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VÓLKOV. Un Ángel Buscando Redención.

VÓLKOV. Un Ángel Buscando Redención.

Autor: : BlueEyes
Género: Romance
El pasado es como una cruz invisible que va marcando el camino de nuestro destino. Para Boris Vólkov su pasado no es más que una maldición que lo persigue diariamente, la sangre de sus víctimas lo atormentan y los fantasmas le reclama la vil forma en que sus almas fueron cegadas. Angeline Evans, es la sobreviviente de ese pasado que hoy busca cobrar venganza. La crudeza con la que la vida de sus padres fue arrebatada es el recordatorio de su propósito en la vida y del por qué seguir adelante: encontrar al culpable y hacer justicia. Una justicia que se ve empañada con un lujurioso, pasional y el libidinoso encuentro entre estás dos almas perdidas que solo buscan, cada una de forma independiente, sanar su tormento y liberarse del peso y del dolor que les dejó el destino. Ambos se envuelven en un torbellino de pasión que, aunque los sana, también los condena. ¿Podrá el amor salvar sus almas de las tormentas del pasado o el dolor y el rencor se apoderará de sus corazones?

Capítulo 1 -0-

30 años atrás...

-Dimitri, llegó el momento, necesito agua, toallas y unas tijeras -dijo Petra mirando a su esposo parado en el umbral de la puerta observando la escena con angustia.

-Enseguida -respondió y salió en busca del pedido.

Eran casi las dos de la madrugada cuando Annia inició los dolores de parto. A la joven madre solo le faltaba una semana para salir de cuentas, pero el parto se había adelantado.

Dimitri entró en la habitación trayendo consigo lo solicitado por su esposa. Petra acomodaba a la joven en la cama mientras otra chica del servicio ayudaba a la mujer mayor con todo lo del parto.

-Annia, sé que esto es difícil para ti siendo tan joven -decía Petra-. Pero necesito que hagas lo que te digo para que todo salga bien.

La chica asintió con la cabeza conteniendo los dolores que la agobiaban ya que las contracciones eran cada vez más fuertes y frecuentes.

-¡Ah! Petra, ya no puedo más -dijo la chica inhalando y exhalando fuertemente.

-Cuando te diga que pujes lo harás -le indicó Petra colocándose frente a las piernas abiertas de la muchacha y preparándose para recibir al bebé.

-Muy bien Annia llegó el momento ¡Puja, vamos tú puedes, puja! -pedía mientras tomaba entre sus manos una toalla y la colocaba junto a la vagina de la mujer.

Ella pujaba con todas sus fuerzas y respiraba cómo Petra le había explicado meses atrás. La labor duró un poco más de 40 minutos hasta que se escuchó el llanto del recién nacido.

La mujer tomó al recién nacido entre sus manos y lo cubrió con una toalla limpiando con cuidado su pequeño rostro. El llanto era alto y fuerte que en toda la casa se escuchaba.

La muchacha que colaboraba en el parto limpiaba a Annia mientras Petra cortaba con la navaja de su esposo el cordón umbilical de la criatura.

La joven ayudante salió de la habitación con las toallas sucias y la taza de agua en las manos. Petra escudriño al bebé de pies a cabeza buscando cualquier anomalía, pero no la encontró. Era perfecto, solo una pequeña marca en la cadera del pequeño indicaba la herencia de nacimiento.

-Es un varón mi niña, un hermoso varón -dijo la mujer mayor a la madre que lloraba más de dolor y rabia que de felicidad.

-¡Llévatelo, no lo quiero ver! -respondió girando su rostro a un lado para no ver el rostro del pequeño que Petra le ofrecía.

-No seas tan quisquillosa, esta criatura no tiene la culpa de nada -reclamó Petra tratando de calmar con arrullos el llanto del bebé.

-Aun así, no quiero verlo -dijo indiferente a la palabras de la mujer.

-Pues no me importa lo que quieras o no -gruñó la anciana entregándole al pequeño-. Es tu deber como madre, dale un poco de calor y amamántalo, él no tiene la culpa -replicó.

De mala manera la joven lo tomó entre sus brazos y los atrajo a su pecho, el pequeño calmó su llanto de forma casi que de inmediata.

Petra por su parte, salía de la habitación sacando el resto de las toallas sucias y anunciando a su esposo que el niño ya había nacido.

La joven miró a su hijo a la cara y este entreabrió sus pequeños e inocentes ojos mirando directamente a su madre.

Annia lanzó un sollozo al ver los bellos ojos de su pequeño -Son azules como los míos, pero te pareces mucho a tu padre -dijo ella derramando sus lágrimas sin control.

-Pareces un ángel, inocente y puro para la maldad de este mundo -le habló contemplando al bebé que le daba pequeñas sonrisas de inocencia.

-¡Dios! -dijo entre el llanto-. Cuida a mi pequeño ángel de toda maldad, no permitas que su corazón se manche con el odio y el resentimiento de su padre. No permitas que mi hijo sea igual a él. Yo no podré cuidarte pequeño, yo no puedo seguir siendo su esclava.

La mujer acercó al pequeño a sus labios y besó su frente, tocó su respingona nariz y deslizó su dedo índice desde la frente hasta bajar por sus labios y llegar a su barbilla en una suave caricia.

-Siempre te amaré, aunque haya dicho que no. Siempre estaré cuidando de ti, nunca te dejaré solo. Dios te guiará y te hará mejor hombre de lo que es tu padre mi pequeño -dijo la joven madre tomando la navaja que había olvidado Petra.

-Perdóname pequeño, perdona lo que voy a hacer, y ojalá puedas recordarme -la mujer cerró sus ojos dejando escapar su dolor en tibias lágrimas-. Dios perdóname, pero si dejo que siga, él acabará conmigo y con mi hijo y no lo voy a permitir.

Annia empuñó con temor la navaja en sus manos y la llevó hasta debajo de la mandíbula enterrándola con precisión y tirando de ella hacia abajo. La herida se abrió inmediatamente dejando una escena bañada en sangre.

Petra entraba en ese momento a la habitación dirigiendo su vista hacia la macabra escena y percatándose inmediatamente de lo sucedido corrió hasta la cama tomando a prisa el niño que rodaba por los brazos de su madre bañado en sangre y dando fuertes llantos que anunciaban su dolor.

-¡No! Niña, que has hecho ¿Por qué lo has hecho? -gritaba Petra viendo el cuerpo de la mujer agonizando sobre la cama.

Petra miró el rosto de Annia y sus ojos viajaron hacia los labios de la chica que agonizante susurró las palabras en su último aliento-: Cuídalo como tu hijo.

Cerró sus ojos bañados en lágrimas mientras su brazo sin vida caía a un lado de la cama soltando la navaja que minutos antes fuera el instrumento de tan espeluznante situación.

Al escuchar el grito, Dimitri entró y se encontró con una escena que nunca pensó presenciar. Su Annia, su niña dorada, cómo él le llamaba por su rubio cabello, yacía en la cama sin vida y sin aliento.

-Llévate al niño mujer -ordenó-. Yo me haré cargo.

Petra sacó al niño que aun lloraba inconsolable en sus brazos, dejando a su marido hacerse cargo del cuerpo de su niña, de esa hija que no tuvo, pero que quiso como suya desde que Alek la llevó a la mansión y la tomó como mujer.

Capítulo 2 -1-

20 años después de su nacimiento...

-¡Chris! ¡Christopher, espera! -gritaba Boris a su amigo para que se detuviera.

-¡Perro! ¿Dónde estabas? No te puedo quitar la cadena porque te me escapas ¿Qué pasó? -preguntó dándose vuelta para ver a su amigo correr hacia él cerca a la salida de la universidad.

-Nada, ya sabes cómo es mi padre, solo estaba recibiendo algunas indicaciones de un trabajo que debo supervisar -dijo el Boris a su amigo mientras se dirigían juntos en las puertas de la universidad para ir al estacionamiento-. ¿Podrías prestarme los apuntes de hoy? Gracias a Dios esa materia la cursamos juntos, sino, no sabría qué hacer.

Boris Vólkov era un joven como todos lo demás, alegre, carismático, inteligente, simpático, entre muchas otras características para un joven de su edad, pero su verdadera personalidad se ocultaba bajo una máscara que ocultaba a un joven sombrío, misterioso y atractivo a cualquier mujer, su cuerpo se veía bien trabajado, pero no ganado en un gimnasio, más bien, era esa musculatura que conseguías a sudor y sangre en las calles, aunque en realidad era por el estricto entrenamiento al que fue sometido desde niño y casi que a diario.

Nadie conocía nada de él, para el mundo Boris Vólkov no existía, de eso se encargaba él mismo. Creó una nueva identidad registrada ante las leyes y con la cual se ocultaba entre las sombras para pasar desapercibido. Ni si quiera su padre lo sabía, solo su único y mejor amigo Christopher era quien conocía muy bien su pasado y perfectamente su presente, por lo que para la sociedad en general solo existía Ángel Wood.

-Claro que sí, vamos hasta mi auto para dejar mi mochila. Quieres que te lleve o trajiste el tuyo.

-No traje auto, me trajo el chofer. Solo venía a comunicarte que salgo mañana a primera hora.

-¿Vas lejos?

-Sí, iré a Londres, debo supervisar a un idiota que trabaja para él, un tal Edward Smith y su novia Danna Musspegui, aquí te dejo algo de tareíta y para que tengas en que entretenerte en mi ausencia -dijo entregándole en una carpeta las fotos y nombres de la pareja en cuestión-. Me informas apenas tengas algo concreto.

-Bueno señorita, será un placer hacerle llegar toda la información que necesita de su nuevo esclavo sexual y su concubina -a las palabras de Christopher el muchacho rio a carcajada suelta.

-No cariño, el único esclavo que tengo eres tú -le respondió batiendo sus pestañas con coquetería-. No te pongas celoso cariño, él no es mi tipo -acotó lanzándole un beso volado y haciendo reír a su amigo que tomaba de sus manos la carpeta con la información que necesitaba.

-Vamos, te llevo. Así me cuentas que tienes en mente.

Ambos hombres entraron al auto y partieron a su destino, la mansión Vólkov.

Boris iba entretenido contándole a su amigo parte de sus planes e ideas a futuro, la conversación se mantuvo entretenida hasta que un sepulcral silencio se instaló en el auto, situación que Boris aprovechó para distraerse mirando el paisaje desde la ventanilla y perdiéndose en sus pensamientos o quizás tormentos. Chris mejor que nadie conocía de los fantasmas que atormentaban a su amigo por lo que prefirió mantenerse al margen y seguir conduciendo.

El joven a cada momento recordaba mucho las historias que su nana Petra le contaba de su madre, siempre le recalcaba lo mucho que ella lo amó desde antes de nacer y todo lo que luchó para mantenerse con vida ante el salvajismo con el que Alek la trataba.

Petra había acordado con Dimitri no ocultarle la verdad de su nacimiento, ni la vida que su madre vivió junto a su padre. Ellos querían que él fuera el mejor sucesor, pero para lograrlo debían saber el verdadero actuar del muchacho y de su padre.

La pareja creyó por un momento que el chico heredaría el frio y desalmado carácter de Alek, pero fue todo lo contrario, el muchacho mostró ser como Annia, dulce, amorosa, risueña, angelical. Una jovencita que, a pesar de las penurias que vivía, siempre tuvo un sonrisa para Petra y Dimitri a quienes consideró como sus padres.

Boris salió de su trance en cuanto el auto se detuvo frente a la pesada reja de hierro que protegía la mansión, en cuanto fue abierta, el auto continuó su camino dejándolo en la entrada de la casa.

-Bien señorito, sano y salvo en su casa como toda una doncella -bromeó Chris sacando al muchacho de sus pensamientos.

-Gracias, mi cachorrito, cuando regrese recuérdame que debo sacarte a pasear -le respondió dándole unos golpecitos en la cabeza a su amigo haciéndolo reír y girarse para darle un abrazo de despedida.

-Cuídate mucho hermano, trata de no maltratarte tanto la manicura y procura hacer que te dure el cepillado hasta el regreso -dijo Chris mirando a su amigo fijamente, los dos chicos soltaron una estruendosa carcajada por las bromas que se hacían desde que se conocieron.

Boris bajó del auto y se encaminó hacia la casa, se detuvo en la entrada y se giró para ver partir a su amigo cruzando las rejas de la entrada.

Ingresó a la casa dirigiéndose directamente hacia la cocina donde encontró a su nana Petra.

Cruzó las puertas y se dirigió directo a la mesada sentándose en uno de los bancos, colocó sus codos sobre la mesa y metió su cara entre sus manos para luego dirigir su mirada a Petra que se encontraba del otro lado terminando de preparar la cena.

-Hijo ¿Cómo te fue hoy? -preguntó la mujer mirando con ternura a su muchacho.

-Bien nana, estaba con Chris organizando algunas cosas para el viaje de mañana -respondió con desagrado, gesto que no le pasó desapercibido a la mujer.

-Tranquilo mi amor -le respondió Petra tomando una de las manos del joven y acariciándola con cariño-. Todo saldrá bien, eres mejor de lo que tu mismo crees. Ya lo veras -observó ella mirándolo a los ojos con toda la ternura que una madre podría tener.

-Quisiera creerte nana, pero a veces me siento que estoy condenado a ser como él -respondió con tristeza y viendo como ella le daba la vuelta a la mesada para colocarse en frente, al verla recostó la cabeza en su pecho y sintió como le correspondió con un cálido abrazo.

-Eres diferente a él y mejor de lo que tú mismo imaginas, si no fuera por tu marca de nacimiento diría que no eres un Vólkov -lo tomó por la barbilla y le hizo levantar el rostro, él la miró fijamente a los ojos-. Nunca, óyeme bien, nunca serás como él -le dio un beso en la frente y frotó sus brazos y hombros para que se animara.

-Ve y deja tus cosas en tu recámara, descansa un poco que en unos minutos estará lista la cena -le mando su nana dándose la vuelta para volver a la labor que hacía antes de que él llegara.

-Gracias nana -le respondió con una dulce sonrisa y retirándose hacia su habitación.

En cuanto llegó tomo la llave que colgaba de su cuello y la cual guardaba con recelo bajo su ropa para que nadie la viera.

Abrió la puerta e ingresó a la habitación cerrando con seguro tras él y sin moverse de la entrada inspeccionó cuidadosamente todo el lugar. Su ojo no perdía detalle alguno, pues su memoria fotográfica le permitía recordar cómo había dejado cada cosa en la habitación antes de salir por la mañana.

Llevó su mochila al escritorio junto a la puerta y se recostó en la cama quitándose los zapatos con sus pies. Cerró sus ojos pensando en descansar solo unos segundos, pero terminó por quedarse dormido.

-¡Dispara! ¡Hazlo de una maldita vez! -le gritaba Alek-. ¡Demuestra que eres un Vólkov y no una maldita señorita como la puta de tu madre!

La palabras del hombre parado frente a él hicieron eco en su mente llenándolo de dolor y rabia por la forma cómo hablaba de ella. Esa de la que le contaba su nana diciéndole cuanto lo amaba y lo protegía de los maltratos de Alek.

-Sabía que no eras más que un marica sin las bolas suficientes para acabar con una vida, nunca serás mi hijo, aunque tengas todas las marcas de la familia, nunca lo serás -terminó de decir Alek dándose la vuelta para entregarle el arma a uno de sus hombres.

-Claro que soy un Vólkov -se envaró el joven arrebatándole el arma de las manos y colocándola frente al hombre moribundo-. Soy el mejor Vólkov, porque soy el Ángel y nadie será mejor que yo.

No lo pensó mucho y quitó el seguro. Cerró sus ojos y respiró profundo calmando su corazón, a su mente llegó el rostro de su madre que le dio las fuerzas que necesitaba para lograr sus objetivos. Y sin más disparó a la cabeza del sujeto.

El estruendo del disparo hizo que Boris abriera sus ojos de golpe, mientras en su mente se repetía el sonido una y otra vez atormentándolo. Despertó sudoroso y respirando agitadamente por la conmoción del recuerdo.

Ese era uno de los tantos fantasmas que lo visitaba desde el día en que empuñó y disparó el arma. Los rostros de las víctimas, buenas o malas, lo torturaban cada vez que cerraba los ojos y lo perseguían hasta atormentarlo lo suficiente como para no dejarlo descansar.

El joven se sentó en la cama y trató de calmarse. Se levantó para desvestirse y darse un baño antes de bajar para cenar.

Sintió el agua tibia correr por su cuerpo, mientras recordaba con total claridad como a sus escasos 15 años cegó por primera vez la vida de aquel hombre, de quien días después supo que era un agente de la DEA. Ningún cuerpo quedó sin rostro. Él sabía todo de cada una de las vidas que quitó.

Salió de la ducha y se vistió rápidamente para bajar a cenar, quería hacerlo con su nana y su padrino. Tenía el deseo de pasar un rato de la noche con ellos antes de preparar su equipaje.

Salió de la habitación, justo en el momento y en el segundo preciso en qué la cámara instalada en el pasillo giraba hacia otra dirección.

El joven siempre verificaba que nadie supiera de sus salidas y entradas. Cerró la puerta con su llave y caminó hasta las escaleras con la intención de llegar a la cocina para poder compartir un rato con ellos.

Cuando iba bajando vio a su nana Petra colocarse al pie de la escalera y sonreírle discretamente.

-Su padre pregunta por usted joven, está en el comedor -las secas y frías palabras junto con la inclinación de cabeza le indicaron que él no estaba de muy buen humor, por lo que debía ser cuidadoso con su tono de voz y sus gestos.

-Pensaba comer contigo, pero otro día será -respondió en voz baja llevando su mano a su rostro en una dulce caricia y sus labios en su frente para dejar un caluroso beso.

Boris se dirigió hacia el comedor y antes de cruzar las puertas a unos cuantos pasos de la entrada respiró profundo.

-Buenas noches, padre -saludó mirando directamente los negros ojos de Alek.

-Demoraste mucho ¿Dónde estabas? -preguntó desviando su vista hacia su plato.

-Estaba en mi recámara, alistando todo para mañana -contestó secamente como había aprendido desde hace mucho.

-Bien, quiero que vayas y hagas lo que siempre sabes hacer. Mis muchachos ya están informados de que irás como uno más del grupo. Será solo vigilar e informar sin que se den cuenta -ordenó Alek mirando con desagrado al joven junto a él en la mesa.

-Se hará como usted diga -fue su respuesta hacia el hombre que encabezaba la mesa.

Arribaron muy de madrugada a Londres. Boris y el resto de los hombres fueron transportados directamente hacia el hotel de su padre donde también se hospedaba Edward, Danna y otros hombres que Alek le había suministrado.

Fue informado por uno de los encargados de su seguridad que Edward tenía un guardaespaldas personal. Por lo que solicitó se le entregara información del hombre para investigarlo.

En cuanto la información le fue suministrada se la hizo llegar a su Christopher, quien ya estaba enterado de todo.

Christopher no tardó mucho en responder con toda la información detallada de toda la vida del trio maravilla. En el informe reposaba el historial delictivo de Edward, del cual nadie sabía. Todo lo relacionado con las amistades que frecuentaba desde niño hasta su reciente divorcio. Igualmente recibió información de Danna, de su posible situación mental e incluso hasta la forma en como conoció a Alek. Al final del informe se hablaba de un hombre, Marcus Khattab, un londinense de descendencia árabe por parte de padre. En el informe se describía el tipo de relación que tenía con Edward y como se habían conocido desde que este último era un niño.

Boris leyó minuciosamente toda el contenido del informe recibido, memorizando palabra por palabra y grabando en su memoria las imágenes recopiladas. Prestó suma atención en cada hecho y como las vidas de esos tres sujetos se unían una con la otra.

Después de su análisis mental, borró el correo de su teléfono y envió un mensaje a Chris, para que esa misma información estuviera en un carpeta disponible para cuando él lo solicitara a su regreso.

El joven procuraba guardar todos y cada uno de los documentos recibidos. No dejaba cabo suelto. No podía descuidarse con alguien tan despiadado como lo era su padre. Ese hombre sin escrúpulos y sin corazón. Si fue capaz de incentivar el suicidio de Annia, describiéndola a cada segundo como una puta, qué le detendría para matarlo a él, a quien consideraba un bastardo.

Después de dejar sus asuntos organizados. Se levantó y se sirvió una copa del minibar de su habitación y se sentó en una de las sillas de la pequeña sala del cuarto. Se llevó el líquido a los labios mirando un punto fijo en la habitación mientras dejaba que los recuerdos de su niñez llegaran a su mente.

-Nana, ¿Por qué no tengo mamá? -le preguntaba el pequeño niño-. A todos los niños de mi clase los llevan sus mamás al colegio.

-Mi amor, tu mami se tuvo que ir al cielo, porque Diosito la llamó para que le ayudara con algunas cosas -respondía su nana intentando que él niño le comprendiera, era muy pequeño aún para contarle la verdad de su madre.

-¿Y por qué no se quedó conmigo? Diosito tiene muchos angelitos que le ayudan, nana -insistía el pequeño.

-Lo que pasa es que se enfermó un angelito y como tu mami era muy buena le pidió que le ayudara -dijo ella con la vista nublada por las lágrimas que intentaban salir.

-¿Mi mami era muy buena nana? -preguntó el pequeño con una brillante mirada llena de ilusión.

-Sí mi amor, muy buena.

-Entonces ¿Por qué mi papá dice que era una cualquiera buena para nada? No entiendo lo que dice -cuestionaba el pequeño de tan solo 5 años, haciendo que Petra acallara un sollozo con sus manos en la boca.

-Nunca prestes mucha atención a lo que dice tu padre mi amor, mira que él a veces está muy enojado y eso lo hace decir cosas de adultos que tú ahora no entiendes -le contestaba Petra acariciando el cabello del pequeño-. Solo recuerda que ella te amó mucho y que te cuida desde el cielo junto con los ángeles, recuerda siempre que debes ser el mejor, debes convertirte en un buen hombre mi amor, en un excelente ángel, como lo era ella.

Boris parpadeó rápidamente para contener las lágrimas que se asomaban en sus ojos-. Siempre me amó. Recuérdalo, Boris siempre te amó, siempre quiso que fueras el mejor -dijo antes de colocar el vaso sobre la mesita junto a él y salir de la habitación para cumplir con su deber.

Capítulo 3 -2-

Era un día soleado, de esos que muy poco hay en Nueva York. Los chicos del colegio se agrupaban en la cafetería durante la hora de receso para tomar su merienda, otros buscaban chicas para molestar y ellas en grupos de amigas para defenderse, pero en el caso de Angeline ella se mantenía con Josephine, su mejor y única amiga.

Angeline y Josephine se conocieron desde el jardín. Sus padres trabajaban juntos. Ambos eran agentes en la DEA mantenía casos similares y algunas veces juntos.

En los últimos dos años el padre de Angeline, Liam Evans, trabajaba encubierto en la organización de Alek Vólkov, mientras que el padre de Josephine, Andrew Hopper, fue reasignado a un escritorio por un pequeño problemita callejero con otros compañeros.

Liam, se desempeñaba como guardaespaldas de Alek Vólkov y también era el encargado de gestionar y verificar la droga que se traficaba en los muelles de Brooklyn, Manhattan o en la misma ciudad.

Liam supervisaba las bodegas clandestinas e informaba cuando la policía iniciaba las revisiones, para así evadirlos. La droga se distribuía en los clubes nocturnos de propiedad de Alek, y otra parte era enviada en carros de comidas y bebidas con distintivos de sus otros casinos en los Ángeles. Esa era la principal razón por la que Alek se mantenía muy ocupado en esa ciudad.

Con el pasar de los meses, Alek se vio obligado a delegar en alguien más la supervisión de sus clubes en Nueva York. Su hijo era muy joven como para hacerse cargo de los clubes, solo tenía 13 años cuando Liam llegó a la organización, razón por la que le delegó el trabajo a su guardaespaldas y ahora su mano derecha, Liam Evans.

Boris se mantenía con los entrenamientos ya que sería el próximo sucesor. Así que Alek solo le encargaba trabajos pequeños de supervisión bajo incógnito. Las personas ajenas a la organización no sabían de su existencia. Era lo mejor para el joven y así debía quedar.

Evans, mantenía informado a Alek de toda la operación que se realizaba a diario como: fechas, horarios de procedencia y destino de los cargamentos, precio, calidad del producto y personas encargadas de la distribución y circulación, estás últimas eran las que visitaban los clubes para recibir la mercancía, era una lista muy larga de personas importantes de la ciudad involucradas con la organización rusa.

Todo la operación era registrada bajo la supervisión de Liam y se mantenía oculta en un archivo encriptado en una computadora de uso personal de Alek y ahora de Liam, pero desde hace unos meses, creo una copia en una USB que cuidaba con mucho sigilo.

Evans se convirtió en poco tiempo en el mejor hombre que Alek había conseguido, su pulcro y excelente trabajo lo habían colocado en el lugar que ahora tenía. No había duda de que el mérito era bien ganado.

Todo marchaba bien para Liam y su familia. Su esposa, una excelente enfermera del área de cirugía del hospital central y una hermosa niña, Angeline Evans. Su esposa Amanda, conocía muy bien el trabajo de Liam, por lo que sabía que él estaría por fuera del hogar durante mucho tiempo.

Solo se veían clandestinamente en hoteles que Liam le indicaba, así la visita se vería más como un encuentro casual de una noche con una prostituta, pero en realidad era la manera como Liam informaba a sus superiores de los movimientos que se hacían en la organización, todo a través de su esposa, era la fachada más creíble ante Alek, según Evans.

Por otro lado, para Angeline, la falta de su padre se evidenciaba en su comportamiento, más que agresivo, era ajeno a ella misma, la idea era llamar la atención de sus padres, pero ¿cómo le explicas a una niña de 14 años que no puede ver a su padre durante más de dos años? Esa era el gran interrogante que Amanda no sabía responder.

-Le diré a mamá que te quedarás esta noche, aunque deberías decirle a tía Amanda que no irás a dormir -decía la pequeña rubia a su amiga.

-A mamá no le importará, ella está en el hospital, total se la pasa más allá que conmigo. Papá ya ni viene a visitarnos, no le importamos -respondió con tristeza en su voz la pelirroja de grandes y bellos ojos verdes.

-Mi papá también duraba mucho tiempo por fuera, pero no por eso dejó de querernos, no pienses así Angeline, mis tíos te aman.

Josephine siempre trataba de que su amiga entendiera que sus papás estaban ocupados y también preocupados por su bienestar. Solo que eran muy pequeñas para entenderlo.

Josephine era una hermosa rubia de ojos miel con manchas verdes. Dos años mayor que Angeline, tenía 15 y pronto cumpliría los 16. Razón por la que las dos amigas estaban esa noche juntas planeando cómo sería la fiesta.

-Está bien, llamaré a mamá, pero igual no le va a importar -respondió la pelirroja haciendo un puchero y cruzándose de piernas sobre la cama mientras sacaba el móvil para llamar a su madre.

Mientras Angeline marcaba el número de teléfono, Josephine informaba a sus padres que su amiga se quedaría esa noche, la pequeña pelirroja no obtuvo respuesta, eso era algo muy común en su madre, no contestar.

-Listo- dijo la rubia a su amiga-. Mis papás dicen que no hay problema, pero que le avises a tía Amanda.

-Eso intento -respondió con un mohín que fue muy evidente para su amiga-. Pero como siempre, no contesta. Tiene cosas más importantes.

-No digas eso Angeline, es que su trabajo le quita tiempo, pero tú eres su prioridad -trataba la rubia de dar ánimos-. Ya verás que cuando se dé cuenta de que la llamaste te marcará enseguida.

-Está bien, no perdamos tiempo y miremos algunos arreglos, tu cumpleaños debe ser la sensación -respondió Angeline para cambiar el tema. Siempre trataba de evadir los temas, no quería mostrarse débil ante su amiga.

Las chicas se mantuvieron ocupadas durante un par de horas de la noche mirando ideas y diseños en la laptop de Angeline para la fiesta. Al día siguiente no tendrían clases por ser fin de semana, por lo que aprovecharían para hacer las tareas y organizar con los padres de Josephine las ideas que tenían para la fiesta de cumpleaños.

Amanda nunca devolvió la llamada a su hija. Nunca llegó a su trabajo. Esa noche desapareció de su auto el cual fue encontrado estacionado en una tienda 24/7 a dos cuadras del hospital.

A la mañana siguiente la llamada de alerta no se hizo esperar, el padre de Josephine, Andrew, fue notificado de la desaparición de la mujer. Partió directo hacia su oficina para verificar lo informado y efectivamente Amanda estaba desaparecida.

Debían esperar el tiempo que la ley estipulaba para darla como persona desaparecida, pero al saber que Liam tampoco se había notificado desde hace dos días, los agentes dieron por hecho que algo estaba pasando.

Una semana había pasado desde que ambos padres habían desaparecido. Angeline se sentía culpable por ser distante con su madre y en la agencia no tenían información de Liam.

Angeline sentía que ahora si extrañaba a su madre, antes estaba segura de que de día o de noche ella regresaría a casa y la sermonearía por salir sin su permiso, pero ahora nada de eso pasaría, la chica solo creía que todo era un mal sueño y que pronto despertaría viendo a su madre cruzar la puerta para ir por ella y regresar a casa.

Nada de eso ocurrió, el miedo se asomaba cada vez que el teléfono de la casa de sus tíos, como ellos se hacían llamar para ambas chicas, sonaba. El corazón de la jovencita daba vuelcos y sobresaltos que la aturdían, algunas veces sentía un martilleo en la cabeza por la misma ansiedad de saber algo de su madre.

Dos días después Angeline se encontraba aún en la escuela, era la hora de la salida cuando ambas chicas se encontraron en las puertas del colegio para dirigirse juntas a casa, cuando Andrew fue notificado de un posible asesinato de una mujer con características muy similares a las de Amanda.

La escuela no quedaba muy lejos de la casa de Josephine, por lo que las chicas iban y venían caminando. Angeline aún permanecía viviendo con sus tíos, los padres de Josephine. No la podían dejar sola, menos en estos momentos en que ninguno de los dos adultos aparecía.

Cuando Andrew llegó a la agencia inmediatamente abordó un carro que lo transportaría al lugar de los hechos, la mujer sin identificar había sido encontrada en una de las calles bajo la variante del puente hacia Brooklyn Heights. Cuando llegó y observó sin temor el cuerpo de la fallecida, confirmó que efectivamente esa era Amanda. No entendía como había ido a parar a ese lugar, estaba muy lejos de su trabajo y sobre todo de su casa, pero para salir de dudas había que investigar.

No hubo mucho que hacer para decirle la verdad a la chica, pues la madre de Josephine, Norma, veía las noticias en cuanto su esposo le informó de la mujer encontrada. Las chicas ya cruzaban por la puerta cuando la voz de la reportera en la tele hablaba de la mujer hallada y de las extrañas circunstancias de su muerte, solo una foto de Amanda se veía en el aparato la cual Angeline reconoció inmediatamente.

A sus oídos llegaron las palabras de muerte, venganza, tortura y mafias de la zona. -Mamá -fueron las únicas palabras pronunciadas por la joven antes de lanzar un grito de dolor seguido de un llanto. La madre de Josephine, Norma, apagó la tele y acogió en sus brazos a la chica. Pero esta solo se soltó como pudo y huyó a la habitación que ocupaba con su amiga.

Madre e hija no sabían que hacer para consolar a la jovencita, así que solo debían aguardar a que Andrew les dijera la verdad y tratar de hablar con Angeline. La chica debía comprender que el trabajo de su padre era muy riesgoso y dentro de esos riesgos estaba lo que acababa de suceder.

En el informe que entregó el forense se explicaba que Amanda había sido torturada y asesinada. Andrew y sus colegas sabían a qué tipo de torturas se hacía referencia, pues Liam que estaba de encubierto en una de las mafias que se peleaban el lugar, las detallaba en sus informes.

Para la prensa y el público en general el homicidio había sido por un robo y bajo hechos confusos que los agentes y la policía investigaban, pues la mujer no arrojaba antecedentes criminales, ni en su pasado, ni en su familia. Pero todos en la agencia sabían la verdad.

Cuando Andrew tuvo la oportunidad de verificar el cuerpo en el laboratorio del forense, detectaron una marca única en su cuerpo que indicaba la manera en cómo la mafia rusa asesinaba. Tenía una puñalada en forma de cruz en el pecho justo en su corazón. No cabía la menor duda había sido la organización de Alek Vólkov.

El hecho le indicó a Andrew y a todo el equipo de la DEA que llevaban el caso de Alek Vólkov, que Liam había sido descubierto.

Dos meses después...

Angeline en todo el tiempo que estuvo en casa de sus tíos, los escuchaba murmurar y hablar de la forma como mataron a su madre y de que quizás su padre ya estaría muerto, solo que no había sido hallado.

La chica se mantenía fuerte, sin mostrar un ápice de temor, su padre siempre le decía que ante cualquier circunstancia ella debía mantenerse tranquila para analizar todo lo que sucediera a su alrededor, y eso hacía, guardaba silencio y escuchaba a escondidas. En el sepelio de su madre no lloró, eso lo hizo a solas en su habitación y sin que la escucharan.

Su padre la había entrenado para defenderse ante cualquier situación que la pusiera en peligro, pero ella lo hacía más como una forma de pasar el tiempo, pero ahora se vería en la obligación de volver a sus antiguos entrenamientos, más que para ella defenderse, para descubrir que había pasado en realidad en todo el tiempo que su padre estuvo por fuera.

-Buenos días, este es un paquete para... Angeline Evans Montgomery -dijo el joven de la mensajería que entregaba un sobre de seguridad.

-Sí claro, si gusta yo lo puedo recibir -respondió Norma al joven.

-Oh no señora, usted disculpe, pero debo hacer la verificación formal con el documento y la firma de esta en persona. Lo siento -respondió el chico con una agradable sonrisa.

-Sí claro, un momento ya le digo.

Angeline recibió el paquete y firmó todos los documento que el joven le indicaba, no entendía por qué tanta seguridad.

-Gracias, tía Norma -dijo la chica antes de desaparecer-. Lo revisaré en mi habitación.

El paquete informaba que iba dirigido a ella. Cuando abrió la bolsa de seguridad había un sobre con una carta con la letra de su padre, en él estaba escrito el apodo que le decía desde que era niña, -Maldito apodo -pensó.

-Mi chiquitita -encabezaba el escrito, esa era la manera cómo la llamaba su padre. -Cuando leas esta carta yo ya estaré muerto y quizás tu madre también -un sollozo escapó de los labios de la pelirroja, ahora se enteraba de que su padre en verdad ya estaría muerto y nadie lo sabía, la carta tenía fecha de tres meses atrás, pero ¿Por qué hasta ahora era entregada? No entendía nada de lo que sucedía-. Ahora no podré decirte las razones, pero debes cuidar con tu vida la memoria adjunta. No te puedo decir más en estos momentos, pero debes prometer que no contarás nada a nadie, ni a tu mejor amiga. Es de vida o muerte la información que allí está. Cuando seas mayor de edad, podrás abrirla y revisar lo que contiene. No lo hagas ahora, porque serás descubierta. Está codificada y la única persona que te puede ayudar llegará a ti sin darte cuenta. Ahora no lo entenderás mi chiquitita, pero debes esperar a que Boris Vólkov llegue a ti, él es el único que te dirá la verdad y que descifrará lo que allí está, para él esa información es vital -ahora entendía menos, quien era ese tal Boris y que relación tenía con sus padres, debía descubrir cuánto antes lo que estaba pasando, pero no debía levantar sospechas.

-Espero que cuando se encuentren le des la oportunidad de que te explique lo que sucedió conmigo y con tu madre. No le creas a nadie más, no creas en nada más, él es el único que sabe la verdad. Te amo mucho mi chiquitita. Siempre te hemos amado y siempre te amaremos.

La memoria cayó al piso cuando intentó sacarla del sobre. Con rabia la tomo en las manos y la arrojó a la cama haciéndola rebotar, arrugó la carta en sus manos y la tiró al cesto de la basura. Se tiró de rodillas al piso frente a su cama golpeando con los puños el suave colchón mientras lloraba amargamente la ausencia de sus progenitores por largo rato quedándose así dormida.

Cuando despertó, se levantó del piso y tomo la carta hecha bola, la desdobló y la guardo en un cofre bajo llave junto con el sobre. Por otro lado, por más que las manos le picaban para colar la memoria en la laptop y abrirla no se atrevía, las palabras dichas por su padre en la carta la llenaron de miedo, por lo que solo se arriesgó a guardarla dentro de su muñeca favorita y la que aún conservaba, la señora pequitas.

-Papá ¿cómo encontraré a Boris Vólkov? ¿Cómo sabrá él quien soy? -se preguntaba Angeline mirándose al espejo de su tocador después de cerrar el cofre con llave-. Pero a todas estas ¿Quién es Boris Vólkov?

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