoco, solo se dirige hasta nuestra cama y toma su cartera de mano para después salir de la habitación y cerrar la puerta de un solo golpe, cuyo sonido retumba en toda nuestra recámara.

Al ver ello, me doy cuenta de que lo había arruinado...

«Otra vez», preciso en silencio.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022