Hoy por fin iba a dar las vacaciones que me merecía, es decir, me había pasado años manejando una empresa de inversiones, la empresa que mi padre me había heredado, y si bien no me estaba desconectando completamente, no estaría 24/7 sentada en mi escritorio, sentía que tenía que vivir mi vida, tenía veintinueve años y me estaba perdiendo mucho, me apasionaban las finanzas y manejar mi empresa pero el estrés y las ganas de viajar por el mundo, de descansar me estaban comiendo viva.
¿Cómo me di cuenta de esto?, simple, comencé a ver imágenes de otros países, miré por mi ventana una ciudad tan conocida para mí, me sabía las calles al revés y al derecho, era hora de disfrutar de mi vida.
Así que comencé a preparar a mi hermano menor, bueno, unos cuatro años menor, quería que se hiciera cargo por un tiempo, primero sería solo un mes, luego dos meses, y ahora había decidido darme un maldito año. Él estaba feliz, era una oportunidad que siempre espero, y aunque sabía que no era para siempre lo iba a disfrutar de sobremanera, también había estudiado finanzas así que cada cosa que le explique no le costó nada entender.
-¿Por que no vienes para acá?, Amiga, es soñado este lugar -me dice Roberta, una de mis mejores amiga, ella vivía en París, la ciudad del amor, ella había encontrado el amor con un simpático francés, y se había quedado allá, hace dos años no nos veíamos en persona pero siempre que podíamos hacíamos videollamada, como ahora.
-No sé donde quiero ir, aún no me decido, es primera vez en estos casi seis años que me doy un tiempo para mí, igual no te miento que estoy nerviosa de dejar la empresa -digo, ella asiente.
-Lo sé, pero lo necesitas, es decir, eres joven, ardiente, y te estás desperdiciando detrás de un escritorio, ¿hace cuanto no tienes sexo? -me pregunta, yo me pongo a reír.
-¡Desde ayer! -digo, ella ríe.
-Bueno tan mal no estás -dice, yo me encojo de hombros.
-¿Con quién? -
-Álvaro Martínez -digo, ella abre los ojos.
-Definitivamente no lo estás pasando nada mal -dice riendo, yo asiento.
Álvaro era un inversionista en nuestra empresa, llevaba al menos cuatro años y era uno de los empresarios más ricos de nuestra ciudad, era guapo, estaba en muy buena forma y yo era un imán de ese tipo de hombres, no había sido dificil llevarlo a la cama, llevábamos unos dos años teniendo sexo casual, no involucrábamos ningún tipo de sentimiento más que placer, y en los negocios coincidíamos bastante bien.
-No entiendo cómo no han tenido algo más, o involucrado sentimientos -dice ella, yo me encojo de hombros.
-Ambos tenemos claro nuestra relación, somos personas adultas que están dispuestos a tener sexo casual, y nada más que eso -digo.
-Yo no podría -dice.
-Lo sé -
Roberta siempre había sido la enamoradiza, soñaba con casarse de blanco, en una iglesia llena de flores, con un vestido largo, con su príncipe azul, y aunque tuvo muchos en sus años de vida, siempre decía que Antoine era su príncipe azul, llevaban dos años y era con quién más había durado. Yo en cambio sólo había tenido un novio con el que había durado cuatro años, pero definitivamente no era para mí y comencé a pensar en otras prioridades y pasatiempos y eso nos hizo alejarnos, y a eso súmale que las mentiras siempre terminan con una relación. Cuando terminamos siempre sentí que era la mejor decisión, no quedamos con rencores, después de todo habíamos pasado mucho tiempo juntos, ahora él estaba casado y yo incluso había ido a su boda.
-Espero lo pienses bien y vengas a París, te juro que te enamorarás de este lugar -dice sonriendo, yo asiento de la misma forma.
-Lo pensaré -digo, ella aplaude-. Me iré a dormir, nos vemos preciosa -me despido ella me tira un beso.
-Descansa amiga -se despide.
Finalizó la videollamada, guardo mi IPad en su funda y me levanto para ir al baño, limpio mi rostro de cualquier tipo de suciedad, incluido el maquillaje, que a pesar de no usar mucho era algo que arruinaba la piel si no la cuidamos como se debía.
Cuando ya estoy limpia aplico mi crema de noche, lista para ir a dormir después de un día largo como profesora de mi hermano. Pongo la alarma de mi celular a las 6:30 tenía que estar en la oficina a las 8:30 pero me gustaba llegar antes para tener todo preparado.
"¿Hoy no nos vemos?"
"Lo siento, mucho trabajo estoy exhausta"
Normalmente no me niego nunca a una cita de sexo casual, pero hoy enserio estaba muy cansada.
"Entiendo"
Con Álvaro podría haberme casado, a mi padre le caía muy bien, pero la verdad es que ambos disfrutamos de vivir sin ataduras y un casamiento siempre significaba ataduras. Yo no creía en cuento de hadas, no lo había hecho nunca. Yo era la cabecilla de mi familia, desde que murió papá, había tenido que hacerme cargo de la familia y de la empresa, y solo era una chica con poca experiencia, casi recién egresada, pero su muerte había sido repentina, por lo menos para nosotros, ya que él parecía que siempre supo que iba a morir. Y yo siempre había sido la hija perfecta, educada, inteligente, nunca di un problema, ese era el trabajo de mi hermano.
Y aunque yo estaba bien con eso, una parte de mí sentía que no estaba viviendo. Mi celular suena, es mi madre.
-Buenas noches mi pequeña adulta -dice, yo sonrío, siempre me ha dicho así, dice que de pequeña me comportaba como adulto, que realmente nunca fui una niña.
-Buenas noches madre -digo riendo.
-Te quiero mucho -
-Te quiero más -
Deje mi celular en la mesa de noche, mi mamá siempre llamaba a la hora exacta que me iba acostar, lo hacía desde que me había ido de la casa. Apague la luz de la mesita de noche y me dispuse a dormir, mañana era un nuevo día, que se debía aprovechar al cien, era un día menos para las vacaciones.
A la mañana siguiente cuando llego a la oficina, Olivia, mi secretaria entra a mi oficina con la agenda del día, aunque yo tenía todo anotado, ella me lo recordaba, a veces eran demasiadas cosas que tenía en el día, reuniones, citas con inversores, en fin, a veces me olvidaba de cosas y ella me recordaba. Le tenía cierto aprecio, llevaba casi cuatro años acompañándome.
-Buenas tardes jefa, en una hora tiene una reunión con unos inversores, su hermano acaba de llegar y está en su oficina, pronto vendrá a verla -dice ella, yo asiento.
-Gracias Olivia -digo, ella asiente.
-¿Le traigo un café? -me pregunta, yo la miro agradecida.
-Por favor, por alguna razón hoy me encuentro bastante cansada -digo, ella asiente.
-Exceso de trabajo Jefa, quizás sus vacaciones debería incluirlas en su agenda -dice, yo asiento.
-Lo estoy pensando seriamente -digo sonriendo, ella sale de mi oficina en busca de mi café.
A los diez minutos aparece en mi oficina, con unas galletas de avena y el café, era muy eficiente y yo le pagaba bastante más que el sueldo de una secretaria, agradecía lo que hacía aquí.
-Gracias Olivia -digo, ella asiente.
-Recuerde que a las doce del día, vendrá el señor Álvaro, por la mañana lo he llamado y ha confirmado la cita -dice, yo la miro.
-¿No vendrá a la reunión de ahora? -pregunto, ella niega.
-Dijo que no podría llegar, que no estaba en la ciudad -dice, yo levanto una ceja pero no digo nada, anoche me estaba pidiendo sexo, y como no iba a estar aquí.
-Entiendo -
Olivia sale de mi oficina, yo comienzo a tomar mi café sabor Mocca, poco a poco mi cuerpo comienza a cobrar vida, justo para cuando Julián entra.
-¡Hola hermanita! -saluda, yo pongo la mejilla cuando me da un beso.
-Hola Enano -digo, él enarca una ceja.
-¿Enano?, soy más alto que tú -dice, yo ruedo las cejas.
-Solo por cinco centímetros, no seas adulador -digo, ahora es su turno de rodar los ojos.
-¿Preparada para la reunión? -dice, yo asiento-. Bueno José la dará esta vez -dice.
Nuestras reuniones se realizaban con los inversionistas que más acciones tenían, por lo que cuando habían nuevos accionistas, o que eran potenciales, ellos me los presentaban con una presentación, y me tocaba decidir si aceptaba tenerlos o no. Era una decisión muy importante, el futuro de nuestra empresa estaba en juego con cada nuevo inversionista.
-La sala de juntas esta lista -dice Olivia, Julián y yo asentimos, nos levantamos con las carpetas y caminamos hacia ella.
-Buenos días -saludos a los hombres sentados en la mesa, lamentablemente las finanzas parecían aún seguían siendo dominadas por los hombres, al principio no confiaban en mí, claro por ser mujer, como si no pudiéramos hacer este trabajo, claro que podíamos, y mejor. Pero yo tenía un carácter fuerte, no tuvieron oportunidad de decirme nada.
-Buenos días Señorita Agatha -me saludan, con Julián se saludan con un asiento de cabeza.
-Bueno, ¿empezamos? -pregunto, ellos asienten, tomo asiento en la cabecera de la mesa, yo era dueña de más de la mitad de las inversiones.
-Bueno, tenemos un potencial inversor, su nombre es Adrien Dubois, un magnate francés, su empresa ha surgido muy rápido y es uno de los nuevos millonarios de ese país -dice, yo asiento-. He coordinado una reunión con él, pero en París, creo que sería bueno que alguno de los socios viera su compañía y sus finanzas antes de tomar una decisión -dice.
-Yo iré -digo firme, todos asienten, bueno era de esperarse, mis decisiones no se contradicen, son las que han llevado a esta empresa a tal éxito.
Creo que mis vacaciones se han adelantado.
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Espero les guste la historia.
Tenía mis maletas preparadas, la reunión sería en dos días, pero quise irme antes para poder conocer un poco el lugar, le había comentado a Roberta, ella estaba más emocionada que yo, y fue la que me convenció para irme antes.
-¿Ya te vienes? -me pregunta Roberta cuando le contesto el celular, yo río.
-Ahora voy para el aeropuerto -digo.
-Muy bien, cuando llegues no vas a descansar, nos iremos de fiesta, no hay nada mejor que una noche en París, además tengo a alguien para presentarte que estoy segura te va a gustar -dice ella, yo ruedo los ojos.
-¿Por qué estás tan empeñada en que tenga una cita allá? -
-Nena, cuando lo veas me hallarás toda la razón -dice, yo ruedo los ojos.
-Tú siempre -digo con sarcasmo.
-Hey, ese tonito de voz -dice.
-Bueno, te dejo, si no me deja el vuelo y no podré juntarme con mi cita a ciegas -digo.
-Está bien, llámame cuando llegues a París -
-Ten por seguro que lo haré -digo para luego cortar la llamada.
La verdad si estaba nerviosa y tal vez un poco emocionada, hace bastante no salía del país y París era uno de los lugares que deseaba conocer, además vería a mi mejor amiga después de mucho tiempo. El timbre suena, seguro es Julián que viene a despedirme.
-Hola hermanita, ¿ya te vas? -pregunta, me da un beso en la mejilla y entra.
-Pues sí -digo, le había dicho todo lo que tenía que hacer, y se notaba que estaba muy emocionado de que yo me fuera de viaje.
-Llego justo a tiempo entonces -dice riendo, yo ruedo los ojos.
-Muy feliz debes estar -digo, él se encoge de hombros.
-Veré que tal resulta, no sé si soy tan trabajador como tú -dice riendo, yo ruedo los ojos.
-No es tan difícil, además ya sabes todo -digo cerrando la maleta con el seguro que me había olvidado ponerle.
-Eso espero, te llevo al aeropuerto -dice, yo asiento.
-Encantada -
Julián me ayuda a bajar las maletas, me menciona por sobre todo que está nervioso, porque una cosa era ayudarme y otra dirigir la empresa por los días que me ausentara.
-Está bien, algún día tendré que retirarme y tú serás quién se haga cargo -digo.
-Van a ser tus hijos -
-No tengo hijos y no tengo planes de tenerlos -digo negando.
-Bueno, en ese caso no me queda más que prepararme -dice moviendo la cabeza.
-Tranquilo, lo harás bien -digo.
Lo entendía un poco, cuando tuve que hacerme cargo de la empresa sentí nervios más bien de cómo sería que los acreedores me recibirían, por ser mujer, aún no se puede superar esa brecha por completo pero tengo la esperanza de que así sea algún día.
-Bueno, que tengas buen viaje, cuando llegues me envias mensaje y a mamá igual, ya sabes como se pone -dice rodando los ojos, yo asiento.
-Lo sé, parece que ha pesar de todo este tiempo aún no asume que crecí -digo.
-Dímelo a mí -dice riendo. Le doy un beso en la mejilla y me bajo, bajo la maleta y camino hacía el lugar desde donde sale mi vuelo, sé que voy a cumplir con trabajo, pero eso no es realmente a lo que voy, necesito algo de aire, diferente del que sale del aparato en la pared de la oficina, más conocido como aire acondicionado.
Entrego mi pasaporte y paso la maleta para que la revisen, cuando todo está listo subo al avión, elegí primera clase, así que me acomode en el cómodo y amplio asiento, saco mi IPad para revisar algunos correos y responderlos, además se darle acceso a Julián a las cuentas bancarias en caso de cualquier imprevisto, siempre estoy preparada para todo pero ahora no estaré yo.
-Buen día señorita, ¿Se va a servir algo? -me pregunta la azafata sonriendo, yo asiento.
-Una botella de agua, gracias -
-Se la traeré enseguida, también le recuerdo que en unos minutos comenzaremos el vuelo y los aparatos tecnológicos deben ser apagados -dice, yo asiento.
Apago el IPad, saco mi celular rápidamente y le envío un mensaje a Roberta.
"Ya estoy en el avión"
No espero respuesta y apago el celular, si bien no le tengo miedo a las alturas, creo que muchas películas donde ocurren tragedias aéreas han influido en mi pensamiento.
-Señorita, ya hemos llegado -siento que alguien me habla, abro los ojos y me encuentro con la azafata, le doy una mirada de disculpa.
-Entiendo, muchas gracias -
Miro por la ventana, el avión está bajando de altitud, un claro llamado de que ya hemos llegado, la noche ya está cayendo, aunque quisiera haber llegado de día, imagino que se verá igual de hermoso.
Cuando bajo del avión, enciendo mi celular para revisar si tengo algún mensaje de Roberta, camino hacia la salida.
-¡Agatha! -escucho que gritan, veo a Roberta con un cartel que dice.
"Vengo a buscar a la perra más bonita"
Río al verlo y camino hacia ella, esta delgada, se ve bellisima, tiene un brillo especial. Me la quedo mirando.
-¿Estás embarazada? -le pregunto, ella me mira sorprendida.
-¡Mierda Agatha!, ¿Eres bruja? -pregunta, ahora soy yo la que abre los ojos sorprendida pero luego sonrío y la abrazo.
-Es porque soy tu mejor amiga -digo riendo, ella me devuelve el abrazo, Roberta era mucho más baja que yo, me llegaba un poco por debajo de los hombros.
-¡Me alegro mucho de que estés aquí! -dice-. Te íbamos a dar la noticia en la noche, pero bueno, ya lo descubriste -dice, yo río, ambas comenzamos a caminar.
-¿Cuánto tienes? -le pregunto, porque aún no se le nota nada, teniendo en cuenta que está con una blusa apretada.
-Cuatro semanas -dice, yo asiento.
-¿Y porqué no me habías contado? -le pregunto levantando una ceja.
-Aún no estábamos seguros, tuve que hacerme un examen porque me había venido -dice, yo me sorprendo, que miedo saber que aún embarazada puede llegarte la menstruación-. Bueno, y como me dijiste que ibas a venir, pensé que sería mejor decírtelo aquí -
-Asumo que seré la madrina -
-Por supuesto nena -
Llegamos a lo que asumo es su auto, con abre la puerta me encuentro con Antoine.
-Hola Agatha -saluda con su acento francés, yo asiento.
-Hola Antoine -
-Ha pasado bastante tiempo -dice, yo asiento.
-Ella ya sabe que estoy embarazada -le dice Roberta, él se baja para subir mi maleta al maletero del auto.
-¿Le dijiste?, pensé que se lo ibas a decir en la noche -dice riendo, ella se acerca a él.
-No se lo dije, ella me miro y me dijo, sin siquiera un hola, "estás embarazada" -dice riendo, yo me encojo de hombros.
-La conozco desde siempre -digo.
Antoine cierra la puerta del maletero y nos subimos al auto, uno lujoso, con asientos de cuero, definitivamente estaban llevando una buena vida.
-Llegarás, te bañarás y debes ponerte más linda aún porque saldremos en la noche a comer -dice Roberta, yo ruedo los ojos.
-¿Con la cita a ciegas? -le pregunto, Antoine ríe.
-Después me lo agradecerás -dice, yo niego.
-No lo creo -
Me sentía como cuando era adolecente y Roberta me buscaba pareja para salir con ella, esperaba que no fuera un fracaso como todas aquellas veces.
Como había pensado, Roberta llevaba una de lujos aquí, nos habíamos parado frente a una gran casa, muy linda, llena de ventanales. Imaginaba que por dentro sería igual de hermosa.
-Linda casa -digo sonriendo cuando Antoine apaga el motor del auto.
-Lo sé, él es muy trabajador -dice ella abrazándose de Antonine, yo asiento, el maletero se abre y Antoine se ofrece a sacar mi maleta, la verdad, acepto, está bastante pesada, no me había limitado solo a traer ropa para unos pocos días.
No sabía cuánto quería quedarme.
-Esta es una casa de clase media -dice ella riendo, yo la miro sorprendida.
-Bueno, ya sabemos que otros lugares siempre están más desarrollados -digo, mirando todo a mi alrededor, toda la cuadra está iluminada por las farolas, las cosas son de diseño parecido, todas con ventanas grandes, el solo imaginar la cantidad de luz que debe entrar en el día me produce mucha calma.
-¡Entremos! -dice ella, yo asiento y los sigo, quiero ver si la casa es aún más hermosa por dentro y vaya que lo es.
-¡Es hermosa! -digo cuando entro, Roberta me mira sonriendo.
-Te mostraré tu habitación -me dice, yo asiento.
-Yo te llevaré la maleta, no te preocupes -me dice Antoine, yo asiento sonriendo, pero luego soy jalada por Roberta hacia el segundo piso.
-Bueno esta es tu habitación, la que te esta al fondo es la de Antoine y yo pero la verdad espero que no pases la noche aquí -dice guiñándome un ojo, yo ruedo los ojos.
-¿Cúal será la habitación de mi ahijado o ahijada? -pregunto-. Porque asumo que la tienes preparada ya -digo riendo, ella asiente efusivamente.
-¡Me conoces tan bien! -dice riendo, abre la puerta de la que será mi habitación estos días, la verdad yo me iba a arrendar una habitación en un hotel pero ella insistió demasiado en tenerme cerca después de tantos años.
La habitación era completamente blanca, tenía una cama de dos plazas en medio, y las ventanas llegaban hasta abajo, muy parecido a mi departamento en la ciudad.
-Vamos a ver el del bebé -dice ella, yo asiento.
-¿Tan luego lo hiciste? -digo moviendo la cabeza, bueno así era ella.
-Es que me emocione, ya sabes que siempre he querido ser madre, y con Antoine estoy en las nubes, la llegada de este bebé no podía ser en un mejor momento -dice ella, tiene ese brillo en los ojos, podría decir que es ese brillo que describen las novelas de amor, no digo nada, solo la abrazo, tampoco hay nada que decir.
-Solo diré que estoy muy feliz por ti -digo, ella asiente.
-Lo sé -
La habitación está pintada de dos colores, rosa y celeste, pasteles, yo la miro sorprendida.
-¿Por qué de dos colores? -pregunto, ella se encoge de hombros.
-No sabemos que será, cuando lo sepamos pintaremos la otra parte -dice, yo asiento, no hay muchas cosas aún, más que nada peluches, y al medio una cuna, no de aquellas que encuentras en el comercio, sino que se notaba que la había mandado a hacer.
-¿La mandaron a hacer? -le pregunto, ella asiente.
-Antoine tiene un amigo que hace este tipo de cosas, es muy bueno, le quedo hermosa -dice, yo asiento en concordancia con ella-. Bueno ahora ve a arreglarte porque en una hora salimos para el restaurante -dice, yo asiento y camino hacia la habitación dispuesta para mí, tal como pensé, al fondo hay una puerta que asumo dirige al baño, saco una toalla, shampoo, y lo necesario para bañarme.
El baño claramente no se queda atrás, las paredes de mármol, un espejo que llegaba al suelo, las mamparas de la ducha eran transparentes, muy elegantes. Di el agua caliente, las luces se apagaron y dieron paso a unas de color rojo, sonríe, parecía un hotel de cinco estrellas, y seguro había sido idea de Roberta.
Cuando estuve lista me puse un vestido pegado al cuerpo y largo, además de una chaqueta que hacía juego, me deje el pelo suelto y me maquille un poco, la verdad si estaba un poco nerviosa, no sabía con quién me encontraría.
-Hola nena, ¿Estás lista? -pregunta Roberta abriendo la puerta sin tocar-. Sí, veo que lo estás, porque nosotros también ya lo estamos -dice acercándose a mí.
-Te vez bella -le digo sonriendo, ella se encoge de hombros.
-Tú también -
Me toma del brazo y juntas bajamos, Antoine está mirando su celular y cuando nos ve sonríe. Iba con un traje negro, Roberta en cambio iba con un vestido color crema, yo por mi parte me inclinaba con los colores más fuertes, así que mi vestido era color vino.
-¡Hoy lo vamos a pasar genial! -dice ella chillando cuando nos bajamos del auto, el lugar es muy hermoso, alrededor de la entrada lo sigue una enredadera con pequeñas flores rojas, cuando entramos llega a mí el olor fresco de la planta.
Por dentro estaba completamente iluminado, lleno de personas muy elegantes, un tipo candelabro estaba en medio de la sala, hermoso, parecía que estaba hecho de oro.
-Venimos a la reserva con el señor Adrien Dubois-dice Antoine al hombre en recepción, me suena el nombre pero no puedo recordar de dónde lo he escuchado. Él asiente y busca entre su lista.
-Síganme por favor -dice, todos asentimos y lo seguimos, yo voy mirando alrededor, es que la forma en la que está decorado el lugar es simplemente único, parece arte, las figuras parecen hechas perfectamente. Un trabajo muy prolijo.
-Pensé que no vendrían -dice una voz ronca, me saca de mis pensamientos.
-Hola Adrien, te presento a mi mejor amiga Agatha -dice ella acercándome sutilmente con un pequeño empujón, sonrío cortésmente, Andrien es un hombre alto, pelo negro, tes morena, ojos verdes que me mira fijamente, es algunos centímetros más alto que yo, lo suficientemente alto para que yo mire un poco hacia arriba, entonces él sonríe grande, dejando ver unos dientes blancos y una sonrisa coqueta.
-Un gusto conocerla Agatha, he escuchado maravillas sobre usted, pero déjeme decirle que no pensé que sería tan hermosa -dice, yo levanto una ceja, por dios ya empezamos.
-Bueno, lamento decirle que yo no había escuchado de usted, pero ya podremos conocernos -digo, él asiente, extiende su mano y yo la tomo, se la lleva a sus labios y deja un beso.
-Le aseguro que lo tendremos -
-Bueno, sentémonos -dice Roberta sonriendo, yo levanto una ceja en su dirección, debía admitir que Adrien era guapo, pero aún me sonaba su nombre, yo realmente no podía recordar de dónde.
Nos sentamos en la mesa, Roberta se encargó de dejarme al lado de Adrien, ella se sentó a mi lado, la miro, ella me sonríe coqueta, se acerca a mi oído.
-¿Qué tal te pareció? -susurra en mi oído, yo me encojo de hombros.
-Reconozco que está guapo -digo, ella me mira sorprendida.
-¿Solo guapo? -
-Muy guapo -digo rodando los ojos, ella asiente riendo.
-No te conformas con nada -
El mesero llega para tomar nuestro pedido.
-Bonne nuit, ¿Qué van a servirse? -pregunta, nos entrega una carta a cada uno, yo miro, pero la verdad no sé que pedir.
-Pide el Boeuf Bourguignon, te gustará -me dice Roberta, yo asiento.
Una vez que todos pedimos, y nos traen el vino, comenzamos a conversar.
-Tenemos una noticia que darles -dice Roberta tomando la mano de Antoine, ambos se sonríe, Adrien y yo los miramos confundidos-. El momento es preciso, esta mi mejor amiga, y el mejor amigo de mi novio, o bueno futuro esposo -dice, yo abro los ojos sorprendida, definitivamente desde que llegué a París, solo estaba recibiendo sorpresas.
-¡Felicidades! -digo levantándome a abrazarlos, Roberta ríe.
-¡Felicidades queridos amigos, me alegro mucho, aunque se veía venir! -dice Adrien.
-Sólo me has dado sorpresas, primero el bebé... -digo riendo pero Adrien me interrumpe.
-¿Bebé? -
-Íbamos a contarlo esta noche también, pero ves que Agatha es bruja y lo descubrió apenas me vio -dice ella riendo, yo asiento.
-Por dios hombre, ¿cómo no me habías dicho? -dice riendo Adrien y dándole una palmada en el hombro a Antoine.
-Es que ella quería dar las dos noticias esta noche, pero Agatha se adelantó -dice riendo, Adrien me mira.
-Aparte de hermosa, ¿es psíquica? -pregunta, yo ruedo los ojos.
-Es mi mejor amiga de hace años, la conozco -digo, él asiente.
-Y bueno queremos que ambos sean los padrinos de nuestra boda -dice Antoine, yo asiento.
-Es obvio, soy tu mejor amiga, además de la madrina del bebé -digo moviendo una mano, Roberta ríe y mira a Antoine.
-Te dije que era muy modesta -dice.
-Bueno en ese caso, yo también seré el padrino del bebé -dice Adrien, ellos asienten.
Y ahora todo tenía sentido, Roberta quería emparejarme con el mejor amigo de su futuro esposo.