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VOCES DEL ALMA.

VOCES DEL ALMA.

Autor: : LE.Fenix21
Género: Romance
Alice se encuentra lidiando con las consecuencias de su tumultuosa crianza y el impacto que tiene en su futuro. Nacida en una familia disfuncional, Alice se enfrenta a una serie de desafíos que dan forma a su desarrollo personal y dejan una marca duradera en su vida. Un romance desafortunado lleva a Alice a convertirse en una madre adolescente, solo para perder trágicamente a su hijo. Este evento devastador deja a Alice con la mente herida y la falta de fe en su propia existencia. Desesperada por encontrar un propósito y significado, Alice toma la extraordinaria decisión de alquilar su útero a una pareja desconocida, con la esperanza de que le brinde algo de apariencia. Xavier Batista, un individuo de carácter perfeccionista y un artista conocido como músico de gran prestigio, será el que este detrás del alquiler. La situación se intensificará cuando Xavier conocer a Alice, lo cual permitirá que su conexión, sin proponerla, se enamore de ella. Una vivencia que narra la fuga y la curación del clan de las mujeres de la familia Santos, y de cómo el amor es el camino más efectivo para curar las heridas.

Capítulo 1 ❀ PROLOGÓ ❀

La situación se encuentra en estado de desequilibrio... se intensifican las decisiones. Las memorias me producen tristeza, demonios que atormentan mi memoria, de la vida que siempre he deseado, la sensación agridulce y los látigos de la indiferencia.

La sonrisa se fue, hoy solo se encuentra la gélida neblina que se acomoda en los huesos, en cada neurona, en cada terminación nerviosa.

Tener que elegir entre dos amores que, aunque sean distintos, duelen, arden y despellejan... dejar a mi madre atrás para seguir de la mano del que ahora es mi esposo, resulta más doloroso que la fibromialgia que superé... siento que el aire no entra en mis pulmones. La incredulidad y el miedo no me permiten ver con claridad.

Aunque me resulta difícil dejar atrás lo que poseo, también me resulta doloroso atar los sueños de mi esposo sin siquiera brindarle una oportunidad de demostrarme que en muchas ocasiones existe un mundo mejor.

Sí, ¿quién soy? ¿Qué es lo que quiero? ¿A dónde me dirijo? Se trata de interrogantes a las cuales nunca he brindado respuesta, aunque perseveraré en responderlas.

¿Cuál es mi identidad?: una niña temerosa que anhelaba ser protegida y amada. Una mujer que aún tiene muchos demonios enjaulados, ocultos en los recovecos de su alma, y que grita por abandonar el lugar, a veces desearía que la niña herida se expresara y dejara respirar sus heridas, quizás así me libraría del peso que llevo sobre mis espaldas.

Me considero un fénix con una magnífica magia en su interior que renace de sus cenizas y se fortalece cada día más. Soy alguien que necesita respirar.

¿Qué quiero?: Me gustaría tener una calma, una identidad, una profunda capacidad de reconocer mi persona, valoración, ser más yo y menos ellos. Quiero ser fuerte, quiero ser arte... quiero ser poderosa e ineludible. Amarme y aceptarme tal como soy.

¿A qué punto me dirijo?: lamentablemente, soy un barco que transita sin rumbo, y que deseo ser su capitán. Deseo prosperar y obtener mis propios ingresos.

Me gustaría expresarles mi gratitud, miedos y darles la bienvenida a la seguridad.

Nota: Pensamientos de un alma herida...

Capítulo 2 ❀ EN LA INFANCIA EMPIEZAN LOS TRAUMAS ❀

Existe un recuerdo que, a pesar de los años, sigue siendo relevante en mi memoria. He percibido que, al redactar un desahogo, es factible desintoxicarte y, tras realizar dicha acción, puedes eliminar la hoja y permitir que las cenizas se escape del viento. Esto fue mi tarea, redactarlo.

Tenía diez años y cursaba 4.º grado de primaria. La maestra nos mandó ese día al efectuar una hemeroteca sobre la contaminación ambiental. Mi primo estaba en la misma aula de clases que yo. La tía Carmela, madre de ese primo que llevaba el nombre Abelardo, era quien nos dirigiera hacia el colegio y quien nos proporcionaba la comida en la mañana de descanso. Antes, lo hacía mi madre, pero dejó de hacerlo debido a que cuando iba a llevarme la merienda, yo empezaba a llorar. En una ocasión, me salí por la ventana del salón de clases y corrí detrás de ella llorando para que no me abandonara. Debido a esto, mi Tía Carmela fue delegada a llevarme y buscarme, y como mi primo estudiaba conmigo, no supuso un problema, todo era válido para cumplir mi proceso de adaptación.

Lo mismo pasó con mi hermano Daniel, una tarde mientras cantaban el himno nacional en la formación. Al ver a mi madre, mi hermano se echó a correr de las filas llorando y puso el bolso en el suelo, cayendo en un enorme charco de agua y barro (Lo aceptó Daniel y yo teníamos ese apego, cuya necesidad bautice como «el síndrome de mamitis»). Mi madre no tuvo más remedio que llevarse a Daniel. Una alumna de un grado más alto levantó el bolso del charco y lo entregó a mi hermano. Por tal motivo, mi hermano también corrió la misma suerte que yo. Otra tía (Tía Evangelina) que era maestra en esa escuela era quien se ocuparía de llevar a mi hermano Daniel a casa, llevarlo con ella y traerlo para evitar este tipo de conflictos, ya que yo estudiaba por la mañana y él por la tarde. Afortunadamente, la hija de mi tía Evangelina, mi prima Emilia, era de la edad de mi hermano y estudiaba en el turno de la tarde. Hasta ese momento, todo salió a pedir de boca, yo estudiaba junto a Abelardo y mi hermano con Emilia.

Volviendo al tema de la hemeroteca. Aquella tarde, otra de mis tías estaba en la casa. Mi tía Mercedes me brindó una máquina de escribir que pertenecía a mi tío Alfredo, yo estaba fascinada, pero no tenía idea de cómo usarla. Ella me brindó una explicación exhaustiva y me brindó la habilidad de abarcar en revistas periódicas todo lo relacionado con la contaminación ambiental. Recorte, pegué y escribí en la máquina de escribir sin márgenes de una forma muy rústica, pero a mí me parecía lo más hermoso y maravilloso de mis creaciones. Al estudiar, oía a Menudo, una banda que tuvo una gran popularidad durante los años 80 y 90, a la que aprendí a querer por mi madre, quien los adoraba, cuando estudiaba. A través de ella, experimenté un gran interés por una serie de composiciones musicales, incluso si no eran de mi época. De igual forma, a los cuatro de Liverpool «The Beatles». Entregué mi hemeroteca y esperé pacientemente los días para recibir mi calificación, que fue mucho mejor que la de mi primo Abelardo. La tía Carmela, molesta por mi calificación, gritó a la maestra como una posesa por haber dado mejor calificación a mi trabajo que al de mi primo. Sus gritos eran tan intensos que los demás estudiantes giraban para verla.

-¡Cálmese, señora Carmela, está inquietando a los niños! -exclamó la maestra. Esa solicitud tuvo una respuesta peor en ella, era como si le hubiera echado gasolina al fuego. Sin embargo, lo que no olvidé fue su discurso sobre mí, las recuerdo muy bien, me dijo: «Cómo ella va a sacar mejor nota que mi hijo; esta mocosa es una floja que no sirve, en cambio, ni hijo si estudia. No se merece esa calificación debido a que esa tarea se lo hizo mi otra hermana (mi tía Mercedes)». Me sentí tan vulnerable, quería comunicar numerosas cosas, pero el miedo me estremeció. Tenía solo 10 años y sus palabras me marcaron la identidad. Posteriormente, no tengo conocimiento de la ocurrencia, únicamente tengo la capacidad de recordar fragmentos. En la calle, mientras ella me conducía a la casa de mi abuela, no dejaba de decirme frases hirientes: «¿cómo era posible que tú Alice, que no sirves para nada, saques 18 y mi hijo, que si es un excelente estudiante haya obtenido 15 de calificación?». Tras eso, algo cambió en mi estructura; al llegar al 5.º grado, una maestra me gritó delante de toda la clase «Eres una señorita floja», señalando la herida emocional.

Años después, me había fracturado una pierna en tercer año de secundaria y no pude con tanta dificultad, por lo que reprobé el año. Por supuesto, eso fue un tema de conversación en el que una vez me ponía en el ojo del huracán. Tengo presente que mi tía Carmela, en voz incontrolable, pronunció una palabra a mi abuela:

-Mamá, yo, en su lugar, no la inscribiría de nuevo, haga lo que dijo mi esposo Adolfo, lo que no puede ser útil, se saca o se bota. Haga lo mismo que hice con Javier, quien, por ser un vago, repitió y su padre fue y lo sacó del colegio. De esta manera se ahorraría el dinero y evitaría que quede embarazada, ya que pienso que de los 15 años, no pasa que le monten una barriga.

-Estaba convencido de que deseaba darle un bofetón, tenía 14 años y no tenía novio. Mi abuela la escuchó en silencio y le dijo con seriedad:

-Le brindaré otra oportunidad y la inscribiré de nuevo para que repita el año. -Mi tía Carmela salió enfadada de casa y al día siguiente mi tía Evangelina y mi madre fueron temprano al colegio para pelear otro cupo para mí. Tuve la segunda oportunidad y fui una buena estudiante, pero lamentablemente en mí empezó a abrirse un hueco enorme que no se llenaba con nada. En una de las habitaciones de mi alma se encontraba oculta una niña herida, temerosa e insegura que tuvo la oportunidad de creer durante mucho tiempo que realmente era floja y que no tenía valor para nada, aún me sentía «la hija de nadie», como siempre me había llamado mi tía Carmela. Mi madre era una madre soltera y me tuvo siendo una adolescente, mis abuelos y mis tíos me ayudaron a criarme, nunca faltaron los momentos afectuosos, así como los traumáticos. A los 17 años, me matriculé en bachillerato, obtuve mi título y también me enteré de que estaba embarazada.

-¡Excelente! -exclamé con ironía y decepción -¡Insuperable! -¡La tía Carmela se regodeará de haber acertado! -.

Los tiempos turbulentos estaban por llegar.

Capítulo 3 ❀ LOS PROBLEMAS INICIAN ❀

Cuando vi a Kevin quedé fascinada, era muy guapo, atractivo y ardiente. Tocaba la guitarra y le llaman Aladdin por su gran parecido físico al personaje. Yo tampoco pasé desapercibida para él, su atracción hacia mí resulto muy evidente, fue algo así como "atracción de dos lunas". Nos hicimos novios con el paso de los días, ambos cursábamos el 5.o año de bachillerato. Nos llevábamos muy bien y éramos como el pan y la mantequilla.

Él fue mi primer amor, el amor de mi adolescencia que me dejó consecuencias, físicas y emocionales.

Como dije antes, Kevin y yo nos enamoramos desde el primer momento, y rápidamente nos volvimos inseparables.

-¡Por Dios, deja que ese muchacho respire! -me exigía mi madre, pero ¿Cómo hacerlo? Cuando la realidad era que me gustaba estar encima de él. Amaba su olor, sus labios perfectos, su piel de alabastro, sus ojos ámbares, su cabello castaño oscuro, sus hoyuelos en sus mejillas cada vez que sonreía; formaban parte de ese potente hechizo del cual yo no era inmune.

Su forma de besarme me transportaba a otros mundos lejanos del planeta tierra, arrancando de mí todo temor, con Kevin yo me sentía poderosa e imparable hasta que llegó el día especial.

Mi primera vez fue bajo una noche estrellada, escuchando de fondo «Lluvia de noviembre» de la banda Guns N' Roses, todo era maravilloso, aunque debo admitir que mi primera vez fue incómoda, tuve que repetir más de una vez para poder sentir el anhelado placer.

Todo el encanto se desvaneció un par de meses después, cuando la menstruación no llegó. De esa manera concluí una faceta perfecta, los cuartos oscuros y nuestras palabras susurradas entre besos apasionados, ahora se habían convertido en preocupación y euforia por no saber manejar las consecuencias de nuestros actos. Yo tenía 17 años, Kevin había cumplido los 18 años, así que la situación se tornó bastante intensa.

No hay palabras para describir el caos sistemático que se armó cuando en casa me enteraron de mi embarazo, desde luego la tía Carmela fue la primera en echar leña al fuego, podía ver su satisfacción brillar en sus ojos. Ella gozaba por sus acertados y viperinos comentarios premonitorios.

-¡Yo lo dije, que Alice iba a salir con su número nueve! Cuando tengo algo entre ceja y ceja no me equivoco. ¡Estás arruinando la reputación de la familia! Con 17 años y ya con un embarazo encima, aunque admito que tardaste dos años porque te veía embarazada a los 15. Gracias a Dios por darme hijos y no hijas. -Ver a mi madre llorar por las palabras hirientes de la hiena de mi tía Carmela, me hizo perder los estribos y sin medir palabras dejé salir todo lo que llevaba dentro.

-¡No tienes autoridad para hablarme sobre el honor y las buenas costumbres cuando tú has tenido más de un marido, todo el mundo lo sabe! -La expresión de triunfo en sus ojos desapareció y la palidez de su rostro lo usurpó, estas fueron más que suficientes pruebas para que me diera cuenta de que acertaba habían sido mis palabras.

-¡Cállate muchacha del demonio! Tú me respetas -gritó con toda la intención de darme un bofetón, pero yo no la dejé.

-¿Cómo te atreves a juzgarme cuando tu tía Carmela tiene un pasado oscuro? ¡Llego la hora de abrir la caja de Pandora!

-¡Hija de nadie! -me grito para continuar humillando. -¡Tu padre nunca te quiso y ahora repites el mismo comportamiento! -Sus palabras me dolieron, pero yo no iba a permitir más insultos de su parte.

-Si yo soy hija de nadie, sus hijos son hijos de todo el mundo, ya que ha tenido tantos hombres que no sabe de quién ha engendrado. ¡La odio! Una mujer que es capaz de quitarle a su hermana el marido no puede ser buena. ¡Que sea la última vez que me humilla, porque a la próxima no seré tan benevolente y me olvidaré que usted es mi tía! -vi lágrimas de ira descender de sus ojos.

-Te arrepentirás de todo lo que has dicho... Dios te está castigando por malcriada y malagradecida -en ese punto su cinismo llegaba a límites extremos, no podía entender por qué mi tira Carmela me odiaba tanto, quise preguntar, no obstante, esa interrogante se disolvió en mi lengua.

-Usted me pagará todo el daño emocional que me ha ocasionado.

-¡Has arruinado tu adolescencia, criar a un hijo no es fácil! -en ese punto mis abuelos, que se encontraban decepcionados por yo haber lanzado a la basura su confianza en mí, decidieron que era hora de intervenir.

-Carmela, por favor, sal de la casa. Nosotros y la madre de Alice necesitamos hablar de esto.

-Ustedes son culpables de todo esto, jamás le pusieron freno a esta malcriada mocosa -con esas palabras se marchó de la casa de mis abuelos. Lo más doloroso de esa tarde fue ver a mi madre llorar desconsoladamente.

Días después.

La tía Carmela se encargó de difundir entre nuestros conocidos que yo estaba embarazada, para vengarse de mí hizo que me sintiera mal. Mis otras tías se unieron para apoyarme en días de depresiones.

-Ese chico tiene que responder por el embarazo -dijo mi abuelo y mis tíos.

-Es mayor de edad y tú eres menor de edad. -Mi mamá y mi tía Mercedes apoyaban la decisión.

-No quiero que Kevin se case por obligación conmigo.

-¡Eso debieron pensarlo antes de haber tenido relaciones de una manera irresponsable! -riñó mi tía Evangelina. -Hoy mismo iremos a hablar con los padres de Kevin, el hijo que llevas en el vientre también es hijo suyo -mis ojos se llenaron de lágrimas, yo estaba pagando por las consecuencias de mis actos, tenía tanto miedo que no deseaba responder los mensajes de Kevin ni siquiera los había leído.

Entre a mi habitación y mi mamá venía tras de mí, junto a mi hermano. Les cerré la puerta en la cara, por hoy había sido demasiadas emociones juntas.

Me coloqué los audífonos y puse música a todo volumen, mientras mis lágrimas caían, me armé de valor y tomé mi móvil y leí uno de los mensajes de Kevin.

«Bienvenido ese tercero entre los dos, Alice. No dejaré que te quedes sola en esto, te amo.»

Mi llanto se desbordó a cántaros, y aunque había muchos sentimientos encontrados, todo esto era el comienzo de una fuerte lección de vida.

Mi nombre es Alice Santos, esta es mi historia y de las mujeres de mi familia «el clan Santos Cámpelo».

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