Capítulo 1
Dexter DeCostello
New York
Estaba en mi residencia de New York, empacando para largarme para siempre de este lugar, de este país y del yugo de mi padre, con quién acababa de tener un gran disgusto en la empresa y por eso mi decisión de dejar todo aquí y emprender un vuelo de nuevo, en otro lugar, las oportunidades estaban donde las buscabas y no me iba a quedar a que me siguieran tratando como si fuera un niño.
No le iba a perdonar, que me regañara delante de todo el mundo en la empresa, era la última vez que me iba a hacer eso y la última vez, que me iba a ver a mí. Mi hermana Charlotte, me alcanzó cuando ya estaba por salir con mis maletas a la calle, no esperaba encontrarme a nadie en la casa.
–Dex, ¿A dónde vas? – Mi hermana me miraba, un tanto angustiada – Por Dios, es que, no puedes irte. Yo no quiero que lo hagas.
Yo ya no podía echarme para atrás, la decisión ya la había tomado, no me iba a quedar a aguantar nada de nadie, era un hombre adulto y podía cuidar de mí, ya no quería estar bajo las manos protectoras de mamá, ni de nadie, ya era hora de abrir las alas y volar libremente por el mundo. M esperaban grandes aventuras.
–Lo siento, pero mi decisión ya está tomada hermana – La abracé – Te extrañaré mucho, eres lo único bueno, además de mamá y de Dominic, que he tenido en New York
Me iba a doler, no despedirme como era debido de mi madre, porque ella iba a hacer todo lo posible para que yo me quedara aquí en New York, era demasiado protectora, pero el asunto era que ya las peleas que yo estaba teniendo con mi padre, no eran sanas, siempre estaba esperando que yo hiciera algo para enseguida regañarme, parecía que esperaba que cometiera errores para hacérmelos ver.
–Escucha, Dex, sí es por lo que pasó hace un rato en la empresa, yo puedo hablar con papá, ya sabes cómo es de intenso, pero a mí siempre me escucha – Ella, trataba de persuadirme – No te vayas, hermanito. La vida en la empresa, será terrible sin ti y, además, estoy a nada de titularme.
Nada de lo que me dijera haría que me quedara, y sí, yo era el hermano divertido, de seo no cabía ni la menor duda, pero no me iba a quedar para siempre, yo no era de los que estaba mucho tiempo siendo presionado y no reaccionar, conocía mis límites y con respecto a mi padre, ya lo habíamos rebasado el día de hoy, y al saber de esta oportunidad que se me había presentado, por nada del mundo la iba a desaprovechar.
–Te enviaré un regalo desde dónde esté y que bueno que me alcanzaste, te haré entrega de todo, lo que me han dado en esta casa – Dije convencido – Por favor, hermanita, al menos tú si tienes que apoyarme.
No me iba a llevar nada que no me hubiera comprado yo mismo con el sudor de mi frente, no le iba a deber nada a nadie, ni siquiera me llevaba los regalos que me habían dado, en especial los que me había dado, mi papá, tenía mi orgullo y no me iban a hacer menos porque no me regía a sus reglas, cunado todo el mundo sabe qué se hicieron para romperse, aunque me dijeran que había salido rebelde, yo iba a defender mi forma de vida, ellos ya habían vivido la suya.
–Está bien, Dex.
Mi hermana, estaba a nada de llorar, a pesar de ser muy fuerte y con un carácter decidido, heredado de nuestra bella madre, pero con una actitud toda poderosa, como nuestro estricto y rígido padre, era mi hermana consentida, por ser mi única hermana. Saqué las llaves de mi auto deportivo de lujo, las tarjetas de crédito y todo lo que me habían dado, por ser hijo de la familia DeCostello, algo que, a partir de cruzar la puerta de salida de la casa, dejaría de ser, para ser simplemente Dex y ya.
–Es todo, lo que me han dado aquí Charlie y no te preocupes por mí – La abracé con mucho afecto – Te quiero mucho, despídeme de Dominic y también de mamá, diles que los amo, por favor.
También los iba a extrañar muchísimo, adoraba a mi madre como no tenía una idea, y aunque trataba de mantenerse neutral en las discusiones con papá, no intervenía, porque así eran ellos, no se iban a desautorizar ninguno de los dos, delante de nosotros, esa era una de sus normas, aunque cada uno tenía su punto de ver las cosas, no entraban en desacuerdos por algún regaño.
–Dex, en serio piensa las cosas. Eres muy impulsivo, no has terminado tu carrera y ¿Qué vas a hacer?, ¿A dónde vas a ir? No sabes hacer nada, no sabes ni lavar un plato.
Parecía que mi hermana no sabía que todo en la vida se puede aprender, y si no iba a trabajar muy duro para pagarle a alguien que lo hiciera por mí, todo estaba resuelto, solo hacía falta que estuviera en ese sitio para empezar desde cero con toda la buena actitud que mi situación en estos momentos ameritaba, no le tenía miedo a nada, era tan intrépido con Ava DeCostello, mi amada madre, no me iba a rajar en el intento, nosotros siempre podíamos con todo.
–Sí, quieres saber a dónde voy, tendrás que acompañarme al aeropuerto – Le pedí sutilmente – Así, matamos dos pájaros de un solo tiro, tú satisfaces tu curiosidad y yo tengo un viaja gratis al aeropuerto, pero solo te puedo adelantar, que me voy a ir con Luis a vivir a México.
Mi amigo Luis, había hecho su anuncio de irse de vacaciones, justo cuando yo ya estaba tomando la decisión de salirme de la casa de mis padres, sin saber a dónde ir, pero de que iba a encontrar donde me iba a quedar eso lo tenía seguro, todos mis tíos de seguro que me hubieran apoyado, pero ya estoy listo para salirme del círculo, ya era bueno de estar de mantenido, como así me hacía sentir mi padre, aunque trabajara en la empresa.
– ¿Luis, tu amigo, el de Puerto Vallarta? – Preguntó mi hermana incrédula – Dex, esto es muy loco, él es de México, pero tú ¿Qué vas a hacer allá?, ¿No puedes esperar al menos a que termines tu carrera? Esto no está bien Dex, si quieres llamo a mamá y lo discutimos.
No le quería dar más molestias a nuestra madre, ya tenía suficiente con el trabajo en la empresa, como para que viniera corriendo a ayudar a su hijo el rebelde, ya estaba grandecito para poder hacer las cosas por mí mismo, fácil hubiera sido irme a Londres o a Bristol por una temporada y ayudar a la tía Selene, como ya lo había hablado con ella, pero iba a ser lo mismo, papá iba a estar pidiendo informes de cómo me comportaba y no quería eso.
–No, Charlie, mi decisión ya está tomada. Por favor, dame un poco de crédito y apóyame, que se me hace tarde, para llegar al aeropuerto.
Si no me apuraba, me iba a tener que ir en otro vuelo, aunque no era ningún problema, pero no quería ser impuntual en mi primera decisión fuera del nido protector de la familia, tantos años ya habían sido suficiente, ellos iban a poder descansar de mí, y yo iba a ser libre de llevar mi vida como quisiera, mi padre iba a estar feliz de ya no tener que lidiar conmigo.
–Está bien, Dex. Vamos.
Mi hermana y yo, salimos a bordo de su auto personal y estábamos saliendo del perímetro de la residencia, cuando nos topamos de frente con Dominic, quién con un movimiento de cabeza, preguntaba hacia dónde íbamos. Charlie lo animó a bajarse de su auto y a acompañarnos, algo que yo agradecía, al menos, me iba a poder despedir de mis dos hermanos, cómo debía ser. Una vez que ya iba con nosotros, mi hermano, empezó a reprenderme.
Él, era el más consiente de los dos, aunque éramos gemelos idénticos, teníamos diferentes personalidades, yo había sido siempre el más osado de los dos, por así decirlo, era el sonsacador, que en más de una ocasión, había metido en problemas a mis dos hermanos, todo por secundarme en mis ocurrencias, Dominic, siempre trataba de persuadirme, pero el persuadido salía siendo él.
–Dex, esta vez te has pasado de la raya hermanito – Dominic sonaba serio – A papá, le ha dado un ataque muy fuerte de migraña, por tu culpa y claro por cómo te encontró, haciendo tus cosas en la empresa.
Otro que me iba a dar el sermón, ya había tenido bastante con el que había recibido de parte de nuestro padre, yo me iba muy tranquilo a donde me esperaba esa gran oportunidad, nada me iba a hacer desistir, porque voy con todas las ganas de comerme al mundo, mente abierta para lo que me esperaba en Puerto Vallarta.
Capítulo 2
Dexter DeCostello
New York
–Ya Dominic, por favor – Le pidió Charlie – No regañes a Dex, él ya se va y nosotros como buenos hermanos que somos, lo iremos a llevar al aeropuerto, no lo podemos dejar a su suerte.
Nuestra hermana, sabía que a mí no se me podía obligar a nada y razonar en estos momentos cuando había tomado la decisión sin importarme nada más, era peor, así que tenía que relajarse, Dominic, era tan papá, en vez de mi gemelo, parecía el de él, me acomodé bien en la silla del copiloto y miré hacia el frente, que era donde se encontraba mi destino.
–Ustedes, se han vuelto locos los dos – Dominic, se llevó las manos a la cabeza – No puedo creer que no vas a enfrentar tus problemas y que vas a huir como un cobarde, Dexter. Además, ¿Qué les diremos Charlie y yo, a nuestros padres, cuando pregunten por ti?
La verdad, yo no tenía por qué ocultar mi vida, yo era libre de hacer lo que me diera la gana, estaba feliz de poder irme, además yo no me iba por molestar a nadie, me iba porque así lo deseaba, debían relajarse un poco y tener por lo menos un poco de confianza en mí, por lo menos darme el beneficio de la duda.
–Ya, relájate Dominic, por favor, puedes hacerte pasar por mí y hacerla de ambos – Me reí – Por eso, es bueno tener un gemelo. No ya en serio, quiero hacer esto por mí, por favor tengan un poco de confianza, en que podré salir adelante solo ¿Acaso no somos los tres mosqueteros?
Éramos muy unidos, siempre nos estábamos apoyando, ahora no era el momento de empezar a tenernos desconfianza, a mí no me iba a pasar nada, de eso estaba seguro, y les podía asegurar que si tenía un fracaso, no iba a regresar con el rabo entre las patas, me levantaría y seguiría intentándolo, no me importaba cuantas veces lo tuviera que hacer, por eso era un DeCostello Janssen, lo traía en la sangre.
–Sí, lo somos – Dijo Charlie – Y aunque temo por tu vida, al menos yo, voy a confiar en ti.
Siempre podía contar con mi hermana mayor, la favorita del señor Eryx DeCostello, y aunque sabía yo que ella podía hablar con nuestro terco padre, ahora no debía preocuparse por eso, que las cosas me iban a salir bien, yo tenía mucha fe en mí mismo, nuestra madre así nos había educado, que nadie te hiciera menos y te dijera que tú no podías.
–También yo, Dex – Terminó accediendo Dominic – Espero que, aunque esto parezca una locura, termine saliéndote bien, porque en buen problema que nos dejarás a Charlie y a mí.
Ellos les podían decir lo que gustaran, no me estaba escondiendo de nadie, sabían con quién me iría y aunque Luis, se iba de vacaciones, yo ya había oído hablar tanto de Puerto Vallarta que ya era como si lo conociera en vivo y además Luis, tenía muchos contactos allá, así que no me iba a ojos cerrados, no me iba nada más porque sí.
–Gracias, por eso los amo – Les dije a ambos.
Mis hermanos bajaron conmigo en el aeropuerto y me ayudaron con mi equipaje. Ellos y mi madre, eran lo único que me dolía dejar, pero ya no había marcha atrás, ya tenía todo conmigo para irme a México y mi amigo Luis, ya me estaba esperando en el aeropuerto, con boletos y todo. Se quedó un poco impactado, de ver a mis hermanos conmigo, ya que se suponía, que nadie iba a saber que yo iba a irme con él a México, pues mi amigo no quería problemas con mis padres, quienes lo tenían en alta estima.
–Luis, lo siento por el retraso – Me disculpé con mi amigo – Espero que no te moleste, que mis hermanos vinieran a decirme adiós.
Yo no pude negarme, en primera porque ya no tenía transporte y Charlie, me estaba haciendo el favor y en segunda, porque me los había encontrado justo saliendo de la casa de nuestros padres, así que aquí estaban para despedirse de mí, y por lo consiguiente, también de él, pero había sido cosa de la suerte que ellos estuvieran ahí.
–No, para nada Dex – Respondió Luis – Hola Charlie y Dominic, ¿Cómo están?
Esperaba no meter en problemas a Luis ahora que volviera de sus vacaciones, pues nada tenía él que ver con mis decisiones, que había tomado para darme un respiro y dárselo también a mis padres, que estaba segur se iban a sentir más tranquilos, o eso es lo que pienso yo, pues de parte de mamá, se iba a quedar muy preocupada.
–Hola, Luis – Respondió mi hermana – Bien gracias, por favor cuida a Dex. Te lo encargo mucho y si necesitan algo, siempre pueden llamarme.
Mi hermana no me iba a querer perder de vista, estaba seguro de que nos íbamos a estar comunicando muy seguido, yo llevaba mi equipo de comunicación, teléfono, laptop, con todos los accesorios necesarios, así que la comunicación no se iba a perder.
–Hola, Luis – Dijo Dominic – Espero que cuando Dex conozca México, y no consiga todas las comodidades, sea capaz de valorar lo que tiene aquí, cuídense mucho y tengan buen viaje.
Dominic, vivía en la época de las cavernas, como si yo me fuera a ir a un pueblito, lejos de la mano de Dios, me iba a un lugar con toda la tecnología y las comodidades, debería interesarse más como está la cosa en otros países.
–Gracias, chicos – Dijo mi amigo – Todo estará bien, ya Dex hasta tendrá trabajo allá, mi tío, nos va a contratar a ambos, yo ya hablé con él. No se preocupen, de verdad.
De eso se trataba todo esto, Luis tenía todos los contactos, y si ya teníamos trabajo para el tiempo que él se iba a quedar allá, por lo menos iba a hacer todo lo posible por permanecer mucho más tiempo allá, eso me daría toda la experiencia que necesitaba, y de los estudios, había muchas maneras de terminar mi carrera, no me iba a detener por eso.
–De acuerdo, no nos vamos a preocupar – Dijeron mis hermanos – Pero, manténganse en contacto y que tengan buen viaje.
–Gracias, les daré unos momentos, para que se despidan – Dijo mi amigo dándonos espacio – Acá te espero Dex.
No quería que se fueran a poner a llorar, aunque Dom, se hiciera el fuerte, sabía que se iba a quebrar, nunca nos habíamos separado, éramos los tres muy unidos y nos gustaba estar siempre juntos, pero ahora yo iba a hacer que los tres mosqueteros se separaran, pero eso no iba a ser para siempre, yo no dejaría de venir a visitar a nuestra madre.
–Gracias, amigo.
Me despedí con un abrazo de oso con mis dos hermanos, Charlie, soltó unas lágrimas y Dominic, se quedó triste también. Agradecía que ambos, me apoyaran en todo, aun sabiendo que yo hacía mal en salir huyendo como siempre, de todos los problemas que causaba. Estaba agradecido con la vida, por los hermanos que tenía y también por mamá, que era la mejor del mundo. Saqué de mi bolsa de la chamarra, una carta para que mis hermanos se la dieran a mamá.
–Los amo, le dan esto de mi parte a mamá, por favor – Les pedí – Nos mantendremos en contacto y hablaremos diario, se los prometo, podemos comunicarnos en cuanto tenga un horario establecido.
–Más te vale – Me dijo Dominic – No quiero, que te quedes para siempre allá en México.
–Cuídate Dex, por favor – Dijo Charlie – Nosotros le damos la carta a mamá.
Me alejé de mis hermanos y caminé a dónde estaba Luis, hice todo el procedimiento de entregar mis maletas y después, en breve, pasamos a abordar un avión que nos llevaría a Ciudad de México y de ahí, nos iríamos a Puerto Vallarta. Yo estaba emocionado, quería conocer nuevas cosas y vivir nuevas experiencias, fuera de la burbuja, en la que había vivido siempre y ahora, gracias al problema que tuve con papá, me sentía libre por primera vez en mi vida, sentía que, al fin, podía ser quién soy.
–Dex, ¿Estás seguro de esto? – Preguntó mi amigo – Claro que, si no te gusta, siempre puedes volver.
Eso era lo lógico, yo no iba a dejar de venir a visitar mi país, la ciudad que me vio nacer, pero si me iba a vivir lejos, para eso me iba a quedar a Puerto Vallarta, donde esperaba encontrar mi nuevo hogar.
–Eso lo sé y claro que volveré, pero solo de visita – Sentencié – Es definitivo, que me estoy yendo, para siempre de New York. Quiero vivir mi vida a mi manera, no más trajes ridículos e ir a la empresa familiar, no más imposiciones de mi padre. Soy libre amigo.
–Espero que sepas manejar eso y que te adaptes al trabajo que mi tío Alan, nos dé allá.
Yo me iba a adaptar a lo que fuera, nos aferrábamos a nuestros ideales y el trabajo siempre iba a ser digno, fuera el que fuera.
–Aceptaré lo que sea, con tal de mantener mi independencia. Es todo lo que quiero.
Capítulo 3
Valeria Peña Madrigal
Puerto Vallarta Jalisco, México
Salí de la academia dónde estudiábamos con mi amiga Larissa y nos fuimos directo al centro comercial, pues me había pedido que la acompañara a comprar un vestido, para un evento de etiqueta que haría su familia esta noche. Me había invitado, pero yo le salí con uno de mis múltiples pretextos para no ir, cuando la realidad, era que no podía ir porque me la pasaba todas las tardes, de esclava en el canal 49, trabajando como diseñadora de vestuario con un sueldo miserable, pues yo, todavía no terminaba de estudiar diseño de modas y no podían pagarme como tal.
–Eres el colmo, Val – se quejaba Larissa – Es que siempre que te invito a algo con mi familia, nunca quieres ir. Odio a esos padres tuyos, que no te dejan ir a ningún lado, estás joven y mereces divertirte.
Por más que ella me insistiera, yo no iba a poder asistir, no quería que me despidieran del trabajo, entonces no tendría como seguir estudiando y ellos me tenían en gran estima, no los podía defraudar, por querer ir a un evento al que no podía ir aunque quisiera, me moría de las ganas de estar rodeada de gente tan importante, pero así era la realidad de mi triste vida de pobre.
–Ya amiga, no me atormentes más por favor – Le pedía – Mis padres son así y quieren darme permisos hasta que me gradué de diseñadora, es su condición. Luego podré hacer lo que quiera y mejor, vamos a buscar tu vestido que tengo que volver a mi casa, para comer con ellos.
Le seguiría saliendo con la misma escusa, Larissa, no se cansaba de invitarme y de tenerme en muy buena estima, pero la verdad era que me hubiera gustado estar en sus zapatos, porque ella no tenía que hacer casi nada y lo tenía todo, en ambo yo me tenía que romper el lomo todos los días y todas las noches, porque no iba a dejar a un lado mi carrera de diseñadora de modas.
–Está bien, en esa tienda hay vestidos muy lindos.
Larissa y yo, entramos a una tienda boutique y me daba coraje cuando eso pasaba. Me odiaba a mi misma, por tener envidia de Larissa, cuando era la mejor amiga, que me pudo tocar en la vida, siempre me compartía de sus cosas, desde las telas que ocupábamos para los vestidos en la academia de diseño, hasta regalarme de sus propias cosas caras, las cuales yo no podía adquirir por mí misma si lo deseara, era mi realidad, si me gastaba el dinero en una cosa, tenía que estar, sufriendo por otra cosa.
A ella todo le daban, todo le compraban, su padre era un importante empresario de Puerto Vallarta y yo, vivía en una gran mentira y en un departamento que me ofrecían como limosna, como empleada del Canal 49 y de mis padres, no tenía idea de lo que era de ellos desde que me fui de casa, hace dos años, al cumplir la mayoría de edad, la vida en esa casa no era para mí, tenía demasiados sueños para atarme a una familia que no se le veía el progreso, ni las ganas de progresar.
–Val – me gritó Larissa – Te estoy hablando y no me escuchas. Estos dos vestidos lucen hermosos, pediré que los bajen para probárnoslos.
Larissa, me había pillado en las nubes, eso siempre me sucedía cuando empezaba a analizar mi miserable vida, no entendía porque no había nacido en el seno de una familia rica, donde tuviera todos los privilegios, donde no me tuviera que preocupar por cada peso que me ganaba, era una lucha constante, mantener mi estilo de vida sin parecer una mugrosa pordiosera, me molestaba estar contando cada centavo, hacer cuentas administraba lo que me gastaba con lupa.
–Larissa, yo no me probaré nada. A mis padres, no les va a gustar que llegue a casa con un vestido nuevo, de los muchos que ya tengo, pero gracias.
Ya tenía demasiada ropa que no sabía yo si algún día iba a usar, era un desperdicio de dinero, tenía tantos vestidos, que solo los podría usar si me ponía uno a diario estando sola en mi casa, por lo que preferiría, que no gastara su dinero en una causa que no era tan buena, me molestaba que no se preocupara por tirar el dinero a la basura, porque yo lo necesitaba más que ella, con ese dinero podía comprar despensa para muchos meses y evitarme la preocupación.
–No te han dicho nada, de las otras cosas que te he regalado. Por favor Val, vamos a probárnoslos y así al menos puedes considerar ir a la fiesta de mis padres, si logras convencer a los tuyos, de que te dejen ir, aunque sea por esta vez, solo será un ratito.
Ok, se lo aceptaría, después vería la manera de poner a la venta esa ropa que no me iba a poner nunca en mi vida; como había gente que se veía que no les importaba comprar cosas que solo iban a utilizar, una sola vez en la vida y que se podían dar el lujo de regalarlas o de donarlas a la beneficencia pública, mientras otros tenían que estar reciclando la suya, para no parecer fotografía, eso era lo que en verdad me molestaba, que tenían el dinero y lo malgastaran de esa forma tan absurda.
–Está bien, vamos a probárnoslos.
La señorita encargada de la tienda estaba muy al pendiente de nosotras, puesto que íbamos a necesitar que nos bajara los vestidos, así que Larissa, le pidió de la manera más amable que nos diera los vestidos.
–Señorita, necesitamos estos vestidos en color uva para mí y en rojo para mi amiga, por favor, y por favor, a mí me trae la talla más pequeña y para mi amiga, creo que una talla 5 le queda bien.
Larissa, sabía a la perfección mi talla de ropa, por eso era que a cada rato se presentaba con algo para regalarme, pero casi siempre estaba obligada a recibírselo, muchas de esa ropa ya me la había puesto, pero lo que eran los vestidos para cocteles y fiestas era muy probable que murieran en el armario o en una venta de garage.
–Claro que sí, señorita, en este mismo momento se los traigo.
La empleada de la lujosa tienda, llegó a atendernos, nos fue a buscar los hermosísimos y caros vestidos, para que Larissa y yo, entráramos con ellos al probador y eso hicimos de inmediato. Nos quitamos la ropa que llevábamos puesta y nos pusimos esos hermosos modelos. Al verme al espejo, me sentí como una diva de la televisión por la que cualquier hombre se moriría.
–Está lindo el vestido – Dije deleitándome en el espejo.
Yo me veía preciosa con ese vestido rojo, pues era dueña de un cuerpo precioso y de un porte de reina. En cambio, Larissa, sólo tenía el dinero para darse el lujo de costearlo, tenía piel de camarón y con su cabello corto, nada le lucía, eso sin contar que era muy delgada y no tenía muchos atributos que digamos, no cabía duda que habíamos nacido en la familia equivocada.
–Creo que solo nos llevaremos el tuyo, Val – Larissa empezó a llorar – Me veo espantosa con esto, no tengo que meterle al vestido. Me queda aguado de todos lados, no me gusta cómo se me ve, soy un desastre.
Estaba bastante fatal, el vestido se le escurría por su delgado cuerpo, eso no tenía arreglo, ni que le hicieran esos ajustes, hubiera sido mejor un vestido desde cero, pero ahora no se podía hacer nada, solo que encontráramos algo en un departamento juvenil o ver qué era lo que se iba a poner, porque ya no íbamos a tener tiempo de ir a buscar otra cosa.
–No digas eso, busquemos más opciones. Es que debiste decirme de la fiesta, estamos estudiando diseño de modas, Larissa, por favor, yo te hubiera hecho un vestido a tu medida, pero ya no tenemos tiempo, no podemos hacer magia en tan poco tiempo.
Le pude haber hecho algo que se ajustara a su cuerpo y algo que le ayudara a resaltar su tipo de figura, pues no se podían hacer muchas cosas para favorecerla, pero al menos hubiera hecho algo que la hiciera lucir sofisticada, ella con tanto dinero, y no se podía ir a hacer algo para que se viera más proporcionada, unas cirugías estéticas, por lo menos, no aprovechaba el dinero que tenía, debería darse esos lujos, pero ella le temía a ese tipo de arreglos.
–Cierto, Val, sabía de la fiesta hace dos meses, pero lo he olvidado por completo.
Larissa, era una descuidada, eso hubiera tenido arreglo desde hacía tanto tiempo, no sé por qué la gente deja las cosas siempre para la última hora, por eso siempre trataba de adelantarme a todo, siempre necesitaba mi tiempo de relajación, no dejar que las cosas me dominaran, como ahora que estaba preocupada por lo de Larissa.