Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Ven... a Mí
Ven... a Mí

Ven... a Mí

Autor: : Maria Pulido
Género: Romance
Hay ocasiones en las que un gran amor puede surgir de una amistad. Terminar enamorándote de tu mejor amigo es una situación que ocurre con mucha más frecuencia de la que te imaginas, y que en el momento menos esperado podría sucederte justamente a ti. Por mucho tiempo Melissa lo buscó en diferentes personas sin darse cuenta de que siempre lo tuvo a su lado. Luciano Mancini es su mejor amigo desde que tiene conciencia, pero de la noche a la mañana el anuncio de su compromiso con una mujer que ella jamás había oído mencionar, ni conocía, hace que todo su mundo se desestabilice en cuestión de segundos. Ella no sabe si el golpe que su pecho sintió es debido a que ya no sabe quién es Luc, o el hecho de que le hubiese ocultado su noviazgo fue lo que la hirió tanto... O tal vez, solo tal vez, que su único y mejor amigo del alma, le esté siendo arrebatado de la noche a la mañana...

Capítulo 1 Cap 1.

Melissa.

Siempre he sido partidaria de que cada vez que tus ojos se abren por la mañana se evidencia un milagro, uno, que ocurre de manera tan perceptible que se llega al punto a dejarlo pasar por alto; y en algunos casos, dando inicio al día como si se tratara de una cotidianidad o una manera de vivir de forma rutinaria.

«Un día más un día menos», se piensa.

Pero no para mí.

Sé que la vida son etapas, altibajos y momentos. Estoy convencida de ello, sin embargo, a mis 23 años siento que la vida ha sido maravillosa conmigo. Aunque tampoco soy ejemplo de una persona independiente, porque aún vivo con mis padres y mis dos hermanos -Andrés y Sara- en la hermosa ciudad de Cambridge, Inglaterra.

Es imposible irse, aun cuando hay altercados bastante normales en cualquier familia, ninguno quiere separarse de papá y mamá, ni de sus cuidados únicos.

Sé que en algún momento a cada uno de nosotros nos llegará el momento de partir, o al menos de esta maravillosa casa. Sé que en algún momento los rumbos de nuestras vidas tomarán causes diferentes, y cada uno tendrá su propia familia. «Se me encoge el corazón solo pensarlo» Hecho que ahora se ha vuelto un reclamo de parte de papá en cada almuerzo.

«Rio para mis adentros»

-¿Señorita, Melissa River? -mi nombre es mencionado por un hombre que se detiene frente de mi oficina con un paquete en la mano.

-Sí, ¿En qué puedo ayudarle?

-Esta caja es para usted, ¿Podría firmar aquí, por favor?

-¡Claro! -digo y luego me levanto del asiento para recibir el paquete y firmarle al mensajero.

«¡Que sean las portadas!»

Abro el paquete rápidamente, y en efecto los ejemplares de la próxima portada de una de las revistas más famosas de Cambridge, está siendo vista por primera vez, y yo tengo el honor de ser la primera.

¡Qué emoción!

-¡Toc! ¡Toc!

Mi sonrisa se amplía al escuchar a mi fatídica amiga. Entonces giro mostrando la primicia, orgullosa de mi creación.

-¡Oh, Mell! ¿No me digas qué es la portada? -dice colocando sus manos en ambas mejillas tan emocionada como yo.

-¡¡¡Si!!!

-¡Joder! ¡Es Maravillosa! -expresa.

Maddie me arrebata el ejemplar de las manos, asombrándose aún más teniendo de cerca mi diseño, negando varias veces mientras mi pecho se hincha de orgullo al ver su reacción.

-Alice tiene una suerte increíble de tenerte, ¡Esto es increíble!

Alice Sutton, por supuesto es mi jefe, una víbora en forma de ser humano -y lo digo en serio-, solo que la quiero hasta los tuétanos a pesar de ser... Bueno, como ella es. Sin embargo, su compañía Sutton, una de las revistas más famosas de toda Inglaterra, tiene un alto auge cada año, gracias a su desempeño y arduo trabajo. Eso no se lo puedo quitar.

Jamás pensé que podría llegar a trabajar aquí, y menos sabiendo que recién me gradué en Literatura inglesa. Por ello y por todo, cada día que pasa, me considero afortunada y maravillada por cada cosa que me ocurre. No sé qué vería Alice en mí, ni sé tampoco por qué me contrató el mismísimo día de la entrevista, sabiendo que no tenía ni la más mínima experiencia en escribir para este tipo de publicaciones. Lo mío era más de escribir sobre la vida, reflexiones y crear un libro propio; que por supuesto en algún punto de mi vida ejecutaré.

-¿Te has quedado en las nubes? -pregunta Maddie mirándome cómo si tuviese una rara enfermedad.

Suelto la risa negando, y arrancó la portada de sus manos para caminar a mi escritorio.

-Solo analizo tus palabras, soy consciente que yo soy la afortunada de que Alice me haya contratado, Maddie, y tú también debes sentirte así.

-Mell, ¡Eres oro puro! Señora villana morirá cuando la vea, ¡Por cierto! ¡No le digas que la vi primero!, ¡Enloquecería! -expresa Maddie mirando sus uñas como lo suele hacer cuando está concentrada en algo.

-¡No lo haré! No soy tan tonta -respondo.

-Bueno... ahora si pasemos a lo importante... ¡Dime que ahora sí tuviste una noche loca con Erick!

¡Aquí vamos de nuevo!

-¡Maddie! -chillo con un poco de fastidio.

-¡Dímelo ya!

-¡A ver! ¡Sí! Fue una noche acalorada, con mucha pasión, junto a Andrés y Sara... ¡Ah! ¡También con papá y mamá en el sofá de la sala! ¡Fue todo muy apasionado!

Los ojos achicados de Maddie me hacen soltar una risotada, entonces mi amiga se enfurruña un poco molesta.

Maddie Vermont, o Mad, como le suelo llamar de cariño. Fue la primera compañera que conocí hace un año, al entrar a la revista Sutton. Desde ese entonces congeniamos muy bien, porque a pesar de que nuestros puestos de trabajo parecieran rivalizarse en muchos momentos, por el contrario, nos hizo muy unidas y ahora mejores amigas.

-¿Cómo es que estaban en tu casa? -vuelve a preguntar con los brazos cruzados.

-Mis padres lo atacaron... Ya sabes, que por qué no había vuelto a casa, que lo echaban de menos, y bueno, Erick es un parlanchín, lo conoces -digo más enfadada de lo que quisiera.

-OK, ok ¡Calma! -Dice levantándose, rodeando el escritorio para detenerse justo frente a mí-. ¿Pudiste hablar con él? ¿Le dejaste los puntos claros?

Un largo suspiro es soltado por mi boca, mientras veo de soslayo como Mad niega varias veces no gustándole mi silencio. Y la verdad a mí tampoco me gusta, porque he intentado por semanas entablar una conversación pendiente con mi novio, Erick, sobre la cercanía que tiene con su asistente, y su excesiva compañía hacia todos lados.

Por mi parte no siento ningún tipo de celos por el suceso, más bien ha sido la llamada de atención de Maddie, mis hermanos y mis mismos padres acerca de su -Actitud-, que según los demás, debo alertarme.

Las repetidas peticiones por parte de ellos me han tenido un poco al borde, e inclusive de sentirme avergonzada para con Erick, de reclamarle por algo así.

Desde mi punto de vista, cada uno sabe lo que quiere, ¿no? Y no hay un porqué de que otra persona deba estar al pendiente de tus actos. Nadie debe pretender que alguien le pertenece por el hecho de estar en una relación. O al menos ese es mi pensar.

Tengo algunos meses de noviazgo con Erick Gibson. ¿Son siete? No, ¡son ocho! La verdad no sé exactamente la cuenta, aunque soy una romántica empedernida, soy bastante mala para las fechas. Han sido meses maravillosos, y aunque el tiempo ha sido bastante limitado por mi trabajo y el de él, hemos tratado de ajustarnos como podemos.

-Mad... Me avergüenza acosarlo con ese tema de nuevo, pero te prometo en cuanto haya la oportunidad, abriré la conversación.

-¡Por Dios! -exclama.

-Y... -digo exagerando mis gestos-. Observaré de cerca todos sus movimientos a ver si no me miente.

Maddie tuerce los ojos y se dirige a la puerta.

-¿Te irás conmigo? -pregunta antes de salir.

-No podré. Quedé con Sara para almorzar.

-Entonces buena suerte con eso -dice guiñándome el ojo, saliendo por fin de la oficina.

Y esa buena suerte la tendré que desear, ya que un almuerzo con Sara, no es uno de mis planes favoritos.

Cualquier persona diría que Sara y yo no tenemos nada que ver con líneas consanguíneas, y tampoco puedo decir que nuestras personalidades se asemejen; mi hermana mayor por el contrario de mí, es una mujer bastante reservada, fría y calculadora, su profesión de derecho, junto con su otro título en finanzas, le sienta como anillo al dedo.

Cabe destacar que su trabajo es único entre muchos. Mi hermana maneja todas y cada una de las finanzas de Luciano Mancini.

Mi gran amigo del alma.

Me doy prisa dejando una nota, por si Alice decide pasar por la oficina, tomo mi bolso y salgo en picada para poder llegar al tiempo estricto, que estableció Sara para almorzar.

Justo cuando llego a la cafetería donde pautamos encontrarnos, trato de estacionar lo más pronto posible mientras la diviso a ella sentada en un sitio al aire libre del lugar, mirando su reloj varias veces.

Casi voy corriendo.

-Perdona, si...

-Ya llegas tarde -sentencia con una cara de reprobación.

-El tráfico estaba muy pesado -digo en excusa mientras me siento frente a ella.

-Si así fuera, yo también hubiese llegado tarde, Melissa.

Su mirada fija me pone un poco nerviosa.

-¡Oh vamos! ¿Será otro regaño? ¿No descansas de ser la villana de la familia?

-Me siento muy halagada por tu cumplido, pero está bien, no vengo aquí para hacer el papel de mamá, ya tenemos suficiente con la nuestra.

-¡Muchas gracias! -digo en son de juego mientras le arrancó una medio sonrisa a mi hermana. Pensando que con esa actitud sí podría ser peor que mi madre, aunque sea solo cinco años mayor que yo.

-Ya leí todos los acuerdos de la entrevista. Puedes hacer público tu página entera de restaurantes Mancini, y espero... que sea una muy buena, porque si te sales de lo acordado....

-Te recuerdo que tu hermana soy yo -digo alzando una mano en proclama.

-Te recuerdo que quien me paga es Luciano Mancini.

Ya veo porque Luc tiene de mano derecha a Sara, protege hasta su sombra.

-No te preocupes, jamás haría nada en contra de mi mejor amigo, además el enunciado no se trata de él, sino de sus famosos chef.

-Da igual, es su imagen la que está en juego -responde Sara tomando un bocado de su comida, sin importar que yo no haya pedido la mía.

Entonces llamo al camarero y hago mi pedido rápidamente, para luego llevarme un sorbo de agua helada, aliviando mi boca seca.

-¡Por cierto! Dile a ese bobo cuando te llame, que un mes es demasiado para no saber de él -pido.

Mi hermana centra sus ojos en los míos, frunciendo el ceño como si algo le extrañase, no obstante, sigue masticando su comida con la boca cerrada mientras caigo en cuenta que un mes verdaderamente es mucho tiempo.

Algo parecido al sin sabor se instala en mi cuerpo, al ver que hasta ahora me doy cuenta de que en todo este tiempo no he sabido nada de Luc, porque se supone que nuestra amistad es tan fuerte, que jamás habíamos pasado siquiera unos días sin dejarnos de hablar.

Luciano Mancini es prácticamente como un padre para Bruno y Aroa, sus dos hermanos menores.

Desafortunadamente su familia italiana sufrió un accidente, en un vuelo que partía de su país natal hacia Inglaterra, «un vuelo rutinario» la cual ni siquiera sus cuerpos fueron encontrados. Luc apenas tenía 17 años cuando acontecieron los hechos, justo estaba con sus dos hermanos al cuidado de mis padres.

Una verdadera tragedia.

Carlo y Mariella, sus padres, habían llegado a Cambridge desde los años setenta, se establecieron en la ciudad de forma muy rápida e hicieron íntima amistad con Adele y Albert -mis papás-.

De allí las familias fueron inseparables. Así que cada uno que iba naciendo, hacia parte los unos de los otros, básicamente éramos vecinos, por lo tanto, cuando no estaban ellos en nuestra casa, íbamos nosotros a la de ellos; así que, con todo el motivo del mundo, esa terrible tragedia llegó devastándonos a todos por completo.

Tenía diez años para entonces.

Luc dejó inclusive su adolescencia para de forma obligada, hacerse cargo de sus hermanos y seguir llevando la cadena de restaurantes que sus padres habían logrado levantar, esto por supuesto lo pudimos ver de cerca, ya que mamá y papá se negaron a desprenderse de ellos, y luego dar rienda a ayudar en la crianza de Bruno y Aroa, que eran los más chicos.

Poco a poco pudimos ver a través de los años, en cómo Luc se convirtió en un hombre sumamente responsable, y sobre todo cuidador de lo que quedaba de su familia, desde ese entonces los Mancini fueron como otros miembros de nuestra bonita familia, pero con otro apellido.

No sé en qué punto partió nuestra entrañable amistad, Bruno y Aroa siguen siendo especiales para mí sin duda alguna, pero mi conexión con Luc fue tanta, que decidimos hacernos promesas por el resto de nuestras vidas, para poder conservar esa bonita amistad, que nació desde que nuestros padres se conocieron.

-Termina tu comida, comer frío es bastante desagradable -dice mi hermana sacándome de los recuerdos.

Entonces remuevo mi comida, entendiendo que el apetito se me ha ido por completo.

-Sara, en cuanto llegue Luc a la ciudad, por favor dile que me llame.

-Puedes decírselo tú, él está en la ciudad desde hace dos semanas...

***

Finalmente, al llegar a la oficina, trato de marcar rápidamente al celular de Luciano mientras que voy organizando mi escritorio. Esto con el objetivo de saber qué pueda estar pasando, y el por qué él ha llegado a la ciudad y yo ni siquiera sabía de ello.

Algo debe ir mal.

Justo cuando pienso que la llamada caerá a buzón, escucho su enronquecida voz.

-Hola, chica.

Una sonrisa se dibuja en mis labios, más por alivio que por cualquier otra cosa. «Chica» o «Cara» son las formas más cariñosas de cómo él me llama.

-¿Puedo saber cómo es posible que llegaste a la ciudad hace dos semanas y no lo sabía?

-¿Esa será mi bienvenida?, Ya me desanimaste -contesta en tono irónico.

-No cambies la conversación, eres experto en ello y te conozco.

Su risa se escucha por el otro lado del auricular.

-Estabas ocupada, Cara, como siempre.

Una sensación de mala amiga, y de mucha culpa me hace sentir bastante mal por sus palabras.

-¡Oye! ¡No! Lo que pasa es que...

-¡AQUÍ ESTÁS!

La voz alterada y emocionada de Alice, me hace pegar un brinco del susto, y aunque no quiera por nada terminar mi llamada con Luc, tendré que volver a disculparme con él, y quedar para otro momento.

Es justo eso, lo que he venido haciendo de un tiempo para acá.

Levanto el dedo en una señal para Alice, para que me espere un segundo más para poder atenderla. Luego tomo aire y lentamente lo expulso por mi boca.

-Luc... -digo por fin apenada.

-No te preocupes, Cara, ya me acostumbré. Haz tus cosas.

-¡Escucha! ¿Por qué no vamos a cenar? ¡Yo invito! ¿Te parece?

Unos segundos de silencio se instalan en el ambiente mientras espero su respuesta.

-Te busco mañana entonces, y así saludo a tus padres de una vez.

-Perfecto, te espero a eso de las ocho.

-Llegaré a las siete.

Una risotada sale de mi boca de manera natural, mientas niego varias veces.

-Vale, chico. Adiós.

El alivio vuelve a instalarse en mi cuerpo, y un suspiro libera el estrés que, durante casi una hora, había tomado posición de toda mi vida.

Mientras me estiro y suelto algunas sonrisas de satisfacción, corro mi mirada al centro de la oficina, donde se encuentra ofuscada, con los brazos cruzados, y una ceja levantada, la señora villana en persona golpeando el piso, con uno de sus botines costosos.

-¡Oh mie...! -Tapo mi boca con las manos-. ¡Lo siento Alice! Te perdí por un momento.

-No te preocupes, tengo todo el día -dice arrogante.

-Te compensaré -me adelanto, entonces tomo el ejemplar y rápidamente lo hago llegar hasta sus manos.

Su rostro no denota alegría, entusiasmo ni ningún tipo de emoción. Los nervios se acrecientan en mí, porque a pesar de que ella en su naturalidad es así «sin afecto a nada», por un momento pensé que mi ejemplar de portada la mataría al instante.

-¿Conseguiste el permiso de publicación?

-Sí, de hecho, hoy en el almuerzo estaba firmándolo- rebusco entre las carpetas y lo tomo en mi mano-. Aquí esta.

Alice lo atrapa cautelosa, sin mencionar ni un elogio de mi trabajo.

-Melissa... esto es solo la entrevista con sus cocineros...

-Ammm... creo que se llaman chef Alice

-Lo que sea, el hecho es que, si vamos a lanzar esta portada, quiero algo mucho más atractivo de Luciano Mancini, que una entrevista con sus cocineros.

Ok. Ese fue el elogio para no decir de forma clara y explícita que le gustó mi trabajo.

Bien por mí.

-¿Quiere decir que le gustó mi portada? ¬-digo orgullosa sin importar su falta de tacto.

-Lo que quiero decir Melissa, es que, ya que eres tan cercana al bombón de Mancini ...

-¡No, Alice, por favor! Luciano es muy reservado en su vida, jamás aceptaría una nota suya para esta revista.

-No será sobre su vida, tranquilízate, podemos solo escribir sobre su cadena de restaurantes desde su punto de vista, claro está.

Un suspiro pesado es exhalado por mi parte, mi hermana nunca dejará que esto pase, así que yo misma tendré que pedirlo, y eso sin saber que él accederá a mi propuesta...

Nota:

No se aceptan copias, ni adaptaciones. Esta historia, las personas y lugares, fueron creados directamente por el autor para los fines de la trama.

Todos los derechos reservados ©

Copyright 2021.

Instagram: @majonissi

Grupo de Facebook: Historias de Majo

Capítulo 2 Cap. 2

Melissa.

Aunque el sueño se me ha ido desde hace una hora, por el momento no pienso colocar un pie fuera de esta rica cama en la que estoy. El goteo permanente de la lluvia pegando a la ventana me incita aún más a cubrirme por completa con el edredón y seguir con un rico sueño.

Aunque mi cuerpo me lo pide a gritos, mi mente no para de dar vueltas a las últimas palabras de Alice.

Que fastidio.

Hoy no iré al trabajo, ya que, por acto de condolencia de Alice, me dejó el día libre para que yo hiciera -mi parte-, en la dicha entrevista que quiere de la cadena de restaurantes de Luc.

Sin embargo, no tengo pensado hacer nada, haré cualquier cosa menos eso, e inventaré una excusa hasta que logre obtener dicha petición. Así que no será hoy.

La puerta de mi habitación se abre de golpe, creando más fastidio del que tengo. Mi hermano se asoma por la puerta, entra a la habitación y se lanza por la cama, para luego apabullarme montándose encima de mí.

-¡Fuera! ¡Ahora mismo, Andrés...!

Sus brazos me aprietan con fuerza haciendo que mi enojo aumente ante la irritación.

-¡Calla y levántate! -dice volteándome de una sola estocada, y por si fuera poco comienza a darme fuertes palmadas en los glúteos.

-¡Te mataré! ¡Lo juro!

Mi hermano se levanta, dejándome respirar por fin mientras toso de forma exagerada.

Allí está lo que es en esencia, Andrés, en todo el sentido de la palabra. Bromista pesado, con una sonrisa siempre en su boca y a mi parecer bastante guapo. Mi hermano nació un poco más de cuando Sara tenía un año, las diferencias de edad son muy cortas, pero si hablamos de personalidades, parece que Sara le llevara ochenta años a mi hermano.

O a todos.

-¿Te echaron de tu empleo? -pregunta con los brazos cruzados.

-¿Por qué van a echarme? -digo acomodando mi pantalón de pijama, y ordenando mi cabello enredado por culpa del hombre aquí presente.

-Pues, allá abajo... -dice señalando-. Tienen una conversación desde hace una hora, sobre que ya estás desempleada.

Suelto un bufido y niego varias veces.

-Solo tengo el día libre, ¿Ya desayunaron?

-Sí, pero para ti ya no hay desayuno. ¡Son las nueve de la mañana, floja!

Tuerzo los ojos y me levanto de la cama empujando a mi hermano, para que salga de mi habitación.

-Me daré un baño, ¡Ahora vete! ¡Tú si quedarás desempleado si no te vas ya mismo al trabajo!

-Si me iré, bonita, pero no porque me lo pides -dice desordenándome nuevamente el cabello y saliendo por fin de mi habitación.

Andrés tiene el carácter más parecido al mío, podemos enojarnos y a los diez minutos reír como unos desesperados degenerados, ahora mismo está trabajando en una compañía de software como asistente del director general, y parece que eso lo hace feliz.

Es importante decir que es un mujeriego sin arreglo.

Luego de salir de la ducha y colocarme ropa cómoda, bajo rápidamente a buscar algo de comer, porque muero de hambre.

Exactamente como lo describió mi hermano, están mis papás «tomando quizás su quinta taza de café» hablando bajo, como si todo fuera un suspenso.

Por lo visto Sara y Andrés ya no están.

-¡Buenos días! -Anuncio al llegar a la cocina-. Y no estoy desempleada, me dieron el día libre.

-¿Día libre? -pregunta mi padre dejando su taza a un lado.

-Sí, así es....

-Nunca en todo el tiempo de tu trabajo te han dado un día libre -mamá interviene.

-No hay nada oculto mamá, solo me dieron el día libre, es todo. Ahora desayunaré y luego iré a hacer cosas, ¿vale?

Los brazos de papá se alzan como diciendo que no ha dicho nada, mientras mamá curva una ceja no quedando muy convencida. Pará ellos todo debe tener un por qué y una razón, así que pasaría horas tratando de explicar de dónde viene todo el meollo.

*

Luego de descansar muy delicioso, decido por la tarde ir a la oficina donde trabaja Erick, ya que en una hora exactamente, estará terminando su jornada.

Erick tiene una pequeña empresa de repuestos para autos de lujo. Así que aparte de su local, alquiló varias oficinas juntas para llevar un buen manejo de su negocio. A mi parecer le va muy bien.

Cuando llego, dejó una inscripción en la entrada, ya que el edificio cuenta con varios pisos de otras empresas, es algo así como un área comercial. Entro al piso que corresponde, logrando divisar al instante a la asistente de Erick, que tanto dolor de cabeza le ha dado a Maddie.

-Hola -le sonrío, mientras ella solo asiente un poco enrojecida.

«¿Será que Erick le ha dicho algo?»

-¿Puedo entrar? -pregunto mientras ella se levanta de su puesto.

-Por supuesto, creo que el señor Gibson ya está por salir.

Con su mano me hace señas para que pase, mientras doy las gracias en silencio asentando la cabeza y con una sonrisa ladeada. Cuando abro la puerta, está Erick tecleando en su portátil totalmente concentrado.

El ruido de la puerta y mis pasos lo alertan, permitiendo que su rostro se alce hacia mí. Pero en vez de sonreír, su ceño se frunce.

-¿Melissa? -pronuncia quitando sus manos del portátil y echando la silla para atrás.

-A menos que tengas otra, y se llame igual que yo.

Una sonrisa se desliza por su boca, y se levanta de forma apresurada.

-Tontina, solo no sabía que vendrías, ¿A qué se debe la sorpresa?

-Pues he tenido el día libre y pensé en compartir lo que queda contigo.

-Ammm... ¡Qué buena idea! -ronronea mientras me abraza.

-Podemos ir a cenar, ¿Qué dices?

-Yo tengo una mejor idea... -responde mientras de forma desordenada apaga su portátil y recoge sus llaves, colocándose la chaqueta torpemente.

-¡Ah, ¿sí?! -pregunto sabiendo la idea que se le ha formado, mientras salimos de la oficina para ir rumbo a su casa.

Mientras que la respiración se me tranquiliza, recuesto mi cabeza en el pecho de mi novio, escuchando que su corazón también está tomando un ritmo más pausado.

Erick ha sido el primer hombre con quien he estado, y aunque no tengo cómo comparar, puedo decir que nos conectamos bastante bien a la hora de tener relaciones sexuales. Me gusta estar con él.

-Echo de menos estos momentos -dice cortando con el silencio.

-Lo sé, nuestras ocupaciones se vuelven un problema.

A pesar de que tenemos meses juntos, hemos podido tener muy pocos momentos de intimidad.

-No son un problema cariño, el trabajo es importante.

Estoy de acuerdo, y no lo estoy al mismo tiempo.

Pero los pitidos del celular hacen que abra los ojos, se esfume la tranquilidad y el momento, mi novio toma su móvil y comienza a revisarlo para luego soltar un bufido.

-Cariño ¡Lo siento! Debo levantarme a enviar algunos correos que, por salir rápido de la oficina, no pude hacerlo.

Corriendo las sábanas se despega de mi lado y se coloca unos pantalones mientras me guiña el ojo en son de disculpa.

-No te preocupes... Igual debo ir ya a casa, mañana debo ir a trabajar y aparte mis padres estarán preguntando por mí.

Él solo asiente, mientras que tomo mi móvil sin encenderlo. Veo la hora en el reloj de pared y marcan las nueve de la noche. Entonces atrapo mi ropa, me visto rápidamente y me despido de mi novio para concluir con la -corta- cita, con una sonrisa en mis labios mientras manejo rumbo a casa.

-¡Buenas! -anuncio, viendo que algunas luces ya están apagadas.

-¡Estamos en el jardín! -grita mi padre.

Coloco mis cosas en la mesa y me dirijo hacia el lugar, cuando me acerco al jardín, parece que hay una reunión familiar bastante encendida con papá, mamá, Sara y los pies descalzos de Andrés encima de la mesa.

Ya habrán peleado por eso.

-¿Y cuál es el tema hoy? -pregunto tanteando el terreno.

Sara me observa como si yo fuera la mujer más cruel del mundo, mientras alza una ceja.

-¡Hermanita embarcadora! -menciona Andrés riendo-. La próxima vez, ¡Avísanos que incumplirás tus citas!

Todos hacen un silencio bastante extraño, mientras mamá baja la cara avergonzada.

-¿De qué hablas? -pregunto.

-Aquí estuvo Luciano... -La voz de mamá me llega como un cubo de agua fría mientras el corazón se me comprime.

¡Lo olvidé por completo!

-No... -digo en susurro, más para mí misma que para todos, coloco las palmas de las manos en mi cara ante la vergüenza y el horror.

-De igual forma, ya debe estar acostumbrado -menciona Sara-. Tú siempre lo dejas embarcado, creo que ya no le hace gracia tu falta de interés por esa amistad que tú dices apreciar.

-¡Sara! ¡Por favor! -interviene papá.

-Es la verdad, en ningún momento he dicho algo que no sea cierto.

-¡Déjala!, Eso es asunto de ella, no tienes por qué estar metiéndote, no es tu problema -dice Andrés en tono de regaño.

¿Cómo lo pude olvidar? ¿Qué estará pensando Luc?

¡No puedo creerlo!

De forma temblorosa y junto con todas las voces frente a mí opinando y discutiendo, entre todos sobre lo que pasó, saco mi móvil y lo enciendo mientras me sudan las manos y el cuerpo entero.

La pantalla indica que en efecto tengo varias llamadas perdidas de Luc, la garganta comienza a apretarse haciendo que me cueste respirar.

Muchas veces cuando esto ha pasado simplemente he pensado en llamarlo y pedirle disculpas, y en cuestión de minutos lo hemos resuelto. Pero siento que esta vez no es como las otras veces, esta vez yo traté de compensarlo por el tiempo perdido y resultó peor. Mejor hubiese sido no hacer nada.

Realmente soy muy mala amiga, estoy convencida de que, si fuera por mí, nuestra amistad se hubiese ido a la mierda desde hace mucho tiempo.

-Hija, llámalo, dile que estuviste muy ocupada -dice papá tratando de hacerme sentir mejor.

-Me disculparás, y pensarás que estoy en contra de ti, pero cuando me llamó le dije que tenías el día libre, que no sabía en dónde estabas -Mi hermana Sara termina por completar mi caos, y sin decir una palabra doy media vuelta y me dirijo a mi habitación.

¡Contéstame, por favor!

El tono de llamada suena tantas veces posible, hasta que caen a buzón, una y otra vez, mis labios tiemblan en anticipo de las ganas de llorar tan inmensas que tengo. Así que paso el trago varias veces.

-Luc... -Digo cuando sale su contestadora-. ¡Por favor! Perdóname, yo...

Decido por cancelar el mensaje y arrojo el celular hacia la cama, camino hacia todas partes sabiendo que muy lejos de estar molesto Luciano debe estar decepcionado de mí. Últimamente he descuidado tanto nuestra relación, he dado tan poca importancia a su presencia, que ahora mismo se han juntado todos mis actos como un boomerang, haciéndome sentir de la peor forma posible.

Son las once de la noche, y aunque a mí me importa un carajo la hora, sería una impertinencia salir a buscarlo, interrumpiría su sueño o lo que sea que esté haciendo, solo para calmar mi sentimiento de culpa.

No sé cómo, ni de qué manera, pero mañana iré a verlo durante mi horario de trabajo, le preguntaré a mi hermana en qué restaurante estará presente y llegaré al lugar. Eso haré.

Así que después de una larga ducha intentando relajar mis músculos tensos, voy a la cama, fallando en tranquilizarme un poco, y en algunos momentos tratando de pensar que no es tan grave el suceso de hoy, mintiéndome de que pueda ser posible que Luc no tome esto tan a pecho...

Capítulo 3 Cap. 3

Melissa.

Tecleo por inercia, sabiendo que todo lo que estoy redactando lo tendré que eliminarlo en unos minutos, ya que no servirán de nada. Pero por más que he intentado en el transcurso de la mañana, no he logrado concentrarme en absoluto.

Solo hay un pensamiento persistente en mi cabeza, -Luc-.

-Hola, Mell, -Maddie entra absorta en su móvil, moviendo los pies hacia mi escritorio como si no le importara tropezarse.

-Hola...

-Quisiera por fa, que me revises este documento -dice sacando una hoja de su carpeta-. Y este también...

Tomo las hojas observándola con detalle, hasta que mi amiga por fin detiene sus ojos en mi rostro.

-¿Qué pasa? -pregunta interesada.

-Mad... Soy un asco de persona.

Coloco las manos en mi cara volviendo a tener un ánimo deprimente.

-¿Peleaste con Erick?

-Algo peor -digo con mi cabeza metida entre los brazos-. Volví a dejar embarcado a Luc, Mad, soy la peor amiga de todas...

El silencio de mi amiga me hace levantar la cabeza de repente, mientras ella se sienta de lo más normal en su silla.

-No es algo nuevo Mell, tú siempre lo haces. Lo que no sé, es como él te ha aguantado tanto y aún siente aprecio por ti.

-¡Muchas gracias por tu ayuda!, Eres la mejor amiga...

-¡Melissa, que puedo decirte! -exclama-. No te he dicho nada que no sea verdad, creo que el haberse criado desde la infancia ha hecho que, pues ya no le importe mucho lo que haces, y te vea como una hermana que hace este tipo de cosas, y no se interese mucho por tu vida.

Gracias a ese comentario me siento peor.

-¿Maddie? ¿Puedes cubrirme durante una hora?, ¡Por favor!

-¿Y qué se supone que harás? -pregunta cruzando sus brazos.

-No lo sé, pero debo hablar con él.

-No te preocupes, ve, eso sí, si aparece Malévola diré que tú misma le explicarás.

-Iré lo más rápido posible -digo tomando mi bolso y saliendo sin esperar la reacción de Mad.

En el momento de encender el auto y salir del estacionamiento, conecto mi móvil para poder hacer una llamada desde los manos libres.

-aló...

-Sara, soy yo, necesito que...

-Hermana, -interrumpió-, espero que sea rápido, estoy muy ocupada...

-¡Hazme un puto favor por una vez en tu vida!

El silencio gobierna el momento y prosigo.

-He llamado a Luc, no me contesta, ¡Por favor! ¿Dime dónde puedo encontrarlo?

-Ahora mismo está en Piccolo Mancini en la calle Notting Hill...

-Sé dónde es, gracias -y cuelgo sin esperar respuesta.

Luego de unos 15 minutos llego al lugar justo a las doce del mediodía, cuando el sitio está abarrotado de gente. Entonces paso directamente al administrador en donde sé me conducirá a Luc.

-¡Hey!

-Melissa, pero... ¡Qué sorpresa! -dice Dante, quien administra el lugar.

-Lo sé... He estado ocupada. Dante, necesito hablar con Luc, no sé si podría....

-¡Por supuesto! Sigue adelante, ahora mismo está en la oficina al fondo.

Asiento dando las gracias, mientras poco a poco voy caminando. Los nervios están matándome, es como si fuera la primera vez que estaría frente a mi mejor amigo, como si nuestro encuentro fuera a lastimarme más de lo que espero. Entonces tomo la manilla y abro la puerta robando todo el aire que puedo.

-Luc... -digo, mientras su mirada recorre todo de mí con el ceño fruncido, bastante impresionado.

No puedo creer lo nerviosa que estoy, no sé por dónde comenzar o qué decirle, el hecho es que pareciera que de este momento dependiera mi vida.

-¿Mell? -pronuncia bajo, intrigado, interrogante; entonces a mí se me erizan los vellos de la piel, porque casi nunca utiliza esa manera de llamarme. Porque pareciera que estoy frente a un hombre totalmente distinto.

Y no sé por qué me siento así...

Quiero decir muchas cosas, tal vez comenzando por hacerle saber que haría cualquier cosa por él, así como lo ha hecho conmigo desde que tengo conciencia en mi vida. Si tuviera que elegir a la persona que ha sido más leal conmigo, diría que puedo apuntar al hombre que tengo frente a mí.

Inclusive un recuerdo se asoma en mi mente, del momento cuando ya no tenía esperanzas de estudiar la carrera que tanto anhelaba, completando que mis padres estaban haciendo hasta lo imposible para que las cosas no sucedieran, entonces entró Luciano en el campo de discusión para disuadir a mis padres de su erróneo pensamiento y así mismo persuadirlos de que la literatura era mi vida.

Y lo consiguió.

- ¿Ha pasado algo? -pregunta dando alerta mis sentidos, pues quiero ordenar lo mejor posible todo lo que quiero decirle. Y que todo salga bien.

-Muchas cosas, cara -respondo con el tono más dulce y arrepentido posible.

Su ceño se profundiza en su rostro, y su cuerpo se tensa. Sé que está nervioso con mi actitud y lo sabe disimular muy bien. Entonces cruza sus brazos haciendo que su traje se pegue a su cuerpo mientras que se recuesta al escritorio.

-Comienza entonces... -dice expectante.

Trató de acercarme más, es necesario que lo haga, necesito transmitir mi arrepentimiento y lo mal que me siento por todo este tiempo.

-Yo... Lo que pasó ayer...

-¿Es eso? -interrumpe.

-No es solo eso Luc, es todo este tiempo, siento que he sido una muy mala amiga.

-Ya estoy acostumbrado a todo esto, cara, no te preocupes. Tú tienes una vida, tienes cosas que son tu prioridad. No me molesta para nada.

Sus palabras en vez de tranquilizarme me alteran de una manera que producen dolor. Me está hiriendo todo lo que dice, sobre todo la falta de importancia en sus palabras.

¿Y qué era lo que esperaba?

-¡La verdad es que a mí sí me molesta! -digo sin pensar, echando todo lo planeado en un balde.

Las manos de Luc se pasean por su rostro como si el tema le cansara un poco. Se despega del escritorio y se acerca hacia mí, decidido.

-Mell, ahora mismo tengo un montón de trabajo -dice sujetándome de los brazos suavemente queriendo terminar la conversación lo antes posible.

Y eso termina por matarme.

Jamás había visto en él, cansancio o irritación hacía mi persona por el hecho de querer conversar, nunca había pasado. ¿Es acaso esto una reacción de irritación por todos los desplantes? ¿Será que ya no soy de importancia para él?

Sin pensarlo dos veces y con el hueco que tengo en mi pecho, saco sus manos de mis brazos y lo envuelvo a él en un abrazo, lo aprieto tanto que siento que todo mi cuerpo quedó pegado al suyo. Su cuerpo se tensiona, como cuando alguien no se espera dicha reacción, sin embargo, no reparo en el acto y trato de prolongar el abrazo lo más que puedo.

-¡Perdóname! Lo acepto, soy la peor ¡Soy la peor Luc! ¡Por favor, no cambies conmigo!

-¡Oye, chica! No te pongas así...

-¡No!, no minimices mi falta de atención, yo... Yo lo olvidé, pero sí quería verte, quería hablar contigo, ¡Te he extrañado un montón! -digo con toda la emoción posible.

Los brazos de Luciano me envuelven por completo, hasta que su mejilla queda pegada con la mía. Puedo escuchar como su respiración se altera y largos suspiros salen de su boca chocando con mi hombro.

-Yo también te extrañé.... Mucho.

Mi rostro se separa lentamente quedando frente a su rostro, mirándole fijamente. Realmente Luc es alto, pues debo acostar mi cabeza para poder verle a la cara, y ahora que le veo... Mi amigo es... Perfecto.

Mi mirada se centra en sus ojos, con rayitas en su iris de color amarillo jugando con un verde tan oscuro, que pudiera confundirse con un marrón maderado.

-¿Estás bien? -mi mirada se desliza a su boca, que acaba de pronunciar palabras, no sé qué me pasa, pero pude detallar cómo gesticulaba lentamente moviendo su lengua y sus labios para pronunciar, haciendo que su acento entre inglés e italiano lo haga ver más... Atractivo.

¿Qué me pasa?

Rápidamente me despego de su cuerpo y de su tacto, como si hubiese visto un fantasma, como si de algo desagradable se tratara.

Pero la verdad, no sé qué estaba haciendo.

-Sí -respondo monótona.

Su ceño se frunce, ofreciéndome nuevamente su mano para ir hasta él.

Dios...

Tomo su palma lentamente mientras que un torrente de nervios coloca alertas en mi cuerpo, camino hacia él, y vuelve acercarse a mí.

-Así estamos mejor -vuelve a decir estampado su aliento en mi rostro.

-Luc... -mi voz tiembla.

-¿Sí?

-Lo que... Lo que quería de todo esto, es...

¡Carajo! ¡No puedo concentrarme!

Los dedos de Luc comienzan a deslizarse por mi rostro, empeorando mi situación, entonces su rostro se acerca más al mío como si fuera a, ¿besarme?

¡Dios no! ¡No! ¡No! ¡No!

-¿Qué haces? -lo freno en seco.

La mandíbula de Luc se tensa, y aunque prácticamente estamos abrazados, él solo separa su rostro. Entonces su semblante sorprendido y avergonzado me demuestra que sí, Luciano estaba a punto de besarme.

-Lo siento -dice separándose completamente de mí, dirigiéndose a su escritorio apresurado.

-Luc -digo tan apenada como él -. Será mejor que hablemos en otro momento, estoy quitándote tiempo, lo más seguro.

Las palabras salen de mí sin sentido, por supuesto.

Mi amigo solo asiente sin pronunciar palabra, mientras que su rostro ha tomado una seriedad como nunca.

-Sé que no soy quién para pedirte esto -vuelvo a decir ante su silencio-. ¿Podríamos quedar para cuando te desocupes?

Entonces él sonríe cínicamente.

-¡Por Dios, cara! Volverás a dejarme plantado.

-Hablo en serio.

-Yo no estoy bromeando, creo que lo mejor es que nos veamos cuando la vida tenga el tiempo de ponernos juntos, ¿no?

-Luc... ¡Por favor! No seas así. Realmente estoy muy triste por todo esto. Siento que estoy arruinando nuestra amistad. Siento que estás decepcionado de mí y que te he hecho daño.

-Es cierto Em, pero déjame decirte que he aprendido.

¿Aprendido?

-¿De qué hablas? -pregunto interesada.

Un suspiro sale de su boca, mientras que sus dedos delinean sus labios buscando una palabra acorde para mí.

-He aprendido a irte perdiendo Mell.

No sé qué, pero algo se partió dentro de mí. De cierta forma, en este momento siento como si siempre hubiese tenido una piedra de mucho valor en mis manos, y de un momento a otro, se me hubiese deslizado por los dedos.

Luc está decepcionado de mí, y lo sabía, pero escucharlo de su propia boca es peor de lo que pude imaginar.

-¿Tanto así te he lastimado? -digo entrecortando las palabras.

Él no dice nada, solo me observa para luego quitar su mirada a de mí y darse la vuelta.

-Tienes razón cara, quedemos para otro día, de verdad debo ocuparme.

La presión que está ejerciendo mi garganta, me deja en claro que, si no salgo ahora mismo de esta oficina, me pondré a llorar delante de Luc y es lo que menos quiero.

-Vale... -trato de sonar despreocupada-. Entonces nos vemos luego.

Y como si me viera fuera de mi cuerpo, deslizo los pies dando vuelta y me encamino sin observar nada a mí alrededor.

Una que otra lágrima salta, y acompañado a esto, una tristeza que comienza a agobiar mi ánimo, mi cuerpo y mis sentidos...

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022