En la ciudad de Lucerna (Suiza), dos agentes de la Agencia
Tempus Circle escoltaban a una niña de dos años hasta el despacho del profesor Einstein dentro de la base principal. Uno
de los agentes tocó la puerta del despacho; el profesor les dio
el permiso para entrar. Una vez dentro cerraron la puerta; a su
vez el profesor Einstein, al girarse, vio la cara triste de una niña
aferrada a la muñeca de trapo en sus manos. Einstein se acercó
a la niña y le dijo:
-Tranquila, Valentina. Sé que con el tiempo no te acordaras de nosotros, ni de donde estuviste estos primeros dos
años de tu vida, ni en donde vivías, pero que sepas que tarde o
temprano volverás con nosotros. ¿Quieres un caramelo? Ven
querida siéntate aquí en el sofá. Son de café, no le digas a tu
abuela de que sabor te lo he dado. Eso queda entre tú y yo -
dijo soltando una sonrisa simpatizante.
Valentina alargó la mano cogiendo un caramelo a la vez
que le decía:
-Gracias.
El profesor le dio un abrazo y le dijo cariñosamente:
-Ahora estos dos agentes te llevarán a casa de tu
abuela Thalia. Vivirás con ella durante un tiempo hasta
que te hagas mayor. Nos volveremos a ver muy pronto,
cuídate.-Los dos agentes del profesor le cogieron la
mano a Valentina y se la llevaron a Girona (España).
He aquí donde empieza la aventura más emocionante de Valentina
Os contaré una historia de una chica que vive en Gerona,
es huérfana y vive con su abuela. No conoce a nadie
más porque sus padres murieron cuando tenía 2 años y
apenas se acuerda de ellos.
Se llama Valentina y tiene 19 años. Es una chica
muy impulsiva, no piensa antes de actuar. Le gusta todo
tipo de música, pero es más de heavy o rock. Es alta, con
ojos verdes y cabello de color castaño. Convive con
su abuela Thalía que tiene 78 años y tienen una Setter
inglés de tres colores llamada Mia. Viven en un barrio
tranquilo de Girona, en un piso muy acogedor. Ahora es
cuando empieza la historia y ya hice las presentaciones.
Un día como cualquier otro, Valentina volvía de
trabajar y fue a mirar el buzón. Todo eran facturas, pro
paganda, etc. Entre todo el correo, encontró una carta
que procedía de Lucerna (Suiza); ella extrañada la abrió
y empezó a leerla. Estimada Valentina Hughes:
Me presento, soy el abogado del señor Rupert
Hughes. Escribo esta carta para informarle de que su
tío murió hace una semana. Ha dejado un testamento
en el cual se especifica que usted es la heredera de la
tienda de relojería, así como de un objeto peculiar que se
encuentra dentro de esta. Necesitaría que se presentara
en el término de 4 días en mi despacho para hacerle en
trega de su herencia. Sé que es muy repentino todo esto,
pero él hizo hincapié en que lo tenía que heredar usted.
Estamos en la calle Klosterstrasse, 15.
Gracias y que tenga un buen día.
Atentamente,
Rupert Hughes
Valentina se puso muy nerviosa porque no enten
día nada. Ella no sabía que existiera un tío suyo; siempre
ha vivido con su abuela y esta no le habló de nadie más.
Subió rápido a pedir explicaciones.
-Hola abuela, he cogido esta carta que viene de
Lucerna y no entiendo nada. Léela y dime de que se
trata.
Su abuela al acabar de leer la carta suspiró con cara
de decepción. Y le contestó:-Lo que dice la carta es verdad. Tienes un tío en
Suiza, pero no es lo que piensas. Te lo oculté por tu bien
y para protegerte. No sabes dónde te estas metiendo
Valentina.
Valentina se quedó de piedra y le dijo:
-¿Cómo que es verdad? ¿Tengo un tío en Suiza y
me lo ocultas? Sabes que siempre he querido saber de
mi familia y mis raíces. Dime una razón convincente
para que no vaya a Lucerna.
La abuela le contestó:
-Tu tío Rupert está loco. Decía que se podía viajar
en el tiempo para así poder arreglar los desastres de la
humanidad. Yo no quería que te metiera en estos pro
blemas. Además, son ideas locas de un chiflado, no se
puede viajar en el tiempo y yo no quiero que acabes
cómo él, arruinada y con una tienda de relojería. Menos
mal que ya no está entre nosotros. Te lo pido Valentina,
no vayas.
Después de la conversación con su abuela, se diri
gió a su habitación donde la esperaba su amiga peluda.
Se fue a pasearla por el campo, pero no podía dejar de
lado esa carta; tenía la curiosidad de ir a Lucerna para
saber más. A lo mejor podía averiguar que les pasó a sus
padres, saber de su pasado y entender porque su abuela
no quería que fuera.
11Regresó a casa y buscó vuelos a Lucerna. Empezó
a hacer la maleta, y fue cuando su abuela la pilló en su
habitación le dijo:
-¿Qué estás haciendo Valentina? ¿No pensaras en
irte?
-Abuela, sé que lo hiciste para protegerme, aun
que aún no entiendo de que. Así que me voy a Lucerna
a averiguar sobre mi pasado, mis padres y si tengo que
quedarme allí durante un tiempo, lo haré. No sabes lo
que es vivir sabiendo que solo tienes a tu abuela y, de
repente, un día te enteras de que tienes familia en Suiza.
Necesito respuestas, aun cuando estas sean dolorosas,
las aceptaré -contestó Valentina.
-Yo ahora mismo no puedo detenerte. Eres ma
yor para tomar tus decisiones y no te pararé. Pero yo no
me quedaré con Mia, sabes que no puedo pasearla ni
cuidarla -le respondió su abuela.
-No te preocupes por Mia, se la llevaré a Susana
para que la cuide. Ella tiene campo y estará mejor con
sus amigos peludos -dijo Valentina.
Así, una decidida Valentina se fue al aeropuerto a
coger el primer vuelo a Lucerna con carta en mano. Al
llegar al aeropuerto de Lucerna se fue directa al des
pacho del abogado de su tío. Era la hora de comer así
que se detuvo en un restaurante cerca a hacer tiempo.
Se sentó junto a la ventana y la gente del restaurante la
empezó a mirar. El camarero se acercó y le dijo:
12-Hola, señorita Valentina. ¿Querrá lo de siempre?
Hoy el chef le preparó su plato favorito.
-Perdón, ¿cómo sabe lo que quiero y cómo me
llamo? -preguntó sorprendida Valentina-. Es la pri
mera vez que vengo a este país. Y ¿me podría decir que
plato me preparó el chef?
-Se llama Valentina Hughes, tiene 19 años. Nació
aquí en Lucerna, pero se ha criado con su abuela Thalía
en España, concretamente en Gerona. Además, la re
lojería de esta misma calle es suya -contestó seguro el
chico-. Por cierto, el plato que le preparó el chef es
tortilla francesa con mermelada de fresa. ¿Quiere que se
la traiga? Y de beber, ¿una Sprite sin hielo?
Valentina se quedó de piedra. ¿Cómo un chico de
un país que ella pisó por primera vez, podría saber tanto
de ella?
Sin saber que decir, asintió la cabeza y le respondió:
-Sí, por favor.
-De acuerdo, entonces. Con su permiso, le retiro
la carta señorita Valentina. Por cierto, a veces la respues
ta más simple la tienes delante, sólo hay que fijarse y
mirar a su alrededor para entenderlo. Ahora mismo le
traigo su comida, un placer volverla a ver -acabó di
ciendo el camarero.
Al marcharse el camarero, ella empezó a pensar lo
que este le había dicho sobre ese restaurante y miró a
su alrededor. Al ver a la gente que estaba en las mesas,
comenzó a entender lo que le había dicho ese camarero.
13Todos eran científicos y gente importante del pasado,
pero no entendía que estaba sucediendo. De golpe se
levantó y fue a mirar el letrero del restaurante para sa
ber cómo se llamaba. En el letrero ponía: «Pause dans le
temps».
Volvió a entrar, se sentó y miró la decoración del
local. Mientras esperaba la comida echó un vistazo a
todo y en su cabeza se repetía «¿Pause dans le temps? ¿Pause
dans le temps?». De golpe, se levantó diciendo:
-¡Ahora lo entiendo! Pausa en el tiempo. Eso
quiere decir que aquí no pasa el tiempo para vosotros.
Pero ¿cómo podéis estar en esta epoca ¿Es que podéis
viajar en el tiempo?
Valentina se queda mirando a todo el mundo y se
levanta Albert Einstein dirigiéndose a ella.
-Señorita Valentina, cada día a esta hora hace lo
mismo una y otra vez. Sería un placer que dejara de dar
estas voces y solo se centrara en comer. Todos aquí,
como usted podemos viajar en el tiempo. Además, para
su información, cuando usted entra en este restaurante
el tiempo no corre. Mire su reloj y lo entenderá. Quiero
añadir que mi gran sentido pésame por su tío Rupert,
era un buen hombre y un gran amigo. Lo que dicen las
malas lenguas de él no se lo crea. Cuando entre en la
reunión con su abogado lo entenderá, sólo disfrute de
su comida como lo hacemos todos. Un placer volverla a
ver señorita Valentina Hughes. Que aproveche.
Valentina se sentó y acabó diciendo:
14-Gracias Albert y siento las molestias que les he
causado a todos.
El camarero le trajo la comida con la Sprite y empezó a comer. Al acabar, llamó al camarero y le dijo:
-¿Me podría traer la cuenta por favor? Y aunque
aquí me conocen todos, yo todavía no sé cuál es su
nombre.
-No se preocupe, señorita Valentina, invita la
casa. Y me llamo Thierry Paulin, para servirla -le respondió el camarero.
Valentina salió del restaurante y miró su reloj. Era
verdad lo que le dijo Albert Einstein, las manecillas empezaron a moverse otra vez. Se acordó que entró a las
15:43 y salió a la misma hora, aun cuando estuvo más de
una hora allí dentro.
Se fue pensativa a hacer una visita turística por
Lucerna. No entendía lo que ocurría. ¿Por qué su abue
la tenía tanto miedo si en el fondo había disfrutado comiendo en ese restaurante?
Por el camino al centro, Valentina encontró una
oficina de turismo. Entró un momento a coger un
mapa y se dispuso a ver todo lo típico de Lucerna. Fue
a visitar el emblemático puente sinuoso y ornamentado Kapellbrücke, luego Spreuer Bridge, Hofkirche
St. Leodegar y, por último, el monumento al león de
Lucerna.
Se sentó en un banco mirando hacia la escultura
tallada del león; era un sitio tranquilo y relajado.
Cuando
15se levantó para irse y volver a la oficina del abogado de
su tío, se fijó en el lago que hay debajo del león. Cogió
una piedra y recordó que de pequeña le gustaba ver
cuántas veces rebotaba en el agua. Se dispuso a coger
una, vigiló que no hubiera nadie y la tiró. La piedra em
pezó a botar y cuando llegó al medio del lago desapa
reció; a los pocos segundos apareció botando hacia la
derecha. Ella, sorprendida, no entendió porque tiró la
piedra recta y de golpe se desvió hacia la derecha. Era
como si hubiera algo o un muro invisible que desviara la
piedra u otro objeto que se lanzara en dirección al cen
tro del lago. Cogió un palo y lo tiró para comprobar si se
desviaba también como lo hizo la piedra. Exacto, hizo
lo mismo. Ella con la intriga de saber qué pasaba, vio un
hombre en barca y le propuso que se la dejara a cambio
de un poco de dinero. Valentina fue con la barca hasta el
centro del lago y antes de sobrepasarlo, se paró y se fijó
en el dibujo que había debajo del agua. Era un símbolo,
el cual consistía en un reloj de arena dentro un círculo
con unas letras en latín. La frase era: «Tempus circulo». Se
quedó extrañada porque ese símbolo lo recordaba de
cuando era pequeña. Lo llevaba un hombre que la solía
visitar cuando estaba en el colegio. Quería saber a toda
costa que pasaría si cruzaba ese sello como lo hicieron la
piedra y el palo, y por ello, no dudo en hacerlo.
Se abalanzó con la barca y lo atravesó, pero no pasó
nada. Decepcionada porque no entendía nada, devolvió
la barca y le preguntó al barquero si sabía que les pasaba
16a los objetos que se lanzaban hacia el centro del lago.
El barquero le respondió que hacía tiempo que ocurría,
por lo cual la gente ya no se preguntaba el efecto ex
traordinario del lago. Desilusionada, marchó pensativa
hacia la oficina del abogado, aún con muchas dudas de
lo que había pasado en el lago.
Valentina llegó al despacho del abogado a recoger
su herencia y se dispuso a picar el timbre.
-Hola, buenas tardes. Soy... -Antes de que aca
bara la frase, la secretaria le interrumpió.
-Valentina Hughes. Pase, adelante. En breves mo
mentos le atenderá el señor Hoffman -le respondió.
Empezó a subir las escaleras; llegó a la puerta y la
abrió. La secretaria le ofreció un café y le dijo que espe
rase en la sala. Mientras aguardaba, Valentina se fijó en
la decoración de la oficina y pensó que era otro aficiona
do a la relojería, ya que tenía más de un reloj de cuco y
varios relojes de pared con un pájaro peculiar que nunca
ha visto en la realidad.
La secretaria la hizo pasar al despacho. Valentina,
extrañada por la afición del abogado, planeaba pregun
tarle sobre dicha decoración.
-Hola, señor Hoffman -dijo ella.
-Hola, señorita Valentina. Llámeme Rick -le
respondió.
-De acuerdo, Rick. ¿Le quería preguntar por su
afición a la relojería, eso quiere decir que mi tío le inspi
ró a tenerla y también saber porque tiene tantos relojes
17en forma de un pájaro que parece que no es de este
mundo? -le preguntó.
-Bueno, la idea de los relojes me la dio su tío.
Además, siempre me han gustado los relojes de todo
tipo, cucús y de varias formas. Su tío era un muy buen
relojero y tenía mucha imaginación y precisión. ¡Vaya!
Es la primera que me pregunta por la forma de ese pája
ro tan fantástico. Yo nunca lo he visto, pero le pregunté
a su tío si era real y si lo era que me explicara un poco
sobre él. Me dijo que hace años volaban por el mundo
intentando arreglar los desastres de los humanos, tra
tando de modificar un poco los malos actos y que no
fueran tan terribles. Al cabo de los años fueron perdien
do la fe en los humanos y se ocultaron. Según tu tío,
aún están en busca de alguien que les pueda dar otra vez
esa confianza -respondió el abogado-. Bueno, si no
tiene ninguna pregunta más, empecemos con el papeleo
de la herencia y así le puedo enseñar su tienda.
-Vaya, parece que sea una profecía. Lo raro es que
tengo la sensación de que ya los he visto antes. Bueno,
explíqueme que he heredado, porque en la carta apenas
me dijo todo -le contestó ella.
-Estupendo, empecemos con los papeles. -El
abogado se dispuso a buscarlos-. Aquí los tenemos.
Le explico lo que ha heredado y me dice si está con
forme. Este es el legado, léalo. Si me disculpa, señorita
Valentina, voy hacer una llamada mientras se lo lee todo.
Hasta ahora -le dijo el abogado.
Valentina cogió el papel y lo empezó a leer.
18Yo, Rupert Hughes, dejo mis más altas posesiones
a mi sobrina pequeña, Valentina Hughes. Estas inclu
yen el edificio donde se encuentra mi tienda, la tienda de
relojería, todo el contenido de la misma, mi viejo coche
fabricado en Alemania y un objeto bastante peculiar
que no se encuentra a la vista.
Ahora, Valentina, te voy a dar unas pistas que
tendrás que descifrar para encontrar el escondite secreto
de este objeto.
Cuando entres en la tienda y verifiques que no
hay nadie mirando, cierra la puerta y corre las cortinas.
A continuación, te diré las pistas:
Busca en la tienda el reloj de cucú que contenga los
nombres que estén relacionados contigo.
Una vez que lo encuentres, tendrás que poner el
reloj a la hora exacta en que nació el bebé de esa pareja.
Una vez que lo hagas, se abrirá una puerta. Baja
las escaleras.
Cuando estés abajo, verás una caja fuerte con cin
co claves que tendrás que poner. No son números, sino
letras. La respuesta es lo que acabas de preguntar a mi
abogado. Sé que parece raro que te diga esto, pero te lo
explicaran todo en cuánto tengas el objeto.
Y cinco. Una vez que lo tengas, tendrás que darle
al botón que tiene. Te llevarás una grata sorpresa.
Me despido de ti sabiendo que utilizaras el objeto
con cabeza.
Atentamente,
tu tío Rupert
19Valentina se estremeció meditando lo que había leí-
do; no entendía nada, ni que tenía que hacer. Solo pen
saba que era mucha información en muy poco tiempo y
no sabía cómo retenerla.
El abogado volvió al despacho, justo para ver en
ese momento a una Valentina dudosa y con la mirada
pensativa. Los dos abandonaron la oficina y se dirigie
ron a la tienda de relojería. Cuando estaban llegando, de
repente del callejón, salió un perro corriendo, el cual se
lanzó directamente al abogado, cayendo este al suelo.
Valentina se asustó e intentó ayudar a Rick.
De pronto, todo a su alrededor se paró de golpe;
todo el mundo en ese momento se detuvo en el tiempo.
Ella, extrañada, no entendía cómo solo ella se podía mo
ver. Escuchó su nombre proviniendo del callejón donde
salió el perro. Al girar y mirar quien lo decía, solo vio a
alguien con una gabardina y tapado con un sombrero.
En ese momento, Valentina le pregunto quién era y
por qué solo ella y la persona que le hablaba se podían
mover. La persona, perpleja, le respondió:
-Valentina, mi identidad no es de importancia en
este momento. Te voy a dar una pieza y un manual de
instrucciones para que se lo pongas al reloj que vas a
coger ahora mismo en la tienda de tu tío. Es impor
tante que se lo pongas lo antes posible. En su debido
momento, entenderás por qué te doy estas instruccio
nes. Ahora, vuelve a tu normalidad. Yo me tengo que ir.
Adiós, Valentina.
20En ese momento, y antes de que ella pudiera de
cir nada, todo volvió a moverse y el tiempo se resta
bleció. El perro se fue corriendo de nuevo al callejón
y Valentina ayudo a Rick a ponerse en pie. El abogado
se repuso, y al darse este la vuelta, ella escondió lo que
le había dado esa persona en el callejón para que no lo
viera Rick.
Valentina le preguntó si estaba bien o si necesitaba
llamar a una ambulancia por el mordisco del perro, pero
por fortuna este solo era superficial. Se pusieron en
marcha y llegaron a la relojería. Rick, al llegar a la puer
ta, le dio las llaves a Valentina para que hiciera el honor
de abrir su tienda y ser la primera en entrar. Al acceder a
ella, vio todos los relojes en la pared: relojes de bolsillo,
etc. Nunca había visto tantos relojes juntos, tan bien he
chos, y se le iluminó la cara. El abogado le dio todos los
papeles para que los firmara y así completar la entrega.
Rick, entonces, se dispuso a marchar, despidiéndose de
ella dándole las buenas tardes.
Valentina, se puso a mirar la tienda, los relojes, y
empezó a fijarse que en muchos de los relojes de pared
salía el nombre de «Krock» y el pájaro que vio en la
oficina de Rick. No le sorprendió, ya que ahora ya sabía
cómo se llamaba ese pájaro tan extraño. Al seguir mi
rando los relojes, se fijó en uno peculiar: eran un hom
bre y una mujer tallados en madera y debajo de ellos
ponía el nombre de cada uno, «James» bajo el hombre y
«Sheila» bajo la mujer. Ella, pensativa, dijo en voz alta:
21-Se llaman igual que mis padres...