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Valentina y el reloj del tiempo

Valentina y el reloj del tiempo

Autor: : Nobus
Género: Ciencia Ficción
Una chica jovencita de apenas diecinueve años recibe una carta de su tio que ella ni sabe que existía, diciendo que ha recibido su herencia. Al conocer esta noticia va hablar con su abuela exigiendo explicaciones, ella no sabia que tenia mas familia, solo conocía a su abuela, la abuela le dijo que su tío estaba loco, solo pensaba en los viajes en el tiempo. Así que coge un avión para Lucerna (suiza) para recoger la herencia y así saber que le paso a sus padres cuando ella apenas tenia dos años de edad. Sin darse cuenta se ve en medio de una Guerra entre Agencias. Y aquí comienza la aventura de Valentina, la mas emocionante de su vida, que cambiara la forma de pensar de ella misma y se hará mas fuerte.

Capítulo 1 PRÓLOGO

En la ciudad de Lucerna (Suiza), dos agentes de la Agencia

Tempus Circle escoltaban a una niña de dos años hasta el despacho del profesor Einstein dentro de la base principal. Uno

de los agentes tocó la puerta del despacho; el profesor les dio

el permiso para entrar. Una vez dentro cerraron la puerta; a su

vez el profesor Einstein, al girarse, vio la cara triste de una niña

aferrada a la muñeca de trapo en sus manos. Einstein se acercó

a la niña y le dijo:

-Tranquila, Valentina. Sé que con el tiempo no te acor￾daras de nosotros, ni de donde estuviste estos primeros dos

años de tu vida, ni en donde vivías, pero que sepas que tarde o

temprano volverás con nosotros. ¿Quieres un caramelo? Ven

querida siéntate aquí en el sofá. Son de café, no le digas a tu

abuela de que sabor te lo he dado. Eso queda entre tú y yo -

dijo soltando una sonrisa simpatizante.

Valentina alargó la mano cogiendo un caramelo a la vez

que le decía:

-Gracias.

El profesor le dio un abrazo y le dijo cariñosamente:

-Ahora estos dos agentes te llevarán a casa de tu

abuela Thalia. Vivirás con ella durante un tiempo hasta

que te hagas mayor. Nos volveremos a ver muy pronto,

cuídate.-Los dos agentes del profesor le cogieron la

mano a Valentina y se la llevaron a Girona (España).

He aquí donde empieza la aventura más emocionante de Valentina

Capítulo 2 CAPITULO 1

Os contaré una historia de una chica que vive en Gerona,

es huérfana y vive con su abuela. No conoce a nadie

más porque sus padres murieron cuando tenía 2 años y

apenas se acuerda de ellos.

Se llama Valentina y tiene 19 años. Es una chica

muy impulsiva, no piensa antes de actuar. Le gusta todo

tipo de música, pero es más de heavy o rock. Es alta, con

ojos verdes y cabello de color castaño. Convive con

su abuela Thalía que tiene 78 años y tienen una Setter

inglés de tres colores llamada Mia. Viven en un barrio

tranquilo de Girona, en un piso muy acogedor. Ahora es

cuando empieza la historia y ya hice las presentaciones.

Un día como cualquier otro, Valentina volvía de

trabajar y fue a mirar el buzón. Todo eran facturas, pro

paganda, etc. Entre todo el correo, encontró una carta

que procedía de Lucerna (Suiza); ella extrañada la abrió

y empezó a leerla. Estimada Valentina Hughes:

Me presento, soy el abogado del señor Rupert

Hughes. Escribo esta carta para informarle de que su

tío murió hace una semana. Ha dejado un testamento

en el cual se especifica que usted es la heredera de la

tienda de relojería, así como de un objeto peculiar que se

encuentra dentro de esta. Necesitaría que se presentara

en el término de 4 días en mi despacho para hacerle en

trega de su herencia. Sé que es muy repentino todo esto,

pero él hizo hincapié en que lo tenía que heredar usted.

Estamos en la calle Klosterstrasse, 15.

Gracias y que tenga un buen día.

Atentamente,

Rupert Hughes

Valentina se puso muy nerviosa porque no enten

día nada. Ella no sabía que existiera un tío suyo; siempre

ha vivido con su abuela y esta no le habló de nadie más.

Subió rápido a pedir explicaciones.

-Hola abuela, he cogido esta carta que viene de

Lucerna y no entiendo nada. Léela y dime de que se

trata.

Su abuela al acabar de leer la carta suspiró con cara

de decepción. Y le contestó:-Lo que dice la carta es verdad. Tienes un tío en

Suiza, pero no es lo que piensas. Te lo oculté por tu bien

y para protegerte. No sabes dónde te estas metiendo

Valentina.

Valentina se quedó de piedra y le dijo:

-¿Cómo que es verdad? ¿Tengo un tío en Suiza y

me lo ocultas? Sabes que siempre he querido saber de

mi familia y mis raíces. Dime una razón convincente

para que no vaya a Lucerna.

La abuela le contestó:

-Tu tío Rupert está loco. Decía que se podía viajar

en el tiempo para así poder arreglar los desastres de la

humanidad. Yo no quería que te metiera en estos pro

blemas. Además, son ideas locas de un chiflado, no se

puede viajar en el tiempo y yo no quiero que acabes

cómo él, arruinada y con una tienda de relojería. Menos

mal que ya no está entre nosotros. Te lo pido Valentina,

no vayas.

Después de la conversación con su abuela, se diri

gió a su habitación donde la esperaba su amiga peluda.

Se fue a pasearla por el campo, pero no podía dejar de

lado esa carta; tenía la curiosidad de ir a Lucerna para

saber más. A lo mejor podía averiguar que les pasó a sus

padres, saber de su pasado y entender porque su abuela

no quería que fuera.

11Regresó a casa y buscó vuelos a Lucerna. Empezó

a hacer la maleta, y fue cuando su abuela la pilló en su

habitación le dijo:

-¿Qué estás haciendo Valentina? ¿No pensaras en

irte?

-Abuela, sé que lo hiciste para protegerme, aun

que aún no entiendo de que. Así que me voy a Lucerna

a averiguar sobre mi pasado, mis padres y si tengo que

quedarme allí durante un tiempo, lo haré. No sabes lo

que es vivir sabiendo que solo tienes a tu abuela y, de

repente, un día te enteras de que tienes familia en Suiza.

Necesito respuestas, aun cuando estas sean dolorosas,

las aceptaré -contestó Valentina.

-Yo ahora mismo no puedo detenerte. Eres ma

yor para tomar tus decisiones y no te pararé. Pero yo no

me quedaré con Mia, sabes que no puedo pasearla ni

cuidarla -le respondió su abuela.

-No te preocupes por Mia, se la llevaré a Susana

para que la cuide. Ella tiene campo y estará mejor con

sus amigos peludos -dijo Valentina.

Así, una decidida Valentina se fue al aeropuerto a

coger el primer vuelo a Lucerna con carta en mano. Al

llegar al aeropuerto de Lucerna se fue directa al des

pacho del abogado de su tío. Era la hora de comer así

que se detuvo en un restaurante cerca a hacer tiempo.

Se sentó junto a la ventana y la gente del restaurante la

empezó a mirar. El camarero se acercó y le dijo:

12-Hola, señorita Valentina. ¿Querrá lo de siempre?

Hoy el chef le preparó su plato favorito.

-Perdón, ¿cómo sabe lo que quiero y cómo me

llamo? -preguntó sorprendida Valentina-. Es la pri

mera vez que vengo a este país. Y ¿me podría decir que

plato me preparó el chef?

-Se llama Valentina Hughes, tiene 19 años. Nació

aquí en Lucerna, pero se ha criado con su abuela Thalía

en España, concretamente en Gerona. Además, la re

lojería de esta misma calle es suya -contestó seguro el

chico-. Por cierto, el plato que le preparó el chef es

tortilla francesa con mermelada de fresa. ¿Quiere que se

la traiga? Y de beber, ¿una Sprite sin hielo?

Valentina se quedó de piedra. ¿Cómo un chico de

un país que ella pisó por primera vez, podría saber tanto

de ella?

Sin saber que decir, asintió la cabeza y le respondió:

-Sí, por favor.

-De acuerdo, entonces. Con su permiso, le retiro

la carta señorita Valentina. Por cierto, a veces la respues

ta más simple la tienes delante, sólo hay que fijarse y

mirar a su alrededor para entenderlo. Ahora mismo le

traigo su comida, un placer volverla a ver -acabó di

ciendo el camarero.

Al marcharse el camarero, ella empezó a pensar lo

que este le había dicho sobre ese restaurante y miró a

su alrededor. Al ver a la gente que estaba en las mesas,

comenzó a entender lo que le había dicho ese camarero.

13Todos eran científicos y gente importante del pasado,

pero no entendía que estaba sucediendo. De golpe se

levantó y fue a mirar el letrero del restaurante para sa

ber cómo se llamaba. En el letrero ponía: «Pause dans le

temps».

Volvió a entrar, se sentó y miró la decoración del

local. Mientras esperaba la comida echó un vistazo a

todo y en su cabeza se repetía «¿Pause dans le temps? ¿Pause

dans le temps?». De golpe, se levantó diciendo:

-¡Ahora lo entiendo! Pausa en el tiempo. Eso

quiere decir que aquí no pasa el tiempo para vosotros.

Pero ¿cómo podéis estar en esta epoca ¿Es que podéis

viajar en el tiempo?

Valentina se queda mirando a todo el mundo y se

levanta Albert Einstein dirigiéndose a ella.

-Señorita Valentina, cada día a esta hora hace lo

mismo una y otra vez. Sería un placer que dejara de dar

estas voces y solo se centrara en comer. Todos aquí,

como usted podemos viajar en el tiempo. Además, para

su información, cuando usted entra en este restaurante

el tiempo no corre. Mire su reloj y lo entenderá. Quiero

añadir que mi gran sentido pésame por su tío Rupert,

era un buen hombre y un gran amigo. Lo que dicen las

malas lenguas de él no se lo crea. Cuando entre en la

reunión con su abogado lo entenderá, sólo disfrute de

su comida como lo hacemos todos. Un placer volverla a

ver señorita Valentina Hughes. Que aproveche.

Valentina se sentó y acabó diciendo:

14-Gracias Albert y siento las molestias que les he

causado a todos.

El camarero le trajo la comida con la Sprite y empezó a comer. Al acabar, llamó al camarero y le dijo:

-¿Me podría traer la cuenta por favor? Y aunque

aquí me conocen todos, yo todavía no sé cuál es su

nombre.

-No se preocupe, señorita Valentina, invita la

casa. Y me llamo Thierry Paulin, para servirla -le respondió el camarero.

Valentina salió del restaurante y miró su reloj. Era

verdad lo que le dijo Albert Einstein, las manecillas empezaron a moverse otra vez. Se acordó que entró a las

15:43 y salió a la misma hora, aun cuando estuvo más de

una hora allí dentro.

Se fue pensativa a hacer una visita turística por

Lucerna. No entendía lo que ocurría. ¿Por qué su abue

la tenía tanto miedo si en el fondo había disfrutado comiendo en ese restaurante?

Por el camino al centro, Valentina encontró una

oficina de turismo. Entró un momento a coger un

mapa y se dispuso a ver todo lo típico de Lucerna. Fue

a visitar el emblemático puente sinuoso y ornamentado Kapellbrücke, luego Spreuer Bridge, Hofkirche

St. Leodegar y, por último, el monumento al león de

Lucerna.

Se sentó en un banco mirando hacia la escultura

tallada del león; era un sitio tranquilo y relajado.

Capítulo 3 CAPITULO 2

Cuando

15se levantó para irse y volver a la oficina del abogado de

su tío, se fijó en el lago que hay debajo del león. Cogió

una piedra y recordó que de pequeña le gustaba ver

cuántas veces rebotaba en el agua. Se dispuso a coger

una, vigiló que no hubiera nadie y la tiró. La piedra em

pezó a botar y cuando llegó al medio del lago desapa

reció; a los pocos segundos apareció botando hacia la

derecha. Ella, sorprendida, no entendió porque tiró la

piedra recta y de golpe se desvió hacia la derecha. Era

como si hubiera algo o un muro invisible que desviara la

piedra u otro objeto que se lanzara en dirección al cen

tro del lago. Cogió un palo y lo tiró para comprobar si se

desviaba también como lo hizo la piedra. Exacto, hizo

lo mismo. Ella con la intriga de saber qué pasaba, vio un

hombre en barca y le propuso que se la dejara a cambio

de un poco de dinero. Valentina fue con la barca hasta el

centro del lago y antes de sobrepasarlo, se paró y se fijó

en el dibujo que había debajo del agua. Era un símbolo,

el cual consistía en un reloj de arena dentro un círculo

con unas letras en latín. La frase era: «Tempus circulo». Se

quedó extrañada porque ese símbolo lo recordaba de

cuando era pequeña. Lo llevaba un hombre que la solía

visitar cuando estaba en el colegio. Quería saber a toda

costa que pasaría si cruzaba ese sello como lo hicieron la

piedra y el palo, y por ello, no dudo en hacerlo.

Se abalanzó con la barca y lo atravesó, pero no pasó

nada. Decepcionada porque no entendía nada, devolvió

la barca y le preguntó al barquero si sabía que les pasaba

16a los objetos que se lanzaban hacia el centro del lago.

El barquero le respondió que hacía tiempo que ocurría,

por lo cual la gente ya no se preguntaba el efecto ex

traordinario del lago. Desilusionada, marchó pensativa

hacia la oficina del abogado, aún con muchas dudas de

lo que había pasado en el lago.

Valentina llegó al despacho del abogado a recoger

su herencia y se dispuso a picar el timbre.

-Hola, buenas tardes. Soy... -Antes de que aca

bara la frase, la secretaria le interrumpió.

-Valentina Hughes. Pase, adelante. En breves mo

mentos le atenderá el señor Hoffman -le respondió.

Empezó a subir las escaleras; llegó a la puerta y la

abrió. La secretaria le ofreció un café y le dijo que espe

rase en la sala. Mientras aguardaba, Valentina se fijó en

la decoración de la oficina y pensó que era otro aficiona

do a la relojería, ya que tenía más de un reloj de cuco y

varios relojes de pared con un pájaro peculiar que nunca

ha visto en la realidad.

La secretaria la hizo pasar al despacho. Valentina,

extrañada por la afición del abogado, planeaba pregun

tarle sobre dicha decoración.

-Hola, señor Hoffman -dijo ella.

-Hola, señorita Valentina. Llámeme Rick -le

respondió.

-De acuerdo, Rick. ¿Le quería preguntar por su

afición a la relojería, eso quiere decir que mi tío le inspi

ró a tenerla y también saber porque tiene tantos relojes

17en forma de un pájaro que parece que no es de este

mundo? -le preguntó.

-Bueno, la idea de los relojes me la dio su tío.

Además, siempre me han gustado los relojes de todo

tipo, cucús y de varias formas. Su tío era un muy buen

relojero y tenía mucha imaginación y precisión. ¡Vaya!

Es la primera que me pregunta por la forma de ese pája

ro tan fantástico. Yo nunca lo he visto, pero le pregunté

a su tío si era real y si lo era que me explicara un poco

sobre él. Me dijo que hace años volaban por el mundo

intentando arreglar los desastres de los humanos, tra

tando de modificar un poco los malos actos y que no

fueran tan terribles. Al cabo de los años fueron perdien

do la fe en los humanos y se ocultaron. Según tu tío,

aún están en busca de alguien que les pueda dar otra vez

esa confianza -respondió el abogado-. Bueno, si no

tiene ninguna pregunta más, empecemos con el papeleo

de la herencia y así le puedo enseñar su tienda.

-Vaya, parece que sea una profecía. Lo raro es que

tengo la sensación de que ya los he visto antes. Bueno,

explíqueme que he heredado, porque en la carta apenas

me dijo todo -le contestó ella.

-Estupendo, empecemos con los papeles. -El

abogado se dispuso a buscarlos-. Aquí los tenemos.

Le explico lo que ha heredado y me dice si está con

forme. Este es el legado, léalo. Si me disculpa, señorita

Valentina, voy hacer una llamada mientras se lo lee todo.

Hasta ahora -le dijo el abogado.

Valentina cogió el papel y lo empezó a leer.

18Yo, Rupert Hughes, dejo mis más altas posesiones

a mi sobrina pequeña, Valentina Hughes. Estas inclu

yen el edificio donde se encuentra mi tienda, la tienda de

relojería, todo el contenido de la misma, mi viejo coche

fabricado en Alemania y un objeto bastante peculiar

que no se encuentra a la vista.

Ahora, Valentina, te voy a dar unas pistas que

tendrás que descifrar para encontrar el escondite secreto

de este objeto.

Cuando entres en la tienda y verifiques que no

hay nadie mirando, cierra la puerta y corre las cortinas.

A continuación, te diré las pistas:

Busca en la tienda el reloj de cucú que contenga los

nombres que estén relacionados contigo.

Una vez que lo encuentres, tendrás que poner el

reloj a la hora exacta en que nació el bebé de esa pareja.

Una vez que lo hagas, se abrirá una puerta. Baja

las escaleras.

Cuando estés abajo, verás una caja fuerte con cin

co claves que tendrás que poner. No son números, sino

letras. La respuesta es lo que acabas de preguntar a mi

abogado. Sé que parece raro que te diga esto, pero te lo

explicaran todo en cuánto tengas el objeto.

Y cinco. Una vez que lo tengas, tendrás que darle

al botón que tiene. Te llevarás una grata sorpresa.

Me despido de ti sabiendo que utilizaras el objeto

con cabeza.

Atentamente,

tu tío Rupert

19Valentina se estremeció meditando lo que había leí-

do; no entendía nada, ni que tenía que hacer. Solo pen

saba que era mucha información en muy poco tiempo y

no sabía cómo retenerla.

El abogado volvió al despacho, justo para ver en

ese momento a una Valentina dudosa y con la mirada

pensativa. Los dos abandonaron la oficina y se dirigie

ron a la tienda de relojería. Cuando estaban llegando, de

repente del callejón, salió un perro corriendo, el cual se

lanzó directamente al abogado, cayendo este al suelo.

Valentina se asustó e intentó ayudar a Rick.

De pronto, todo a su alrededor se paró de golpe;

todo el mundo en ese momento se detuvo en el tiempo.

Ella, extrañada, no entendía cómo solo ella se podía mo

ver. Escuchó su nombre proviniendo del callejón donde

salió el perro. Al girar y mirar quien lo decía, solo vio a

alguien con una gabardina y tapado con un sombrero.

En ese momento, Valentina le pregunto quién era y

por qué solo ella y la persona que le hablaba se podían

mover. La persona, perpleja, le respondió:

-Valentina, mi identidad no es de importancia en

este momento. Te voy a dar una pieza y un manual de

instrucciones para que se lo pongas al reloj que vas a

coger ahora mismo en la tienda de tu tío. Es impor

tante que se lo pongas lo antes posible. En su debido

momento, entenderás por qué te doy estas instruccio

nes. Ahora, vuelve a tu normalidad. Yo me tengo que ir.

Adiós, Valentina.

20En ese momento, y antes de que ella pudiera de

cir nada, todo volvió a moverse y el tiempo se resta

bleció. El perro se fue corriendo de nuevo al callejón

y Valentina ayudo a Rick a ponerse en pie. El abogado

se repuso, y al darse este la vuelta, ella escondió lo que

le había dado esa persona en el callejón para que no lo

viera Rick.

Valentina le preguntó si estaba bien o si necesitaba

llamar a una ambulancia por el mordisco del perro, pero

por fortuna este solo era superficial. Se pusieron en

marcha y llegaron a la relojería. Rick, al llegar a la puer

ta, le dio las llaves a Valentina para que hiciera el honor

de abrir su tienda y ser la primera en entrar. Al acceder a

ella, vio todos los relojes en la pared: relojes de bolsillo,

etc. Nunca había visto tantos relojes juntos, tan bien he

chos, y se le iluminó la cara. El abogado le dio todos los

papeles para que los firmara y así completar la entrega.

Rick, entonces, se dispuso a marchar, despidiéndose de

ella dándole las buenas tardes.

Valentina, se puso a mirar la tienda, los relojes, y

empezó a fijarse que en muchos de los relojes de pared

salía el nombre de «Krock» y el pájaro que vio en la

oficina de Rick. No le sorprendió, ya que ahora ya sabía

cómo se llamaba ese pájaro tan extraño. Al seguir mi

rando los relojes, se fijó en uno peculiar: eran un hom

bre y una mujer tallados en madera y debajo de ellos

ponía el nombre de cada uno, «James» bajo el hombre y

«Sheila» bajo la mujer. Ella, pensativa, dijo en voz alta:

21-Se llaman igual que mis padres...

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